LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA

El evangelio según Lucas:  Comentario exegético y homilético

Rev. Pieter J. Den Admirant: por muchos años pastor misionero que en Chile

Este libro fue editado y distribuido por Fundación En la Calle Recta.
(Más información en su sitio de web:
http://www.enlacallerecta.es/ )

En cooperación con la Liga Misionera Reformada en la Iglesia Reformada en Holanda

El evangelio según Lucas

1. Su carácter y propósito

El evangelio de Lucas es la primera parte de una obra que consta de dos tomos. En el prólogo -que ha sido escrito en un griego muy bueno como lo atestigua la historiografía antigua- Lucas escribe cuál es el propósito de su obra. Para él se trata de la compilación fiel de un libro de alto nivel, para que los gentiles interesados (entre ellos sobre todo los llamados piadosos, simpatizantes con la fe judía) tuvieran un buen documento que les permitiera conocer la historia del Señor Jesús. Lucas es historiador y evangelista; la meticulosidad con la que escribió su obra era de gran importancia para la distribución del evangelio. Aunque su evangelio se dirige a un tal Teófilo, cuya identidad permanece desconocida, resulta claro que su obra estaba destinada a un público más amplio.

  Resumiendo podemos decir que la intención de Lucas fue escribir un libro que, por su pretensión de fidedignidad histórica, fortaleciera o produjera la fe en sus lectores acerca de la persona y el actuar de Jesús.

2. El escritor y la fecha del evangelio

Según la tradición eclesiástica, el escritor del evangelio era Lucas, un compañero de viaje de Pablo. No hay nada que nos impida aceptar esta tradición. En el libro de los Hechos encontramos las llamadas secciones `nosotros', es decir: parece que el escritor en estos pasajes se hallaba en compañía de Pablo (compare Hechos 16, 10-17; 20, 5-21,18; 27, 1-28,16). Es posible que Lucas haya usado los dos años que Pablo estuvo en la cárcel en Cesárea para dedicarse a sus investigaciones a fin de escribir su evangelio. En Colosenses 4,14 Pablo le llama "Lucas, el médico". Aunque muchos han tratado de comprobar esto a través de sus dos libros, no podemos decir que Lucas usara más términos técnicos que otros escritores.

Aunque muchos eruditos fechan el evangelio después de 70 d.C., no hay razones determinantes para aceptar esta posición. Me parece mejor fechar el evangelio entre los años 50 y 65 d.C. El segundo libro de Lucas no fue escrito antes de los primeros años de los 60, tal vez tampoco mucho después. Seguramente escribió su evangelio antes.

3. Motivos teológicos

Lucas quiere primero narrar los acontecimientos concernientes a la vida y al actuar de Jesús. No obstante, podemos descubrir algunos motivos que reciben especial atención en su libro:

a. Dos importantes grupos de palabras nos llevan al centro del interés de Lucas. El primero es el verbo "predicar el evangelio", palabra que caracteriza el mensaje de la navidad ( Lc. 1, 19; 2, 10); la predicación de Juan ( Lc. 3, 18); el ministerio de Jesús ( Lc. 4, 18, 43; 7, 22 etcétera), y la actividad de la iglesia primitiva ( Hch. 5, 42; 8, 4). De esta manera Lucas enfatiza la importancia de la extensión del evangelio en este mundo.

  El otro término clave es "salvación". Particularmente en los relatos del nacimiento de Jesús se destaca el concepto de que Dios enviaba a un Salvador para su pueblo ( Lc. 1, 47, 69, 71, 77; 2, 11, 30). Así Lucas explica cuál es el contenido de la predicación del evangelio: la salvación del hombre. Como resumen podemos decir: Lucas nos menciona que ha llegado la nueva era de la salvación, caracterizada por la predicación de las buenas nuevas del reino ( Lc. 16, 16). Si bien la plena realización del reino de Dios pertenece al futuro ( Lc. 19, 11), Dios ya ha comenzado a liberar a hombres y mujeres del poder de Satanás y los demonios ( Lc. 11, 20; 13, 16); ahora los pecadores pueden recibir perdón y disfrutar de comunión con Jesús, en quien se manifiesta el poder salvador de Dios mismo ( Lc. 7, 16, 49; 19, 10).

b. En su presentación del ministerio de Jesús, Lucas llama la atención particularmente al interés que el Señor mostró por los marginados; todos los evangelios testifican de este hecho histórico, pero Lucas da más énfasis en esto ( Lc. 14, 12-24; 15; 19, 1-10). Demuestra que Jesús se ocupaba de las mujeres ( Lc. 7, 36-50; 8, 1-3), de los samaritanos ( Lc. 9, 51-56; 10, 30-37; 17, 11-19), y de los gentiles ( Lc. 7, 1-9). Por otro lado Lucas respeta el hecho de que el ministerio de Jesús estaba exclusivamente orientado a su pueblo Israel, ya que sólo se limita a insinuar la difusión más amplia del evangelio en Hechos ( Lc. 2, 32; 13, 28s; 24, 47).

  Estrechamente vinculado con el tema mencionado arriba, Lucas destacará el interés que Jesús muestra por los pobres, y sus advertencias de que los ricos que viven para sí se excluyen del reino de Dios. En el reino, los valores humanos son radicalmente evaluados. No hay lugar allí para el autosuficiente, que piensa que sus riquezas mundanas lo protegerán del juicio ( Lc. 6, 20-26; 12, 13-21; 16, 16-31), o para el espíritu farisaico que no siente necesidad de arrepentirse ( Lc. 18, 9-14). Por el contrario, la entrada al reino está reservada a los pobres, o sea, los que reconocen su pobreza y por lo tanto confían en Dios; y los arrepentidos, que reconocen su pecado y corren a los brazos de la misericordia divina. Este arrepentimiento significa un decidido rechazo al pecado y una disposición a seguir a Cristo, cualquiera sea el costo ( Lc. 9, 23), aun cuando esto signifique renunciar a las posesiones terrenales ( Lc. 14, 33; 19, 8).

c. Por último podemos decir que el evangelio de Lucas se caracteriza por el gozo ( Lc.2, 10; 15, 32a; 24, 52). Uno de los propósitos es transmitir el gozo, que es el privilegio de cada creyente.

4. Bosquejo del contenido

a. Prefacio (1,1-4)

b. Nacimiento e infancia de Jesús (1,5-2,52)

c. Juan el Bautista y Jesús (3,1-4,13)

d. El ministerio en Galilea (4,14-9,50)

e. La marcha hacia Jerusalén (9,51-19,10)

f. El ministerio en Jerusalén (19,11-21,38)

g. Pasión y resurrección de Jesús (22,1-24,53)

Gran parte del libro se ocupa del viaje que Jesús realizó a Jerusalén, desde donde regresaría a su Padre ("el tiempo en que él había de ser recibido arriba", 9,51). Jesús es el Salvador que vino del cielo y que volvió a la gloria celestial. La iglesia en la tierra recibe mientras tanto "el poder de lo alto" hasta la gran reunión.

Lucas 1

1. (1,1-4) Lucas, siguiendo la costumbre de algunos historiadores de su tiempo, nos entrega una introduc­ción de su evangelio, en el cual aclara a Teófi­lo la manera en que realizó su actividad investigativa para escribir este documento, el evange­lio según Lucas. Teófilo era probablemente un gobernador romano; esto se deduce de la palabra "excelentísimo" que utiliza Lucas, la que emplea sobre todo para los gobernadores. Lucas operó de la manera en que lo hizo para volver a investigar meticulosamente las cosas que ya eran ciertísimas entre los creyentes. A fin de que nada falso pudiera introducirse en torno a la persona de Jesús, Lucas vuelve a investigar todo por medio de la información de testigos oculares desde el princi­pio de la vida de Jesús. El propósito era que tanto Teófilo como los demás lectores conocieran la verdad acerca de la vida de Jesús. Entonces podemos concluir diciendo que: la fe está basada en hechos y no en historias ficticias.

* Gracias a Dios tenemos docu­mentos que nos cuentan toda la verdad sobre el Señor Jesús, verdad que afirma nuestra seguridad en cuanto a la salvación en Cristo.

2. (1,5-25) Lucas comienza su relato mencionando los días de Herodes, un rey reconocido por su crueldad. Este gobernante simbolizaba también la situación actual de Israel: desolación de parte de Dios por el pecado. Pero aún, en tales condiciones, tanto mayor es la gracia de Dios que ahora en persona Él visita a su pueblo. El anuncio de Juan tiene su ocasión en el templo, lugar de la presencia del Señor. Dios no ha abandonado a su pueblo.

  Los padres de Juan, Zacarías (significa: el Señor recuerda) y Elisabet (el Señor es juramento, es decir: fiel), son judíos fieles en la observación de los mandamientos y respetan al Señor. Ambos pertenecen a la tribu de Leví, la tribu de los sacerdotes. En este período, el no tener hijos se sufría como una deshonra y castigo sobre el pecado. El anuncio de Juan (como en el A.T. lo fue el de Isaac) era por lo tanto una señal del amor de Dios por su pueblo, amor que también abarca a este mundo. El preparador de los caminos del Salvador nace de una mujer estéril.

  Pocas veces en su ministerio un sacerdote podía servir en el templo (una vez al año), y sólo una vez en su vida podía hacerlo en el santuario. Justamente en el momento de su servicio en el santuario se le aparece un ángel del Señor. Cuando ve al ángel, Zacarías se atemoriza tremenda­mente. Cada encuentro con algún ser celestial asusta a los hombres debido a la naturaleza pecaminosa de estos últimos. Pero el ángel no busca aterrarlo, sino consolarlo diciéndole que el Señor ha contestado sus oraciones. ¿Cuáles son estas oracio­nes? ¿Las oraciones en que pidió al Señor un hijo? ¿O las oraciones del pueblo y de Zacarías en la hora de la oración, en las que se rogaba por la pronta venida del reino de Dios? Muchos expositores se inclinan por la segunda posibilidad, aunque tampoco es necesario omitir la primera. Recibir un hijo, sin duda, habría sido el gran deseo de Zacarías y Elisabet, pero a la vez el nacimiento del hijo significa que Dios promete una enorme bendición en cuanto a la venida de su reino, de su propio Hijo. El niño que va a nacer recibirá el nombre de Juan (el Señor es misericordioso), lo que expresa que Dios va a mostrar su gracia a Israel y a los pueblos. No beberá vino ni sidra, sino que vivirá como un Nazareno, totalmente consagrado al Señor y cuya misión es preparar los caminos del Mesías. Su tarea será comparable a la de Elías: hará un llamamiento al pueblo para que éste se vuelva al Señor en arrepentimiento y obediencia, para que los jóvenes y los ancianos sirvan al Señor. Así que, aun los rebeldes se convertirán y vivirán como los justos.

  Zacarías responde con gran duda en su corazón y exige una señal para estar seguro. Debido a su incredulidad es castigado por Gabriel, porque él es el ángel que mora en la presencia inmediata de Dios. Incredulidad significa poner en duda lo que el Dios Altísimo ha dicho. Zacarías recibirá una señal, pero no la que él esperaba, sino una que castigaría su incredulidad. Su falta de fe es castigada delante de todo el pueblo. Una vez que Zacarías hubo cumplido su servicio en el templo regresa a su casa. En este tiempo Elisabet quedó embarazada, pero se interna en su hogar durante un período cinco meses. Comparte el castigo de su esposo y no permite que su secreto divino sea objeto de burlas; por otro lado, se alegra mucho glorificando al Señor, que quitó su afrenta de entre los hombres.

* Dios cumplirá sus promesas. Nunca pongamos en duda las palabras del Señor.

3. (1,26-38) El anuncio del nacimiento de Jesús sigue al anuncio del nacimiento de Juan. Lucas expresa lo anterior en forma muy hermosa en el v.26 con las palabras "al sexto mes", es decir, del embarazo de Elisabet. El nacimiento de Juan solamente adquiere significado a causa del nacimiento de Jesús. El ángel Gabriel visita ahora en Nazaret -un pueblito de Galilea- a una virgen llamada María, la novia de José, un hombre de la casa de David. Es muy factible que María pertenezca a la tribu de Leví, por lo que es probable que ella sea sobrina de Elisabet. Por su matrimonio, María entra a gozar de los derechos de la casa de David. Sin embargo, era una virgen desconocida. Gabriel la saluda, algo que por lo general los ángeles no hacían. Es una felicitación en nombre del mundo de los ángeles, porque también ellos están muy interesados y contentos por los planes del Señor (ver 1 Pedro 1,12). Gabriel le saluda como a una mujer muy favorecida. Esto nos enseña que no podemos adorar a María, porque ella, al igual que nosotros, también vive por el favor y la gracia de Dios. Él revela ahora su gracia a una casa tan humillada por sus pecados como la casa de David. El Señor está con María, su presencia está con ella dándole una inmensa bendición. Ella es bendita entre las mujeres. Estas palabras se refieren al futuro embarazo, una bendición que solamente las mujeres pueden recibir. María, sin embargo, será bendita entre las mujeres, porque ella recibirá al Hijo de Dios.

  Contrario al caso de Zacarías, María no se turbó ante la presencia del ángel, sino por el saludo mismo. La situación hace parecer que ella es más importante que la aparición del ángel, lo que causa confusión en María. El ángel repite que María ha sido favorecida, pero por Dios mismo. Entonces explica el contenido del favor de Dios: ser embarazada y dar a luz un hijo que se llamará Jesús. Su nombre es una promesa que apunta a su tarea: salvar a los pecadores y dar el sacrificio de su vida.

  Este Hijo será grande; y aunque nace en circunstancias muy pobres, en realidad  es el Hijo del Altísimo y el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento. Recibirá el trono de su padre David según las promesas de 2 Sam. 7, 12-16; Isaías 9, 6 y Salmo 89,27-30. Jesús reinará para siempre; en primer lugar, por su Espíritu en los corazones de los suyos, luego cuando llegue el reino de Dios en el cual toda potestad será vencida; un reino sin fin, en el que el pueblo de Israel quedará dentro de sus límites. El Señor nunca olvida sus promesas dadas a su pueblo Israel.

  María no responde con duda en su corazón, como en el caso de Zacarías; ella sólo es sorprendida por no saber cómo sería posible esto, pues todavía no tiene relación sexual con el que ha de ser su marido. El ángel le explica que es el Espíritu Santo quien vendrá sobre ella, y así ella vivirá bajo la protección del Altísimo. El Espíritu Santo, en su poder creativo, efectuará la concepción de Jesús. Entonces, el hijo de María es el mismo Hijo de Dios, quien dejaba su trono de gloria para poder ser nuestro Salvador.

  María necesita la comunión de los santos para poder compartir su secreto. Con pocas palabras el ángel le informa que Elisabet, la que llamaban estéril, también espera un hijo. A ella le puede comunicar su secreto y las maravillas del Señor. También ella recibe algo en forma milagrosa, puesto que nada es imposible para Dios.

* La única forma de reaccionar ante las maravillas del Señor es lo que dice María: "Hágase conmigo conforme a tu palabra".  

4. (1,39-56) Después de haber recibido la señal de la verdad del mensaje del ángel, María se dirigió en seguida al hogar de su pariente Elisabet. Los padres de Juan vivían en los montes de Judea, probablemente en los alrededores de Jerusalén. Cuando María llegó, el niño de Elisabet saltó en su vientre, como si saludara a la madre de Jesús con alegría. Inmediatamente Elisabet fue llena del Espíritu Santo. Ella entiende, a través de la luz del Espíritu Santo, el milagro que está ocurriendo; y llena de gratitud clama con gran voz: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre". María ha recibido la bendición más grande del mundo, ser madre del Hijo de Dios. Elisabet olvida por un momento la bendición que le ha concedido el Señor, ser madre de quien preparará los caminos del Mesías, ya que existe otra bendición aún mayor: la venida del Mesías mismo. Clamando llena de reverencia dice: "¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?" Esta es la primera vez que Lucas concede el título de "Señor" a Jesús. Esta palabra es en la Septuaginta (la traducción griega del AT) la traducción del nombre de Dios: Jehová. En el mundo antiguo, a dioses y emperadores se les llamaban `señor'. El único que tiene poder y autoridad es el Señor Jesús. Es a Él a quien Elisabet está honrando. Ella se alegra mucho del cumplimiento de las promesas del Señor; es por esa razón que está llena de gratitud.

*  María y Elisabet se gozan en la venida del Señor. ¿Nos gozamos y nos animamos el  uno al otro también con respecto a la segunda venida del Señor?   

  Pareciera como si Elisabet hubiese estado en la casa de María cuando ésta fue visitada por el ángel Gabriel. Las palabras de Elisabet son semejantes a las dichas por el ángel, pero hay una diferencia: el ángel habló con respecto a algo futuro, pero Elisabet sabe que ésto es ya una realidad: María ya es la mamá de Jesús. Las palabras de Elisabet anuncian que el embarazo de María es un hecho consumado. Así comparten Elisabet y María su fe y reciben ánimo mutuo a través de este encuentro. La incredulidad paraliza; en cambio, la fe compartida aumenta y duplica la alegría. El fuego del Espíritu Santo se propaga de tal manera que María va a elevar un himno; al hacerlo utiliza palabras de las Sagradas Escrituras (compare entre otro el himno de Ana en 1 Sam. 2, 1-10; sin embargo, es también un himno auténtico de María relacionado con lo que ha sucedido. Podemos discernir 2 líneas en este himno:

a. La gratitud por las bendiciones dadas personalmente a María, pues Dios miró en su gracia la posición tan baja de ella. Gloria a Dios por su misericordia (vv.46-49).

b. Un himno de las maravillas que Dios ha mostrado al pueblo de Abraham (vv.50-55). María de pronto se da cuenta de que el estilo del Señor ha sido siempre el inverso de lo que la gente espera. El Señor se pone al lado del humilde, del menospreciado y resiste a los orgullosos y ricos (es decir, a los autosuficientes). Estas maravillas se caracterizan no por los méritos del pueblo de Israel, sino por la gracia y la misericordia del Señor quien es fiel a su pacto. El pecado se halló en Israel mismo, pero, a través de pura gracia, Dios restaura a su pueblo según sus promesas (ver Isaías 41, 8-9).

* Dios es un Dios de misericordia. ¿Necesitamos de su misericordia o somos autosuficientes en todo?

5. (1,57-66) Tenemos un Dios grande, para quien nada es imposible. Esto lo muestra claramente el presente pasaje, el cual nos habla de:

a. El hijo inesperado (57,58). Al igual que Isaac ( Génesis 21, 1-7), Juan el Bautista nació de padres que, por el curso natural, no podían engendrar hijos. No es extraño, entonces, que hubiera gozo en la vecindad (58). Todo esto pone de manifiesto la misericordia de Dios. Lo importante es que esto fue a la vez una señal del poder de Dios; Él preparó el camino para aquel nacimiento aún más milagroso que pronto vendría.

b. El nombre inesperado (59-63). Al octavo día muchos amigos y parientes vinieron a la casa de Zacarías y Elisabet. El niño sería circuncidado ese día, en el cual recibiría la señal del pacto de Dios. Los vecinos le llaman Zacarías (no significa que ellos le den un nombre, solamente que aceptan a ojos cerrados que el niño se llamaría igual que su padre). Al hacerlo destacan que Zacarías tiene un hijo y que su generación recibe continuidad. La reacción de Elisabet es vehemente; contradiciendo a todos dice: "Se llamará Juan". Este nombre enfatiza que Dios está haciendo algo muy importante al dar un nuevo comienzo al cumplimiento de su promesa dada a su pueblo. En Juan, Dios no sólo les ha mirado a ellos, sino a todo su pueblo, dándole al anunciador del Mesías y muy pronto al Mesías mismo. Zacarías tiene que escribir el nombre y él lo confirma: "Juan es su nombre".

c. El milagro inesperado (64). Los vecinos se habían acostumbrado a la mudez de Zacarías; la `tabla para escribir' era parte de la rutina diaria para comunicarse. No obstante, de pronto Zacarías recobra la facultad del habla. Al obedecer al Señor y al mostrar su fe, nuevamente puede hablar y glorificar a Dios.

d. La consecuencia inesperada (65-66). Lo que hubiera sido una celebración normal del nacimiento de un niño, de pronto se convirtió en un evento inspirador de reverencia que llenó de temor a la gente. La presencia de Dios era real en aquellos que estaban involucrados en esto. Todos se dan cuenta de que el Señor está obrando. Por lo tanto, todos se preguntan quién será este niño y cuál será su futura tarea en el reino de Dios.

* Siempre hemos de tener reverencia por lo que el Señor ha hecho, hace y hará.

6. (1,67-80). Lleno del Espíritu Santo, Zacarías se convierte en un profeta. Se puede dividir su himno en dos partes:

a. Una alabanza de las maravillas del Señor para con Israel (68-75)

b. La comisión de Juan (76-80).

ad a. El himno es una respuesta a la pregunta del v.66. Curiosa es la forma de los verbos, el llamado `perfecto profético'; verbos en el pasado para decir cosas acerca del futuro que asegura que lo que Dios va a hacer tiene completo cumplimiento. Parecía como si el pacto de Dios no tuviera vigencia. Pero gloria a Dios, Él ha visitado (salvando) y redimido a su pueblo. El esperado Libertador, Jesús, mostraría cómo Dios iba cumpliendo su palabra, aunque no en la forma que algunos esperaban. La liberación se lleva a cabo, porque Dios ha levantado un cuerno de salvación (mejor traducción según el griego). El cuerno es símbolo de poder. Por lo tanto, Dios nos ha dado un Salvador poderoso, un Rey de la casa de David, quien a parte de conceder el perdón, salvará a su pueblo de la opresión de parte de sus enemigos. Mediante esta obra salvadora, cumple las palabras de los profetas y se acuerda de su santo pacto basado en el juramento dado a Abraham.

  El propósito de esta salvación es servir al Señor sin temor alguno, librado de los enemigos, en justicia y santidad. Dios restaurará los propósitos del pacto mismo: vivir en armonía con su pueblo, el cual le servirá mediante una vida justa y santa.

ad b. En el v.76 Zacarías canta sobre el lugar que tiene Juan en el plan salvador de Dios. El niño es el heraldo que anunciará la llegada del gran rey (ver Mal. 3, 1; Isaías 40, 3). Esta preparación consiste en el conocimiento de la salvación, es decir, el perdón de los pecados. La razón de todo esto es la misericordia del Señor, que se manifestó en la aurora desde lo alto. Esta expresíon puede ser una imagen para el Mesías ( Jer. 23, 5; Zac. 3, 8; 6, 12) o una expresión para mostrar la salida del sol ( Is. 60, 1; Mal. 4, 2). El Mesías trae luz para los perdidos y es guía para los que perdieron el camino de la paz con Dios.

  Conforme a esta profecía, Juan crecía, se fortalecía a través del poder del Espíritu Santo y recibía en el desierto su tiempo de preparación hasta el momento preparado por Dios en el que podría llevar a cabo su tarea gloriosa.

* Dios ha visitado a su pueblo dándonos a su propio Hijo. Esta visitación es la base de una visitación futura aún más maravillosa: La segunda venida de nuestro Señor.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. Los evangelios reflejan el testimonio fiel de los primeros testigos oculares. El evangelio de Lucas es un documento fidedigno de Jesús. El escritor de este evangelio se esmeró enormemente para hacer posible que la vida de Jesús fuese dada a conocer bajo las normas de una investigación histórica responsable, alejada de todo mito o fantasía. Lucas nos muestra que Jesús fue una persona real, que históricamente existió; pero por sobre todo nos dice que esta persona es el Salvador de pecadores y el Ayudador de los enfermos y pobres. Por tanto, nuestra fe no está fundada en pensamientos o ideas abstractas, sino en un acontecimiento salvífico que realmente ocurrió en la historia.

1b. De ninguna manera el estudio diligente de la Biblia quita la fe. Este ha sido un presupuesto que muchos (algunos sin mala intención) han sostenido, diciendo que "la letra mata". El escritor de este evangelio deja en claro que él tuvo que utilizar todos sus conocimientos intelectuales para compilar datos y hacer una historia fidedigna de los hechos de Jesús. De ninguna manera su conocimiento de ciertos principios de investigación riñeron con la voluntad de Dios, al contrario, éstos fueron utilizados por Él. A partir de esto podemos decir entonces que es un pobre apoyo que se les hace a los hermanos cuando se les prohibe estudiar la Palabra en algún instituto bíblico, diciéndoles que eso no es de Dios. Solamente pensemos en esto: ¿Si el evangelio de Lucas es una investigación concienzuda, podemos decir entonces que no fue inspirado por Dios este evangelio?

2. Dios se apiada de su pueblo en circunstancias muy precarias, no abandonándolo, sino mandándole a su propio Hijo y, antes, a su precursor Juan. La forma en la que se suceden los hechos, a través de la imposibilidad (compárese el nacimiento de Isaac), muestran que todo esto es obra de Dios.

  La tarea de Juan será preparar los caminos del Mesías, llamar al pueblo al arrepentimiento y obediencia, a fin de que Él halle fe en ellos. La misión de Juan deja de manifiesto nuestro alejamiento de Dios.

  Lamentablemente la buena noticia del nacimiento de Juan tropieza con la incredulidad de Zacarías. Para este hombre, y para muchos de nosotros, es más fácil expresar su en Dios en forma general, que en casos específicos y difíciles.

3. Nada es imposible para Dios. El nacimiento de Jesús es realmente una imposibilidad, ya que María aún no se ha unido íntimamente a su esposo. Pero el nacimiento de Jesús es la obra del Espíritu Santo. Jesús será el hijo de la virgen María, naciendo como un niño inocente para cubrir con su inocencia nuestros pecados desde el principio de nuestra existencia. Por otro lado, es Hijo del Altísimo, en quien se cumplen las promesas de Dios dadas a David. El será grande, el Rey de Israel. Aunque su reino se inaugura en forma humilde, un día abarcará todo el mundo. En Jesús, Dios quitará los pecados y sus consecuencias.

4a. La "comunión de los santos" es compartir la misma gracia y la misma alegría. Elizabet, en vez de demostrar la alegría por lo que ha sucedido con ella, manifiesta su gozo por el privilegio de encontrarse con la madre de su Señor. Este gozo obrado por el Espíritu Santo es contagioso. Tengamos la misma alegría, puesto que Dios cumplirá sus promesas.

4b. El Altísimo obra siempre de tal forma que el mundo debe asombrarse: Él exalta a los humildes y humilla a los grandes. María, a su vez, honra a Dios por el privilegio que Él le ha otorgado a una sierva tan humilde como ella. Sin embargo, su himno va más allá, canta las maravillas que Dios ha hecho en favor de su pueblo Israel. La pobreza no es en sí una circunstancia favorable para obtener la gracia de Dios, ni la riqueza es en sí un obstáculo para adquirirla. Es un asunto que tiene que ver con la actitud detrás de la pobreza y la riqueza. ¿Dependemos de Dios o somos autosuficientes?

5-6. Todo lo que hace el Señor es asombroso e inesperado. Cuando Zacarías depositó su fe en el Señor, de inmediato recobró la facultad de hablar. La incredulidad puede silenciar nuestro testimonio; la obediencia, en cambio, nos da libertad para declarar la grandeza de Dios. Zacarías no canta sólo la misericordia hacia ellos mismos, sino hacia todo su pueblo. Vendrá el Libertador, el Rey prometido, el Salvador, para que el pueblo de Dios pueda servir a Dios sin temor, en justicia y santidad. La liberación y la salvación tienen el propósito de despertar en nosotros la adoración.

Lucas 2

1. (2,1-20) En Lucas 2 encontramos algo sobre el cumplimiento de la promesa de Dios: el nacimiento de su Hijo, el Salvador. En tres oportunidades Lucas comienza con la palabra "aconteció" (1,6,15). Podemos dividir este pasaje bajo estudio en tres partes:

a.   1-7  :           el tema principal de la historia, el nacimiento humilde del Señor con una introducción

b.  8-14 :           el anuncio de este nacimiento a los pastores y

c. 15-20            :           las reacciones con respecto a lo que sucedió.

  Lucas escribe que Jesús nació en el tiempo del emperador Augusto, quien gobernó desde el año 27 a. C. hasta el año 14 d. C. Augusto fue el que ordenó la realización de un censo. [1] Da la impresión que los gobernadores mundiales son los que mueven los hilos del quehacer histórico, pero en realidad es Dios quien actúa y usa a personas que, como Augusto, parecen dominar los sucesos del mundo.

  Con motivo de este censo, José y María tuvieron que viajar a Belén, la ciudad de nacimiento de José, porque él era un descendiente de David. María le acompañó, ya que sabían que su hijo tendría que nacer pronto. Ambos estaban conscientes de que el Mesías tendría que nacer en Belén. Es muy probable que ellos ya hayan estado en Belén mucho tiempo antes del nacimiento de Jesús. Fue en este lugar en donde nació su hijo primogénito (la palabra `primogénito' indica que después le nacieron más niños a esta pareja). María envolvió al niño en pañales, según era la costumbre de ese tiempo, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la sala común. [2] Lo que sucede es que las circunstancias son tan pobres, que María no podía dar luz a su hijo en una sala común, sino en el lugar de los animales y tuvo que poner a su hijo en un pesebre, en el cual comían los animales. Son justamente estas circun­stancias las que el ángel usará como señal para que los pastores puedan saber el lugar exacto en donde podrán hallar al niño recién nacido, el Salvador y Mesías.

* Jesús se humilló; no obstante, es el Rey de reyes, por cuya muerte seremos salvos.

  Inmediatamente después del nacimiento de Jesús, un ángel (¿también Gabriel?) anuncia su nacimiento a los pastores. Estos humildes hombres, de pronto son visitados durante la noche de vigilia y llamados a ser los primeros oyentes y testigos del anuncio que traería gozo a todo el pueblo.

  Repentinamente el ángel se presentó ante los pastores, con la gloria del Señor. Esta luz los rodeó de claridad. En el A.T. la gloria del Señor es la prueba de su presencia. Debido al pecado del pueblo de Israel, la presencia de la gloria del Señor estaba escondida detrás del velo del santuario del templo. Pero el hecho de que la gloria del Señor los rodeaba, significa que ahora ha llegado el nuevo pacto en el cual el Señor vive junto a su pueblo. La única reacción de los pastores es el temor. Nadie puede ver la gloria del Señor y sobrevivir. Pero el ángel los consuela. Esta luz no es mortal para los hombres pecadores, pues trae buenas nuevas de gran gozo que será para todo el pueblo. Esto quiere decir: el gozo inmenso de un pueblo que ha sido reconciliado con Dios, y que ahora puede vivir en su gloria, será efectuado por el que acababa de nacer.

  En el versículo 11 oímos: "Porque os ha nacido un Salvador". El énfasis en estas palabras está en la palabra "Salvador". El niño recién nacido libertará del pecado; su objetivo es lograr que el pueblo pueda vivir junto a Dios. Este Salvador es el Ungido de Dios, designado y capacitado por Él para poder cumplir su tarea redentora. También es Señor, ya que su realeza implica que es amo y dueño de sus súbditos. El niño ha nacido en la ciudad de David, en Belén. Con estas palabras el ángel indica que Dios cumple las promesas hechas a la casa del rey David. La señal del salvador que rescata del pecado y la culpa, es la de un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre; esta es a la vez señal de su pobre­za y humillación. Él nos salva al llevar nuestra pobreza y culpa delante de Dios. Por lo tanto, sus circunstanci­as tan humildes son causa de gran gozo. Esto se ve tam­bién claramente, cuando un gran ejército de ángeles rinde alabanzas a Dios. El griego no dice que los ángeles cantaban, sino que clamaban; este clamor lo podemos dividir en dos líneas.

"¡Gloria a Dios en las alturas,

  Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!"

  Lo que sucedió en la tierra (el nacimiento humilde de Jesús) es causa de gran alabanza en los cielos más altos. Su nacimiento tiene significado para la tierra y el cielo, por el hecho de que este niño, por su sacrificio, unirá cielo y tierra. Además traerá paz en la tierra, una paz que consiste en la buena voluntad, es decir, el gran amor que Dios tiene para con los hombres. Es un mensaje glorioso del cual los ángeles se alegran grandemente.

* La gloria de Dios se manifiesta en la salvación del hombre. ¡No existe un mensaje más precioso que éste!

  Después de este anuncio glorioso, los ángeles se retiran. Ahora los pastores tienen que responder. Lo hacen, pues aceptan por fe el mensaje del ángel; ellos no se concentran en la aparición glorio­sa de los ángeles, mas bien en el maravilloso anuncio que ellos hicieron. Se dirigen inmediatamente a Belén a ver el cumplimiento de la palabra que el Señor ha manifestado. La palabra de Dios, su mensaje, es lo más importante y no la aparición impresionante de los ángeles. Los pastores se apresuran (proba­blemente con sus rebaños, ya que el texto dice: pasemos, pues, hasta Belén); una vez llegados a Belén se encuentran con la señal: un niño acostado en un pesebre. Lo que fue una solución de emergencia, se transforma para los pastores en un hecho lleno de significado: la señal de la salva­ción.

  En los versículos 18-20 vemos tres reacciones: la de los pastores, la de la gente en general y la de María. Al verlo, los pastores dan a conocer en público lo que se les había dicho acerca del niño. Pese a que la gente se maravillaba, no leemos que pusieran su fe en las palabras de ellos; sin embargo, estos pastores cumplen su tarea, ya que el mensaje estaba destinado para todo el pueblo. No obstante, la reacción del pueblo es una de silencio, de sorpresa, pero sin expresión de alabanza. Solamente María guardaba todo en su corazón, y compa­ra las palabras que ha oído con las que anteriormente había recibido del ángel Gabriel y de Elisabet, tratándolas de entender (mejor traducción que medi­tar) todas ellas; y al hacer ésto, las guardaba todas en su corazón. Los pastores  glorifican y alaban al Señor. De nuevo Lucas destaca el hecho de que los pastores siempre toman su punto de partida por la palabra oída. Lo que ven tiene que estar de acuerdo con lo que habían escuchado de parte de Dios; sólo su palabra es confiable. Por muy pobres que fueran las circunstancias, son justamente aquellas las que fueron prueba de la verdad de la palabra del Señor.

* ¿El nacimiento de Jesús nos produce gozo y fe, o solamente sorpresa?

2. (2,21-38) En los versículos 21-39 leemos cómo Jesús fue puesto bajo la ley. Luego de 8 días, Él fue circuncidado. A través de esta circuncisión, Jesús fue incorporado al pueblo de Israel en el pacto de Dios con Abraham. No obstante, es una humillación para Él, ya que al ser concebido por el Espíritu no necesitaba ser incorporado al pueblo del pacto para poder pertenecer a Dios.        Hay otra cosa más, la circuncisión también significaba que el Israelita debía arrepentirse y vivir en un nuevo estilo de vida. Jesús tampoco necesitaba de arrepentimiento, ya que es el Hijo de Dios sin pecado. Sin embargo, para nosotros es una predicación del evangelio. Jesús fue circuncidado y de esta manera tratado como pecador, como si necesitase de la gracia de Dios para adquirir gracia para nosotros.

  Ese mismo día, José y María le pusieron por nombre Jesús. Tenemos que darnos cuenta que en realidad fue Dios mismo quien le puso este nombre (ver Mateo 1,21 y Lucas 1,31). El nombre `Jesús' es una descripción exacta de su persona y obra, pues significa: "Jehová salva". Él va a recibir lo que nos pertenece a nosotros (los pecados), para que los pecadores reciban lo que le pertenece a Él, el perdón y su justicia.

* Inmediatamente después de su nacimiento, Jesús fue tratado como pecador a fin de adquirir justicia y perdón para nosotros.

  En los versículos 22-24 se nos habla de la presentación de Jesús; lo trajeron a Jerusalén para presentarlo al Señor. El Salvador recién nacido es llevado a la casa de Dios. Esto ocurre, nos cuenta Lucas, cuando los días de la purificación de ellos se cumplieron. La presentación significaba que cada primer niño de los Israelitas, el primogénito, tenía que servir a Dios en el templo. Pero por su pecado Israel había perdido este derecho, así que Dios había designado a la tribu de Leví como la tribu que le serviría (ver Num. 3). Aquella consagración a Dios podía ser rescatada a través de una cantidad de dinero. Esta ceremonia (la presentación en el templo) recordaba a Israel su pecado con el becerro de oro. Con Jesús sucede lo mismo, como si Él participara en el pecado. De esta manera es nuestro Salvador, el cual llevó todos nuestros pecados desde su niñez hasta la muerte. Muy peculiar es lo que Lucas escribe referente a "los días de la purificación de ellos". Esto trata de la inmundicia a causa del parto. Normalmente se habla de la inmundicia de la madre. La inmundicia de la madre tenía que ver con el nacimiento de su hijo. ¿Cómo es posible hablar de la inmundicia de María, sabiendo que Jesús nació sin pecado? Jesús y su madre deben cumplir juntos la ley de Dios, como si Él (Jesús) fuera un pecador. En un sentido, Jesús era pecador, pero no por su propio pecado (pues nunca pecó), sino por imputación, es decir, por nuestros pecados. Por esta razón Pablo escribe en Gálatas 4 que Jesús nació bajo la ley, vale decir, Él tuvo que cumplir todo como si fuera pecador para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

  Según la ley, la madre debía ofrecer un cordero. María ofrece un par de tórtolas o dos palominos, lo cual corresponde al sacrificio de los pobres. Nuevamente se nos habla de la pobreza de ellos. Esto nos recuerda nuestra propia pobreza delante del Señor. Pero podemos ser ricos a través de nuestro Señor Jesucristo.

* Jesús fue puesto bajo la ley, y sus padres ofrecieron el sacrificio de los pobres; anunciando con esto que en Él hay perdón y riqueza espiritual.

  Precisamente durante esta ocasión, Simeón, tal vez un hombre viejo, llega al templo. Simeón fue inspirado por el Espíritu Santo. Era un hombre justo y piadoso, reverente a las palabras, promesas y mandamientos de Dios. Otra de sus características era, que él esperaba la consolación de Israel (según Isaías 40), es decir, al Mesías mismo, su reino y la restauración de la nación judía; para que éste llegara a ser verdaderamente el pueblo de Dios, viviendo en su presencia.

  El Espíritu Santo estaba sobre él; reinaba sobre su vida y le había revelado que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor, el Mesías. Este toma a Jesús en sus brazos y dice: "Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación". Simeón puede morir, ya que tiene a Jesús en sus brazos y sus ojos puestos en la salvación que está en Él.

  Simeón confiesa a Jesús como el único Salvador para todos los pueblos. Para Israel fue algo nuevo, aunque no oculto. Dios es el Dios de toda la tierra, y es su voluntad que toda la tierra le sirva. De la misma manera, Jesús es luz para revelación de los gentiles y gloria de su pueblo Israel. Los gentiles vivían en oscuridad, alejados de la luz de Dios; pero a través de Jesús también ellos llegarán al conocimiento del Dios y Salvador verdadero, según la profecía de Isaías 49, 6: "Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra". Los gentiles siguen en las tinieblas por no conocer a Dios, sin embargo, Él los llama a su luz admirable (ver 1 Pedro 2, 9-10).

  Este cambio inmenso de las naciones es la gloria de Israel. Si todos los pueblos son benditos en Abraham al compartir en su promesa, entonces el pueblo de Dios llegará a su propósito original ( Gen.12, 3). Israel por su propio pecado se alejó de la gloria, pero la recibirá junto con los gentiles a través de Jesús.

* ¿Conocemos la esperanza que existe para Israel y las naciones, que un día juntos servirán al Señor; oramos por la conversión de Israel y de las naciones?

  José y su esposa (María) estaban maravillados de todo lo que se decía de su hijo Jesús. Sabían quién era este niño, pero se maravillaban del hecho de que otra persona supiera lo mismo y aún más: que Jesús es la luz de los gentiles y de Israel. Simeón les bendijo con la bendición de Dios. Pero también muestra y revela el futuro camino de Jesús. Su tarea es una tarea gloriosa, pero el camino hacia la gloria, es un camino extremadamente difícil. Jesús será una piedra de tropiezo. Su venida significa vida, pero, a la vez, muerte, muerte para los incrédulos.

  Simeón, dirigiéndose a María le dice: "He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha". Estas palabras no resultan sino realistas; en cuanto a éstas podemos pensar en dos grupos: para algunas personas Jesús será piedra de tropiezo; para otras, roca de salvación. También es posible unir a ambos grupos en uno, diciendo que muchos tropezarán con Jesús, pero (como el caso de Pedro) se levantarán una vez que hayan descubierto el significado verdadero de Jesús.

  En todo caso, Jesús tiene que sufrir mucho. Para María, el sufrimiento de su hijo será "una espada que traspasará su alma". Llegará el momento en que ella estará muy cerca de la cruz de su hijo primogénito; allí su alma se llenará de tristeza. Este camino es inevitable. Al encontrar a Jesús serán revelados los pensamientos de muchos corazones. De la posición que tome la gente frente a Jesús, se revelará cuál es la verdadera relación que se tiene con Dios.

* El sufrimiento de Jesús, para nuestra salvación, es inevitable. Frente a Él cada cual tiene que decidir su posición. La indiferencia también significa estar en contra de Jesús.

  "Estaba también allí Ana, profetiza, hija de Fanuel, de la tribu de Aser". El nombre Aser significa `felicidad'. En el aspecto material no tenía felicidad en su vida, lo había perdido todo, pero había encontrado toda su dicha en Dios; era de edad muy avanzada, ochenta y cuatro años; hace muchos años que ya era viuda, puesto que había vivido con su marido tan sólo siete años. Ella halló su consuelo en el servicio de Dios; todavía, siendo ya muy anciana, no se apartaba del templo, sino que seguía siendo inspirada por el servicio a Dios, día y noche a través de la oración y del ayuno (un medio para concentrarse en la oración).

  Al estar en el templo, y también mediante la revelación del Espíritu Santo, conoce a Jesús como el Ungido de Dios recién nacido, y da gracias al Señor. Su gratitud se convierte en un testimonio a todos los que esperaban la redención en Jerusalén. La comunión de los santos consiste en compartir las maravillas del Señor y la esperanza que tenemos en Él, la redención final cuando Cristo venga.

* El que ve la gracia de Jesús, comparte la esperanza con todos los que la anhelan.

3. (2,39-52) Muy poco sabemos de la niñez de Jesús, sólo que crecía físicamente y espiritualmente en fe y sabiduría bajo la gracia del Señor, como un niño obediente a sus padres, pero sobre todo a su Padre celestial. Lucas nos relata un sólo hecho de la piedad de Jesús como niño. Lo impresionante de este relato es que Jesús está en la casa de su Padre, en las cosas de su Padre, en la palabra de su Padre (vv.46-47) reconociendo que se halla en su propio hogar, su hogar real. Podemos darnos cuenta que desde aquí comienza un proceso de desprendimiento familiar, aunque a la vez estaba completamente sujeto a ellos (v.51). El Padre verdadero de Jesús es Dios. Esto es evidente al comprender su relación íntima con el Padre, su amor por Él y la obediencia al cumplir su voluntad.

  María apela al concepto filial terreno; ella y su marido José, le han buscado con mucha angustia. Jesús responde que no es difícil saber el lugar en donde encontrarlo, ya que le es necesario estar en los negocios (Lit. "las cosas") de su Padre. María y José podían saber donde se encontraba Jesús; sin embargo, todavía no entienden. Jesús debe rendir cuentas a su Padre celestial. Es su deber estar en sus negocios para prepararse con respecto a su tarea futura, a la vez es su gozo. Jesús es un niño con un secreto: Él pertenece primeramente a su Padre celestial. "Pero María guardaba todas estas cosas en su corazón". Meditaba en el significado de la reacción y palabras de Jesús. Al meditar en las palabras de Dios el Espíritu Santo nos ilumina para aprender su significado.

* Jesús, el Hijo del Padre, nos otorga acceso a la presencia de Dios como nuestro Padre.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. "El pesebre y la cruz fueron hechos de la misma madera". Desde el principio de su llegada, Jesús tuvo que sufrir. Su nacimiento no fue semejante al de un Rey. En las palabras del v.7: "no había lugar para ellos en el mesón", no vemos sólo su gran pobreza sino también que ya desde el principio era un Rey que no era bienvenido ni apreciado. Sin embargo, Dios no se equivocó, todo lo hizo por nuestro bien. Cristo llegó en estas condiciones para acercarse a nuestras necesidades de pobreza delante del Señor. Voluntariamente sufrió el no ser bienvenido para adquerir para nosotros la más cordial bienvenida en el reino de Dios.

1b. El nacimiento de Jesús expresa la buena voluntad de Dios hacia un mundo perdido. El relato del anuncio del nacimiento de Jesús dado a los pastores nos predica varias hermosas verdades:

a. El nacimiento de Jesús es motivo de gran gozo.

b. El nacimiento de Jesús produce gozo; porque el que nace es el Salvador del mundo, por cuya obra Dios restaura la relación que estaba interrumpida con Él.

c. El evangelio es el mensaje en el cual Dios se dirige directamente a nosotros: "Os ha nacido...". Dios proclama las buenas nuevas como algo que ha sido determinado para nosotros.

d. El nacimiento de Jesús manifiesta la gloria de Dios. A través de Jesús el cielo y la tierra se unen. El Altísimo expresa en el nacimiento de su Hijo el secreto de su corazón: Él tiene misericordia por nosotros pecadores perdidos.

1c. Las maravillas del Señor merecen fe y adoración. Los pastores respondieron con fe a la Palabra y promesa del Señor. Mientras tanto, María guardaba todas las cosas en su corazón, trataba de comprender aún más los caminos del Señor. La gente se maravilló mucho; sin embargo, no hicieron nada para acercarse a Jesús y adorar a Dios. No adorar a Dios, ni creer en su Palabra es más que negligencia, es menospreciar a Dios y sus maravillas; esto trae funestas consecuencias eternas. ¿Es nuestra actitud frente a Él, de fe o de sorpresa?

2a. Jesús se sometió bajo la ley de Dios para hacernos libres. La circuncisión y la presentación en el templo eran para Jesús una humillación tremenda, ya que no tenía culpa. Por otro lado esto nos predica sobre el gran amor que sintió por nosotros desde el principio.

2b. Mirar a Jesús, también si es `sólo' por la fe, satisface nuestras necesidades espirituales por completo. Simeón y Ana esperaban la redención efectuada por el Mesías. Simeón profetiza tanto el sufrimiento de Jesús, en el cual se incluye el rechazo que experimentaría de parte de muchos del pueblo de Dios, pero además que será el Salvador para todas las naciones. Esta salvación es la gloria de Israel, mientras que su alegría será el servir a Dios, junto con las naciones. Simeón, teniendo a Jesús en sus brazos y sus ojos puestos en Aquel que es el Salvador, sabe que el tiempo de su partida de este mundo ha llegado; ahora él puede morir en paz. Ver al Mesías es suficiente para Simeón, y para nosotros también.

2c. El creyente no envejece sino que cada vez es más joven, es decir más cerca del reino de Dios. La vida de Ana se caracterizó por fidelidad y gozo en el servicio a Dios. Viendo a Jesús dio gracias. Si conocemos a Cristo podemos dar gracias al Señor por su don maravilloso ( 2 Cor. 9, 15), a pesar de los dolores que debemos experimentar y el decaimiento físico. Tenemos un futuro incomparable por delante, motivo para compartir nuestro gozo con todos los que anhelan la venida de Cristo.

3. El deleite de Jesús estaba en las causa y en la casa de su Padre. El niño Jesús se queda en Jerusalén, y los padre de él al no saber su paradero comienzan a buscarlo desesperadamente por todos los lugares, sólo en última instancia regresan a Jerusalén para al fin encontrarlo en el templo, en un diálogo con los maestros de la ley. Para Jesús la búsqueda de su persona no debió haber llevado tanto tiempo (ver v.49). Ya podemos advertir a esta edad de Jesús como Él está consciente de tener una relación única con Dios a quien llama "Padre". Aunque esto es un caso particular dado en Jesús, sí podemos reflexionar acerca de nuestra vida como creyentes, ¿estamos realmente involucrados en los asuntos que competen a nuestro Padre celestial?

Lucas 3

1. (3,1-20) En el capítulo 3, Lucas retoma el hilo del último versículo del capítulo 1. Juan permaneció en el desierto hasta el día de su manifestación al pueblo de Israel. Ahora ha llegado el momento en el que Juan prepararía los caminos del Señor. En este pasaje, Lucas nos relata toda la historia de Juan, destacando la importancia de su actividad y a la vez la importancia del actuar de Jesús. El Rey mismo ha llegado.

  Este día de la presentación pública del ministerio de Juan tuvo lugar en el año decimoquinto del imperio de Tiberio César. La introducción tan amplia nos recuerda al llamamiento de los profetas del A.T. (ver por ejemplo Jer.1, 2). Juan el Bautista actúa como profeta, pero también hay diferencias. Los profetas del A.T. podían ser mencionados con referencia a los reyes de Israel. Ahora Israel es un país desgarrado bajo el dominio extranjero y con un sacerdocio estropeado. El sumosacerdocio, normalmente desempeñado por una sola persona, ahora era ocupado por Anás (a quien los judíos consideraban como el sumosacerdote legal) y Caifás (quien fue designado por los romanos como suplente de Anás y sumosacerdote oficial). Es como si Lucas presentara la descripción de lo que Zacarías dijo en 1,71: "Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron". En este tiempo de desesperanza Dios manda a su profeta Juan.

  El escritor también nos hace ver que el actuar de Juan tiene resonancia mundial. La palabra de Dios llega hasta el palacio del tetrarca Herodes (3,19), más tarde lo hará hasta el palacio del gobernador Pilato, e incluso a los oídos del mismo emperador de Roma. La palabra de Jesús y de sus siervos revolucionarán los imperios del mundo.

  En el v.3 Lucas nos entrega un resumen de lo que hizo Juan. Él comenzó en el desierto y después fue por toda la región contigua al Jordán. Por su trabajo, él necesitaba del agua del río Jordán; allá Juan proclamaba la palabra de Dios. La palabra "proclamar" nos hace ver que el trabajo de Juan era el de un embajador; su ministerio era anunciar el actuar del Rey mismo. Juan proclama un bautismo basado en el arrepentimiento de los pecados y un perdón futuro de ellos, a los cuales debían prepararse por medio de arrepentimiento y conversión. Todo el actuar de Juan está de  acuerdo con la profecía de Isaías. Su llamado a la conversión y al arrepentimiento se relaciona con las palabras "preparad el camino del Señor y enderezad sus sendas". La esperanza de una amnistía divina para los pecadores ya fue proclamada, cuando el profeta prometía que con la venida del Señor todo valle se rellenará y toda carne verá la salvación de Dios. La venida de Jesús tiene importancia para todo el mundo. Juan cumple la profecía de Isaías, pero también el anuncio del ángel Gabriel y la profecía de su propio padre (ver Lucas 1, 16-17; 77-78).

  En los versículos 7-18, Lucas pone un ejemplo de la predicación de Juan; termina el hagiógrafo en el v.18, diciendo: "Con estas palabras y otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo", es decir, predicaba el evangelio. Esto significa que el serio llamado al arrepentimiento era parte necesaria del evangelio, como preparación para recibir el perdón de los pecados. Este serio llamado al arrepentimiento no es algo amenazante, al contrario, es algo que sirve a la predicación del evangelio de la gracia de Dios.

  Los versículos 7-9 nos dan un resumen del llamado al arrepentimiento a las multitudes. Tiene que ser un genuino arrepentimiento, y no uno que sólo quiere escapar de la ira venidera sin humillarse delante del Señor, como víboras que huyen de un campo ardiendo, pero siguen siendo víboras. A las multitudes se les llama descendientes de víboras, y por ende no pueden enorgullecerse de sus padres. Deben dar frutos que concuerden con el arrepentimiento. Esto significa que es menester ser nacido de Dios para poder hacerlo. No basta con ser descendientes de Abraham, pues Dios puede hacer que las piedras se conviertan en descendientes de Abraham. La descendencia humana no es garantía de aceptación divina. Sólo los buenos frutos salvan a los árboles de ser cortados y echados en el fuego.

  Los versículos 10-14 describen la reacción de la gente; ella pregunta por ejemplos prácticos que demuestren el significado de dar frutos. Es curioso que Juan siempre plantee las relaciones entre los hombres: que compartan la ropa y la comida, que los publicanos no exijan más de lo que está ordenado, y que los soldados no roben. ¿Por qué? Porque Juan llamaría a un pueblo hacia la ley de Moisés, en la que domina el amor. Este pueblo, si está en condiciones, puede anhelar la venida del Señor.

  Preparando al pueblo para la venida del Señor -que ahora vive a la expectativa de la llegada del Mesías- Juan va a hablar acerca del Cristo, aclarando primero que él no lo es. Juan, sólo puede llamar al pueblo al arrepentimiento y bautizar en agua, mientras que el Cristo bautizará en Espíritu Santo y en fuego. Él dará el Espíritu Santo para la obediencia a Dios, la conversión verdadera, la vida para la gloria de Dios; al final el Mesías destruirá a los impíos en el fuego del juicio. Limpiando su era, Él separará el trigo de la paja, recogiendo el trigo (aquéllos que dieron fruto) en su granero y quemando la paja (aquéllos que no se arrepintieron de verdad) en el fuego. Así predicaba Juan el evangelio. De tal modo que también el hablar del juicio sirvió al evangelio para que la gente se convirtiera a Dios dándole los frutos de una vida consagrada.

  Las buenas nuevas llegan incluso a Herodes, el gobernador de Galilea y Perea, la zona a lo largo del río Jordán. Sin embargo, a este rey no le agrada la predicación de Juan, porque éste le muestra la maldad de su relación ilícita que tenía con la mujer de su hermano Felipe, una unión prohibida por la ley de Dios (ver Levítico 18, 16; 20, 21). También le muestra otras maldades. Éste, al rehusar convertirse a Dios, añadió otro pecado: encarcelar a Juan, imponiendo silencio a la voz profética. Al terminar así, Lucas no nos da un anti-clímax, al contrario, nos muestra que la vida de Cristo, cuyo precursor fue encarcelado, sería también una vida de sufrimiento; un sufrimiento que concluiría en la gloria.

* A las buenas noticias del evangelio corresponde una vida de arrepentimiento y de frutos para Dios.

2. (3,21-38) En esta porción Lucas vuelve por un momento al actuar de Juan en la ocasión cuando Jesús es bautizado. Al ser nombrados los acontecimientos que siguieron al bautismo de Juan, Lucas destaca a Jesús como el Mesías. El pensamiento judío, al principio de aquella época, era que el Espíritu de Dios, desde los días de Hageo, Zacarías y Malaquías, se había alejado de Israel para reaparecer en el tiempo del Mesías.

  Jesús fue bautizado cuando todo el pueblo se bautizó. Al mencionar esto, Lucas recalca que el Señor se unió con el pueblo para constituirse en Salvador de ellos. Como respuesta a su oración, el Espíritu Santo descendió del cielo en forma corporal, de una paloma, para ungirlo con su poder. La voz celestial le señaló como Hijo de Dios, el amado en quien el Padre tiene pleno gozo. El que fue concebido por el Espíritu Santo es ahora reconocido por el Padre como su Hijo. Su ministerio será de suma importancia para todo el pueblo.

  Jesús comenzó su ministerio a la edad de treinta años, una edad poco respetada en este tiempo. La genealogía [3] tampoco le da gloria a Jesús. El Hijo de Dios es también un hombre de origen humilde, mas así será el Salvador de su pueblo. La genealogía tenía mucho significado en el tiempo del N.T, describía la historia para acreditar la alta descendencia de una persona. Sin embargo, si Lucas nos da la genealogía de Jesús, es para mostrarnos que sus antecesores en el árbol genealógico no pertenecían a la crema de la sociedad judía. Lucas tiene que remontarse a muchas generaciones para encontrar un nombre conocido. Resulta que Jesús no es un descendiente de Salomón, sino de la línea desconocida Natán-Neri. Finalmente se pierde en el pueblo de Israel en general y por fin en el mundo de todos los hombres, siendo hijo de Adán, sin embargo, también hijo de Dios. Lucas lo dice de esta manera para subrayar que Jesús es Hijo de Dios, pero nacido en humildad.

* Jesús en su humildad quiere pertenecer al mundo pecaminoso a fin de salvar a los suyos en todo el mundo.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. Dios interviene a través de Juan y su Hijo para llamar a Israel y las naciones a una vida digna de su reino. La actividad pública de Juan se desarrolla en un tiempo en el cual Israel es oprimido y no tiene ninguna importancia. Al parecer el actuar de Juan tampoco tiene mucho sentido. Sin embargo, sí tiene resonancia mundial. A través de la predicación muchos se han convertido y conocido al Hijo de Dios, Jesucristo. Juan era un instrumento humilde en las manos de Dios; la predicación en general es un medio humilde y sencillo, sin embargo, es la manera que Dios utiliza para intervenir en el mundo, quizás no en forma espectacular, pero sí eficaz. Mediante el mensaje del evangelio vidas son transformadas, muchos son traídos a la obediencia del Señor, conociendo así su gran amor y perdón hacia ellos.

1b. La tarea de Juan es llamar al pueblo al arrepentimiento y a la conversión. No importa cuán dura parezca su predicación, él proclama el evangelio. ¡Incluso el anuncio del juicio de Dios es parte del evangelio!, ya que el objetivo es que el pueblo se convierta y esté preparado para recibir al Mesías. Es importante que consideremos seriamente la forma en que estamos anunciando el evangelio en la actualidad; hemos de ver si realmente estamos siendo sinceros con la Palabra del Señor, no acomodando nuestra predica para que esta resulte lo menos fuerte posible y lo más agradable que se pueda. El evangelio es un mensaje completo, que contiene tanto el amor de Dios por un mundo pecador, pero también su ira para con aquellos que rehusan arrepentirse entregando sus vidas al señorío de Cristo. No temamos confrontar a los hombres con sus pecados, mostrándoles también su pésima moralidad e injusticia ante Dios; les estaremos haciendo un enorme favor y por sobre todo buscaremos la gloria del Señor. No es bueno ocultar una parte del mensaje evangelístico.

1c. La conversión debe ser genuina; provenir del nuevo nacimiento y hacerse visible en llevar frutos. El pueblo de Dios debe mostrar amor mutuo; la vida con Dios debe mostrarse en nuestras relaciones con los demás. La conversión verdadera es una carta abierta al mundo, es un cambio notable de nuestra conducta y palabras. Es el gobierno del Espíritu Santo sobre nuestras existencias.

1d. Ser miembros de una iglesia no debe ser la base sobre la cual apoyamos nuestra seguridad de ser hijos de Dios. Mientras la predicación de Juan el Bautista hacía un llamado urgente al arrepentimiento como algo necesario para pertenecer al pueblo del pacto, muchos afirmaban ser parte del pueblo de Dios por el hecho de ser descendientes de Abraham. Esta misma actitud puede estar muy arraigada en algunos que piensan que ser hijos de Dios radica en ir a la iglesia o cumplir con ciertas normas religiosas. Todo ello puede tener real significado, pero sólo a partir de un genuino arrepentimiento y  conversión hacia Dios.

1e. La vida de Juan, la de Jesús y de sus seguidores se caracterizó por el sufrimiento. El mensaje del evangelio se da a conocer en un mundo sumido en el pecado, por tal razón es obvio que encuentre oposición; el evangelio no sólo muestra el amor de Dios, sino que además confronta a los hombres con un Dios santo que aborrece el pecado y que juzgará a aquel que persiste en incredulidad. Es mejor sufrir por predicar la verdad, que hacerse el indiferente ante un mundo que se ha rebelado contra Dios.

2. El hombre Jesús es el Hijo de Dios, el Salvador. Tanto el bautismo como la genealogía de Jesús nos muestran su divinidad, pero también su solidaridad para con los hombres. El inmenso amor de Dios-Hijo se evidencia en su profunda humillación. Siempre recordemos que el Señor descendió a nosotros en un estado de real humillación para alcanzarnos y comprendernos. Nunca nos sintamos solos en nuestros fracasos y pecados, puesto que Jesús, el Hijo de Dios,

vino para socorrernos desde nuestra misma miseria espiritual.

Lucas 4

1. (4,1-13) El evangelista, al interpolar la genealogía de Jesús, destaca luego que Él fue tentado como hombre. Lucas no nos cuenta las tentaciones en orden histórico, sino conforme a su contenido. Jesús es tentado con respecto a sí mismo (hambre en el desierto), con respecto a los reinos del mundo (en un monte) y con respecto a Dios (en el templo).

  En el versículo 1, Lucas vuelve al bautismo y al descenso del Espíritu Santo sobre Jesús. De esta manera, lleno del Espíritu, Jesús es llevado por el mismo Espíritu al desierto para ser tentado. El Señor fue entonces tentado durante todo el tiempo que duró este período. Jesús dedicó su tiempo a la oración en ayuno para poder tener mayor concentración en ella. El diablo esperó el momento justo, cuando Jesús tuvo hambre. En estas condiciones, desafía a Jesús para que éste utilice su poder, pero el Señor lo rechaza. Se somete a la Escritura y muestra así confianza en su Padre, quien tiene el poder de dar cualquier alimento (como el Maná en el desierto). Jesús no vino para hacer uso de su poder divino en favor de su propio beneficio, sino en beneficio de los demás.

  En la segunda tentación el diablo le muestra a Jesús los reinos del mundo. Jesús no impugna la verdad de que los reinos pertenecen al diablo; ya que el maligno tiene gran poder y mucha influencia en este mundo, lo cual le fue concedido por Dios debido al pecado. Jesús se somete de nuevo a las Escrituras al atenerse al mandamiento de Dios, a quien sólo se debe servir y adorar.

  En la última tentación el diablo utiliza también la Escritura; pretende provocar a Jesús para que confíe (en forma mal orientada) en las promesas de Dios. Jesús le explica que confiar en Dios no ha de convertirse en tentación, cuando se pretende desafiarle en el cuidado para con sus hijos. Al resistir a las tentaciones, Jesús demuestra ser el hijo obediente de Dios. Al triunfar sobre las tentaciones del diablo, recibe un tiempo de respiro, sin ser tentado. No obstante, Satanás regresará con tentaciones aun más intensas.

* El segundo Adán obedece a Dios. Su obediencia cubre nuestra desobediencia.

2. (4,14-15) Jesús vuelve a Galilea en el poder del Espíritu Santo haciendo milagros y predicando en las sinagogas. Los milagros están encaminados a la predicación del evangelio y muestran el poder del reino de Dios. Al hacerlo, recibe fama, pero ella es muy inestable y puede cambiar bruscamente.

* Jesús no vino para recibir fama de la gente, sino para cumplir la voluntad de Dios.

3. (4,16-30) Aunque este pasaje no menciona el primer actuar de Jesús, Lucas cuenta lo que sucedió en una sinagoga de Nazaret; el hagiógrafo nos predica a través de su evangelio a Jesús como el Ungido de Dios para traer salvación tanto a judíos como a gentiles. Justamente este aspecto se evidencia claramente en la predicación que efectuó en esta sinagoga de Nazaret.

  Nazaret tiene un significado especial para Jesús; fue el lugar donde se había criado, donde la gente le conocía como el hijo de José. No obstante, vuelve a Nazaret como predicador del evangelio. En el día de reposo fue a la sinagoga conforme a su costumbre. Estas palabras se refieren al versículo 15: Él fue a las sinagogas para predicar. Por eso Lucas dice que se levantó a leer. Lo reconocían como un maestro. Aparentemente, Jesús pidió el libro del profeta Isaías, el que se le entregó para que lo leyera. En forma deliberada buscó y encontró el pasaje de Isaías 61, en donde se habla del Ungido del Señor que ha venido para redimir a su pueblo pobre, que se encontraba en gran necesidad corporal y espiritual (el cautiverio debido a su pecado). Este Ungido del Señor vendría a predicar el año agradable del Señor, el año de amnistía y redención.

  Después de leer la Escritura, Jesús se sentó. Algunos dicen que se sentó para predicar, otros (refiriéndose a Hechos 13, donde leemos que Pablo predicó de pie) opinan que Jesús no quiso ni tuvo que añadir nada a este pasaje. Sólo el leerlo debería ser suficiente.

 Jesús había vuelto a Galilea lleno del Espíritu Santo. Así la gente podía verlo como el Ungido del Señor, quien puede efectuar las palabras de la misericordia del Señor. En base a Isaías 61, un pueblo pobre, derrumbado por su propia culpa, puede esperar liberación y restauración por el Ungido (= Jesús). Empero, como la gente no entendió su intención y por causa de que fijaba sus ojos en Él, da el comentario: "Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros (o: ante sus ojos)". Todos podrían saber quien es Él por lo que han oído hablar de Él. La gente, sin embargo, lo ve según sus propios pensamientos. Se asombran de las palabras de gracia (mejor que palabras agradables) habladas por Jesús. Se maravillaban, porque piensan, ¿quién puede llevar gracia, sino Dios? No quieren aceptar la pretensión de Jesús de que Él es Dios mismo quien trae ahora esta gracia. Porque si Él es el Ungido de Dios, debe acreditar su identidad por los mismos milagros que ha hecho en otras partes. Jesús mira hacia un futuro no lejano en donde la gente burlescamente le dirá: "Médico, cúrate a ti mismo". Pero también responde con otro dicho: "Ningún profeta es acepto en su propia tierra". Esto significa que su mensaje generalmente no será aceptado; no se lo recibirá con fe. La gente se siente impresionada por Jesús, pero no quiere aceptarlo como el cumplimiento de la profecía. Los dos ejemplos, el de la viuda de Sarepta y de Naamán el sirio, no tienen la intención de hablar acerca de su misión entre los gentiles, mas bien desean subrayar el rechazo del lado de Israel mismo. Los gentiles han aceptado con mayor fe el mensaje de Dios, que su pueblo mismo. Pero rechazar la autoridad de Jesús significa que el pueblo puede perder las bendiciones espirituales del Señor.

  Las palabras de Jesús llenan a todos de ira, no quieren salvación por su gracia; al contrario, quieren despeñarle de la cumbre del monte. Vislumbramos en este suceso la sombra de la cruz, pero a la vez la de la resurrección: "Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue", mostrándoles algo de su majestad.

* En Jesús se cumplen las promesas de la redención. ¿Queremos aceptarle en su humildad como nuestro Redentor?

4. (4,31-41) Jesús se fue de Nazaret. No abandona Galilea por causa del rechazo que halló en Nazaret, sino que continúa su ministerio en Capernaum. Las multitudes se asombraron de su autoridad, porque ella emanaba de Él. Sin embargo, su autoridad es atacada y amenazada. Un espíritu inmundo reprocha a Jesús, diciéndole que Él ha venido para `destruirlos' (es decir, al espíritu inmundo y a la gente en la sinagoga). Jesús muestra lo contrario, cuando libra al endemoniado del espíritu inmundo ("sin hacerle ningún daño", agrega el médico Lucas). De esto se desprende claramente que, ¡la llegada de Jesús no tiene intención destructiva, sino salvadora!

  Su fin es rescatar en vez de destruir; Jesús no sólo muestra esto en público, en la sinagoga, sino también en un ambiente hogareño al sanar a la suegra de Pedro de una gran fiebre. Así demuestra que su reino es un reino de restauración completa, la liberación del pecado, de las consecuencias del pecado y del diablo. No vino para destruir, sino para salvar. Su disposición para hacerlo es probada por el hecho de que desde la madrugada Jesús sana a los enfermos traídos a Él y echa fuera a los demonios. A estos últimos, Él les prohibió hablar, a pesar que le dijeron: "Tú eres el Hijo de Dios". Empero, el testimonio de los demonios nunca servirá para llevar a la gente a la fe verdadera. Por eso vino Jesús, para que la gente le reconociera y pudiera entrar en su reino.

  Así Jesús, el Ungido de Dios, visitó Capernaum. Nazaret, el pueblo donde se había criado, le rechazó, pero, ¿Capernaum le aceptará? Lucas responderá más adelante a esta pregunta.

* Jesús vino para librar y salvar. ¿Le aceptamos en fe o le rechazamos a causa de la incredulidad?

5. (4,42-44) Cuando amanece, Jesús se retira a un lugar desierto para estar solo en oración con su Padre. A pesar de ser el Hijo de Dios, igual necesitaba continuamente del contacto con su Padre. La gente le buscaba para que no se fuera. Pero Jesús revela que está al servicio de Dios y que todos tienen que conocer las buenas nuevas del reino de los cielos. Es por esta razón que el Padre le envió a esta tierra.

* Es la voluntad del Padre y el deseo de Cristo que todos conozcan el evangelio.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1. La tentación de Jesús en el desierto nos revela la forma en la que el diablo opera para hacer tropezar a los creyentes. El maligno siempre llevará a cabo sus ataques en el momento más propicio para él; puede ser en momentos de crisis económica o enfermedades por ejemplo. En aquellas instancias él nos enrostrará que somos hijos de Dios y que por tanto es ilógico que pasemos por necesidades físicas o materiales. También puede hacer que miremos al mundo con todos sus placeres, queriendo que dejemos de lado nuestra fidelidad a Dios y nos lancemos a la vida bajo su maligno dominio. Por último, en su astucia, se introducirá en la misma "vida piadosa" para hacernos caer en excesos por abusar de la interpretación bíblica que habla de las promesas de Dios. Este último aspecto es muy importante de destacar, ya que a veces el maligno puede usar la misma Biblia para hacer que confiemos en forma totalmente errada en Dios.

2. El servicio de Jesús se caracteriza por la plenitud del Espíritu Santo, obediencia a Dios, y el buscar la voluntad de Dios. Su fama seguramente tiene que ver en primer lugar con los milagros. Sin embargo, Jesús no busca fama, ni éxito mundanal; Él sólo quiere predicar y mostrar el reino de Dios en favor nuestro.

  Pensemos en que si Jesús necesitó la plenitud del Espíritu Santo para cumplir su misión en esta tierra, ¿cuánto más necesitamos nosotros esta misma plenitud? Sin la plenitud del Espíritu Santo sobre nuestras vidas nuestro ministerio no tendrá el efecto que Dios quiere que tenga.

3. Jesús es el Ungido de Dios para dar liberación a su pueblo en forma total. Jesús leyó un pasaje mesiánico en donde se hablaba de la liberación del pueblo y el perdón de sus pecados, aplicándolo a su propia persona. Jesús dice con esto, que no hay que esperar al Mesías, pues éste ya había llegado. ¡Jesús era el Mesías! Su misión sería dar buenas noticias de liberación a los cautivos por el pecado, a los oprimidos y quebrantados de corazón, también traía la restauración del cuerpo. Pero la reacción de la gente sólo es de admiración pero no de reconocimiento; no podían concebir que uno de sus aldeanos dijera ser el Mesías, es por esa razón que persisten en su incredulidad. Pero nosotros podemos tener la plena certeza de que en la humilde figura de Jesús, Dios se ha acercado a nosotros para ofrecernos su gracia perdonadora.

4. Aunque Jesús destruya el poder del diablo, su poder no es destructivo, sino salvador. Un espíritu inmundo intenta desacreditar en público la misión de Jesucristo, diciendo que su poder sólo es destructivo. Pero la expulsión del demonio del hombre muestra lo contrario: Jesús ha venido para salvar y liberar a los hombres del poder de Satanás. El reino que Jesús nos ha acercado es un reino de gracia y perdón, que busca restaurar la comunión de Dios con el ser humano.

5. Es la constante comunión con su Padre la que inspira a Jesús a buscar la salvación de todos. Si queremos predicar el evangelio, ¿cómo podríamos descuidar la comunión con Dios? Hacer del evangelismo una simple actividad eclesiástica puede ocasionar frustración y cansancio. Necesitamos la comunión diaria con Dios, pues a través de ella recibimos fuerza y pasión por la extensión del reino de Dios sobre esta tierra. Se ha dicho acertadamente que la oración es necesaria antes, durante y después del evangelismo. Como creyentes responsables de comunicar el mensaje de salvación cultivemos una hermosa comunión con el Señor, sólo así seremos vencedores.

Lucas 5

1. (5,1-11) En este pasaje, Jesús confirma el llamado de Pedro entregándole una gran promesa: "desde ahora serás pescador de hombres". Esta promesa es de gran consolación para todos los apóstoles en medio de una tarea tan difícil. Jesús es el gran Salvador del mundo y los apóstoles serán sus pescadores, pero de hombres. El prodigio de la pesca milagrosa ilustra en forma maravillosa lo que sucederá en la pesca de hombres, de tal modo que si esto se intenta sin la ayuda del Espíritu Santo, sería imposible; pero confiando en el Señor Jesús y obedeciéndole, se llenarán las redes de la predicación del evangelio con personas regeneradas en sus corazones.

  Las multitudes se agolpan sobre Jesús, le hacen imposible predicar el evangelio. De modo que entra en una de las barcas que están en la playa. Allí en ese momento los pescadores estaban lavando sus grandes redes. Una de las barcas era la de Pedro. Jesús le pide a éste, alejarse de la tierra, no para rehuir a las multitudes, sino para poder predicarles la Palabra de Dios con más facilidad. Luego de esta enseñanza pide a Pedro, quien ya pertenecía a sus seguidores (ver 4,38), llevar la barca hacia una zona más profunda y echar allí las redes para pescar. Para Pedro, pescador de profesión, esta era una orden extraña. Durante toda la noche había trabajado sin pescar nada, ¿cómo hacerlo ahora en pleno día? Sin embargo, a pesar de tener una mezcla de incredulidad y confianza, obedece inmediatamente a la palabra del Señor. Al hacerlo pesca mucho, de tal manera que las redes casi se rompen y las barcas por poco se hunden.

  A través de esta experiencia, Pedro se da cuenta de cuán pecador es ante la majestad de Jesús, diciéndole: "Apártate de mí, porque soy hombre pecador". No se atreve a vivir en la presencia de Jesús. Los demás pescadores también tienen temor por lo que ha ocurrido. Pero el Maestro, que es bueno y lleno de misericordia, reconforta a Pedro para que no tema. Además le entrega una gran promesa, él será pescador de hombres. Justamente por su humillación delante del Señor, Jesús puede utilizarlo en su reino. Luego todos siguen a Jesús.

* Pescar a los perdidos, siendo uno pecador es difícil, o más bien imposible. Sin embargo, cuando se obedece al Señor, la red del evangelio se llenará.

2. (5,12-16) Lucas nos relata la historia de una persona que tenía una erupción cutánea, una enfermedad llamada comunmente `lepra'. Para la lepra no había medicina alguna, por lo que los leprosos tuvieron que esperar en el Señor hasta que a Él le agradara traer sanidad sobre ellos. Este leproso hace lo que no está permitido: entrar en la ciudad y pedir lo que nadie puede pedir de una persona: limpiarlo de su enfermedad. El leproso demuestra gran reverencia hacia Jesús al postrarse con el rostro en tierra, una reverencia que se rinde sólo a Dios. Pero Jesús es Dios mismo revelado en carne. El leproso tiene confianza en el poder de Jesús; sabe que si Él quiere, entonces, puede limpiarle. Jesús hace lo que nadie hace: tocar a esta persona, llevando Él mismo esta enfermedad. Siendo el Hijo de Dios al tocarle le sana sin ninguna dificultad. Este hombre debe presentarse ante el sacerdote, quien tiene que confirmar su curación ( Levítico 14, 1-32). Los sacerdotes deben reconocer que hay alguien que es más que Moisés. Este leproso ha de callar el gran acontecimiento que ha sucedido en su vida, esto es, para evitar:

a. Que la gente conozca solamente a Jesús como persona capaz de realizar milagros, y no como el Salvador del cuerpo y el alma. 

b. Para evitar que venga más gente, lo cual impediría que Él predicase la Palabra del Señor. A pesar de ello, igual se extiende la fama de Jesús. Él no la busca, al contrario, se apartaba para la oración, para no perder la fuente de su poder y su relación con el Padre.

* El Señor Jesús quita la plaga de Israel y restaura la relación entre Dios y el hombre.

3. (5,17-26) El escritor de este evangelio une en forma preciosa la historia anterior, con la de un paralítico; lo hace para destacar el hecho de que Jesús no sólo sana a la gente, sino que además hace mucho más: dar una amnistía total a los pecadores. Eso es más que sanar el cuerpo, aunque esto también es parte de la vida en el reino de Dios. Además muestra que busca ser reconocido como el Hijo de Dios. Lucas no menciona todavía que la enseñanza de Jesús produjo enemistad de parte de los fariseos y escribas. Ahora ellos también se encuentran entre los oyentes de Jesús. Su enseñanza les llama la atención. Jesús, como siempre, está lleno de poder para sanar. Cuatro amigos traen en un lecho a un paralítico para presentárselo a Jesús. Por causa de la multitud, que aparentemente no quiere abrir un lugar para este hombre, ellos por la inventiva de su amor abren el techo y le ponen delante de Jesús. Él sigue siendo maestro, y dice las palabras que más necesita el hombre: "Hombre tus pecados te son perdonados". ¿Cómo puede decir esto el Señor? Pero para esto vino, lo cual ya había sido predicado por Juan el Bautista. Ahora Jesús reparte este perdón, diciendo, por medio de ello, que Él es verdaderamente el más poderoso quien bautizaría en Espíritu Santo y fuego. Los presentes entienden bien lo que ha dicho, pero no lo aceptan en sus corazones; pues piensan que Jesús es hombre y nada más, por lo que sus palabras deben ser blasfemias. Jesús penetra en sus corazones y les hace una pregunta: "¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?" La respuesta es clara: sanar, porque sanar es algo que el hombre, aunque no siempre, lo sabe hacer. Perdonar es una facultad que sólo pertenece a Dios. Jesús ahora hace lo más fácil. Para demostrar que tiene la autoridad de hacer lo que corresponde solamente a Dios, perdonar los pecados, le dice al paralítico: "A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa". Si Jesús fuese un blasfemo, entonces Dios no le daría su autoridad. Mas Jesús ordenó la sanidad e inmediatamente el milagro tuvo lugar. Entonces, en el mismo momento, el hombre regresa a su casa dando gracias y alabando al Señor. Al limitarnos a Lucas debemos decir que todos glorifican al Señor por causa del milagro. A la vez hay temor, pues los testigos dicen: "Hoy hemos visto maravillas (literalmente cosas extraordinarias)". Todos glorifican al Señor por el milagro, pero tienen dificultad en cuanto a la persona de Jesús.

* El Señor tiene la autoridad para perdonar pecados, ya que es el Hijo de Dios que llevó nuestra culpabilidad.

4. (5,27-39) Lucas nos contó que Jesús tenía el poder para limpiar de la impureza ceremonial y la autoridad para perdonar pecados. Ahora, en el llamado de Leví el publicano, nos muestra el mismo poder y la misma autoridad para sanar la impureza interior, y para perdonar a un hombre pecador. Los publicanos colaboran con los romanos, y por esto se les consideraba gente impura y pecadora. Jesús al ver a Leví, le dice con su palabra de autoridad: "Sígueme". Leví obedece en seguida, dejándolo todo. Este publicano, que ha recibido el llamamiento eficaz, se convierte inmediatamente en un testigo de Jesús y da su testimonio a través de una cena. Así comparte en una cena con sus compañeros su gozo por conocer y encontrar al Señor; en esta comida se halla presente Jesús junto a sus discípulos, así que esta cena simboliza la comunión que Dios quiere tener con los pecadores. El mismo grupo que en el pasaje anterior hiciera preguntas críticas acerca del actuar de Jesús, se dirige ahora a los discípulos, diciéndoles: "¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?" No obstante, el mismo Jesús les responde esta pregunta a través de una figura literaria que nosotros conocemos como "ironía". Parece que ellos están sanos (sin pecado) y no tienen necesidades (no reconocen su condición pecaminosa ante Dios), por eso no tienen necesidad del médico (Jesús). Los publicanos reconocen sus necesidades y Jesús les `sana' interiormente y les salva. Lucas une esta historia con otra pregunta crítica que han planteado los fariseos y escribas con respecto al hecho de que los discípulos no ayunan. De nuevo Jesús responde a esta pregunta. Hay dos razones:

a. Los invitados a una boda no ayunan. ¿No está el novio (Jesús) con ellos?

b. Nadie repara ropa vieja con un pedazo tomado de un vestido nuevo, y nadie echa vino nuevo en vasijas viejas. En ambos casos la solución sería peor. Con estas figuras Jesús quiere decir que con Él ha llegado una nueva dispensación, el tiempo de pura gracia. La ley es cumplida en Él. Persistir en el cumplimiento estricto de la ley sin reconocer lo nuevo, el evangelio de la gracia, es negar a Cristo.

* ¿Nos atrevemos a aceptar la nueva dispensación de la gracia, con alegría en Cristo, o vivimos todavía bajo la ley?

Síntesis aplicativa de temas importantes

1. El "pescador de hombres" debe dejar de confiar en sí mismo y confiar humildemente en el Señor. Para Simón, un pescador de profesión, la orden de Jesús le resultaba bastante extraña. Sin embargo, ya atisbamos aquí cómo el Señor ha obrado en la vida de este hombre quien, a pesar de su fracaso, obedece a la palabra de Jesús. Los resultados fueron impresionantes; por la gran cantidad de peces la red ya se rompía. Este milagro es una profunda enseñanza para Pedro y los apóstoles, asimismo para nosotros, para que en sus labores concernientes a la obra de Dios no dependan de sus fuerzas y experiencias, sino de la dirección de Jesús por medio de su Espíritu Santo. Sólo así veremos frutos de verdadera conversión.

2. Jesús hace lo que nadie hace: sanar la enfermedad más impura que existe. Un hombre enfermo de lepra decide entrar encubiertamente a la ciudad para ir al encuentro de Jesús. El sólo hecho de tocar a un leproso convertía en inmunda a la persona que lo hacía, pero a nuestro Señor no le importa esto, ya que sólo Él carga con nuestras inmundicias. Para este hombre su enfermedad le mantenía lejos de la comunión con su pueblo, hasta que Jesús sanándole le incorpora nuevamente a éste. De igual manera hay muchos hermanos, que ya sea por su pasado, enfermedad, una edad demasiado avanzado u otra cosa, no pueden participar de la comunión de los servicios cristianos, ¿qué estamos haciendo por ellos para que no se sientan solos y abandonados sino aceptados y bien recibidos?

3. La curación del paralítico muestra claramente nuestra primera necesidad: el perdón de los pecados. La sanidad del cuerpo era y es una actividad que muestra la misericordia de Dios por nosotros, pero el ministerio de Jesús no buscaba como fin la sanidad física, sino la restauración espiritual, el perdón de los pecados. Así que lo que el hombre necesita primeramente no es ver restaurada su condición física, sino su relación con el Señor. Jesús no es un curador que actúa sin compromiso, Él es el Hijo de Dios que nos llama a la fe y al arrepentimiento. Es por esta razón que se debe poner en el ministerio pastoral las necesidades del hombre en orden de importancia: su relación con Dios es antes que nada.

4a. En el llamamiento de Leví se evidencia el porqué de la llegada de Jesús: llamar a los pecadores al arrepentimiento. Los pecadores reciben a Jesús, pero los religiosos le rechazan. Muchos, al no querer reconocerse como pecadores (enfermos), no buscan la paz en Jesús. De esta manera no conocen el gozo en Jesús, el Novio; sino que siguen como si existieran solamente reglamentos y mandamientos. Los que reconocen a Jesús como su salvador saben que el gozo de la salvación no depende de nuestra observancia estricta de la ley, sino únicamente de Nuestro Señor y Salvador.

4b. Todo hombre, sin excepción alguna, es un enfermo espiritual ante Dios. Muchas veces la religión adormece la conciencia de los hombres, y no le permite darse cuenta de su verdadera condición ante un Dios santo. El hombre que pretende decir que no necesita de arrepentimiento se halla en la más triste situación. La venida de Jesús se compara con la labor que realiza un médico para con sus enfermos. Todos necesitan ser tratados por Jesús, sólo Él puede curar el  pecado que nos aleja de Dios. Una persona permanece en el pecado, justamente cuando rehusa aceptar que es un pecador que requiere urgentemente de Jesús.

Lucas 6

1. (6,1-11) En Lucas 5 nos encontramos con la inquietante preocupación que manifiestan los fariseos y escribas ante la enseñanza de Jesús. En este capítulo vemos cómo esta preocupación se convierte en agresión. Los adversarios de Jesús le dan una advertencia (1-5), incluso le tienden una emboscada para poder sorprenderlo transgrediendo la observancia del sábado. Los discípulos recogieron espigas, y restregándolas con las manos las comían. El solo hecho de recoger el trigo era considerado como cosechar, y el restregar era lo mismo que prepararse una comida. Según la tradición judía, ambas cosas eran estimadas como trabajo, y por ende una trasgresión de la ley.

  Algunos de los fariseos protestan contra ello. La oposición entonces no viene de todos. Aquí, aquellos se dirigen a los discípulos (en Mateo y Marcos inmediatamente a Jesús) preguntando por qué hacen lo que está prohibido. Todavía no entienden lo que Jesús destacó en el capítulo 5, concerniente a quién es Él; y que por su venida, la aplicación de la ley dada por los fariseos y los escribas, sería cambiada radicalmente. Con referencia a David, Jesús responde que cuando éste tuvo hambre, comió de los panes del templo. Jesús es mayor que David y además es Señor del sábado; Él tiene autoridad divina con respecto a la aplicación de la ley de Dios. Los versículos siguientes demuestran en qué sentido Jesús es Señor del sábado. Él sana como señal de su Reino para hacer ver que el propósito del sábado es una vida sana, llena de gozo para poder glorificar a Dios.

  En otro sábado, Jesús entró en la sinagoga para enseñar. Allí encontró a un hombre que padecía de atrofia, una parálisis de su mano derecha. Los fariseos y escribas le espiaban escrupulosamente a fin de encontrar algún error para poder acusarle, ante lo cual Jesús no reacciona con temor, sino con valor; Él obra en público, sin reserva. Les pregunta si es lícito hacer bien (salvar la vida, como es la intención de Jesús) o hacer mal (quitar la vida, como quieren hacer los líderes judíos con Jesús). Por lo tanto, sana a este hombre. Esta sanidad es para la gloria de su Padre, pero acarrea la furia de sus adversarios.

* El propósito del sábado es servir a Dios con un cuerpo sano, una mente sana y con un corazón limpio.

2. (6,12-19) En realidad los versículos 12-49 forman una unidad. Todo este pasaje trata de la pregunta que dice, qué tipo de discípulo escoge y prefiere tener Jesús. Lucas nos dice que en aquellos días (son los días que comenzaron en el cp. 4,15) Jesús fue al monte, a objeto de pasar toda la noche en la oración. Él había recibido una fuerte oposición de parte de los fariseos y escribas. Ahora va a orar con un propósito: elegir a un nuevo pueblo con 12 apóstoles, para que todo el pueblo nacido de los 12 patriarcas se reuna alrededor de estos nuevos líderes que obedecen al Señor. Su oración también está orientada a la enseñanza que va a dar. El nuevo pueblo de Dios, recibe sus mandamientos debido a una noche pasada en oración. Lo curioso es que la lista de los 12  apóstoles es muy corta, leemos casi solamente sus nombres. Se destaca en este pasaje que los discípulos reciben su llamamiento no por lo que ellos son, sino por la elección de pura gracia por parte de Jesús (ver Juan 15,16). Con estos 12 apóstoles, Jesús desciende del monte a una meseta en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de todo el país, tanto de Judea como de Jerusalén y Galilea. Todo el pueblo está representado. ¿Cuántos serán discípulos verdaderos?  Muchos vienen para oírle y para recibir sanidad, pero no para ser sus discípulos. No obstante, la misericordia de Jesús es tan abundante que los sana a todos.

* El Señor elige y busca un pueblo que le reconozca y le obedezca.

3. (6,20-26) Lucas nos dice que Jesús se dirige en su predicación principalmente a sus discípulos (alzando los ojos hacia sus discípulos); pero las multitudes también pueden escuchar. En este sermón, Jesús muestra a sus discípulos el camino para que transiten por él, y permite a las multitudes acompañarles para que escuchen su palabra, y así aprendan éstas a escoger el mismo camino, y se aparten del camino malo y torcido.

  En estos versículos encontramos bienaventuranzas y ayes. Jesús felicita a sus discípulos (ver v.20: "Alzando sus ojos hacia sus discípulos...") por sus condiciones de pobreza, hambre, tristeza y persecución. Pero ay de aquellos que no aceptan esta pobreza, hambre, tristeza y persecución por el nombre de Cristo.

  "Bienaventurados vosotros los pobres". [4] Pobre (muy pobre según el griego) significa en este caso una actitud espiritual, fruto de la predicación de Juan el Bautista: el reconocimiento de sus pecados, una actitud en la cual el discípulo busca ayuda de Jesús. Justamente esta actitud se convierte en algo muy difícil para los ricos; con esto Jesús, no quiere decir que los ricos por ser ricos no podrán entrar en el reino de Dios, ni tampoco los pobres por ser pobres entrarán en él.

  "Bienaventurados los que ahora tenéis hambre". Tampoco se trata de gente con un estómago vacío. Son aquéllos que anhelan la justicia del reino, un reino sin pecado, un reino de amor y paz. Si no necesitamos de la gracia del Señor, ni anhelamos el reino de Dios, entonces tendremos hambre en aquel día cuando el reino venga.

  "Bienaventurados los que ahora lloráis". Los discípulos que ahora lloran -porque viven en un mundo lleno de maldad, sin respeto por Dios, ni por su Hijo- reirán de puro gozo, cuando el reino de Dios llegue. Pero aquellos que ahora se gozan en este mundo (gente que no espera el reino de Dios), lamentarán en el futuro, porque no tendrán un sitio en el reino de Cristo. 

  "Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan". El gozo no está en ser objetos de odio, ni de rechazo por seguir a Jesús, sino en el premio que se recibe: el gozo del cielo. Su consuelo es que los profetas del A.T. recibieron exactamente lo mismo. "Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros". Es una señal de que en aquéllos mora el espíritu de los falsos profetas; quienes, pese a su hermoso mensaje, no servían de verdad a Dios. 

* El reino de Dios trae el gozo que falta ahora. Esperémoslo con ansiedad y humildad.

4. (6,27-49) En este pasaje, Jesús nos enseña el amor hacia nuestro enemigo. No se refiere al enemigo en general, sino a aquel que es nuestro enemigo por causa de Él. La actitud del discípulo tiene que ser un reflejo de la actitud de Dios frente a los pecadores: una actitud llena de gracia y misericordia (ver 6,35 y 36).

  Hay un tercer grupo fuera de los discípulos y de las multitudes: los enemigos, aquellos que rechazan a Jesús. Aunque todo el pueblo le está admirando, la enemistad pronto será grande. Él no se resiste a esta enemistad y pide a sus discípulos hacer lo mismo. Contraria a la reacción que tiene la gente cuando se siente atacada, Jesús pide a sus discípulos bendecir a los enemigos, orar por ellos, presentarles la otra mejilla, dar en el caso de que alguien les pida y no reclamar si no se les devuelve lo pedido. Positivamente: hacer como queremos que se nos haga a nosotros. Porque sólo por un amor abundante podemos mostrar algo del carácter de Dios. El amor a los que nos aman es común en este mundo; sin embargo, el discípulo debe mostrar un amor sin esperar lo mismo de parte de los enemigos. El premio quizás nunca venga del lado de ellos, pero sí vendrá de parte de Dios. La única fuente para ser misericordioso es la misericordia de Dios.

  En los versículos 37-49, Jesús nos deja ver que los discípulos mismos tampoco pueden vivir sin tener una actitud humilde delante del Señor. La misericordia de Jesús tiene que tomar forma en los discípulos mismos si ellos quieren permanecer en la gracia (37,38). Si la medida de nuestra misericordia no tiene la forma de la misericordia de Dios lo sabremos en el juicio. Sólo aquel discípulo que tiene ojos para la misericordia de Dios y no es un ciego, puede llevar y guiar a otros hacia Cristo (39). El discípulo tiene que ser "compuesto" (según el griego, katértismenos, 6,40) como su maestro Cristo, es decir, de amor. Conducir a Cristo, implica tomar otra actitud ante nuestro prójimo. Si hay una espina de enojo en el ojo del prójimo, no tenemos que responder con una viga de odio en el nuestro. Podemos librar a nuestro prójimo de su espina al mirarle con amor, tal como lo hace Jesús. El árbol tiene que ser bueno; el discípulo tiene que entregarse completamente a Cristo y a su misericordia. Sólo si hace esto, pueden crecer frutos de amor y misericordia en el árbol de su vida. El discípulo tiene que practicar lo que Jesús predica. El que vive por su misericordia y la practica, tiene una base sólida y puede sobrevivir en el juicio de Dios. En el caso de que no lo haga, debe vivir siempre fuera de la gracia y de la presencia del Señor, ya que tenía una vida sin base, sin Cristo y sin frutos agradables a Dios.

* Seremos medidos conforme a la norma de la misericordia del Señor.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1. El mandamiento del sábado tiene un propósito positivo: poder glorificar a Dios. Es por eso que Jesús permite a los discípulos que recojan y coman espigas, pues se hallaban sirviendo a Dios. Por la misma razón sana a un enfermo, para que él pueda servir y glorificar a Dios. Los religiosos están más interesados en la observancia de la letra que en el espíritu de ella. Para ellos el sábado se ha convertido en un asunto legalista y no un día consagrado para la gloria de Dios. Quizás nosotros no nos veamos confrontados a este mismo problema en cuanto al legalismo que gira en torno al día de reposo, pero sí podemos pensar acerca de la adoración a Dios, que ha de brindarse en un día especialmente dedicado para ello. Los cristianos, en su mayoría, dedican el día domingo a la adoración a Dios, yendo por lo menos al culto de la noche, pero ¿es esto realmente dedicar un día para glorificar a Dios?

2a. Jesús busca a un nuevo pueblo que le reconozca y obedezca los mandamientos de su reino. A través de la oración escoge a sus discípulos, los 12 apóstoles, porque grande es la tarea y la oposición contra su persona. La elección de líderes siempre necesita mucho cuidado (ver Hechos 6, 1-7; 1 Tim. 3; Tito 1, 5-9). Si los líderes desean guiar a los creyentes hacia una vida madura en la fe, entonces ellos deben manifestar primero frutos evidentes delante de Dios y de los hombres.

2b. La misericordia de Jesús es mayor que la disposición de la gente a servirle. Los que siguen a Jesús por el territorio de Judea se pueden dividir en discípulos y la multitud. De esta última hay gente que sólo viene para oírle y otros para ser sanados. No obstante la falta de disposición para someterse al señorío de Cristo, igualmente nuestro Señor les atiende en sus necesidades. Es por esta razón, por la misericordia de Dios, que mucha gente es sanada de enfermedades cuando asiste a la iglesia o se ora por ella, a pesar de que no esté dispuesta a servir al Señor de todo corazón.

3. Las bienaventuranzas nos brindan las características de los discípulos de Jesús. Estos se caracterizan por la humildad: son pobres, no pueden mostrar una vida justa ante Dios, aunque anhelan profundamente esta vida; lloran por toda la maldad e irreverencia, que en el mundo existe hacia Dios y su Hijo; están dispuestos a sufrir por la causa de Jesús. Él es su única esperanza, y es por eso que son felices, por cuanto la esperanza en Jesús no decepciona.

4. La vida cristiana no consiste en ser un perfeccionista, sino vivir por la misericordia de Dios. Por esta misericordia podemos perdonar en vez de juzgar y condenar. En comunión con el Maestro (Jesús) podemos vencer la enemistad de los adversarios de Jesús. Sin esa comunión nos transformamos en ciegos espirituales, malos guías, árboles que no dan buenos frutos; en una sola palabra: gente sin base sólida. ¡Sabia es la persona que construye su vida sobre la misericordia de Dios! Para ella se abren las puertas del reino y una eternidad en la presencia del Señor.

Lucas 7

1. (7,1-10) Luego del sermón del monte, Lucas nos lleva , en la primera parte del capítulo 7, a un anticlímax, por decirlo así. No leemos nada acerca de la fe del pueblo de Israel, pero sí de la gran fe de un centurión. Al entrar Jesús en Capernaum, los ancianos de la sinagoga acuden a Él, a petición de un centurión romano, para pedirle el favor de sanar a uno de sus siervos. Dicen que él es digno de que Jesús lo haga, porque el centurión ama al pueblo de Israel.

  Al hacerlo, Jesús nota dos cosas en este centurión:

a. Su humildad. Él le dice: "No soy digno de venir a ti, ni que tu vengas a mí". Reconoce la distancia que hay entre Jesús y él, un gentil.

b. Su fe. El centurión dice: "Di la palabra, y mi siervo será sano". Como él respeta la autoridad de su jefe, y sus siervos aceptan la suya y cumplen su palabra sin que él esté observándolo todo, así cree que Jesús puede dar una orden para que su siervo sea sanado. Para el pueblo de Israel, la fe de este gentil es un gran ejemplo. "Ni aun en Israel he hallado tanta fe", dice Jesús. ¡Que Israel tenga esta misma fe en Jesús como este centurión! Ante este hecho, Jesús muestra su poder al sanar sin tener que entrar en la casa.

* Fe y sumisión a Jesús son de vital importancia en la vida.

2. (7,11-17) Aunque el pueblo persiste en su actitud indecisa, Jesús sigue actuando con misericordia. Él muestra su poder, inclusive, cuando nadie espera recibirlo, ni le pide nada. Él toma la iniciativa en los casos en que la gente no lo hace; por ejemplo, después de la muerte. La gente espera grandes cosas de Jesús, pero limita su actuar a esta vida, pues no concibe que Él tenga poder aun sobre la muerte. Al entrar Jesús en la ciudad, acompañado por sus discípulos y una gran multitud, se encuentran en el trayecto con una comitiva fúnebre: una viuda, y mucha gente junto a ella. Así pasan las dos multitudes, solo mirándose. Todos están concentrados en el joven muerto, pero Jesús rompe el silencio llamando la atención hacia sí mismo. Con gran misericordia dice a la viuda: "No llores". Jesús puede decir esto, ya que Él derrota a la muerte. Aquí Lucas nos hace ver hasta qué punto llega la misericordia de Jesús; la muerte no es un obstáculo para manifestar su compasión. Su "no llores", que dirige a la viuda, se unen a las palabras que dice al muchacho muerto: "Joven, a ti te digo, levántate". El milagro tiene lugar inmediatamente. El muerto se mueve y comienza a hablar. Jesús entrega al joven a su madre, y de esta manera no sólo ha mitigado el dolor, sino que además trajo la consolación. El funeral es suspendido por el poder de Jesús. La reacción es tanto de temor como de alabanza. Temor, porque la gente se da cuenta de que Dios mismo, al levantar un gran profeta, ha visitado a su pueblo. Algo del reino mesiánico se hace visible. Jesús es el Mesías, empero, aún no es aceptado; a pesar de esto, su fama se extendió por todo el país.

* Confiemos en Jesús, quien es más fuerte que cualquier otro poder.

3. (7,18-35) Mientras que Jesús hace milagros, los discípulos de Juan van donde él y le cuentan todas estas cosas. Entonces Juan conoce el poder de Jesús, sin embargo, él tiene ciertos problemas y dudas. ¿Es Jesús el que había de venir, o es necesario esperar a otro? En otras palabras: lo que Jesús hace, no es lo que Juan esperaba. Su opinión y pensamiento acerca del Mesías es diferente de lo que observa de Jesús. El Mesías llevaría el reino de Dios y el juicio de Dios sobre los impíos. Pero no se ve nada de esto. Él (Juan), sigue estando en la cárcel y nada hace pensar que habrá un cambio total en el transcurso de la historia. Lucas da énfasis en lo que en este momento Jesús estaba haciendo. "En esa misma hora sanó a  muchos de enfermedades, plagas, y espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista". Su obra de sanidad es total, a todos y de todo. Esto es su obra: restaurar la vida para poder vivir una existencia transformada por la gloria del Señor. ¡Que Juan no se confunda por sus propias ideas! Aquel que se regocija con este Salvador será salvo. Jesús en su respuesta hace referencia a la misma información que Juan el Bautista había recibido de sus discípulos (ver 7,18). En esta restauración de la vida, según Isaías 35, se hace visible el reino de Dios. El juicio llegará, cuando Dios lo determine.

* ¿Lo que el Señor Jesús hizo, es suficiente ahora para nuestra fe?

  Cuando los discípulos de Juan se retiran, Jesús le pregunta a la multitud: "¿Qué salisteis a ver al desierto?" Algunos intérpretes aplican estas palabras a Juan, otros a Jesús mismo. El punto es que si la gente tiene falsas opiniones acerca de Juan, también la tendrán por Jesús. Porque el que no acepta a Juan, pensando que éste no es más que una caña sacudida por el viento, una persona muy débil y llena de dudas, tampoco aceptará a Jesús. Si la gente solamente mira el exterior, a la ropa sencilla, se equivocará, porque en realidad Juan era el mensajero del Mesías (ver Malaquías 3, 1). El que rechaza al mensajero, rechaza también al Mesías. Pero el que acepta a Jesús como Mesías y Salvador, será más grande que Juan, pues ellos serán testigos de la salvación en Jesús más que Juan, ya que éste último morirá pronto. Aquellos que habían recibido el bautismo de Juan, gente del pueblo hasta los publicanos, justificaron a Dios, le dieron la razón, porque confesaron ser pecadores y aceptaron la necesidad del perdón. Los fariseos y los escribas (Lucas les llama intérpretes de la ley para que Teófilo y otros lectores griegos lo entiendan mejor) rechazaron "los designios de Dios", es decir, su voluntad, al no convertirse ni bautizarse.

  El rechazo de Jesús por los líderes de Israel comenzó con el rechazo de Juan. Los líderes son parecidos a los niños que juegan en la plaza, pero que no quieren hacer lo que sus amigos desean. Jesús toma ejemplos de un funeral y una boda para mostrar que los líderes, en ambos casos (de Juan con su énfasis en el juicio de Dios y Jesús con su énfasis en el perdón de pecadores que muestran arrepentimiento), no quieren aceptar la salvación que ellos necesitan. Pero aquellos que aceptaron la predicación de Juan, bautizándose, reconocieron la sabiduría de Dios al enviar a su Hijo. Son ellos, los que reciben en Jesús el perdón prometido.

* Bienaventurado es el que acepta por la gracia de Dios a Jesús.

4. (7,36-50) Jesús es invitado a casa de uno de los fariseos. No se comenta por qué el fariseo le invitó. En aquel tiempo se consideraba una buena obra invitar a rabinos viajeros, pero es muy probable que el fariseo Simón solamente tuviese la intención de sorprender a Jesús en algún error. Este pasaje muestra que Jesús no temía los contactos con cualquier grupo, fueran pobres o ricos, publicanos o fariseos y escribas. En todo caso, la invitación no se hizo por simpatía, ya que en el presente pasaje se ve que el fariseo dejó de hacer las atenciones normales (vv.44-46).   La puerta de la casa estaba abierta. Esa fue la costumbre en aquel tiempo para que cualquier persona pudiera escuchar las discusiones de los rabinos. Pero de pronto, entró una mujer que tenía fama de ser una prostituta, una pecadora; ésta, llorando  moja con sus lágrimas los pies de Jesús y luego los seca con sus cabellos. Esto estaba estrictamente prohibido en aquel tiempo, ya que era considerada la actitud propia de una prostituta. Entonces Simón, se dijo a sí mismo: "Éste, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora". Pero Jesús es más que un profeta, sabe que ella le muestra su amor por el amor perdonador que recibe de Él. Por lo tanto, este cuadro, que para Simón es tan denigrante, Jesús lo explica con una ilustración de dos deudores, uno con una deuda pequeña, otro con una muy grande, cuya deuda a ambos les fue perdonada. ¿Quién tiene más amor? Simón da la respuesta correcta. Pero, ¿no entiende él que con esta mujer sucede lo mismo; que ella muestra amor porque se sabe perdonada? Mientras que Simón es comparable al deudor de la deuda pequeña. Él no mostró ningún respeto ni amor por Jesús.

  Dirigiéndose a la mujer le dice: "Tus pecados te son perdonados". La gente se pregunta ¿quién es éste, que perdona también pecados? No es una pregunta de fe en Jesús -conociendo el milagro del amor de Dios como en Miqueas 7,18- sino de incredulidad.

  Simón esperaba la salvación a partir de una vida correcta. Jesús, a través de su sacrificio, justifica a la mujer que ha puesto su fe en Él.

* "¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad?"

Síntesis aplicativa de temas importantes

1. Fe y humildad son dos cualidades imprescindibles en la vida espiritual. El pasaje del centurión nos muestra dos lecciones muy claras: (1) La humildad como actitud fundamental ante Dios. Note la opinión de unos judíos importantes acerca del centurión: "Es digno", y la opinión del centurión: "No soy digno". Debido al pecado hay distancia entre Dios y nosotros, y la humildad lo sabe. (2) La fe debe apoyarse indudablemente en la Palabra de Dios. El centurión, con una fe madura, no necesitaba de inmediato pruebas visibles de parte de Dios, sino que se apoya en el poder de la Palabra de Jesús. Crecer en la fe es dar por cierta la Palabra de Dios a

pesar de todo.

2a. Jesús triunfa sobre la muerte, ya que Él lleva la causa de ella: el pecado. El consuelo verdadero consiste sólo en recuperar lo que hemos perdido. Para la muerte no hay consuelo humano, pero Jesús lo tiene: Él devuelve la vida a los suyos por su sacrificio y resurrección. La resurrección del joven de Naín es un anticipo de esta gloriosa verdad.

2b. El Señor nos brinda su ayuda aun cuando nosotros no la suplicamos. Para una mujer viuda ya no había esperanza para recuperar a su único hijo que había muerto. A pesar de su silencio, el Señor se compadece de ella, pues entiende todas sus necesidades. A veces también podemos pasar por momentos de tanta tristeza que solamente guardamos silencio ante Dios; las lágrimas son el único lenguaje para expresar nuestro dolor en estas circunstancias, mas el Señor está atento a nuestras necesidades, Él conoce nuestro dolor cuando solamente queremos estar callados. Para Dios no somos unos desconocidos, sino hijos a los cuales Él está atento en todo tiempo.

3a. La escencia de la fe es la capacidad de esperar hasta que se cumplan todas las obras y promesas del Señor. Juan no vió todo lo que esperaba de Jesús: faltó el juicio. Pero lo que él dijo acerca de Jesús era la verdad. Juan ha sido el mayor profeta, pues anunció la llegada del Mesías, Jesús. Sin embargo, los que creen en Jesús son mayor que él, pues Juan no vería toda la obra de Jesús en la cruz. A pesar de las dudas de Juan, era y es necesario creer su mensaje, pasar por la puerta del arrepentimiento y acudir a Jesús. Esta es la actitud más sabia.

3b. La soberbia del hombre le impide aceptar su necesidad de arrepentirse. Durante el ministerio de Juan el Bautista muchos publicanos y gente del pueblo vinieron para ser bautizados, confesando sus pecados. Pero los líderes religiosos de Israel rechazaron este llamamiento al arrepentimiento, pues se consideraban justos delante de Dios. De esta manera quedaron fuera del propósito de Dios. Ellos pensaban que pecado tenía que ver con cosas acerca del incumplimiento de la interpretación que ellos daban de la ley. Esto es tan peligroso, pues nosotros mismos podemos pensar que por el hecho de respetar las tradiciones de la iglesia no tenemos necesidad de arrepentimiento delante de Dios, pues creemos que ello solamente debe hacerlo la gente que no va a la iglesia.

4. El amor de Dios es incomprensible. El que espera la salvación por medio de sus esfuerzos, solamente recibirá frustración y decepción; pero el que la busca en Jesús, al no tener ningún mérito, puede recibirla como un regalo. El moralista piensa que el amor de Dios depende de su conducta. El pecador que ha sido despertado a su real condición sabe que el sacrificio de Jesús es el único y suficiente medio para obtener el perdón de Dios. El conocer el secreto del amor de Dios, produce un profundo amor hacia Él. El moralista no conoce este secreto, ni tiene este profundo amor.

Lucas 8

1. (8,1-3) El tema principal del capítulo 8 es escuchar y dar frutos. Vemos aquí a Jesús, por segunda vez, realizando una gira de predicación (ver Lucas 4,14,15,44) por todas las ciudades y aldeas; la primera fue para reclutar, esta segunda gira insiste en una decisión definitiva. El reino de Dios es la buena nueva que se nos presenta como el reino de gracia, paz y justicia; pero la vida tiene que ser de acuerdo a este reino. Ahora los 12 discípulos acompañan a Jesús como un llamamiento a las 12 tribus de Israel para reunirse alrededor de Él. En su séquito se hallan mujeres adineradas, las cuales hacen posible que este viaje, con tantas personas, se realice; ellas se encargan de la mantención, ropa y alojamiento. Estas mujeres habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades. Ellas repiten a su manera lo que hizo la mujer del capítulo anterior; su gratitud y fe ayudan al progreso de la predicación del evangelio. Lucas menciona a tres: María del pueblecito Migdal, de quien fueron echados 7 demonios; Juana, esposa de Chuza, un hombre de la corte de Herodes; y Susana, una persona desconocida, y otras más. Parecería curioso que Jesús aceptara mujeres en su séquito, sin embargo, en Cristo no hay hombre ni mujer. La primera cosecha es la de mujeres. Ellas reciben la palabra y dan frutos al servir a Jesús con sus propios recursos.

* En Cristo no hay hombre ni mujer. Cada cual puede, a su manera, compartir su amor.

2. (8,4-21) En la parábola del sembrador (ver Mr.4 y Mt.13) Jesús destaca la importancia de oír bien y dar frutos. Aunque hay muchos que le siguen, no todos darán frutos. Se reúne una gran multitud alrededor de Jesús. Para Él, esta multitud es semejante a un campo grande en el cual puede sembrar la semilla del evangelio. No es suficiente que Jesús predique, tampoco que la gente escuche. Lo decisivo es cómo la gente escucha para que se produzcan frutos. Eso falta muy a menudo. A la vez, Jesús aclara que aún no es el tiempo para llevar a cabo la cosecha de la consumación, sino realizar la obra del sembrador, el principio. Antes de que su reino venga, habrá un gran período de preparación y de predicación de la Palabra. Lo importante es que cada uno que oye la Palabra de Cristo escuche con un corazón receptivo y dé el fruto correspondiente.

  Cuando los discípulos le piden una explicación, Jesús les dice que ellos tienen acceso al conocimiento de los secretos del reino de Dios. Ellos conocen a Cristo como el Rey enviado de Dios. Los demás ven las mismas cosas (las sanidades), oyen lo mismo (la predicación), pero no tienen fe en Cristo. Son ciegos, aunque pueden ver; son sordos, aunque pueden oír. Por eso Jesús va a hablarles por parábolas. Así reciben lo que quieren, un mensaje escondido. El juicio de Dios es respuesta a la incredulidad. Quien tiene entendimiento puede recibir más; quien vive en incredulidad entenderá siempre menos. Sin embargo, también la forma en que Jesús enseña, es un llamamiento al pueblo para escuchar.

  La explicación de la parábola nos hace ver que hay varios peligros después de que la semilla ha sido sembrada. Hay aves (el diablo) que quitan la semilla; está el calor del sol (las pruebas) que hace que la semilla se marchite; se halla la mala hierba (las tentaciones y preocupaciones) que ahogan la semilla. Pero hay otra gente, que tiene un corazón bueno y recto, que no sólo da frutos sino que además persiste en ello. En aquéllos, el Espíritu Santo obró tanto que la semilla

logró su objetivo.

  La persona que no cree en Cristo es como alguien que esconde la luz de una lámpara debajo de la cama. No puede ver la luz de Cristo; pero Jesús es la luz y no puede ser escondida en este mundo. Por lo tanto, lo más importante es cómo escuchamos. Si tenemos a Jesús por la fe, recibiremos más riquezas espirituales, pero si pensamos que tenemos a Cristo (porque conocemos de sus sanidades y sermones) y no ponemos fe en Él, lo que tenemos (las bendiciones a través de Él), lo perderemos. El oír bien y dar fruto es tan importante que Jesús llama a aquellos que hacen la voluntad de Dios, su madre y sus hermanos. Obedecer la palabra de Dios es vivir en comunión con Jesús y practicar el mandamiento de amor como Él lo ha desarrollado en el sermón del monte.

* ¿Cómo oímos; llevamos frutos, u oímos la Palabra en vano?

3. (8,22-25) En 8,22-56 Lucas muestra, a través de tres historias, que Jesús mismo es el evangelio, la buena nueva, quien pide fe. Las tres historias muestran también la superioridad de Jesús sobre las aguas, los vientos, los demonios y la muerte. En las tres historias, Jesús llama a la fe de los partícipes. Él continúa su gira en barco para llegar al otro lado del mar. Los discípulos le siguen. Él utiliza el tiempo para dormir y descansar. Desde los montes se levanta un tornado que causa una gran tempestad. El barco se llena de agua, por lo que los discípulos se preocupan mucho, pero Jesús sigue durmiendo. También ahora, los discípulos le reconocen como su comandante. Al no tener esperanza de un nuevo futuro, gritan: "Maestro, Maestro ¡que perecemos!" El que Jesús reprenda el viento y las olas nos da la impresión de que Él impidió una tragedia; sin embargo, Él en su pregunta dirigida a ellos ("¿dónde está vuestra fe?"), aclara que su intervención no era necesaria. Con Cristo en el barco, el viaje del evangelio no se encuentra en peligro. Tienen que crecer en la fe. Por medio de esta experiencia aumentan su admiración y respeto hacia Jesús.

* ¿Quién tiene más poder que Cristo? ¿Confiamos plenamente en Él?

4. (8,26-39) Es muy conocida y divulgada entre las enseñanzas evangélicas la impresionante historia del endemoniado. Gadara (o Gerasa como leen otros manuscritos) es una ciudad gentil de Perea, con algo más de 40 kilómetros de largo. El endemoniado no vive en una casa, sino en los sepulcros; así que el hombre es inmundo, vive en un lugar inmundo y en una región inmunda. Al ver a Jesús, el espíritu inmundo lanza un fuerte grito, demostrando así su tenaz oposición contra Jesús. Pero el poder de Jesús es mucho más grande; gran cantidad de demonios moran en aquel hombre, tal que parece ser una legión de ellos. Los demonios al enfrentarse a Jesús, le ruegan que Él no los lance al abismo -lugar en que ya deberían estar- sino que se les permita entrar en unos cerdos que se hallaban cerca del lugar. Para los israelitas, estos animales eran inmundos, y por ende era prohibido tenerlos. Jesús concede esta petición a los demonios. La consecuencia fue que los cerdos se precipitaron desde el acantilado y se ahogaron en el mar. Jesús aquí, a través de la expulsión, muestra su gran poder. La curación del hombre es un llamado implícito a la gente de la ciudad donde él vivía, para que abandonen sus prácticas pecaminosas; sin embargo, la gente quiere que Jesús se vaya. El ex-endemoniado quiere estar con Jesús, pero Él desea que cumpla una tarea: predicar las grandes obras de Dios justamente en aquella ciudad. Esta orden también es una demostración del amor de Jesús. Aunque ellos desean su partida, Él sigue buscándolos a través de este testigo.

* Dios ha hecho grandes cosas con nosotros, ¿lo compartimos con otros?

5. (8,40-56) Esta tercera historia muestra nuevamente que Jesús mismo es la buena nueva. Lucas nos relata dos situaciones, en donde se nos habla de dos personas que casi ya han perdido de vista el horizonte de la esperanza: una mujer desahuciada por los médicos y un padre que llora a su hijita muerta. En ambas situaciones, tocar a Jesús  y tener fe es suficiente para recibir restauración de la vida.

  Ahora, al otro lado del lago, le espera la multitud con gozo. ¿Con qué gozo? ¿con el que pertenece a la fe verdadera, o con el que sólo espera milagros y maravillas? Muchos están expectantes por lo último. Le aguarda también el hombre principal de la sinagoga llamado Jairo (encargado del orden exterior de la sinagoga). Este vino a Jesús con mucho temor en su corazón, ya que su hija única de doce años estaba muy enferma. Jesús se dirigía a la casa de este hombre, cuando de pronto siente un toque especial, es el toque de una mujer que se acerca con fe a Él. Ella ha perdido mucha sangre, y es por lo tanto considerada inmunda según la ley de Moisés ( Levítico 15, 25-27). Jesús pregunta quién le ha tocado y los discípulos se extrañan por ésto, ya que hay demasiada gente alrededor de Él, y todos le aprietan. Pero Jesús lo nota, pues sabe que poder salió de Él, el poder del reino de Dios. Se detiene por un momento, ya que quiere enfatizar la importancia de la fe de esta mujer; su fin es hacer que ella le conozca más, no como médico, sino como salvador. Ahora Jairo recibe una muy mala noticia, su hija ha muerto. Al parecer, Jesús está tomando mucho tiempo para uno de sus milagros y por eso llega demasiado tarde para el otro. Pero esto, es solamente en apariencia. En realidad Jesús tiene tiempo, ya que Él tiene todo el poder, tanto sobre la enfermedad como la muerte. Lo único que es necesario es la fe en Él. Los padres no deben decir nada, pues la gente sólo busca satisfacer la curiosidad, en vez de glorificar a Jesús.

* Meditemos en el control que Jesús tiene sobre todas las situaciones.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1. Todos pueden, aunque de manera diferente, servir a Cristo. Este servicio puede ser ya sea predicando el evangelio o sirviendo con sus recursos a los que predican el evangelio para que éste progrese y prospere. La razón de este servicio debe estar enraizada en un profundo agradecimiento por todas las bondades de Dios. Así lo entendieron algunas mujeres que se vieron beneficiadas con el ministerio terrenal de Jesucristo: todas ellas le servían a Jesús con sus bienes. Lo mas lógico es que todo creyente manifieste de alguna manera su gratitud al Señor por haber sido salvo por medio de su sangre. Escabullir alguna responsabilidad dentro de la iglesia, o negarse a servir para el engrandecimiento de la obra de Dios es muestra de ingratitud y falta de compromiso con Dios.

2a. Es de suma importancia cómo oímos el evangelio: con fe, dando fruto o no dando ninguno. Sin fe en Jesús como el Rey, no podemos entender su palabra y nos empobrecemos espiritualmente. Poniendo nuestra fe en su palabra, Él nos enriquece a través de ella. El que oye atentamente la palabra de Jesús y la practica se hace miembro de su familia, la familia celestial. No podemos separar la fe en Jesús de una vida que produce los frutos del perdón y el amor hacia el enemigo (ver Lucas 6).

2b. La verdadera conversión soportará las pruebas y las tentaciones. A través de la parábola del sembrador nuestro Señor deja abierta la posibilidad de que exista una aparente conversión. Nos muestra que hay gente que recibe con gozo la Palabra de Dios, pero cuando vienen las dificultades se alejan de los caminos del Señor. ¿Cuántas veces hemos sabido de gente que recibe con alegría al Señor y luego de un tiempo verla totalmente alejada de la comunión de la iglesia? Asimismo hay personas que aceptan la Palabra de Dios, mas no dan fruto debido a que están más afanados por las cosas de este mundo que por servir al Señor. En este último caso es probable que la gente siga yendo a la iglesia, pero sin la evidencia de un cambio verdadero en su vida.

3. Jesús pide fe en Él, y la prueba. A menudo, muchos de nosotros tenemos más temor por los poderes de la naturaleza, de la enfermedad, de los demonios y de la muerte. Tener fe significa: decir y confiar que Jesús es mayor que cualquier poder. ¿Lo creemos así? Creer no significa que de inmediato ocurra lo que queremos que suceda, sino confiar en la bondad de Dios en cualquier circunstancia.

4. La liberación del endemoniado es en sí un llamado a la fe en Jesús. El endemoniado era un gran peligro para todos; nadie puede negar lo que Jesús hizo por él. No obstante, los habitantes de la región optan por una vida sin la presencia de Jesús, ya que ella les amenaza en cuanto a sus recursos (la pérdida de los cerdos). A pesar de esto, la misericordia de Jesús es abundante, pues les deja un testigo de sus maravillas. Nótese que Lucas, al igual que Marcos, emplea tres veces la misma palabra `rogar' o suplicar (vv.31, 37 y 38). Jesús permite las dos primeras peticiones, pero no la del hombre liberado; aunque esta última es la única positiva: poder estar en la presencia de Jesús. Sin embargo, el no conceder la petición del ex-endemoniado, es una muestra de su gran amor por esa región, dándole un testigo de sus maravillas como un llamado implícito para poner su fe en Él.

5. Los milagros nos llaman a la fe: el reino de Dios traerá la sanidad total de la vida. Lucas enlaza dos historias cuyo elemento común es la esperanza que ya se extingue: la de una mujer que nunca había sanado, y la de un padre cuya hija está muriendo. Nos cuesta tremendamente creer que hay esperanza después de la muerte (cp. v.49). Los milagros que hizo Jesús nos ayudan para poner nuestra fe en Él, en medio de un mundo lleno de casos sin esperanza. Un día llegará su reino, y entonces será vencido en forma definitiva todo poder maligno. Aferrémonos de esta esperanza.

Lucas 9

1. (9,1-6) "Jesús iba por todas las ciudades y aldeas", nos dice el cap. 8,1. Ahora Él envía a sus discípulos. Les concede autoridad para echar fuera demonios y sanar enfermedades. De simples seguidores, estos hombres se transforman en misioneros predicadores del reino de los cielos. Es un fuerte llamado para ser enviados a todos los lugares (ver v.6). Los discípulos pueden recibir alojamiento y comida; así que no hay necesidad de llevar dinero, comida o ropa adicional. No son vagabundos, sino enviados del Mesías. Aunque Jesús mismo toleró la falta de reconocimiento y permitió que le dijeran que se fuera, sus discípulos tienen que advertir que rechazar a este Mesías sufriente significa hacerse culpable ante Dios.

* Cada mensaje es un nuevo llamado, cada vez más fuerte, para reconocer y servir a Jesús.

2. (9,7-9) Lucas aún no ha contado el dramático desenlace que tuvo la vida de Juan el Bautista, el cual fue muerto por Herodes. Este rey oyó todas las cosas que hacía Jesús y se asustó por las reacciones del pueblo, y de inmediato pensó que Jesús era Juan que había resucitado de la muerte. ¿Pero, cómo es posible que Juan haya resucitado, si yo le hice decapitar? Esta es la gran duda de Herodes. También si es Elías (según la opinión de aquella época Elías volvería para preparar el camino del Mesías) u otro profeta significaría una querella contra él con respecto a la muerte de Juan. Herodes tiene temor y por eso quiere verlo para saber ¿quién es este Jesús? Es seguro que él quiere hacer con Jesús lo mismo que hizo con Juan (ver también Lucas 13,31). Así se produce una atmósfera amenazante; la muerte de Jesús se acerca.

* Como Juan el bautista, Jesús también es amenazado de muerte, pero soporta todos los sufrimientos para así ganar nuestra salvación.

3. (9,10-17) Una vez regresados los discípulos, cuentan todo lo sucedido a su Maestro. Jesús, quien percibe las amenazas de Herodes, se retira con ellos a un lugar desierto alrededor de Betsaida donde vivían Felipe, Andrés y Pedro. Cuando la gente lo supo, de inmediato le siguió. Jesús les recibió e hizo por ellos dos cosas infaltables en su ministerio: predicar y sanar, anunciar y hacer visible el reino de Dios. También se revela como la persona que es más grande que Moisés (compare Ex.16). En forma espontánea, Él da de comer a cinco mil hombres. Aparentemente la gente recibe más a medida que Jesús sufre más. Los discípulos participan de este milagro; no sólo sanar a los enfermos, sino dar comida a los hambrientos con sólo cinco panes y dos pescados. Las palabras "bendecir, partir y dar" las encontramos también en Lucas 22,14 en adelante. La alimentación es una señal del banquete mesiánico, donde no habrá falta de nada.

* La vida en la presencia de Jesús es una vida buena.

4. (9,18-27) En este pasaje encontramos la respuesta a la pregunta: ¿Quién es Jesús? La gente, a pesar de todo lo que ha visto, sólo mira a Jesús como un gran profeta (sea Juan, Elías u otro). Pedro confiesa, en nombre de todos, que Jesús es el Mesías. Hay entonces una gran diferencia de opinión. Esta confesión podría significar que los discípulos van a predicar con mucho énfasis sobre quién es verdaderamente Jesús: el Mesías. Pero Él lo prohíbe estrictamente, no porque quiera esconder su identidad, sino porque la gente no entenderá la razón por la cual el Mesías debe seguir un camino tan extraño: sufrir y morir. Ahora no es el momento para una campaña de propaganda, sino para el rechazo de parte de los líderes de Israel, quienes lo clavarán en la cruz. Pero Él es el Mesías; después de tres días resucitará de la muerte. Por lo demás, todos tienen que saber que la vida del cristiano que sigue a Jesús es una vida de sufrimiento. Hay que estar dispuesto a tomar diariamente la propia cruz. Porque quien gane todo, pero tiene vergüenza de Jesús y de sus palabras, lo perderá todo. Jesús se avergonzará de ellos cuando venga en su gloria. La persona que contemple a Jesús en su gloria (en el monte o después de su resurrección), participará en el reino de la gloria y no sufrirá daño de la muerte. Para ellos la muerte es nada más que la puerta de entrada al reino de Dios.

* ¿Estamos dispuestos a negarnos y a tomar la cruz? Ese es el camino hacia la gloria.

5. (9,28-36) Lucas da muy poco énfasis a la oposición de los discípulos frente a un Jesús que va camino al sufrimiento. En este pasaje también se da menos énfasis a la participación de los discípulos, sólo se nos relata un detalle que no lo encontramos en los otros evangelios, que los discípulos tienen sueño. Este sueño significa, que para los discípulos el camino de Jesús aún no es comprendido (primero padecer y después recibir la corona). A este camino, que Él tiene por delante, Lucas da el mayor énfasis. Jesús aparece junto a Moisés y Elías, rodeado por la gloria celestial. Es una confirmación del fin de su camino: la gloria con el Padre. Pero la conversación entre ellos trata de la partida (éxodo) que Jesús iba a cumplir en Jerusalén. La glorificación, aquí en este monte, es una afirmación de que el camino del sufrimiento no es algo hecho en vano. Estos momentos preciosos sirven como una ayuda y preparación para Jesús en cuanto a su destino. Es sobre todo Lucas quien enfoca la atención especialmente al último viaje de Jesús a Jerusalén (compárese 9,31 con 9,51). Lo que Jesús va a cumplir es un éxodo (de Jerusalén) a la gloria celestial, la cual es anunciada y prefigurada por medio de la transfiguración.

* El camino de Jesús termina en la gloria celestial, pero antes Él debe pasar por el sufrimiento infernal.

6. (9,37-45) Lucas también relata la historia de la liberación de un muchacho endemoniado; esta historia está conectada a la de la transfiguración. Esto nos habla del contraste entre la gloria celestial y la miseria en esta tierra. Lucas nos dice que este muchacho endemoniado es el hijo único de un padre, quien sufre grandemente al ver que su hijo es azotado por un demonio. Sólo a través del sufrimiento de Jesús, la miseria y el pecado pueden ser removidos. El padre suplica ayuda. Los discípulos confiando demasiado en sí mismos no podían sanarlo. Jesús tropieza con la misma actitud de incredulidad que hubo en Israel durante su peregrinaje por el desierto (ver Deut. 32, 5, 20). ¿Cuánto tiempo tiene que soportar esta actitud? (comp. Num. 14, 27). A todos les faltó confianza. El tiempo, cuando Él terminará con ésto, se acerca. Ahora Jesús revela su majestad al echar fuera al demonio. Todos admiran la grandeza de Dios. Pero esto no es lo mismo que reconocer a Jesús como Mesías e Hijo de Dios. Para que los discípulos no se engañen por la admiración de la multitud, deben poner atención y tomar nota de las palabras que Él les dirigió acerca de su sufrimiento en la cruz. El Hijo del Hombre, el juez del mundo, será procesado y entregado en las manos de los hombres. La forma pasiva (entregado) nos dice que es la mano de Dios que lo hará. Los discípulos, sin embargo, no entienden estas palabras, porque no quieren entenderlas. Piensan en un futuro glorioso, y temen preguntar algo más sobre esto.

* Jesús soportó, en su gran paciencia, la incredulidad y falta de comprensión.

7. (9,46-56) Este pasaje nos dice mucho sobre la falta de comprensión. Pensando en un futuro cercano y glorioso, los discípulos discuten sobre la pregunta de quién sería mayor, y por lo tanto quien ocuparía el mejor lugar y puesto en el reino de los cielos. Jesús, al conocer sus pensamientos, toma a un niño y lo pone junto a sí. Esto deben hacer los discípulos, no pensar en ser recibidos, sino en recibir; no pensar en puestos grandes, sino en puestos humildes: recibir a los pequeños en el nombre de Jesús en el reino de Dios. El que esto hace, ése es el más grande.

  Otra falta de comprensión la podemos observar, cuando Juan y los demás discípulos, habían visto a una persona que echaba fuera demonios en el nombre de Jesús, y se lo prohibieron, porque no andaba con ellos. Juan relaciona las palabras "en mi nombre" (v.48), pensando que significarían "estar con nosotros". Pero hay personas que no están en contra de Jesús, aunque no le siguen. Los límites que nosotros ponemos muchas veces son demasiados estrictos. El primer propósito de Jesús no es condenar, sino salvar. Lo mismo encontramos desde el versículo 51 en adelante. Los días para ser recibido arriba (la ascensión) se acercan, y por eso Jesús afirmó su rostro para ir a Jerusalén. Todo lo que Lucas describe desde ahora (9,51 hasta 19,46) trata de esto: el viaje a Jerusalén para morir y resucitar, ganando así el perdón y la salvación de los perdidos. Por lo tanto los discípulos se equivocan; lo que se hace evidente cuando al volver de una de las aldeas de los samaritanos, dos de ellos le piden a Jesús que les permita ordenar que descienda fuego del cielo para castigarlos por no recibirlos. ¡Un grave error!, ya que están olvidando el propósito de la venida de Jesús: ¡dar salvación!

* El Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas sino para salvarlas.

8. (9,57-62) En estos versículos encontramos tres afirmaciones de Jesús sobre el seguirle en el camino (es decir: el camino a Jerusalén, ¡a la cruz!). En primer lugar, alguien se dirige a Jesús diciéndole que quiere seguirle adondequiera que Él vaya. Él le muestra que su viaje no termina en un domicilio en esta tierra, no va a establecer su reino ahora; al contrario, en esta tierra está viajando a la cruz. Los seguidores de Cristo deben aceptar esto; las zorras y las aves tienen más que Él: ellas tienen nidos, mientras que el `nido' de Jesús será la cruz.

  Otra persona, que sí es llamada por Jesús, pide permiso para enterrar a su padre, y una vez que haga ésto, entonces podrá seguir a Cristo. Pero el viaje de Cristo, quien va a adquirir la reconciliación y la vida eterna, es tan importante que es apremiante predicar el reino de Dios inmediatamente. Es una declaración impactante, solamente podemos entenderla a la luz de la obra de Cristo que está a punto de realizarse.

  Una tercera persona también quiere seguir a Cristo, sólo pide autorización para despedirse de su familia. Oímos nuevamente una reacción fuerte: no despedirse de la familia. Sabemos, sin embargo, que Jesús puso mucho énfasis en las relaciones familiares, pero ahora lo más importante es seguir a Cristo, lo antes posible, en su camino hacia el Calvario. Es como el arar; el que lo hace no puede ver hacia atrás, ya que este trabajo exige un máximo de concentración. El que quiere seguir a Cristo debe desplegar la misma actitud: no mirar hacia atrás, sino concentrarse en el camino, siguiendo las pisadas de Jesús. 

* Seguir a Cristo exige dedicación completa, pero al final del camino el gozo que encontramos no tiene comparación.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1. La llegada de Jesús y del reino de Dios debe ser conocida en todos lados. Jesús involucra a sus doce discípulos en la predicación y en los milagros respectivos a su reino, ya que todos deben conocer las buenas nuevas. La gente debe alimentar y alojar a los discípulos, puesto que el evangelio lo merece y porque así éstos pueden concentrarse en llevar su mensaje. El mensajero debe saber dónde es recibido o rechazado. Se debe entrar donde hay apertura, pero salir donde no la haya. Desde luego, en el trabajo evangelístico se necesita perseverancia, incluso en los lugares en donde no se ven los frutos de inmediato. Sin embargo, se puede aplicar lo que Jesús dice aquí cuando se trata de la investigación de un terreno para empezar una nueva obra eclesiástica.

2. Jesús siempre vivió bajo la amenaza de la muerte. Esto lo sabía, pero sólo se cumplió a su debido tiempo. Desde el principio, Jesús se acercó al sufrimiento. Mientras que para otros la muerte es una amenaza fuerte, para Jesús era el objetivo de su vida: la expiación de nuestros pecados a través de su sangre. Sin embargo, esto debería acontecer a su debido tiempo: Jesús no sólo vino para morir, sino que también para vivir, predicar su evangelio y hacer visible la grandeza de su reino.

3. La alimentación de los cinco mil es un anticipo del banquete mesiánico, en donde no habrá falta de nada. Lucas emplea palabras iguales en el cap. 22 en cuanto a la última pascua, donde habla de partir el pan como referencia a la entrega de su propio cuerpo. La abundancia material que produjo este milagro es una señal del amor abundante que Jesús entregó a través de su muerte. La vida de Jesús fue multiplicada, su sangre trajo vida a muchos ¡Qué precioso es el reino de Dios!

4. Jesús primeramente quiso sufrir por nosotros y después recibir la gloria celestial. Jesús prohibió a sus discípulos difundir quien era. La grandeza de su amor se manifestó en el hecho de que Él no se concentró en su propia gloria, sino en la voluntad del Padre y en la salvación de los suyos. Empero, también el discípulo debe estar dispuesto a seguir a Jesús en su camino hacia la cruz; debe estar dispuesto a sufrir por causa de Él. Si no estamos dispuestos a hacerlo (eso en el fondo es avergonzarse de Jesús) y si dejamos que nuestros propios intereses prevalezcan, entonces destruiremos nuestras propias vidas y perderemos la salvación eterna.

5 y 6. La transfiguración confirmó que Jesús tendría éxito en su camino: el sufrimiento no sería en vano. Ella era un anticipo de la gloria que le esperaba. Sin embargo, su esperanza no era algo sólo para Él. La historia del muchacho endemoniado muestra claramente que el camino de Jesús tiene fruto para este mundo: un día, en su reino, las enfermedades serán quitadas. No obstante, pocos pueden interpretar bien el camino de Jesús. Sólo quieren andar por vista y no por fe.

7 y 8. La falta para comprender el camino de Jesús es por causa de no entender su necesidad ni su fin. Jesús no tenía como prioridad el repartir buenos puestos a sus discípulos, ni en luchar contra aquellos que, aunque actuaran en su nombre, no le siguieran, ni en condenar a los samaritanos. El propósito de su camino era salvar a los hombres. Esto no quiere decir que la iglesia no deba inquietarse por oposición y enemistad, sino que no debe concentrarse en la lucha contra ellas. Nuestra primera tarea es predicar el evangelio en el poder de Cristo, con mucho esfuerzo y dedicación total.

8. Seguir a Jesús es un compromiso serio, nada debe interponerse en el camino del seguimiento. Las declaraciones tan radicales de Jesús acerca del llamamiento sólo son posibles de entender a la luz de los acontecimientos: su camino hacia el Calvario. El pasaje bíblico nos enseña que hay personas que con entusiasmo quieren seguir a Cristo, pero no saben lo que ello significa. Asimismo otros quieren seguirle, mas se creen con derechos a poner condiciones al llamamiento, es decir, no están dispuestos a sujetarse al señorío de Cristo. Por último, vemos a alguien que sí ha sido llamado (nadie se llama solo) a dejar todo apego por lo terrenal y unirse a Jesús en la predicación del evangelio del reino de Dios.

Lucas 10

1. (10,1-16) Lucas es el único evangelista que nos relata la misión de los setenta (según otros manuscritos 72). Hay ciertos aspectos que se parecen al capítulo anterior, la misión de los 12, pero también existen algunas diferencias. En el caso de la misión de los apóst­oles se trató de una extensión de la obra de Jesús; ahora, esta misión, tiene la intención de informar en todos los lugares el viaje que Jesús person­almente pronto hará en ellos. Según algunos intérpretes, el número 12 simboli­za a las 12 tribus de Israel (eso es correcto), mientras que el número 70 simboliza la multitud de las naciones paganas. Quizás es mejor pensar en los 70 ancianos de Num.11, 16-17, o en el número de los miembros del sanedrín, ya que en estos versículos no se hace referencia a la misión de los enviados entre los gentiles.

  Por el hecho de que son pocos los obreros y la cosecha es grande, es necesario rogar al Señor de la mies que envíe (lit. "echar fuera", porque es algo muy urgente) obreros a su mies. Todo el pueblo debe saber que el reino de Dios por medio de Jesu­cristo se acerca. Aunque la cosecha es grande, esto no signi­fica que sólo habrán resultados positivos. Al contrario, Jesús les dice: "yo os envío como corderos en medio de lobos". Pero el saber que es Jesús quien envía, debe producir en las vidas de los setenta enviados, confianza en Él y en su protección. Su cuidado se evidencia también en el hecho que no es necesario llevar bolsa, alforja o calzado. Dios es el que los cuida, por eso ellos no deben tener demasiada preocupación por su mantención. La causa del reino de Dios es urgente, por lo tanto no deben detenerse a saludar a nadie por el camino, pues saludar era a la sazón una ceremonia muy larga.

  En su último viaje, Cristo ofrece a través de sus mensajeros paz a la gente, pues Él es el rey de paz. Poder entrar o ser excluido del reino depende de la aceptación o el rechazo que se les brinde a los enviados de Jesús (6). Sólo en la casa de un hijo de paz pueden comer y beber. Los enviados no piden limosnas, pero sí pueden aceptar el salario que les corresponde en las casas donde se los acoja. Deben conformarse con este trato, y no pasar de casa en casa para recibir cada vez algo mejor. Lo mismo se aplica cuando entran en una ciudad. Si la ciudad acepta a los enviados, deben comer lo que se les ofrece sin dar mayor importancia a las leyes de la comida (como lo hacían los judíos, para quienes era necesario realizar esto en caso de visitar ciudades con influencia pagana como en Perea), puesto que la aceptación de Jesús como Rey es mucho más importante. La prueba de la paz de Dios son las sanidades como señal de la llegada de su reino, pero para la ciudad que rechaza estas señales ha llegado su fin; si este fuese el caso, aun hasta el polvo de los pies deberán sacudirse los discípulos. El castigo será muy fuerte, mayor que el propinado a Sodoma; sobre todo para las ciudades que recibieron muchas bendiciones como Corazín, Betsaida y Capernaum, ya que en ellas Jesús mostró muchas señales de su reino.

* Quien acepta al enviado de Jesús y su palabra, acepta a Jesús; y quien rechaza a los enviados y su palabra, rompe con Jesús.

2. (10,17-24) Luego de dos o tres semanas los setenta regresan después de haber cumplido su misión. Todos vuelven con gozo, porque los demonios se habían sujetados a ellos en el nombre de Jesús. Hay entonces alegría por el poder de Jesús. El Señor responde, diciendo que veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Significa que Satanás perdió poder y terreno, pero por otro lado, que por esa razón redoblará sus fuerzas en la tierra. Fue destronado en el cielo, pero es amenazante como un relámpago en la tierra. Jesús vió ésto en el viaje de los setenta. Satanás será aún más activo y agresivo según el Rey avance. Por eso Jesús les promete su protección en el versículo 19; pese a la agresividad de Satanás, no hay razón para tenerle miedo. Jesús les dará el triunfo sobre todos los obstáculos que el enemigo levante, tanto cuando se trata de animales crueles (cp. Hechos 28, 1-6) como de actividades destructoras.

  El gozo del triunfo sobre los demonios puede ser muy grande, pero éste palidece ante el gozo de la justificación de los creyentes por Dios. Ser aceptado en el cielo es un gozo mayor que recibir el poder sobre los demonios. Ahora (v.20) encontramos el gozo de Jesús. Él está emocionado por la alegría de la justificación de los pecadores en el reino de Dios; tal es su regocijo, que pronuncia una expresión llena de alegría hacia Dios y una bienaventuranza sobre los discípulos. El agradeci­miento es el mismo que en Mateo 11,25. Allá funciona como reacción a la incredulidad dentro de Israel; aquí es una expresión de alegría sobre la fe de los setenta. Jesús se regocijó en el Espíritu, tiene una alegría mayor que la de ellos. Da gracias por el hecho de que al Padre le agradó que los misterios del reino de Dios no fuesen inventados por los sabios del mundo, sino que fuesen revelaciones de Dios dadas a conocer a los niños, a los sencillos de corazón. Esta revelación tiene lugar exclusivamente a través del Hijo de Dios, Jesús. Dirigiéndose a los setenta les dice bienaven­turados por lo que han visto y han oído. Ellos son partícipes de los días del Mesías sobre esta tierra, cosa que los profetas desearon ver.

* El gozo más grande es saber que nuestro nombre está escrito en los cielos.

3. (10,25-37) Este pasaje lo conocemos como la parábola del buen samaritano, cuyo tema es el amor hacia el prójimo. Pero es necesario saber el trasfondo de la parábola. Hay un intérprete de la ley (escriba), que quiere poner a prueba a Jesús, es decir, tratar de hacerlo caer. El encuentro tiene lugar después del regreso de los setenta, encuentro que mostró claramente que nuestra salvación o la pérdida de la vida eterna depende de nuestra relación con Cristo. La pregunta del escriba: "Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?", es en este momento una negativa del mensaje de Jesús y sus discípulos, como si ellos todavía no hubieran dicho nada, ni predicado que la salvación se halla sólo en Jesús. El Señor responde con una contra-pregunta: "¿Qué está escrito en la ley?" La respuesta es tradicional, amar a Dios con todo el corazón, el alma y las fuerzas y al prójimo como a uno mismo; sin embargo, la respuesta contiene también una crítica de parte del escriba. Según él, es verdad que es necesario tener amor por Dios y por el prójimo, pero ¿cómo puede Jesús pedir más amor y fe en Él, como si fuera Dios? Jesús confirma la respuesta, por lo cual implícitamente afirma que lo que pide no es demasiado, puesto que Él es el Hijo de Dios. Para justificar­se, el escriba pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?" Nuevamente tenemos que volver a la situación de este momento. El escriba parte del siguiente pensamiento: ¿acaso no parece que para Jesús el prójimo es sólo la persona que le acepta? Al contar una historia, Jesús prepara su respuesta. Hay en su respuesta un cambio, no repite al final de la parábola la pregunta ¿quién es mi prójimo?, sino ¿cuál de los tres fue el prójimo de la víctima? ¿Queremos ser el prójimo del otro? Para el escriba, Jesús no es su prójimo, pues este escriba lo rechaza, tal como aquellos que llaman `Samaritano' a Jesús. Su falta de amor por Jesús procede de su confianza en sí mismo. No necesita ayuda de parte de Él, por eso no lo considera como prójimo suyo. Pero en su respuesta, este hombre tiene que utilizar la palabra clave: "El que usó de misericordia con él". Esto es exactamente lo que hace Jesús. Las últimas palabras de Él: "Vé, y haz tú lo mismo", es una invitación para seguir a Cristo y mostrar misericordia como Él lo hace.

* Quien experimenta el amor de Jesús, hará lo mismo: mostrará misericordia.

4. (10,38-42) Leemos en este pasaje, cómo Marta pide a Jesús que exhorte a María para que ésta sirva también como lo hace ella. Marta está sirviendo a Jesús, pero olvida lo que Él quiere hacer en su vida. Ella está preparando la comida, mientras que María no hace nada. Marta está trabajando con mucho empeño y María está sentada escuchando la palabra del Señor. Marta se enoja, porque se preocupa con muchos quehaceres. Ante la molestia de Marta, y su preocupación por los muchos quehaceres, Jesús le dice: "Marta, Marta (Jesús está preocupado por la situación de Marta), afanada y turbada estás con muchas cosas"... tú no tienes tranquilidad; tú no guardas el contacto conmigo. Sólo una cosa es necesaria, dice el Señor; y es Él quien la determina: escuchar su palabra, conociendo a Dios, escuchando su voz, el evangelio del perdón. De esto podemos decir: que sirve para siempre, hasta la eternidad, no nos será quitado de nuestra vida. Es para siempre y tiene importancia eterna.

* Al servir a Dios, ¿mantenemos la comunión con Él?, ¿sabemos que Jesús quiere servirnos a través de su palabra?

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. Grandes bendiciones llevan consigo una mayor responsabilidad. Jesús hizo todo lo posible para anunciar la llegada de su reino. Sin embargo, necesitaba más obreros que actuasen en su nombre; siempre hay falta de ellos. Estos pregoneros anunciaron la llegada del reino a través de su Mesías, Jesucristo. Habrán señales que testificarán de esto. Sin embargo, la oposición se hará grande, pues aún siendo las ciudades partícipes de la misericordia del Señor, algunas de ellas no se arrepentirán. Las consecuencias de la impenitencia serán graves: recibirán un castigo mayor que el de ciudades malvadas castigadas en la antigüedad. Rechazar a Jesús es un asunto sumamente delicado. Jesús es rechazado, cuando sus siervos que predican su Palabra son rechazados. En el día del juicio se revelará un duro castigo para los que echaron a Cristo de sus vidas, cuando éste llegó para salvarles. ¡Ay de aquellos que rechazan a los obreros de Jesús!, pues al hacerlo rechazan a Jesús mismo.

1b. Rechazar a Jesús es el peor pecado que existe. Los judíos siempre tendieron a compararse con sus vecinos paganos, a los cuales llamaban "perros". Para ellos era también muy conocida la inmoralidad de ciudades de la antigüedad, ciudades perversas y orgullosas. Pero los judíos reciben un duro golpe de parte de Jesús, cuando Él les dice que pueblos israelitas que le  rechazaron son peores que aquellas naciones que recibieron su castigo de parte de Dios. Puede sonar duro, pero si hermanos de la iglesia no experimentan una fe viva en Jesús, de quien han recibido tan grandes beneficios, este pecado merecerá un castigo peor que el que recibirán los paganos. Los pecados de los hombres, cualquiera sean estos, ciertamente serán castigados, pero rechazar a Jesús es un pecado que no tiene comparación.

2. Lo más importante para el obrero no es gozarse con el éxito, sino por saber que es hijo de Dios. Todos los creyentes deben saber que el mayor gozo nace de una relación viva con Jesús, la cual hace que nuestros nombres estén escritos en el libro de la vida. Nuestra alegría no ha de basarse en las cosas extraordinarias que podamos experimentar. Muchos creyentes tambalean en este sentido, pues hacen depender su gozo del éxito que como creyentes tengan en la vida; vivir de esta manera es exponerse a grandes frustraciones, ya que no siempre las cosas saldrán como queremos que salgan. Lo más importante es saber qué somos en Cristo y qué posesiones espirituales son nuestras en este momento; al saberlo, nuestra vida se elevará a un gozo espiritual que no será ahogado por las circunstancias. ¿Se goza al saber que usted está inscrito en el libro de la vida?

3. La parábola del (Buen) Samaritano es más que un llamado para ayudar al prójimo. En el fondo es un llamado para reconocer a Cristo (el que fue rechazado por el intérprete de la ley), aceptar su misericordia y mostrar misericordia en su nombre tal como lo hizo Él. Al mismo tiempo podemos decir que esta parábola contiene una hermosa enseñanza acerca del amor a nuestro prójimo, amor que es un ejercicio de orden práctico, y no una formulación teológica fría. Como iglesia debemos extender nuestras actividades a zonas en donde es necesaria la manifestación de la misericordia. Esta actividad no debería ser la aventura de unos pocos; la iglesia entera debería estar envuelta en la misericordia por los desposeídos, tanto espiritualmente como materialmente.

4. Lo más importante no es hacer muchas cosas para Cristo sino escuchar su Palabra. A menudo tendemos a servir a Cristo; pero, ¿también nos dejamos servir por Él? Para el Señor es mucho más importante que mantengamos la comunión con Él, que acumulemos de actividades nuestra agenda. Si mantenemos viva la relación con Jesús nunca habrá momentos de ocio. Sentarse a los pies de Jesús para escuchar su Palabra es un ejercicio espiritual que a menudo descuidamos. En este mundo tan acelerado necesitamos detenernos y contemplar la grandeza de Jesús, sólo así podemos seguir avanzando con el evangelio en esta tierra.

Lucas 11

1. (11,1-13) "Aconteció que Jesús estaba orando en un lugar". Jesús se dirige a Jerusalén para morir; Él enfrenta a la muerte, pero en plena comunión con su Padre. Los discípulos quieren aprender a orar. Es posible que ahora piensen en una oración que clama por la irrupción inmediata del reino de Dios. Pero Jesús enseña la misma oración que se señala en Mateo 6, salvo algunas diferencias en la elección de las palabras. Esto debe ser muy significativo para los discípulos. Por el momento, ellos no deben esperar un cambio radical; aunque es seguro que el reino de Dios vendrá, sin embargo, no llegará inmediatamente. Por lo tanto, ellos deben persistir en la misma oración, es decir, la oración que empieza con confianza, y que luego sigue con tres clamaciones: "santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra". La congregación y cada individuo pide con estas peticiones que venga el reino, se haga patente el respeto y la obediencia a Dios en este mundo. También es una oración que nos lleva a considerar el camino de la necesidad, del pecado y la tentación; pero sobre todo el de una esperanza permanente del reino de Dios, a pesar de que éste todavía no sea visible.   

  Jesús muestra a través de una parábola cuán importantes son la confianza y la tenacidad en la oración. Un amigo que recibe a otro amigo pide pan a un tercer amigo. Aunque hace esto en un momento poco oportuno y desfavorable (medianoche) -cuando toda la familia duerme en una sola pieza- seguramente su amigo se despertará, al ver la insistencia de su amigo que le pide pan. La aplicación es dada con palabras extraídas de imágenes de la parábola, pedir, buscar, llamar (lit. dar golpes a la puerta). Si los discípulos no tienen, deben pedir; si no hallan, deben buscar; si encuentran puertas cerradas, deben dar golpes a la puerta de Dios. El camino de los discípulos sigue siendo un camino de necesidad, pecado y tentación. Sin embargo, dando énfasis en el v.9 en lo que deben practicar, el v.10 destaca la seguridad de la promesa. Dios es mucho más que un amigo, aun más que un padre terrenal; porque aunque éstos saben dar buenas dávidas a sus hijos (y nunca una piedra, una serpiente o escorpión), empero, son personas malas ante los ojos de un Dios santo y bueno. El Padre celestial, que es superior infinitamente al mejor de los padres terrenos, dará mucho más: el Espíritu Santo. Viene el reino cuando ya no habrá más pecado, ni necesidad, pero mientras tanto el Padre celestial quiere llenarnos con su Espíritu para guardarnos en su camino.

* El Padre celestial responde a la oración hecha con esperanza y tenacidad dándonos su mayor  don, el Espíritu Santo.

2. (11,14-36) El abismo entre los discípulos, que quieren aprender a orar, y las multitudes que miran de una manera crítica lo que Jesús hace cada vez se hace más grande. Cuando Él echa fuera un demonio, la gente se maravilla, pero no para tener fe en Él como el Cristo. Al contrario, algunos de ellos dicen: "Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios"; otros para tentarle, le piden una señal. El mudo que es sanado habla, pero la gente se mantiene silenciosa por incredulidad. Jesús responde tanto a las sospechas del v.15, como a la tentación del v.16.

  Si fuera verdad que Jesús echa fuera los demonios por Beelzebú, entonces la gente no debería alarmarse, sino esperar tranquilamente hasta que el fin del reino de los demonios llegue, ya que Satanás está destruyendo su propio reino. Aquellos que echan fuera a los demonios, los propios hijos de Israel, ¿por quién lo hacen? Todos lo saben: en el nombre del Dios de Israel. Si Jesús lo hace por su propio poder, ¿el dedo del Señor no está presente cuando Él echa fuera a los demonios? Así que no es el reino de Beelzebú que se acercó, sino el reino de Dios. Lo que Jesús hace es destruir el reino de satanás. Según las palabras de Juan: Jesús es el más fuerte. Él quita al enemigo su armadura y devuelve el botín robado a los propietarios: la gente recobra su voz, la luz en sus ojos, su inteligencia, etcétera.

  Ahora Jesús advierte a la gente. No es suficiente estar cerca de Jesús, sino estar unido a Él y a favor de Él, pues de no ser así, aquella persona está en contra de Él. Quien no recoge, sino que mira a Jesús de lejos y con ojos críticos, es un adversario y desparrama al pueblo. Es necesaria la fe en Él. Esto lo demuestra por medio de sus palabras acerca del espíritu inmundo: cuando éste sale del hombre (por la palabra de Jesús) vuelve pronto con siete demonios más y la situación es mucho peor que antes. Si el lugar vacío no se llena con fe en Jesús, entonces Satanás volverá. Justamente en este momento una mujer clama (27): "Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste". Jesús no niega ésto, pero destaca que oír la palabra de Dios y guardarla es más importante que ser madre de Él.

  Luego (29) Jesús vuelve a la tentación del v.16; sobre todo cuando las multitudes están apiñándose para ver señales; pero, ¡cuidado con pedirlas! Jonás fue una señal para los ninivitas, a quienes le profetizaba el juicio de Dios. Si ellos no se hubieran convertido en 40 días, habrían visto la señal: el juicio de Dios. Esta generación es tan necia, que quiere experimentar el juicio de Dios antes de creer. Tal como Jonás fue la señal para los ninivitas, así también el Hijo del Hombre lo será a esta generación. La predicación de Jonás fue la señal del Dios vivo. El actuar de Jesús con predicación y sanidades ya es una señal a esta generación. Es muy peligroso no reconocerla. La reina del Sur, quien vino de muy lejos para escuchar la sabiduría de Salomón, se levantará en el juicio para condenar a esta generación. Ella creyó en la sabiduría de Salomón, mas esta generación no cree en Jesús quien es mayor que Salomón. Los ninivitas se arrepintieron y por lo tanto serán testigos en el juicio de esta generación que no creyó en Jesús.

  La necedad de esta generación es poner la Luz de Dios, Jesús, debajo del almud de sus sospechas e incredulidad. ¿Quién pone la luz debajo de un almud? La intención es poner la luz en un candelero, es decir: respetar a Jesús para que también los gentiles vean esta luz. Pero para poder reconocer a Jesús como la luz de Dios no sólo es necesario que haya luz, sino que también haya luz en el ojo. Si el ojo es bueno, todo está en la luz; si el ojo es malo, todo está en tinieblas. Hay que abrir el ojo (=creer) para ver la luz en Jesús, el Hijo de Dios. Si esta generación a causa de su incredulidad cierra sus ojos ante Jesús, entonces no podrá ver la luz de la salvación de Dios.

* Quien abre su ojo para Jesús será iluminado por la luz clara de Dios en Jesús. Quien mira a Jesús de forma crítica se hace ciego.

3. (11,37-54) La invitación que un fariseo hace a Jesús para participar en una comida parece sincera, pero en realidad es una falta de aprecio, pues no está basada en la fe. Éste, se extraña de que Jesús no se haya lavado antes de comer, y que está polvoriento y descuidado. Jesús reprocha a los fariseos en general, porque ellos dan énfasis al exterior de la vida y no al interior, ya que el interior de los fariseos no es bueno porque rechazan a Jesús. La limpieza ritual no es suficiente, lo importante es hacer bien dando limosnas en amor hacia los pobres. Diezmar no es malo, lo malo es olvidar lo que es más importante: la justicia y el amor de Dios. Si ellos pretenden tener amor por Dios, deben demostrarlo mediante una vida en obediencia a Él y practicando una justicia que favorezca a sus semejantes. El amor no se ve sólo a través de una estricta pureza ritual.

  El gran error de los fariseos era su anhelo de recibir honra de parte de los hombres (43), en vez de humillarse ante el Señor reconociendo a Jesús. Estos, junto con los escribas, parecen ser buenos guías para el pueblo, pero en realidad se parecen más a sepulcros no señalados, por lo cual la gente se contamina al tocarlos. Cuando los líderes espirituales prohiben a la gente creer en Jesús, hacen que ella no alcance pureza en Cristo y sigue siendo gente interiormente impura.

  Uno de los escribas, puesto que se siente involucrado en las palabras de Jesús, se ofendió por lo que Él dijo. Pero Jesús afirma su conclusión, ya que según Él los escribas ponen en la gente cargas demasiado pesadas; ellos no prestan ninguna ayuda a la gente para sobrellevar las cargas, ni manifiestan misericordia. Los líderes del pueblo son hipócritas, porque edifican los sepulcros de los profetas. Al parecer, ellos están del lado de los profetas y no de parte de los asesinos. Pero al rechazar a Juan y a Jesús, el Mesías, muestran claramente que están en una misma línea con los asesinos de los profetas. Por lo tanto, la sabiduría de Dios dijo (a través de Jesús mismo): "Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán, y a otros perseguirán". Entonces es evidente que los líderes espirituales de Israel son parientes directos, en sus hechos, de aquellos que asesinaron a los profetas desde el principio del mundo, cuando fue derramada la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías (probablemente el sacerdote mencionado en 2 de Crónicas 24,22). A esta generación, que matará a Jesús y sus profetas y apóstoles (la máxima expresión de enemistad contra Dios), le será demandada toda la sangre derramada e inocente.

  Los escribas oyen una última acusación: "Han quitado la llave de la ciencia". Debido a su actitud, ellos no entran en el reino de Dios e impiden la entrada a aquellos que quieren hacerlo. Al rechazar a Jesús, los escribas quitan la llave del conocimiento, porque Él es el cumplimiento de todas las profecías. Como consecuencia, el pueblo no recibe el conocimiento de la salvación (1,77). En esta última acusación, Jesús demuestra el trasfondo de la confrontación entre Él y la multitud. Ella muestra interés, pero se mantiene a distancia, ya que sus líderes le impiden acercarse y entregarse a Jesús. La reacción que tienen los escribas y fariseos por las palabras de Jesús, afirma lo que Él había dicho: ellos sólo buscan dañarle. Unánimemente los escribas y los fariseos empiezan a defenderse ofendiendo a Jesús. Quieren eliminarle al arrancar una afirmación que pudiera ser motivo para sentenciarlo a muerte. Así muestran sus inclinaciones verdaderas.

* No entregar nuestra vida incondicionalmente a Cristo es enemistad contra Él, y tiene influencia negativa en los demás.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1. Para los creyentes, la oración es de suma importancia. En nuestro caminar encontramos necesidad, pecado y tentación. Debemos perseverar en la oración con tenacidad, pero confiando en la bondad del Padre. El fin de la enseñanza de Jesús al respecto no es un anti-clímax. Mucha gente espera que Dios haga realidad todos los deseos que se expresan en la oración. No obstante, el mejor don es el Espíritu Santo. Él nos da la debida perseverancia en los caminos de Dios pese a las dificultades y tentaciones que tengamos por delante.

2. Jesús nos confronta consigo mismo para que haya una entrega incondicional a Él.

La incredulidad es algo muy duro y extraño. Pese a que todas las pruebas demostraban que Jesús actuaba en el nombre del Dios de Israel, la mayoría no se dejó convencer. La incredulidad puede tener varias formas:

a. Interpretar la obra de Jesús como diabólica (15)

b. Exigir más señales, para después de ellas, tal vez poder creer (16)

c. Tener una actitud indecisa. Aun esa actitud es en el fondo nada más que indiferencia, incredulidad y rechazo (23).

  Las obras de Jesús eran suficientemente transparentes para ser creídas. Es posible recibir bendiciones de parte de Jesús, hasta la liberación de demonios, pero si el corazón no se llena con fe, la situación llega a ser mucho peor (24-26). Aun alabar a Jesús no es suficiente, si no se basa en el oír con fe su Palabra y guardarla (28). Dejemos de inmediato una actitud incrédula, antes de que Dios mande la señal de su juicio, de la que es imposible escapar.

  La luz (Jesucristo) llegó. Si no la recibimos con fe es por carencia de luz en nuestro ojo para reconocer a Jesús como el Enviado por Dios (33-36). Tengamos fe en Jesús y dejémosla brillar.

3a. A menudo tendemos a buscar la pureza exterior, olvidando que la única pureza ante Dios es una buena relación con Él. Esto únicamente se logra reconociendo a su Hijo Jesucristo y amando de verdad al prójimo. El conflicto con los fariseos no era tanto que Jesús no estuviera de acuerdo con sus interpretaciones de la ley, o de su legalismo, sino más bien que ellos fueron muy estrictos en cuanto al cumplimiento de la ley, pero no le reconocieron a Él en su calidad de Hijo de Dios. ¡Esa es la hipocresía en su máxima expresión!

3b. Un ministro de la Palabra que no entrega su vida totalmente a Cristo influirá negativamente a la iglesia. Jesús acusa a los intérpretes de la ley  de ser unos negligentes, por lo cual merecerán ser duramente castigados; ellos, teniendo acceso a las Escrituras, debieron haber reconocido a Jesús como el Cristo, pero no lo hicieron. Con su constante actitud de rechazo hacia Él impedían que la gente entrara al reino de Dios, lo que solamente se alcanza por medio de una relación viva con Jesucristo. Es debido a esto que los líderes de la iglesia deben cultivar una verdadera relación con Jesús, pues la hermandad tenderá a imitar siempre a aquellos que le presiden. En muchos casos los hermanos de una iglesia llegarán a tener las mismas virtudes o males de su pastor.

Lucas 12

1. (12,1-12) Este capítulo continúa con el mismo tema del capítulo precedente, en el que fuimos informados de la oposición de parte de los fariseos. Aquí Jesús advierte a sus discípulos y les anima a estar prevenidos y alertas ante toda oposición o agresividad. La oposición de los fariseos parece proceder de una inquietud y preocupación sincera concerniente a las cosas de Dios, pero en realidad es nada más que una influencia negativa que como levadura, tiene la característica de penetrar en todo el pueblo para que nadie crea en lo que Jesús dice. Por lo tanto, Jesús advierte en primer lugar a sus discípulos, pero lo hace en presencia de la multitud. Ésta, se encuentra indecisa ante la disyuntiva de escoger pertenecer a sus propios líderes, o a Jesús. Todos deben saber que nuestra más secreta opinión acerca de Jesús, será sacada a la luz en el juicio de Dios, también el odio escondido y la predisposi­ción. Esto se aplica a todos aquellos que están oyendo a Jesús. El pensamiento que uno tenga sobre Él, se manifestará en el último día.

  Después de esta advertencia, Jesús, por así decirlo, abraza a sus discípulos y los llama sus amigos. No deben tener temor por aquellos que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma. Jesús será muerto y lo mismo puede suceder con sus discípulos, sin embargo, no deben temer. Si a alguien hay que temer es a Dios, puesto que después de la vida, Él tiene poder para echar en el infierno. Quien niega a Cristo por temor a los fariseos caerá en las manos de Dios. "¿No se venden cinco pájaros por dos cuartos?". Con esta pregunta, Jesús quiere decir que por su precio tan bajo parecen ser aves insignificantes, pero para Dios tienen valor. ¿Cuánto más valor tienen aquellos que confiesan a Jesús? El nos conoce, incluso sabe cuántos cabellos tenemos.

  Si declaramos ser discípulos de Cristo delante de los hombres y no nos avergonzamos de que le pertenecemos, Él no se avergonzará de nosotros. Los hombres rechazados en la tierra por causa de Jesús, serán respetados en el cielo. Sin embargo, también es verdad que negar a Cristo significa que Él no nos conocerá ni nos recibirá en su reino.

  Los fariseos siempre buscan el momento para hablar en contra de Jesús; mientras que Él, además de ofrecer su perdón a publicanos y pecadores, ofrece su perdón a los propios fariseos. Si ellos perseveran en rechazar a Jesús al decir que Él hace sus milagros por Beelzebú, blasfeman contra el Espíritu Santo y nunca obtendrán perdón. Los discípulos deben atravesar por muchas persecuciones de parte de los líderes judíos que rechazan a Jesús. Sin embargo, no es necesario preocuparse y pensar previamente lo que tienen que responder. Los confesantes que están inscritos en el cielo serán afirmados en la tierra por el apoyo del Espíritu Santo.

* Hemos de tomar una posición clara: o confesar en todas las circunstancias a Cristo, o rechazarlo. Lo primero lleva una promesa grande, lo otro una condenación terrible.

2. (12,13-21) Jesús había hablado acerca de la perspectiva celestial: Él confesará a aquella persona que le confiesa. Para una persona de la multitud, esta perspectiva es demasiado alta, pues ella tiene sus problemas aquí en esta tierra; por tanto necesita a Jesús para que le ayude a solucionar unos problemas con su hermano en cuanto a una herencia. Jesús no acepta esta petición, ya que ella no reconoce el carácter de la obra de Jesús, que es sanar la vida con un sólo propósito: utilizarla para buscar el reino de los cielos y prepararla con respecto a ello. Justamente, es este aspecto el que falta en la pregunta de aquella persona. Entonces Jesús no se considera autorizado para dar consejo en el caso de la repartición de una herencia. Por medio de una parábola advierte a todos, demostrando que la vida no es una posesión que dura para siempre. Jesús no critica aquí la riqueza, ni el aumento de bienes materiales, si es necesario, sino hacer de la riqueza el centro de interés y olvidar la riqueza que tiene valor a los ojos de Dios: conocerle a Él en Cristo, ser dependiente de Él, sabiendo que es Dios quien nos da la riqueza, y esperar la venida de su reino.

* Ni todas las riquezas del mundo pueden comprar la vida eterna. La vida eterna es conocer a Dios.

3. (12,22-34) Jesús sigue enseñando con respecto al mismo tema: ¿dónde está el centro de nuestro interés? Él aconseja a sus discípulos a no afanarse, ni preocuparse por la vida diaria: lo que pueden comer, beber y cómo vestirse. Si Dios cuida a los cuervos, ¿no cuidará a los suyos? Preocuparse no vale la pena. Afanarse por las cosas diarias es justamente el modo en que se desarrolla la vida de los gentiles. Los discípulos, al saber que tienen a un Padre en los cielos que les cuida, deben tener otra preocupación: el reino de Dios, reconocer a Cristo y vivir conforme a sus mandamien­tos. Dios cuidará de los suyos aún en forma más especial que como lo hace con la naturaleza, que recibe también su abundante cuidado. Por lo tanto los creyentes nunca debieran estar preocupados con respecto a su vida diaria.

  Al buscar el reino de Dios, Jesús tiene promesas firmes para los suyos, tomando en cuenta la voluntad de su padre, la que consiste en entregar el reino a sus hijos. Por esta promesa es posible vender los bienes y repartir las posesiones a los pobres. Lo que importa no es la riqueza terrenal, sino el reino de los cielos que no está sujeto a corrupción. Nuestro interés evidencia hacia dónde se inclina nuestro corazón.

* Reflexionemos: ¿hacia dónde va dirigido el interés principal de nuestra vida?

4. (12,35-48) El que los discípulos de Jesús tengan un tesoro en los cielos, significa que su vida debe estar siempre en estado de alerta: "Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas". Así pasaron los Israelitas la noche antes de su éxodo. De la misma manera, los discípulos deben esperar la entrada solemne de Jesús cuando vuelva. Aunque Jesús aún estaba presente, un día estaría con su Padre, el día de su ascensión. Pero sus discípulos deben esperar, porque Él volverá. Deben ser semejantes a los hombres que aguardan a su señor, que regrese de las bodas. Si esta es su actitud, sucederá algo que va en contra de los patrones de autoridad terrenal: el señor va a ceñirse y a servir a sus siervos en vez de que ellos lo hagan a él. Así es nuestro Señor para con todos los que le esperan, les honrará en su reino como huéspedes ilustres. Esta promesa será cumplida a la hora de su regreso. Lo que importa es que los siervos estén esperando a su señor, por muy tarde que sea, aunque sea a media noche, en la segunda o tercera vigilia. Los judíos dividían el período de oscuridad que iba desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana en 3 vigilias, en tanto los romanos lo hacían en cuatro. En todo caso el Señor puede volver incluso siendo ya muy tarde.

  Los siervos que realmente estén esperando a su Señor, en aquel día serán los más bienaventurados. El ladrón no avisa la hora en que vendrá a robar, en este caso la gente debe estar preparada; así también la gente debe aguardar el retorno de Jesús, aún cuando no se sepa la hora ni fecha exacta de su regreso; por esta razón es necesaria una vigilancia permanente. Aunque la venida de Jesús es un asunto de gozo, la hora de su venida, sin embargo, está oculta. Por eso, siempre hemos de estar preparados.

  Pedro hace la pregunta si esto se aplica a ellos (los discípulos) o a los demás (la multitud). Parece que los demás no están preparados. Jesús responde en forma indirecta. Hace una pregunta para que todos se hagan un autoexamen: "¿Quién es el mayordomo fiel y prudente...?" Jesús destaca que Él espera que sus siervos sean los que despierten en todo momento a los demás. Ellos deben dar la ración, una porción de alimento a los otros siervos, es decir, darles el pan de la vida. La tarea de ellos es estar preparados y ayudar a otros a que también lo estén. Pero si el señor tarda en venir, es posible que los mayordomos comiencen a portarse indebidamente, tratando mal a los demás siervos mientras que ellos mismos se hartan. El regreso de su señor no les interesa. Aquel siervo que trata así, recibirá un castigo terrible: lo que corresponde a los infieles. Quien sabe bien la voluntad de su señor (para los discípulos: esperar a Jesús y ayudar a los demás) y no la hace, recibirá muchos azotes; mientras que la persona que no conoce la voluntad del Señor, recibirá menos azotes. El Señor exige mucho de aquellos que recibieron mucho. Los discípulos practicaron ésto después de Pentecostés, al predicar continuamente a las multitudes.

* Tenemos que esperar al Señor Jesús y despertar a los demás para que hagan lo mismo.

5. (12,49-59) Jesús ya ha hablado acerca del juicio sobre el siervo infiel. Ahora nos damos cuenta de que Él como hombre está envuelto en su enseñanza: "Fuego vine a echar en la tierra, ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?" El propósito de su venida es el gran fuego mundial, como Juan el Bautista había dicho: que Él vendría para bautizar con Espíritu y fuego. Por esto vino Jesús, para limpiar el mundo de toda maldad. Esto es también su gran deseo. Aún sigue sanando y ayudando, pero su gran anhelo es el tiempo de purificación y restauración. A través del fuego, se consumirá el mundo impío y quedará solamente el reino de Dios. Pero en primer lugar, Él debe ser bautizado y es por eso que siente angustia. La gente que fue bautizada por Juan pasó sólo simbólicamente por el agua para recibir perdón. Jesús será bautizado (sumergido) en la muerte, será ahogado por la ira de Dios a causa de nuestra culpa para hacer posible la purificación futura.

  El mensajero del gran fuego, Jesús, es objeto de discordia entre los hombres, incluso en las familias. Debido a Cristo, los caminos de los hombres se separan. Su paz, de aquí hasta su segunda venida, viene sólo a través de mucha lucha. Hasta las relaciones familiares se verán afectadas por la posición que tome la gente ante Jesús. Frente a su persona sólo caben dos posturas: fe o incredulidad, amor u odio. Pero esta discordia intensifica en Jesús el anhelo de la última purificación.

  Jesús se dirige una vez más a la multitud, quienes siguen teniendo una actitud de espera. Por la influencia de los líderes, se considera a Jesús como una persona que hace sus milagros a través del poder de Beelzebú, y por lo tanto quieren recibir una señal (Lucas 11,15-16). La gente debe saber que ella está en un momento de crisis; sabe distinguir el aspecto del cielo y de la tierra, sabe qué tipo de tiempo viene, pero, ¿por qué no sabe distinguir el tiempo de Dios? ¿Por qué no se da cuenta de que en Jesús, Dios está presente y que se debe tomar una decisión a favor de Cristo? Los hombres han sido testigos de las maravillas de Jesús, sin embargo, han dejado pasar el tiempo de la gracia de Dios. Con una parábola, Jesús apela a que le reconozcan antes de que sea demasiado tarde. Si existen problemas con alguien, es necesario arreglar este asunto a tiempo para no venir a parar a la cárcel. De la misma manera, la gente debe reconocer seriamente a Cristo para no venir a caer en las manos del juicio de Dios.

* La gran purificación del mundo viene. Ahora es el tiempo para prepararnos de tal modo que al reconocer a Cristo podamos escapar del juicio de Dios.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1. La incredulidad es tan contagiosa que debemos tener mucho cuidado con ella. Si Jesús advierte a sus propios discípulos en cuanto a la influencia negativa de los fariseos, ¡cuánto más nosotros necesitamos de esta advertencia! La incredulidad, aún la más oculta, será sacada a la luz en el juicio de Dios. La fe puede llevar ciertos riesgos (desde sufrimiento físico hasta la muerte), pero la incredulidad es más peligrosa, pues conduce al juicio eterno de Dios en el infierno. Los que viven bajo la protección del Señor, son estimados de gran valor ante los ojos de Dios, por lo tanto no deben temer al sufrimiento que hallarán en el mundo.

  El ser discípulos de Jesús debe llevarnos a la confesión pública de que Él es el Cristo. Esta confesión, a su vez, lleva a la `confesión' de Jesús ante el Padre: Jesús nos reconocerá como propiedad suya; sólo así el Padre nos dará entrada a su reino. Para todos los pecados hay perdón, pero para los que perseveran en la incredulidad, pese a las pruebas que Jesús nos ha dado de que Él es verdaderamente el Hijo de Dios, sólo hay condenación. Este pecado es contra el Espíritu Santo y es inexcusable.

2-3. Rico es el que ama a Dios; éste sabe que es Dios quien nos da sustento, y le sirve con él. El primer interés de Cristo es que la gente le reconozca y busque la vida conforme al estilo de su reino. Vivir de esta manera significa que estamos conscientes de que nuestra vida no es posesión propia, sino regalo de Dios. Por ende, no podemos encerrarnos en las preocupaciones de la vida como si nosotros debiéramos cuidarnos a nosotros mismos, negando así la existencia de un Dios que está preocupado por nosotros. Para aquellos que pueden dejar todo por la causa de Jesús hay una riqueza mucho más gloriosa: el reino de Dios. El saber que pertenecemos a este reino nos hace posible vender todo, dejando todo apego por las cosas de este mundo. Nuestra vida diaria muestra claramente donde está nuestro verdadero interés.

4. El que tiene su tesoro en el cielo debe siempre estar preparado para el retorno de su Señor. Es posible que el regreso de Jesús tarde mucho. Sin embargo, aquellos que están en estado de alerta experimentarán algo increíble: el Señor les servirá como si ellos fueran el Huésped. Estemos preparados, pues nadie sabe cuándo es la venida de Jesús.

  Esto se aplica a todos, también a los mismos discípulos de Jesús. El peligro para los líderes de la iglesia es dejar el primer amor con que comenzaron y caer en una actitud dominante en vez de servicio. La mejor ocupación antes del retorno de Cristo es alimentar a las ovejas de Jesús y despertarlas para que siempre esperen a su Señor. Aquellos que tienen  mayor conocimiento de la verdad serán responsables de llevar los mayores frutos.

5a. La disensión entre la gente a causa de Jesús es un adelanto de la separación definitiva, la cual tendrá lugar al final de la historia. La persona de Jesús siempre será motivo de disensión, y ellos debido a que su mensaje será recibido por unos y rechazado por otros. Esta división ocurrirá incluso dentro del ámbito familiar. Conocer esta realidad debe alentar a algunos creyentes que están viviendo serios problemas con sus parientes a causa de su fe en Jesús. Muchos tendrán que soportar ser rechazados debido a su nueva relación que tienen con Dios. Pero esta disensión nos despierta para que vislumbremos que aquel día de la gran separación está por llegar.

5b. Estamos en un tiempo decisivo, si no lo distinguimos tendremos un triste final. El actuar de Jesús en la tierra era un real privilegio para los judíos, pero de igual manera una tremenda responsabilidad. Jesús acusa a los israelitas de ser unos hipócritas, pues saben pronosticar con exactitud el tiempo, pero no saben reconocer el período en que se encuentran, un tiempo de crisis, de decisión: deben reconocer a Jesús como su Mesías. Pero aún queda tiempo para hacerlo, la gracia del Señor sigue esperando que los hombres arreglen sus asuntos con Jesús antes de llegar al tribunal de Dios.

Lucas 13

1. (13,1-9) Es precisamente en este momento cuando algunos de la multitud, al oír que Jesús hablaba sobre el juicio, le presentan un acontecimiento que les parece una ilustración del juicio del que acababa de hablar Jesús. Había unos galileos que fueron muertos por Pilato, a lo mejor cuando ellos estaban en el camino para ofrecer su sacrificio en el templo. Es probable que se trate de guerrillas que luchaban por la libertad de su país. Parece que los que cuentan ésto, saben discernir el tiempo. Si Jesús habla acerca del juicio, "bien" dicen ellos, "acá hay un ejemplo de él". La respuesta de Jesús, sin embargo, es inesperada para ellos, pues pensaban que con esta ilustración podían mantenerse a salvo. Además, en aquella época, la gente pensaba que una catástrofe significaba un castigo de Dios. Por lo tanto, ellos se sentían superiores a la gente que fue afectada por la catástrofe. Jesús rechaza tajantemente esta idea. Les advierte que sin conversión les sucederá exactamente lo mismo. Y cada vez que se enteren de alguna tragedia como el accidente con la torre en Siloé, en que murieron 18 personas, deben pensar que es una señal preventiva de parte de Dios para que se conviertan y no pierdan su vida en el juicio final, pues Dios busca los frutos de una verdadera conversión. Jesús aclara esto con una parábola que relata la vida de un hombre que tenía una higuera plantada en su viña. Al cabo de tres años el árbol debía dar frutos, pero el hombre no los encontró, por lo cual la única alternativa que le quedaría sería cortar el árbol. Sin embargo, el viñador le dijo: "Déjala todavía este año, hasta que yo cabe alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después". La parábola nos muestra el propósito de Dios con su pueblo (y con cada uno que conoce la palabra y no la obedece). Sin embargo, es Jesús quien aboga por su pueblo, que todavía no produce frutos de arrepentimiento. 

* La paciencia de Dios es grande pero no infinita. Nuestra vida debe dar el fruto de una conversión verdadera.

2. (13,10-17) También en su viaje a Jerusalén, Jesús sigue con su costumbre de enseñar a la gente el día de reposo en la sinagoga. Allí encontró a una mujer que, por su enfermedad, hacía 18 años no podía enderezarse. La aquejaba un espíritu de enfermedad, pues Satanás quiere cautivar a la gente de muchas maneras, siendo una de ellas a través de enfermedades. La situación era que ella ya no tenía esperanza, de tal modo que no pensaba en pedir curación. Sin embargo, como en el caso del joven de Naín (cap. 7), Jesús toma la iniciativa, la mira con misericordia, se percata de su necesidad, la llama y se dirige personalmente a ella, diciéndole: "Mujer, eres libre de tu enfermedad", y luego pone sus manos sobre ella. Él es la fuente de la fuerza nueva. De esta manera, el pueblo podía aprender que la recuperación y la restauración de la vida solamente dependen del poder y de las manos de Jesús.

  Jesús realiza esta sanidad en un día de reposo, ya que el propósito de este día era el de glorificar a Dios, y eso a pesar de que este día esté aún en la sombra de debilidad y muerte. El milagro tiene lugar de inmediato, la mujer se enderezó y glorificó a Dios, ¡cumpliendo así el propósito del sábado! No obstante, el principal de la sinagoga no glorifica a Dios como lo hace la mujer, sino que se enoja en demasía con Jesús, ya que según su criterio el milagro realizado por Jesús fue una transgresión de la ley del sábado. Por esa razón previene a la gente contra Jesús. Aunque parece que esta advertencia es una defensa de la ley de Dios, Jesús, con mucha razón lo llama `hipócrita', ya que en realidad este hombre está olvidando el propósito del día de reposo. Lo que todos hacen es desatar a sus animales para que puedan ser libres el día de reposo; esta misma acción hizo Jesús con una hija de Abraham, de quien Él, como Hijo de Dios, es el dueño; la liberación de Jesús tiene un propósito: poder glorificar a Dios. ¿Es eso un crimen?

* Jesús muestra el propósito del sábado, pues en su reino no hay ataduras ni enfermedades.

3. (13,18-21) A continuación del milagro, Jesús termina su enseñanza en la sinagoga con dos parábolas. El inicio de su reino es muy pequeño, no tiene un progreso rápido como la gente pensaba. Hay mucha oposición (como en la historia anterior), incluso rechazo de parte de los líderes y del mismo pueblo. Sin embargo, como el grano de mostaza, por muy pequeño que sea, crece y se hace un árbol grande; así será el reino de Dios en la persona de Jesús, que al principio parece pequeño, pero muy grande en su plenitud. Por otra parte, al reino de Dios se le puede comparar con la levadura escondida en 3 medidas de harina (13 litros, una gran cantidad). Jesús pone en relieve la palabra `escondió'; así es el reino de Dios, todavía escondido, no bien visible, pero su influencia será tremenda. Ambas parábolas son precisas de acuerdo a la situación del momento. Concuerdan con las promesas de Juan el Bautista sobre la llegada gloriosa del reino, pero también con el hecho de que los líderes quieren matar a Jesús. La semilla debe ser echada en la tierra, la levadura ser escondida en la masa; ambas imágenes hacen referencia a la muerte de Jesús. Ella, sin embargo, no es el final del reino, sino su glorioso principio.

* La obra de Cristo -morir en la cruz por nosotros- es importante, aunque para algunos es algo muy insignificante.

4. (13,22-30) Lucas nos recuerda el último viaje a Jerusalén (ver Lucas 9,51). Jesús sigue enseñando, conforme a la sugerencia del viñador del versículo 8, abonando la higuera, haciendo todo lo posible para que el árbol (la multitud) no se pierda. Ahora una persona de la multitud le hace una pregunta con un fondo crítico: ¿Son pocos los que se salvan? Aunque hay mucha gente que sigue a Jesús, en realidad sus seguidores son aún pocos, esto debido al antagonismo que encuentran. ¿El reino de Dios tendrá quizás pocos súbditos? La respuesta final hace notar que son muchos los salvos (v.29), pero lo que ahora importa es el esfuerzo necesario para poder entrar en el reino de Dios. La puerta es angosta, hay que convertirse a Cristo y obedecer, movidos por un amor total, sus mandamientos. Jesús se dirige en forma directa a todos, porque aún hay muchos que no le siguen decididamente con fe. Nadie debe pensar que los descendientes de Abraham entrarán automáticamente en el reino de Dios. Es posible tratar de entrar en el reino de Dios y no lograrlo. Estas no son palabras para amedrentarse definitivamente, sino una advertencia para que nuestro intento no sea demasiado tarde. Por eso Jesús da a entender a través de sus palabras que muchos no podrán entrar después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta. Quien comienza a entrar demasiado tarde en el reino de Dios, encontrará la puerta cerrada. El señor de la casa responde a la petición "ábrenos" con un "no sé de dónde sois", y esto a pesar de que la persona excluída, estaba en la presencia de Jesús oyendo su enseñanza. Por eso es necesario seguir ahora a Cristo en fe y obediencia. La respuesta es frustrante, pues ¿cómo es posible que los hijos del pacto, de Abraham, sean desconocidos para el Dios del pacto? Judíos fieles a la ley, que no reconocen a Cristo, recibirán el mismo juicio que los transgresores; los que ante sus ojos (de los judíos) eran menospreciados y rechazados por Dios. Ellos serán excluídos de la comunión con los patriarcas y profetas, y sobre todo de la comunión con Dios. Deben ir al lugar en donde se llorará amargamente y en el que se crujen los dientes, producto de la ira, endurecimiento y desesperación. Cuando los retrasados (los gentiles) buscan a tiempo la entrada del reino, al reconocer a Cristo, avergonzarán a los primeros (los hijos del pacto, aquellos judíos que no aceptaron a Jesús).

* La pregunta no es: ¿son pocos los salvos?, sino ¿quiénes son los salvos?

5. (13,31-35) En aquella oportunidad los fariseos tratan de intimidar a Jesús al decirle que tiene que irse lo más pronto posible, debido a que Herodes está buscándolo para matarlo. Aparentemente también ellos quieren que Él se vaya, pues Jesús les parece demasiado peligroso. Jesús se refiere a Herodes llamándolo `zorra', porque no ataca directamente, sino que lo hace como una zorra astuta. Como Rey, Jesús continuará su trabajo en el territorio de Herodes, echando fuera a los demonios y sanando. Después de tres días estará listo. Es mejor considerar estas palabras literalmente y no ver en ellas una alusión a su muerte y resurrección al tercer día. Herodes desea matar a Jesús, pues bien, Jesús realmente morirá, mas no por voluntad de Herodes, sino por voluntad del Padre. Morirá, pero no en el territorio de Herodes, sino en Jerusalén. Allá, en la ciudad de Dios en donde mueren los profetas, se ofrecerá como sacrificio por el pecado. Al pensar en esta ciudad, Jesús expresa cuán lastimoso será el futuro de ella. Jerusalén se negó a la protección de Jesús. Pueden rechazarlo ahora, pero cuando Él nuevamente vuelva en majestad todos tendrán que reconocerlo como el Enviado del Padre, sintiéndose obligados a admitir que Él es el Mesías. En estos versículos Jesús no habla de la conversión del pueblo judío, pero sí intenta efectuarla a través de sus palabras.

* Jesús sigue su camino hacia la muerte. ¿Lo reconoceremos en su humillación como Rey y Salvador?

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. Solamente la verdadera conversión librará a los seres humanos de la condenación eterna. Algunos judíos piensan que una catástrofe es señal del castigo sobre el pecado, pero el Señor Jesús les dice que si en ellos no hay arrepentimiento genuino entonces también recibirán un castigo merecido a su incredulidad. Todavía hay muchos que creen que si a alguien le acontece algo realmente penoso es porque está siendo castigado por Dios, pero en vez de especular sobre estas cosas deben preocuparse sobre el castigo que vendrá sobre ellos si no se arrepienten en una actitud de absoluta obediencia y adoración a Dios.

1b. Aunque pensemos que el juicio de Dios parece demorar, eso no significa que nunca se realizará. Si aún el juicio del Señor no se ha llevado a cabo sobre aquellos que no quieren recibir a Cristo, es justamente por la intercesión de Jesús. Él, a través de su sacrificio, ha otorgado también el tiempo para que los hombres se humillen ante Dios. El Padre ha extendido un período de gracia, pero llegará el día en que éste acabará. Dios anda en busca de los frutos de un verdadero arrepentimiento; Él espera encontrar en los hombres fe y amor hacia Jesucristo. Por tanto, es por causa de la paciencia de Dios y la intercesión de Jesús por lo que todavía el juicio no ha ocurrido.

2. La ley de Dios tiene un propósito y no exige una obediencia ciega a su letra. El hecho de que Jesús `trabajase' en el día sábado, no tenía nada que ver con romper uno de los mandamientos, sino con llevar a su pueblo a glorificar a Dios. Si olvidamos el propósito de la ley nos amenazarían dos peligros:

a. Partir de nuestra libertad en Cristo, pero pasar por alto el valor de los mandamientos.

b. Guardar estrictamente los mandamientos, pero sin cumplir su meta: el glorificar a Dios.

3. Aunque el principio humilde del reino de Dios es un escándalo para los incrédulos, nosotros no debemos olvidar que su fin será glorioso. Mucha gente tropieza al considerar el comienzo pequeño y humilde del reino de Dios. Sin embargo, éstos olvidan que su fin será maravilloso y que su influencia será indescriptible. Pero antes es necesario que la semilla caiga a tierra, es decir, que el Hijo del Hombre deba morir.

  Asimismo podemos pensar en que la gloria de la iglesia se halla oculta para los hombres, quienes ven en ella sólo un grupo de personas que se reunen para adorar a su Dios; puede ser  que para algunos nuestra realidad como cuerpo de Cristo no sea tan espectacular como otras organizaciones humanas, pero lo cierto es que un día se manifestará lo que realmente somos por la gracia del Señor; sólo en aquel momento muchos comprenderán que el reino humilde de Cristo era y es un reino majestuoso y eterno. También es cierto antes de llegar a esa gloria tengamos que pasar por momentos de gran oposición, y de hasta aparente fracaso.

4. Dejemos a un lado las preguntas especulativas y críticas. Examinemos primeramente nuestra condición espiritual. Si no existe conversión, ni un caminar por la senda estrecha de los mandamientos de Jesús, nuestras preguntas no sólo son inadecuadas, sino peligrosas. Olvidamos que con nuestra crítica nos encontramos fuera del reino de los cielos y de la comunión con Dios. Si conocemos bien los caminos del Señor, hay mayor razón para entrar en este reino. Lo más terrible es que los judíos, que fueron contemporáneos de Jesús, por causa de la incredulidad no podrán entrar en su reino. Lo mismo podemos decir de personas que asisten siempre a las reuniones de la iglesia, pero que nunca han experimentado una conversión genuina.

5. Jesús nunca fue dominado por el temor; su única pauta era la voluntad del Padre. El Señor siempre estuvo dispuesto a morir, pero en el tiempo y en el lugar destinado por el Padre. Su único propósito era glorificarle y dar el sacrificio de su vida. Ay de aquellos que no se dan cuenta de este propósito y no quieren dejarse salvar por Él.

Lucas 14

1. (14,1-6) Al enseñar en los villorrios y ciudades, Jesús era invitado de vez en cuando a participar de una cena (ver 7,36; 11,37). Esta vez recibió una invitación un día sábado después del culto matutino en la sinagoga. El anfitrión era una persona que tenía un rol directivo entre los fariseos. El propósito de la invitación es sospechoso, pues se desea espiar el comportamiento de Jesús, teniendo así una base para acusarlo. Mientras cenaban, un hombre necesitado acude al Señor para recibir ayuda, ya que tiene una enfermedad grave: su cuerpo produce mucho líquido. Podemos apreciar que entonces hay un gran contraste entre los invitados que no le reconocen y uno que no está invitado que se dirige a Él con esperanza. Jesús muestra que su propósito más profundo es reunir a sus polluelos debajo de sus alas (ver 13,34); utiliza la ocasión para enseñar a través de una sanidad, la que es envidiada por quienes la presenciaban.

  Jesús provoca una respuesta al preguntar si era lícito sanar en el sábado. Mediante esta pregunta les priva de una reacción negativa. Todos guardan silencio, ya que una respuesta positiva implicaría, según sus opiniones, descuidar la ley de Moisés, y una respuesta negativa, un trato duro al prójimo. Jesús, tomando de la mano al enfermo, le sanó inmediatamente y le despidió, ya que invitarle a la mesa estaba fuera de su alcance: el hombre no es bienvenido en este grupo.

  La curación pide una explicación. "¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en día del reposo?" Se trata aquí de poner al animal en pie, de tal modo que éste sea puesto a salvo pudiendo subir por sí mismo. De esta manera no sería necesario `trabajar'. En el curso del pensamiento judío, poner en pie (a un animal) era lícito, mientras que levantar al animal se consideraba trabajar. Al parecer la pregunta de Jesús no tiene nada que ver con el asunto en cuestión, ya que el ejemplo se refiere a una persona que trata así a su propio ganado, mientras que Jesús cura a una persona desconocida. Pero Jesús muestra con este ejemplo que Él es el dueño de Israel, y por esa razón tiene el derecho de cuidar lo que es suyo. Por lo tanto quita al enfermo su enfermedad para que él, según el propósito de Dios, pueda glorificar al Señor.

  No hay ninguna reacción de parte de los fariseos. No pueden decir nada contra el derecho de Jesús relativo a Israel a causa de la sanidad, ni tampoco quieren reconocer este derecho. De esta manera Jesús desenmascara su rechazo de aceptarle como Señor y Dueño de Israel.

* La disposición de Jesús para ayudar revela, a la vez, cuán grave es negarse a reconocerlo como Señor y Salvador.

2. (14,7-14) En estos versículos, Jesús demuestra cómo a la gente invitada a la comida sólo le gusta tener los mejores lugares, mientras que no se concedía ni el más mínimo espacio para un hombre hidrópico. Jesús utiliza la imagen de una boda; Él les dice: "Cuando fueres convidado por alguno a una boda, no te sientes en el primer lugar...". Jesús escoge este ejemplo no solamente por el hecho de que había un orden jerárquico fuerte en aquellas situaciones, sino también para dar una regla del reino de los cielos: "Cualquiera que se enaltece, será humillado; y él que se humilla, será enaltecido". Entre los fariseos se aplicaba la regla, "a tal señor tal honor", pero Jesús la cambia por, "dar honor a aquel que no lo busca y dejar sitio para el otro". Se trata de la tendencia del corazón, en el que puede regir la humildad o el orgullo. Jesús predica la humildad delante de Dios y de los hombres. La humildad cariñosa busca a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; esa es la gente por quien Jesús tiene misericordia. Los pobres y enfermos no pueden recompensar, por tanto quien invita y recibe a éstos será feliz como anfitrión, ya que recibirá recompensa en la resurrección de los justos. Con esta actitud, uno muestra un espíritu humilde y  fe (en Jesús) que obra por el amor (Gálatas 5,6).

* Amor o falta de amor por los pobres y enfermos muestra si somos verdaderos discípulos de Cristo que han entendido su amor por nosotros.

3. (14,15-24) Jesús hubo pronunciado una bienaventuranza. Uno de los invitados también tiene una bienaventuranza: "Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios". Lo dice con gran seguridad, puesto que en su opinión ellos (los fariseos) sin duda alguna estarán allí. Todavía no se dan cuenta de que sólo aquellos que rinden honor a Jesús como Rey y Señor entrarán en el reino de Dios. Jesús responde con una parábola, que enseña que la gente que recibió hace mucho tiempo una invitación para el reino de Dios, finalmente puede quedarse fuera. "Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos". Es claro que este hombre es una imagen que indica a Dios. Él prepara esta cena en el reino de los cielos y convidó a su pueblo hace ya siglos a participar de ella. Pero ahora envía a sus siervos con una invitación más concreta, ya que todo está preparado. Esto se aplica al tiempo de la aparición de Jesús en donde en todas partes se predicaba la venida del reino de Dios y la aceptación necesaria de Cristo.

  Muy ofensivas y deficientes son las excusas con las cuales rehusan esta invitación. Mucho tiempo antes de comprar una hacienda se la inspecciona y se prueba una yunta de bueyes,  también después de la fiesta uno puede vivir con su cónyuge. Son ofensivas, pues parece que es una invitación a algo amenazante en vez de a una fiesta.

  El hombre se convierte ahora en un señor amenazador; muy airado con los invitados, habla a su siervo para que busque por las plazas y las calles a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos (¡exactamente el grupo del v.13!). Así la gente en la casa del fariseo es obligada a ver en los primeros invitados a ellos mismos. Pero ¿qué ha sucedido? Sus lugares son dados a otros. El Señor considera a los pobres y enfermos más honorables que a los distinguidos. Si queda lugar, entonces el Señor manda a forzar a aquellos que se encuentran en los caminos y los vallados (fuera de la ciudad, imagen para los gentiles) para que entren. Forzar, no significa obligar, sino insistir con amor. Hay un clímax en las invitaciones: decir (17), traer (21) y forzar a los invitados (23). Al Señor le gusta que su casa, el reino de los cielos, se llene y muchos respeten a Jesús. Los que rechazan la invitación se ponen a sí mismos fuera del reino de Dios. Si los líderes religiosos (que piensan ser los primeros) rechazan la invitación, se verán adelantados por los menospreciados, los publicanos, los pecadores, los pobres, los enfermos y los gentiles que ponen su confianza en Jesús. Todos éstos (los postreros), compartirán con los creyentes de los judíos en la salvación.

* Cualquiera que renuncie a la invitación de Dios, quedará fuera del reino de los cielos. Pero quien la acepta, podrá entrar.

4. (14,25-35) Después de este sábado, Jesús viaja a Jerusalén con una gran multitud. De pronto se vuelve a ellos para dirigirles con énfasis la palabra. Parece que aún no entienden que su viaje terminará en la cruz. Viajar con Jesús no significa automáticamente ser su discípulo. Ser discípulo de Jesús implica dos cosas:

a. Aborrecer (literalmente odiar) a la propia familia. Jesús utiliza deliberadamente esta palabra tan fuerte para indicar que si tenemos que escoger entre Él y la familia (si ella no acepta a Jesús) debemos escogerlo a Él.

b. Llevar la cruz en pos de Jesús, es decir, estar dispuestos a sufrir como mártir; sufrir el rechazo de la propia familia y pueblo, aceptando incluso la pérdida de la propia vida a causa de Cristo.

  Jesús enseña por medio de cálculos, cuáles son los `gastos' de lo que implica seguirle a Él. Todos los que quieren seguirle deben saber a lo que se atienen, pues en la vida diaria es lo mismo. Para construir una torre hay que saber antes cuáles son los gastos. Para empezar una guerra es necesario enterarse si el ejército es suficientemente fuerte para enfrentar al ejército del enemigo.

  El precio para Él y para sus discípulos es el sufrimiento. Él está dispuesto a ser odiado por su amada Jerusalén a fin de construir una torre de refugio para sus discípulos. Sólo puede ser su discípulo, aquel que está dispuesto a renunciar a todo lo que posee. Ahora hay que oír bien. La sal es buena, pero si la sal se hiciere insípida, no sirve para nada, está destinada para ser arrojada fuera. Eso pasa con la persona que tiene una actitud ambigua con respecto a Cristo.

* Seguir a Cristo tiene un precio alto, la cruz; no seguirle tiene un precio mucho más alto, ser echado fuera del reino de Dios.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. Siempre se gira en torno con respecto a reconocer a Jesús. En el primer párrafo encontramos el mismo tema de 13,10-17. Los fariseos consideran el caso meramente como un asunto de `trabajar' y no lo ven como algo específico: Jesús actúa en su calidad de Enviado por Dios y devuelve a una persona enferma la posibilidad de glorificar a Dios.  El que no lo reconoce en esta calidad, cae en el legalismo que no acepta el señorío de Cristo.

1b. Jesús es el dueño de nuestras vidas, siempre buscará hacernos el bien. Los religiosos judíos sólo estaban interesados en sorprender a Jesús diciendo alguna cosa que lo condenara. Sin embargo, nuestro Señor está deseoso de ayudar a todos sin excepción. Así lo confirma cuando sana a un hombre que padece una angustiosa enfermedad. Esta sanidad, aunque no lo expresaron, molestó muchísimo a los fariseos puesto que ella fue efectuada en día de reposo. Jesús les habla de lo que a ellos les es permitido hacer en día de reposo cuando debían prestar ayuda a un animal que fuese de la propiedad de ellos. Si ellos hacían misericordia con sus animales, ¿acaso Él no podría ayudar a un hombre que lo necesita? Con esto Jesús revela que Él, tal como ellos (los fariseos) son dueños de los animales a quienes ayudan, así también es Jesús Dueño de Israel y dispuesto entonces a brindarle su ayuda y consuelo. Para nosotros es motivo de gran gozo saber que nuestro Señor es un amo bondadoso que siempre buscará el bien para nuestras vidas.

2. Si no reconocemos a Cristo como Señor corremos el peligro de perder la humildad y caer en una actitud de soberbia. En el reino de Dios sólo se acepta al humilde. Humildad es reconocer nuestro propio lugar ante Dios, nuestra necesidad de Cristo, confiar en su sacrificio y vivir por el amor de Él. Si esto es una realidad, entonces se hará visible en el trato con nuestro prójimo, pero también en los puestos (lugares de privilegios) que buscamos para nosotros mismos.

3a. Si la seguridad de la salvación no está basada en una genuina relación con Jesús, entonces es sólo una pretensión orgullosa. Un fariseo se considera bienaventurado porque, según él, podrá participar del gozo venidero de la vida eterna. Pero, ¿reconoce este hombre la autoridad de Jesús? Por el contexto del pasaje hemos de admitir que no. Entonces lo que este hombre aseguraba para él y sus demás compañeros es una pretensión caracterizada por un espíritu orgulloso, que piensa que por sus obras logrará agradar a Dios. De igual manera, quizás para algunos la salvación de sus vidas la sustentan en lo que son capaces de hacer en materia religiosa, pero no la sustentan en un reconocimiento del señorío de Jesucristo sobre sus vidas. La Biblia nos enseña sin sombra de duda que la salvación del creyente es segura, pero buscar esta seguridad en otra cosa, fuera de Jesús, es engañarse así mismo.

3b. Los que rechazan la invitación de Dios quedarán excluídos de la presencia eterna del Señor. Los fariseos y demás religiosos de Israel creen que ya tienen puestos asegurados en el reino de Dios, y por tanto rechazan la invitación que Jesús les hace para que le reconozcan como su Mesías. En Jesucristo, Dios todavía sigue invitando a los hombres a participar en su reino; pero muchos rechazan esta invitación pues ya se creen hijos de este reino (gente religiosa). ¿No hay dentro de la iglesia quienes están en la misma situación por sentirse ya dentro del reino?

4. Estar siempre en el séquito de Cristo no es lo mismo que ser su discípulo. Interesarse en las cosas de Jesús es bueno, pero ser verdaderamente discípulo de Él implica algo más: calcular los gastos y estar dispuesto a `pagarlos', es decir, estar dispuesto a sufrir, si es necesario hasta la muerte, a causa de Cristo. Si los familiares no quieren reconocer a Jesús como Hijo de Dios, Él nos pide fidelidad por sobre todos nuestros lazos familiares.

Lucas 15

1. (15,1-10) La enseñanza en Lucas 15 tiene el propósito de unir a todo el pueblo en el gozo del Salvador que ha llegado. Los fariseos se quejan, porque Jesús se encuentra en compañía de publicanos y pecadores. Sus palabras son una insinuación: "Éste (hombre) a los pecadores recibe y con ellos come". La palabra `éste' suena desdeñosa, evidencia una falta de respeto y fe en Jesús como Ungido de Dios y Salvador. No reconocen que Jesús es también el Maestro de los publicanos y pecadores, que los llama al arrepentimiento (5,32). Pero, a pesar de la actitud tan crítica de ellos, Jesús desea hacerlos partícipes del gran gozo que Él siente por los pecadores que se convierten. De este modo su amor se dirige también a ellos. Para hacerles entender, Jesús apela a dos o tres parábolas. A primera vista parecen tres parábolas, pero las dos primeras son como mellizas. Lucas las introduce en el v.3, al decir: "Entonces Él les refirió esta parábola, diciendo...". Después de la primera imagen, dice en seguida: "¿O qué mujer...?" Hombres y mujeres son llamados para gozarse con lo que nuevamente se ha encontrado. De la misma manera los fariseos reciben una invitación para gozarse junto con Dios por los pecadores perdidos que se han convertido a Él.

  En las dos imágenes, de la oveja perdida y de la moneda perdida, se trata en ambos casos de una totalidad que ha sido violada: el rebaño no está completo, si falta una oveja; ni tampoco la colección de diez dracmas, si falta un dracma. Cuando se desea guardar una totalidad es una gran lástima cuando una parte de ella se extravía. Por eso se hace tanto esfuerzo para encontrar lo perdido, y por la misma razón hay mucha alegría cuando lo perdido ha sido encontrado. En los dos casos anteriores el dueño está buscando su posesión perdida. De la misma manera Jesús, como Dueño de Israel, busca a hombres y mujeres perdidos. Su gozo en lo encontrado se expresa en la cena que Él tiene con ellos. En su comentario acerca de las imágenes (7 y 10) Jesús invita a los oyentes a verle a Él en la perspectiva del cielo. Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. El gozo se aplica también a aquéllos (los justos), pero se concentra en el uno que estaba perdido. Hay que saber que Jesús vino del cielo, Dios es su Padre y los ángeles son sus amigos. Él no es oveja entre las ovejas, sino el Pastor que busca a la oveja perdida, es decir, al hombre perdido en sus pecados. Él como Hijo de Dios, tiene el poder de perdonar y de dar libre entrada al reino de Dios.

* No hay que enojarse, sino gozarse en la misericordia de Jesús por los pecadores.  También se goza el cielo (el Padre y los ángeles) por cada pecador que se arrepiente.

2. (15,11-32) Ahora Jesús relata una historia en la cual el amor celestial es lo principal, pero a la vez hace un llamado para que los oyentes participen en lo que sucede (32). Además podemos decir que la reacción del hijo mayor es casi la esencia de la parábola. En este relato se podrá observar que los que se consideran a sí mismos como justos, en realidad están perdidos, puesto que no aceptan el amor de Jesús, ni pueden gozarse en el amor de Dios hacia los pecadores.

  Un padre tenía dos hijos. El primer hijo le pide a su padre la parte de los bienes que le corresponde. Aunque el propósito del hijo no era bueno, en sí no era inconveniente pedir la parte que le correspondería, incluso estando su padre vivo. Aquí podemos pensar en una tercera parte de los bienes, en tanto el hijo mayor naturalmente recibió una doble parte ( Dt.21, 17). El padre no estaba obligado a repartir los bienes en vida. En todo caso, él seguía teniendo el usufructo de sus bienes. Entonces, no debemos explicar que el repartir la herencia demostraría una super indulgencia de parte del padre.

  La historia es como un tríptico. La primera parte tiene lugar en un país muy lejos del hogar paterno; el hijo que pidió la herencia se hallaba allí por su propia voluntad (a través de una vida disoluta); luego, por carecer de alimentos, se ve obligado a quedarse allí, al tener que apacentar cerdos (un animal impuro para los judíos). Hay un proverbio de los rabinos que dice: "Maldita sea la persona que apacienta cerdos". De forma plástica se pinta el hambre y la gran necesidad del hijo menor al decir que deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos. En aquella época existía otra expresión judía que decía: "Cuando los Israelitas necesiten de las algarrobas (era también la comida de los muy pobres), volverán", es decir: volverán a Dios. Y eso es justamente lo que sucede con el primer hijo.

  Ante estas circunstancias, el hijo menor se arrepiente ("volvió en sí"). Aunque esta historia en primer lugar no es una `historia de conversión', sin embargo, podemos discernir algunos elementos importantes de ella:

a. Muchas veces la conversión se inicia cuando la persona comienza a reflexionar, volviendo a la realidad, como lo hace este joven, cuestionándose "¿qué estoy haciendo aquí?" El joven de esta parábola se da cuenta de la bondad de su padre y exlclama: "¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!"

b. Aunque la conversión empieza así (dándose cuenta de que la situación sin Dios es mala), sólo puede ser una conversión verdadera cuando a ésta le sigue una profunda tristeza por el pecado: "Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti". Junto con la tristeza va el reconocimiento de que no somos dignos del amor ni del perdón de Padre: "Ya no soy digno de ser llamado tu hijo".

c. Por último, la conversión es completa cuando ocurre el regreso efectivo: "Y levantándose, vino a su padre". Muchas veces la conversión queda estancada nada más que en palabras e intenciones buenas, sin que se vea un cambio real.

  Luego entramos en la segunda parte de la historia que trata sobre el regreso a casa. Esta se caracteriza por el amor e iniciativa del padre. Aparentemente el padre estaba aguardando el regreso de su hijo, es por eso que cuando lo vio fue movido a misericordia; corriendo hacia su hijo, se echó sobre su cuello, y le besó. Todas son expresiones del gran amor, de la paciencia y misericordia inexpresables del padre. En realidad, el amor de Dios adelanta nuestra conversión (ver 1 Juan 4,19). El padre perdona a su hijo y llama al joven que quería ser llamado jornalero: `hijo'. Además, le lleva a la mesa y le prepara una cena en donde no se sirve comida para cerdos, sino el becerro gordo. Todo esto manifiesta el amor de Jesús por los publicanos y los pecadores, lo cual es a la vez una expresión del amor de su Padre (Juan 3,16). El gozo es la expresión de gratitud por el hijo que "era muerto y ha revivido; se había perdido, y es hallado" (comp. los vv.6 y 9). Estas palabras dan a conocer la vida del hombre fuera y dentro de la comunión con Dios.

  La tercera parte de la historia trata sobre el hijo mayor, quien se negó a participar del gozo del Padre. Pareciera que ya no contaba como hermano al que había regresado, pues dice: "Este tu hijo", lo que el padre corrige al decir: "Este tu hermano" (v.32). El hijo mayor es modelo de un hijo bueno y fiel; él dice: "He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás" (v.29). Pero lo que sucede es que no reconoce la misericordia de su padre. Su corazón es duro debido a que nunca se ha dado cuenta de que él también necesitaba de la misericordia de su padre.

  El propósito de la historia es la de confrontar a los fariseos y escribas; ellos representaban al hijo mayor de esta parábola. Olvidaron que las 100 ovejas, los 10 dracmas, los 2 hijos tienen que ver con el pueblo de Israel y por ende con ellos mismos. Si uno no acepta la gracia de Dios por los pecadores, se pierde; mientras que los pecadores (como el hijo pródigo) al acudir a Jesús, encuentran la salvación. Entonces es Jesús quien en esta situación es representado como el padre, puesto que en Él se expresa el amor del Padre celestial (ver Juan 17,6).

* Reflexionemos sobre la necesidad de la conversíon verdadera, el amor de Dios en su Hijo, y el peligro de estar fuera si no reconocemos la misericordia de Dios.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. Si nos enojamos al ver el amor que Jesús siente hacia los pecadores, no olvidemos que dependemos de la misma gracia. El Señor hace un llamado a los `justos', los fariseos, para que éstos se gocen en la conversión de los pecadores en vez de enojarse. Para ellos es inaceptable que Jesús tenga comunión con gente pecadora. Pero deben saber que es el mismo Padre quien siente alegría por la conversión de ellos. No se trata de una indulgencia demasiado grande de parte de Jesús hacia los pecadores, sino de un amor que transforma la vida desde adentro.

  Concerniente a este asunto de gozarse en la salvación de los perdidos, podemos encontrar que todavía hay gente que se enoja con Dios porque según ellos Él no debiera extender su mano de misericordia a gente mala de la sociedad. Este sentir a veces es palpable dentro de la propia congregación en donde en vez de aceptar a una persona que ha tenido un pasado totalmente entregado al pecado, surgen por ahí algunos focos de murmuración que comienzan a hablar de la vida de este nuevo creyente. No permitamos que los prejuicios nos impidan gozarnos en la salvación de los pecadores, al contrario, involucrémonos en la labor de ir en busca de ellos.

1b. El rebaño no está completo si falta una oveja. Esta es una invitación para no conformarse con el actual número de membresía en una iglesia, y darse cuenta que aún queda pueblo de Dios perdido en las tinieblas. Es una tentación real para muchos ministros el detener el trabajo evangelístico, que en sus inicios fue muy fuerte; esto puede ser debido a que existe una satisfacción por lo logrado en materia de número o simplemente porque se ha perdido de vista el horizonte de la misericordia de Dios por los perdidos. La iglesia que busca la oveja perdida, debe saber que su labor sólo concluye con el retorno de Jesucristo.

2a. El `hijo pródigo' se arrepintió de corazón; el hijo mayor, ¿aprenderá a conocer la gracia de Dios? Lucas 15 forma una unidad. La parábola de los dos hijos no es una historia de conversión, aunque advertimos la conversión de un pecador; tampoco habla sólo del amor del Padre, aunque lo hace con gran énfasis. Esta parábola es sobre todo una invitación para que nosotros compartamos el gozo de Jesús (y de su Padre) en la conversión de los pecadores. La iglesia de hoy necesita del mismo llamado. Si se trabaja con prostitutas o drogadistas, muchos no quieren aceptar su integración en la iglesia. Esto se debe a dos razones:

a. No conocemos nuestra propia culpa ante Dios, pues nos creemos justos a nuestros ojos.

b. No conocemos el corazón misericordioso de Dios, ni el gozo que Él siente por un pecador que se arrepiente.

2b. Si no conocemos la gracia de Dios no experimentaremos el gozo de ser hijos de Dios. El hijo mayor de la parábola escucha el sonido de fiesta y pregunta qué era aquello. Al saber que la fiesta se debía al regreso de su hermano pecador se enojó muchísimo. Sin perder tiempo le enrostra a su padre el no concederle a él la oportunidad de hacer una fiesta con sus amigos. Pero la culpa no era del padre sino de él, porque no supo apreciar la bondad y misericordia de su padre. Los fariseos representan a este hijo mayor; los fariseos no eran personas despreciables (como se cree comunmente en la iglesia); eran muy estimados en el pueblo por la obediencia estricta de ellos a la ley; el asunto radica en que ellos no habían conocido la gracia de Dios que ahora en Jesucristo estaba salvando a los pecadores de la condenación eterna. Nosotros podemos estar años en una iglesia y nuestra vida no experimentar el gozo de ser hijos de Dios, haciendo de la vida cristiana un forma rígida de religiosidad.

Lucas 16

1. (16,1-13) En el capítulo 15, Jesús habló a los fariseos y escribas a causa de la irritación de ellos; éstos, al observar que Jesús aceptaba a los publicanos y pecadores, se airaron en gran manera. Les faltaba el gozo que sintió el padre de la parábola ante el regreso del hijo menor. Acá Jesús se dirige principalmente a los discípulos, aunque los fariseos también escuchan (14). Cada uno recibirá la enseñanza apropiada para el caso, ya que a pesar de que los discípulos sienten gozo por la conversión de los pecadores, igual necesitan ser enseñados. Para ellos es importante la preparación al tiempo que deben despedirse de las cosas materiales en el momento de la muerte. Los pecadores reciben una calurosa acogida de parte de Jesús, mientras que éste insta a los discípulos a que se preocupen de la pregunta si Dios los recibirá con una calurosa acogida en los cielos, en las moradas eternas. Que gasten sus posesiones para el reino de Dios en favor de los que tienen necesidades.

  Jesús lo explica con una parábola, que es un tanto difícil de entender. Se trata de un hombre rico, dueño de una gran finca. Para gobernarla tenía un mayordomo, quien, sin embargo, fue acusado ante él como disipador de sus bienes, pues los malgastaba. El señor lo llama; pide que le rinda cuentas de su administración y luego lo despide, precisamente por mala gestión. El mayordomo piensa en su porvenir e inmediatamente toma algunas medidas. ¿Cuál será su futuro? Para trabajo duro no es apto, para mendigar tiene vergüenza. Siendo éste muy astuto, encuentra la solución: hacerse amigos de los deudores (los arrendatarios de la finca) de su amo. Los llama y cambia el monto del arriendo, de tal modo que todos reciben un descuento igual. El que recibe un descuento de 50 %, debe pagar 50 barriles de aceite en vez de 100. El otro que recibe un descuento de 20 %, debe pagar 80 medidas de trigo en vez de cien. Sin embargo, ya que el precio de 50 barriles de aceite es el mismo que el precio de 20 medidas de trigo, su descuento en realidad es igual. El propósito de todo esto es poder contar con la ayuda permanente de ellos cuando él sea despedido para siempre. El mayordomo trata todo esto en forma muy astuta. Su amo lo reconoce, lo alaba, no por las malversaciones, sino por sus medidas con miras a su porvenir. Era una malversación inteligente; era una enorme ventaja para el mayordomo poder contar con la ayuda de los arrendatarios. Así los hijos de este siglo (los incrédulos) son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de la luz (los seguidores de Jesús, la luz del mundo).

  El punto de comparación es que llegará un día en el que los discípulos se encontrarán en la misma situación del mayordomo: deberán rendir cuenta al Señor por el uso de su dinero y serán despojados de sus posesiones terrenales. ¡Que todos hagan un buen plan para sobrevivir, como lo hizo el mayordomo! Hay que ganar amigos por medio de las "riquezas injustas", es decir, dinero adquirido de forma ilegal, ya que nos comportamos como propietarios en vez de mayordomos. No expresamos nuestro amor, como deberíamos, ayudando a la gente con nuestro dinero. Al contrario, lo gastamos como si fuera nuestra propia posesión. Para adquirir un lugar en las viviendas eternas (es una reminiscencia a la fiesta de los tabernáculos para expresar que el gozo en el reino de Dios es un gozo constante) hay que hacerse amigos por medio del dinero, gastándolo bien como un verdadero discípulo de Jesús, con amor por los demás. Los amigos que hemos ayudado con nuestro dinero nos saludarán en el reino de Dios.

  Jesús subraya su enseñanza, primero con una verdad general: "El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto". Esta verdad se aplica al uso del dinero: si no sabemos administrar bien "lo muy poco" o "las riquezas injustas" (el dinero), tampoco seremos fieles en "lo mucho" o "lo verdadero" (los tesoros del reino de Dios). Es decir, ¿cómo podemos contar con la gloria eterna si no sabemos gastar bien el dinero y no ayudamos a los necesitados? Debemos saber que el dinero es "lo ajeno" (v.12); no es lo nuestro, sino de Dios para ayudar a los pobres. Sólo así podremos entrar en el reino de Dios ("lo vuestro", la parte que Dios nos ha preparado).

  Por lo tanto, los discípulos de Cristo deben hacer una decisión radical: amar y servir a Dios, o amar y servir al dinero. No es posible hacer ambas cosas a la vez.

* Quien como discípulo busca el reino de Dios y la acogida en los tabernáculos eternos, no debe encariñarse con el dinero, sino amar a Dios y ser generoso para con los pobres.

2. (16,14-18) Los fariseos también estaban escuchando; debido al amor que tienen por el dinero, se sienten involucrados e identificados con esta historia. Por tanto rechazan a Jesús y sus enseñanzas, en definitiva se burlan de Él. Si no es necesario tomar en serio a Jesús, tampoco es necesario tomar en serio su enseñanza. Jesús los castiga por su orgullo. Al levantarse contra Jesús, se hacen culpables ante Dios. Ellos menosprecian también la ley (aunque creen que la guardan) y los profetas (aunque piensan que honran sus memorias). Hay una línea sin interrupción desde la ley y los profetas hasta Juan el Bautista, pues él predicaba el verdadero propósito de la ley. Al rechazarlo a él, rechazaron también a Jesús, quien trajo las buenas noticias del reino de Dios. Todos deben entrar en este reino aceptando a Jesús, pues si así lo hacen, aceptan la autoridad de las Escrituras. Por lo tanto, quien se burla de Jesús también menosprecia a las Escrituras, es decir: toda la revelación de Dios. Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, a que se frustre un tilde de la ley. Nadie puede despojarse de la ley y los profetas. Quien rechaza a Jesús, tendrá que enfrentarse a la ley y los profetas. Jesús aclara el menosprecio de las Escrituras por parte de los fariseos mediante el ejemplo del divorcio. A pesar de su supuesto respeto por la ley, están en contra de ella, ya que aceptan el divorcio del cual Jesús una vez mostró que es contra la voluntad original de Dios.

* Si uno quiere respetar la ley de Dios, debe respetar, obedecer y creer en Jesús.

3. (16,19-31) La parábola del rico y de Lázaro se contrasta con la del mayordomo astuto. Aquel mayordomo ganó amigos con la ayuda del dinero, el rico ni siquiera lo intenta. La parábola es entonces una nueva, pero ampliada, advertencia para hacerse de amigos con la ayuda del dinero, y así ser recibido en los tabernáculos eternos (el reino de Dios).

  Jesús describe a un hombre rico, el cual se viste de ropa muy cara, y que cada día hace de la vida una fiesta. Jesús no condena su riqueza, sino el abandonar al mendigo, no mostrando así ningún ápice de misericordia hacia él; aunque este mendigo estaba a su puerta, el hombre rico nunca le dio ni la más pequeña migaja de alimento; menospreció la ley de Dios que obligaba no coger la cosecha hasta lo último (ver Lev. 19, 9-10; Dt. 24, 19-22), lo que significa que el rico tenía que preocuparse por Lázaro, dándole por lo menos lo que estaba sobrando de su mesa.

  Esta es la única vez que Jesús da nombre a una persona en una parábola. Es posible que este nombre exprese su confianza en el Señor, ya que el significado del nombre "Lázaro" es: "Dios ayuda". También es posible que Jesús con este nombre se refiera a Lázaro, el hermano de María y Marta, que fue resucitado (mientras que los líderes del pueblo aún seguían sin creer en Jesús).

  En este pasaje se nos dice que incluso hasta los perros llegaban a tener una vida miserable al lado de este rico; no reciben nada, y al lamer las llagas de Lázaro (para mitigar el hambre) aumentan el sufrimiento de éste. Pero Dios conoce a ambos y administra justicia a Lázaro que nada recibió del rico, y castiga a este último por mostrar una vida tan inmisericorde. Ambos murieron, el uno fue sepultado (el rico), el otro fue llevado por los ángeles al seno de Abraham, lugar que, según la opinión judía, era el sitial de honor en la vida eterna. El pobre podía gozarse en la presencia cariñosa del patriarca de Israel, en tanto el rico se encontraba en el Hades, el lugar de los muertos. Este lugar se describe acá como un lugar de tormento. Ahora es el rico quien mendiga; pide de Abraham mandar a Lázaro para que éste, tan sólo, le lleve una gota de agua en la punta de su dedo y así pueda él lamerlo. El hecho de que conoce a Lázaro de nombre le hace culpable, pues aun conociéndole nunca este hombre rico le concedió un pedacito de su mesa. Abraham le recuerda su pasado: ahora recibe la recompensa de su conducta, que estuvo caracterizada por la falta de misericordia, mientras Lázaro recibe la misericordia del Señor. Si el v.24 nos describe la vehemencia de su tormento, vemos que el v. 25 nos indica cuán grande es el abismo entre el paraíso y el lugar de tormento. Durante la vida hay que pasar por el puente, ya que después de la muerte es demasiado tarde. Allá no existen más posibilidades de aprender a hacer lo bueno: preocuparse de los pobres. Entonces "el pobre rico" le ruega a Abraham que envíe a Lázaro a la casa de su padre para advertir a sus hermanos. Abraham le responde que la ley y los profetas son suficientes. La señal que él pide no es necesaria, ya que nadie cree más por una señal que por la ley y los profetas. La resurrección de Jesús más tarde será la prueba de esto.

* Nadie recibe lugar en el reino de Dios si durante la vida no mostró misericordia a los pobres como reflejo de la misericordia de Dios. 

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. Los hijos de Dios deben hacerse de amigos entre los pobres, quienes pueden testificar de su bondad en el juicio de Dios. Jesús no quiere decir que haya otro Abogado (los pobres) en el juicio aparte de Él, sino que destaca la importancia de la obediencia absoluta a su Palabra. Todo lo bueno que podamos hacer es nada más que respuesta al sacrificio suyo. En algunos sectores eclesiásticos se hace un sobreénfasis en el aspecto social, pero se descuida el lado espiritual, o viceversa. Lo importante es que comprendamos que toda obra buena que hagamos por los pobres es el reflejo del amor de Dios.

1b. ¿Si pedimos al Señor que nos dé dinero, lo hacemos para acumularlo, gastar en nosotros mismos o para usarlo también en favor de los pobres? La parábola del mayordomo infiel es un llamado a compartir lo que tenemos. Lamentablemente el pensamiento secular materialista también ha entrado en la vida de algunos hermanos. Muchas veces no nos comportamos como administradores de los bienes que Dios nos ha dado, mas bien asumimos el control y gobierno de todo. Si un creyente ora a Dios para que Él incremente sus ingresos económicos, debe preguntarse cuál es la razón de su deseo. Debemos admitir que la iglesia en muchos sectores invierte gran cantidad de dinero en construcciones y programas dentro de la iglesia. Pero, ¿se ha contemplado seriamente la necesidad económica de las personas, incluso de nuestros propios hermanos?

2a. La enseñanza de Jesús está apoyada por la autoridad de las Escrituras. Creamos entonces en Él. Contra la burla de parte de los fariseos, Jesús hace hincapié en que lo que Él dice es totalmente conforme a la divina voluntad de Dios revelada en las Escrituras. El ejemplo del divorcio demuestra que los fariseos no actúan conforme a la Ley de Dios. De igual modo, imitando a nuestro Señor, debemos tener mucho cuidado de estar ciertos que lo que predicamos o enseñamos tiene verdadero fundamento bíblico. Nuestra doctrina ha de estar apoyada por la autoridad de toda la Escritura y no de algunos textos elegidos. No busquemos apoyo bíblico para algo que no es la voluntad de Dios.

2b. No tomar en serio la enseñanza de Jesús es querer ocultar algún pecado delante de Dios. Luego de concluir Jesús su enseñanza referente al uso que hacemos del dinero, los fariseos, que habían oído todo su discurso, se burlaban de Él. Para ellos lo que Jesús dijo no tenía importancia, ¿por qué? Porque detrás de esta indiferencia a la exhortación de Jesús ellos ocultan su pecado de avaricia. Es esta la razón por la que mucha gente, incluyendo a los que van a una iglesia, no toma en serio la Palabra de Dios ya que ésta la desenmascara; su indiferencia es un empeño para salvaguardar su dignidad ante los hombres, pero Dios conoce los corazones.

3a. Luego de la muerte no hay ninguna esperanza de consolación para aquellos que rechazaron la revelación de Dios. Podemos concluir que el rico no prestó atención a Dios, ni a su Palabra que ordenaba el cuidado de los más desvalidos. Toda su vida la vivió como si Dios no existiera, o como si Él no estuviera al tanto de nuestra conducta. Sólo una vez que hubo muerto se dio cuenta de cuán alejado estaba de Dios. En su desesperación buscó la manera de mitigar el dolor, pero era imposible. Sin duda el tormento más grave del infierno será el saberse alejado por la eternidad de la compañía de Dios y saber que en la vida no se prestó atención a la Palabra de Dios en conversión y obediencia.

3b. La única posibilidad de aprender a hacer la voluntad de Dios, es durante esta vida. Debemos usar bien el tiempo y hacernos ahora de amigos entre los pobres. Toda la revelación de Dios nos pide misericordia, tal como Él es misericordioso. Las Escrituras son suficientes para llamarnos al arrepentimiento. Si no las obedecemos, no habrá señal alguna que nos convenza de hacerlo. La petición del rico atormentado, de que alguien se levante de los muertos, se cumplió en Jesucristo, pero ¿qué sucedió? A pesar de ella, igual muchos persistieron en su incredulidad, y aún lo hacen.

Lucas 17

1. (17,1-10) Estos versículos muestran coherencia y deben ser leídos a la luz de lo anterior. Imposible es que no vengan tropiezos. La palabra griega `scándalon' significa tropezadero, tropiezo, ocasión de caer, tentación para pecar. Jesús advierte a sus discípulos de los tropiezos en el camino. Jesús piensa en la oposición de parte de los fariseos que se burlaron de Él (16,14). ¿Quieren los discípulos abandonar a su Maestro a causa de esta oposición? Jesús soporta esta oposición, ya que Él es paciente y misericordioso; pero esto no significa que un día tal actitud de los hombres en contra de Jesús no será castigada. Para la persona causante de tropiezos, le será más conveniente ser echada en el mar, que poner ocasión de caer a los pequeños (uno de los discípulos de Jesús). Jesús llama pequeños a sus discípulos, ya que a los ojos del mundo son insignificantes. Pero también los discípulos deben tener cuidado de ellos mismos (v.3). Ellos no deben irritarse por la misericordia que Jesús despliega en favor de los pecadores, no deben ser como los fariseos, que no entienden nada de la conducta de Jesús. Al contrario, deben mostrarse inclinados a perdonar a los incrédulos, e incluso a hermanos, no pidiendo el castigo inmediato de Dios sobre ellos. La indulgencia significa, estar dispuesto a perdonar 7 veces en el día. Esto nos habla de un perdón que no tiene límites. Es necesario que así sea, a pesar de que el discípulo se sienta frustrado por la conducta de su hermano.

  Los discípulos piden fe; literalmente dicen: "Añade a nosotros fe". Ésta, no es la fe salvadora, la fe en Jesús como el Salvador, puesto que ya la habían recibido. Esta es la fuerza de la fe para poder resistir la oposición de los fariseos. Jesús responde afirmando que por la fe pueden hacer milagros, hasta trasladar el sicómoro, un árbol con raíces muy fuertes y profundas. La cuestión no es tener poca o mucha fe, sino tener simplemente fe; ya que por la fe, que pone su confianza en Dios, se pueden hacer grandes cosas. Los discípulos recibirán la fuerza de la fe, pero no para que tengan una vida más fácil en la que puedan mostrar a sus adversarios grandes señales. Esto lo aclara Jesús a través de la imagen de un siervo. Cuando un siervo cumple su trabajo (arar o apacentar ganado) su amo no lo invita a la mesa, sino que se le pide que prepare la mesa y que luego haga el servicio correspondiente. Quienes hacen lo que deben, sólo son siervos inútiles, o según otra traducción, "indignos". Deben hacer lo que su señor les manda, sin pretender reconocimiento alguno por ello. Los discípulos deben cumplir con su tarea, servir y predicar a Cristo, como siervos indignos, no para impresionar a la gente ni recibir honra en esta tierra. La honra viene más adelante, cuando hayan cumplido con su tarea, en el reino de Dios.

* Hay oposiciones que nos quieren separar de Dios; pero Él nos fortalece, no obstante tengamos que seguir sufriendo, dándonos la fe necesaria.

2. (17,11-19) Lucas nos recuerda que Jesús está viajando a Jerusalén. Interpola esta historia en un momento crucial. Es el tiempo en que los fariseos critican a Jesús (15,1,2) o peor aún, se burlan de Él (16,14). En aquel tiempo es notable que venga alguien alabando a Jesús. Al entrar a un pueblo, diez hombres leprosos le salieron al encuentro, quedándose éstos a ciertas distancia de Él. Su enfermedad e impureza no les permitía acercarse a Jesús (ver Lev.13, 45,s; Num.5, 2). Apelan a Él, gritando: "Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros". No pueden esperar nada de nadie, pero sí pueden esperan algo de Jesús. Aunque continuaban pidiendo sanidad, estando aún enfermos son enviados por Jesús a los sacerdotes para que se muestren ante ellos. Es una prueba de fe y obediencia. Ellos se van, conforme a la palabra de Jesús; la fe no avergüenza, ya que en el camino a Jerusalén reciben la sanidad. Uno de los sanados vuelve, glorificando a Dios a gran voz. Al echarse a los pies de Jesús, muestra gran reverencia y gratitud a Él. Lucas sorprende a los lectores, diciendo que aquel leproso era samaritano. ¿Dónde está la gratitud en Israel, en el propio pueblo de Dios? Hasta ahora, Jesús sólo encuentra incredulidad y mofa. Él bendice a este samaritano, diciéndole: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado". Este hombre aceptó al Dios de Israel y se inclina delante de su Ungido. Eso es suficiente. Por la fe, este samaritano también es salvo.

* ¿Expresamos nosotros fe y gratitud al Señor?

3. (17,20-37) En estos versículos encontramos la enseñanza de Jesús acerca de la venida de su reino. Esta enseñanza empieza por una pregunta de los fariseos acerca de cuándo vendrá el reino de Dios. La pregunta nació de la duda y la burla; es como si ellos interpelasen a Jesús, diciendo: "¿Cuándo viene por fin el reino que Juan predicaba, del cual pareces tú ser el protagonista? ¿Por qué todavía no percibimos nada de tu reino?" Jesús contesta diciendo que el reino de Dios no viene con observación (de manera que satisfaga los deseos judíos), no hay fenómenos perceptibles notables. Es posible que venga sorpresivamente. Esta es la situación de ahora. El reino de Dios en un sentido está entre ellos, es decir, al alcance de ellos, pues Jesús mismo, el Rey de Israel, está entre ellos discretamente. Pero, ¿cómo puede Jesús decir esto si el reino de Dios es perceptible, como un relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo al otro, es decir, visible para todos? El hecho de que la llegada sea discreta se debe al camino por el que Jesús ha de ir. Su camino primeramente es uno de sufrimiento que precede a la gran la revelación de su gloria. También, después de su resurrección, su gloria quedará escondida por un tiempo. Los discípulos desearán ver uno de los días del Hijo del Hombre, es decir: ya ver algo de la gloria celestial de Jesús en la que entró después de su resurrección y ascensión, pero no la verán. También los discípulos deben pasar por un tiempo de sufrimiento antes de la revelación de la gloria de Jesús. Ellos deben seguir su camino por la fe. La presentación humilde del reino de Dios continuará hasta que venga el día del juicio. Esto será una prueba para ellos, de tal modo que estarán susceptibles a las voces que proclaman: "Helo aquí, o helo allí". Aunque puedan ocurrir acontecimientos muy impactantes en el curso de la historia, el reino de Dios permanece invisible hasta su llegada. Pero cuando venga, todos lo percibirán. Tal como el relámpago es visible para todos, mucho más lo será la venida del Hijo del Hombre. Pero antes que llegue este período, Jesús debe padecer mucho, en tanto que los incrédulos no verán nada de su gloria.

  Los días del Hijo del Hombre serán como en los días de Noé y de Lot. En aquellos días la vida seguía su curso normal, la gente comía, bebía, se casaba y se daba en casamiento, sin percatarse de nada. La predicación de Noé, no halló arrepentimiento en la gente de esta generación, pero igual el juicio de Dios llegó. Lo mismo sucedió en los días de Lot, la vida seguía y nadie se daba cuenta de que existía un Dios que juzga la inmoralidad y la maldad; esto, a pesar de que vivía entre ellos un siervo de Dios que les recordaba la existencia de un Dios y Juez. Los ejemplos son muy penosos y delicados. Para los fariseos, la generación del tiempo de Noé y de Lot era una generación muy impía. Se dan cuenta de que Jesús les advierte que a ellos les sucederá exactamente lo mismo que le sucedió a la generación impía de Noé y Lot. ¡Qué comparación para ellos, que se consideraban gente justa y piadosa!

  En este momento será imposible salvarse (v.31), pues no habrá más lugar para arrepentirse. No hay tiempo para volver a casa. La vida diaria normal se acabará en un momento. A algunos les sucederá lo mismo que pasó con la mujer de Lot; cuando ella miró hacia atrás, expresando con ello su apego a la vida pasada, de una vez se transformó en un estatua de sal, sorprendida por el juicio de Dios. A este ejemplo, Jesús une una aplicación para la vida de los oyentes: "Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará". La enseñanza nos recuerda al tiempo de Lot. Sólo Lot, dispuesto a abandonar su existencia pasada, salvó su vida, pero no así su mujer. El que está dispuesto a abandonar todo por causa de Jesús, salvará su vida; mas el que no lo está, la perderá. En aquella noche del juicio se revelará una separación total, una separación que antes no era visible. La separación será entre personas que duermen en la misma cama, que trabajan con el mismo molino. Así de discreto era el discípulo de Cristo en esta tierra. ¿Dónde se revelará este juicio? En todas partes donde haya un cuerpo muriendo, allí se juntarán las águilas. De igual modo, el juicio se revelará en donde no hay fe.

* ¿Estamos preparados y dispuestos a seguir a Cristo? Con menos no podemos ser salvos.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. Los discípulos de Cristo deben hacer humildemente lo que Él les pide: perdonar y soportar el menosprecio de parte de los incrédulos. El que los discípulos sean perseguidos por predicar el evangelio, no significa que ellos deban tomar el castigo en sus manos, sino dejar esto al Señor; mientras, ellos deben soportar en amor toda oposición. Asimismo deben perdonar al que los ofende, ya sea que se arrepienta o no lo haga; esto lo harán sin poner límite alguno al perdón.

1b. Sólo podemos soportar la persecución y perdonar a nuestro ofensor si somos fortalecidos por el Señor. Lo que el Señor les pide a sus discípulos parece un tanto difícil de cumplir: soportar la persecución y perdonar sin límite a sus ofensores. Es por esta razón que todos dicen: "Auméntanos la fe". Esta fe no es para salvación, pues ya la tenían, sino para llevar a cabo lo que Jesús les pide que hagan. Si a nosotros nos parece difícil cumplir con ciertos mandamientos del Señor, es justamente para que clamemos a Dios por fortalecimiento espiritual. Siendo a la vez este fortalecimiento la razón para poder servir humildemente al Señor.

1c. La oposición en contra del evangelio siempre será una realidad mientras estemos en esta tierra. El mismo Señor dijo a sus discípulos, "imposible es que no vengan tropiezos". El evangelio, y los mensajeros de éste, será duramente combatido en esta tierra. Es por eso que la iglesia no debiera alarmarse cuando encuentre una tenaz resistencia para predicar el evangelio en algún sector determinado. La oposición puede tener diferentes formas, la cual va desde burlas, menosprecio e indiferencia hasta agresiones físicas. Sin embargo, el Señor castigará un día la actitud del que quiere hacer tropezar a uno de sus discípulos. El que se opone al mensaje de Dios tiene que saber que recibirá un duro castigo en el día del juicio.

2. Acudir a Dios es más que pedir su ayuda. Es reconocer a Jesús y volver a Él con gratitud. El agradecimiento siempre debe ser acompañado de reverencia por la grandeza y la misericordia no merecida de Dios. Examinémonos para ver si verdaderamente hemos puesto nuestra confianza en el Señor. Es realmente triste darse cuenta que gran multitud de personas sólo acuden al Señor en busca de sanidad, y cuando la han alcanzado no dan ninguna muestra de gratitud, siguen sin reconocer a Jesús como su Señor y Salvador. Es notable en el relato de los diez leprosos que justamente sea un samaritano, despreciado por los judíos, el único que regresa para honrar a Jesús. El Señor no halló mucha gratitud en su pueblo, ¿la hallará en su iglesia?, ¿es posible que personas fuera de la iglesia nos adelanten en esto?

3a. Debemos saber que hasta que no venga Jesús en gloria, no podemos verla (su gloria en su total manifestación) en esta tierra. Es una tentación para la fe, el querer mostrar al mundo algo del futuro reino de Dios. No debemos engañarnos si por ahí se hablan de cosas extraordinarias como si fueran revelación de este reino, pues llegará el momento en que el retorno de Cristo será visible para todos y sin incertidumbre. Por eso hemos de prepararnos bien: vivir por fe y aceptar las advertencias de Jesús, y no endurecerse como lo hizo la generación impía de Noé y Lot. El retorno de Jesús revelará la gran separación entre los hombres, aun entre familiares y amigos.

3b. La venida de Jesús no debe tomar por sorpresa al creyente. Tanto la generación de Noé como la de Sodoma y Gomorra pensaban que les esperaba un porvenir sin sobresaltos. Muchos quizás hacían sus planes para el futuro, pero todo lo querían hacer siendo indiferentes a la verdad de que existe un Dios que juzgará el pecado. Cuando miramos a nuestro alrededor nos podemos dar cuenta que gran cantidad de personas siguen sus vidas siendo totalmente indiferentes a la venida de Jesús; los hombres hacen proyectos a larguísimo plazo; esto no significa que esté mal hacerlo, sino porque detrás de todo proyecto humano no se contempla la voluntad de Dios que tiene como propósito la segunda venida de Jesús. ¿Estamos nosotros preparados para el retorno de nuestro Señor?

Lucas 18

1. (18,1-8) Tenemos que leer este pasaje en estrecha relación con el pasaje anterior. Entonces, los discípulos de Cristo deben orar siempre, sabiendo que el período anterior a la venida de Jesús se caracterizará por el sufrimiento. La humanidad no prestará atención a los escogidos, ni a las esperanzas que ellos abrigan, al contrario se burlará de ellos. Por lo tanto, no queda más remedio que orar para que la revelación gloriosa del Hijo del Hombre haga su entrada a esta tierra y ponga así fin a las persecuciones. La parábola nos muestra una desemejanza. Jesús, a modo de contraste, compara a su Padre con un juez. El juez injusto no se preocupa de Dios ni del hombre. No cumple con su deber, negándose durante un largo tiempo a ejercer justicia en favor de una viuda. Pero debido a la insistencia de la viuda, el juez finalmente trata su problema, para que ésta no le golpee y le deje un ojo amoratado (la palabra `hupoopiazein' es un término que se usaba en el boxeo). Jesús compara a su Padre con este juez injusto, pero lo hace en relación al tiempo, puesto que los creyentes tienen que esperar mucho más tiempo para ver consumada la justicia en el mundo. Sin embargo, Dios es santo y justo, Él no es negligente en su trato con la gente y la justicia. El juez injusto no expresa misericordia a nadie; pero para Dios, los que oran siempre, sus escogidos, son los objetos de su amor eterno. "¿Y no hará justicia a sus escogidos, que claman a Él día y noche? ¿Tardará en responderles?", o con una mejor traducción: "Él tiene paciencia para ellos". Siendo Dios accesible día y noche, podemos contar con que Él hará justicia pronto. Pero rapidez no significa que lo hará en breve. Nadie sabe cuanto tiempo es necesario que pase hasta la ejecución del juicio divino.

  Los creyentes no han de preocuparse, pero Jesús sí lo hace. Si Él viene (como respuesta a las oraciones de los escogidos), "¿hallará fe en la tierra?" Esta fe es la fe en Cristo, la fe que con perseverancia le espera a Él. ¿Habrá creyentes en aquel día que lo estén ansiosamente esperando?

* Nunca debemos poner en tela de juicio la seguridad de la ayuda y venida de Jesús para hacer justicia. Mas bien debemos preocuparnos por nosotros mismos y preguntarnos: ¿Es perseverante nuestra fe en Cristo, anhelamos su retorno?

2. (18,9-14) En este pasaje, conocido como el del fariseo y el publicano, Jesús no se dirige necesariamente de nuevo a los fariseos, sino a todos aquellos que como los fariseos piensan que no tienen necesidad de Jesús para ser justos delante de Dios, y menosprecian a los demás, es decir, sobre todo a la gente que está con Jesús. En la parábola, Jesús nos presenta a dos personas, uno es fariseo, el otro publicano. La actitud que muestra el fariseo en su oración es diferente, él está puesto en pie. Jesús no dice esto para expresar que el fariseo deseaba llamar la atención, sino sólo para hacer ver que el fariseo no tiene dificultades con la oración. El fariseo, como un hombre intachable, no tiene nada que reprocharse. Él puede dar gracias a Dios por su vida irreprochable, tan diferente de la de otros. El fariseo agradece por su vida irreprensible y la mira como un don divino. Para los oyentes de Jesús, esta era una oración normal y no tiene nada de especial, pero su error fue que él pensaba poder acudir a Dios como justo, en vez de hacerlo como pecador.

  El publicano también ora. Él tiene dificultad en elegir su actitud ante la oración. Se queda en el atrio y no se acerca, ni quiere levantar las manos hacia el cielo, ni siquiera levantar sus ojos. Como señal de arrepentimiento se golpea el pecho y confiesa sus pecados, diciendo: "Dios, sé propicio a mí (ten misericordia de mí), pecador". Hasta aquí los oyentes pueden entender la parábola de Jesús. Pero las últimas palabras con las que Jesús termina son muy chocantes para ellos: "Os digo que éste (el publicano) descendió a su casa justificado antes que el otro (el fariseo)". El punto extraño no fue si el publicano podía recibir perdón, sino la pregunta ¿por qué no recibió perdón el fariseo justo? Jesús lo explica: "Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido". Jesús ha dicho esto antes (14,11). El asunto es que los fariseos pensaban que no necesitaban de arrepentimiento, y por lo tanto no aceptaron ni a Juan, ni a Jesús. Por ser esto así, tampoco podían obtener el perdón de Dios.

* Aunque nuestra vida pudiera parecer impecable, siempre necesitaremos de Jesús y de su misericordia.

3. (18,15-17) "Traían los niños a Jesús (según la palabra griega eran bebés o párvulos) para que los tocase (para ser bendecidos). Los padres esperan una bendición para el futuro de los niños, ya que éstos son muy vulnerables. Ahora no son los fariseos los que causan problemas, como vimos anteriormente (15,1-2), sino los discípulos que reprenden a los padres por traer a sus hijos ante el Maestro. Jesús, sin embargo, invita a los niños, ya que todos aquellos que son llevados a Él, les espera un lugar celestial, cerca de la presencia del Dios. "Porque de tales es el reino de Dios". Lucas menciona este relato, debido a la enseñanza general que Jesús une a este acontecimiento. El que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Uno puede entrar en el reino de Dios de la misma manera en que los niños reciben un toque de Jesús; es decir, el reino como un don de la gracia a través de Jesucristo. Los hombres deben aceptar la bendición de Jesús, como lo hacen los niños; y no resistirla, como hacen los fariseos.

* Entrar en el reino de Dios sólo es posible cuando recibimos de las manos de Jesús la bendición y la gracia.

4. (18,18-30) Vino un hombre principal (un regente) a Jesús. Éste, reconocía a Jesús como un rabino importante. Se da cuenta de que ser hijo de Abraham no es suficiente, es necesario que Jesús le muestre el camino para heredar (como un regalo) el reino de Dios. Dice a Jesús: "Maestro bueno, qué haré para heredar el reino de Dios?" Llama a Jesús, Maestro bueno. En la pregunta de Jesús (v.19), Él no está diciendo que no merece tal título, sino que este principal debe sacar la conclusión correcta de las palabras que ha dicho ("maestro bueno"). Sólo Dios es bueno; si llamamos a Jesús "Maestro bueno", entonces tenemos que arrodillarnos delante de Él, como el Dios revelado en esta tierra. Jesús es más que un maestro y uno debe seguirle a Él; eso es lo que el regente rico no quiere aceptar. Jesús se presenta como Legislador, y le recuerda el mandamiento del amor por el prójimo. Si le responde que lo ha guardado, Jesús le manda vender todo y seguirlo a Él. ¿Estará dispuesto a seguir a un Jesús pobre en su camino hacia la cruz? ¿Necesita su perdón, o sólo necesita enseñanza? Este hombre, aún no está dispuesto a seguir a Cristo, sino que mira hacia atrás como lo hizo la mujer de Lot (ver Lucas 17,32). Jesús al ver que el hombre se entristece por la orden que le estaba haciendo, dice: "Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios". Con razón los que oyeron esto, dijeron que entonces era imposible entrar en el reino de Dios. Jesús lo afirma, pero les dice que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. Pedro dice que ha dejado todo para seguir a Jesús. Empero, este mismo ejemplo muestra que es posible para Dios. La decisión de Pedro (seguir a Jesús) fue la obra de Dios mismo.

* Jesús nos enseña que aunque parezca difícil seguirle, la recompensa que tendremos al hacerlo será mucho mayor que la pérdida de nuestros bienes: ¡vida eterna!

5. (18,31-34) Jesús repite el anuncio de su muerte, y la pone a la luz de las Escrituras. Lo que Él debe sufrir, ser entregado a los gentiles (por el momento increíble), escarnecido, afrentado, escupido, azotado y matado, es el camino de Dios atestiguado en las Escrituras. Es un deber divino con un sólo propósito: la salvación. Es verdad que es un camino terrible, pero con un final glorioso: la resurrección. Todo esto se acerca. Los discípulos no lo entienden, pero más bien, estas palabras les eran encubiertas. No pueden entenderlo, ya que el Mesías no puede recibir ayuda de parte de ellos, sino que debe sufrir solo, para sufrir todo y dar un sacrificio perfecto.

* Jesús sufre solo, sufre todo, para dar un sacrificio perfecto.

6. (18,35-43) Es probable que Lucas nos relate otra historia que la que nos cuenta Mateo y Marcos. La relación de esta historia con las palabras anteriores de su sufrimiento, es importante. Jesús abre los ojos de un ciego. Aparentemente, Jesús quiere que la gente vea cómo Él sufrirá y morirá.

  El ciego estuvo cerca de Jericó, sentado junto al camino, haciendo lo único que podía realizar como hombre: mendigar. Esta era la única forma para sobrevivir. La gente le informa al ciego que la persona que está pasando es Jesús Nazareno. Él cambia este nombre, diciendo: "¡Jesús, hijo de David (el Mesías), ten misericordia de mí!", expresando así su esperanza y confianza en Él. De nuevo encontramos a gente que está reprendiendo. Pero el clamor de este ciego se hace más urgente. Jesús contesta a su clamor y le da la ocasión de expresar lo que quiera. No una limosna, sino ver uno de los días del Mesías. Jesús le sana y alaba su fe que lo salva. El ciego, entonces, lo alaba junto con todo el pueblo.

* La curación del ciego es un llamado fuerte para ver lo que Jesús hará pronto: entregar su vida como sacrificio por el pecado.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1. Siempre debemos orar por el retorno de Jesús, esperándole expectantes; sólo cuando Él regrese, se hará justicia en este mundo. La primera parábola no es un llamado para perseverar en la oración en forma general, sino para esperar siempre a Jesús, el Rey, y al reino donde se pondrá fin a la injusticia en este mundo.

Esta debe ser nuestra constante preocupación -si no han sido adormecidas esta fe y esperanza- ya que muchos creyentes la dejarán. Es un hecho doloroso el saber que muchos hermanos están echando raíces en este mundo; algunos viven como si esta tierra fuera su lugar estable, olvidando en la práctica de la fe que únicamente son peregrinos, cuya morada final se halla en los cielos en compañía eterna con Jesús. No sólo prediquemos la venida de Jesús, sino que también vivámosla y anhelémosla en oración perseverante y paciente.

2. Aunque parezcamos ser muy sinceros, Dios aborrece la soberbia. No busquemos justificarnos comparándonos con otros. Nadie recibe el perdón si no lo necesita. Por otro lado, el pecador -por muy malo que sea- que busca el perdón de Dios, lo recibirá. Existen sectores que son muy religiosos, y que al parecer están muy abiertos al evangelio; sin embargo, esto es en apariencia, ya que la gente que sustenta su religiosidad en base de lo que hace, nunca sentirá la necesidad de un Salvador, pues se conciben a sí mismos como buenas personas. Por lo general, dicen que la gente mala es la que debe arrepentirse. Debemos tener mucho cuidado en esto, ya que por el hecho de ser miembros de alguna iglesia podemos creer que presentarse como pecador delante de Dios, era algo necesario sólo para la conversión y no como una condición de vida ante un Dios santo.

3. Entrar en el reino de Dios es un don de la gracia de Dios y no un premio a nuestros méritos. Jesús muestra esta verdad con mucha claridad en la bendición de los niños. Su amor se dirige a aquellos que, como el publicano en la parábola anterior y como los niños, no tienen algo bueno para ofrecerle. Al contrario, no tienen absolutamente nada. Lo único que pueden hacer es: ¡recibir! A pesar de esto, cuánta gente aún no entiende que la salvación es por gracia; se empeñan siempre en hacer "algo más", y esto sucede hasta en el mismo cristianismo.

4. Pareciera que el joven rico debe hacer algo para entrar en el reino de Dios, pero en realidad él no debe hacer nada, sino sólo seguir a Jesús para ser salvo a través de Él. El joven rico no sólo necesita enseñanza, necesita a Jesús, el Salvador. Muchos de nosotros también queremos mejorar el nivel de nuestras vidas, pero es imposible hacerlo a través de nuestros esfuerzos; para lograr un cambio verdadero de vida es imprescindible seguir a Jesucristo y servirle por medio del Espíritu Santo.

5. Jesús también sufre al ver que su camino hacia el Calvario es incomprendido por sus discípulos. En la más absoluta soledad (sin la ayuda de ningún hombre) debe llevar nuestra culpa, nadie podrá mitigar su padecimiento. Debemos dar gracias a Dios por nuestro Señor Jesucristo; su viaje hacia la cruz lo realizó sin la ayuda de nadie. Él estuvo dispuesto a soportar la soledad más profunda por causa de nosotros.

6. La curación del ciego tenía un propósito muy especial: llamar a todos para que contemplaran a Jesús llevando a cabo su obra de redención en la cruz. Su sacrificio debería ser mirado con mucha atención y fe. Si el Señor abre los ojos de los hombres, espiritualmente hablando, es para que contemplen su gran obra redentora. Es quizás esta una de las evidencias de un nacido de nuevo: contemplar a Jesús crucificado, llevando nuestros pecados para darnos entrada a la presencia del Padre.

Lucas 19

1. (19,1-10) Cerca de Jericó, Jesús había sanado a un ciego. Ahora, en aquella ciudad, busca la casa de un jefe de los publicanos para pernoctar y mostrar cuál es el propósito de su venida en su viaje a Jerusalén: "El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido". Lucas nos cuenta que este publicano era rico. La historia es por lo tanto una ilustración de la palabra de Jesús que para Dios nada es imposible; también un rico, aunque es difícil, puede entrar en el reino de Dios. Este relato es entonces el complemento de la de la historia del `joven rico'.

  Zaqueo deseaba ver a Jesús, pero no podía, ya que era un hombre de baja estatura. Por eso subió a un árbol sicómoro para verle, porque sabía que Jesús había de pasar por allí. No sabemos cuál fue su motivo. ¿Por curiosidad? ¿O tenía el deseo de conocer a Jesús, guiado por un hambre espiritual? Pero lo más importante de este relato, no es que Zaqueo busque a Jesús, sino que en primer lugar Jesús está buscando a Zaqueo. El Señor al verle, le dice: "Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose Yo en tu casa". La palabra `hoy', es muy importante. El Señor la dice con autoridad, como si dijera: "Hoy es el día para un encuentro conmigo". Este publicano le recibió gozoso. Vemos que un encuentro con Jesús cambia todo. Mas la gente murmuraba, pues no se da cuenta del cambio producido en Zaqueo. El gozo de este pecador se convierte en hechos de amor y de justicia: "La mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado". En vez de pagar sólo el 20% más (según la ley, Lev.5, 20-24), él está dispuesto a pagar 300% más. Este proceder es el fruto del encuentro con Jesús.

  "Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham". Jesús es el pastor de todo su pueblo, y quiere reunir todo el rebaño de Israel, pues vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

* El Hijo del Hombre, Jesucristo, vino a este mundo para buscar y salvar a los hombres perdidos en el pecado.

2. (19,11-27) Antes de continuar su viaje a Jerusalén, y después de haber dicho cuál era el propósito de su venida, Jesús ahora cuenta de qué manera su reino vendrá. Se produjo una gran expectación debido a las declaraciones hechas por Jesús, porque la gente entiende mal todo lo que se refiere a la llegada de su reino. Por lo tanto, cuenta una parábola acerca de un hombre noble que se fue a un país lejano para recibir un reino y volver. Eso solía suceder en el tiempo de Jesús; por ejemplo, dentro de la familia de Herodes había unos que fueron a Roma para recibir la realeza del senado (el gobierno del imperio romano). Para Jesús es una referencia a sí mismo, porque Él se irá a su Padre después de su muerte y resurrección. El hombre noble les entrega a 10 siervos una cantidad no muy alta de dinero, diez minas (una mina era una moneda de plata que actualmente equivaldría a unos 25 dólares), para negociar mientras tanto. Esto es una alusión a la carga (responsabilidad) que el Señor dará a su iglesia durante su ausencia; esto no es demasiado difícil, puesto que la iglesia recibirá la promesa del Espíritu Santo. Los siervos no tienen que preparar la venida de su señor, sólo cumplir con su tarea. Sus vidas deben guiarse por la obediencia, la fe y la esperanza. Sin embargo, si el pueblo no tiene amor por el rey futuro, esta tarea será muy difícil. Los que proceden de esta manera, únicamente están diciendo: "No queremos que éste reine sobre nosotros". Así era la situación, por ejemplo, con la familia Herodes; el pueblo no lo quería como su rey, lo cual hizo saber al emperador romano. Lo que sucedía con Jesús era, lamentablemente, igual. Pero a pesar de toda la oposición, el señor vuelve como rey. Su preocupación es, ¿qué hicieron sus siervos mientras tanto? Dos pudieron decir que cumplieron con su tarea, un tercero no. La recompensa es muy grande (gobernar sobre 10, o 5 ciudades), pero el tercero fue influído por la opinión crítica del pueblo, y no hizo nada para su rey `severo'. Éste pierde todo lo recibido (Jesús lo explica en el v.26), es decir, pierde el último vínculo que hubo entre él y su rey, mientras que la población que le era enemiga es condenada. Tanto el pueblo de Israel como sus líderes deben reconocer a Jesús y esperarlo ansiosamente.

* Esperar a Jesús con amor, traerá recompensa; pero si falta esto, se pierde todo, incluso el aparente vínculo que sostenía una relación con Él.

3. (19,28-46) Por fin llegó el momento en que Jesús sube a Jerusalén (v.28), la ciudad donde le acontecerá lo que Él había dicho tantas veces; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén (13,33). Lucas dedica mucha atención a la entrada de Jesús en esta cuidad (era el tema principal desde 9,51). Nos cuenta este relato en 4 fases, las que son delimitadas por la palabra griega `llegar cerca' (19,29-36; 19,37-40; 19,41-44; 19,45-46).

a. (29-36) Cuando Jesús llega a Betfagé, envía a dos de sus discípulos para que le traigan un pollino que nunca había sido antes utilizado para la carga. Jesús entrará como un príncipe, no en pie de guerra, sino como un rey manso. La manera en que Jesús pide este animal, muestra que Él tiene derecho a ser obedecido. Los discípulos demuestran respeto por el Señor, echando sus mantos sobre el animal y en el camino como alfombra para que pase Jesús, el Rey.

* Jesús viene a Jerusalén como Rey manso y despreciado.

b. (37-40) Llegando al punto donde comienza el descenso del monte de los Olivos a Jerusalén, la multitud de sus discípulos empieza a alabarle por las maravillas (los milagros) que ha visto. Le alaban como Rey de Dios, que viene en el nombre del Señor. Su alabanza nos recuerda al Salmo 118, pero también al júbilo de los ángeles cuando Jesús nació. Le proclaman como el Rey de paz que recibe del cielo gloria del Padre y de los ángeles, y que ahora ofrece su paz a Jerusalén. Por lo tanto todos han de darle la bienvenida como el Rey celestial.

  Para los fariseos, esta alabanza es inaceptable. Jesús debe, según los líderes religiosos, prohibir a sus discípulos que le honren de esta manera. Así expresan claramente que ellos no le aceptan como el Rey y Ungido de Dios. Jesús da la razón a sus discípulos y castiga a los fariseos, diciendo: "Os digo que si éstos se callaran, las piedras clamarían".

* Jesús es Rey y merece la debida alabanza.

c. (41-44) Cuando Jesús llega a Jerusalén, al verla lloró por ella. Él siente alegría por la salvación del pueblo, pero mucha tristeza por su pérdida. Aquí demuestra claramente su corazón. ¡Que Jerusalén y sus líderes consideren lo que es para ellos paz!, eso es: aceptar a Jesús como el Rey de paz y el único Salvador. Tenemos que entender la queja de Jesús contra la amarga realidad de una Jerusalén que no le reconoce como el Mesías. La gente es tan ciega que no reconoce a Jesús y sus maravillas, ni se da cuenta de los muchos desastres que acontecerán. Esta realidad es oculta para ellos. Por eso Jesús llora, pues sabe que vendrán días en que Jerusalén será sitiada y sus habitantes junto con sus niños serán pisoteados. Sin Jesús no hay futuro ni paz. La razón de todo esto es que Jerusalén no (re)conoció el tiempo de su visitación. La palabra `visitación' puede significar tanto salvación (ver Gen.50, 24; Ex.3, 16; Luc.1,78) como juicio (ver Jer. 6, 15; 10, 15; Is. 29, 6). En Cristo, Dios ha visitado a su pueblo para bendecirlo y salvarlo, pero Jerusalén no se ha dado cuenta de esto, pues ha rehusado hacerlo.

* Debemos reconocer a Jesús, ya que sin Él no hay paz ni gozo.

d. (45-46) Ahora Jesús llega al templo, a la casa de su Padre (Luc.2,49). Jesús actúa aquí como Dueño y Habitante, pues también es su casa. Esto lo hace notar en la expulsión de los compradores y vendedores del templo. ¿Por qué? Porque la Escritura dice: "Mi casa es casa de oración". Pero ellos la habían hecho cueva de ladrones. Jesús desenmascara a los líderes, quienes aquí tienen su centro, desde el cual están al acecho para matarle a Él. Así el templo parece más un refugio para bandidos y asesinos (pues los líderes quieren matar a Jesús), que lugar destinado a la verdadera adoración a Dios. En vez de reconocer al Hijo de Dios que vino a su casa, urden planes para eliminarle. Por eso Jesús los echa fuera como un acto simbólico de lo que va a suceder en el juicio final. No obstante, Jesús no lucha al entrar en la cueva de ladrones, pues Él es el Rey que vino a sufrir y a morir por su pueblo.

* El Hijo de Dios vino a su templo, y halló cosas que le desagradaron ¿Qué cosas hallará en nosotros que somos templos de su Espíritu Santo?

4. (19,47-48) En estos versículos encontramos a Jesús como el Maestro que enseña hasta el fin, que predica la paz para que todos busquen la salvación. No incita al pueblo a luchar contra sus líderes, los cuales, por ahora, ven frustradas sus tentativas de matar a Jesús.

* Es Jesús el que escoge el momento de su muerte.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. Jesús busca a los pecadores. El cambio que Él lleva a cabo es total. Lo que ninguno de los fariseos podía realizar, sucedió en la conversión de Zaqueo, y esto debido al encuentro que tuvo éste con Jesús. La actitud de Jesús no fue de rechazo, como todos esperaban, sino de aceptación. Este es el secreto y modelo de todo encuentro evangelístico. El pasaje de Zaqueo nos habla además que un verdadero encuentro con Jesús produce cambios notables en una persona. Hay personas que sólo quieren simpatizar con Jesús, pero de ahí a recibirlo es otra cosa, pues no están dispuestos a dejar su antigua vida.

1b. Es Jesús quien sale a nuestro encuentro. No podemos decir a ciencia cierta cuál era el motivo por el que Zaqueo quería conocer a Jesús, pero sí podemos afirmar que es Jesús quien anda en busca de sus ovejas perdidas. Él aceptó a Zaqueo tal como era, y este publicano obedeció inmediatamente a su mandato de recibirle. Así que no es tanto el que nosotros aceptamos a Jesús, sino que Él nos aceptó a nosotros. En palabras de Juan podemos decir: "nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero" ( 1 Jn. 4, 19).

2a. Ser irresponsables en nuestra obediencia al Señor revela nuestra falta de sometimiento a su señorío. La parábola de los diez talentos habla de la relación de un rey y sus súbditos. De todos ellos sólo uno actuó irresponsablemente; lo más probable es que se haya dejado influir por la opinión de la gente que no quería a este rey. La actitud de este siervo negligente muestra su total indiferencia al mandato del rey, y su no reconocimiento a su autoridad. Es muy factible que dentro de la iglesia surja algo similar, lo cual se hace manifiesto allí en donde hay una fuerte resistencia para colocarse bajo el gobierno de Cristo, siendo así totalmente infructuosos en su obra. La iglesia no debe convertirse en el lugar donde los hermanos van a pasar un rato agradable solamente; cada uno de nosotros ha recibido algo de Dios y debe utilizarlo para la gloria del Señor.

2b. El retorno de Jesús tendrá lugar más tarde de lo que se piensa. Entre tanto, debemos servir al Señor fielmente. Ello es difícil, ya que muchos no quieren reconocer a Jesús. Se necesita entonces fe en Jesús; amor para servirle y esperanza para no debilitarse en cuanto a ser vigilante. Los siervos del Señor reciben recompensa, pero aquellos que no le sirven perderán, incluso, el aparente "vínculo" que ellos pensaban tener con Jesús.

3-4. Jesús llegó a Jerusalén para llevar a efecto la tarea encomendada por el Padre.

a. La llegada triunfal nos muestra que Jesús es el Rey de Israel, aunque no fue aceptado por todo su pueblo.

b. Jesús es el Rey por quien el Padre ofrece la paz.

c. Debemos recibirle como tal, pues fuera de Él no hay paz ni acceso a Dios. Él merece nuestra  alabanza. El que Jesús llore por Jerusalén, subraya la gravedad de la situación si los               líderes de Israel le rechazan.

d. Jesús entró en el templo, su casa. Mas ni en aquel lugar fue bienvenido. El lugar santo se había convertido en una cueva de ladrones, en donde los asesinos tramaban quitarle la vida a    Jesús. El que Jesús limpie el templo y no luche y siga enseñando, muestra su buena voluntad    para recoger a su pueblo y cumplir la obra de la salvación. Además, Él mismo es quien              escoge la hora para morir. Nada le ocurre inesperadamente.

Lucas 20

1. (20,1-8) El versículo 1 nos muestra algo que era una costumbre en la vida terrenal de Jesús, sobre todo en aquellos últimos días de su vida: La enseñanza de la Palabra de Dios. Él enseña al pueblo, mientras que al mismo tiempo hay oposición de parte de los líderes, los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos (en 19,47 el escritor los llama los principales del pueblo). Lucas caracteriza e identifica la enseñanza de Jesús como un anuncio del evangelio. Esto es curioso, ya que en la "cueva de ladrones", donde los líderes del pueblo urden la muerte de Jesús, Él sigue anunciando el evangelio. Él viene como Rey de paz, quien dará el sacrificio de su vida por los pecadores. Entre el pueblo ha sido difundido el pensamiento de que Jesús obra a través de Beelzebú, el jefe de los demonios. Al tener presente este triste incidente, estamos en mejores condiciones de entender la pregunta de los religiosos judíos, que dicen: "¿Con qué autoridad haces estas cosas?" La pregunta demuestra falta de reconocimiento y, a la vez, siembra duda con respecto a la actuación de Jesús. El Señor no contesta en forma directa, sino que lo hace a través de una contra-pregunta: "El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?" La actuación de Jesús es la prolongación del trabajo de Juan. Si ellos no aceptan la autoridad profética de Juan, nunca aceptarán la autoridad divina de Jesús. Mientras tanto, esta pregunta les compromete a ellos; ya que decir: "de los cielos", significaría ¿por qué entonces no aceptan la autoridad de Jesús?; y decir: "de los hombres", les acarrearía conflicto con el pueblo. Por lo tanto responden que no saben. Jesús les contesta que Él no abandona su secreto. Lo sabe, pero no lo dice, ya que ellos no lo aceptarán. Quien juzga mal a Juan nunca creerá en Jesús.

* No dar una respuesta a Jesús es también dar una respuesta negativa con respecto a Él.

2. (20,9-18) A través de la pregunta acerca del carácter de la autoridad de Jesús, el pueblo ha sido testigo de la falta de reconocimiento de Jesús por parte de los líderes. Este conflicto fue el motivo para que Jesús se dirigiera al pueblo con una parábola. Podemos entender mejor esta parábola cuando sabemos que en este tiempo había muchos latifundistas que tenían fincas rústicas en Galilea, pero que vivían en el extranjero. Debido a esto último, los arrendatarios podían hacer con los siervos de sus señores lo que quisieran.

  No es difícil entender que la parábola se refiere a la historia de Israel. Los líderes (en la parábola son los labradores) enviaron a menudo a los profetas (los siervos) con las manos vacías, sin responder a su llamado. El trato es cada vez más cruel. Al último profeta que enviaron con las manos vacías fue a Juan el Bautista. El clímax de la parábola es la muerte del hijo (Jesús) del señor de la viña (Dios, el Padre). En la pregunta: "¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto", se expresa el gran amor y la increíble paciencia de Dios.

  La parábola revela de manera estremecedora, que la enemistad contra el hijo que fue muerto es enemistad contra Dios. Los líderes que piensan honrar a Dios, en realidad muestran odio hacia Él. El hecho de que se eche fuera de la viña al hijo del dueño y luego se le mate, es una clara alusión a la muerte de Jesús fuera de la ciudad. El señor de la viña, aclara que vendrá y destruirá a estos labradores y dará su viña a otros. Esto significa que Dios dará al pueblo otros líderes (los apóstoles). El pueblo responde, diciendo: "¡Dios nos libre!" Esto se refiere sobre todo a la muerte de Jesús. El pueblo aún no tiene ni la menor idea de lo que sucederá, no saben que la muerte de Jesús está a las puertas.

  Jesús se refiere al Salmo 118. ¿Acaso el pueblo no ha clamado que Él es el rey que viene en el nombre del Señor (según Salmo 118,26)? Sin duda alguna Él es; sin embargo, también es la piedra que desecharon los edificadores (Salmo 118,17), y que ha venido a ser cabeza del ángulo. Jesús será abandonado, pero a través de su resurrección también será exaltado, y juzgará a todos los que le trataron mal. Todo lo que cae sobre aquella piedra, será quebrantado; pero si la piedra misma cayere sobre alguien, le desmenuzará.

* El que abandona a Jesús, será abandonado por Él.

3. (20,19-47) Estos versículos nos enteran de las discusiones de los líderes judíos con Jesús.

a. (20-26) En el v.19 leemos que los líderes buscan la oportunidad de echar mano de Jesús en aquella hora, porque comprendieron que Él había dicho esta parábola contra ellos. Entienden la parábola y buscan también la oportunidad para hacer lo que Jesús había dicho en ella: matar al hijo del señor de la viña. Ahora envían espías, que fingen ser gente piadosa, pero con el propósito de aprovecharse de sus palabras, y así entregarlo al poder y a la autoridad del gobernador.

  La primera pregunta es concerniente a la opinión que Jesús tiene con respecto de dar tributo al César. Llevan a cabo esto, para poder entregarle al César (es decir, a su representante en la nación judía); la idea era persuadir a Jesús para que éste hiciese una afirmación osada en contra del emperador: el no pagar tributo. Jesús les responde que ellos deben pagar a César sólo lo que a él le corresponde (la moneda), pero a Dios lo que Él merece, esto es, el reconocimiento de Jesús como su Hijo, y así dar frutos al señor de la viña. Fracasó la intención de tratar de introducir una cuña entre Jesús y el pueblo.

* ¿Recibe Dios lo que Él merece? ¿reconocemos a su Hijo como nuestro Señor y Salvador?

b. (27-40) Ahora le toca el turno a los saduceos. Estos no creen en la resurrección de los muertos. No les atemorizan las palabras de Jesús, que hablan de la piedra que puede caer sobre ellos, ya que no creen en la posibilidad de un Jesús resucitado. Se desentienden de sus palabras a través de un caso hipotético, en el cual una mujer se casó con siete hermanos; ellos preguntan: "¿De cuál de ellos será mujer (en la resurrección), ya que los siete la tuvieron por mujer?" Jesús demuestra en su respuesta, que la vida eterna no es una mera continuación de la vida que experimentamos en este mundo, sino de una vida en resurrección caracterizada no sólo por la cantidad, además por la calidad. La resurrección es posible, porque "Dios es un Dios de vivos", de Abraham, de Isaac y de Jacob. Jesús se refiere al Pentateuco, pues este escrito sagrado era la única fuente de creencia para los saduceos. Así, de los 5 primeros libros de Moisés, Jesús aclara que para Dios todos viven. Entonces es peligroso tratar de deshacerse de Jesús y sus palabras, ya que todos le encontrarán algún día como el Juez de la vida.

  Algunos escribas expresan su asentimiento a la respuesta de Jesús, sin embargo, no abandonan su resistencia contra Él. Su aprobación es como el beso de Judas. No abrazan al Maestro en la fe. No se atreven a preguntar más por miedo a la multitud.

* Dios es un Dios de vivos y muertos. Él ha determinado un día en el cual todos deberán rendir cuenta de su actitud con respecto a Jesús.

c. (41-44) Ahora Jesús hace preguntas en forma de una contra-ofensiva. ¿Cómo pueden decir que el Mesías es "Hijo de David", si también es su Señor? Esto se ve claramente en el Salmo 110. ¿Por qué entonces los líderes no respetan a Jesús, sino que al contrario piensan que Él es un blasfemo? Las propias Escrituras condenan la actitud de los fariseos. Si Jesús es el Rey que viene, entonces también es su Señor que tiene autoridad. En realidad, Jesús da la respuesta a la primera pregunta, la cual habla de la autoridad con la que Él actúa. Jesús es el enviado de Dios, el Señor de Israel.

* Jesús es el Señor de Israel. ¡Es hora de que todos le reconozcan como tal!

d. (45-47) Jesús, en presencia del pueblo, previene a sus discípulos contra los escribas. Sus discípulos están en el medio -entre Jesús y los líderes religiosos- por lo tanto deben elegir. No es posible que puedan seguir a ambos. No pueden mostrar reverencia por Jesús y a la vez fidelidad a sus líderes. Todos están llamados a apartarse de los consejos destructores de estos líderes.

  "Guardaos de los escribas". Ellos se consideran los pastores de Israel, pero en realidad son engañadores. No dan la honra debida a Jesús, pues les gusta la honra de la gente para ellos mismos. Esto se manifiesta en lo externo, en el uso de la ropa respetable, los saludos en las plazas y en el ocupar las primeras sillas en las sinagogas. Mientras tanto, abandonan a las viudas. Hacen largas oraciones, con las que pretenden defender los bienes de las viudas delante del Señor. Pero devoran sus casas, ya que hacen pagar mucho por este `servicio'. Su propia honra y dinero valen más para ellos que honrar a Jesús.

* ¿Estamos sirviendo a Dios o a nosotros mismos?

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. El que no acepta la autoridad de Jesús nunca confiará plenamente en Él. Aceptar la autoridad de Jesús significa, al mismo tiempo, reconocer nuestra propia culpabilidad y, por tanto, nuestra urgente necesidad de Él. Eso es justamente lo que muchos no quieren. Es probable que algunos conciban a Jesús como un buen hombre, pero jamás admitirán que como Hijo de Dios tiene toda autoridad; puesto que esto obviamente los obligaría a aceptar su sacrificio vicario y además reconocer que necesitan de Él.

1b. No es posible mantenerse neutral en esta vida; debemos dar una respuesta a Jesús. Ante la pregunta de Jesús, los fariseos se callaron; ellos sabían que dar una respuesta a Jesús los comprometería como personas. De igual manera, hay muchos que pretenden sustentar una política de neutralidad ante Dios; no quieren dar una respuesta concreta al llamado de Jesús, sólo quieren mantenerse al margen de los hechos sin verse involucrados. Sin embargo, esto es imposible, ya que no dar una respuesta al Señor es lo mismo que negar su autoridad y por ende rechazar la vida que Jesús ofrece.

2a. Es posible guiar al pueblo de Dios y pensar que uno ama a Dios, y en realidad no estar haciéndolo. La parábola de los labradores malvados demuestra al pueblo que sus propios líderes no son fidedignos, ya que no aman a Jesús, el Hijo de Dios. Un buen líder es alguien que ama a Jesús y guía a los demás a hacer lo mismo. Dios castigará a los que no practican este amor hacia Jesús.

2b. El constante llamado de Dios al arrepentimiento revela cuán grande es su misericordia. Durante toda la historia de Israel, Dios hizo un continuo llamado al arrepentimiento. Esto lo hizo por boca de sus santos profetas; pero éstos, siempre hallaron oposición de parte de los líderes religiosos del pueblo. Muchos profetas sufrieron a manos de gente incrédula y perversa, sin embargo, Dios seguía insistiendo. Su gran amor se revela cuando por último envía a su Hijo, Jesús. Pero a Él también lo rechazaron y al final le dieron muerte. Sólo Dios puede actuar como el padre de esta parábola. Él aún sigue siendo paciente con la incredulidad de los hombres que rehusan aceptar la autoridad de Cristo. Mas esta paciencia algún día terminará, pues aquellos que rechazaron la autoridad de Jesús tendrán que sufrir el terrible y merecido juicio del castigo sobre ellos.

3a. Preguntas que no nacen de la fe, no son edificantes; solamente muestran incredulidad. Si estamos discutiendo, siempre debemos darnos cuenta del propósito de la discusión. ¿Queremos a través de las preguntas ser edificados en la fe o queremos probar lo necio de la fe en Jesús?

  La respuesta de Jesús muestra que los que hacen las preguntas no pueden deshacerse de Él, sino que deben dar la debida reverencia y fe al Hijo de Dios, y saber que Él una vez será nuestro Juez. El mismo Jesús, a través de su contra-pregunta, demuestra, mediante las Escrituras, que el Mesías es más que el Hijo de David: es su Señor. Por lo tanto, Él merece la aceptación de su señorío. Jesús desenmascara la hipocresía de los líderes de entonces. La religión puede ser muy bonita y atractiva, pero si no existe genuina fe en Jesús, es sólo una actuación de hipocresía.

3b. Aunque se promueva la honra a Dios, en el fondo a veces se busca la propia honra. Los religiosos del tiempo de Jesús sustentaban todo un ejercicio de piedad; parecían estar muy interesados en la necesidad de las personas, sobre todo de las viudas; pero en realidad sólo estaban construyendo una plataforma desde donde figurar como personas muy respetables y honorables. Los ministros, principalmente, deben examinar sus corazones delante del Señor y ver si realmente a través de sus ministerios buscan la gloria de Dios o la suya propia. Este es un asunto muy delicado que necesita de mucha sinceridad y prontitud para el arrepentimiento.

Lucas 21

1. (21,1-6) Cuando Jesús ve que una viuda echa sus últimas monedas en el arca de las ofrendas, declara que aquellas monedas tienen más valor que todo el dinero que los ricos depositaron juntos. Es una vergüenza que exista en el templo una persona tan pobre, y que haya ofrendado sus últimas monedas. Los demás ofrendan de su abundancia, una suma de dinero que fue retenida a los pobres. Cuando algunos piensan que con este dinero se mantiene el templo hermoso y ordenado, Jesús les responde en forma muy chocante que el templo será destruído hasta la última piedra.

* Si retenemos nuestro dinero a aquellos que lo necesitan, no podemos calmar nuestra conciencia al gastar nuestra riqueza para el servicio de Dios.

2. (21,7-36) En este pasaje encontramos el largo discurso sobre los últimos acontecimientos.

a. (7-11) La pregunta del ¿cuándo? y la señal de la futura miseria

Las impactantes palabras de Jesús (v.6) despertaron la pregunta acerca del tiempo y de la señal de estas cosas. Los discípulos no podían imaginarse cuál sería el significado de la destrucción del templo. En su respuesta, Jesús expone en primer lugar el trasfondo de esta pregunta. En ella se ve la idea errónea que la gente tiene al pensar en un futuro glorioso inmediato, como si el templo en su belleza fuera una señal de la época de florecimiento que muy pronto empezaría. Por lo tanto, si así se piensa, se está abierto a cualquier tipo de engaño de parte de los falsos profetas. Debido a esto, Jesús advierte que no se debe ser tan ingenuo y desprevenido referente al futuro (8-9). Después bosqueja la realidad, diciendo que vendrá un tiempo de persecución y sufrimiento, luego de guerras, disturbios, rebeliones, hambres, pestilencias, fenómenos terribles y señales del cielo. Es como si Jesús les dijera: "¡No esperen ver de inmediato un futuro glorioso!"

b. (12-19) Persecución y perseverancia

Sólo perseverando los discípulos sobrevivirán. Jesús anima a la vez a los suyos, diciéndoles que en este tiempo podrán contar con la ayuda de Dios, el socorro y la sabiduría del Espíritu Santo, pues su promesa es que: "Ningún cabello de vuestra cabeza perecerá". Esta promesa no puede significar que nada les acontecerá, pues muchos discípulos morirán como mártires, sino que es el consuelo de Dios en medio de las dificultades.

* Incluso dentro de las dificultades, Dios está presente como si aún recogiera del suelo los cabellos caídos

c. (20-24) El juicio sobre Jerusalén y las naciones

¿Qué lugar juega la destrucción del templo ahora en esta imagen del futuro? El pueblo no debe formarse falsas expectativas: Jerusalén será sitiada y destruída. A continuación, esta destrucción generará un tiempo de gran necesidad y un período de mucha angustia en las naciones. Todo esto, sin embargo, no es más que el preludio que anunciará la venida del Hijo del Hombre.

* A pesar de que es algo inevitable, la destrucción del templo es una señal ¡llena de esperanza!, ya que nos promete y nos hace anhelar la redención final por medio del Mesías, Jesucristo.

  Jesús coloca la caída de la ciudad en el cuadro del tiempo de venganza de parte de Dios. No podemos restringir este tiempo al pueblo de Israel. La destrucción de Jerusalén es solamente un ejemplo de aquella venganza, que se aplicará también a las demás naciones y al pueblo de Israel incluído (23b-26). En las Escrituras encontramos muchas palabras que muestran la ira de Dios debido a la incredulidad de Israel (y de las naciones). Dios comienza por su propio pueblo y con su propio templo; pero no hay acepción de personas, las naciones también deben temer el castigo de Dios sobre la incredulidad. En aquel tiempo, las mujeres no podrán disfrutar del gozo de estar embarazadas, ya que la tierra se encontrará en gran peligro.

  El pueblo de Israel lleva la delantera; el mundo entero será testigo de cómo la nación judía se va muriendo y esparciendo por todas las naciones. Esta situación durará hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan (24). ¿Qué significa esto? Mientras que Jerusalén queda ocupada y el pueblo de Israel esparcido, las naciones sufrirán de mucha angustia, turbación y temor. Sin embargo, ellos impedirán la restauración del pueblo de Israel y de la ciudad del templo, pero hasta cierto tiempo. El fin de los tiempos de las naciones comenzará tan pronto como Jesús, el Hijo del hombre, aparezca.

* Se acerca el tiempo para una nueva y restaurada Jerusalén (27).

d. (25-28) La venida del Hijo del hombre

  En los versículos 25-26, se describe de manera más amplia cómo las naciones también estarán necesitadas de encontrar paz. La venganza de Dios les alcanzará también a ellas. Habrá intranquilidad cósmica en las regiones celestiales y un gran temor dentro de los hombres en la tierra. Habrá también señales en el sol, las estrellas y la luna; además, mucha angustia a causa del bramido del mar y de las olas. En la Biblia, el mar es muchas veces el símbolo de una potestad satánica y anti-divina. Los poderes de la naturaleza se tambalearán, y desde el cielo harán vacilar al mundo. La ira de Dios vendrá desde allí (cp. Romanos 1,18). Sólo cuando estos tiempos de juicio para las naciones se terminen, se cumplirán los tiempos de los gentiles. Entonces vendrá el Hijo del Hombre. Ahora no en un burrito, sino en una nube y con gran poder y gloria.

  Los acontecimientos angustiosos para Israel y las naciones, de los cuales la destrucción del templo es el comienzo, terminarán con la liberación del mundo (28). Por lo tanto, debemos levantar nuestra mirada hacia ese futuro, "porque nuestra redención está cerca".

* La destrucción de Jerusalén y su templo, es, sin embargo, señal de la redención venidera y promesa de una nueva Jerusalén, cuyo templo será Dios mismo y el Cordero (Ap.21,2,22).

e. ( 29-36) Seguridad y vigilancia

  La parábola de la higuera y de todos los árboles (29-33) nos ofrece una ilustración respecto al tiempo posterior a los días de venganza y opresión; el motivo de la ilustración es el de estimular la expectación. Durante esta generación caerá Jerusalén y los judíos serán esparcidos. Aquel que experimente estos acontecimientos, debe portarse como alguien que ve germinar la higuera y demás árboles; pues sabe que al ocurrir esto, el comienzo del verano y de la cosecha con sus muchos frutos es ya una realidad. La venida de Jesús y su reino es tan segura como el verano en que la higuera y los demás árboles comienzan a brotar.

  Jesús termina su enseñanza promoviendo en los suyos una vigilancia santa (34-36). No deben dejarse sorprender en aquel día, no pueden quedarse dormidos (espiritualmente hablando), sin esperar anhelante la venida de Jesús. Muchos se encontrarán en un sueño espiritual, sobre todo cuando hay tantos que se entregan a los placeres del mundo, en donde la glotonería y la embriaguez son ejemplos característicos; otros se dejarán absorber por los afanes y las preocupaciones de esta vida. Si estamos envueltos en estas cosas, entonces la venida de Jesús nos sorprenderá y será una trampa para nosotros. Por lo tanto, es necesario orar para poder escapar de la pérdida eterna, pudiendo así participar en la gloria de Jesús. También los creyentes deben orar, ya que ellos tampoco por sí mismos son dignos de estar y vivir en aquel día con gozo. Es necesario que Dios nos permita escapar del juicio ("poder estar en pie delante del Hijo del Hombre"), y nos conceda participar en el futuro glorioso de su Hijo.

* La iglesia del Señor Jesús debe tener una constante actitud de oración y vigilancia para poder estar en la santa presencia del Padre y del Rey glorioso, Jesucristo.

  De esta manera pasaba Jesús los últimos días de su vida en esta tierra, enseñando permanentemente al pueblo. Él nos dejó suficientes advertencias y exhortaciones, que nos instan a estar preparados. Así era su gran misericordia y amor. Él no quiere que su pueblo sea tomado por sorpresa.

* ¿Prestamos oído a las advertencias y exhortaciones de Jesús?

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. No son agradables delante de Dios nuestras ofrendas hechas sin amor ni preocupación por los pobres. Existe mucho dinero `robado', que no llega a manos de los pobres. Nunca podemos separar el servir a Dios de la ayuda que debemos prestar a nuestro prójimo. No existe una buena relación con Dios si nuestra actitud hacia el prójimo es mala.

1b.Dar de lo que nos sobra, es en realidad no dar nada. La gente suele maravillarse por las cantidades, pero para Dios el asunto es mucho más profundo; Él ve el corazón con el que se ofrenda. Los ricos que miró Jesús echaban mucho dinero, pero sólo estaban dando de lo que les sobraba. Es fácil caer en el error de alabar a alguien por sus grandes aportes que hace a la iglesia, y no darse cuenta que un pobre en "proporción" puede dar mucho más como producto de un amor genuino por Dios. Mejor que hablar de cantidades, es hablar de un corazón que se rinde por completo al Señor. Una persona que entrega todo su ser a Dios, entregará todo lo que tiene.

2. Jesús no nos brinda en su discurso sobre el fin del mundo un mapa acerca del futuro. Es verdad, nos da información sobre ello. No obstante, lo que quiere destacar son otras cosas:

a. El fin no es inmediato, demora mucho tiempo (9); las señales anuncian que el futuro retorno de Nuestro Señor Jesucristo se acerca, pero tal futuro no es muy cercano. Jesús previene a sus discípulos del pensamiento que se viste de manto profético que asegura que el reino de Dios está a punto de comenzar. Los discípulos no deben pensar que el futuro glorioso del reino del comenzará de inmediato, pues ocurrirán antes muchos acontecimientos catastróficos que precederán a aquel gran día. La historia eclesiástica ha demostrado que de vez en cuando surgen del seno de la iglesia algunos `profetas' que aseguran conocer todos los misterios referentes a la venida de Cristo, y muchos son los que les han seguido, pero al final han sido defraudados por el engaño.

b. La venida de Cristo será visible para todos (27); nadie se engañe si otros profetizan en su nombre (de Jesús) de un futuro que comenzará de inmediato (8). Cuando nuestro Señor regrese, lo hará de una sola vez; su manifestación la verá todo ser humano. Así que tenemos que pensar que la revelación del Hijo de Dios será un sólo acontecimiento, notorio a todos.

c. La caída de Jerusalén y la destrucción del templo es en el fondo una señal positiva (28), ya que es precursora del retorno glorioso de Jesús. Los discípulos se deben haber entristecido mucho por las palabras de Jesús con respecto a la destrucción del templo de Jerusalén. Ellos pensaban en un inmediato futuro glorioso. Pero este acontecimiento no mata la esperanza en la futura intervención de Dios, sino que es una señal que la precede. Nosotros no debemos desalentarnos si en este mundo vemos tanta hambre, muerte, guerras y pestilencias, pues todas estas cosas nos anuncian al unísono que la creación entera clama por la pronta venida de Cristo.

d. El `informe' sobre el futuro debe llevar a los creyentes a perseverar, viviendo en santidad de vida; deben estar orando y vigilando. Que todos seamos dignos de estar delante del Rey del Gloria (19,34,36).

Lucas 22

1. (22,1-6) Los principales sacerdotes y los escribas tienen un problema: quieren eliminar a Jesús, pero no saben cómo hacerlo. Quieren ejecutarlo, pero a espaldas del pueblo, pues saben que el pueblo simpatiza mucho con Jesús. La fiesta de los panes sin levadura estaba cerca (la pascua en la cual se comían estos panes). Judas, o mejor dicho, Satanás (v.3), les ofrece su ayuda a estos líderes deseosos de derramar sangre inocente. De esta manera los líderes se colocan al servicio del diablo quien está en contra de Dios. Para estos hombres, Judas no pudo llegar en un momento más oportuno; en su alegría, convienen recompensar a Judas con una cantidad de dinero, aunque también él buscaba esto. Judas está completamente de acuerdo con el plan para matar a Jesús y con la oferta de los líderes. Judas, los líderes y Satanás llegan a un acuerdo, sin darse cuenta que así están realizando el plan de Dios.

* Satanás siempre está en contra de los planes divinos, sin embargo, no sabe que aún sus propias maquinaciones son utilizadas para cumplir los propósitos de Dios.

2. (22,7-13) Mientras que los líderes traman la muerte de Jesús, Él hace todos los preparativos para poder celebrar la pascua junto a sus discípulos. De modo que manda a Pedro y a Juan a hacer los preparativos correspondientes para esta celebración, la que desde ese momento se transformaría en un sacramento. Ellos preguntan por el lugar a donde deberían ir para preparar la cena. Jesús ya de antemano había conseguido un lugar, o tal vez una sala (posiblemente arrendada). Pedro y Juan reciben una clave: deben seguir a un hombre que cargue un cántaro de agua y preguntarle, cuándo podían entrar en la casa, donde se encontraba la pieza en la que Jesús comería la pascua con sus discípulos. Debían preparar la cena en el lugar que él les mostrara.

* Jesús va a morir en el tiempo determinado por el Padre, puesto que Jesús primero quiere celebrar la pascua para entregar a los suyos las señales de su muerte y amor.

3. (22,14-20) Jesús y sus discípulos están a la hora concertada en el aposento. Él declara que su gran anhelo ha sido el deseo de comer esta Pascua con ellos. La palabra `esta' se pronuncia con énfasis. No lo dice con la melancolía propia de una persona que está a punto de morir, sino para indicar que esta Pascua recibe un nuevo cumplimiento y sentido a través de su muerte. Jesús anhela celebrarla con sus discípulos, ya que así puede darles una nueva perspectiva: su muerte y resurrección son la puerta hacia el reino de Dios. En la pascua, el pueblo de Israel miraba hacia atrás: el éxodo de Egipto a través del cordero; y miraba hacia adelante: la vida eterna en el país prometido. Ahora Jesús está transformando esta celebración sagrada, pues a través de su obra nos da la plena certeza de que su reino ya viene.

  Cuando alguien le da una copa, probablemente la primera copa de la cena, Jesús da gracias al Señor, y la entrega a sus discípulos. En el v.18, Jesús explica por qué no beberá más del fruto de la vid: en su retorno, la pascua será cumplida definitivamente en la cena del reino de Dios. Esta cena es muy especial, ya que Jesús cambia la dirección de la pascua orientándola hacia su muerte como la base para entrar en su reino. Mientras que en la pascua se comía pan sin levadura como un símbolo de las necesidades pasadas en Egipto, esta vez se debe comer el pan como recuerdo a su cuerpo dado en la muerte por ellos, y beber de la copa como señal que hay un nuevo pacto inaugurado a través de su sangre. Este pacto no es establecido por la sangre de animales como en el primer pacto ( Ex. 12 y 24), sino por sangre divina, es decir, por la vida y entrega de Jesús mismo. Esta preciosa sangre protege contra el juicio de Dios, al igual como la sangre de los corderos en los dinteles de la puertas protegió contra el ángel de la muerte en Egipto.

* En la santa cena recordamos la muerte de Nuestro Señor, muerte que abrió la puerta hacia el reino de Dios. De tal modo que nuestra mirada se extiende hacia el pasado y a la esperanza de un futuro en la eterna compañía de Jesús.

4. (22,21-38) La muerte acecha a Jesús; y Él sabe que ella está cerca, pues dice: "La mano del que me entrega está conmigo en la mesa". Aunque la experiencia de su muerte al llevar nuestra culpa es terrible, su obra es según el plan de Dios, plan que concluiría con el glorioso futuro celestial; mientras que la situación para aquel que le entrega es extremadamente terrible por el remordimiento que le seguirá.

  Los discípulos no se percatan de la importancia de este momento, pues comienzan a discutir con respecto a la pregunta: ¿quién de ellos será mayor y por ende tendrá el mejor oficio en el reino de Jesús? Con mucha paciencia Jesús los reprende. Los reyes y las autoridades tienen poder y son llamados bienhechores (un nombre de honor para los regentes), pero en el reino de Dios no vale la ley de poder, sino de servicio. El mayor debe ser el siervo de todos. En el ámbito terrenal la persona que se sienta a la mesa es mayor que el que sirve. Empero, el papel de este último es el objetivo de la vida de Jesús: servir. Podemos pensar en el lavamiento de los pies, pero sobre todo en su obra consumada en la cruz. Ahora Jesús habla de la promesa para sus discípulos que permanecieron con Él en sus pruebas. Ellos participarán en el gozo de su reino y juzgarán a las 12 tribus de Israel. Ellos representan el nuevo pueblo de Israel y de las naciones.

* El que sirve humildemente a Dios recibirá una gran recompensa.

  Desde ahora Jesús advierte a Simón y a todos los discípulos contra las tentaciones de Satanás (nótese que Jesús dice `Simón', pero también dice "satanás os ha pedido"). El propósito de Satanás es zarandear a los discípulos. Como las pajas que echadas al viento son lanzadas lejos, así también el maligno quiere arrasar con la fe que los discípulos tienen en Cristo. Sólo la oración de Jesús los protegerá de la apostasía. Después de su conversión, Pedro tiene que fortalecer a sus hermanos luego de haber experimentado la fidelidad de Jesús. Pedro piensa que estará en todas las situaciones con Cristo, pues no se da cuenta de su debilidad como hombre pecador. En realidad confía más en su propia fidelidad a Cristo que en la disposición de Jesús a entregar su vida por él. No obstante, Pedro pronto le negará. Ahora Jesús predice que le negará tres veces.

* ¿Confiamos más en el cuidado de Cristo, o en nuestra propia fidelidad para con Jesús?

  En los últimos versículos de este pasaje, Jesús prepara a sus discípulos con palabras que insinúan tiempos muy difíciles, cuando Él ya no esté entre ellos para protegerlos. Hasta el momento no les ha faltado nada, pero ahora es el tiempo en el que deben cuidarse bien y comprar una espada. Jesús no los llama a luchar (ver el v.51), sino que quiere convencerlos de la seriedad de la situación. Ahora se cumple la palabra, que habla acerca del siervo del Señor que fue contado con los inicuos (Isaías 53,12). Los discípulos toman las palabras de Cristo en forma literal, pues le muestran dos espadas. Jesús dice: "¡Basta!"; esto no se refiere a las dos espadas, sino al hecho que ya han conversado lo suficiente. Ahora presenciarán lo que va a suceder.

* Vienen tiempos de persecución. Debemos estar bien armados con la espada de la Palabra y de las promesas del Señor.

5. (22,39-46) Después de la pascua Jesús se fue, como solía hacerlo, al monte de los Olivos. Ahora se pone a disposición de Judas para ser entregado. Pero cada momento Él lo ocupó bien en la presencia de su Padre. Ora y anima a sus discípulos a hacer lo mismo para que estén preparados ante las tentaciones de Satanás. Él mismo necesita de la oración, ya que debe beber la copa que el Padre le entrega, una copa llena de la ira de Dios a causa de nuestra culpa. A pesar del temor que siente por esta copa, sin embargo, Jesús está dispuesto a beberla (En el A.T. la copa a menudo era el símbolo de la ira de Dios; ver Sal. 75,8; Is. 51, 17; Jer. 25, 15; Hab. 2, 16) Un ángel le fortalece, pero la lucha aún no está terminada. Ahora se halla en agonía; el peso del sufrimiento que debe llevar es tan grande que su sudor cae hasta la tierra como grandes gotas de sangre. Mientras Jesús oraba, los discípulos, llevados por su tristeza, dormían. No creen que el sufrimiento sea el medio que Jesús use para alcanzar la victoria final. Tenían que orar para que Satanás no les quitara su fe.

* Meditemos en el peso de nuestra culpa, la que Jesús debió llevar. Tan grande es su amor.

6. (22,47-53) Justamente en el momento en que Jesús repite su advertencia respecto a la tentación, ésta ya se iniciaba: Judas lo entrega con un beso. Jesús desenmascara a Judas en su tentación. ¿Es posible entregar al Hijo del hombre con un beso de amor? Los discípulos siguen sin aceptar el sufrimiento de Cristo, pues quieren luchar por Él. Uno de ellos echa mano a su espada y le corta la oreja derecha a un siervo del sumo sacerdote. Jesús prohibe esto, le reprime por su acción y luego repone la oreja del siervo. El que es arrestado como un ladrón es completamente justo. Si Jesús fuera un criminal, ¿por qué entonces no lo arrestaron en pleno día en el templo? Su detención con espadas y palos muestra que ellos mismos son los bandidos. Pero es en este momento cuando su hora ha llegado, la cual pertenece al poder de las tinieblas. Esta frase significa que el diablo ha recibido permiso para atacar a Jesús. Aunque es la hora del maligno, al final Jesús, la Luz del mundo, vencerá sobre las tinieblas.

* Dios permitió que Satanás tuviera la oportunidad de apresar y  matar a Jesús. Esta fue su hora, pero la hora de la victoria de Cristo ya se acercaba.

7. (22,54-62) Ahora llevan a Jesús a la casa del sumo sacerdote. Jesús está solo; a esto se suma el hecho de que uno de sus discípulos más cercanos le sigue desde una distancia larga, no sólo en forma literal, también en lo espiritual. Así queda de manifiesto con Pedro, quien abandona a Jesús al negarle. Éste, al acercarse al calor de la fogata de los enemigos de Jesús, es reconocido por una criada, la que lo delata diciendo: "También éste estaba con él". Mas Pedro lo negó tajantemente: "Mujer, yo no lo conozco". De este modo corta el vínculo con Jesús. Poco tiempo después se le ofrece una nueva oportunidad para confesar a Cristo. Pero a pesar de ello, nuevamente lo niega. Ahora tiene más tiempo para pensarlo mejor, una hora; no obstante, insiste en sostener que no hay vínculo entre él y Jesús, diciendo al que le interpelaba: "Hombre, no sé lo que dices". Y durante la última negativa el gallo cantó. Para los demás este canto era algo insignificante, sin embargo, para Pedro era una señal que le recuerda las palabras de Jesús: "Antes que el gallo cante, me negarás tres veces". Solamente Lucas menciona que Jesús miró a Pedro con una mirada significativa. Pedro no reconoce a Jesús, Él sí conoce a Pedro. Pedro mantiene su negativa, pero Jesús afirma el vínculo de su amor. Pedro no puede soportar más esta mirada. Lleno de arrepentimiento salió y lloró amargamente. Su amor por Jesús es grande, pero más débil de lo que él había pensado.

* Sólo Dios puede sostener nuestra fe. Si fuéramos infieles, Él permanece fiel.

8. (22,63-65) Los guardias que custodiaban a Jesús se burlaron de Él. ¿Acaso no había realizado muchos milagros? Bien, ¿qué puede hacer ahora? Ponen en duda su poder y majestad. Le vendan los ojos y así se mofan de Jesús como profeta. Golpeándole le preguntan sarcásticamente: "Profetiza, ¿quién es el que te golpeó?" Conscientemente le injurian para menoscabar sus afirmaciones como Hijo de  Dios.

* Jesús soportó todo, hasta ultrajes e injurias graves. Así mostró que era Profeta, ya que soportó todo lo que había profetizado.

9. (22,66-71) Lucas no describe el interrogatorio nocturno efectuado en la casa de Caifás, sino el interrogatorio oficial del día. Todos los miembros del sanedrín se oponen a Jesús. Tienen la oportunidad de reconocerlo, pero rehusan hacerlo. Es un breve interrogatorio. Al final sólo se remiten a hacer una pregunta concreta: "¿Eres tú el Cristo? Dínoslo". Saben que ésta fue la pretensión de Jesús; por otro lado, la pregunta no puede implicar que sus inquisidores le quieran creer. Por eso podemos describir la pregunta así: "Si tú eres el Cristo, dínoslo, para que podamos condenarte". Jesús los desenmascara y responde: "Si os lo dijere, no creeréis; y también si os preguntare (tratando de convencerlos por medio de contra-preguntas), no me responderéis (dejándoles convencidos), ni me soltaréis". Este juicio nada tiene que ver con un interrogatorio objetivo y positivo, pues la condena ya ha sido dictada de antemano. Pero una vez más, Jesús hace un llamado a sus acusadores al decir: "Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios". Con estas palabras vuelve a lo último que dijo en el templo cuando estaba conversando con los líderes del pueblo. En ese momento, dijo que Él es el Hijo de David, pero a la vez era mucho más que eso, era su Señor (20,41-43). Su sufrimiento no es error de cálculo, sino el camino hacia su gloria. 

  Los líderes no se dejan convencer, sino que persisten en su rechazo. Quieren oír de Cristo palabras por las cuales puedan condenarlo. ¿Eres tú el Hijo de Dios? Jesús lo afirma de una manera especial: "Vosotros decís que lo soy". Es como si Jesús dijese: "Ustedes lo dicen sin creerlo, pero si quieren saberlo, sí, yo soy". Para los jueces eso es suficiente, por tanto pueden condenarlo por blasfemo.

* El poder de las tinieblas es fuerte, pero nadie puede negar la majestad de Jesús, ni detener el avance de su poder.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1-2. La cooperación diabólica entre Judas y el sanedrín está dentro de los planes de Dios. Jesús debe morir para dar vida a los suyos. Muchas veces parece que son los hombres u otros poderes los que están gobernando. En realidad es Dios quien actúa como Rey. Mientras que Judas y el sanedrín trabajan juntos, Jesús prepara la cena que muestra el gran amor por los suyos.

3. En la santa cena recibimos la plena certeza de que el reino de Dios ya viene.

La muerte de Jesús es la base de nuestra entrada a este reino, mientras que la resurrección nos da la garantía de que no hay ningún obstáculo para Dios a fin de hacernos llegar su reino. Allí estaremos siempre con Él, disfrutando sin interrupción alguna de su compañía.

4a. En el reino de Dios el valor más alto es el servicio. Cristo lo hizo primero para nuestro bienestar eterno. Sigámosle a Él con humildad, ya que por nuestro fiel servicio otros pueden conocer mejor al Rey Jesús.

b. Sólo la oración de Cristo nos protege de la apostasía. Esto significa que nuestra total dependencia sólo está en Él. Muchas veces confiamos demasiado en nuestro amor por el Señor y nos olvidamos de nuestra debilidad. Eso es nada más que un acto de orgullo.

c. El tiempo antes del retorno de Jesús se caracteriza por la persecución. Vendrán tiempos en los cuales será muy difícil la predicación del evangelio, por tanto amémonos con amor fraternal y encomendémonos a la intercesión de Cristo por nosotros.

5. El peso del sufrimiento de Jesús era el peso de la ira de Dios sobre nuestra culpa. Podemos conocerla a la luz de la santa ley de Dios, pero aún más profundamente a través de lo que Jesús padeció a causa de ella (de nuestra culpa): el sudor de Jesús cayó como grandes gotas de sangre en la tierra.

6. La hora de satanás fue la hora más terrible que hubo. Las tinieblas pudieron descargar, por un acto permisivo de Dios, todo su odio en contra de Jesús. De esta manera Jesús conquistó a satanás e hizo posible para nosotros una vida en la luz de la presencia de Dios.

7. Aunque Pedro cortó el vínculo con Jesús, Él lo mantuvo mirándolo con amor. Gracias a Dios, el amor de Jesús es mucho más grande de lo que podamos pensar. No escondamos nuestra debilidad, sino que admitámosla para apoyarnos sólo en la gracia del Señor Jesús.

8. El poder de Jesús se manifestó justamente en el hecho de no usarlo para resistir a sus burladores; todo esto lo hizo en favor nuestro. No hizo uso de su poder condenando a los que se burlaban de Él, sino que soportó las mofas concernientes a su poder y majestad. Lo había profetizado, sabiendo que el sufrimiento era necesario para librarnos del juicio de Dios, y además un paso hacia su gloria eterna.

9. A Jesús le costó la muerte confesar quien era; pero para nosotros, esto significa vida eterna. En el camino hacia la cruz hay escalones de suma importancia, como la lucha en Getsemaní y, ahora, la perseverancia en su confesión de ser Hijo de Dios. ¡Tenemos un Salvador quien no cedió ante la tentación de optar por un camino más fácil!

Lucas 23

1. (23,1-12) Ya que el sanedrín no podía emitir la sentencia de muerte sobre Jesús y ejecutarlo el mismo día, le llevan para presentarlo a Pilato a fin de que éste lo haga inmediatamente, y así esconder hipócritamente sus deseos malignos ante el pueblo. Pilato, en lugar de estar en Cesarea, siempre se hallaba en Jerusalén para la pascua. Ellos empezaron a acusar a Jesús con falsos cargos, diciendo que Él prohibió al pueblo pagar tributo (ver Luc.20,25), y que además Él mismo se había proclamado rey. Los miembros del sanedrín hacen una falsa interpretación de la palabra "rey", como si Jesús quisiera desplazar a los romanos.

  Cuando Pilato le pregunta a Jesús si todo esto es verdad, Él no lo niega, ya que así, sufriendo, es el Rey de los judíos, y no un revolucionario. Cuatro veces (comp. los vv.4, 14, 20, 22) Pilato lo declara inocente. En el v.4, Pilato lo dice por primera vez. Los acusadores tienen la oportunidad de cimentar su juicio. Los jueces judíos porfiaban haciendo observar las proporciones de sus actividades: no es algo que ocurre sólo en Jerusalén, decían; sino, que Él está enseñando y por lo tanto intoxicando a todo el pueblo, en Galilea y por toda Judea hasta en Jerusalén.

  Al oír Pilato que Jesús era de Galilea, aprovecha la oportunidad para remitir el asunto a Herodes, quien también se encontraba por aquel entonces en Jerusalén. No era necesario hacer esto, pero Pilato lo hace para deshacerse de ellos. Para Herodes el encuentro con Jesús era motivo de diversión, y un momento para satisfacer su curiosidad, ya que había oído tanto de Él, y de las maravillas que había hecho. Herodes hace muchas preguntas, pero Jesús no le responde ninguna. El que silenció a Juan, ahora recibe el silencio de Jesús. Mientras tanto los principales sacerdotes y los escribas le acusan vehementemente. Estos esperan que Herodes proceda a la ejecución de la sentencia. Herodes, sin embargo, se niega a hacerlo. Para Herodes el conocer a Jesús, fue simplemente pasar un rato de esparcimiento, riéndose irónicamente de Él; luego de forma despectiva vuelve a mandar a Jesús ante Pilato, pero esta vez vestido de ropa real. Este reconocimiento mutuo produce una amistad entre estos dos gobernadores.

* Pilato y Herodes se unieron contra el Rey ungido Jesús (Hechos 4,27), pero Dios es soberano, así que ellos en su maldad sólo cumplieron con el plan de Dios.

2. (23,13-25) En este pasaje Pilato repite varias veces que Jesús es inocente y que por lo tanto quiere soltarlo (14-16). Lo único que está dispuesto a hacer es castigar a Jesús, mandándole a azotar como señal de advertencia. Inmediatamente la multitud, aparentemente influída por sus líderes, hace una proposición a Pilato: él puede tomar a Jesús como reemplazante de un cierto Barrabás, un criminal reconocido. En este caso no es necesario condenar a Jesús, sino solamente tomarlo como reemplazante. Pilato está `firme' y no abandona su decisión de soltar a Jesús (v.20). Ahora la multitud no presenta más acusaciones, solamente grita: "¡Crucifícale, crucifícale!" Nuevamente, por tercera vez, Pilato le declara indirectamente inocente ("¿Pues qué mal ha hecho éste?") e intenta soltarlo. Lo único que la multitud puede hacer es gritar con rabia ciega que se crucifique a Jesús. Pilato sucumbe a la voluntad del pueblo en vez de mostrar justicia. El revés tiene lugar, el criminal es soltado y Jesús entregado a la voluntad del pueblo.

* Herodes y Pilato declaran a Jesús inocente. Él es el Cordero inocente, que reemplazó a los impíos.

3. (23,26-43) Como una señal de burla se busca a un `siervo' para Jesús, que pueda llevar la cruz tras Él; el obligado a hacerlo fue un cierto Simón de Cirene. Le seguía una gran multitud, entre ella muchas mujeres que lloraban por Él. Pero Jesús las amonesta al decir que es un malentendido pensar que Él está mal, al contrario ellas estarán mal si no reconocen a Jesús como Mesías y Salvador. Vendrán días en que se les llamará felices a aquellas mujeres que no tienen hijos. Todos desearán que el mundo se vuelva al revés, diciendo a los montes: "Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos". Eso es el grito de Oseas 9,8 de parte de los incrédulos cuando el Señor vuelva para juzgarles. Si esto le sucede al árbol verde, al Hijo de Dios sin pecado, ¿qué pasará con el árbol seco, a la persona que en su vida no dio frutos de arrepentimiento? Entonces se cumplirá la palabra de Juan, que "el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego (Luc. 3,9)".

* El árbol verde, Jesús, será quemado por el fuego de la ira de Dios. ¿Qué sucederá con el árbol seco (el pecador) que no da frutos (reconocer a Jesús)?

  Una vez que han llegado al cerro Calvario, colocan a Jesús al lado de dos criminales, haciéndole ocupar un lugar de honor entre ellos: en el medio. Todo esto es una confabulación para burlarse de Jesús como rey. Pero Jesús, lleno de amor ora: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Parece que Él está perdiendo, pero en realidad, la gente al atentar contra Jesús, no sabe lo que hace. Esta oración se cumple cuando Pedro, después de corto tiempo, dice: "Sé que por ignorancia lo habéis hecho... arrepentíos y convertíos" (Hech. 3, 17-19). A la vez, Jesús cumple con su oración la profecía de Is.53, 12.

  A continuación leemos cuatro reacciones de los que fueron testigos de la muerte de Jesús:

a. De los soldados. Al repartir y echar suertes sobre los vestidos de Jesús, los soldados muestran cuán ignorantes eran en relación a los acontecimientos (Salmo 22,19). También se burlan de Él (vv.36-37) y le gritan: "Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo". Ofrecerle vinagre también es una expresión de burla, ya que aparentemente no puede salvarse a sí mismo. Las palabras, "Este es el Rey de los judíos", tienen el mismo objetivo: burlarse de este rey impotente.

b. Del pueblo. Ellos están mirando con una actitud neutral, aunque neutralidad ante Jesús es imposible.

c. De los gobernantes. Ellos estaban burlándose. No (re)conocen el poder y la majestad de Jesús. Si Él es el Cristo, entonces, dicen ellos, tiene una excelente ocasión para salvarse así mismo y demostrar con esto que Él es el escogido de Dios.

d. Uno de los malhechores. Uno de ellos, frente a la muerte, se atreve a burlarse también de Jesús; si Jesús es Rey, dice el criminal, manifiéstelo y sálvese a sí mismo y sálvenos a nosotros. El otro, sin embargo, teme a Dios y reconoce lo justo que es esta condena para ellos, enfatizando lo injusto que es para Jesús la muerte, pues es completamente inocente. El criminal se arrepiente y ora diciendo: "Acuérdate de mi cuando vengas en tu reino". A través de esta petición muestra que reconoce a Jesús como el Mesías y Salvador. La respuesta es una promesa hermosa de Jesús; Él, como Rey, abre la puerta hacia su reino: "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso". Jesús sigue entonces salvando, aunque los demás piensen de otra manera. La palabra `paraíso' deja en claro que Jesús lleva aun a los criminales hacia el estado de inocencia.

* Quien no reconoce a Jesús como Mesías es ciego y no recibirá nada. Sólo para aquel que le reconoce se abren las puertas del paraíso.

4. (23,44-49) De pronto se hizo medio día y sobre todo el país se extendieron tinieblas. No cae ningún rayo del cielo que mate a los que se burlan de Jesús. El cielo calla, como si Dios se escondiera y abandonara a Jesús. También se rasgó el velo del templo. Dios abandona el templo. Sólo a través de Jesús hay entrada al paraíso. Jesús mismo encomienda su espíritu en las manos de su Padre, en la fe que Éste resucitará su cuerpo al tercer día. El centurión que tenía la responsabilidad de la crucifixión, reconoce a Jesús como una persona justa. La muerte de Jesús va a dar su fruto, pues el pueblo mismo cambia su actitud de neutralidad y como señal de arrepentimiento se golpea el pecho. Aquí empieza la respuesta a la oración de Jesús; el pueblo es introducido en un proceso de preparación para la predicación de los apóstoles unas semanas después en el día de Pentecostés. Los conocidos y las mujeres miraban de lejos. Las palabras "mirando estas cosas" nos hablan de preocupación, pero a la vez de impotencia.

* Jesús murió como el Justo por los injustos. Su obra, que para algunas parecía descabellada, dió los frutos que el Señor esperaba.

5. (23,50-56) El sacar el cuerpo de Cristo tiene lugar no por iniciativa de las mujeres ni de los demás conocidos, sino de una persona aún desconocida que no había sido mencionada antes en este evangelio, pero que ahora se acerca para sacar el cuerpo de Cristo y sepultarlo. "Había un hombre llamado José de Arimatea". Este hombre tiene que ser presentado por primera vez: es miembro del sanedrín, según algunos intérpretes; según otros, del gobierno de alguna ciudad. Lucas dice que es un varón bueno y justo, que también esperaba el reino de Dios. Probablemente había prestado oído a la predicación de Juan el Bautista. Ante su preocupación por el entierro de Jesús se ve que le reconoció como el Ungido de Dios. No estuvo de acuerdo con todo lo hecho por los líderes. El hace uso de su alto cargo para presentarse ante Pilato y pedir el cuerpo de Jesús. Luego que se le concedió el permiso, quitó de la cruz el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie (ver Is. 53, 9). Todo debía hacerse en forma rápida, ya que era el día de preparación (del sábado tan especial, de la pascua), y en seguida comenzaría el día de reposo. Las mujeres le siguieron y volvieron con especias aromáticas y ungüentos para expulsar el olor desagradable de la muerte. Sin embargo, por respeto hacia el día de reposo tuvieron que esperar un día.

* Jesús fue sepultado, llevando hasta el fin nuestra culpa. Así hizo que nuestro sepulcro se convirtiera en una casa de esperanza hacia la resurrección final.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1. La "comunión de los incrédulos" se caracteriza por su menosprecio hacia Jesús. Pilato no sabía qué hacer con Jesús; Por otro lado, Herodes menosprecia profundamente a Jesús. Este último deseaba verlo, pensando que era Juan el Bautista. Por tanto, no era un interés genuino, sino el deseo de satisfacer la curiosidad. Por ello Jesús guardó silencio ante él. Es terrible cuando Dios no quiere hablar más con nosotros y se retira de nuestra presencia en un silencio absoluto. La amistad entre ambos gobernadores fue para silenciar su conciencia, fue una especie de "la comunión de los no santos". No obstante, ni Pilato ni Herodes fueron capaces de impedir que se cumpliese la voluntad de Dios. Jesús no murió debido a la actitud indecisa de Pilato o el menosprecio de Herodes, sino según el plan de Dios, del cual ambos gobernadores eran simplemente los ejecutores. Reconozcamos este maravilloso plan llevado a cabo para nuestra salvación,  buscando la comunión con todos aquellos que aman de corazón al Señor.

2. La declaración de la inocencia de Jesús es evangelio: con su inocencia cubre nuestra culpa. Pilato tuvo que declarar directamente al pueblo la inocencia de Jesús. Herodes lo hizo indirectamente al volverlo a enviar a Pilato. La petición del pueblo, ante la cual Pilato sucumbe, es la única explicación de la muerte de Jesús: Él reemplazó a un criminal. Así fue el sustituto de todos los impíos que confiesan su culpa a Dios y le piden perdón en base al sacrificio de su Hijo.

3a. No hay que llorar por Jesús, sino por nosotros mismos. Las mujeres que miraron a Jesús en su viaje al Calvario comenzaron a llorar por Él; parecería lógico sentir pena por alguien en esta situación, sin embargo, está mal orientada cuando se aplica a Jesús. Él no moría como señal de impotencia, sino de amor. La gente no debe sentir lástima por el sacrificio de Cristo, mas bien deben sentir congoja por su futura condición de condenación si no se arrepienten. Jesús sufrió inocentemente. Así que si no nos arrepentimos y ponemos nuestra fe en Él, seremos echados como árboles sin frutos en el fuego eterno. Todavía podemos acudir a Él, que se dejó echar en las llamas de la ira de Dios por nosotros.

3b. Todos los que se burlan de Jesús muestran su ceguera espiritual. Burlarse de Jesús significa no conocerse a sí mismo como pecador por quien Jesús debió morir. Además, es no conocer la misericordia de Dios que hizo morir a su propio Hijo por nosotros. Oremos por todos los que menosprecian al Señor; sigamos el ejemplo de Jesús, para que Dios abra sus ojos y puedan ver la realidad de sus vidas.

3c. El que reconoce su culpa, incluso en el último momento, hallará una puerta abierta a la comunión eterna con Dios. Una de las características del arrepentimiento genuino es aceptar el castigo que merecemos: "Nosotros, a la verdad, justamente padecemos (v.42)". La sorpresa del evangelio es que aquel que se condena a sí mismo, es absuelto. El criminal al lado de Jesús recibió acceso al paraíso, el lugar de absoluta inocencia en la presencia de Dios.

4. Todo pecador que se acerca a Dios por medio de Jesucristo, lo encontrará como un Dios de gracia. Dios aceptó de inmediato el sacrificio de Jesús, rasgando el velo del templo. Él no vive más allí: el sacrificio único de Jesús es suficiente para todos nuestros pecados y pone fin a los sacrificios de animales.

5. Contra la impotencia del hombre se manifiesta el poder de Dios. Lo único que José de Arimatea pudo hacer fue sepultar a Jesús. Lo único que las mujeres pudieron hacer fue mirar de lejos, y después de la muerte preparar especias aromáticas. Ni siquiera pudieron realizar la unción del cuerpo de Jesús. La tumba de Jesús fue una habitación temporal, vale decir, usada muy poco tiempo. Y aunque somos nosotros los que deberíamos estar eternamente en ella, su tumba nos predica: "Esta es su habitación transitoria, ¡sólo un momento y todos los creyentes estaremos en nuestra casa definitiva!"

Lucas 24

1. (24,1-12) Después de la muerte de Jesús, algunas mujeres se acercaron a la tumba en donde, según ellas, yacía su cuerpo. Sin embargo, a pesar de que visitaron el sepulcro el primer día, siendo muy de mañana, se encontraban muy lejos del Jesús vivo. Una vez que hubieron llegado cerca de la tumba descubrieron que la piedra no estaba en su lugar, percatándose además que el cuerpo de Jesús ya no estaba allí. La distancia hacia el Maestro parece ahora aún mayor que la que había hacia su cruz. Sorpresivamente, cuando las mujeres observaban perplejas, se presentaron ante ellas dos varones con vestiduras resplandecientes. Esta ropa indica su origen celestial, mientras que el número dos da plena certeza a sus palabras como testigos (ver Deut. 19, 15 y Mat. 18,16).

  Los ángeles, al darse cuenta del temor y gran respeto de estas mujeres, las consuelan, diciendo: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?" Las mujeres, aunque llegaron muy temprano, igual lo hicieron demasiado tarde. Están buscando a un muerto en vez de a uno que vive. El Jesús vivo no está en el sepulcro; así lo afirman los ángeles, al decir: "Él no está aquí, sino que ha resucitado". Las palabras de los ángeles no son nuevas. Las mujeres habían podido saberlo, pues Jesús ya había anunciado su muerte y resurrección estando en Galilea: "Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día" (v.7). Los ángeles predican la Palabra del Señor. La Palabra de Dios es el fundamento de la fe.

  Las mujeres se acordaron de las palabras de Jesús y creen lo que han dicho los ángeles, aunque todavía no han visto a su Señor. El sepulcro está vacío, y las palabras de los ángeles, es decir, las palabras de Jesús (compare v.7 con Lucas 9,22 y 18,31-33) forman la base firme de la fe de las mujeres. Ellas con premura dieron las buenas nuevas de todas estas cosas a los discípulos y a todos los que seguían a Jesús. Pero ellos no creyeron lo que éstas decían, les parecía una locura. Aunque podemos entender la incredulidad de ellos, ante los ojos de Dios ésta era un pecado grave. Los discípulos no sólo actúan con incredulidad ante las palabras de las mujeres, sino también ante las de Jesús mismo, puesto que Él ya había predicho su muerte y resurrección. Sólo Pedro (el evangelio de Juan nos dice que Juan también le acompañó) corrió al sepulcro y al ver todo, en especial los lienzos abandonados, como si Jesús se hubiera levantado y los hubiera ordenado cuidadosamente, se fue a casa maravillado. La fe comienza a levantarse lentamente.

* Jesús padeció y resucitó de acuerdo a sus propias palabras. Se debe creer a las promesas del Señor.

2. (24,13-35) Lucas es el único que relata la historia de los dos discípulos que estaban en camino hacia Emaús. Ella es parte de una historia aún más amplia (comp. los vv.33-35) de cómo los discípulos de Jesús llegaron a la fe en la resurrección. Los dos se fueron de Jerusalén, porque ya no tenían nada que buscar allí. Para ellos, Jesús ha muerto y con ello se ha puesto fin a sus expectativas. Caminaron hacia Emaús, unos 11 kilómetros de la capital. Uno de ellos se llamaba Cleofas (de Cleopatros), a lo mejor el mismo de Juan 19,25. Mientras caminaban y discutían entre sí lo ocurrido en los días anteriores, y seguramente lo de las noticias de las mujeres, se allegó Jesús mismo a su lado. Nótese que Jesús ahora no se revela, al contrario: Dios cierra los ojos de los discípulos para que no puedan reconocer físicamente a Jesús. Él hace otra cosa, les pastorea haciéndoles preguntas de por qué se encuentran tan tristes. Se asombran muchísimo, todos saben lo que ha sucedido, y todos hablan de ello. Entonces, preguntan: "¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?" Como buen Pastor, Jesús les deja hablar desde su incredulidad y derramar su corazón ante Él. Ellos tratan a Jesús como una persona ajena al asunto, hablando de Él como profeta quien actuaba como hacedor de milagros. Hablan de su muerte por parte de los líderes del pueblo, quienes terminaron con la esperanza de que Él redimiría a su pueblo (el verbo griego para redimir, `lutrousthai' es usado en relación a esclavos y no de enemigos; por tanto, ellos supuestamente se refieren a la liberación de los pecados y sus consecuencias). Sin embargo, la esperanza ha desaparecido y hay que asumirla, pues ya era el tercer día desde que esto había acontecido, es decir: la esperanza se esfumó, pues para los judíos el cuarto día era el momento cuando el alma salía del cuerpo. ¿Existe al menos un vago recuerdo de las palabras de Jesús, concernientes a la resurrección? Parece que no, ya que sólo pueden comentar que unas mujeres fueron a la tumba, pero sin encontrar a Jesús en ella.

  Todavía Jesús no revela su identidad, sino que hace otra cosa, aún más importante. Un día no estará más aquí en la tierra y su pueblo igual debe creer. Por lo tanto, antes de revelarse pone un fundamento firme bajo la fe de ellos, mostrando que su resurrección se basa en las Escrituras. Les reprocha insensatez y lentitud en cuanto a su fe en la enseñanza de las Escrituras, en todo lo concerniente al sufrimiento y la gloria del Mesías. Les hace ver que era el deber del Mesías sufrir y morir antes de llegar a su gloria. Esta era la voluntad de Dios con respecto a adquirir la salvación para su pueblo. Aunque no creen inmediatamente, sí deben reconocer después (v.32) que su corazón ardía mientras Jesús hablaba. Por lo menos, algo de su esperanza perdida comenzaba a recuperarse. Además, Jesús los prueba actuando como si quisiera irse, pero lo detienen pidiéndole que se quede con ellos. Allí en la casa el Señor nuevamente toma la iniciativa, bendiciendo y partiendo el pan; sólo ahora el velo les es quitado. Inmediatamente le reconocen como Jesús, su Señor. No obstante, cuando el velo es quitado, Jesús se va; mientras que teniendo el velo, estaba con ellos. El momento tan breve de su revelación es sólo una añadidura y una referencia a su ascensión en la cual se irá definitivamente hasta su retorno.

* La Palabra de Dios debe ser suficiente como base de nuestra fe. ¿Es suficiente para nosotros?

3. (24,36-53) En este pasaje Jesús se aparece a todos sus discípulos, saludándoles con la paz que está en Él. La reacción es muy extraña: estaban hablando (aparentemente con gozo y fe) de la aparición de Jesús a Simón y a los dos de Emaús, cuando de pronto el Señor se aparece a ellos. Mas ahora no pueden creer que Jesús ha resucitado, sino que creen estar viendo a un espíritu. Cae temor sobre ellos, porque pese a las apariciones anteriores no pueden creer en la resurrección física. Se ve, entonces, claramente que la historia de la resurrección no es un invento de los apóstoles; ellos mismos tenían que ser convencidos por Jesús de la verdad de su resurrección al palpar y ver sus manos y pies que aún llevaban las cicatrices de su sufrimiento. Además, aunque su temor ya se había convertido en gozo, les pidió algo de comer, ya que todavía no podían aceptar que era Jesús resucitado. Tan tenaz era la incredulidad de los discípulos, que buscaron algo para que Jesús comiese. Jesús tenía que quitarles el impedimento que les dificultaba entender las Escrituras. Ahora les abre el entendimiento para que comprendan lo que dicen las Escrituras acerca del sufrimiento del Mesías. Según las Escrituras era necesario (ya que así era la voluntad de Dios, para que de esta manera llevara nuestra culpa) que Él padeciese y resucitase de los muertos al tercer día.

  Vale hacerse la pregunta de por qué Jesús abre sólo ahora su entendimiento y no antes. Hay dos razones. Debemos saber que nadie comprende el evangelio por sí mismo. Todos necesitamos la iluminación del Espíritu Santo. Por otro lado, Jesús lo hizo sólo después de la resurrección porque debía sufrir todo solo, sin ayuda de nadie.

  Fue la voluntad del Padre para nuestra salvación que Jesús muriese y resucitase. El versículo 47 muestra que asimismo es la voluntad de Dios para nuestra salvación (la frase sigue dependiendo de las palabras `era necesario') que se predique el evangelio en todo el mundo. Los elementos básicos del evangelio son siempre el arrepentimiento y el perdón de nuestros pecados. Lo que Juan el Bautista predicaba (ver Lucas 3) se hizo realidad en Jesús. Por medio de su sacrificio hay perdón. El camino para adquirir este perdón es volver a Dios con un corazón contrito, pidiéndole perdón y despojándonos de toda maldad. Todo el mundo se apartó de Dios; pero en Jesús, Dios extiende su mano a todas las naciones para que entren en una nueva relación con Él. Se debe comenzar en Jerusalén, la capital del pueblo de su pacto. Nadie puede cortar esta relación que Dios tiene con su pueblo. Por ser testigos oculares del Jesús resucitado son más aptos que cualquiera. Pese a ello, no estaban lo suficientemente capacitados hasta que llegara el Espíritu Santo (la promesa de mi Padre), el poder de lo Alto. Es el Espíritu de Cristo quien les concedería fuerza, valentía y autoridad para predicar.

  En el versículo 50, Lucas habla de la ascensión de Cristo. Sin embargo, lo relata de tal forma que es continuación de lo anterior. Es decir: Lucas quiere mostrar que la orden de predicar el evangelio por el poder del Espíritu Santo es a la vez una promesa, pues en su ascensión les está bendiciendo, dándoles la seguridad de que cumplirá su promesa antes expuesta. Por lo tanto, los discípulos no tienen por qué sentirse tristes ni desanimados, sino gozosos. En breve, Jesús volverá; aún no físicamente, pero sí en el poder de su Espíritu, razón suficiente para esperarlo y adorarlo en su casa de oración, el templo.

* Dios nos preparó la salvación y nos deja predicarla para que seamos restaurados en comunión con Él. ¿Creemos en el evangelio y lo compartimos con otros?

Síntesis aplicativa de temas importantes

1-3. Hemos de aprender que la palabra de Dios, su promesa acerca de la resurrección de Cristo y de nosotros, es suficiente. En todo el capítulo 24 se nos muestra que la Palabra debe ser suficiente norma de autoridad y convicción, sin necesidad de `añadiduras'. En el primer pasaje los ángeles hacen referencia a las Escrituras; en el siguiente, Jesús no se deja conocer desde el principio, ya que la base no debe ser su aparición sino su Palabra y Promesa infalibles. Si en el tercer pasaje Jesús se deja ver y palpar, aun hasta comer pescado asado y miel, es para ser benévolo con ellos, sabiendo que el ser humano es tan débil que muchas veces necesita lo visible y lo palpable para creer. Sin embargo, para nosotros debe ser suficiente la predicación en base al testimonio de  los testigos oculares.

1. Lo que debiéramos esperar como promesa de Dios, a veces lo recibimos con gran sorpresa como si Él nunca lo hubiera dicho. La resurrección de Jesús fue una sorpresa inesperada para sus discípulos. A las mujeres les llama la atención que la piedra que guardaba la entrada había sido removida, sin embargo, más intrigante fue el hecho que no encontraron el cuerpo de Jesús en el lugar en donde debería haber estado. A pesar de esto no pueden interpretar los sucesos a la luz de las palabras de Jesús, sólo las recuerdan cuando los ángeles se las recuerdan. La resurrección no debió haber sido una sorpresa, sino la espera consciente del cumplimiento de lo dicho por Jesús. Pero nosotros hubiéramos hecho lo mismo, pues aunque creemos en un Dios poderoso a veces actuamos como si no conociésemos la fidelidad de su Palabra.

2-3. Nadie puede entender el evangelio sin la iluminación del Espíritu Santo. Predicador y receptor necesitan ambos la oración solicitando la luz de Dios para conocer el por qué de la necesidad del sacrificio de Jesús y la certeza de su resurrección como garantía de nuestra vida eterna. Por un lado son nuestros pecados los que hicieron necesario que Jesús muriera. Por otro lado era la bondad y la voluntad del Padre, que en su gracia optó por este camino tan doloroso para su Hijo Jesús.

2. El hecho de que Jesús, cuando le reconocieron, desapareciera casi de inmediato refleja la realidad en donde vivimos.  No andamos por vista sino por fe. Esto debe ser suficiente. Por eso Jesús, antes de revelarse, les enseñó a los suyos el fundamento escritural de la resurrección. A nosotros nos gusta sentir seguridad a través de lo que vemos, y quisiéramos ver en forma visible muchas cosas acerca del reino de Dios, pero esto está reservado para el día cuando Cristo se manifieste, mientras tanto dependemos del Señor para seguir caminando en esta vida de fe. Meditemos cada día más en la Palabra, y encontraremos en ella el alimento que necesitamos para fortalecer la fe en Jesús.

3a. A la grandeza de la salvación le corresponde una predicación mundial del evangelio. La orden de Jesús de predicar el evangelio en todas las naciones es parte de la voluntad de Dios para nuestra salvación. Esto implica una doble responsabilidad: (1) De parte de la iglesia. Dios quiere que prediquemos el evangelio, ya que si no lo hacemos la gente no conocerá el camino de la salvación. (2) De parte de los oyentes. La predicación no es un consejo humano, sino un mensaje divino. Sin la predicación seguiríamos viviendo en las tinieblas. Gracias a Dios, la iglesia, aunque no siempre, ha obedecido al mandato de Cristo. ¡Debemos obedecerlo!

3b. El poder del Espíritu Santo es imprescindible para la predicación del evangelio. Sin este poder nuestra predicación sería una actividad meramente humana. ¡Busquemos siempre el ser llenos del Espíritu de Dios para que nuestro ministerio sea eficaz!

Rev. Pieter J. Den Admirant: LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA

Este libro fue editado y distribuido por Fundación En la Calle Recta.
Más información en su sitio de web:
http://www.enlacallerecta.es/

En cooperación con la Liga Misionera Reformada en la Iglesia Reformada en Holanda



              [1]. Este censo no corresponde al mismo tipo de censo que se estipuló en el tiempo de Cirenio, gobernador de Siria. La R.V. traduce el primer censo, pero probablemente en este caso la mejor tra­ducción es: el censo preceden­te al de Cireno que era muy conocido, al cual se refiere Gamaliel en Hechos 5,37. Este censo es menos conocido, probablemente se hizo en partes.

     [2]. En vez de traducir mesón es mejor pensar en una sala común, porque para mesón Lucas utiliza otra palabra en Lucas 10. En Lucas 22 se utiliza la misma palabra para señalar dónde se celebró la Pascua.

     [3]. La genealogía de Mateo y Lucas difieren mucho en cuanto a los nombre que ambos colocan en la descendencia de Jesús. Se ha propuesto la siguiente solución: la de Mateo es la genealogía de José y la que Lucas nos presenta es de María. Sin embargo, en ninguna parte se nos dice que María era de la casa de David, sólo de José se dice esto. Jesús nació en la casa de David por parte de José quien fue considerado como su padre. Además, también Lucas, igual que Mateo, da la clara impresión de describir la genealogía de José. La solución puede ser que Mateo sigue la línea de los reyes sin necesariamente querer decir que es la genealogía más directa de Jesús.

     [4]. Hay otra interpretación plausible: Lucas advierte más que Mateo contra el peligro de la riqueza (Mateo enfatiza más el del orgullo, por eso dice "pobre en espíritu"); y destaca más la pobreza real que sufren los discípulos, por la cual buscan más que los ricos su refugio en Dios.