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LA
ÉTICA ECONÓMICA DE LOS PURITANOS
Y
LA
TEOLOGÍA O EVANGELIO DE “PROSPERIDAD” DE HOY
Mario Cely Q. (Th. M.)
Seminario Teológico Reformado de
Colombia (Bogotá)
INTRODUCCIÓN
No hay duda que hoy estamos en presencia
de un “materialismo cristiano” como parte componente de un estilo de vida
eclesiástica que amenaza con convertir el cristianismo en una religión más. Los
énfasis monetarios y de prosperidad propuestos por una sección de la cristiandad
ciertamente han resultado exitosos para muchos y, a su vez, han despertado la
curiosidad de otros creyentes que probablemente, aunque fieles a Dios y con
buena doctrina y teología, podemos estar viviendo en verdadera privación
económica y material en general. Muchos dentro de la iglesia cristiana, ante la
imagen sobresaliente de los pastores ricos y adinerados —sobre todo del
trasfondo pentecostal-carismático— se han estado preguntando si a la hora de la
verdad la vida cristiana y el servicio a Dios se reduzca a la búsqueda de la
“absoluta comodidad” que puede ser producida por un ministerio que genere
grandes ingresos económicos como una gran vaca lechera.
El
asunto es que está comprobado, no podemos negarlo. Ciertas apelaciones u
“ofertas religiosas” a nivel instintivo, económico y psicológico impuestas
sobre la psique de quienes escuchan realmente “funcionan” como por arte de
magia —aunque a esto le llamen “obra de Dios”—. Al poco tiempo, aquella iglesia
lánguida y moribunda, reverdece y se ve llena de multitudes, las que a su vez
prodigan al predicador grandes ingresos; y no importa que éste no diga “toda la
verdad y nada más que la verdad” del mensaje bíblico. Si con destreza logra
aplicar fiel y formalmente las técnicas que desde hace mucho tiempo nos
enseñara el pragmatismo y el utilitarismo, tendrá garantizado no
cualquier éxito, sino “un gran éxito ministerial” con abundancia de riquezas y
bienes de este mundo. No lo dudemos, esto es cierto y además está comprobado
que los resultados y “éxito” ministerial son una realidad a partir de la
credulidad e ignorancia del pueblo latinoamericano. Creo que esto es una seria
preocupación para muchos consiervos de Dios que con honestidad continúan en
servicio fiel pero no ven ni palpan lo que otros ven y están palpando.
Lo
que aquí exponemos es un esfuerzo por descifrar una de las experiencias más
coyunturales en que vive inmerso el cristiano sencillo de estos tiempos. El
mensaje de la denominada “teología o evangelio de prosperidad” es un desafío
que debe ser tomado en serio.
La
respuesta que aquí ofrezco está basado en su mayor parte en el capítulo 4 del
libro de Leland Ryken intitulado Worldly Saints: The Puritans as They Really Were (Santos Mundanos: Los Puritanos como Realmente Fueron, Grand Rapids,
MI: Zondervan Publishing, 1986). Este capítulo trata
con el tema del dinero y los puritanos. También hago uso de otras fuentes las
cuales están detalladas en el transcurso de este trabajo mediante las notas al
pie de página y en la bibliografía. A cada paso, el estudio no está referido al
“evangelio o teología de prosperidad”; el énfasis está puesto en la ética económica
de los puritanos, la cual, a mi juicio, constituye un oportuno y bien ponderado
estudio que confronta con éxito las propuestas del tipo de maestros en cuestión.
Los
criterios éticos sobre la prosperidad y vida económica que desarrollaron los
puritanos ingleses de la primera generación son bien diferentes de los que hoy
nos proponen los maestros de la “siembra y la cosecha”. Deberían ser tomados en
cuenta por todo cristiano serio que quiere crecer en una correcta
espiritualidad para con Dios y saber confrontar modas ético-religiosas como las
que hoy sobresalen bajo el manto del tipo de “bendición” propuesto por este
tipo de “maestros prósperos”. Veremos que no es sino un erróneo criterio
interpretativo y teológico dentro de límites carismáticos. Bajo este análisis
nuestro objetivo trazado es demostrar que los proponentes de la llamada
“Teología de la Prosperidad” siguen equivocándose en cuanto al manejo de la ética
monetaria o económica como supuesta e indiscutible señal de la bendición de
Dios. No nos referimos aquí por las grandes sumas de dinero que obtienen, sino
a tres motivos básicos: el primero tiene
que ver con “el concepto social del dinero”, el segundo, si aquellos pastores son capaces de tener posesiones sin
caer en la corrupción y de usarlas para los propósitos más altos del reino de
Dios; y en tercer lugar, hacemos
hincapié en el cuidado que hay que tener según las palabras de Jesús de Mateo
7:21-23.
Pero,
¡cuidado! Tampoco debemos olvidar que realmente existe un tipo de Prosperidad que está ligada a la sabia
voluntad de Dios y a la diligencia honesta dentro del ministerio o cualquier
otro trabajo. La respuesta a esta final inquietud deseo que el lector la
descubra en el cuerpo del presente estudio según las ideas y convicciones del
puritanismo y su ética económica. Es mi propósito que este estudio sirva de
apoyo para aquellos que se ven tentados a “tomar la piedad como fuente de ganancia”.
1. LA ÉTICA ECONÓMICA DE LOS
PRIMITIVOS PURITANOS
Los estudios sobre ética económica,
valor y uso del dinero que encontramos en los escritos de los primeros puritanos
entre el siglo XVI hasta finales del siglo XVIII son catalogados por algunos
expertos como estudios inéditos en la historia del protestantismo inglés. En
cuanto a Juan Calvino, reformador ginebrino, bien puede decirse que su
influencia en la ética económica de los puritanos fue más bien indirecta más
que directa. Esto en cuanto hace al espinoso tema de que “la prosperidad
material llega a ser una evidencia de la predestinación o elección de Dios”. El
profesor Theo Donner, a mi
juicio, está en lo correcto cuando dice que “no se puede identificar la
perspectiva puritana sin más con la perspectiva de Calvino”.
[1]
Aunque por otro lado, no se puede negar que la producción literaria inicial del
reformador francés fue ampliamente conocida y consultada por los puritanos
ingleses.
En
la Inglaterra de Oliver Cromwell también se produjeron circunstancias de
reforma bien notorias las cuales diferentes historiadores han catalogado la
Reforma en Inglaterra como “la otra reforma” o también han dicho que produjo
“experimentos teológicos originales”.
[2]
Mucho de esto tiene que ver con el enfoque de la justicia social y económica
producto de un pensamiento bíblico-puritano maduro importante de estudiar. En varios
aspectos, como hemos visto, la reforma inglesa fue sui generis respecto de la reforma continental.
Pero en relación con la influencia del
puritanismo en los asuntos de economía, trabajo, producción monetaria y
préstamo de dinero con interés, hay dos etapas bien delineadas en la historia
inglesa: una primera etapa estuvo
enmarcada aún por la influencia de la Edad Media y la Reforma; y una segunda etapa estuvo influenciada por la
modernidad producida igualmente en suelo europeo. Es aquí que surge un puritano
de diferente mentalidad pero cuestionable a la vez, porque cae en el nominalismo cristiano o lo que es lo
mismo, en el deterioro de la fe cristiana
emanada de la Reforma, episodio que comienza a producirse especialmente a
fines del siglo XVIII y todo el siglo XIX. Hacer comprensible estos análisis es
nuestro propósito a continuación. Pero, para el propósito del presente artículo
sólo trataremos con los puritanos de lo que aquí denominamos “de la primera
etapa”. Este puritanismo está ubicado tanto en Inglaterra como en los Estados
Unidos.
1.1. El puritanismo de la primera etapa: influencia de la
Edad Media y la Reforma del siglo XVI
Los
enfoques de la vida socio-económica –como dijimos arriba– tuvieron un escenario
realmente distinto en la vida del protestantismo histórico. Varios de los
reformadores ingleses como Hugo Latimer, el refugiado
Martin Bucer junto y Richard Baxter han sido considerados
como los representantes del ala izquierda de la Reforma en Inglaterra. Éstos
hicieron tronar sus enseñanzas contra los nuevos dueños del Estado
ridiculizando al mismo tiempo el derecho canónico tanto de Roma como de la
iglesia anglicana. Sin embargo, a Latimer se le mete
a la cárcel al acusarlo de que predicaba el odio de clases cuando declaraba que
“la pereza de los pobres no debía excusar y compensar la dureza de los ricos”.
En el Nuevo Mundo, John Cotton, John Winthrop, Richard Mather, Thomas Hooker y William Bradford mediante un
liderazgo con un fuerte sabor bíblico-teológico y clerical fueron artífices de
una administración pública más justa en relación con las distintas formas de
vida política al lograr una regulación adecuada del préstamo con interés para
la nueva sociedad que se vislumbraba como Estados Unidos de América.
[3]
En
el viejo continente el individualismo económico era perseguido como se
perseguía igual el no-conformismo religioso. De ahí que los nuevos ricos que se
lucraban con los préstamos al papado y los beneficios de la guerra eran
realmente escandalosos tanto para los católicos como para los protestantes. Los
asuntos económicos y sociales fueron vistos por los puritanos como órdenes y
poderes sin la bendición de Dios para
los pueblos a menos que existiera un verdadero “dirigismo cristiano”.
Ahora
bien, por un lado, mientras que en
Europa católicos y protestantes se disputaban todavía la hegemonía territorial
y la influencia cultural inculcando prescripciones éticas para hacer que el
rico no explotara al pobre mediante la usura, por otro lado, los puritanos quisieron demostrarle al mundo y a sí
mismos “que el cielo es de Dios y que el mundo entero no pertenece a mammon”. Los puritanos consideraban que la iglesia era en
verdad ingenua frente a los temas económicos. Aquellos tiempos encaraban
circunstancias difíciles de sobrepasar y Europa estaba en ebullición constante.
Los puritanos estaban viviendo en un siglo de nuevas luces y, sin embargo,
estaban convencidos de que no había nada que temer para su fe. Los escritos de
la mayoría de ellos muestran una persuasión común: Dios les manda a ser esforzados en construir y edificar un nuevo mundo,
el reino de Dios y su justicia. Así mismo, repudiaron el concepto de la
moral clásica que hacía depender la salvación de la sumisión bendita, obediente
y resignada al orden divino de nacimiento y naturaleza. Para el puritano más
bien, el orden depende de él en mayor medida que él depender del orden. Y
también afirmaban: “el carácter lo es todo, las circunstancias, nada”.
[4]
El
puritano de esta primera etapa que se localiza a mediados del siglo XVI y
comienzos del siglo XVII es alguien que cree que el cristianismo bíblico
permite una realización tanto en el hacer como el ser. Hoy algunos dirán que lo
importante no es tener sino ser.
[5]
Luego entonces, el puritano de aquellos tiempos es una mezcla explosiva de
trabajo y lirismo, de buena conciencia y de heroísmo; es anticlerical y de fe profunda,
es individualista y al mismo tiempo solidario, de energía humana y de humildad
ante Dios. Del mismo modo existe una paradoja que ha sido difícil de descifrar
para historiadores y teólogos: su
magnificente actitud hacia la riqueza y su lucha contra la pobreza, lo que en
varios instantes le hizo ser duro con los pobres. E irónicamente han sido
llamados “los socialistas y comunistas” de aquellos tiempos. Pero
entiéndase, el espíritu y filosofía de vida eran algo bien diferente. Nada
tuvieron que ver con el comunismo del siglo XX, que como se demostró, no podía
perdurar por mucho tiempo.
1.2. Opinión puritana sobre el trabajo,
la producción y el dinero
Cuando Martín Lutero llegó a ser un
monje de inmediato se sometió a lo que la iglesia católica tenía por “virtud”
cristiana: hizo el voto de pobreza y de castidad. Esto reflejaba el ya
establecido punto de vista católico de que la pobreza material es una virtud
inherente para una persona. Sin embargo, los Reformadores—incluyendo a Lutero
mismo—no lo vieron de esta forma. El punto de partida de su pensamiento sobre
el dinero y las posesiones fue que tales cosas por principio son algo bueno.
Los
puritanos estuvieron de acuerdo con Calvino al considerar que “el dinero es
bueno en sí mismo”. Además, recordemos que el libro de Eclesiastés declara que
“el dinero sirve para todo”, o “tiene una respuesta para muchas cosas” (10:19). Leland Ryken escribe acerca
de un puritano de nombre Samuel Willard de quien se
dice que “alabó a John Hull en su funeral, porque a la vez que ‘había sido un
buen comerciante, esto no le impidió ser un santo en la tierra que vivió por
encima del mundo sin incurrir en contradicción. La divina providencia –afirmó–
le dio a Hull una porción de prosperidad de los bienes de este mundo, pero en
todo demostró ser un cristiano íntegro”.
[6]
Como
podemos notar, los puritanos rompieron con el esquema medieval de ver la vida
económica y productiva, y más bien
afianzaron la idea de que el dinero debe servir para la mayor gloria de Dios y
el bien del hombre. Unido a esto, corrientemente encontramos opiniones como
las de Richard Baxter, que en aquellos días eran escándalo: “Todo amor de criatura,
el propio mundo o la riqueza no son pecaminosos en sí
mismos. Y por sí mismas, todas las obras de Dios son buenas”.
[7]
Considero
que en este punto Leland Ryken retrata bien lo que era el sentir del puritanismo, lo que a la postre fue la
transformación de la vieja mentalidad medieval que llegó a desembocar en lo que
llamamos la modernidad, estilo de vida
que todavía nos acoge, aunque hoy muchos afirmen que vivimos tiempos postmodernos.
Estas
mismas ideas también las encontramos en el puritano Samuel Willard quien puntualizó que “las riquezas son consistentes con la
piedad, y cuanto más uno tiene, tiene más ventaja de hacer el bien con ella, si
Dios le da el corazón para ello”. Y William Adams consideraba que los esfuerzos económicos eran dignos del afecto
Cristiano. Escribió que “el Cristiano tiene muchos negocios que hacer en y a
través del mundo los cuales debe con diligencia atender”.
[8]
Ampliando
estas ideas, aunque ellos afirmaban la bondad del dinero, hallaron necesario
defender los legítimos aspectos del mismo en contra de sus detractores. Por
ejemplo, William Perkins —uno de los grandes líderes de
la iglesia de Inglaterra— así lo reafirmó cuando en un sermón que predicó
basado en Mateo 6:19–20 menciona una lista de lo que Cristo el Señor no
prohíbe:
1)
Esfuerzo diligente en la vocación que uno tiene, porque a
través de este medio la persona se provee lo que necesita para sí mismo y para
los que dependen de él.
2)
El goce y posesión de bienes y riquezas: porque estas son
una bendición de Dios si son usadas correctamente.
3)
Acumular y atesorar bienes no está prohibido, y la Palabra de
Dios lo concede aquí con algún respeto”.
[9]
1.3. La ética puritana del trabajo, la tesis de Max
Weber y el problema de la generalización dentro de la “teología de la
prosperidad”
Tal
como podemos advertirlo, la fuente de las riquezas de las cuales hablaban los
puritanos tenía que ver más con una sólida disciplina en el trabajo, un
esfuerzo diligente y consciente para producir, pero mediante la honestidad y el
temor de Dios. A esto se sumaba una clara preocupación por la justicia social,
los buenos gobiernos y la integridad u honestidad de los gobernantes, amé de
una iglesia fuerte y agresiva. A diferencia de todo esto, la teología o
evangelio de la prosperidad ignora por completo estas cosas. Jamás se ocupa de
exhortar sabiamente a los gobernantes de los países de América Latina quienes
en gran medida generan pobreza a las propias masas que ellos mismos marginan
con leyes injustas de todo tipo Isaías 10:1,2). ¿Dónde están los proyectos
sociales, éticos y políticos de estas élites para mejorar el estilo de vida de
sus países y aún de sus propias comunidades donde han brotado templos de hasta
4 millones de dólares? Este “otro evangelio” que enfatiza la prosperidad
material por medio de la fe cae en una generalización que le hace perder el
equilibrio bíblico al pasar por alto los diversos factores que inciden en la
situación económica, social y política en que viven muchos creyentes en Cristo.
El
estilo de generar riquezas se da casi por un acto mágico de fe en la “siembra”
que debe hacer el creyente pobre al dar lo que no tiene. Generalmente se debe
hacer consignando dinero en ciertas cuentas bancarias que hábilmente están
dirigidas por una élite religiosa a nombre de una sola persona o un grupo
familiar. Llevando esto hasta las últimas consecuencias diríamos que por medio
de la fe el cristiano pobre puede ascender de inmediato a la clase media, el de
clase media, a la clase alta, y el millonario convertirse en un
multimillonario. Conclusión: si todos
los creyentes no somos millonarios es porque no tenemos fe. Entonces algo está
mal en nuestra vida cristiana. Todo creyente que no es rico está en pecado.
Esta es una grave generalización.
Max Weber en escena
Todo predicador de la teología o
evangelio de la prosperidad debería leer la obra de este sociólogo. Su crítica
adversa al calvinismo y al puritanismo demuestra que su lucha contra la ética
protestante era la forma de ver la tenacidad del puritano por prosperar
económicamente con un fin: eliminar la pobreza, extender el reino de Dios en la
tierra y contribuir a construir mejores Estados y gobiernos. Ninguna de estas
cosas aflora en los discursos de los maestros de la teología de la prosperidad.
Pero, aun así, el propio Max Weber falló en su diagnóstico.
La
tesis de Max Weber
[10]
(escrita entre 1904-1905) considerada
como uno de los estudios críticos de sociología de la religión más importantes
del siglo XX en relación con el capitalismo y la vehiculización teológica del puritanismo y del calvinismo. Sin embargo, se ha venido
demostrando que M. Weber falló en entender adecuada y correctamente tanto a
Calvino así como a los puritanos de la primera etapa
[11]
. Haciendo un breve sumario de la tesis
de Weber, en la Segunda Parte, Capítulo II, intitulado La relación de la ascesis y el espíritu capitalista, afirma que la ética
ascética de calvinistas y puritanos ligado a la doctrina de la gracia
predestinante, fueron la fuerza impulsora que motivaron el trabajo diligente,
duro, disciplinado y frugal, y por ende, las raíces del actual capitalismo
[12]
.
Pero esto, en verdad no tiene verdaderas bases.
Hay
que decir que el lado correcto que Weber no atinó a ver es que, para los
puritanos, trabajar duro y hacer dinero mediante ahorro era una forma de mayordomía
o administración. Y además, sus móviles y filosofía de vida económica para
hacer y administrar el dinero no se parecen para nada al actual capitalismo
moderno y sus aterradoras consecuencias. Pues aquellos perseguían y difundían
los ideales evangélicos de Cristo así como la ética del apóstol Pablo acerca
del uso del dinero y las riquezas. Por consiguiente, no puede negarse que en
algunos instantes los discursos de los puritanos acerca de la riqueza y el
dinero daban la apariencia de una
importancia exagerada. Pero el examen de opiniones de otros puritanos nos ofrece
una mejor claridad al respecto, y se puede demostrar que las formulaciones de
Max Weber, Ernest Troeltsch y del propio Erich Fromm
[13]
chocan en el yunque de la verdad.
1.4. Ricardo Baxter y otros puritanos en escena
En
un contexto más amplio los escritos de Ricardo Baxter sobre la vida económica
llaman la atención cuando afirmaba que “la eficiencia y la productividad son
simplemente una evidencia de sentido común y un fuerte deseo de ser un buen
administrador de los dones o bienes de Dios”.
[14]
Aquí podemos vislumbrar una importante idea que refuta las opiniones de los
anteriores filósofos. Leyendo los conceptos éticos en las obras de los
puritanos, aquellos nos permiten ver que el deseo de progresar materialmente no
lo era tanto por el hecho de que sus riquezas eran el símbolo de su
predestinación a la gloria celestial sino el deseo de ser obedientes en poner
por obra el “mandato cultural de Génesis 1:28. Los análisis exegéticos de este
y de otros textos bíblicos en cuanto al mandato cultural han sido olvidados por
la propia iglesia cristiana desde hace tiempos. El desconocimiento de este
mandato divino ha traído graves consecuencias a las naciones y a la propia
iglesia al no haber instruido a los creyentes en esta importante materia. De
ningún modo estamos despreciando el mandato misionero de Mateo 28. Sin embargo,
la crisis ecológica y económica del mundo es una muestra de esto.
[15]
Aquí cabe entonces una pregunta lógica: ¿Por qué los puritanos estaban tan
seguros de que el dinero era algo bueno? Lo que hallamos al leer sus escritos
sobre este tema es que primordialmente ellos creían que el dinero y la riqueza
eran dones de Dios. Siguiendo aquí
los análisis de Ryken, estudiemos en consecuencia
otras opiniones éticas de los puritanos. William Perkins escribe: “Si acontece que heredamos una gran propiedad debemos disfrutar
aquella en buena conciencia como una bendición y un don de Dios”. Y John
Robinson escribió el siguiente comentario: “Las bendiciones del Señor son las
que enriquecen… Y como las riquezas son en sí mismas bendiciones de Dios,
debemos desearlas para un confortable curso de nuestro estado civil y natural”.
Por su parte Richard Sibbes declara: “Si el dinero y
la propiedad son dones de Dios, las cosas de este mundo son buenas en sí
mismas, y se nos han dado para endulzar nuestro paso al cielo”.
[16]
1.5. La Ética Económica de Gracia de los puritanos, el concepto de
“maldiciones” y “fe en la siembra” de la Teología de la Prosperidad
¿Acaso
todas estas anteriores opiniones de los puritanos son una reminiscencia de la
actual “teología de la prosperidad”? Cualquier lector podría suponer que aquí
tenemos los comienzos o que encontramos a los precursores de esta acariciada
teología de riquezas. Sin embargo, el trasfondo puritano es muy diferente de lo
que hoy predican los denominados “apóstoles y profetas” dentro del moderno
movimiento carismático que provino del Movimiento de la Fe o iglesia
electrónica de los Estados Unidos. Es diferente por cuanto los puritanos no
solo consideraron la riqueza como un don de Dios proveniente de una fuerza
laboral disciplinada; e igual hablaron de dos cosas más que es necesario no
perder de vista: En primer lugar, disociaron las riquezas de la idea de mérito humano; y en segundo lugar, hablaron claro de los peligros de la riqueza para
el alma y la vida espiritual de los creyentes, en especial de los pastores.
Esto último, por lo menos nunca escuchamos de parte de los “pastores ricos” de
hoy que se enriquecieron por el constante énfasis o empleo de la amenaza de
“maldición de pobreza y enfermedad” contra la gente que no da el diezmo y mucho
más del diezmo. Miles de personas han dado sus diezmos para Dios, pero la
codicia de muchos pastores les ha llevado a recibir millones en diezmos para
usufructo propio; y muchas veces empleando fórmulas ilegales para el control de
los ingresos. En la teología de la prosperidad el énfasis está puesto en una
transacción que se llama “fe en la siembra”, es decir, fe en algo que el
oferente hace. Lo cual conduce a una salvación
por obras porque dicha fe en la prosperidad es equivalente a la proporción
de dinero que se da. Y esto automáticamente se
convierte en un mérito humano.
De
otra forma, los puritanos tenían claro que el propio esfuerzo humano laborioso
y disciplinado en sí mismo no aseguraba la garantía del éxito económico; para
aquellos el trabajo debía ir acompañado de la bendición, la gracia de Dios y de
la complacencia divina, efectos sin los cuales también hoy día es imposible la
verdadera prosperidad. “La bendición de Dios es la que enriquece, y no añade
tristeza con ella” (Proverbios 10:22). Un puritano reconocido entre los
bautistas de Estados Unidos, Cotton Mather, corrobora
estas ideas cuando afirmaba al respecto: “En nuestra ocupación lanzamos
nuestras redes; pero es Dios quien nos trae todo lo que atrapamos”. Por su
parte, John Robinson igualmente escribió: “Si los bienes son obtenidos mediante
la industria, la providencia y la habilidad, es Dios quien nos da tal facultad,
el uso de ella y el éxito juntamente”.
[17]
Se advierte que la ética puritana es una ética de gracia y no de mérito humano.
Y no obstante, William Ames sostuvo que, “la propiedad privada está
fundamentada no solo en lo humano, sino en el derecho natural y divino”.
[18]
Hay que decir aquí que sin duda, la defensa de la propiedad privada que hacían
los puritanos era una extensión de su creencia en la legitimidad del dinero.
Pero siempre con fines de extender la generosidad hasta donde más se pudiese.
La
investigación de Ryken nos deja ver otra interesante
historia. “Cuando John Hull”, –dice– “uno de los más grandes mercaderes de
Massachusetts, perdió sus barcos con los holandeses, se consoló al pensar en la
providencia de Dios: la pérdida de mis bienes no son nada, si con esto el Señor
quiso que mi alma se acercara más a él y perder aún más mis comodidades de
criatura”.
[19]
Todos
estos textos podrían llevarnos a creer que la importancia atribuida al dinero
de parte de los puritanos les conducía a elevar los bienes materiales por
encima de los valores espirituales. Pero John Winthrop,
un famoso puritano reprendía duro a aquellos que creían que la prosperidad
externa producía la verdadera felicidad.
[20]
De otro lado, Peter Bulkeley escribió que “un
cristiano puede hacer muchas cosas para sí mismo siempre y cuando éstas no
estén en oposición sino en subordinación a Dios y a su gloria”.
[21]
1.6. Los puritanos, la consideración de
la pobreza y la teología de la prosperidad
Con
base en la anterior argumentación se podría llegar a la conclusión de que si la
riqueza es una bendición de Dios, la pobreza, por lógica deducción, es una
maldición del Señor tal como lo declaran los maestros de la “siembra y
cosecha”. El lector pudiese pensar que existe una enseñanza paralela entre la
“teología de la prosperidad” y la ética del dinero del puritanismo. Pero esto
sólo es una figura imprecisa. No podemos engañarnos aquí. Un análisis apropiado
nos revela que la teología de la prosperidad lleva a cabo una interpretación inconsecuente
de la Biblia a la hora de hablar de los temas de la riqueza y la pobreza. Otro
hecho que podemos notar es el problema del reduccionismo
de la fe que hace dicha teología. Al leer el NT notamos que algunos
seguidores del Señor tenían bienes materiales (Lc. 8:1-3; Hch. 2:43-47; 4:32-35); pero los otros —o sea
la mayoría— eran pobres (1 Cor. 1:25-29). Tenemos el
caso de la iglesia de Jerusalén, cayó en tanta pobreza que fue necesario
recibir ofrendas de las iglesias no judaicas (Rom. 15:25; 2 Cor. 8,9; Gál. 2:10).
La
experiencia de la historia de la iglesia y las misiones tampoco avalaría este
particular estilo de la teología de la prosperidad. Pues no es correcto afirmar
de forma absoluta que aquellos que creen en Cristo si no son ricos
materialmente se deben al efecto directo de estar bajo una “maldición” de parte
de Dios. Y por lo general muchos predicadores que defienden este tipo de
razonamiento siempre están mencionando el pago del diezmo de forma
anti-bíblica. Desde otro ángulo de vista la riqueza material viene a ser la
garantía de la piedad. Pero, ¿es correcto esto?
Históricamente
a dicho interrogante los puritanos respondieron negativamente. Realmente el puritanismo —y creemos que
subsiguientes generaciones de evangélicos—
estaba en total desacuerdo con aquellos que estimaban que el éxito económico es
la garantía directa de la piedad. Sabemos que no siempre resulta así en la
experiencia práctica de cada hijo de Dios. La Biblia y la historia nos dejan
ver tácitos ejemplos de que hubo siervos de Dios ricos y pobres. En el puritano
Thomas Watson podemos encontrar una aprobación positiva —y con la cual todo
cristiano bíblico estaría de acuerdo— cuando menciona la importancia de la
diligencia en el trabajo, producción y uso adecuado del dinero. Y sin embargo,
sobre la pobreza y riquezas este hombre hace afirmaciones
valerosas para estos tiempos de “materialismo cristiano”. Dice:
Dios no trata a todos por igual; tiene pruebas para
los fuertes y estímulos para los débiles. Dios es un médico fiel, y por tanto,
hace el mejor uso de todo. Si Dios no te da lo que quieres, te dará lo que necesitas.
Un médico no trata tanto de agradar el paladar del paciente como curar su
enfermedad.
[22]
Y relativo a la trampa de las riquezas declaró:
Las riquezas no solo son como la telaraña, inservibles,
sino como el huevo de las serpientes, perniciosas. Las riquezas guardadas por
su dueños para su mal” (Ec. 5:13).
[23]
Y
respecto de que la verdadera piedad es usualmente asistida por la prueba y la
persecución —de lo cual no cabe duda—, escribió:
Las aflicciones tienden a engrandecer a los santos,
al darles renombre en el mundo. Jamás han sido los soldados tan admirados por
sus victorias como los santos lo han sido por sus sufrimientos… Se puede
preguntar: ¿Cómo nos hacen felices las aflicciones? Respondemos que, siendo
santificadas nos acercan más a Dios.
[24]
Era
bien claro entonces que para los puritanos la piedad o consagración a Dios no
es una garantía directa —como si se tratase de un lotería— para la prosperidad
material y el hallarnos libres de pruebas, dolores y tentaciones. John
Cotton afirmó que “un cristiano usualmente soporta el bien y el mal según como
Dios los dispense para él”.
[25]
Y las siguientes palabras de Samuel Willard bien
pueden hacer estremecer al más “confiado” de los cristianos: “Las riquezas no son una evidencia del amor
de Dios, y tampoco la pobreza es un signo de su rechazo o ira de Dios”.
[26]
En el pensamiento
puritano sobresale la idea de que entre las muchas cosas que obran para el bien
de aquellos a los que conforme al propósito de Dios han sido llamados, está la
pobreza. El sentir de William Ames también era que “la pobreza en sí misma no
es un crimen o una desventaja de la cual avergonzarnos: algunas veces es
enviada por Dios a los piadosos como una corrección para probarlos o buscarlos,
o ambas”.
[27]
Y Richard Baxter concluye:
“Nadie
es excluido de la iglesia por falta
de dinero, ni la pobreza es una monstruosidad a ojos de
Cristo. Un corazón vacío puede ser un gran impedimento, pero una bolsa vacía
no. Su reino de gracia está más en consonancia con el desprecio y la pobreza
que el honor y la riqueza”.
[28]
Por
consiguiente, como vemos, la uniforme enseñanza es que la pobreza, cuando es
administrada por Dios como un instrumento que aplica a sus escogidos según sus santos
propósitos, bien puede ser el camino para una espiritualidad bendita o
aprendizaje positivo para un creyente. Y por otro lado, no olvidemos que
estamos hablando de verdaderos hijos de Dios a quienes Dios da este
tratamiento, pero de ninguna forma Dios les desampara. “No he visto justo
desamparado ni su descendencia que mendigue pan” expresó el rey David en el
Salmo 37:25.
No
obstante, no nos equivoquemos aquí; los puritanos fueron enemigos del “voto de
pobreza” de la iglesia católica. Tuvieron cuidado en distinguir su enseñanza de
la enseñanza católica acerca de la pobreza franciscana como algo meritorio para
alcanzar la salvación final. Sobre este punto William Ames dejó constancia al denunciar
el “voto de pobreza” hecho por los monjes como una locura, superstición y vana
presunción porque ellos estimulan la pobreza como una obra de perfección… la
cual es presentada ante Dios como una satisfacción o mérito delante de Dios.
[29]
Los
puritanos empleaban la frase “pobreza evangélica” para describir su ideal de
aprender lecciones espirituales como algo que el Señor podía enviarles según
los llamamientos o vocaciones en este mundo. Del mismo modo, tampoco idealizaban la pobreza como algo que debía buscarse. A diferencia de la teoría
o ideal monástico católico romano, los puritanos afirmaban más bien que la pobreza no es una vía segura para evitar la
tentación. En un enfoque plenamente reflexivo sobre este punto, y en
exhortación, Richard Baxter nos habla de esta forma: “La pobreza también tiene
sus tentaciones… Porque aún el pobre puede ser deshecho al amar las riquezas y
la plenitud que nunca puede alcanzar. Y pueden perecer por exceso de amor por
el mundo y nunca, sin embargo, ser prosperados materialmente en el mundo”.
[30]
En
otro particular, una vena de compasión bíblica y cristiana aflora en los
discursos y escritos de los puritanos al rechazar la “ética de la indiferencia” que está contenta con dejar que el pobre
siga siendo pobre. En opinión de aquellos, “la pobreza no es una absoluta
desgracia, pero ciertamente no es el objetivo que debemos tener para la gente”.
[31]
Una clara idea de este asunto nos la ofrece el puritano Thomas Lever quien sentencia que “el hombre rico por su
liberalidad debe disponerse y ayudar al pobre”. Y Hugo Latimer en un sermón dijo: “Dios nunca da un don sin enviar la ocasión para ejercitarlo
en un tiempo o en otro. Tal como él envía ricos, también envía a los pobres
para que sean ayudados por ellos”.
[32]
Una conclusión de esta parte de nuestro
ensayo bien puede anotarse de esta forma: respecto al tema de la pobreza los
puritanos enseñaron que ésta a veces es lo que Dios permite para el santo, pero
puede al mismo tiempo ser una bendición espiritual. Sin embargo, no es un mérito en sí misma, y la gente pobre requiere la generosidad de
la gente que tiene recursos con qué ayudarlo (ver Sgo.
2:1-13; 5:1-6; 1 de Jn. 3:17,18).
2. LOS
PELIGROS DE LA RIQUEZA SEGÚN LOS PURITANOS: UN CONTRASTE SERIO CON LA “TEOLOGÍA
DE LA PROSPERIDAD” DEL MOVIMIENTO CARISMÁTICO
Contrario a las tesis de quienes promueven
la Teología o “evangelio de prosperidad” los
puritanos no consideraban el éxito material o económico como un signo absoluto
de aprobación de Dios, o algo similar como si se tratara de un logro de la
propia virtud del hombre; los
puritanos estuvieron más propensos a considerar la prosperidad como una
“tentación peligrosa” en el fondo. Una nota al margen de Génesis 13:1 en la
Biblia de Ginebra dice mucho: “las grandes riquezas que Abraham consiguió en
Egipto lo obstaculizaron para no seguir su vocación”, lo que implica que las
riquezas de Abraham fácilmente pudieron haberse convertido en una tentación
para él”. Otra opinión nos conduce a valorar el presente tópico: “Tanto la
pobreza y la riqueza”, escribió John Robinson, “tienen sus tentaciones... Y de
estos dos estados, las tentaciones de las riquezas es lo más peligroso”. Y por
su lado, Thomas Lever afirmó: “El que quiere ser
rico... caerá en diversas tentaciones y trampas del diablo”.
[33]
Es igualmente sorpresivo el hecho de que los
puritanos notaron una inversa relación entre la riqueza y la piedad. Pese a
todo lo que hablaron y escribieron sobre las riquezas y las bendiciones que
pueden producirse por el trabajo honrado y justo por otro lado, mantenían un
equilibrio respecto al peligro que pueden engendrar las riquezas para la fe o
la fidelidad a Dios. En esto, no cabe duda que hablaban con buen juicio y
razonamiento bíblico. Otro claro ejemplo al respecto es la fuerte amonestación
de Richard Baxter en contra de los ricos descreídos y que a continuación
leemos:
Van a perder todos sus deleites sensuales. Aquello
que han tenido por su mayor bien, su cielo, su dios, van a perderlo, lo mismo
que perderán a Dios. ¡Qué caída será la del hombre orgulloso, ambicioso, desde
la altura de sus honores! El polvo y huesos de su cadáver no se podrán
distinguir del polvo y huesos de un mendigo, ni su alma recibirá más honores
que las del mendigo. ¡Qué cantidad de gente grande, noble e ilustrada va a ser
excluida de la presencia de Dios!
[34]
Entre
tanto, Samuel Willard afirmaba también que
“constituye algo bien raro ver a los hombres que gozan de grandes y visibles
ventajas económicas que al mismo tiempo sean celosos por Dios”. Por su lado,
Richard Sibbes decía que “cuando el mundo ha logrado
poseer nuestro corazón, este nos hace falsos para Dios y falsos para el hombre,
este nos hace infieles a nuestro llamamiento y falsos para la propia religión”.
[35]
Y esto es ¡una buena lección para cualquier cristiano!
Unos trazos más finos al elaborar el cuadro del peligro
de la riqueza los hallamos en los escritos de los puritanos al ofrecernos otras
razones del por qué el amor al dinero es bien peligroso. Para ellos, un corazón
entregado al poder y fascinación que puede producir el dinero tiene que ver con
la tendencia del hombre a reemplazar a Dios por el dinero como el objeto de la
última devoción. Los bienes terrenales “son velos que se colocan entre Dios y
nosotros y se adhieren a nuestra vista de tal modo que no podemos penetrar
hasta Dios”. Y Thomas Watson también sentenció: “Cuán fácil es para el hombre
que su felicidad termine en lo externo”. John Robinson dijo lo mismo: “Si un
hombre es rico, y está en plenitud, está en peligro de negar a Dios, y decir
con orgullo y contender, ¿quién es el Señor?”. Entre tanto, Richard Rogers notó
que en relación con la riqueza de los obispos y clérigos de la Iglesia
Anglicana… “que a ellos nunca les pareció grave vivir alejados de Dios con tal
de que crecieran sus riquezas y ascensos”.
[36]
+
Otra razón del por qué las riquezas son peligrosas
es que ellas instilan una confianza en el yo en lugar de Dios. Richard Baxter
fue de la opinión de que “cuando los hombres prosperan en el mundo, sus mentes
se elevan hacia sus bienes, y después les es difícil creer que están tan mal,
mientras que ellos mismos sienten que están bien” (ibid.)
Los puritanos comprendieron igualmente que el dinero
es peligroso cuando se tiene en el corazón antes que a Dios, porque este genera
un apetito que nunca puede ser satisfecho. El dinero nunca cumple sus promesas,
–afirmaban. Y el gran Cotton Mather estuvo alarmado
por el curso que tomaba el materialismo en la sociedad de Nueva Inglaterra. En
un sermón declaró: “La religión engendró la prosperidad así como la hija devora
a la madre”.
[37]
En
todo lo que llevamos escrito, podría pensarse que existen rasgos
contradictorios en la teología ética de los puritanos. Aquí cabe una pregunta:
si el dinero se ve como algo peligroso, ¿no debería toda persona simplemente
evitarlo? Debemos aclarar aquí que esta persuasión es solo aparente en el
pensamiento de algunos puritanos. Porque en el fondo, no creían que el dinero
era algo malo en sí mismo al grado tal que debíamos deshacernos de él y vivir
una vida al estilo de los cuákeros.
[38]
Por el contrario, en palabras de otro puritano, Thomas Adam, en uno de sus
sermones decía: “Les he enseñado a que no se deshagan de la bolsa, sino de la
avaricia y la codicia”.
[39]
Y esto guarda relación armoniosa con lo que declara el apóstol Pablo: “Porque
raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual, codiciando algunos, se
extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Tim. 6:10).
2.1. ¿Qué es lo correcto entonces?
El ideal puritano de la moderación
El criterio ético de los puritanos no estaba
reglamentado por la cantidad de dinero que una persona pudiera obtener, sino por la cantidad de dinero que un hombre
gastaba en él mismo. El ideal que los puritanos procuraron vivir fue
conocido como la moderación o temperancia, catalogado por algunos como una
especie de “regla de oro”. John Downame escribió que
“el medio, o estar en la mitad de los bienes es preferible antes que lo más
grande de la prosperidad… La mediana condición nos libra de olvidar a Dios, nos
libra de la irreligiosidad y de la profanidad”.
[40]
Pero si la moderación es la meta, se requiere igual que estemos libres de los
opuestos. Uno de estos es la avaricia por las riquezas la cual está entremezclada
con la codicia. Desde esta perspectiva William Perkins,
en un sermón basado en Mateo 6:19-20, señala a su parecer lo que Cristo nuestro
Señor prohíbe: “Las formas como se practica la codicia tiene que ver primero
con la búsqueda de las riquezas mundanas, cuando los hombres no se guardan con
medida y moderación”.
[41]
De ahí que el puritano consecuente miraba de reojo todo tipo de lujo y
extravagancia; no importaba la forma que tomara ya fuera una casa, la ropa, la
recreación o aún la propia comida.
En otro análisis Richard Baxter también
denunció las extravagancias que con frecuencia generan las riquezas. Los vicios de las riquezas es un tratamiento
ético que exhibe en gran parte de sus obras y sermones. Sus valiosas
direcciones o consejos se produjeron de forma magistral en su voluminosa obra
conocida como Christian Directory. Allí señala la sensualidad, la gula, los
abusos en el deporte y la recreación; el derroche, el no cuidarse de comidas o
bebidas costosas al grado tal de volverse un barrigón; o hacer costosos e
innecesarios viajes o diversiones y construir edificios o casas innecesariamente
lujosas, para Baxter estas cosas no va con la moral ética del reino de Dios.
[42]
Sin embargo, no saquemos la equivocada conclusión de que si los puritanos eran
opuestos al lujo y a las extravagancias, entonces fueron ascetas. De ningún modo. Ya hemos visto su recomendación: la vía
media es lo sabio. Si hay algún poder económico la enseñanza usual estaba
sustentada en el consejo del apóstol Pablo a los Filipenses, quien luego de
citar varias virtudes les dijo: “si hay algo digno de alabanza, en esto pensad”
(4:8).
2.2. Entonces, ¿para qué sirve el dinero?
Los puritanos tuvieron la firme convicción de que
ante todo, el dinero debe ser visto como un
bien social y no una posesión privada. Esto en general nos falta aprender a
los cristianos de hoy. Y a juicio de aquellos, el principal objetivo del dinero es el bienestar de todos en la sociedad,
no el placer personal del hombre que pasa a tener control sobre él. Esta opinión guarda una correcta equivalencia con el
entendimiento del Antiguo y Nuevo Testamento del orden económico. La ética
bíblica presupone que el hombre todavía retiene la imagen de Dios aunque
manchada por el pecado. La producción monetaria entonces, aunque tan importante
para el sustento de la vida, no obstante también es una actividad manchada por
el propio pecado la cual se manifiesta bajo el manto del egoísmo, el orgullo y
la idolatría de parte del hombre. Hoy, aun nosotros mismos, como cristianos,
estaríamos poco dispuestos a aceptar este planteamiento puritano de que “el
dinero debe ser visto como un bien social y no como una posesión privada”.
[43]
En este específico punto, como cristianos
mucho tenemos que aprender de estos importantes enfoques éticos de los
puritanos porque sus formulaciones tienen un gran sentido bíblico. Con
frecuencia en esto no nos distinguimos de los no creyentes. En muchas ocasiones
aquellos actúan con mejor ejemplo de generosidad a la hora de compartir bienes
o dar dinero a otras personas que en realidad lo necesitan. Si asumimos que
estamos en posesión de una mejor teología y doctrina —especialmente los de cuño
reformado—, debemos igualmente estudiar, vivir e interpretar adecuadamente todos
aquellos pasajes bíblicos cuyo contenido ético y moral nos invitan a demostrar
la generosidad entre nosotros y aún con los no creyentes: “hagamos bien a
todos” —dijo san Pablo— mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas
6:10).
Un ejemplo de vida cristiana consistiría en
hacer del dinero un medio de unión entre nosotros, porque con frecuencia poseer
dinero se convierte en un instrumento de división y resentimientos entre los mismos que
comparten la misma fe bíblica. En la práctica, por medio de la bondad debemos
desarrollar un mejor sentido de justicia económica para con los hermanos más
necesitados. Esto sería adornar la doctrina de la Palabra de Dios al mejor
estilo de los puritanos y de los cristianos primitivos, entre los cuales
sobresalió la rica actitud del apóstol Pablo. El estudio de buenos autores
cuyas obras se ubican en la tradición reformada pocas veces nos habla de esta
importante realidad, la cual entre los primeros puritanos llegaron a ser
alabados o cuestionados por los filósofos de su tiempo especialmente en Europa.
[44]
Estamos hablando aquí de un modus vivendi que nosotros no conocemos
porque no lo practicamos. Deberíamos pensar en el apoyo ministerial de quien
también hace la obra de Dios pero carece de los recursos suficientes; las
ofrendas para misiones, la participación en obras de misericordia, el apoyo de
proyectos estatales cuando es apropiado y benéfico para la iglesia y la
sociedad en general, etc., todo esto junto muchas veces brilla por su ausencia.
Lo que describimos aquí no es una práctica que nos distingue como cristianos
que decimos tener el mejor enfoque doctrinal y teológico o en cualquier otro
segmento de la iglesia evangélica en general. Y tampoco hay que esperar a tener
mucho dinero para el desarrollo de dichas acciones. Si somos pobres o ricos, no
debemos olvidar aquí que, lo que somos y tenemos proviene de Dios, bienes o
dones por los cuales no debe haber jactancia alguna (1 Cor. 4:7). Recordemos igual que… “Por la gracia de Dios soy lo que soy…” (1 Cor. 15:10).
El genio de los
puritanos consistió en tener una vista bien aguda para los asuntos relacionados
con el dinero. No fueron estériles en cuanto a esta práctica, ya que procuraban
que fuese un estilo de vida. La generosidad fue conocida entre ellos en una
época en que al igual que hoy, una persona valía —y vale hoy— por la cantidad
de dinero que poseía. Luego, el dinero (como mammón,
dios de la mitología griega del dinero y las riquezas) también recibía
adoración y el amor de los hombres al ser considerado por la sociedad como el
“valor” más importante en la vida. Esto es apreciable hoy en medio de la actual
sociedad consumista y del propio “materialismo cristiano”; nada ha cambiado. Y
es particularmente cierto en la vida del norteamericano promedio cuya cultura
anglosajona ha hecho que los valores materiales sean vistos como supremos en la
vida social.
Sin embargo, para los puritanos una ética
correctamente bíblica en cuanto al “papel moneda” dependía de la forma cómo una
persona hacía uso de su dinero. Sobre este asunto Richard Baxter de nuevo nos
dice: “La cuestión es cómo los
hombres emplean el dinero que obtienen por su duro trabajo y cuánto lo ahorran para su economía. Si
lo usan para Dios o para usos caritativos. No hay hombre que pueda hacer mejor
que esto”.
[45]
Otras lecturas que sobre este tema podemos
hacer en las obras de los puritanos nos muestran una especial preocupación:
¿Cuáles son los fines o propósitos del dinero? Siguiendo aquí el esquema
principal trazado por L. Ryken diremos que los
puritanos, como escuela teológica y ética moldeada en parte por los reformadores
continentales, decían: “La riquezas pueden capacitarnos para aliviar las
necesidades de nuestros hermanos, para promover buenas obras para la iglesia y
para el Estado”. “El dinero existe para la Gloria de Dios y para el bienestar
de otros”. “La más grande diligencia que podemos seguir en nuestros distintos
llamamientos y para la cual Dios nos capacita, es extender nuestra caridad a
los que están en pobreza y turbación”. “Los hijos de Dios hacen uso de estas
cosas de forma espiritual y no un uso mundano y carnal”.
[46]
Es de suma importancia observar que en
ninguna de las anteriores citas, y al pensar en el propósito de ganar dinero,
en ninguna parte se da la impresión de que el ingreso monetario es el derecho
que tiene la gente a gastar el dinero en ellos mismos y de cualquier forma por
el hecho de haberlo ganado. Frente a esto, William Perkins nos provee de una importante aclaración acerca del uso del dinero:
“Debemos así usar el dinero y poseer los bienes que tenemos;
que el uso y la posesión del dinero sirva para la gloria de Dios y la salvación
de nuestras almas… Nuestras riquezas deben ser empleadas para usos necesarios. En primer
lugar, para sostener nuestra propia condición y bienes. En segundo lugar, para el bien de otros,
especialmente aquellos que pertenecen a nuestra propia familia… Tercero, en auxiliar al pobre… Cuarto, el mantenimiento de la iglesia
del Señor y la verdadera religión… En quinto lugar, el mantenimiento
del Estado”.
[47]
Debido a que este es un mundo entenebrecido
por el “amor al dinero” y no por “el dinero del amor”, bien haríamos en imitar
en todo esto el estilo de vida de estos primitivos puritanos. Hay una razón
primordial: se trata de enseñanzas que pertenecen al caudal revelado por Dios
en su Sagrada Palabra. Esto sería revolucionario para esta época en que tantos
hombres matan y asesinan a otros congéneres de su propia especie para obtener
cantidades del “preciado” papel moneda. Del mismo modo, incontables veces en la
propia iglesia los cristianos o los hermanos se “dividen”, se “separan” o se
“traicionan” por cuestiones de dinero o intereses materiales diversos cuya meta
muchas veces es la vanagloria. En la iglesia —aunque con seguridad hay
excepciones— sin importar el hecho de afirmar creer en la autoridad absoluta de
la Biblia, un creyente de cualquier confesión cristiana por lo general no está
dispuesto a compartir lo que tiene con otros “hermanos en la fe” a sabiendas de
que están en privaciones económicas. El hecho es que también nosotros decimos:
“cada uno sálvese como pueda”; u “oraré por usted hermano”. Frente a tales
anti-testimonios, es apropiado y oportuno que volvamos a escuchar la epístola
de Santiago:
Hermanos míos, ¿de qué
aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? ¿Podrá la fe
salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del
mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: id en paz, calentaos
y saciados, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de
qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”
(2:14:17).
La idea y visión de los primeros puritanos
fueron de tal envergadura que las generaciones cristianas de entonces pudieron
darse cuenta de que ellos pretendían vivir una vida práctica según el sistema
económico revelado por Dios en las Escrituras, particularmente en el Pentateuco
(véase Lev. 19:9,10: 23:22; 25:2,7, 35; Dt. 15:7-11;
24:19-22, etc.). De ahí que entonces, para el puritanismo, al considerar que el
dinero es un bien social, condujo a apreciar una realidad socio-económica bien
diferente en aquellos tiempos. Y esto no desdice el hecho de los abusos que
cometieron los colonizadores protestantes europeos en Asia y África en su
momento. Dentro del periodo de colonización sabemos que hubo errores históricos
graves de parte de ingleses y holandeses. Estos últimos fueron los forjadores
del penoso Apartheid, institución
infame y cruel que terminara en 1994 con el triunfo presidencial de Nelson
Mandela. Tal instrumento de muerte y tortura fue orquestado y aplicado por la
iglesia reformada o calvinista de Holanda. Y por supuesto, no todos allí
estuvieron de acuerdo. Hubo detractores y verdaderos cristianos que hasta el
día de hoy están bajo arrepentimiento y penitencia.
Dejando atrás estos anti-testimonios, el
modelo intentado por los puritanos que pretendía ser bíblico, de haberse
seguido por parte de aquellas sociedades europeas, es probable que los
mencionados abusos no habrían sido registrados por la historia y ocasionado
tanta vergüenza al nombre de Cristo.
2.3. Los puritanos y el
préstamo con interés
El haber
creído que el dinero es un bien social también fue la llave de los primeros
puritanos para el préstamo con interés. Como se recordará, los primeros
creyentes que durante la Reforma con mayor libertad comenzaron a leer las
Escrituras llegaron a comprender mejor este asunto. Pero esto no era algo
extraño; durante toda la Edad Media la gente había comprendió bien este tema.
En realidad, el mundo occidental sabía que prestar dinero a interés era
considerado “usura”, y ningún “usurero” entraba al cielo. En la Biblia la usura
generalmente se entendía como el interés que se podría cobrar por un préstamo
de dinero o de trigo o de cualquier otro bien o comodidad. Sin embargo, la ley
de Dios lo prohibía de forma rigurosa. A los hebreos el Señor les dijo: “Cuando
prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás
con él como logrero, ni le impondrás usura” (Éxodo 22:25; cf. Lev. 25:36,37; Dt. 23:10). Otros pasajes del Antiguo Testamento nos revelan
lo importante que era para un judío no transgredir esta ley (véase Neh. 5:5-10; Sal. 15:5; Prov. 28:8; Is. 24:2; Jer. 15:10). Sin embargo, al principio los
puritanos se oponían a dicha práctica por cuanto prestar a interés era visto
como un pecado de codicia y avaricia.
No obstante, es menester que entendamos que
la sociedad y la vida cultural de aquellos tiempos estaban cambiando. Menos
agraria y más industrial, la sociedad se perfilaba hacia un nuevo paradigma;
estaban ocurriendo cambios insospechados los cuales, a la postre, trajeron lo
que conocemos como la modernidad y
ahora la postmodernidad. A renglón
seguido, por el auge de los cambios que ocurrían en el Viejo Continente, muy
pronto en Inglaterra los puritanos fueron cambiando su forma de pensar ante el
influjo de las nuevas enseñanzas bíblicas y éticas de sus compañeros los
reformadores continentales. Pues los puritanos de forma semejante hicieron
distinción entre el préstamo para consumo y el préstamo para producción, lo
cual, a éste último, sí se le cobraba un interés el cual procuraba ser justo.
Aparentemente pareciera que aquí hay una flagrante contradicción en la psique
del puritanismo en relación con todo lo que hemos venido estudiando; pero es
sólo una probabilidad, porque en el fondo los puritanos seguían fieles a sus
ideales de fustigar duro a todo aquel que en lugar de hacer productivo el
dinero para ayuda de los necesitados, la promoción y desarrollo de la vida
social o colectiva, más bien lo atesoraba como medio de explotación del prójimo. En esta nueva sociedad se comenzó a
prestar dinero con un moderado promedio de interés. Y a decir verdad, casi todo
estaba cambiando. De ahí que las siguientes palabras de Richard Baxter sean en
verdad revolucionarias:
“Hay una usura en la cual no
es ni injusta ni falta de amor”.
Desde luego, con el término “usura” Baxter
quería decir “interés”, es decir, lo que también hoy se emplea en el mundo de
los negocios bancarios y comerciales. En su monumental obra el Directorio Cristiano este cuestionado
puritano describe con detalles dignos de atención para cualquier pastor y
creyentes en general algunas condiciones de lo que era caritativo.
[48]
Llegados a este punto, considero que nos
viene una pregunta lógica: ¿Por qué los puritanos consideraron el dinero como
“un bien social” cuando en nuestros tiempos se opina que “el dinero es una posesión inalienable de quien lo
posee?”. Una contundente respuesta de parte de los puritanos es que, a tono con
la Biblia, el hombre es sólo un mayordomo o administrador del dinero y de los
bienes de Dios (Sal. 24:1). En otros términos, el dinero es de Dios no nuestro;
el dinero que tenemos o poseemos es lo que Dios mismo nos ha prestado.
[49]
3. LA CRÍTICA DE
LOS PURITANOS A LA
FILOSOFÍA ÉTICA
DEL ÉXITO EN NUESTRO MUNDO CONTEMPORÁNEO
No podemos negar que abrumadoramente la
cultura occidental está basada en la ética del éxito monetario o económico.
Hemos llegado a creer que la prosperidad material y monetaria es el valor definitivo;
de ahí que medimos la vida de una persona por sus estándares materiales y
sociales. Sin embargo, un análisis del pensamiento de los primeros puritanos
nos muestra que ellos trataban de sobrepasar este escollo cultural producto del
pecado y la vida entregada a este tipo de idolatría. Thomas Watson tenía un
concepto bien distinto al que hoy sostiene la humanidad y la propia iglesia
evangélica. En cierta ocasión afirmó que “la bendición… no depende de la
adquisición de cosas de este mundo. La felicidad como un arte de química no se
puede extraer de allí”.
[50]
Esto guarda relación con las palabras de Cristo en los evangelios: “La vida del
hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.
Otro ejemplo de lo anterior puede ser la
famosa oración del puritano Samuel Hieron, quien oró
a Dios de la siguiente forma:
“Oh, no dejes que mis ojos
sean deslumbrados, ni que mi corazón sea hechizado con la gloria y la dulzura
de los placeres terrenales… Dirige mi afecto al amor de aquellas perdurables riquezas
y a aquel fruto de la sabiduría celestial la cual es mejor que el oro y que
todos los beneficios que puede prodigar la plata. Te pido que mi principal
cuidado sea tener un alma enriquecida y alimentada con tu gracia”.
[51]
3.1. La crítica
puritana al enfoque de la persona que se levanta por sus propios esfuerzos
(autorrealización monetaria personal)
Aparentemente esto podría ser contradictorio y antibíblico. Alguien lógicamente podría pensar en lo que la
propia Biblia declara: “la mano negligente empobrece; más la mano diligente
enriquece” (Prov. 10:4). No obstante, este texto bíblico no desmiente lo
anterior, porque tampoco favorece el individualismo
protestante, tan caro a una gran sección de la iglesia en los Estados
Unidos de América con gran repercusión en las iglesias históricas
Suramericanas. Una mirada a la teología ética del puritanismo inicial nos hacer
reflexionar de forma vívida a fin de que nosotros mismos nos hagamos una
auto-crítica: Nosotros los mismos cristianos también hemos caído en el
materialismo ya sea de uno modo o del otro. La iglesia de cualquier tradición
por medio de sus predicaciones enfatiza una “teología del bienestar
individualizado”. Esto particularmente puede ser visto en las corrientes
neo-pentecostales y carismáticas; pero por el lado de las misiones históricas
que dieron origen a bautistas y presbiterianos y aún las reformadas, el énfasis
está puesto en la “autorrealización material del ministerio” producto de un
orgullo intelectual-vanaglorioso basado en una tradición teológica que casi
para nada afecta el actual status quo de la sociedad y cultura en general. Sea de un modo o de otro, muy poco honor recibe
el Señor al no hacer tampoco nosotros obras prácticas para con otros hermanos u
otros colegas de la misma fe, lo cual implicaría sacrificio económico y pérdida
de nuestras propias comodidades materiales.
Para nadie es un secreto que la cultura
occidental persigue la imagen del hombre que se hace a sí mismo en el terreno
económico y social. En los Estados Unidos particularmente, se puede apreciar la
forma como el pueblo se ha enamorado de la imagen que proyecta aquella persona que se vuelve rica y famosa por sus propios medios
y esfuerzos. Allí, los más admirados y envidiados son los artistas de Hollywood
como Angelina Jolie, deportistas como Tiger Wood y
tecnócratas como Bill Gates o Steve Jobs, etc., pero también los llamados súper
pastores o magnates de la fe los
cuales, tanto a los unos como a los otros los medios masivos de comunicación
los convierten en iconos relevantes para el grueso de la sociedad nacional y
mundial especialmente para la juventud. Del mismo modo, tales súper pastores
fungen como el “modelo más conspicuo de pastor” para estos tiempos. Pero, aquí
cabe preguntar: ¿Es este el modelo o imagen del pastor que vemos en el Nuevo
Testamento? Es decir, son hechos ambiciosos que de cualquier forma el modelo
neoliberal y postmoderno con su bandera del libre mercado —un hecho que ha
influenciado innegablemente la liturgia con énfasis en música y espectáculos en
muchas iglesias— no duda en recomendar como los únicos modelos que garantizan
la total felicidad del hombre en esta época globalizada.
La idea de poseer estatus social y monetario que hoy día para muchos constituye una
especie de “don” que se le ha entregado a todo afortunado, no era una forma de
pensar que gustara a los puritanos. De hecho, negaron que pudiera haber un
asunto como “la persona que se hace a sí misma”. Y no hay duda que desde el
punto de vista bíblico esto es inexacto. El error de esta postura que está bien
introducida en nuestra forma de pensar —y no es exclusiva del pueblo
norteamericano sino de toda la cultura occidental incluyendo a los
latinoamericanos—, consiste en olvidar que es Dios quien nos da las fuerzas y
la salud para hacer las riquezas u obtener la prosperidad (vea Dt. 8:11-20).
Por ende, quien cree que se ha hecho a sí
mismo ya sea en el terreno social, político o religioso-ministerial sin tomar
honesta y en serio a Dios, de hecho también ha caído en la idolatría. Respecto
a este tópico, los puritanos iniciales tuvieron razón al basarse en la ética de la gracia, pues sus escritos
están llenos de la idea de que la prosperidad es solamente un don de Dios,
hecho por el cual nadie debería gloriarse ni recibir la alabanza del mundo, ni
siquiera entre los hermanos de la iglesia. Con base en esta postura, aquí hay
una lección práctica que podemos aprender. Si los ricos del pasado —y los del
presente— hubieran vivido en gratitud para con Dios, hubiesen producido
verdaderos sistemas político-sociales y económicos los cuales hubieran evitado
el siglo de sangre que fue el siglo XX. Y de igual modo, los ricos del
presente, al no estimar esta verdad bíblica que tiene que ver con la justicia
social y económica unido al santo temor de Dios, con seguridad que el
capitalismo que hoy dirigen terminará por empobrecer mucho peor a esta y a la
próxima generación hasta conducirlas a la total marginalidad y al sin sentido
personal. Y mucho peor cuando la moderna teoría del Estado gira en torno a la
claudicación definitiva como institución divina, como poder que fue instaurado
por Dios para garantizar las libertades individuales, sociales y económicas;
prácticamente, lo que hoy vemos es que ya casi ningún Estado puede imponer una
ley o reglas que frenen el poder
explotador e inmisericorde de las grandes multinacionales.
Relativo a este tema Gregorio Iriarte
sentencia que, “La copa de Champagne es una especie de parábola de la
injusticia que actualmente se vive en nuestro mundo donde un quinto de la
humanidad se apropia de la mayor parte de los bienes, expoliando los derechos
de las cuatro quintas partes del planeta”.
[52]
Otros datos de importancia son aportados
por Xavier Gorostiaga que en cuanto a este mismo
punto declara: “Los países ricos tienen el 25% de la población mundial (1.000
millones de habitantes), pero consumen el 70% de la energía mundial, el 75% de
los metales, el 85% de la madera y el 60% de los alimentos. Al lado de este
mundo opulento, tenemos 1.300 millones de personas que no tienen acceso al agua
potable, 2.500 millones que no tienen servicios sanitarios y 55 millones de
niños que mueren anualmente por desnutrición.
[53]
El tipo de capitalismo desarrollado hasta
el día de hoy ha vivido de espaldas a Dios. Y lo peor de todo, es que en su
momento, en Inglaterra, en plena época de la revolución industrial entre los
siglos XVIII y XIX, la iglesia europea de aquellas generaciones guardó un
“cómplice silencio” que hoy todo el mundo condena. En nuestra generación actual
está ocurriendo lo mismo. La iglesia, los cristianos, hacemos caso omiso de los
grandes abusos de los poderes establecidos contra el hombre porque creemos que
tratar con dichos temas no son asuntos espirituales o no le compete a la
iglesia, es algo que pertenece al “mundo”, y “nosotros no somos del mundo”,
vivimos en la iglesia interesados sólo en la salvación individual de los
hombres. El cielo es lo realmente importante, —decimos—. Pero precisamente,
este tipo de dualismo platónico introducido en la iglesia cristiana desde los
albores del cristianismo es lo que en realidad más daño ha hecho a la causa de
Cristo en la tierra; porque el verdadero testimonio del poder del Reino de Dios
ha quedado eclipsado por aquella interpretación escapista (premilenialista y dispensacionalista-amilenialista) y teología
mística (neo-calvinista).
No olvidemos que la afrenta del pobre es
una práctica pecaminosa que Dios censura fuertemente en Su Palabra: “Oíd esta
palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de
Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos, que decís a
vuestros señores; traed y beberemos” (Amós 4:1; cf. 2:6; Isaías 1:16,17; 10:1;
Miqueas 6:8,12; en el NT Sgo. 5:1-6).
Además, recordemos de la misma forma que el
propósito por el cual Dios concede que alguien progrese en los bienes
materiales de este mundo es para procurar el desarrollo y bienestar de quienes
están a su alrededor, pensando formalmente en sus propios trabajadores, quienes
son los que a la postre, le ayudan a hacer las riquezas. En este sentido el
puritano John Preston escribió tocante al tema de las riquezas: “Es Dios quien
nos las da, Él es quien las dispensa, es Él quien nos da la recompensa… El
cuidado en el trabajo solo pertenece a nosotros”.
[54]
De esto debieran aprender muchos
“empresarios cristianos” que al pretender seguir la supuesta legalidad
propuesta por un Estado, por ejemplo, la regulación salarial al estilo
neo-liberal tal como hoy se da en Colombia, lo que hacen más bien es apoyar un status quo que empobrece y margina a sus
propios hermanos en la fe. Y lo más triste es que este mismo modelo se practica
por lo general en casi toda iglesia llamada cristiana.
Tales “hermanos ricos” –ya sean empresarios
o pastores, en el fondo pertenecen a una “burguesía mediática” que han hecho
del evangelio una ideología religiosa de clase media para la defensa de sus
propios intereses económico-socio-religiosos. Muchos empresarios cristianos son
“pillos en el negocio y santos en la iglesia”. O en el caso contrario, muchos
pastores son “santos” en la iglesia y pillos en los negocios” por la forma de
administrar y servirse de la iglesia. No hay nada santo en esto. Sea de un modo
u otro, los unos coadyuvan a la instauración de regímenes político-económicos
opresivos y explotadores, y los otros, coadyuvan a la evaporación de la
auténtica fe cristiana y a la pérdida de confianza de la gente en la obra de fe
del evangelio de Cristo. Hacemos bien en volver a escuchar las palabras de
Cristo que todavía resuenan con el antiguo eco de grave advertencia: “No todo
el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que
hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel
día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera
demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca
os conocí; apartados de mí, hacedores de maldad” (Mateo 5:21-23).
3.2. Conclusión
Diferentes
historiadores que se han encargado de investigar el movimiento puritano
coinciden en afirmar que los puritanos fueron hombres que no aceptaron su obra
como algo terminado; es decir, eran conscientes de su imperfección. Qué bueno
que tuviésemos o adoptásemos tal espíritu. Realmente ellos quisieron hacer de
la iglesia un instrumento perfecto hasta donde fuera posible con el fin de
extender la verdadera espiritualidad del evangelio de Jesucristo no solo en la
vida de la iglesia local, sino social, en el ámbito político, en el área de la
economía y cultura en general. Vemos que ellos no se sustrajeron a estas
realidades terrenas mientras llegaba la hora de partir al cielo y estar con
Cristo, “lo cual es muchísimo mejor” según palabras de san Pablo.
Y aunque su lucha inicial fue contra los
errores y superstición de la Iglesia Católica, no obstante, su batalla era la
instauración del señorío de Cristo en todos los órdenes de la vida junto con la
eterna verdad del evangelio y sumado a la práctica del mandato cultural. ¿Seremos
capaces de entender este mensaje? ¡Espero que sí!
Sugerencias,
comentarios:
BIBLIOGRAFÍA
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RICHARD. El Reposo Eterno de los Santos, (Barcelona: editorial Clie, 1991).
________ Christian Directory, Ética
Cristiana, capítulo VII, parte 2.
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Evangelical Press, 1988).
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Colombia, 1987).
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1984).
WRIGHT, J. H. CHRISTOPHER, Old Testament Ethics for the people of God (Londres: IVP, 2004).
[1]
Theo Donner, Historia y Teología de la Reforma, (Medellín: Seminario Bíblico de
Colombia, 1987), p. 223.
[2]
Esto
particularmente es notable en la obra del historiador Kenneth Scott Latourette, véase su Historia
del Cristianismo, Tomo 2, cap. 7. (Casa Bautista de Publicaciones, edición de 1979).
[3]
Henry Warner
Bowden, American Puritanism, www.http//soft.com/believe; consúltese igual a Emory Elliott, The
Legacy of Puritanism - The
Impact of the Enlightenment on New England en www.nationalhumanitiescenter.org
[4]
VéaseThe Puritanism—A Driving
Force for the Rise of Capitalism (www.linguist.org.cn)
[5]
Caio Favio, La Crisis de Ser y de Tener (Bs. Aires, Arg.: Editorial Logos, 1995.
[6]
Leland Ryken, Worldly Saints: The Puritans as They Really Were, (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing, 1986) p. 58.
[7]
Ibid., Ryken, p. 58.
[8]
Ibid., p. 58.
[9] Ibid., Ryken, p. 58.
[10]
Véase La Ética
Protestante y el espíritu del Capitalismo (Madrid: Editorial Sarpe,
1984), las pp. 185-197.
[11]
Algunas ideas críticas contra la tesis
de Max Weber pueden leerse en la obra de Herman Dooyeweerd, A New Critical of Theoretical Thought, Tomo II, p. 293; Tomo III, pp. 247-248.
[12]
La
Ética Protestante y el espíritu del capitalismo, (Editorial Sarpe, Madrid, 1984, obra resumida), pp. 185-227.
[13]
Sobre este tópico dice Erich Fromm:
“Aquellas mismas cualidades que se hallaban arraigadas en este tipo de
estructura del carácter —tendencia compulsiva hacia el trabajo, pasión por el
ahorro, disposición de hacer de la propia vida un simple instrumento para los
fines de un poder extra-personal, ascetismo y sentido compulsivo del deber—
fueron los rasgos del carácter que llegaron a ser las fuerzas eficientes de la
sociedad capitalista, sin las cuales sería inconcebible el moderno desarrollo
económico y social; estas fueron las formas específicas que adquirió la energía
humana y que constituyeron una de las fuerzas creadoras dentro del proceso
social”. (El Miedo a la Libertad, Bs.
Aires: Editorial Paidós, sin fecha), p. 134. Todo el capítulo 3 de esta obra es
realmente un remedo de la obra de Weber.
[14]
Ibid., Ryken p. 58.
[15]
Para entender estos conceptos con
mejor profundidad, véase a Henry Van Til en El Concepto Calvinista de la Cultura, (Bogotá: Ediciones Leer, 2007). Véase igualmente a Francis Schaeffer, Polución y la muerte del hombre. Enfoque
cristiano a la Ecología, (CBP, 1973).
[16] Ibid., todas estas notas en Ryken, p. 59.
[17]
Ibid., p. 59.
[18]
Ibid., Ryken, p. 59.
[19]
Ibid., Ryken, p. 59.
[20]
Sobre el concepto de la verdadera
felicidad, un estudio digno de atención por parte de todo fiel creyente es el
que escribiera el puritano Jeremiah Burroughs: Aprendiendo
a ser feliz. Gran clásico.
[21]
Ibid., p.
60.
[22]
Thomas Watson, Consolación Divina, (Alcázar de San Juan: España, Editorial
Peregrino, 1989), p. 57.
[23]
Ibid. Thomas
Watson, p. 64.
[24]
Ibid., p. 32.
[25]
Ibid., Ryken, p. 60.
[26]
Ibid., Ryken, p. 60.
[27]
Ryken, p. 60.
[28]
Ibid., p. 60.
[29]
Ibid., p. 62.
[30]
Ibid., Ryken, p. 62.
[31]
Ibid., Ryken, p. 62.
[32]
Ibid., p. 63.
[33]
Ibid., ambas citas en p. 63.
[34]
Richard Baxter, El Reposo Eterno de los Santos, (Barcelona: Editorial Clie, 1991), p. 101.
[35]
Ibid., p. 63.
[36]
Ibid. P. 63.
[37]
Ibid. p. 63.
[38]
Los cuákeros (del inglés Quakers = tembladores) o Sociedad de los Amigos, una rama del puritanismo
extremo y radical inglés del siglo XVII cuyas raíces estuvieron en el
misticismo y la Reforma Radical del siglo XVI. Hubo por lo menos tres grupos en
Estados Unidos. Algunos, los más evangélicos regresaron a filas protestantes
por la predicación de Jonathan Edwards; otros fueron místicos y entregados a
fanatismos y excesos.
[39]
Ibid., p. 63.
[40]
Ibid., p. 64.
[41]
Ibid., p. 64.
[42] Christian Directory, Ética Cristiana, capítulo VII, parte 2, pp. 275-276.
[43]
Sobre el tema de la justicia económica
dentro de los lindes de la misma iglesia cristiana, y acerca de la producción
monetaria como algo que debe ser tratado con plena justicia en la sociedad,
véase la magistral obra de Christopher J. H. Wright, Old Testament Ethics for the people of God (Londres: IVP, 2004). En esta obra el
autor demuestra lo errados que estamos los cristianos al haber olvidado el
trasfondo del AT en cuanto a la ética y justicia social que Dios reveló para el
antiguo pueblo de Israel. Las enseñanzas del Nuevo Testamento que son una
continuación nos muestra que la iglesia es la primera en violar casi todos los
códigos bíblicos y civiles dentro del marco económico. El autor nos hace ver
cuánto hemos olvidado el amor, la justicia y la misericordia.
[44]
Confróntese
particularmente a Ernest Troeltsch, El Protestantismo y el Mundo Moderno, (Fondo de Cultura Económica, México, 1983).
[45]
Christian Directory, (Soli Deo Gloria Publications, 2000), parte 1, p. 441.
[46]
Ibid., Ryken, pp. 66-67.
[47]
Ibid., Ryken, p. 67.
[48]
Ibid. Christian Directory, véase Tomo I, pp. 373-399.
[49]
Ibid. Ryken, p. 69.
[50]
Ibid., p. 70.
[51]
Ibid., p. 68.
[52]
Gregorio Iriarte, Neoliberalismo,
¿Si o No? (Ediciones Paulinas, Bogotá: sin
fecha), p. 49.
[53]
Mecanismos de
creación de la pobreza, Christus, Nov. Dic. 1992,
México.
[54]
Ibid., p. 69.
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