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EL PRINCIPIO REFORMADO DE LA SOLA SCRIPTURA COMO UN PARADIGMA EN LA ENSEÑANZA DE LA BIBLIA EN AMERICA LATINA

 

 

Luis Eduardo Ramírez Suárez

 

 

Monografía presentada como requisito parcial para optar al título de Maestría

en Sagrada Teología y Biblia

 

 

 

 

 

TABLA DE CONTENIDO

 

 

 

Pág.

INTRODUCCIÓN

1

1.

CORRIENTES DE INTERPRETACIÓN DE TEXTOS QUE HAN PUESTO EN CRISIS EL PRINCIPIO REFORMADO DE LA SOLA SCRIPTURA

 

 

6

1.1.

CAMBIOS DE PARADIGMA A NIVEL CULTURAL

7

1.1.1

Del modernismo al postmodernismo

7

1.1.1.1

Característica del pensamiento modernista

9

1.1.1.2

La influencia del modernismo en el cristianismo

11

1.1.1.3

Crisis del modernismo

12

1.1.1.4

Surgimiento del postmodernismo

13

1.1.1.5

El método crítico deconstruccionista

17

1.1.2

El impacto de las teorías lingüísticas

20

1.1.2.1

Antecedentes

20

1.1.2.1.1

El Positivismo

20

1.1.2.1.2

El Estructuralismo

21

1.1.2.2

Teorías Lingüísticas

23

1.1.2.2.1

Ferdinand de Saussure

23

1.1.2.2.2

Hans – Georg Gadamer

29

1.1.2.2.2.1

Las Presuposiciones

31

1.1.2.2.2.2

Independencia del texto

32

1.1.2.2.3

Paul Ricoeur

33

1.1.2.3

Acercamiento Tradicional

36

1.1.2.3.1

No hay múltiples sentidos de un texto

40

1.1.2.3.2

El texto no es independiente de su autor

41

1.1.2.3.3

El objetivo de la lectura de un texto es buscar el sentido original

42

1.1.2.3.4

Hay múltiples significados

43

1.2

CAMBIOS DE PARADIGMA A NIVEL TEOLÓGICO - ECLESIAL

45

1.2.1

El impacto de la Teología de la Liberación

46

1.2.2

El impacto del Pentecostalismo

51

1.2.2.1

La concepción hermenéutica del movimiento Pentecostal

54

1.2.2.2

El movimiento Pentecostal es experiencial, dogmático y literalista

55

1.2.2.3

Un ejemplo de una exégesis deficiente en la predicación actual

58

 

 

 

2.

EL PRINCIPIO DE LA SOLA SCRIPTURA EN CALVINO

61

2.1.

FORMACIÓN HUMANISTA DE CALVINO

63

2.2.

FUNDAMENTO TEOLÓGICO

64

2.3

AUTORIDAD Y NATURALEZA DE LAS ESCRITURAS

66

2.3.1

Sobre EL conocimiento de Dios

67

2.3.2

La autoridad de las Escrituras

70

2.3.3

El propósito de las Escrituras

74

2.3.4

El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento

76

2.4

LAS ESCRITURAS Y LA SOTERIOLOGÍA

78

2.5.

LAS ESCRITURAS Y LA PNEUMATOLOGÍA

83

2.5.1

La acción secreta del Espíritu Santo en la Salvación

84

2.5.2

La fe como medio subjetivo

85

2.6

LAS ESCRITURAS Y LA ECLESIOLOGÍA

88

2.6.1

La predicación de la Palabra

88

2.6.2

La iglesia como comunión de los santos

90

2.6.3

La Iglesia Visible es la madre de todos los creyentes

91

2.6.4

La Iglesia Visible e Invisible

91

2.6.5

Las señales de la Iglesia Visible

93

2.6.6

La iglesia verdadera y la iglesia falsa

93

2.6.7

La disciplina en la iglesia

94

2.7.

CALVINO Y SU ACERCAMIENTO A LAS ESCRITURAS

96

2.7.1

Práctica exegética

98

2.7.1.1

El uso de la Retórica

100

2.7.1.2

El contexto

101

2.7.1.3

El sentido obvio del texto

103

2.7.1.4

La intención del autor

105

2.7.1.5

El principio de no agregar, y no quitar

106

2.7.1.6

Dominio de la sintaxis

107

2.7.1.7

Dominio de la filología

108

2.7.1.8

Uso de figuras literarias

111

2.7.1.9

Dominio de la Patrística

112

2.7.1.10

La interpretación mesiánica

113

2.7.2

Manejo de problemas de crítica

115

 

 

 

3.

CARACTERÍSTICAS DE UNA INTERPRETACIÓN BÍBLICA REALIZADA A LA LUZ DEL PRINCIPIO REFORMADO DE LA SOLA SCRIPTURA

 

 

117

3.1

RETORNO A LA AUTORIDAD DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS

118

3.1.1

El estudio del texto bíblico como prioridad

124

3.1.2

Énfasis en la comunicación de las Escrituras

125

3.1.3

Acercamiento bíblico al estudio de la Teología

126

3.1.4

Una teología bíblica del ministerio cristiano

127

3.1.5

La práctica de ética bíblica

128

3.1.6

Amor profundo hacia las Escrituras

129

3.2.

EL FIN ÚLTIMO DE LA PREDICACIÓN Y LA ENSEÑANZA DE LA BIBLIA

 

130

3.3.

UN ÉNFASIS MISIOLÓGICO

133

3.4.

LA URGENCIA DE LA CONTEXTUALIZACIÓN

135

3.5.

EL BUEN USO DE LAS CIENCIAS

140

3.6.

EL PAPEL DE LA COMUNIDAD

142

 

 

 

CONCLUSIONES

146

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

154

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

Uno de los pilares de la Reforma del Siglo XVI fue el principio de la Sola Scriptura, ya que ésta era la base para entender los principios de Sola Gratia y Sola Fide.  La centralidad de las Sagradas Escrituras en la teología reformada muestra la importancia de tratar este tema.  Sin embargo, cuando se analiza a la iglesia cristiana evangélica, se encuentra que muchas veces ha habido una deficiencia en la aplicación de este principio en la enseñanza de la iglesia.

 

 

La enseñanza de la iglesia muchas veces no ha podido cambiar el carácter, mentalidad y espiritualidad de forma profunda en sus miembros.  La iglesia en muchas ocasiones no ha sido un movimiento que permea, sino que ha sido permeada por prácticas extrabíblicas.[1]  En la experiencia del autor de este trabajo en la iglesia cristiana tanto como laico y como pastor, se ha notado gran deficiencia en el acercamiento a las Sagradas Escrituras.  Sobre esto surgen algunas preguntas: ¿En verdad el principio Reformado de la Sola Scriptura provee una base sólida para la enseñanza de la Biblia?  ¿A qué se debe la poca formación bíblica, tanto en las iglesias tradicionales o históricas como en los nuevos movimientos pentecostales?  ¿El principio de la Sola Scriptura no ha podido renovar las iglesias?  ¿Es un principio válido para la vida espiritual de las iglesias?  ¿Cuáles han sido las fallas hermenéuticas que la iglesia ha tenido en su labor de la enseñanza de la Biblia?  ¿No se ha comprendido la profundidad del principio de la Sola Scriptura?

 

 

1.       JUSTIFICACIÓN

 

 

Ya que la teología de la iglesia cristiana evangélica proclama la centralidad de las Sagradas Escrituras, es necesario profundizar en el principio de la Sola Scriptura y evaluar a la luz de éste lo que está pasando con la enseñanza de la iglesia.  Esta investigación pretende demostrar que el principio de la Sola Scriptura provee una base sólida para la enseñanza de la Biblia en las iglesias.

 

2.      OBJETIVOS

 

 

La razón de ser de éste estudio está orientada por los siguientes objetivos:

 

 

 

 

2.1  OBJETIVOS GENERALES

 

 

2.1.1  Analizar y evaluar la interpretación y la enseñanza bíblica de la iglesia a luz del principio reformado de la Sola Scriptura.

 

 

2.1.2  Señalar algunas características que deberían estar presentes en la interpretación bíblica a la luz del principio reformado de la Sola Scriptura.

 

 

2.2  OBJETIVOS ESPECÍFICOS

 

 

Estos objetivos tratarán de aplicar los principios que resultan de la evaluación de la teología de la Reforma a la interpretación y enseñanza bíblica de hoy.

 

2.2.1  Analizar el fundamento y la praxis de la enseñanza de la Biblia en los nuevos movimientos cristianos más representativos.

 

 

2.2.2  Presentar el principio de la Sola Scriptura en Calvino.

2.2.3  Demostrar que el principio de la Sola Scriptura dio las bases para una nueva dimensión en el acercamiento a las Sagradas Escrituras.

 

 

2.2.4  Mostrar que el principio de Sola Scriptura es una de las bases para un despertar en la enseñanza  de la Biblia.

 

 

2.2.5  Mostrar la necesidad que tienen las iglesias protestantes de volver a sus raíces teológicas y encontrar allí el desafío que presenta el principio de la Sola Scriptura para la enseñanza de la Biblia en el día de hoy.

 

 

2.2.6  Evaluar a la luz del principio reformado de la Sola Scriptura, el fenómeno de la interpretación y enseñanza de la Biblia.

 

 

3.  DELIMITACIÓN DEL TEMA

 

 

Dada la enorme extensión de la obra del reformador, resulta materialmente imposible leer toda su obra con la misma intensidad.  Este trabajo girará en torno a la teología presente en la "Institución de la Religión Cristiana", obra que Calvino reelaboró y revisó repetidas veces a lo largo de su vida.  La Institución es un obra que encierra en forma ordenada y lógica la teología de la Reforma y es considerada como la máxima expresión de la Reforma del siglo XVI.  Sin embargo, esta investigación será apoyada por las diferentes obras de Calvino que traten sobre éste tema, y por algunos libros que presenten la realidad de la enseñanza de la Biblia.

 

 

4.  DISEÑO METODOLÓGICO

 

 

El autor hará uso del método inductivo para el desarrollo de este trabajo.  Investigará en las obras de y sobre el reformador Juan Calvino, y de autores que presenten la realidad de la enseñanza de la Biblia en la iglesia.

 

 

 

 

1.      CORRIENTES DE INTERPRETACION DE TEXTOS QUE HAN PUESTO EN  CRISIS EL PRINCIPIO REFORMADO DE LA SOLA SCRIPTURA

 

 

En el día de hoy, la iglesia está pasando por una aguda crisis en cuanto a su vocación de predicar la Palabra de Dios.  Hay mucha superficialidad en los púlpitos de las iglesias, y por ende, mucha inmadurez en los creyentes.  Se vive lo que se podría llamar analfabetismo bíblico de los cristianos[2]: las iglesias no conocen la verdadera Palabra de Dios; sólo conocen el pensamiento de su pastor.  Jacques Ellul en su libro La Humillación de la Palabra, argumenta que en la realidad posmoderna, la palabra en general ha sido humillada por la imagen.[3]  Una implicación de esta realidad según Jorge Atiencia es que en el día de hoy en las iglesias es más importante entretener que decir la verdad.[4]  Hay un vacío de auténtica exposición bíblica y la consecuencia trágica es que deja sin contenido a la fe.  Hay manoseo y abuso del texto para respaldar, muchas veces, los intereses personales del expositor o diferentes ideologías.[5]  Muchos líderes han recurrido a prácticas hermenéuticas cuestionables, que han agudizado la crisis del principio de la Sola Scriptura.

 

Este capítulo se acercará al tema de la crisis del principio de la Sola Scriptura bajo un análisis de las corrientes de interpretación de textos, corrientes que son producto de los cambios de paradigmas a nivel cultural y teológico-eclesial.  Aunque es muy difícil hacer un análisis de la crisis del principio de la Sola Scriptura y resumirlo en unos cuantos puntos, ya que se corre el peligro de generalizar y aun de ser reduccionista o simplista ante un tema de tan grande magnitud, se pretende estudiar esta crisis bajo dos repercusiones que se desprenden de la realidad de la exégesis de las iglesias: la primera tiene que ver con el cambio de paradigma a nivel cultural, un cambio de lo moderno a lo posmoderno con las implicaciones que esto conlleva; la segunda se aproxima a la crisis en un nivel teológico-eclesial mostrando el alcance de movimientos que han impactado al quehacer teológico en las iglesias.

 

 

1.1.    CAMBIOS DE PARADIGMA A NIVEL CULTURAL

 

 

La época actual es testigo de profundos cambios en la forma de pensar, los valores, las creencias, las costumbres y las instituciones; en otras palabras, cambios en la cosmovisión cultural.  En esta sección se hará énfasis en las repercusiones de estos cambios sobre la interpretación bíblica.

 

 

1.1.1  Del modernismo al posmodernismo.  La palabra 'modernismo' es muy antigua, pero desde el periodo de la Ilustración se ha utilizado para hacer referencia a la protesta contra la cosmovisión del Renacimiento con su interés por el tiempo clásico.[6]  En el día de hoy muchos escritores usan el término 'modernismo' para indicar una época superada, y 'posmoderno' para indicar la época actual.[7]  El pensamiento modernista como tal no existe; existe un conjunto de ideas, filosofías, cosmovisiones, sistemas sociales, cada uno con su propia historia.  No es un proceso causal donde se pueden ver claramente los diferentes pasos que condujeron a la situación actual, sino que es todo un tejido de hechos históricos, datos, documentos, corrientes, influencias, personalidades, etc.[8]  Algunos historiadores marcan el inicio de la era moderna con el Renacimiento de los siglos XIV y XV, mientras otros lo señalan con la Ilustración del siglo XVIII.  Aunque no hay consenso respecto a esto, se reconoce que hubo un cambio de paradigma que afectó todas las áreas del quehacer humano hasta el día de hoy.[9]

 

 

Para el ser humano modernista, el progreso llegó a ser la nueva religión.  Su discurso estaba influenciado por las ideas de libertad y autonomía individual en todas las esferas de la vida.[10]  El modernismo exaltó los derechos humanos, rechazó al cristianismo, y dio estatus divino a la razón.  En el período modernista, la razón humana tomó el lugar de Dios, pretendiendo resolver todos los problemas de la humanidad.[11]  La libertad y la subjetividad llegaron a ser la base misma del modernismo, donde la libertad se convierte en un derecho intrínseco e inalienable del ser humano, y esta es la base del principio modernista de la libertad de la subjetividad.[12] 

 

 

A nivel político, esta libertad se expresa en la posibilidad de la participación de cada individuo, con iguales derechos, en las decisiones políticas.  A nivel económico, significa la posibilidad de perseguir los intereses propios dentro de un mercado libre.  A nivel personal, implica la autonomía ética y la posibilidad de la autorealización.  Sin embargo, esta libertad está limitada por el reconocimiento de fines colectivos, el bien común, y los valores anteriores al individuo.[13]

 

 

1.1.1.1  Características del pensamiento modernista.  El pensamiento modernista se caracterizaba por contemplar los fenómenos naturales sin hacer referencia a lo sobrenatural, y reemplazar la autoridad eclesial con el razonar de las mentes individuales por medio del método científico.  Para el modernismo, el progreso, cuyo fin era alcanzar el bien común, estaba enmarcado en el desarrollo de la ciencia, la tecnología y el crecimiento económico.[14]

 

 

La importancia que se le dio al progreso, llevó a una cosmovisión optimista llena de confianza en los logros humanos, con el ideal de que en el futuro siempre habría algo mejor.  El modernismo consideró la historia humana como un proceso progresivo de emancipación, como la realización perfectible del hombre ideal.  Ya que la historia tiene un sentido progresivo, tiene más valor lo que es más avanzado, lo que se encuentra más cerca del thelos, la conclusión o final.  Ahora, para concebir la historia como progreso es necesario verla como un proceso unitario; sólo debe existir la historia[15].

 

 

Concebir la historia como unitaria implica la existencia de un centro que reúne y ordena los acontecimientos.  Para el modernista, la historia está enmarcada más específicamente por todo el acontecer de la civilización occidental, fuera de la cual están los seres humanos primitivos y las naciones subdesarrolladas.[16]

 

 

El modernismo fue terreno fértil al capitalismo y al individualismo, rompió con los esquemas medievales de la ciencia, al política, la economía, literatura y arte.[17]  El modernismo promulgó el ideal de que el ser humano podía por medio de la ciencia y la tecnología controlar el mundo, sin impedimentos como la tradición, la ignorancia o la superstición.[18]

 

 

1.1.1.2  La influencia del modernismo en el cristianismo.  No hay que olvidar que el Renacimiento preparó el camino para la Reforma del siglo XVI.  Los reformadores hicieron uso de las herramientas lingüísticas y humanistas de la época, como el volver a los idiomas clásicos, incluyendo el griego y hebreo, y el uso de la exégesis gramático-histórica propia de los humanistas.[19]  Sin embargo, el cristianismo fue sometido a las devastadoras críticas del racionalismo.  En su urgencia de librar a la fe cristiana de cualquier mito pre-moderno que no se podía comprobar científicamente, los pensadores modernistas desecharon lo sobrenatural como algo caduco. David Hume argumentó en contra de los milagros, y otros tantos como Schleiermacher siguieron por el mismo camino.  Schleiermacher llegó a considerar que los conceptos bíblicos tradicionales, como los milagros, la encarnación, la muerte substitucional y sacrificial de Cristo, son inadecuados para el ser humano modernista.  Bultmann planteó la desmitologización de las Escrituras, y así sucesivamente se comenzó a cuestionar la veracidad de la Biblia.[20]  Esto implicaba que nada era excluido de la soberanía del intelecto humano, ya que el ser humano es la medida de todas las cosas.

 

 

En el campo de la hermenéutica bíblica, como se verá más adelante, los preceptos del modernismo se tornaron subjetivos y antropocéntricos.  La Biblia perdió su carácter de autoridad objetiva.[21]  La concepción del universo como un sistema natural cerrado de causa y efecto llevó a explicar cada fenómeno en términos de una causa desde el interior del sistema.  Esto afectó la concepción ética, las personas comenzaron a responder las preguntas éticas en términos de este sistema cerrado, bajo una óptica utilitarista, que decidía los asuntos morales, no apelando a los absolutos trascendentales, sino por medio del estudio del efecto de una acción sobre el sistema.[22]

 

 

1.1.1.3  Crisis del modernismo.  El modernismo entró en crisis, a partir de la primera guerra mundial, cuando sus ideales de progreso, bienestar, y la creación de una sociedad justa e ideal para el ser humano por medio de la ciencia y la tecnología, fracasaron.  El modernismo mostró también su rostro cruel; pese al aumento de la ciencia y la tecnología no se vislumbraba el bien común por ningún lado, como lo expresa Fernando Cruz Kronfly:

 

Las promesas que las ideas de progreso, de Historia, y de la Razón mantuvieron en alto con indiscutible prestigio y credibilidad, comenzaron a dejar ver el hueso debajo de su carne.  En efecto, en medio de la fiesta de la Razón y de la credibilidad inmensa en sus posibilidades, el siglo XX presencia las más impresionantes carnicerías humanas de las que se tenga noticias, con el empleo en intensidad de todos los recursos técnicos y con la música de los clásicos de fondo.  La Razón bebía sangre también entonces, como cualquier bestia, organizaba y refinaba la fiesta de la sangre y, como si fuera poco, la racionalizaba y la llenaba de justificaciones históricas.  A las puertas del siglo XXI, la humanidad observa que mucho más de la mitad del mundo empobrecido muere de miseria delante de la más impresionante opulencia, que el agua se contamina y se agota, que los mares polucionan, que la capa de ozono se destruye, que los bosques y la fauna son ya casi imaginaciones fantásticas en los relatos de los abuelos.

 

Y entonces, ante la contundencia de los hechos se derrumban los relatos de los cuales la humanidad construyó sus esperanzas durante estos cinco siglos en que creíamos con fe ciega en el progreso, la razón inteligente, la historia, el sujeto racional centrado sobre sí mismo.[23]

 

La ciencia y la tecnología fueron incapaces producir un mundo de igualdad y bienestar, y esto produjo en el ser humano una sensación de impotencia y fracaso; pese a todos los avances el hombre no pudo cambiar su propia naturaleza, inclinada al mal.  La crisis del modernismo y el surgimiento del posmodernismo han producido un período de transición donde estos todavía están en una constante lucha.

 

 

1.1.1.4  Surgimiento del posmodernismo.  La paulatina decadencia del modernismo ha dado lugar a una nueva manera de concebir la realidad.  Esta nueva cosmovisión se ha denominado posmodernismo.  El modernismo suponía que sólo existía una respuesta posible a cualquier pregunta, suposición que implicaba que el mundo podía ser controlado y ordenado racionalmente si se lo imaginara y representara de la forma correcta, si se encontraba esa respuesta universal.  Por lo tanto, debía existir un único modo correcto de representación de la realidad, el cual debía ser descubierto.  El punto céntrico del ataque contra el modernismo era que éste presuponía la existencia de la verdad objetiva.[24]  La posmodernidad, en cambio, afirma que no existen los absolutos, no existe la verdad objetiva, y mucho menos la verdad absoluta.[25]

 

 

El posmodernismo ve la realidad sobre una base completamente diferente, aceptándola como una construcción social y evitando totalmente cualquier discurso totalizador.[26]  Esto se puede apreciar en la siguiente cita:

 

Hassan contrasta los valores del modernismo con los del posmodernismo ofreciendo un conjunto de antítesis: Los modernistas creen  en la determinación; los posmodernistas creen en la indeterminación.  Mientras que el modernismo hace énfasis en el propósito y el diseño, los posmodernistas enfatizan el juego y el azar.  El modernismo establece una jerarquía, el posmodernismo cultiva la anarquía.  El modernismo valora el tipo, el posmodernismo el mutante.  El modernismo busca el logos, el significado subyacente del universo expresado en el lenguaje.  El posmodernismo, por otro lado, abraza el silencio, rechazando tanto el significado como la palabra (…) En lugar de la preocupación modernista por la creación / totalización / síntesis, los posmodernistas se interesan más por la decreación / deconstrucción / antítesis.  Los modernistas valoran la selección y las fronteras; los posmodernistas valoran la combinación y las interconexiones.  Los modernistas cultivan la presencia; los posmodernistas cultivan la ausencia.  Los modernistas se interesan en la profundidad; los posmodernistas tienen interés en la superficie.  El modernismo hace énfasis en la forma; el posmodernista en la antiforma.[27]

 

El posmodernismo es un intento de llenar el vacío que ha dejado el modernismo; el posmodernismo es como la desilusión del modernismo.  El modernismo se formuló en base a la autosuficiencia humana, en contraste el posmodernismo es una afirmación del caos y la impotencia del ser humano.  En el posmodernismo, como se ha venido afirmando, no existe la verdad, sino múltiples verdades.  No existe una razón objetiva, sino múltiples razones.  No hay una civilización, cultura, creencia, norma o estilo privilegiada, sino una multitud de culturas, creencias, normas y estilos.  No hay lo que se pudiera denominar justicia universal, sino intereses de grupos.  No existe una gran narrativa de la historia, sino múltiples historias.[28]

 

 

Para el posmodernismo, la historia no tiene thelos, no tiene un propósito unitario.  El modernismo deja de existir cuando desaparece la posibilidad de hablar de historia como una entidad unitaria.  No existe una historia única, sino nociones del pasado concebidas desde diversos puntos de vista; por ende, no es correcto hablar de un punto de vista superior que sea capaz de unificar todos los demás.[29]  Según el posmodernismo, la idea de historia unitaria es reduccionista y selectiva, y por lo general cada representación histórica está determinada por un carácter ideológico preestablecido.[30]  Como lo enfatiza la siguiente cita de Walter Benjamin:

 

La historia concebida como un decurso unitario es una representación del pasado construida por los grupos y las clases sociales dominantes. ¿Qué es, en efecto, lo que se transmite del pasado?  No todo lo que ha acontecido, sino sólo lo que parece relevante.  Por ejemplo, en la escuela aprendimos muchas fechas de batallas, tratados de paz, incluso revoluciones; pero nunca nos contaron las transformaciones en el modo de alimentarse, en el modo de vivir la sensualidad o cosas por el estilo.  Y así, las cosas de que habla la historia son las vicisitudes de la gente que cuenta, de los nobles, de los soberanos y de la burguesía cuando llega a ser clase poderosa; en cambio, los pobres e incluso los aspectos de la vida que se consideraban bajos no hacen historia.[31]

 

La consecuencia de no concebir la historia como decurso unitario es que el concepto de progreso es socavado: la historia no avanza hacia algún thelos.  El modernismo creía que el ser humano se dirigía hacia un ideal determinado que implicaba un modelo establecido de realización.  En contraste, en el nuevo concepto posmodernista de historia ya no se tiene este modelo ideal, que para muchos era parcializado.  Esto es ejemplificado de forma clara por Vattimo:

 

Teniendo esto en cuenta, se comprende también que la crisis actual de la concepción de la historia, la consiguiente crisis de la idea de progreso y el ocaso de la modernidad no son solamente acontecimientos determinados por transformaciones teóricas, por las críticas que el historicismo decimonónico (idealista, positivista, marxista, etc.) ha padecido en el plano de las ideas.  Ha sucedido algo mucho mayor y muy distinto: los pueblos primitivos, los así llamados, colonizados por los europeos en nombre del buen derecho de la civilización superior y más desarrollada, se han rebelado y han vuelto problemática de hecho una historia unitaria, centralizada.  El ideal europeo de humanidad se ha manifestado como un ideal más entre otros muchos, no necesariamente peor, pero que no puede pretender, sin violencia, el derecho de ser la esencia verdadera del hombre, de todo hombre.[32]

 

En otras palabras, lo que implica el nuevo concepto de historia, es que no se puede ordenar la historia bajo la idea de historia universal, ni en el marco de los metarrelatos, ya sea el cristianismo, el marxismo, o el capitalismo.  No existe un punto arquimédico que sea guía o modelo de los pensamientos y actos del hombre.  El posmodernismo es incrédulo con los metarrelatos; todas las transformaciones del posmodernismo ponen en crisis los relatos.[33]

 

 

Como ya se ha afirmando, el posmodernismo hace un ataque frontal al carácter absoluto de la Razón.  El posmodernismo cuestiona la idea de una verdad general y objetiva, y desconfía de toda teoría totalizante que propugna la emancipación universal.  Para los posmodernos el mundo carece de coherencia y por lo tanto no se puede representar de forma única.  Todo lo que existe es un grupo de fragmentos en constante cambio, por lo cual no hay una sola historia, ni un punto de vista comprensivo que totalice la historia.  Por ende, el posmodernismo pone énfasis en la fragmentación y la discontinuidad.  Jorge Larraín describe este énfasis de la siguiente manera:

 

El modernismo con sus discursos totalizantes de emancipación presumía hablar por los otros (pueblos colonizados, negros, minorías, grupos religiosos, mujeres, la clase obrera) con una voz única.  El posmodernismo rechaza estos discursos totalizantes, sean religiosos, liberales o marxistas.  Todos los grupos tienen derecho a expresarse por sí mismos, en su propia voz y dialecto.  Esto mostraría la posición pluralista del posmodernismo como teoría que ha sido instrumental en el reconocimiento de las múltiples formas que asume el otro, que surgen de diferencias de ubicación geográfica, de género masculino o femenino, del tipo de sexualidad y de raza.  En esta medida, el posmodernismo parece apoyar al discurso latinoamericano que intenta no ser reducido a los modelos europeos y que afirman su carácter único y su propia especificidad.[34]

 

El modernismo fomentó el rechazo posmoderno a cualquier absoluto y el abanderamiento de la premisa que no hay reglas que deban controlar la sociedad, debido a sus discursos basados en absolutos que supuestamente conducirían a un mundo ideal, sin problemas y lleno de bienestar, pero que en realidad dio origen a sistemas opresivos, a guerras, a violaciones de los derechos, a decadencia, a contaminación y a miseria.[35]

 

 

1.1.1.5  El método crítico deconstruccionista.  En todo el planteamiento anterior, se encuentran las bases de donde surge el método crítico llamado "deconstrucción", que según Salinas es la médula de la epistemología posmoderna.[36]  La deconstrucción se mueve principalmente en el campo de la lingüística; por lo tanto, en la próxima sección se dedicará especial cuidado a las teorías lingüísticas.

 

 

La deconstrucción asume que la mente humana está incapacitada para acceder a la realidad.  No hay una estructura racional de la realidad, y aun si la llegara a haber, no es posible conocerla.  Lo único que el ser humano puede conocer es su propio lenguaje.  Entonces, la deconstrucción afirma que el lenguaje es el único medio para llegar a conocer, pero este es un elemento arbitrario, que deja a las palabras sin significado fijo.  Es opción de cada persona darle la interpretación que quiera.  Así, cada uno crea, arbitrariamente, su propio sistema lingüístico.[37]  Esto implica que al acercarse a un texto, no es posible encontrar un significado fijo y mucho menos la intención del autor.  Todas las interpretaciones son igualmente válidas.  El significado se crea, para el posmodernismo, por un grupo social y su lenguaje.  En caso de un texto escrito, este depende únicamente de su intérprete.[38]

 

 

Para los posmodernistas, los metarrelatos son un engaño retórico, pues estos últimos presuponen lo que el autor está intentando comprobar: son sistemas prejuiciados.  Los modernistas accedían al conocimiento siempre bajo marcos de referencia, pero la meta del posmodernismo es deshacerse definitivamente de estos marcos para el conocimiento.  Para los posmodernos los metarrelatos son historias sobre historias, interpretaciones teóricas a gran escala de una presumible aplicación universal, es decir, son cosmovisiones.  El posmodernismo es una cosmovisión que niega todas las cosmovisiones.[39]

 

 

Para los posmodernistas, todo significado es construido socialmente en una perspectiva muy particular del lenguaje.  Las obras escritas no tienen un significado objetivo.  Para los lingüistas posmodernos deconstruccionistas, el lenguaje es intrínsecamente inestable.  El significado, por ende, es engañoso y cambiable.  El sentido lingüístico descansa en oposiciones y exclusiones.  Una cosa siempre es definida por su opuesto, la mente funciona de esta manera: no se puede definir luz sin hacer referencia a oscuridad.  Sin embargo, como cada palabra se define en términos de lo que excluye, cada palabra lleva un rastro de su opuesto.  Por ejemplo, cada vez que se habla de hombre se excluye la mujer.[40] 

 

 

Lo central de esta teoría es que supone que el significado verdadero de un texto se encuentra debajo de la superficie, por ello desarrolla una hermenéutica de la sospecha.  No se aproxima a un texto para descubrir lo que significa objetivamente, sino para desenmascarar lo que está escondido.  Como el lenguaje está prejuiciado, se tratan de buscar los objetivos  "siniestros" que encierra el mensaje.  El lenguaje no revela el significado sino que construye el significado.[41]  El siguiente ejemplo ayuda a entender mejor el deconstruccionismo:

 

La deconstrucción, aunque algunas veces se limita a encontrar contradicciones lingüísticas o literarias, se presta mucho a la política radical.  La hermenéutica de la sospecha ve cada texto como una creación política, diseñada generalmente para funcionar como propaganda del status quo.  Esto es verdad especialmente cuando se trata de textos que gozan de algún estatus, las grandes obras de literatura, los clásicos promovidos en los colegios y que hacen parte del canon de la civilización.  Estos textos son privilegiados pues codifican y justifican el racismo, sexismo, homofobia, imperialismo, opresión económica, represión sexual que constituye la infraestructura escondida de la sociedad.  Considera, por ejemplo la Declaración de Independencia.  Mantenemos que estas libertades son auto-evidentes, que todos los hombres son creados iguales; y que son dotados por su creador con ciertos derechos inajenables; que entre estos se encuentra la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad.  Podría deconstruirse más o menos de la siguiente manera:  Aunque el texto habla  de igualdad, su lenguaje excluye a la mujer (todos los hombres son creados iguales).  Aunque habla de libertad, su autor Thomas Jefferson, poseía esclavos.  El significado superficial de igualdad y libertad es contradicho completamente por el subtexto, el cual niega la igualdad y libertad de las mujeres y a las minorías.  El pasaje canoniza los derechos de los hombres blancos ricos que firmaron el documento, buscando su estatus privilegiado en Dios mismo.  De esta manera la Declaración de Independencia puede deconstruirse hasta llegar simplemente a otro juego de poder, implicando lo opuesto de su significado superficial.[42]

 

Esto es aplicable a cualquier obra literaria.  Es un intento de interrogar el texto para descubrir la agenda política, filosófica, de género, etc., que subyace escondida en este.  El deconstruccionismo da una perfecta introducción para tratar el impacto de la lingüística en la hermenéutica bíblica.

 

 

1.1.2  El impacto de las teorías lingüísticas.  En el transcurso de la historia la lingüística ha impactado el quehacer teológico y exegético, por lo cual se hace necesario un estudio de las implicaciones y aportes de las teorías lingüísticas.  Hablar hoy de multiplicidad de sentidos en un texto es algo completamente natural y aceptado.  En los colegios, universidades y seminarios no se cuestionan estas teorías.  Por esta razón es muy importante profundizar en este tema que da un nuevo matiz al principio de la Sola Scriptura.

 

 

1.1.2.1  Antecedentes.  Para entender las teorías lingüísticas es bueno saber en qué contexto de la historia del pensamiento se desarrollaron.  Para esto se describirán los movimientos conocidos como Positivismo y Estructuralismo, en relación con la lingüística.

 

 

1.1.2.1.1  El Positivismo.  El positivismo abarca el período comprendido entre 1840 y el inicio de la primera guerra mundial (1914) aproximadamente.  En la época positivista, Europa alcanzó una relativa paz, fue el tiempo de la expansión colonial europea en Asia y Africa.  Es en este periodo en el que culmina en Europa la transformación industrial; los descubrimientos científicos cambian el sistema de producción; se da el desarrollo de las grandes ciudades, aumenta la producción y la riqueza, hay un triunfo de la medicina sobre las enfermedades infecciosas.  En otras palabras, hay un cambio radical en el modo de vivir.  Se gesta el ideal de que el progreso humano y social es imposible de detener, debido a los avances de la industria, de la ciencia y la educación.[43]  Giovanni Reale en su libro "Historia del Pensamiento Filosófico y Científico", puntualiza la razón de ser del Positivismo: "Una estabilidad política básica, el proceso de industrialización y los avances de la ciencia y de la tecnología constituyen los pilares del medio ambiente sociocultural que el positivismo interpreta, exalta y favorece".[44]

 

 

El positivismo, a diferencia del idealismo, define la ciencia como indispensable: sólo se puede conocer aquello que la ciencia permite conocer.  El método de las ciencias naturales (descubrimiento de las leyes causales y el control que éstas ejercen sobre los hechos) no sólo se aplica a las ciencias naturales sino también al estudio de la sociedad; en este contexto nace la sociología.[45]

 

 

1.1.2.1.2  El Estructuralismo.  El estructuralismo ayuda a comprender el orden lógico del pensamiento de los lingüistas modernos.  En filosofía, el estructuralismo surge como contra propuesta a las soluciones de los problemas filosóficos con relación al sujeto humano y al desarrollo de su historia, que planteaba el existencialismo, el subjetivismo idealista, el humanismo personalista, el historicismo y el empirismo, ya que estos movimientos concebían al sujeto humano con su presunta libertad, su presunta responsabilidad, y su presunto poder de hacer historia.[46]

 

 

Para el estructuralismo es más importante la estructura que el propio sujeto humano.  Es la estructura la que provee los criterios necesarios para entender la realidad.  En la siguiente cita se puede ver el intento del estructuralismo:

 

Los Estructuralistas quisieron despojar al sujeto y sus tan celebradas capacidades de libertad, auto-determinación, auto-trascendencia y creatividad, a favor exclusivo de estructuras profundas e inconscientes, omnipresentes y omnideterminantes, esto es, de estructuras omnívoras en relación con el "yo".  El objetivo perseguido consiste en convertir las ciencias humanas en científicas (...)  El estructuralismo, en efecto, no se presenta como un conjunto compacto de doctrinas (no existe una doctrina estructuralista); se caracteriza más bien por la polémica contra el subjetivismo, el historicismo y el empirismo.   Podríamos decir que el estructuralismo filosófico es un abanico de propuestas aisladas que hallan su unidad en una propuesta común contra la exaltación del "yo" y la glorificación del finalismo de una historia humana llevada a cabo, guiada o concreada por el hombre y su esfuerzo.[47]

 

Así, para el estructuralismo filosófico, la categoría o noción fundamental no es el ser sino la relación, no es el sujeto sino la estructura.  "Los hombres, al igual que las piezas de ajedrez o las cartas de una baraja, y también del mismo modo que los entes lingüísticos, matemáticos o geométricos, no tienen significado y no existen fuera de sus relaciones que los instituyen, los constituyen y especifican su conducta.  Los hombres, los sujetos, son formas y no substancias (...) El Estructuralismo proclama que el hombre ha muerto".[48]

 

El criterio citado anteriormente va ayudar a entender en forma más clara la independencia que tiene texto de su autor original y sus destinatarios, y como la estructura en sí es suficiente e independiente para presentar su mensaje.

 

 

1.1.2.2  Teorías Lingüísticas.  El impacto de la lingüística en la exégesis y en la teología, la ha colocado como tema de referencia para los estudiosos de la Biblia.  Si se quiere profundizar en el tema de las teorías lingüísticas es necesario acudir a los lingüistas que han tenido más impacto en relación con la ciencia de la interpretación.  En el desarrollo de este tema no se pretende mostrar cuál de las teorías es cierta, sino simplemente presentarlas, ya que están afectando el quehacer exegético de la iglesia.  Sin embargo, se harán algunos cuestionamientos en cuanto a sus postulados.

 

 

1.1.2.2.1  Ferdinand de Saussure.  Saussure construye su teoría lingüística tomando como base los postulados del Positivismo y el Estructuralismo.[49]  Los grandes aportes a la lingüística que hace Saussure radican en la diferencia que él establece entre lenguaje, lengua (langue) y habla (parole), su estudio de la composición del signo lingüístico, y su diferenciación entre lingüística sincrónica y diacrónica.

 

 

Lenguaje (language): es la facultad o capacidad poseída por todos los seres humanos para comunicarse.[50]  La lengua (langue) es una parte del lenguaje, es un producto social del ejercicio de la facultad del lenguaje y consiste en un sistema de convenciones necesarias adoptadas por el cuerpo social para permitir el ejercicio de dicha facultad en los individuos.[51]  La lengua es exterior al individuo e independiente de él.  Es un hecho institucional, el individuo la encuentra ante sí, la aprende y la padece.[52]  Es un sistema de signos, abstracto.[53] En otras palabras es el código de signos compartidos por una comunidad, por ejemplo, el español.  El habla (parole), a diferencia de la lengua que es un modelo colectivo, un código, una máquina institucional preparada para la comunicación e independiente del individuo, es un acto individual de la voluntad y la inteligencia.[54]  Es el ejercicio individual de la lengua por un sujeto a una comunidad dada, la concreción de la lengua. Por ejemplo, como habla Luis Eduardo en su comunidad.

 

 

Al separarse la lengua del habla, se está separando:

 

1.      Lo que es social de lo que es individual.

2.      Lo que es esencial de lo que es accesorio y más o menos accidental.

3.      Lo que es abstracto de lo concreto.[55]

 

Con base en esta división, Saussure definió la lengua como el objeto de estudio de la lingüística, ya que el lenguaje es demasiado general y el habla demasiado particular como para ser estudiados científicamente.

 

 

En su estudio de la lengua, Saussure se enfoca principalmente en el signo lingüístico, el  cual es el elemento que compone la lengua.  Éste es la unión entre un concepto y una imagen acústica.  La imagen acústica no es el sonido material, o una cosa puramente física, sino una huella psíquica, la representación que de él nos da el testimonio de nuestros sentidos; esa imagen es sensorial, es el concepto generalmente más abstracto.[56]  Saussure da un ejemplo de que uno sin mover los labios y la lengua, puede hablarse a sí mismo o recitarse mentalmente un poema.

 

 

La combinación del concepto y de la imagen acústica se le llama signo.  La ciencia que estudia los signos se llama Semiología: el propósito de esta ciencia es decirnos en qué consisten los signos y qué leyes los regulan.  Los signos no son únicamente lingüísticos, por lo cual la semiología abarca otros sistemas de signos, por ejemplo los ritos simbólicos, el alfabeto de los sordomudos, las formas de cortesía, las señales militares, la moda, las señales visuales, marítimas, etc.[57]  El signo lingüístico, para Saussure, como se dijo antes, es la unión entre concepto e imagen acústica.[58]  Para entender mejor estas definiciones Saussure propone reemplazar el término 'concepto' por 'significado', e 'imagen acústica' por 'significante'.

 

 

El signo, así definido, posee dos rasgos principales: la arbitrariedad y el carácter lineal.  La unión entre el significado y el significante es arbitraria, y como se ha dicho que el signo es la unión entre significado y significante, se puede decir que el signo lingüístico es arbitrario.  Se trata de una mera convención, dado que no existe necesidad ninguna de ligarlos.  Saussure ilustra esto con el siguiente ejemplo: "la idea de sur no está ligada por relación interior alguna con la secuencia de sonidos s-u-r que le sirve de significante; podría estar representada tan perfectamente por cualquier otra secuencia de sonidos."[59]  Esto no es de libre elección del sujeto hablante, no está en manos del individuo el cambiar nada en un signo una vez establecido por un grupo lingüístico, sino que es arbitrario con relación al significado, con el cual no guarda en la realidad ningún lazo natural.[60]

 

 

La división del signo lingüístico en significante y significado y la teoría de la arbitrariedad de la relación entre estas dos, fue fundamental para las teorías hermenéuticas posteriores, pues al quedar establecido que no existía una relación intrínseca entre la lengua y la realidad, sino una relación puramente convencional, se abrió la puerta para decir que era imposible la verdadera comunicación y el conocer realmente el pensamiento de un autor.

 

Si se miran estas definiciones se pueden vislumbrar las primeras conclusiones.  Si el habla es el ejercicio de la lengua por un sujeto que habla a una comunidad dada, y la lengua es el código universal independiente del individuo, muchas veces establecido en un texto, entonces para entender el texto en forma completa no es necesaria cualquier consideración del sujeto, ya sea como destinatario, o como autor.  Por ello, el texto puede ser un objeto absoluto considerado por sí mismo y en sí mismo.  Todas las referencias que se hagan del autor y destinatario serán consideradas como extralingüísticas.  Entonces, el sentido no podrá ser la intención del autor, ya que esto es inaccesible, sino que el sentido deberá ser buscado en el juego mutuo de los elementos mismos.

 

 

Otro aporte importante de Saussure es la definición que hace de lingüística sincrónica y lingüística diacrónica, dándole prioridad a lo sincrónico sobre lo diacrónico.  La lingüística sincrónica estudia la lengua vista como un sistema, sin considerar las mutaciones que tienen lugar a lo largo del tiempo.  Investiga la lengua con respecto al eje de la simultaneidad y no al de las sucesiones.[61]  La lingüística sincrónica se ocupa de las relaciones lógicas y sicológicas que vinculan entre sí términos coexistentes y que forman sistemas tal y como son percibidos por la propia corriente colectiva.[62]  En otras palabras, es estática, estudia la lengua en un período de tiempo determinado, en un período de la historia.

 

 

La lingüística diacrónica, por el contrario, estudia las relaciones que vinculan a términos sucesivos no percibidos desde una misma conciencia colectiva y que se sustituyen entre sí los unos a los otros, sin formar sistema.[63]  Saussure lo expresa de la siguiente manera: "La lingüística diacrónica estudia ya no las relaciones entre términos coexistentes de un estado de lengua, sino entre términos sucesivos que se sustituyen unos a otros en el tiempo".[64]  Ello implica que la lingüística diacrónica es evolutiva, estudia la lengua a lo largo del tiempo.

 

Una lengua se ha comparado con un río: si se toma una sección aquí el río puede describirse, o allí y nuevamente puede describirse, aunque la descripción sea diferente.  Si vemos el largo del río como una representación del tiempo entonces el tomar secciones de diferentes puntos del río y comparar lo que encontramos, corresponde a un estudio lingüístico diacrónico, mientras que el estudio de una sola sección corresponde al estudio sincrónico.[65]

 

Todo lo que es diacrónico en la lengua, solamente lo es por el habla; es en ella donde se halla el germen de todos los cambios lingüísticos.[66]

 

 

La distinción que hace Saussure entre lengua y habla, y lingüística sincrónica y lingüística diacrónica es la base para la teoría de múltiple significado.  Es el texto mismo el que importa para la exégesis, el análisis del texto no depende de la especulación acerca de los orígenes y aún del contexto histórico más amplio, sino de enfocar la riqueza del texto mismo.  El significado del texto dependerá de lo sabido por el autor y por los receptores acerca de su cultura e idioma.  El texto como símbolo posee exceso de sentido, en otras palabras, distintos niveles de sentido.[67]

 

 

La teoría lingüística de Saussure afirma que el texto en sí mismo es suficiente, es autónomo, pues concibe la lingüística como sistema.  La siguiente cita de Saussure puede dar más luz a lo que se acaba de mencionar:

 

Creemos que el estudio de los fenómenos lingüísticos es muy fructífero; pero es falso decir que sin ellos no se pueda conocer el organismo lingüístico interno (...) De modo general, nunca es indispensable conocer las circunstancias en que una lengua se ha desarrollado (...)  Lo primero que sorprende cuando se estudian los hechos de lenguas es que para el sujeto hablante su sucesión en el tiempo es inexistente:  el hablante está ante un estado.  Así el lingüista que quiere comprender este estado tiene que hacer tabla rasa de todo lo que ha producido y desentenderse de la diacronía.  Nunca podrá entrar en la conciencia de los sujetos hablantes más que suprimiendo el pasado.  La intervención de la historia sólo puede falsear su juicio.[68]

 

En la teoría lingüística de Saussure el texto es independiente del autor.  No hay que buscar la intención del autor en un texto, porque las palabras tienen su propio significado.

 

 

1.1.2.2.2  Hans – Georg Gadamer.  Las siguientes fueron algunas de las preguntas que llevaron a Gadamer a reflexionar seriamente sobre la interpretación bíblica:

 

¿Qué significa este texto sagrado?  ¿Cuál era la auténtica intención del escritor sagrado?  ¿Qué quiere decir esta o aquella inscripción?  ¿Es correcta o esta equivocada la interpretación habitual de este texto?  ¿Cómo hay que interpretar esta o aquella norma jurídica?  ¿Cuándo podemos estar seguros de la corrección de una interpretación cualquiera?  ¿Puede existir una interpretación definitiva o bien la tarea hermenéutica es de carácter infinito?[69]

El círculo hermenéutico fue introducido a la filosofía para solucionar el problema de la interpretación.  Algunos autores, entre ellos Gadamer, creen que la interpretación presenta una estructura circular.  Para Gadamer no puede haber comprensión ni interpretación sin una pre-comprensión, o un prejuicio.  La pre-comprensión es una condición indispensable para la interpretación, pero la interpretación debe modificar recíprocamente la pre-comprensión, conduciendo a una nueva autocomprensión del sujeto.[70]

 

 

Como es imposible interpretar sin presuposiciones, el intérprete debe: 1). Reconocer abiertamente sus presuposiciones.  2). No permitir que ellas determinen de antemano la conclusión  de la exégesis.  3). Estar siempre dispuestos a modificar las propias presuposiciones. 

 

 

Así se puede ver el círculo hermenéutico en su totalidad entre:  PRECOMPRENSION - INTERPRETACION - MODIFICACION DE PRECOMPRENSION - UNA NUEVA INTERPRETACIÓN - UNA NUEVA AUTOCOMPRENSION.[71]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


El círculo no debe degradarse a la condición de círculo vicioso y tampoco hay que considerarlo un inconveniente insalvable.  En él se oculta una positiva posibilidad del conocer más originario, posibilidad que sólo se aferra de un modo genuino si la interpretación comprende que su tarea primera, permanente y última consiste en no dejarse imponer nunca pre-disponibilidades, pre-visiones y pre-conocimientos por parte del azar o de las opiniones comunes, sino hacer que emerjan desde las cosas mismas, garantizando así la cientificidad del tema específico.[72]

 

 

Para poder entender mejor el circulo hermenéutico es necesario profundizar en los siguientes conceptos de Gadamer:

 

 

1.1.2.2.2.1 Las Presuposiciones:  Todo exégeta trae al texto su propio mundo (cultura, pensamiento, prejuicios, etc.).  Gadamer habla de la importancia de las presuposiciones para poder hacer la labor interpretativa, pues son parte de la realidad histórica del ser.  El intérprete no se acerca a los textos con una actitud mental semejante a una tábula rasa, sino con su comprensión, sus prejuicios, presuposiciones y expectativas.  Si se toma un texto y la pre-comprensión del intérprete, ésta presenta de manera preliminar un bosquejo del significado de dicho texto, y éste bosquejo aparece debido a que el texto es leído por el intérprete con unas expectativas determinadas, que son resultado de su pre-comprensión.  El trabajo siguiente del intérprete es tomar este proyecto inicial de interpretación y revisarlo continuamente con base en posteriores acercamientos al texto.  Cada vez que se revise el proyecto inicial hay la posibilidad de diseñar un nuevo proyecto de sentido, y se pueden usar otros proyectos que contrasten y así llegar poco a poco a un nuevo proyecto de interpretación.  Los pre-conceptos deben ser cambiados paulatinamente por conceptos más adecuados.[73]

 

Un análisis de la historia del concepto muestra que sólo en la Ilustración adquiere del concepto del prejuicio el matiz negativo que ahora tiene.  En sí mismo "prejuicio" quiere decir un juicio que se forma antes de la convalidación definitiva de todos los momentos que son objetivamente determinantes... Prejuicio no significa pues de modo alguno juicio falso sino que está en su concepto el que pueda ser valorado positiva o negativamente.  La vecindad con el "praejudicium" latino es relativamente operante como para que pueda haber en la palabra, junto al matiz negativo, también un matiz positivo... En realidad no es la historia la que nos pertenece, sino que somos nosotros los que le pertenecemos a ella.  Mucho antes de que nosotros nos comprendamos a nosotros mismos en la reflexión, nos estamos comprendiendo ya de una manera autoevidente en la familia, la sociedad y el estado en que vivimos.   La lente de la subjetividad es un espejo deformante.  La autorreflexión del individuo no es más que una chispa en la corriente cerrada de la vida histórica.  Por eso los prejuicios de un individuo son, mucho más que sus juicios, la realidad histórica de su ser.[74]

 

 

1.1.2.2.2.2  Independencia del texto:  El texto posee una vida autónoma en sí mismo.  Por medio del texto es imposible llegar a imaginar la intención del autor; por ello, para comprender e interpretar el texto no se necesita del autor y su audiencia.  En otras palabras, el sentido de un texto es independiente de su autor y su público.

 

Todo lo que es literatura adquiere una simultaneidad propia con todo otro presente.  Comprenderlo no quiere decir primariamente reconstruir una vida pasada, sino significa participación actual en lo que se dice.  En sentido auténtico ésta no es una relación entre personas, por ejemplo, entre el lector y el autor (que por otra parte puede ser completamente desconocido), sino una participación en lo que el texto nos comunica.  Allí donde entendemos, el sentido de lo dicho "está ahí", con su entera dependencia de que la tradición nos permita hacernos una idea del autor o de que nuestra instancia sea únicamente la interpretación de la tradición como de una fuente.[75]

 

Lo que se fija por escrito queda libre de su autor y lector original, lo cual implica que el horizonte de sentido de un texto es mucho más amplio que lo que su autor quiso decir y que lo que su publico entendió.  La siguiente cita de Gadamer  amplía lo anteriormente dicho:

 

Por eso la fijación por escrito permite que el lector comprensivo pueda erigirse en abogado de su pretensión de verdad: precisamente porque separa por completo el sentido de sus presuposiciones de aquél que las ha hecho... A su vez lo que haya comprendido será ya siempre algo más que una opinión extraña: será en cualquier caso una posible verdad... El horizonte de sentido de la comprensión no puede limitarse ni por lo que el autor tenía originalmente en mente, ni por el horizonte del destinatario al que se dedicó el texto en origen... Lo que se fije por escrito queda absuelto de la contingencia de su origen y de su autor, y libre positivamente para nuevas referencias.   Conceptos normativos como la opinión del autor o la comprensión del lector originario no representan en realidad más que una posición vacía que se satura sólo de ocasión en ocasión de comprender.[76]

 

 

1.1.2.2.3  Paul  Ricoeur.  Ricoeur dice que el mundo detrás del texto no puede conocerse, lo único que se puede conocer es el mundo del texto.  Por consiguiente el texto es autónomo.[77]

 

 

El término 'exégesis' no implica averiguar lo que el autor quiso decir a sus lectores, ni lo que sus lectores entendieron, sino lo que el texto dice independientemente de ellos.  Como lo expresa Ricoeur en la siguiente cita:

 

Si bien el método histórico - crítico es irremplazable, puede y debe ser rectificado.  A mi entender, tiene que perder tres ilusiones: la ilusión de la fuente, la ilusión del autor, la ilusión del destinatario (...)  No es la fuente la que  permite comprender el texto, sino que el texto elige y articula sus fuentes (...)  La intención del autor no mora en su vivencia, en su experiencia, ni en la experiencia de la comunidad, definitivamente inasequible al estar ya estructurada en su discurso (...)  La noción del autor no es una noción psicológica, sino precisamente una magnitud hermenéutica, una función del texto mismo (...)  El sentido no es lo que puede comprender un presunto destinatario original.[78]

 

Entonces, el autor original y sus lectores ya han desaparecido y lo único que ha quedado es el texto.  Este texto toma vida propia y va creando su propio mundo al ir avanzando a través del tiempo, con las nuevas situaciones que la historia trae a su encuentro.[79]

 

 

Para Ricoeur, el futuro del texto y las consecuentes nuevas interpretaciones en nuevas situaciones evidencian lo que se conoce con el nombre de reserva de sentido, aquello que el mismo autor no pudo anticipar.  El texto no puede limitarse al horizonte limitado de su autor.[80]

 

El sentido de un texto no está detrás del texto, sino delante del texto.  No es algo encubierto, sino algo descubierto (...)  Lo que hay que entender no es la situación inicial del discurso, sino lo que apunta hacia un posible mundo.  El texto habla de un posible mundo y de una manera posible de orientarse dentro de él (...)  Lo que hay que apropiar es el sentido del texto mismo, concebido de una manera dinámica como la dirección de pensamiento que se va abriendo mediante el texto.[81]

Para Ricoeur el distanciamiento permite una interpretación más pertinente para el tiempo actual.  Como se dijo antes, para Ricoeur el mundo detrás del texto es desconocido y sólo queda el mundo del texto[82]:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La reserva de sentido se hace evidente en el distanciamiento en el tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Hay sentidos tras el texto bíblico, que se han acumulado a través de los siglos de la interpretación y reinterpretación del evento original en el cual se basó el texto.   Lo que hoy se llaman relecturas (sentidos tras el texto) surge de la reserva de sentido posible por el principio de polisemia.  Es cuestión de releer el texto con nuevos sentidos.[83]

 

Es importante ver como Ricoeur plantea el problema del doble sentido.  Dice Ricoeur, en el hablar se tiene "monosemia", un sólo sentido, ya que el hablante puede explicar inmediatamente alguna duda que se tenga en cuanto a lo que dijo.[84]  En el discurso escrito se tiene "polisemia".  No está el autor; no se le puede preguntar, sólo está el texto, el cual es independiente de su autor y destinatario original.[85]

 

Con la escritura, el sentido del discurso se independiza del locutor; mientras en la palabra viva lo que el discurso significa coincide con lo que el locutor quiere decir, en la escritura se desdoblan la significación verbal y la intención del locutor.   Comienza la aventura del texto liberado de la intención de su autor.  No es que pueda concebirse un texto sin autor, sino que el autor ya sólo es accesible por el sello de su texto; la palabra viva del diálogo y la escritura producen, de una manera diferente, la relación del autor con su discurso.[86]

 

El discurso escrito es completamente independiente del elemento externo, sólo se regula en sí mismo y por sí mismo; por ello, el interprete que analice las relaciones internas de un escrito tiene los elementos necesarios para la interpretación.  Esta es la base para la teoría de la independencia de un texto.

 

 

1.1.2.3  Acercamiento Tradicional.  Un criterio de interpretación que se contrasta con el anterior es el acercamiento tradicional.  Para entender mejor este acercamiento de interpretación es importante analizar el sistema hermenéutico del lingüista E. D. Hirsch.  La base del pensamiento de Hirsch se resume en dos declaraciones:

 

1. Hay una diferencia entre sentido (¿Qué quiso decir el autor?) y significado (¿Qué aplicación tiene hoy su mensaje?).  Sentido refiere al sentido verbal entero de un texto dado.  2. El sentido del autor es conocible, y forma la base del significado de su mensaje.  Significado es el sentido textual en relación con algún otro contexto, cualquier texto, fuera del texto mismo.[87]

 

Con relación a afirmaciones como: a) que el sentido de un texto cambia, aún para el autor.  b) que por la distancia entre el intérprete y el texto el sentido del texto cambia, Hirsch reconoce que aún el autor que lee su propio texto en un tiempo dado puede tener una opinión distinta de su texto original; lo que llamó verdad puede haber cambiado.  Sin embargo, él sigue entendiendo el sentido original de su obra.  Lo que ha cambiado es su reacción al texto.  Esta reacción refleja un cambio de actitud hacia el tema.[88]

 

 

Sobre la afirmación de que no importa lo que el autor dice, sino lo que su texto dice,  Hirsch distingue entre la intención del autor y el logro del autor.  La intención del autor es lo que él quiere comunicar, y si utiliza la forma correcta y adecuada logrará comunicar su intención al lector.[89]

 

 

Referente a la afirmación de que el sentido del autor es inaccesible, Hirsch distingue entre el sentido privado y el sentido público del autor.  El sentido privado es la mente del autor, la intención tal como la tenía en su mente.  El sentido público es su texto, la intención tal como la expresó, y concluye que el sentido público expresa el sentido privado.  Hirsch cree que el sentido privado del autor no es accesible en forma exacta y definida, que no es posible conocer en forma impecable la mente del autor, porque no se puede entrar en la mente del autor para imitar su proceso de pensamiento.  Pero al mismo tiempo, no se debe confundir el entendimiento perfecto y el entendimiento, ya que estos no son iguales.  Se puede lograr una aproximación al sentido del autor, y acercarse al sentido privado por medio del sentido público.[90]

 

 

Sobre la afirmación de que el autor muchas veces no entiende lo que dice, Hirsch dice que el autor no puede ver el alcance de lo que dice.  Sin embargo, por la distinción entre sentido y significado se puede decir que el autor entiende lo que el texto quiere decir, pero el autor no puede ver todos los significados (aplicaciones) del texto.[91]

 

 

Hirsch afirma que el texto es determinante para el sentido del autor.  Es el texto la herramienta que el autor tiene para presentar su idea.  El texto representa la idea del autor, pero como el idioma usado por el autor no es unívoco, el texto puede interpretar varias ideas (es decir, puede tener varias interpretaciones).  Estas varias interpretaciones forman los límites de sentido.  En otras palabras, el contexto ayuda a escoger entre las diferentes interpretaciones posibles.[92]

Hirsch cree en la reproducción lingüística de sentido.  El uso del idioma se basa en el principio de compatibilidad.  Una palabra dada significa algo específico para el autor y a la vez para sus lectores.  El autor y su público comparten el sentido.  Esto implica que el sentido del autor es reproducible lingüísticamente.[93]

 

 

Hirsch afirma que para tener una interpretación correcta es indispensable establecer el género literario.  El lector adquiere un género intrínseco cuando entiende el todo del texto, de su clase de literatura, y de los pre-entendimientos del autor, de tal forma que le ayuden a entender las partes del texto.[94]  Aunque es obvio que a pesar de todo el esfuerzo que se haga, es imposible tener la absoluta seguridad en cuanto al sentido correcto del texto (ya que la exégesis no es una ciencia exacta que puede decir con seguridad cuál es el sentido único y original del texto), todo intérprete debe estar consciente de que siempre habrá un margen de duda, pero esto no debe ser obstáculo para que el intérprete proceda igualmente a buscar de la mejor forma posible el sentido del texto.[95]

 

 

Una de las preocupaciones del exégeta es ser fiel al texto, permitir que la Palabra de Dios hable al lector como algo independiente y externo a él y que trate con él, evitando que el lector le imponga su propia perspectiva a la Biblia.[96] Ahora, éste también era el objetivo de Gadamer y Ricoeur, entonces ¿dónde está la diferencia?  Para observar las diferencias se ampliarán algunos de los puntos enunciados por Hirsch.

 

 

1.1.2.3.1  No hay múltiples sentidos en un texto.  Siguiendo la lógica del pensamiento de Hirsch, la teoría tradicional de interpretación afirma que no hay múltiples sentidos en un texto.  Esto contrasta con la teoría de los múltiples sentidos de un texto producidos cuando el discurso hablado se pone por escrito (clausura), ya que no está el autor mismo explicando el significado de su texto, sino que el intérprete se encuentra solo frente al texto.  Por esta razón ya no se puede saber lo que dijo el autor (el sentido original), sino que hay la posibilidad de diferentes sentidos, los cuales son regulados por el sistema mismo (la estructura misma del texto).  En otras palabras, el autor y su audiencia ya no son indispensables, sino que el texto mismo cobra vida.  Así lo afirma Croatto:

 

El autor desaparece como entidad que habla, y a quien se pueda interrogar por el sentido de lo que dice.  En adelante, el narrador no es una persona de carne y hueso sino un supuesto lingüístico.  Alguien narra o escribe, pero el solo texto es dado reconocerlo.  Esa ausencia física, es riqueza semántica.  La clausura impuesta por el locutor, se modifica ahora en una apertura de sentido.  El narrador es el texto mismo, no alguien de fuera a quien podría pedírsele explicaciones.  Esta concentración en el texto permite explorar sus posibilidades significativas en cuanto texto.[97]

 

La teoría del acercamiento tradicional dice que el texto no puede tener un nuevo sentido, sino que el texto es intencionado y tiene el sentido que le dio su autor.  Afirma que hay un solo sentido y por lo tanto una sola interpretación correcta del texto, por lo cual el intérprete debe esforzarse para aproximarse a esta interpretación correcta.  Así el intérprete puede tener seguridad de encontrar esta interpretación porque el sentido de un texto está sujeto a las palabras, formas gramaticales, etc. que utilizó el autor (la estructura lingüística y literaria).  Aquí la hermenéutica tradicional se diferencia de las teorías anteriores, ya que concluye que el mensaje fue clausurado intencionalmente por el autor, y determinar su sentido implica buscar la intencionalidad de este autor, en la estructura lingüística y literaria.  Entonces el texto no está libre del autor original, como lo indica la siguiente cita:

 

El texto sí tiene sentido, el sentido que tenía para su autor y sus destinatarios dentro de su contexto histórico, sentido que está codificado en la estructura lingüística/literaria del mismo texto y que se deja conocer por medio de la exégesis histórico-gramatical.  No podemos decir que ya conocemos exactamente el sentido de toda la Biblia, nunca podemos inventar una autoridad arbitraria que pueda decir exactamente cuál es el sentido, nunca podemos poner una confesión humana por encima de la Biblia y nunca podemos decir que hay muchos sentidos posibles del texto bíblico así que le corresponde al lector escoger el sentido que le guste.[98]

 

Entonces, si un texto está clausurado por la estructura lingüística/literaria y esta determina el sentido del texto, es fundamental identificar esta última (la estructura) para decodificar su mensaje.  Esta decodificación de estructura da la clave para entender el mensaje.[99] 

 

 

1.1.2.3.2  El texto no es independiente de su autor.  Para el acercamiento tradicional el objetivo de la exégesis es conocer el significado del texto en su contexto histórico – lo que significó para el autor y los destinatarios originales (saber el sentido que el texto tenía), y es en este punto en que han sido criticados:

 

Croatto critica a los que consideran la interpretación mayormente como el esfuerzo de encontrar el sentido original que tenía el autor al escribir el texto.  Hasta cierto punto tiene razón cuando dice que ya no nos preocupamos con el autor sino con el texto que él nos dejó.  De todas formas no podemos saber cuál era el sentido que tenía el autor a menos que el sentido esté allí en el texto.  Sin embargo, vale la pena notar que la preocupación con el autor expresa una preocupación por el sentido contextual del texto.  Es decir que en la interpretación protestante, la exégesis se interesa por saber qué significa el texto dentro de su contexto histórico, para el autor y para los destinatarios originales (...) Croatto considera, que el emisor , receptor y contexto se pierden cuando se hace texto, pero de hecho podemos recuperar una cantidad de información aún dentro del texto mismo sobre estos factores.  Y si podemos saber una cantidad de cosas sobre estos factores ¿no será que estos tres factores otra vez clausuran el texto? Tal como lo hacen en un principio (...)  E. D. Hirsch, erudito en el campo de la literatura, muestra la necesidad de incluir el autor en nuestro estudio de un texto.  El hace una distinción útil entre "sentido" (meaning) y "significado"(significance).  Considera que el sentido es lo que representa el texto, lo que el autor quiso decir con uso de una secuencia particular de signos.  El significado, por otro lado, denota una relación entre el sentido y una persona, o un concepto, o una situación o cualquier cosa imaginable...  Hirsch muestra que si se deja de lado el sentido del autor y si se considera únicamente su  lo que dice el texto, por fin el sentido del texto es determinado por el lector.[100]

 

Contrario a lo que dice Croatto, sí es necesario buscar la intención del autor, porque un texto sí ha sido condicionado por el pensamiento de éste.  Por ende, una buena exégesis busca ser fiel a lo que el autor quiso decir.

 

 

1.1.2.3.3  El objetivo de la lectura de un texto es buscar el sentido original.  Los defensores de la reserva de sentido argumentan que el autor no vio las implicaciones o aplicaciones futuras de lo que estaba diciendo y que las generaciones posteriores aplicaron ese mensaje a su propia situación, re-interpretándolo y dándole nuevos sentidos.  Estos nuevos sentidos se manifiestan gracias a la distancia entre texto y lector, y es en esta distancia donde se pueden elaborar proyectos de interpretación teniendo en cuenta las diferentes interpretaciones que se han dado a través de la historia, las cuales a su vez aseguran una nueva y más completa interpretación.  Cada lectura es una producción de sentido y nunca una repetición del primer sentido o sentido original.[101] La siguiente cita de Croatto puede dar más claridad sobre el tema:

 

Tenemos entonces  que un acontecimiento puede producir sentido, que se manifiesta en otros sucesos alineados con él.  Y así es visto como originario en relación a otros.  Se va comprendiendo como fundante, según dijimos.  Pero es fundante sólo a distancia, a la luz de sus proyecciones en nuevos acontecimientos.  Hay una espera para la donación de sentido.  Al ser retomada la palabra como hecho significativo , éste manifiesta un plus de sentido que no era visible en su propio momento de realización.  De allí que la lectura historicista de los textos bíblicos sea empobrecedora; querer leer los hechos como si hubieran acaecido en tal forma en que están contados, es robarles la distancia hermenéutica que los ha resignificado.  La redacción actual de los relatos bíblicos tiene la ventaja hermenéutica de ser muy distantes de los acontecimientos, distancia que los ha enriquecido y recargado de sentido (...)  Los acontecimientos que dan origen a un pueblo no se agotan en su primera narración sino que crece en sentido por sus proyecciones en la vida de aquel (...)  Lo importante es el hecho de que el adelante del texto niega su rigidez y el bloqueo del sentido pasado como único sentido ya clausurado.  La Biblia es un texto abierto.  Ya como texto lo es.  Lo debemos advertir si queremos que sea un mensaje viviente también ahora.[102]

 

Aunque las interpretaciones de un texto, hechas a través de la historia, deben entrar en diálogo con el intérprete actual, esto no implica que ellas han aumentado el sentido original del texto, ni mucho menos que la tarea del interprete actual no tenga como meta buscar el sentido original del texto; ya que los esfuerzos de los intérpretes a través de la historia buscaron este objetivo.  El objetivo es aproximarse al sentido que quiso comunicar el autor y no a la reserva de sentido a través del tiempo.

 

 

1.1.2.3.4  Hay múltiples significados.  Aunque se cree en un solo sentido del texto, hay que acercarse con humildad ya que el intérprete solamente se puede aproximar al sentido del texto.  Del sentido original del texto se pueden extraer diferentes significados específicos para la realidad de los diferentes intérpretes a través de la historia, ya que estos están en un contexto determinado, con sus respectivos intereses, preocupaciones y pre-comprensiones.[103]  Sin embargo, el significado que el texto tiene para el intérprete no puede contradecir el sentido de la estructura lingüística/literal del texto.[104] Como dice Hirsch, en el sentido de un texto se pueden encontrar varios significados que respondan a la realidad actual del intérprete.

 

 

La teoría estructuralista habla de que un texto tiene un sentido no agotado y que su interpretación es infinita, por lo cual es posible encontrar sentidos nuevos hoy para la realidad actual.  Así lo afirma la siguiente cita:

 

De hecho, toda lectura es la producción de un discurso, y por lo tanto de un sentido, a partir de un texto.  No se lee un sentido sino un texto, un relato, en una operación que pone en ejercicio una competencia de éste, estudiada por la semiótica; el texto se abre de esta manera a distintas organizaciones selectivas (...)  Cada lectura es una producción de sentido.  Ya sabemos que el autor muere en beneficio de lo que crea como texto: éste inscribe en sí mismo, en cuanto estructura de códigos, la instancia de producción y la instancia de lectura e interpretación.  En otras palabras se hace polisémico, aun mirando sólo desde el punto de vista de la semiótica.  Tiene posibilidades de sentido que afloran cuando se lo lee seleccionando los códigos almacenados en él (...)  En todo texto hay un delante, ese mundo de sentidos que se abre en virtud de su polisemia, potenciada por su misma condición de estructura lingüística y por la muerte de su autor como sabemos.[105]  

 

La hermenéutica tradicional sostiene un único sentido, pero con significados diversos para dar respuesta a las necesidades y desafíos actuales.

 

No hay necesidad de una nueva interpretación, no hay necesidad de llegar a "una nueva Escritura".  Lo que se necesita es seguir con la búsqueda del sentido correcto de la Escritura; dejar que la Escritura nos hable como Palabra de Dios (y no solamente producto humano) que contiene las respuestas tanto para el hombre de hoy como para el hombre de cualquier tiempo.  Arriba mencionamos la distinción entre "sentido" y "significado".  Aunque no hay diferentes o nuevos sentidos, el sentido del texto puede cobrar significado nuevo dentro de contextos diferentes.[106]

 

 

Lo que se pretende lograr al mostrar los dos acercamientos de los lingüistas a la interpretación de un texto, es evidenciar cómo ambas se practican en América Latina.  Ambas tienen sus puntos fuertes, pero deben ser siempre evaluadas de manera crítica.  La intención es presentar la realidad de lo que se está viviendo en contexto latinoamericano; pero lo más importante en cuanto a este debate es la actitud de la iglesia en cuanto a la normatividad de las Escrituras.  Como concluye Theo Donner al lanzar un desafío para el quehacer teológico:

 

El impacto de la lingüística saussuriana en la exégesis y la teología en general, implica que el desarrollo de la hermenéutica y de una epistemología teológica son tareas centrales en nuestras instituciones de educación teológica.  Se sugiere que la pregunta clave en estas áreas no debe girar en primer lugar alrededor de los antónimos subjetividad – objetividad, sino que debe centrarse en la pregunta en cuanto a la normatividad de la Escritura.[107]

 

 

1.2.  CAMBIOS DE PARADIGMA A NIVEL TEOLÓGICO - ECLESIAL

 

 

A nivel teológico – eclesial ha habido muchos factores que han impactado la reflexión; sin embargo, en este trabajo se estudiarán los movimientos que directamente han influenciado la teología en América Latina, los cuales son la Teología de la Liberación y el Pentecostalismo.

 

1.2.1  El impacto de la Teología de la Liberación.  La Teología de la Liberación no niega la autoridad de las Escrituras, pero en su razonar teológico muchos de sus postulados niegan o menoscaban dicha autoridad.  La Teología de la Liberación privilegia la acción de Dios en la historia, por encima del texto escrito, las Sagradas Escrituras divinamente reveladas.  El criterio liberacionista no es lo que Dios dice, sino lo que él hace en la historia.  La norma de fe y práctica no se halla en la Biblia sino fuera de ella.  La interpretación bíblica queda  a criterio de los cambios históricos.[108] Para Hugo Assmann la revelación misma no existe como realidad y criterio en si misma, sino históricamente mediatizada.  Como se puede apreciar en la siguiente cita:

 

(...) La cuestión parece complicarse todavía más cuando se tiene conciencia aguda de que la fe cristiana, el evangelio, la revelación no existen como realidades (o criterios) tan claramente confiables en sí, porque sólo existen históricamente mediatizados (...) Si es imposible ir directo al corazón del cristianismo, porque éste sólo existe en concretizaciones mediatizantes; si la propia Biblia no es un texto directo de criterios, sino la historia de configuraciones sucesivas, siempre parciales, dialécticamente conflictivas entre sí, de estos criterios; si la conjunción entre hechos y palabra es esencial a la concepción de la revelación; más, si todo eso llegó hasta nosotros formado, deformado, reformado y nuevamente deformado por la historia concreta del cristianismo y si es dentro de estas contexturas circunstanciales de la historia que se verbalizan los dogmas, el derechos eclesiástico y la pastoral, ¿Cómo es posible hablar con tamaña simplicidad de los criterios a la luz de la fe?  ¿Cómo hablar tan cándidamente del evangelio, cuando hay tanta verdad en lo que me decía una vez un cristiano comprometido en la lucha: ¿la Biblia? No existe.  ¿Sólo existe la Biblia sociológica de los que aparece por ahí como cristiano?[109]

 

No hay una autoridad confiable; hay interpretaciones de esa verdad, y estas interpretaciones conforman la Biblia.  El único criterio para definir la verdad es la praxis. Hugo Assmann afirma que bíblicamente, ningún mensaje es verdadero sino que se hace verdad en la praxis.[110] Así, el mensaje depende de la praxis para ser verdadero.  Esta afirmación niega que exista una verdad en sí independiente de la acción humana.

 

 

En Leonardo Boff se puede ver que las Escrituras no son en sí mismas la Palabra de Dios, sino que la Biblia es una palabra humana en la que se concreta la Palabra divina.  Lo que se tiene hoy como Biblia en sí es una interpretación de lo que los autores sagrados entendieron de Dios:

 

La fe-praxis no se ofrece nunca pura y simplemente.  Está ya mediatizada dentro de una teología que a su vez constituye un producto cultural con todos los condicionamientos anteriormente enumerados.   Lo mismo ocurre con el testimonio mayor de nuestra fe, la Sagrada Escritura.  Esta no es in recto Palabra de Dios.  Tenemos ciertamente una palabra humana en la que se concretiza la Palabra divina.  Pero ésta no se encuentra al mismo nivel de aquella, de lo contrario, tendríamos un diccionario divino, una gramática divina y una semántica divina... En la composición de la Palabra por el hecho de ser humana, entran todos los condicionamientos que nos colocan inmediatamente frente a Dios en medio de sus historizaciones que nos mantienen inmediatamente ante el mundo.[111]

 

En los escritos de José Severino Croatto se encuentra este mismo criterio que el texto bíblico es un producto humano que encierra una interpretación, hecha por hombres, de ciertos acontecimientos históricos, en los cuales estos hombres, por la fe, han visto la redención de Dios.[112] En otras palabras, la revelación no viene del cielo sino que se produce en la historia.[113]  Los autores trataron de interpretar el significado de la vida, por lo tanto, la tarea de la fe no reside primariamente en la interpretación de las Escrituras, sino en la interpretación de la vida, en la cual la revelación es dada, así como las Escrituras lo hicieron.[114]  Si lo anteriormente expuesto es válido para toda la Biblia, entonces los mandamientos son simples especulaciones de los judíos y cristianos de la iglesia primitiva y no las palabras inspiradas de Dios como la misma Biblia lo enseña.  La Biblia no es más que una serie de interpretaciones humanas de ciertos acontecimientos, la cual utiliza un lenguaje religioso.[115]

 

 

Croatto pone mucho énfasis en la praxis vivencial actual porque su concepto de la revelación está enmarcado en la doctrina católica, donde la revelación de Dios se da en las Escrituras acompañada de la tradición.[116]  Para él es mucho más fácil hablar de la revelación de Dios en los acontecimientos actuales, ya que la tradición tiene carácter normativo.  Para los evangélicos la tradición no es aceptada como autoridad revelada.

 

 

Croatto va un poco más allá afirmando que lo sobrenatural de las Escrituras en sí no es lo importante, ni lo que pone la pauta para la interpretación; él dice que "La experiencia salvífica de Israel es interpretada en un relato que pone en relieve una presencia de Dios que seguramente no se dio fácticamente como está literalmente mostrada".[117] Los episodios milagrosos de la liberación de Egipto, no son episodios del acontecimiento de la liberación sino expresiones de su sentido, así:

 

La vocación de Moisés, las plagas de Egipto, la Pascua apresurada, el cruce del mar no son episodios del acontecimiento de la liberación, sino expresiones de su sentido como proyecto y actuación de Dios, o como memoria festiva (la Pascua).  Si el éxodo hubiese sucedido como está relatado, tendríamos una filmación y no una interpretación, un suceso cualquiera sin significado teológico, más que esa presencia fantástica de Dios.[118]

 

Surge entonces la pregunta ¿No fueron eventos históricos? Para Croatto son mitos que expresan el sentido de una realidad.[119]  Como lo dijo en el pasaje arriba mencionado, para Croatto sólo se puede hablar de la experiencia de una presencia de Dios en los acontecimientos del hombre convirtiendo esa experiencia interna en una narración mítica de la intervención visible de Dios en la historia,[120] porque para Croatto la forma mitológica es la única manera de hablar de Dios.[121]

 

 

Al no tener un texto confiable lo más importante es la reflexión en la praxis.  Se tiene que reflexionar en el actuar de Dios hoy, así lo dice Gustavo Gutiérrez:

 

Es importante no olvidar que la teología de la liberación se entiende como reflexión crítica sobre la praxis histórica actual en toda su intensidad y complejidad concreta.  El "Texto" es nuestra situación.  Ella es el "lugar teológico referencial primero".  Las demás referencias (Biblia, tradición, magisterio, historia de las doctrinas), aún porque contienen la exigencia de una praxis siempre actualizada, no son el polo referencial primero de una "esfera de la verdad en sí" sin conexión con el "ahora" histórico de la verdad – praxis....  Ya no nos bastan perspectivas usuales de los exégetas que "trabajan sobre el texto sagrado", porque nosotros queremos trabajar la realidad de hoy.[122] 

 

Ahora, el contexto actual se mira bajo la óptica de una teología ideológica.  Por ejemplo, en Gutiérrez  se evidencia que su concepto de praxis está bajo la influencia del pensamiento marxista; una praxis bajo la óptica marxista con el objetivo de transformar el mundo.[123]  Gutiérrez continúa diciendo que el marxismo, como marco formal de todo pensamiento filosófico de hoy no puede ser superado.[124]  Para Gutiérrez, el pensamiento marxista estimula la reflexión teológica en la dimensión escatológica de la transformación del mundo y el papel de la acción del hombre en la historia.[125]

 

 

Otro teólogo de la liberación en quien se evidencia un acercamiento al pensamiento marxista en su estudio de las Escrituras es en José Porfirio Miranda, aunque en su libro "El Ser y el Mesías" él critica la teología de la liberación por su alianza con el marxismo, porque dice que ésta ha colocado el análisis social en lugar de las Escrituras y que al hacer esto ha dejado de ser teología para convertirse en ideología.[126]  Sin embargo en su libro "Marx y la Biblia" se nota su intento de mirar la unidad entre el marxismo y la fe cristiana, o comprobar que el marxismo coincide con la Biblia.[127]

 

 

Aunque la Teología de la Liberación quiere desprenderse de las presuposiciones teológicas traídas a América Latina por los misioneros europeos y norteamericanos[128],  su acercamiento a las Escrituras está también influenciado por presuposiciones que tampoco son de América Latina, como la óptica marxista que se mostró anteriormente.

 

 

Teniendo en cuenta lo anterior se puede ver que en su reflexión teológica el orden se invierte.  No es la reflexión bíblica la que mueve a la praxis, sino que es la praxis la que mueve a la reflexión bíblica.  No es el texto el que confronta sino la realidad del intérprete la que lo confronta  y lo lleva a buscar el respaldo en el texto.  Siguiendo este modelo el punto de partida es la praxis histórica liberadora, no las Escrituras.

 

 

En el debate evangélico conservador y liberacionista se pueden encontrar dos perspectivas respecto a las Sagradas Escrituras: la liberacionista ve el texto de la Biblia como interpretación humana de ciertos acontecimientos históricos.  La evangélica conservadora ve el texto de la Biblia como registro inspirado de la revelación de Dios a través de ciertos acontecimientos.  En el primero es el hombre que interpreta, en la segunda es Dios quien se revela.[129]  Ello implica que son dos formas de acercamiento a la Escritura, las cuales nos pueden ayudar a entender los dos acercamientos.

 

 

1.2.2  El impacto del Pentecostalismo.  Una de las características más sobresalientes del Pentecostalismo es el sentido de reverencia a la Biblia, que es aceptada como la Palabra de Dios, de inspiración divina.  Hay que resaltar que el movimiento pentecostal ha hecho una contribución en el despertar del amor por el estudio de las Sagradas Escrituras.  La Biblia se lee como la Palabra de Dios personal para cada individuo y no como un simple libro de doctrina general.  Los creyentes pentecostales llevan su Biblia a los servicios religiosos y manifiestan respeto en su lectura.  Muchos catalogan a los pentecostales teológicamente como fundamentalistas.[130]

 

 

Sin embargo su acercamiento hermenéutico es deficiente y ha producido muchas veces prácticas cuestionables y errores doctrinales, como lo explica una ponencia de CLADE III:

 

La propuesta religiosa del pentecostalismo latinoamericano lamentablemente permaneció fundamentada en el subjetivismo experimental.  Aunque el pentecostalismo norteamericano luchó para permanecer identificado con el fundamentalismo y sus vertientes más conocidas (de la inspiración verbal de la Biblia al premilenarismo), en América Latina hay una tendencia a apartarse de ese patrón al costo de una inmensa fragilidad teológica y una franca vulnerabilidad al sincretismo.  Gran parte del pentecostalismo latinoamericano sucumbió a la mistificación de la propia Biblia, y alegorizó párrafos que debían ser leídos, por lo menos, obedeciendo el método histórico gramatical de interpretación.

 

La experiencia pasó a ser el principal criterio de verdad y colocó al subjetivismo por encima de la verdad de Dios objetivamente revelada en las Escrituras.  Ese énfasis tornó al pentecostalismo vulnerable a las prácticas arrogantes, produjo muchas veces catarsis emocionales artificialmente manipuladas y confundió a su masa sobre el significado real de poder.[131]

 

Para muchos de los líderes del Pentecostalismo lo importante no es un acercamiento de investigación profunda de la Escritura para saber cuál es el sentido que el texto quiere comunicar, sino cómo esa palabra funciona en la vida del lector;  si funciona, tiene autoridad de ser Palabra de Dios.  Una cita de Dennis Benett puede ampliar un poco el acercamiento pentecostal al texto bíblico:

 

Por lo tanto, utilicemos parte de nuestro tiempo leyendo la Palabra y esperando que el Espíritu Santo nos hable desde sus páginas.  Al hacerlo así debemos estar preparados para captar algunas sorprendentes percepciones de su naturaleza interior y algunas inesperadas interpretaciones.  El Espíritu Santo, por otra parte, puede utilizar las Escrituras con amplia libertad y alegóricamente, si así lo estima conveniente (...)  Cuando queremos compartir esa particular significación, es posible que no recibamos ninguna respuesta y nos crean tontos. Pero no tenemos que desilusionarnos.  Ese bocado estaba destinado únicamente a nosotros.  El Rvdo. J. A. Dennis, de Austin, Texas, relata en su testimonio la manera en que fue curado apropiándose de una promesa que, para él, le prometió la Escritura.  Sufría trastornos gástricos, y el Espíritu Santo le señaló el versículo: "Quitaré toda enfermedad de en medio de ti" (Ex. 23:25).  "¡Eso es para mi!" exclamó J. A. Dennis.  "En medio de mí hay un trastorno: Dios lo quitará" ¡Y Dios lo quitó y se curó totalmente!  Más adelante, el Rdo. Dennis le contó esta experiencia a un conocido erudito de Biblia, quién, riéndose, le dijo: "¡Pero no es eso lo que quiere decir ese versículo!"  De cualquier manera que sea, el hecho real es que J. A. Dennis sanó, porque el Espíritu Santo le dijo: "¡Ese es el significado que yo quiero darle para ti, para edificarte tu fe!".[132]

 

Muchas de las interpretaciones erróneas de las Escrituras se han producido debido a la atención inadecuada a los principios de interpretación, así ha ocurrido en muchas sectas y en la misma iglesia cristiana, como se verá más adelante.  Gran parte de este problema se ha agudizado debido al poco control que tienen las iglesias sobre sus grupos de estudio bíblico en las casas donde hay algunos líderes poco preparados. Esto no implica la negación del sacerdocio universal de todos los creyentes, pero si las iglesias no capacitan a sus líderes dándoles fundamentos para hacer exégesis serias, estos grupos de estudio podrían ser el foco de interpretaciones erróneas.  La siguiente cita muestra el peligro de esta realidad:

 

En muchos de los grupos pequeños que se reúnen en las casas se preguntan cual es el significado y cual su aplicación.  ¿Las personas en estos grupos siempre salen con la misma comprensión del pasaje estudiado? No necesariamente. Algunos pueden decir este verso significa esto, otra persona en un grupo responde, para mi el verso no significa eso, significa esto. El estudio de la Biblia en esta forma sin adecuados lineamientos hermenéuticos puede llevar a la confusión y a interpretaciones que están aun en conflicto directo.[133]

 

Sin embargo no se debe olvidar que es el Espíritu Santo quien tiene el control de su Palabra, y la labor del pastorado es la buena educación de sus líderes y comunidad en general.

El movimiento pentecostal afirma la autoridad de las Escrituras, considerándola como la única norma de fe y conducta; acepta la inspiración mecánica de ella y rechaza el uso de métodos histórico –críticos aplicables a la Biblia; cree que el contenido de la Biblia es inerrante e infalible, y en la inspiración verbal y no sólo conceptual de las Sagradas Escrituras; afirma que Dios por medio del Espíritu Santo ha escrito en las copias originales autógrafas de la Escritura sus propios pensamientos;[134] pero en su quehacer teológico, se acerca a las Escrituras validando la experiencia como fuente de autoridad.[135]

 

 

1.2.2.1  La concepción hermenéutica del movimiento pentecostal.  Hay cuatro afirmaciones cristológicas que son el eje del movimiento pentecostal: Jesucristo es Salvador, bautiza con el Espíritu Santo, sana y es Rey que vendrá otra vez.  Estas afirmaciones no son meras proclamaciones doctrinales sino experiencias de vida, y es aquí donde se encuentra la clave de la hermenéutica pentecostal[136].  Todo su criterio hermenéutico se desarrolla entorno a ellas.

 

 

Los pentecostales y sus predecesores se apoyan casi únicamente en el evangelio de Lucas y en el libro de los Hechos.[137]  Esto conlleva a que el movimiento pentecostal lea el Nuevo Testamento bajo la óptica exclusiva de Lucas, en contraste a la lectura tradicional que lo lee bajo una óptica paulina.[138]  El problema no es cambiar de óptica, sino que se debe ser consciente en conocer y respetar los diferentes géneros literarios, e interpretar teniendo en cuenta las normas que rigen a dichos géneros literarios; hacer una interpretación de un pasaje de la Biblia sin tener sin cuenta el género literario correspondiente del pasaje afectará el resultado de la interpretación.[139]

 

 

1.2.2.2  El movimiento pentecostal es experiencial, dogmático y literalista.  Un ejemplo de esto es que los pentecostales leen los relatos del libro de los Hechos e insisten en que el modelo general de recibir el Espíritu Santo por parte de la iglesia primitiva debe repetirse en la vida de cada creyente individual, y que esto es cierto porque sus comunidades lo han experimentado.[140]  Si la voluntad de Dios está en su Palabra es aquí donde se debe aprender y no en la experiencia de grupos o individuos en particular, sin importar cuan ciertas y válidas sean estas experiencias.  La experiencia nunca debe ser un criterio para medir la verdad, la verdad debe ser el criterio para medir la experiencia.[141]  Los cristianos no pueden permitirse el lujo de seguir los dictados de la experiencia o el razonamiento humano, al margen de la Escritura.  Algunos Cristianos creen que el Espíritu Santo los está guiando a proclamaciones proféticas para el día de hoy, y por lo tanto la voz del Espíritu, para ellos, toma precedencia sobre la Palabra escrita de Dios.[142]  El fenómeno de hoy es que muchos de los miembros del movimiento pentecostal interpretan las Escrituras a partir de su propia experiencia espiritual, en lugar de interpretar su experiencia a la luz de las Escrituras, y en muchos casos esa experiencia tampoco es juzgada por la comunidad de la fe.[143] El problema en sí no reside en que esto suceda, sino que no hay instancia que lo controle.

 

 

Como se ha venido diciendo, el movimiento pentecostal hace una lectura fundamentalista de la Biblia lo cual produce un rechazo a los métodos histórico-críticos, porque estos y en especial la ciencia bíblica europea ponen en tela de juicio los elementos sobrenaturales de la fe, en especial el de la inspiración y autoridad de la Biblia.  Todo esto conlleva que para los pentecostales no es importante aprender los idiomas bíblicos ni el conocimiento de las ciencias introductorias del estudio de la Biblia.[144]

 

 

También se observa que la hermenéutica pentecostal es dogmática.  Estudia la Biblia a partir de presuposiciones doctrinales, en especial los cuatro puntos anteriormente mencionados.[145] Un ejemplo de esto es una cita de Dennis Bennet que se refiere a la conversión de Pablo en Hechos 9:  "a pesar de que las Escrituras no registra, con respecto a este hecho, que Pablo hablara en lenguas, sabemos que sí lo hizo por 1 Co. 4:18."[146]  Como se puede ver el papel de las lenguas gobierna la interpretación del texto. Muchas veces se concluye de un texto lo que este no dice explícitamente.

 

 

El movimiento pentecostal hace una lectura literalista del texto bíblico.  Es paradójico este criterio porque antes se había dicho que hacían una lectura alegórica del texto.  Es la paradoja de la esclavitud de la letra y la libertad del Espíritu.  Se ha venido subrayando la centralidad de la Biblia en la vivencia pentecostal.  Es la Biblia la que los identifica cuando la llevan debajo del brazo, es su arma de defensa y conquista, es la respuesta a sus problemas. 

 

 

Ellos hacen una interpretación literalista de los textos, no tanto para probar doctrinas sino para buscar en ellas una inspiración, una orientación para vivir y actuar, una respuesta a sus angustias.  Pero, también, buscan en el texto lo que dice el Espíritu más allá de una lectura textual, en otras palabras buscan una interpretación espiritual.  Son dos maneras diferentes pero el pentecostal las hace compatibles, aunque son dos acercamientos complejos, porque por una parte la concepción pentecostal de las Escrituras lleva implícitas las concepciones teológicas e ideológicas fundamentalistas que limitan el horizonte conceptual de la interpretación espiritual; por otro lado, la interpretación espiritual se realiza a pesar de este control.[147]  Se pueden ver estos dos fenómenos de interpretación, un acercamiento alegórico y también una acercamiento literalista.

 

 

Un ejemplo de interpretación literalista es la declaración de la Sra. Kathryn Kulhlman de su forma de acercarse al texto bíblico:

 

¿Dios es un espíritu o tiene cuerpo?  Yo creo que  tenemos evidencia bíblica de que Dios tiene cuerpo.  Tú y yo estamos hechos a imagen y semejanza de nuestro Creador.  Me gusta saber que cuando miro arriba hacia mi Padre celestial no estoy hablando sólo a un espíritu.  Estoy conversando con mi Padre celestial que tiene cuerpo.  (...) ¿Quiere más pruebas bíblicas?  Recuerda que Moisés y Dios estaban muy cerca.  Un día Moisés hizo una petición a Dios.  Dijo: "Te ruego que me muestres Tu gloria".  Dios le respondió: "Yo haré pasar todo mi bien delante de ti (...) cuando pase mi gloria Yo te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.  Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; más no verás mi rostro" (Ex.  33:18-23).  Por lo tanto Dios al hablar de sí mismo habla de su rostro y manos; Moisés le vio las espaldas al cuerpo de Dios.  Dios es más que espíritu, tiene cuerpo.[148]

 

Esta interpretación no tiene en cuenta los diferentes géneros literarios, ni los distintos matices del lenguaje que caracteriza a dichos géneros.  Cree que estas descripciones son literales no teniendo en cuenta los antropomorfismos aplicados de manera simbólica a Dios.

 

 

1.2.2.3  Un ejemplo de una exégesis deficiente en la predicación actual.  A continuación se presentará un ejemplo de exégesis deficiente de los movimientos pentecostales, por Kenneth E. Hagin, líder reconocido mundialmente, quien ejerce alta influencia y es muy respetado en las iglesias pentecostales de América Latina; este ejemplo brindará más claridad sobre el tema:

 

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu (Gal. 3:13).  Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley.  ¿Qué es la maldición de la ley?  La única manera de averiguar lo que es la maldición de la ley es volver a la ley.  Al estudiar la ley, hallamos que la maldición o pena por haber quebrantado la ley de Dios es triple: la pobreza, la enfermedad y la muerte (...)  ¿Es maldición o bendición la pobreza? La Palabra de Dios enseña que es una maldición.  Y la Palabra de Dios enseña que fue por nosotros que Cristo soportó la pobreza.  La Biblia enseña a hombres y mujeres que para el creyente en Cristo hay toda provisión, no estoy hablando de cosas espirituales solamente, sino que quiero decir toda provisión de cosas materiales y económicas (...) Parece que algunas personas tienen la idea de que si uno es creyente y confía en Dios, es una señal de humildad, una prueba de piedad el ser pobre y vivir en la miseria sin poseer nada, llevando el sombrero roto, los zapatos desgastados y la ropa remendada, apenas manteniendo la vida.  Pero Jesús no dijo eso.  Dijo: Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.  No dijo que le serán quitadas. Dijo que les serán añadidas.  Gloria a Dios!... La primera promesa de Dios a Abraham fue que iba a hacerle rico.  ¿Quiere decir entonces que Dios va a hacernos a todos ricos?  Sí, eso es lo que quiero decir.  ¿Quiere decir  que a todos nos hará millonarios?  No, no es lo que dije.  Pero va a hacernos ricos.[149]

 

El resultado de una predicación así lleva a las siguientes consecuencias:

 

Recuerdo que hace algún tiempo un amigo me dijo: "Hermano Hagin, ¿Predica Ud. mucho acerca del texto en Lucas 6:38?  "Bueno", respondí "he usado ese versículo.  No me acuerdo de haberlo usado como texto de un sermón pero en varias ocasiones lo he citado en mis predicaciones".  El que hablaba era maestro de una Escuela Dominical de una clase de unos cien hombres.  Ahora replicó: "Escuche lo que pasó: Recientemente un predicador estuvo en nuestra iglesia durante dos semanas, y cada noche se refirió a ese versículo.  Una noche lo tomó como texto de un sermón y cada otra noche se refirió a él.  Sabe, no había pensado mucho en eso hasta que él lo recalcó tanto.  Entonces en la última noche de la campaña, después de haberse levantado la ofrenda para el predicador visitante, éste dijo: "Hermanos, el Espíritu de Dios me dice que debemos dar una ofrenda para esta iglesia para instalar un sistema de ventilación".

 

Resulta que tenían en la iglesia un sistema de ventilación pero ya no era suficiente porque la iglesia había crecido tanto.  Había que añadir un elemento capaz de ventilar el santuario de dos mil asientos, a un costo de $10,000.  Siguió mi amigo:  El predicador dijo a los 1800 oyentes: Quiero los diez mil dólares esta noche!  Sé que suena como imposible.  Ya han dado una ofrenda esta noche, pero quiero darles un desafío.  Y volvió a leerles el texto que había citado todas las noches: Dad y se os dará.  Luego siguió: no quiero que nadie dé nada de lo que tenga disponible.  Si le parece que puede dar $50, pero no $100, dé los cien.  Si cree que puede dar $500, pero no $1000, dé los mil.  Allí está la bendición.  Aquí en el altar voy a poner la mi Biblia abierta en aquella cita, y quiero que vengan Uds.. y encima de ese versículo dejen su dinero y digan: Señor mío, vengo confiado en tu Palabra.  Voy a Orar especialmente por Ud. y sé que Dios se lo devolverá.  Le resultará, y si no, me encargo de devolver su dinero sin decir nada a nadie.... Hermano Hagin, dos hombres de negocios de mi clase me habían confiado que sus compañías iban en banca rota, y teniendo fe en mis oraciones me habían suplicado que orara a Dios que interviniera dentro de treinta días, pues si no, fracasarían.  Hermano Hagin, puedo testificar al hecho de que uno de los dos dio en aquella ofrenda $500, y el otro dio $250.  En efecto dieron lo que no tenían.  Pero, dentro de treinta días las compañías estaban solventes! La bendición de Dios fue para ellos sin medida.[150]

 

Como se puede ver, una interpretación deficiente lleva a serios errores, cuyos resultados distorsionan la Palabra de Dios y en muchos casos la destruyen.  El peligro de esta manera de interpretar las Escrituras se encuentra en la imposibilidad de ejercer control sobre sus deducciones e interpretaciones.  Para esta clase de interpretación es demasiado tentador justificar todo mediante el recurso a la fantasía e imaginación propias.[151]  En esta forma de interpretar las Escrituras es irrelevante el carácter histórico del texto y de la historia, en cierto modo.  Aplicando esta forma de exégesis Dios no es quien habla en la Biblia sino el intérprete.

 

 

 

2.  EL PRINCIPIO DE LA SOLA SCRIPTURA EN CALVINO

 

 

Para poder entender el principio de la Sola Scriptura en Calvino es necesario hacer un breve análisis del método de interpretación bíblica usado en la Edad Media.  La interpretación bíblica y la formulación de la teología en la Edad Media se caracterizaran más que todo por el intento de reformular la teología heredada de los Padres de la iglesia.  Esto se hizo con la ayuda del método dialéctico y las categorías filosóficas de Aristóteles.[152]  El método usado por Anselmo de Canterbury consistía en formular preguntas y plantear hipótesis que condujeran a conclusiones lógicas.  Este método fue perfeccionado por Abelardo, el cual proporcionaba pasajes bíblicos y Patrísticos mutuamente contradictorios, luego reconciliaba las diferentes partes desconectadas de la teología en un sistema coherente.  En otras palabras, se daba una afirmación, luego las objeciones y contradicciones de esta afirmación, para después llegar a una definición exacta que elimina toda contradicción.  La función de la lógica, para Anselmo, era presentar la fe de forma clara y probable ante la razón.  El método de interpretación medieval tuvo su máxima expresión en las obras de Tomás de Aquino, ya que en su tiempo había un conocimiento más amplio de los escritos de Aristóteles.[153]

 

 

La teoría hermenéutica medieval tomó como punto de partida las palabras de Pablo: "La letra mata pero el Espíritu vivifica" (2 Cor. 3:6).  La letra mata porque demanda una obediencia del pecador que el pecador no puede dar.  El Espíritu vivifica porque infunde perdón al pecador con un nuevo poder para cumplir las demandas de la ley.  Este planteamiento llevó a que la iglesia se suscribiera a la teoría de los cuatro sentidos de las Escrituras, mayormente conocido como método alegórico.  El sentido literal del las Escrituras nutría las tres virtudes teológicas, pero cuando no lo hacía, el exégeta podía apelar a tres sentidos espirituales adicionales, donde cada sentido correspondía a una de las virtudes.  El sentido alegórico o figurativo enseñaba sobre la iglesia y lo que ésta debía creer, así, correspondía a la virtud de la fe.  El sentido tropológico o moral enseñaba acerca de los individuos y lo que debían hacer, correspondía a la virtud del amor.  El sentido anagógico o escatológico apuntaba hacia el futuro, correspondía a la virtud de la esperanza.  Esto le permitió a la iglesia mucha libertad en la interpretación de las Sagradas Escrituras.[154]

 

 

Esta forma de interpretación tomó más fuerza con Tomás de Aquino, quién quiso fundamentar el sentido espiritual de las Escrituras en el sentido literal, de una forma más segura que en el pensamiento Patrístico.  Tomás de Aquino afirmó que el sentido espiritual siempre está basado y se deriva del sentido literal de las Escrituras.  Esta fue, en pocas palabras, la práctica hermenéutica de la Edad Media.[155]

 

Como reacción contraria al método de interpretación de la Edad Media se puede ver el interés de la Reforma Protestante del siglo XVI, enriquecida por los aportes del pensamiento renacentista y en forma especial por el humanismo,[156] en buscar el sentido literal de un texto, dejando de lado el sentido alegórico.  El propósito principal de los reformadores era establecer control del texto sobre la exégesis.  Encontraron la exégesis alegórica como un modelo de interpretación que no se dejaba controlar por el texto interpretado, por lo cual emplearon el método exegético gramático-histórico que controlaba mejor la interpretación del texto.[157]

 

 

2.1.  FORMACION HUMANISTA DE CALVINO

 

 

El siglo XVI fue memorable por el surgimiento de grandes hombres que cambiaron el curso de la historia; en Alemania, Martín Lutero, quién logró revolucionar la iglesia de su tiempo.  En Ginebra,  fue el pastor francés, Juan Calvino, quién logro sistematizar la teología del movimiento de la Reforma.  Juan Calvino fue un hombre educado en la alta erudición  Humanista, estudió jurisprudencia, griego y literatura, dominó la literatura clásica y de los padres de la iglesia, y las obras humanistas de su propio tiempo,[158] formación que le fue útil en su quehacer teológico en el desarrollo del movimiento reformador. 

En este trabajo se pretende analizar, en las obras del reformador Juan Calvino, el principio de la Sola Scriptura, la forma como se acercó a la interpretación de la Biblia, y el fundamento teológico para desarrollar dicha interpretación.

 

 

2.2.  FUNDAMENTO TEOLÓGICO

 

 

Fue en el estudio de las Sagradas Escrituras que los reformadores del siglo XVI redescubrieron grandes verdades como la justificación por la fe, las cuales habían quedado soterradas bajo los escombros de siglos de tradiciones eclesiásticas.  Ellos se dieron cuenta que era imposible apelar a las Escrituras como su autoridad, y a la vez  someterse a los dogmas de una iglesia que se había alejado de la verdad revelada de Dios.  Fue por ello que insistieron en el principio de la Sola Scriptura: Las Escrituras como única y final autoridad en asuntos de fe y práctica.[159]

 

 

Calvino está de acuerdo con Lutero en muchos de sus fundamentos teológicos, y a partir de ellos desarrolla varios temas: el primer fundamento teológico fue el principio de La Sola Scriptura, uno de los pilares fundamentales de la fe.  Esto contribuyó a la interpretación de las Escrituras porque las trajo al centro de la teología, y gracias a este acercamiento se rechazó la Regula Fide (cuerpo de dogmas de la iglesia); esto condujo a la aceptación del segundo fundamento teológico: la Analogía de la Fe Sacre Scriptura Sui Ipse Interpres, que implica el rechazo a la autoridad exclusiva de la iglesia en relación con la interpretación bíblica, y afirma que la Biblia es su propia intérprete.  Lo anterior conlleva al tercer fundamento teológico que es la interpretación literal de las Escrituras, el cual, lógicamente, conduce al cuarto fundamento teológico: la interpretación privada de las Escrituras (perspicuidad), bajo la guía indispensable del Espíritu Santo.[160]

 

 

Para Calvino la importancia del concepto de la Sola Scriptura es radical ya que sólo por medio de ella se conoce al verdadero Dios, tanto creador como redentor.  Y sólo conociendo a Dios se puede conocer al ser humano.[161]  Es este concepto que lo lleva en su Institución a tratar este tema como base para el desarrollo de su teología.

 

 

Juan Calvino escribió la Institución de la Religión Cristiana con el propósito de entender de una forma segura las Sagradas Escrituras.  Así lo expresa en su prefacio al lector:

 

Mi intento, pues, en este libro ha sido de tal manera preparar i instruir los que querrán aplicar al estudio de la Teolojía que fázilmente puedean leer la Sagrada Escritura i aprovecharse de su lezion entendiendola bien, i ir por el camino derecho sin apartarse dél.  Porque pienso que de tal manera he comprendido la suma de la relijión con todas sus partes, i que la he puesto i dijerido en tal orden, que cualquiera que la entendiere bien, podrá fázilmente juzgar i resolverse de lo que deba buscar en la Escritura, i á que fin deba aplicar todo cuanto en ella se contiene.[162]

 

Al parecer del autor de este trabajo, este propósito encierra de una forma muy amplia el ideal del movimiento reformador, de poder llegar directamente a las Escrituras e interpretarlas haciendo uso de los originales, de la gramática, de la historia, para estar lo más cerca del sentido original, por ser estas la fuente fiel del conocimiento de Dios.  La Institución de la Religión Cristiana es el medio de enseñar principios, no como normas de fe, sino como herramienta hermenéutica para hacer una sana y fiel interpretación del Texto Sagrado.

 

 

2.3.  AUTORIDAD Y NATURALEZA DE LAS ESCRITURAS

 

 

La afirmación de la autoridad de las Sagradas Escrituras fue el punto neurálgico en la controversia con Roma.  El hecho de apelar de forma directa a ellas y no a la autoridad de la iglesia para su interpretación, llevó a que este conflicto fuera un conflicto sobre la autoridad más que sobre la doctrina.[163]  En 1518 en Augsburg, Lutero, en una de sus defensas ante el cardenal Cayetano, afirmó que la autoridad de las Escrituras está por encima de la del Papa.  En 1519 en Leipzig, frente al teólogo Eck, afirmó que los Concilios son falibles y que la única autoridad son las Sagradas Escrituras.  En 1521 frente a la Dieta de Worms, afirma que él no se retracta, a menos que se le convenza por el testimonio de las Escrituras o por medio de la razón que está equivocado, que no confía en las decisiones de los Concilios ni en la de los Papas.  Su conciencia está sujeta  a la Palabra de Dios.[164]

 

 

Para Lutero, el contenido de las Escrituras es Cristo y la revelación dada mediante él.  Aquí se evidencia la perspectiva cristocéntrica que él tiene de las Escrituras; por lo tanto, los ministros, en su tarea de enseñar la Palabra, no están haciendo otra cosa que predicar a Cristo.[165]  Al dejar claro el elemento cristocéntrico de las Escrituras él puede afirmar que ellas son ley divina que deben gobernar la iglesia y no es necesario creer lo que no tiene apoyo en ellas, ya que estas son la única norma de autoridad para la teología y la predicación, y es por medio de ellas que se prueba la enseñanza de la iglesia.[166]  Calvino construyó sobre este fundamento.

 

 

2.3.1  Sobre el conocimiento de Dios.  Los reformadores se esforzaron por producir una teología basada directamente en las Escrituras.  Un ejemplo de ello es la Institución de la Religión Cristiana, obra clásica de Calvino, que vino a revolucionar y revitalizar el estudio en la teología.  Su exposición magistral de la teología cristiana, se basa firmemente en un estudio fresco y profundo de la Palabra de Dios.[167]

 

Es al comienzo de esta obra, fundamentando el papel trascendente de Las Escrituras, que Calvino establece que ellas son necesarias para conocer a Dios.  Para él hay dos cosas que el ser humano debe tener: en primer lugar el conocimiento de Dios, y en segundo lugar el conocimiento de sí mismo.[168]  Pero el ser humano no se puede conocer a sí mismo, si primero no contempla a Dios, y después de haberlo contemplado, desciende a considerarse a sí mismo, pues el ser humano nunca siente su bajeza hasta que se ve frente a la majestad de Dios.[169]  La sola razón humana es impotente para dar al ser humano un conocimiento verdadero de sí mismo y de su misma sociedad; sólo el conocimiento de Dios lo lleva a entender su propia realidad.[170]  Ahora, no es sólo saber que hay un Dios, sino que se debe comprender lo que conviene saber acerca del Él.  En el momento en que el ser humano tiene un encuentro con Dios lo quiere honrar, porque está convencido que Él es la fuente de todos los bienes, para que nada busque fuera de Él.[171]  Es básico conocer a Dios para adorarle reverentemente y con amor.

 

 

Siguiendo el pensamiento de Pablo, Calvino afirma que todos los seres humanos tienen suficientes elementos que demuestran la existencia de que hay un Dios.  Nadie puede acudir a la excusa de que ignoraba que Dios existía, porque Dios imprimió en todos un cierto conocimiento de su divinidad.[172]  Pero esa semilla del conocimiento de Dios no puede madurar en el corazón del ser humano por su ignorancia y maldad.[173]

Dios se da a conocer para tener comunión con el ser humano, y para que este le sirva.  El verdadero servicio a Dios es cumplir su voluntad, y esta voluntad se encuentra en su Palabra.[174]  Aunque Dios ha inscrito en cada una de sus obras su divinidad y todos los seres humanos tanto sabios como ignorantes pueden evidenciar su existencia, es sólo a través de las Escrituras que se puede conocer su voluntad.  Las pruebas de la existencia de Dios, diferentes a las que provengan de las Escrituras, sólo sirven para hacer al ser humano inexcusable y para mostrarle que la causa de esta incapacidad de conocer a Dios está en el ser humano mismo, por lo cual es necesario que las Escrituras lo guíen.  Sólo las Escrituras muestran al verdadero Dios.[175]

 

 

La salvación del ser humano depende no sólo de conocer a Dios como Creador, sino también como Redentor; y lo uno y lo otro se alcanza por la Palabra.  Dios quiso que sus palabras quedaran registradas en las Sagradas Escritura para el provecho del ser humano.[176] La Palabra de Dios es una fuerza violenta que insta a la obediencia, es la verdadera mano de Dios que actúa poderosamente en todos los sentidos a través del escritor inspirado.[177]

 

 

Para Calvino las Escrituras son indispensables para un conocimiento seguro de Dios.  Esto lo lleva a tomar muy en serio el principio de la Sola Scriptura, porque desde allí se desprende toda seguridad de la salvación; ellas son el medio objetivo de seguridad.  Cuando el ser humano se aparta de la voluntad de Dios inscrita en las Sagradas Escrituras, se deteriora a sí mismo, se corrompe, desvirtúa su propia humanidad y pierde su libertad.[178]  He aquí la importancia de las Escrituras.

 

 

Calvino tenía un alto concepto de las Escrituras; aseveraba que sólo en ellas Dios ha querido que su verdad fuese publicada y conocida hasta el fin.  Afirmó que ellas han descendido del cielo, y que oírlas es como si Dios hablara por su propia boca.[179]  En otras palabras Calvino reconoce el origen divino de ellas, y que es esto lo que determina su naturaleza.

 

 

2.3.2  La autoridad de Las Escrituras.  A diferencia de Lutero, quien establece el elemento Cristocéntrico como criterio formal para confirmar la canonicidad de los libros bíblicos (es canónico todo libro que haga referencia a Cristo),[180] Calvino establece el elemento Cristocéntrico en las Escrituras, cuando afirma, como lo hace el apóstol Pablo, que sólo hay un mediador entre Dios y los hombres que es Cristo, lo cual implica que para llegar a Dios se debe ir únicamente por medio de Cristo, y sólo se logra conocer a Cristo por medio de las Escrituras.  Entonces el propósito de estudiar las Escrituras es Cristo.[181]

 

 

Calvino rechaza la creencia de que la autoridad de las Escrituras depende de la iglesia, ya que muchos piensan que las Escrituras no tienen más autoridad que la que la iglesia le confiere, y afirma que la misma iglesia se funda en el testimonio de los profetas y de los apóstoles como dice Ef.  2:20.  Él argumenta que si la iglesia se funda en la doctrina de los profetas y apóstoles, es necesario que esta doctrina tenga su entera certidumbre antes de que la misma iglesia comenzara a existir, puesto que el fundamento es antes que el edificio.  Por ello es un desvarío decir que la iglesia tiene autoridad para juzgar a las Escrituras, como si los seres humanos pudieran determinar qué se debe tener como Palabra de Dios y qué no.  El hecho de que la iglesia reciba y admita las Sagradas Escrituras y con su testimonio las apruebe, no las hace auténticas, como si antes hubieran sido dudosas, sino que reconoce que ellas son la misma verdad de su Dios.[182]  Aceptar lo contrario es darle motivos a los inconversos para que hagan burla de la fe, y cuestionen las Escrituras por sospechosas, si ven que su autoridad depende del favor de los seres humanos.[183] 

 

 

Calvino afirmó, al igual que Lutero, que toda autoridad humana se puede equivocar, y sólo las Sagradas Escrituras deben ser su propio intérprete.  Un ejemplo claro que muestra la historia son las equivocaciones de los Concilios.  Debido a esto, ellas se interpretan a sí mismas y regulan aún los mismos Concilios.[184]  La Palabra de Dios está por encima de cualquier juicio de los seres humanos.[185]

 

Lo que da autoridad a las Escrituras es el hecho de que Dios es su autor: jamás se puede tener por verdadera la doctrina hasta que conste que su autor es el mismo Dios.  Sólo el testimonio del Espíritu Santo puede confirmar y dar la convicción plena y segura de la autoridad de las Escrituras; es el mismo Espíritu que habló por boca de los profetas el que debe penetrar en los corazones y tocarlos eficazmente para persuadirles que los profetas han dicho fielmente lo que les era mandado por el Espíritu mismo.[186]  En otras palabras, es el Espíritu Santo el que trae convicción.  Entonces, la única base para la autoridad de las Escrituras es el hecho que Dios es su autor, y es Dios mismo, por el Espíritu Santo quien da plena convicción que esta es su Palabra.

 

 

Es necesario aclarar que la Palabra sólo comienza a obrar en la vida del ser humano cuando es sellada por el Espíritu Santo en el corazón.  Es en este momento que ya no se cree la procedencia divina de las Escrituras por el mero juicio de los hombres, sino por la convicción que Dios mismo da.  Es en este momento cuando todo argumento humano queda superado.[187]  La fe precede a toda demostración; es vano intentar probar la autoridad de las Escrituras con argumentos lógicos, así como es vano pretender confirmarla por el acuerdo de la iglesia o por otros métodos.  Aunque hay argumentos convincentes, todos estos son secundarios y no dan la convicción plena que da el Espíritu Santo.[188]

 

 

Cabe añadir que hay algunos que exaltan el Espíritu en detrimento de la Palabra.  Estas son personas que se jactan de enseñar en el nombre del Espíritu, despreciando las Escrituras y burlándose de su sencillez, y para quienes siguen siendo letra muerta, como lo afirma Calvino:

 

Por tanto no es cometido del Espíritu Santo que Cristo prometió, inventar revelaciones nuevas y nunca oídas o formar un nuevo género de doctrina, con la cual apartarnos de la enseñanza del Evangelio, después de haberla ya admitido; sino que le compete al Espíritu de Cristo sellar y fortalecer en nuestros corazones aquella misma doctrina que el Evangelio nos enseña.[189]

 

Lo que implica este texto es que las Escrituras son el ámbito del Espíritu.  El intérprete debe leer y oír las Escrituras, si quiere percibir algún fruto y utilidad del Espíritu.  Muchos argumentarán que esto es impropio, que el Espíritu de Dios, a quién todas las cosas deben estar sujetas, esté sometido a su propia Palabra, pero esta es una eficiente protección para evitar que en el nombre del Espíritu Santo se fomente la herejía.  Él es su autor; por ende no puede ser distinto de sí mismo.  Cual se manifestó una vez en ellas, así conviene que permanezca para siempre.[190]

 

 

Otros quizás digan que tener sólo las Escrituras es atarse a la letra muerta.  Y en verdad, la ley del Señor es letra muerta y mata a todos los que la leen, cuando está sin la gracia de Dios y sólo suena en los oídos sin tocar el corazón.  Pero si el Espíritu Santo la sella en los corazones, y comunica a Cristo, es Palabra de vida que convierte el alma.  El Espíritu Santo está de tal manera ligado a su verdad impresa en las Escrituras que Él de manera gustosa descubre y muestra sus potencias a los seres humanos, cuando ellos dan la reverencia y dignidad que se debe a su Palabra.[191]

 

 

De todo el argumento anterior se desprende lo que se conoce como la "libre interpretación" de las Escrituras o "Perspicuidad": afirmación de que las Escrituras son tan claras y lúcidas que cualquier persona puede entender su mensaje básico;[192] sin olvidar lo que afirma el Apóstol: "entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 P. 1:20-21).  Cristo abrió el entendimiento a sus discípulos para que comprendiesen las Escrituras.  La Palabra es el instrumento con el cual el Señor dispensa a sus fieles la iluminación de su Espíritu.[193]

 

 

2.3.3  El propósito de las Escrituras.  Surge la pregunta: ¿Cuál es el propósito de las Escrituras?  Calvino lo presenta de forma sencilla y clara:

 

Así que el conocimiento de Dios que nos propone la Escritura, no tiene otro fin ni paradero que el que nos manifiestan las criaturas; a saber, inducirnos primeramente al temor de Dios; luego nos convida a que pongamos en Él nuestra confianza, para que aprendamos a servirle y honrarle con una perfecta inocencia de vida y con una obediencia sin ficción, y así entonces descansemos totalmente en su bondad.[194]

 

Para Calvino el principio del conocimiento de Dios no consiste en una fría especulación, sino que hace que Dios sea servido.  Calvino resume la verdadera religión en una palabra: relación.  Dios quiere relacionarse y para ello debe ser conocido por medio de las Sagradas Escrituras.[195]

 

 

Calvino cree en la inspiración de los autores bíblicos, y dice que los autores son amanuenses del Espíritu Santo; por esto lo que ellos escriben es Palabra de Dios.[196]  Con esto, Calvino no negó la personalidad y las circunstancias históricas del autor en el proceso de inspiración; sin embargo, sí afirma que Dios tiene el control absoluto sobre este proceso y la autoridad absoluta sobre el producto final.  El autor de las Escrituras es Dios y por ello no puede haber distinción, ni menosprecio, ni exclusión de ningún libro bíblico.[197] Es necesario que el creyente deba a las Escrituras la misma reverencia que a Dios; porque ellas han procedido de Él.[198]

 

 

Calvino aconseja que frente a los misterios secretos de las Escrituras es conveniente ser sobrio y modesto.  El intérprete debe estar atento, para que ni su entendimiento, ni su discurso vaya más allá de lo que la Palabra está diciendo.  El ser humano es limitado y no puede agotar todo el conocimiento infinito de Dios.[199]  El Evangelio sobrepasa la capacidad intelectual del ser humano, por lo cual es necesario que este se acerque en humildad a los misterios de Dios, y apoye su fe en la revelación misma del Espíritu.[200]  No se obtiene ningún conocimiento de la Palabra en forma natural; el intérprete depende de la acción del Espíritu Santo.[201]

 

 

2.3.4  El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.  Calvino no acepta una distinción entre Antiguo y Nuevo Testamento, sino una unidad completa entre ambos, y señala que las diferencias que hay son diferencias de grado.[202]  El Antiguo Testamento debía ser entendido como proclamación de Jesucristo, y una interpretación aparte de él podría llevar a errores. Para Calvino la diferencia de grado entre Antiguo y Nuevo Testamento se podría resumir en los siguientes puntos:

 

 

-  En el Antiguo Testamento los beneficios terrenos son un espejo de la herencia futura.  Es la pedagogía de la acomodación de Dios a la incapacidad humana, en la cual utilizó figuras y símbolos para comunicar su sentido.[203]

 

 

-  La ley no contenía más que la sombra de la realidad cuya sustancia trae el Evangelio.  Se usaron señales y ceremonias como tipos de Cristo.  Aunque la verdad es la misma, en el Nuevo Testamento la sustancia reemplaza la sombra.[204]

 

 

-  La ley es literal, mortal y temporal, el Evangelio es espiritual, vivificador y eterno.[205]

 

 

-  La ley es servidumbre, el Evangelio es libertad.  Las Escrituras llaman al Antiguo Testamento pacto de servidumbre, porque engendra temor en los corazones de los seres humanos; en cambio, al Nuevo Testamento lo llama pacto de libertad.  Sin embargo, las promesas del Antiguo Testamento pertenecen al Evangelio, es decir el Antiguo Testamento contiene el Evangelio.[206]

 

 

-  El antiguo Testamento se dirige al pueblo judío, el Nuevo Testamento se dirige a todos los seres humanos.[207]

 

 

Estas diferencias de grado se dan no porque Dios cambie, sino porque Él se acomoda a las necesidades del tiempo.  Él ha ordenado una misma doctrina para todos los tiempos, y sigue pidiendo a los seres humanos el mismo culto y servicio que desde el principio ha exigido.  Pero sí cambia la forma y manifestación externa, esto no demuestra que Dios está sujeto a alteración, sino únicamente que Él ha querido acomodarse a la capacidad de los seres humanos que es variable y mudable.[208]

 

 

2.4.  LAS ESCRITURAS Y LA SOTERIOLOGIA

 

 

Ahora, bien, las Escrituras son indispensables para la regeneración, ya que el fin de la regeneración es que Cristo nos forme a imagen de Dios, y esta labor se logra por medio de la Palabra.[209]  Otra vez Calvino pone en un lugar importante las Escrituras en el proceso de la salvación.  Por ende el autor de este trabajo profundizará un poco en el tema de la relación existente entre las Escrituras y la Soteriología.  En esta sección se va a tratar la Soteriología yuxtapuesta a la Cristología, ya que estos dos temas son inseparables.

 

 

Para entender todo el alcance en el proceso soteriológico, por obligación se tiene que considerar el estado del ser humano antes y después de la caída.  El ser humano fue creado en integridad y perfección, y esto como préstamo concedido por Dios, para poder tener una completa dependencia de Él.  Pero el ser humano cayó en un vil estado y condición después de que Adán y Eva pecaran.[210]  Para Calvino, la causa de la caída de Adán y Eva fue la incredulidad, pues despreciaron la verdad y siguieron la mentira.  De la incredulidad procede la soberbia, la ambición y la ingratitud, ya que el ser humano, queriendo más de lo que Dios le había dado, menospreció la liberalidad de Dios.  La vida espiritual de Adán consistía en estar unido con su creador, su muerte fue apartarse de Él.  Y este pecado alcanzó a su posteridad; es lo que los padres llamaron pecado original, entendiendo la palabra "pecado" por depravación de la naturaleza que antes era buena y pura.[211]  En otras palabras, se depravó completamente la naturaleza primigenia.  Por ello, la necesidad de la salvación del ser humano es total y no parcial.[212]

 

 

Lo que se está implicando, con el concepto de pecado original, es que el pecado de los padres se comunica a los hijos, ya que el pecado original es: "la corrupción y perversión hereditarias de la naturaleza humana, difundidas en todas las partes del alma, lo cual primeramente hace al ser humano culpable de la ira de Dios, y, además, produce en él, lo que las Escrituras denominan obras de la carne".[213]  El ser humano, por su estado pecaminoso ha debilitado el conocimiento de Dios.

 

 

En este punto es necesario aclarar lo que implica el concepto de pecado original, pues no es un acto pecaminoso en sí mismo, sino una condición de pecado.[214]  Como dijo Calvino, es de esta naturaleza que fluyen las obras de la carne.  Entonces, debe quedar muy claro que el pecado original es la perversión de la naturaleza del ser humano, y es por esta naturaleza que el ser humano siempre tiende al mal.

 

 

El ser humano es pecador, por lo cual está bajo condenación y sometido a la muerte a causa del pecado de Adán, pero el ser humano está sin excusa.  Cuando se habla de pecado original, no se está diciendo que el hombre es una víctima inocente, pues es castigado por su propio pecado, como lo afirma Theo Donner:

 

El hombre es heredero moral (y mortal) del pecado de Adán y el hombre es agente responsable que sufre por su propio pecado.  No debemos intentar aquí reconciliar estos dos aspectos.  La Biblia sencillamente afirma a la vez que el pecado es heredado y que el pecado es responsabilidad del individuo.[215]

 

El ser humano por sí mismo, no puede conocer al verdadero Dios; por más que lo intente no lo puede hacer.  Aunque hable de cosas muy ciertas siempre tiende a tergiversar la verdad.[216] Lo que sí se puede afirmar es que sin regeneración e iluminación, la persona no puede reconocer a Dios, pues los misterios de Dios son locura cuando el Espíritu no ilumina.[217]  Toda facultad del ser humano viene de Dios, y el entendimiento humano es incapaz de comprender su vocación.[218]  La razón del ser humano está afectada por el pecado que no puede llevarlo por el camino debido.[219]

La voluntad también está corrompida.  Calvino dice al respecto: "aún los animales buscan su propio provecho."[220]  Como conclusión, el mismo Calvino dice: "Si todo ser humano está sometido al pecado, por necesidad su voluntad, sede principal del pecado, tiene que estar estrechamente ligada a él".[221]  Este es el punto neurálgico de la Soteriología, el ser humano no puede salvarse por sí mismo.  Entonces, sólo Dios inspira en el corazón del ser humano amor y deseo por la justicia divina.  En otras palabras, la obra es sólo de Dios.

 

 

La redención en Cristo.  Cuando el ser humano se ve perdido tiene que buscar su redención en Cristo.  Pues el Dios Creador sólo se puede conocer en Cristo Redentor.[222]  El ser humano ve la realidad de la necesidad de un mediador , lo cual lo prueba la Biblia desde el Antiguo Testamento, pues allí se enseña que no hay gracia sin mediador.[223]  Y es desde el tiempo del Antiguo Testamento, que Dios ha mostrado que el único mediador es Él mismo.

Dios se vale de la ley como medio pedagógico para conducir a Cristo.  Esta ley requería de sacrificios; debido a esto los profetas anunciaban un solo y único sacrifico para expiar los pecados, el cual era Cristo.[224]  ¿Por qué estos sacrificios? La ley moral hacía surgir la maldición, y nadie podía cumplir la ley.  La ley moral mostraba al ser humano su impotencia, su pecado y arrogancia, por lo cual abundaba para todos el pecado, la condenación y la muerte.  Es por este motivo que la ley lleva al ser humano a recurrir a la gracia.[225]

 

La ley moral no es mala, pues es la que revela la voluntad de Dios a los creyentes, y guía a la santidad.  Esta es la razón por la que Cristo no trata de abolir la ley, pero sí de abolir su maldición; lo que quiere decir que la obediencia a la ley continúa.[226]  En conclusión, se puede afirmar que la ley revela la incapacidad del ser humano, lo cual lo lleva a recurrir a un mediador, quien es Cristo.

 

 

Cristo fue dado a conocer a los judíos bajo la ley, pero sólo es plenamente revelado en el Evangelio.[227]  Es allí donde se profundiza en la persona de Cristo como mediador.  Este es el misterio de la encarnación, que la reconciliación de los seres humano con Dios requería que el mediador fuera el mismo Dios.[228]  En el misterio de la encarnación se aplica el "Dios con nosotros" (Mt.  1:23).  Si no se hubiera dado la encarnación, tampoco los seres humanos hubieran podido llegar a ser hijos de Dios, y por ende, sus herederos.[229]

 

 

El mismo deseo de Calvino de que se entendiese claramente el tema de la Soteriología, guardándola de los errores de la iglesia oficial, lo llevó a una profunda reflexión teológica con el fin de que al buen lector e investigador de la Biblia se le despertara el deseo de profundizar en la verdad descubierta en las Escrituras, y así fielmente compartirla.  Este principio es claro en Calvino: es necesario presentar la verdad al pueblo de manera entendible, para que éste la viva y la comparta.

Calvino pone énfasis en la doctrina, pues para él la fe es compañera inseparable de la doctrina: la fe llega a Cristo por el Evangelio.[230]  Ahora, si esto es cierto, cada cristiano debe ser diligente en conocer la verdad bíblica y estar dispuesto a morir por ella.  Si el ser humano está condenado y el único medio para acercarse a Cristo son las Sagradas Escrituras, es responsabilidad del cristiano ser un intérprete celoso de ellas.  Cabe añadir, como se ha venido diciendo, que aunque las Escrituras son indispensables, ellas por sí solas no ofrecen ningún provecho a menos que esté presente el Espíritu.  Toda la labor soteriológica reside en el Espíritu Santo, por lo tanto la alabanza ha de ser exclusiva y completamente referida a Dios.[231]  Para los reformadores la Biblia es la regla infalible para la fe y práctica; contiene todos los elementos necesarios para la salvación, pero su verdad salvadora sólo puede ser percibida con la iluminación del Espíritu Santo.

 

 

2.5.  LAS ESCRITURAS Y LA PNEUMATOLOGIA

 

 

La doctrina del Espíritu Santo está esparcida a lo largo de la teología reformada, pero en el libro tres de la Institución de la religión cristiana se encuentra con más claridad.  En esta sección se pretende mostrar cómo la obra de Cristo en la cruz, registrada en las Escrituras, es dada a los seres humanos por la acción secreta del Espíritu Santo.

 

 

2.5.1  La acción secreta del Espíritu Santo en la Salvación.  Primero que todo, hay que presentar la persona del Espíritu Santo.  Él forma parte de la Trinidad, procede del Padre y del Hijo, es igual a ellos en sustancia y poder, y merece como ellos que se le ame, se le crea, se le obedezca y se le adore por la eternidad.[232]

 

 

Es sólo el Espíritu Santo quien hace que el ser humano se apropie de la obra de Cristo.[233]  El Espíritu Santo une al ser humano con Cristo y es quien comunica al hombre con la gracia del Señor.[234]  Esto implica que es indispensable la obra de Cristo y del Espíritu Santo en el ser humano.  Calvino habla del Espíritu diciendo:  "el Espíritu Santo es el nudo con el cual Cristo nos liga firmemente consigo".[235]  Calvino afirma que en la obra de la salvación el Espíritu Santo está obrando secretamente.[236]  Él redarguye de pecado, es quien impulsa al ser humano al arrepentimiento y lo capacita para aceptar a Cristo por la fe.  Pero, su obra no termina aquí, pues sigue obrando en el creyente haciendo su habitación en él, consolándolo, santificándolo y preparándolo para la vida futura.[237]  Hace su obra interna en el creyente desde el momento en que lo toma para que sea salvo, hasta el momento en que se encuentra con Cristo.  Se podría afirmar que la obra de salvación es iniciada por el Dios Trino y consumada por el Espíritu Santo.

 

 

Sin la comunión del Espíritu Santo, absolutamente nadie puede participar del favor de Dios como Padre, ni mucho menos de los beneficios de la obra de Cristo.[238]  Como lo afirma el apóstol Pablo en la carta a los Romanos (Ro.  8:9), que el que no tenga el Espíritu Santo no es de Dios.  Para Calvino, sin el obrar del Espíritu Santo no puede haber salvación.  Es el Espíritu Santo quien aplica la obra de Cristo en los seres humanos.  Ahora, cabe la pregunta  ¿cómo lo hace?

 

 

2.5.2  La fe como medio subjetivo.  La fe es la apropiación subjetiva de la salvación.[239]  Como dicen las Escrituras, el ser humano por sí mismo no puede justificarse ante Dios, ni mucho menos dar algo a cambio por su salvación; su salvación es por gracia.  El apóstol Pablo afirma que la salvación del ser humano es por fe y no por obras; esta salvación se da cuando se pone la confianza absoluta en la obra de Cristo, así la fe no es otra cosa que el confiar en Cristo.  Cabe aclarar que esa fe es un don extraordinario y precioso de Dios.[240]  Ella es obra única del Espíritu Santo, por lo cual no puede provenir del ser humano.  La fe es un don gratuito y una obra completa de Dios.  Él es el autor y consumador de la fe.  La fe no pertenece al ser humano.

 

 

El Espíritu Santo encamina al ser humano a su evangelio solamente por la obra de la fe.  Calvino claramente lo refiere así: "El Espíritu Santo es el maestro interior y el doctor por medio del cual la promesa de la salvación penetra en nuestra alma, pues de otra manera aquélla no haría sino herir al aire o sonar en vano a nuestros oídos."[241]

 

 

Así, la fe no es un simple conocimiento de Dios.  Tampoco es una simple comprensión de la Escritura.  Es el don de Dios que produce en el cristiano una firme y sólida confianza en el corazón, la cual brindará descanso y seguridad en la misericordia de Dios, que ya ha sido prometida en su Palabra.[242]

 

 

El fin único y verdadero de la fe tiene que ser Jesucristo.  Esto quiere decir que Cristo es el objeto de la fe.  Sólo se sabe lo que se va a recibir por fe, cuando se mira al Señor.  Uno de los pilares de la Reforma era el principio expresado en la consigna Sola Fide.  Cabe aclarar que cuando se habla de justificación por fe, no se está hablando de un remplazo de la justificación por obras.  Lo que se quiere decir es que el ser humano es salvo sólo por la obra de Cristo, quien es el medio objetivo.  La fe es simplemente confiar en la obra de Cristo.[243]  Como dice el Apóstol Pablo, si la fe equivale a las obras entonces la salvación sería un simple salario a la fe, y la salvación no sería por gracia.

 

 

Aquí se llega al punto crítico: sin fe no hay salvación, la fe es don del Espíritu Santo y sin la Escritura no hay fe.  Calvino, interpretando al Apóstol Pablo, dice:  "Pablo pone la fe como compañera inseparable de la doctrina",[244] porque sin Palabra no hay fe, y la fe es un conocimiento de la voluntad de Dios.  Si falta la Palabra, evidentemente no hay salvación.  Por ello, se puede ver en los reformadores la urgencia de traducir las Escrituras al idioma vernáculo, porque estaban conscientes de lo indispensable e irremplazable de las Escrituras para el proceso de la salvación.

 

 

Se puede afirmar que la base de la teología de la reforma depende de la predicación de las Escrituras.  Lutero afirma que: "es Dios mismo quien engendra la fe cuando el hombre acepta la revelación divina".[245]  No hay salvación si no hay predicación del Evangelio.  Al parecer, los reformadores ven una relación simbiótica entre fe y evangelio; no puede existir la una sin la otra.  Así lo ilustra la Confesión de Fe de Wetsminster: "ya que no hay otro camino de salvación que el revelado en el evangelio, y dado que, en el método divinamente establecido y ordinario de la gracia, la fe viene por el oír la Palabra de Dios, Cristo ha comisionado a su iglesia para ir a todo el mundo y hacer discípulos a todas las naciones".[246]  En el proceso de la salvación es indispensable la predicación de la Palabra de Dios y la obra del Espíritu Santo.

 

 

2.6.  LAS ESCRITURAS Y LA ECLESIOLOGIA

 

 

Este es uno de los temas neurálgicos en la disputa con Roma. ¿Qué es la Iglesia? y ¿Quién es la Iglesia? han sido preguntas que han producido reflexión a través de la historia.  Los reformadores por ende no se quedaron atrás en contestarlas. Fueron ellos los que le dieron un carácter dinámico al concepto de Iglesia.

 

 

Uno de los principales aportes de la Reforma fue el volver a la enseñanza bíblica del sacerdocio de todos los creyentes.  Este concepto revolucionó la iglesia de su tiempo, pues desde ese momento la iglesia se convirtió en un cuerpo dinámico en el cual todos los creyentes tenían que trabajar.  La iglesia se tenía que mover en tres dimensiones: la primera era en relación con Dios, la segunda era consigo misma y la tercera con el mundo.  Los miembros de la iglesia tenían que trabajar hacia una formación integral.

 

 

2.6.1  La predicación de la Palabra.  Para el reformador hay una continuidad entre las Escrituras y la Palabra predicada.  Es la misma Palabra.  La Palabra revelada en las Escrituras es el contenido de la Palabra predicada.[247]  La meta del predicador es exponer fielmente las Escrituras.[248]  Como se ha venido diciendo, Dios inspira la fe sirviéndose del Evangelio.  El poder de salvar reside solamente en Dios; pero lo manifiesta únicamente en la predicación del Evangelio.  Por ello el Señor instituyó que su iglesia fuera edificada por la predicación de su Palabra.[249]

 

 

Calvino afirma que escuchar la predicación bíblica de los ministros del evangelio es como escuchar la misma voz de Dios.  Pues Dios se vale de seres humanos de la misma comunidad para proclamar su Palabra.[250]  La condición humana del predicador no menoscaba la autoridad de la predicación,[251]  ya que Dios se sirve de seres humanos para gobernar su iglesia, y por boca de ellos habla como desde el cielo.  Al servirse de seres humanos, también ejercita la humildad de la iglesia, ya que su Palabra es predicada por seres humanos semejantes a los de la misma comunidad.  Esto conlleva a un principio más relevante: la dependencia y el cuidado de cada uno de sus miembros.[252]

 

 

La iglesia no se puede edificar sin la predicación externa de los ministros, pero la eficacia del ministerio de la Palabra depende únicamente de la obra del Espíritu Santo.[253]  Por medio de la predicación es que Dios se hace presente en la comunidad.  Es la predicación de la Palabra la que establece y extiende el reino de Dios.  Cristo no reina más que por su Palabra.[254]

 

2.6.2  La iglesia como comunión de los santos.  La iglesia de la Reforma abolió los santos de yeso y, en su reemplazo, llenó cada reunión con santos de carne y hueso; santos que trabajan y ganan su sustento, santos que respondían a diferentes obligaciones en diferentes áreas, y sobre todo santos que extendían el reino de Dios.  La iglesia de la Reforma comenzó a ser una iglesia viva, como lo era la iglesia primitiva.  Se había abolido la diferencia entre clero y laicado; ahora todos eran sacerdotes de Dios.  Calvino afirmó que la elección era el fundamento de la Iglesia Universal,[255] pues sólo Dios conoce a los suyos y les ha sellado, y diferenciado de los réprobos.  Los elegidos de Dios están unidos de tal manera a Cristo, que así como dependen todos de una cabeza, así todos ellos no constituyen más que un solo cuerpo, de igual manera que la unión existente entre los miembros del cuerpo humano.[256]

 

 

Ahora, en cuanto a la comunión de los santos, se debe decir que es una cualidad que debe existir en la iglesia: "es como si dijera que los santos están congregados en la compañía de Cristo con la condición de comunicarse mutuamente los beneficios que de Dios han recibido",[257] se está diciendo que cada miembro depende o se sirve uno de otro, es decir que los dones, que Dios ha dado a todos los creyentes son para edificación del cuerpo.  Para Calvino el ser humano sólo es verdaderamente humano en la medida en que vive con otros hombres.  Es en sus relaciones con los otros donde el ser humano se realiza.  El ser humano fue creado por Dios para ser una criatura de sociedad.[258]  Por esto cuando el ser humano se aparta de Dios no solamente se destruye individualmente, sino que pervierte y daña la vida social.  La vida cristiana no se puede vivir de manera individual.  La vida cristiana es imposible fuera de la comunión visible y continuada de la iglesia.[259]  Es tal el criterio de unidad de la iglesia que el reformador dice: "La Iglesia se llama católica o universal, porque no es posible dividirla en dos o tres partes sin despedazar a Jesucristo, lo cual es imposible".[260]

 

 

2.6.3  La Iglesia Visible es la madre de todos los creyentes.  La declaración de que fuera de la iglesia no hay salvación, es una verdad muy profunda y de mucho contenido teológico, pues ninguno que no pertenezca a la iglesia de Cristo puede ser salvo.  El ser humano sólo puede ser salvo cuando ha sido injertado en el cuerpo de Cristo.  Cuando el ser humano es salvo, inmediatamente entra a formar parte del cuerpo de Cristo, que es su Iglesia, pues fuera del gremio de la iglesia no hay remisión de pecados ni salvación.[261]  Aquí "gremio" tiene que ver con la comunidad de los elegidos.  Calvino se fundamenta en lo que dijo Lutero: "quién busque a Cristo debe encontrar primero la iglesia".[262]

 

 

2.6.4  La Iglesia Visible e Invisible.  Para Calvino, toda la comunidad de los elegidos, los hijos de Dios santificados por el Espíritu Santo, incluyendo a todos los elegidos en la historia del mundo, desde el principio del mundo hasta su consumación, son la Iglesia Invisible.[263]

 

 

La Iglesia Visible, para Calvino, es la multitud de los seres humanos que han decidido seguir a Cristo, han hecho profesión de honrarlo, se han bautizado como testimonio de su fe, testifican su sometimiento a la sana doctrina y participan de la Cena, pero en ella están mezclados los buenos y los hipócritas, quienes no tienen de Cristo sino el nombre y la apariencia.[264]

 

 

Cuando Calvino hace distinción entre iglesia visible e invisible, está implicando que la iglesia no debe detener su labor por las diferentes circunstancias que pasen, sino que debe proclamar su mensaje, ya que el cristiano no es un miembro únicamente de la institución, sino del cuerpo invisible de Cristo, del cual Él es la cabeza.

 

 

La Iglesia Visible debe mantener la unidad; no le está permitido al creyente romper la unidad de la verdadera iglesia, o separarse de su comunión.  No se debe abandonar la iglesia por cualquier disensión, sólo cuando la sana doctrina sea afectada.[265]

 

2.6.5  Las señales de la Iglesia Visible.  Se conoce la Iglesia Visible donde quiera que se predique sinceramente la Palabra de Dios y se administren los Sacramentos conforme a la institución de Jesucristo.[266]  Donde estén presentes esta señales no hay que dudar que allí esté la Iglesia del Señor.

 

 

Este concepto de Iglesia que tiene el reformador, lleva al concepto de Iglesia Universal que viene por la sucesión apostólica, sucesión que no es de personas, sino de doctrina.  Esta Iglesia está conformada por la multitud de seres humanos, de diferentes naciones, de acuerdo con la verdad de Dios y con la doctrina de su Palabra.  Bajo esta Iglesia Universal están comprendidas todas las iglesias locales, de modo que cada una de ellas tiene el nombre y la autoridad de la Iglesia.[267]

 

 

2.6.6  La iglesia verdadera y la iglesia falsa.  Como se ha expuesto, la predicación de las Escrituras, y aún el mismo principio de la Sola Scriptura, es fundamental para la definición de iglesia.[268]  El ministerio de la Palabra del Señor y de sus Sacramentos son claves para los reformadores al definir la iglesia.  Donde permanece este ministerio en su integridad, allí está la Iglesia, pese a que existan fallas y vicios en las costumbres.  Pero si se afectan los principales puntos de la doctrina, y se destruye lo que es necesario entender de los Sacramentos, ya no se puede llamar a esa comunidad Iglesia, pues se está socavando el fundamento de la doctrina de los profetas y los apóstoles.[269]  Cuando se destruye la doctrina, se destruye el fundamento sobre el cual se edifica la Iglesia.  Calvino hace distinción entre doctrinas fundamentales y no-fundamentales, y es sólo cuando se distorsionan las doctrinas fundamentales que el creyente está en libertad de salir de la iglesia.

 

 

En conclusión, son herejes quienes, apartándose de la Iglesia, rompen la unión con ella.  Esta unión consiste en dos vínculos: la sana doctrina y la ministración de los Sacramentos, lo cual produce comunión.  Ya que el fin principal de la iglesia es la edificación, la Palabra es elemento central para la iglesia; fuera de ella la iglesia no posee otra autoridad.  La Iglesia debe administrar la Palabra.[270]

 

 

2.6.7  La disciplina en la iglesia.  Una de las funciones de la iglesia es guiar y ayudar a sus miembros en la santificación, lo cual genera la necesidad del auto-examen y de la disciplina.  La disciplina es necesaria para mantener la pureza de la doctrina y para ayudar a la santificación de sus miembros.  También es necesaria para la unión de los fieles con Cristo como cabeza de la Iglesia.[271]  La disciplina promueve la comunión y el cuidado mutuo de la comunidad.  Los efectos de la disciplina deben llevar a buscar una mejor vida y a que los pecadores se acojan a la compañía y unión de la Iglesia.[272]

 

Calvino hace distinción en tres propósitos de la disciplina:

 

-         Impedir que se profane la Iglesia y la cena del Señor.

-         Evitar que los miembros se corrompan por la conducta de los malos.

-         Suscitar el arrepentimiento de los pecadores.

 

 

La disciplina no es una señal de la iglesia verdadera, sino una función pastoral cuyo propósito es restaurar seres humanos que están en pecado.[273]  Se evidencia un cuidado extremo de la salud espiritual de los miembros de la iglesia, y un sometimiento a las Sagradas Escrituras, que se traducía en un celo reverencial por la Palabra.

 

 

Las Escrituras son determinantes, ya que a ellas se apela, pues son la única norma de fe y conducta, a la cual debe acudir el cristiano.  Un abandono del principio de la Sola Scriptura deja sin base la fe cristiana, porque las Escrituras dejarían de ser la norma de fe y conducta y como resultado, toda conclusión teológica sería especulación.  Por ende, el cristiano está obligado a darle a las Escrituras el lugar que le corresponde en su quehacer teológico.

 

 

 

2.7.  CALVINO Y SU ACERCAMIENTO A LAS ESCRITURAS

 

 

El propósito del reformador era la interpretación literal del texto; para él esto significaba buscar un conocimiento de lo que el autor bíblico estaba comunicando por medio de diversas formas y figuras del lenguaje.[274]  Calvino rechaza los significados múltiples de los pasajes bíblicos, pero no restringe su aplicación.  Esto se puede ver en las siguientes citas:

 

Por muchos siglos no se consideraba ingenioso a ningún hombre que no tenía la habilidad y valentía necesaria para cambiar en una variedad de formas curiosas la Sagrada Palabra de Dios.  Este fue indudablemente un mecanismo de Satanás para socavar la autoridad de las Escrituras y quitar de su lectura la verdadera ventaja (...) El verdadero significado de las Escrituras es el significado obvio y natural.  Abracémoslo y conformémonos a él con resolución.[275]

 

Ambos coincidimos en que el mérito principal de un expositor estriba en una fácil y luminosa brevedad.  En efecto el trabajo de quién interpreta se basa en declarar y descubrir el pensamiento del autor y si no lo hiciere así se aleja de su objetivo (...)  Es cierto que la Palabra de Dios debe ser tan reverenciada, que trataremos, dentro de lo posible, de no desgajarla con interpretaciones diferentes, pues eso anula en alguna manera su majestad, principalmente, si tal cosa no se hace con gran cuidado y sobriedad.[276]

 

El principio de interpretación privada bajo el testimonio del Espíritu Santo está muy arraigado en Calvino.  Él cree que el Espíritu ilumina a los seres humanos para entender las verdades de la Palabra de forma directa.  Todos los seres humanos pueden acercarse a las Escrituras y ser alimentados por Dios mismo.  En su respuesta a Sadoleto, Calvino dice:

 

Lo cierto es que la fe cristiana no debe fundamentarse en el testimonio de los hombres ni apoyarse en opiniones dudosas, ni tampoco mantenerse con la autoridad de los hombres, sino que ha de estar grabada en nuestros corazones por el dedo del Dios viviente, de modo que ninguna seducción de error la pueda borrar y aniquilar.  Nada, pues, tiene de Cristo quien no lleve en sí estos comienzos y principios, a saber: que Él es un Dios que ilumina nuestros pensamientos para conocer su verdad, la cual Él rubrica y sella en nuestros corazones por medio de su Espíritu, confirmando y asegurando nuestras conciencias con la seguridad de su testimonio.[277]

 

Es tan radical y revolucionario este principio de la Reforma que el Concilio de Trento, en la Contrarreforma Católica, decretó lo totalmente opuesto al libre examen y a la perspicuidad de las Escrituras defendido por los reformadores:

 

Para controlar los espíritus desenfrenados {el Concilio} decreta que nadie, basándose en su propio juicio, podrá en asuntos de fe y moral referentes a la edificación de la doctrina cristiana, trastornando las Sagradas Escrituras de acuerdo con sus propios conceptos, presumir de interpretarlas contrariamente al sentido que la santa madre iglesia, a quien pertenece el derecho de juzgar por su sentido e interpretación verdaderos, ha mantenido o mantiene, o incluso en contra de la enseñanza unánime de los padres, a pesar de que tales interpretaciones en ningún momento deberán ser publicadas.[278]

 

Calvino se diferencia de Lutero en cuanto a la acción de la Palabra en los seres humanos.  Lutero decía que si la Palabra era predicada correctamente, obviamente iba a haber una obra eficaz e interna del Espíritu Santo en el ser humano que la oyó.  Contrario a esto Calvino afirma que el predicador hace su labor, y es libertad soberana del Espíritu Santo obrar en el ser humano de forma positiva, aunque también podía producir en él la condenación.[279]

 

 

En relación a los Sacramentos y la Palabra, Calvino afirma que los Sacramentos tienen una función  y operación paralelas a la de la Palabra, y que estos dependen de la Palabra para su significación y eficacia, pero la Palabra tiene prioridad sobre ellos, y es suficiente en sí para el creyente.  Esta es una diferenciación grande con la concepción de Lutero.[280]

 

 

2.7.1  Práctica exegética.  El trabajo exegético de Calvino está establecido por su brevedad por un lado, que según él constituye la principal virtud de un intérprete, y por el otro por su modestia o sencillez, (lo fácilmente comprensible).  Calvino quería conseguir el significado natural y obvio de un texto, sin prestar atención indebida a otros comentarios, sin que ello implicara el menosprecio de éstos.[281]

 

 

Como ya se dijo antes, la meta de Calvino era penetrar en el pensamiento del autor bíblico, de la forma más concisa y clara posible, evitando un uso vanidoso de la erudición y el caer en temas secundarios.  Calvino aseguraba que una verdadera teología era una reflexión reverente sobre la revelación de Dios, las Sagradas Escrituras, las cuales son suficientes en sí mismas bajo la acción del Espíritu.  Por ende, la teología no debe fundarse en vanas especulaciones.[282]

 

 

Este estilo se encuentra en toda la obra de Calvino, especialmente en sus comentarios, en los cuales se presenta una estructura sencilla:  a los comentarios precede una breve y muy certera exposición del contenido del libro en estudio; seguidamente se abre un comentario, versículo por versículo, en el cual no hay repeticiones, y se va guiando al lector de forma dramática hasta el final.[283]

 

 

Calvino sigue la misma línea para sus comentarios, conferencias y sermones: presenta el texto que va a discutir.  Primero explica lo que él ve en el pasaje, luego aplica su mensaje a los lectores u oidores.  La primera parte comenzará con exégesis, lingüística u otra, o de una vez entrará en la exposición.  Luego del estudio serio, Calvino une las partes de exégesis y presenta lo que él piensa, con diferentes grados de seguridad, que era el significado que pretendía el autor bíblico.  Por último aplica el mensaje del verso o pasaje a los lectores u oyentes.[284] 

 

Basado en el fundamento que la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis es la Palabra de Dios, Calvino ve la seriedad y responsabilidad del trabajo exegético.  Por ello, su énfasis en la brevedad del trabajo del intérprete.  El intérprete debe buscar la mejor preparación para acercarse a las Escrituras, pues una mala interpretación entorpecería lo más sagrado del universo.[285]

 

En efecto, el trabajo de quien interpreta se basa en declarar y descubrir el pensamiento del autor; si no lo hiciere así se aleja de su objetivo y se sale un poco de sus atribuciones.  Por eso, nosotros, deseando pertenecer al número de aquellos que se dedican a ayudar a la teología, bajo este punto de vista, creemos un deber el procurar ser breves y claros buscando no entorpecer, por causa de extensos comentarios, a los lectores y estudiantes.[286]

 

Aunque el trabajo exégetico del reformador es muy amplio, únicamente se tocarán algunos acercamientos a temas importantes que ayudarán a entender su manera de acercarse a las Escrituras.  En la practica exegética de Calvino se pueden encontrar los siguientes aspectos de su metodología:

 

 

2.7.1.1  El uso de la Retórica.  El firme propósito de Calvino era unir la sabiduría con la elocuencia.  Aunque él conocía el valor de la filosofía y la lógica no ponía énfasis primario en la demostración lógica sino en la presentación de la verdad de forma efectiva que produjera cambios en las vidas de las personas.[287]

 

Calvino creía que la Palabra de Dios era una clase de retórica divina que fue escrita en un estilo rudo y en una simplicidad rústica, sin embargo la Palabra de Dios estaba llena de pensamientos que no podían ser concebidos humanamente.[288]  Para Calvino Las Escrituras tienen un poder persuasivo inherente, como lo indica la siguiente cita:

 

El Apóstol prueba que la fe de los corintios ( 1 Co.  2:4) no fue fundada con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder.  Porque la verdad está fuera de toda duda, cuando sin ayuda de otra cosa que ella misma basta para defenderse; y se ve claramente cuan propia de la Escritura es esta virtud, porque de cuantos escritos humanos existen, ninguno de ellos, por artístico y elegante que sea, tiene tanta fuerza para conmovernos.[289]

 

Como se dijo anteriormente, Calvino afirmó que era vano probar la autoridad de la Escritura con argumentos, que era vano confirmarla por el acuerdo de la iglesia o por cualquier otro medio.[290]  Él exponía las Escrituras dando por sentado su autenticidad.

 

 

2.7.1.2  El contexto.  El movimiento humanista secular y el acercamiento humanista cristiano de Calvino a la Biblia, plantearon un cambio revolucionario en el método teológico.  En el nuevo método el texto mismo provee su intención y significado.  Calvino no dudó en aplicar este criterio a su interpretación de las Escrituras, analizando un texto siempre en su contexto.  Las circunstancias y la cultura son siempre el mayor ingrediente que debe buscar un intérprete de las Escrituras.  El dijo: "Del mismo modo decimos nosotros también que para dar cohesión a todo hay que unir todos los demás pasajes que pueden ayudar a resolver esta dificultad, pues el verdadero sentido de la Escritura depende muchas veces de su contexto."[291]

 

 

Su preparación en leyes le dio una visión legal del acercamiento al texto, en el cual el jurista cuidaba de aplicar las palabras tal como habían sido dadas en su contexto, lo cual le llevó a examinar el contexto histórico original.  El estudio de todo el contexto del antiguo mundo era pre-requisito de la interpretación de todo documento legal en el tiempo de Calvino.  Fueron estos métodos de los humanistas y los juristas que Calvino aplicó a la exégesis bíblica.[292]  Esto lo llevó a examinar la cultura bíblica en la cual el pasaje de la Escritura fue dado.

 

 

Para Calvino un estudio serio de las circunstancias históricas y geográficas era clave para una sana interpretación.  Hablando de la justificación por la fe, Calvino se propone demostrar que en algunos pasajes donde los fieles ofrecen su justicia a Dios, ellos no se están justificando por las obras, sino que la fe justifica las obras de los fieles.  Él declaró que los textos que se citaban para hablar del tema sólo se podían entender a la luz de su contexto:

 

Júzgame conforme a mi justicia y conforme a mi integridad (Sal.  7:8).  Y: Oye, oh Jehová, una causa justa; tu has probado mi corazón, me has visitado de noche; y nada inicuo hallaste (Sal.  17:1-3).  Jehová me ha premiado conforme a mi justicia; conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado, porque yo he guardado los caminos de Jehová, y no me aparté impíamente de mi Dios (Sal.  18:20).  Y también: Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado.  No me he sentado con hombres hipócritas; aborrecí la reunión de los malignos.  No arrebates con los pecadores mi alma, ni mi vida con hombres sanguinarios, en cuyas manos está el mal, y su diestra está llena de sobornos.  Mas yo andaré en mi integridad (Sal.  26:1,4,5,9-11) ...  Los testimonios que a este propósito acabamos de alegar no nos ofrecen mayor dificultad si los consideramos  en sus debidas circunstancias, que son de dos clases.  En efecto, al expresarse así no quieren que toda su vida sea examinada, a fin de ser absueltos o condenados de acuerdo con ella; sino simplemente presentar al Señor alguna causa particular para que la juzgue.  Y en segundo lugar, ellos se atribuyen justicia, no respecto a Dios, sino en comparación con los inicuos y malvados.[293]

 

En la cita anterior se puede ver con qué celo Calvino respetaba el contexto para hacer una correcta interpretación.

 

 

2.7.1.3 El sentido obvio del texto.  En el trabajo exegético del reformador se puede ver la urgencia por buscar el sentido obvio de las Escrituras; se requiere un gran esfuerzo por no hacer decir a las Escrituras más de lo que ellas están diciendo.  En este tema Calvino siguió a Crisóstomo fielmente, pues la preocupación de Crisóstomo era de nunca desviarse ni en el grado más mínimo del sentido genuino y sencillo de las escrituras y de no permitirse ninguna libertad de torcer el sentido literal de ellas.[294]

 

 

Calvino tenía muy claro que debía buscar lo que las Escrituras dicen con el sublime objetivo de edificar a la iglesia, pues ese es el fin de la interpretación y la exposición.  Hablando sobre los ángeles y las especulaciones que se presentan con relación a este tema, tales como el tiempo y el orden en que fueron creados, él dice que dar respuesta a esto es más obstinación que diligencia, y que el intérprete se tiene que limitar a lo que dice el texto en su sentido obvio y no en especulaciones vanas:

 

(Sal.  103 y Gen. 2:1)  ¿De que sirve, entonces, atormentarnos por saber cuándo fueron creados los ángeles, y otras cosas secretas que hay en los cielos más allá de las estrellas y de los planetas?  Para no ser, pues, más prolijos, recordemos también aquí – como en toda la doctrina cristiana -, que debemos tener como regla la modestia y la sobriedad para no hablar de cosas oscuras, ni sentir, ni incluso desear saber más que lo que la Palabra de Dios nos enseña; y luego, que al leer la Escritura busquemos y meditemos continuamente aquello que sirve para edificación, y no demos lugar a nuestra curiosidad, ni nos entreguemos al estudio de las cosas inútiles.[295]

 

Calvino rechaza la interpretación alegórica.  En su comentario de Exodo 26:14, 23 y 25, satiriza las interpretaciones alegóricas, y da un tratamiento  práctico y restringido a este pasaje: "Harás también una tienda cubierta de pieles de carneros teñidas de rojo, y una cubierta de pieles de  tejones encima (...) Harás además dos tablas para las esquinas del tabernáculo en los dos ángulos posteriores; de suerte serán ocho tablas, con sus basas de plata. dieciséis basas; dos basas debajo de una tabla, dos basas debajo de otra tabla (...)":

 

La alegoría gustará a los oídos de muchos que estas dos basas representan el A.T. y N.T., o las dos naturalezas de Cristo, porque los creyentes descansan sobre estos dos apoyos.  Pero podríamos decir también que las dos basas estaban puestas debajo de cada una de las tablas ya sea porque la santidad tiene las promesas de la vida presente y la futura, o porque debemos resistir en ambos lados las tentaciones que nos asaltan de la derecha o de la  izquierda o porque no debe cojear ni voltear a la derecha o a la izquierda.  Así no habría límites para tales frivolidades.  Alegóricamente ellos explican que la cobertura del Tabernáculo estaba hecha de pieles de carnero, porque la iglesia es protegida por la sangre de Cristo quién es el cordero sin mancha.  Pero yo pregunto, las pieles de tejones, que estaban encima, ¿qué significan? ¿Por qué se puso la cobertura de pieles de cabra encima? Por lo tanto es preferible la sobriedad.[296]

 

Para Calvino la alegoría no conduce a una sana interpretación, y se puede prestar para muchos errores.  Es mejor confiarse en el sentido obvio de las Escrituras y no caer en vanas especulaciones.

 

 

2.7.1.4 La intención del autor.  El concepto de la referencia al contexto llevó a Calvino a buscar la divina intención revelada en las Escrituras.  Aunque Calvino buscó el significado literal no llegó en su exégesis a ser literalista.  Calvino comprendió que era más importante buscar la intención del autor que la simple, y muchas veces descontextualizada, etimología de las palabras.[297]  Un ejemplo se encuentra en la Institución, cuando Calvino rechaza la interpretación literalista de los anabautistas de Mateo 5:34-37, en relación a los juramentos, ya que ellos basados en este texto prohibían toda clase de juramentos:

 

Yo os digo: no juréis en ninguna manera (...);  Sea vuestro hablar: sí, sí, no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede. (Mt. 5:34-37; Sant. 5:12).  Mas ellos desconsideradamente injurian a Cristo con esto, haciéndolo contrario a su Padre; como si hubiese venido Cristo al mundo para abolir sus mandamientos.  Porque el Dios eterno, no solamente permite en su ley el juramento como cosa lícita – lo cual sería suficiente -, sino que incluso manda, que cuando sea necesario juremos (Ex.  22:11).  Ahora bien, Cristo testifica que El y el Padre son uno (Jn.  10:30); que El no trae nada más que lo que el Padre le ha mandado (Jn.  10:18), que su doctrina no es de sí mismo (Jn.  7:16) etc. ¿Qué dirán a esto? ¿Van a hacer a Dios contrario a sí mismo, de modo que lo que una vez ha aprobado y mandado que se guarde, luego lo desapruebe y lo condene?

Más, como las palabras de Cristo ofrecen alguna dificultad, considerémoslas más de cerca, pues jamás conseguiremos entenderlas, si no comprendemos la intención de Cristo, e ignoramos lo que con ellas pretende.  Ahora bien, su intención en este pasaje no es ampliar ni restringir la ley, sino reducirla a su sentido verdadero y propio; pues con las interpretaciones falsas de los escribas  y los fariseos había sido corrompido.  Si admitimos esto, no creemos que Jesucristo quiso condenar absolutamente toda suerte de juramentos, sino solamente aquellos que van contra la ley de Dios.  Por su palabra se ve que el pueblo no se abstenía de los perjurios; siendo así que la ley, no solamente prohibía esto, sino también los juramentos innecesarios.  Por eso el Señor, fidelísimo interprete de la ley, amonesta a que no solamente hace mal el que perjura, sino también el que jura (Mt.  5:34). ¿De qué modo? Jurando en vano.   Pero los juramentos que la ley aprueba, El no los condena, sino que los deja en vigor.[298]

 

Se puede apreciar el respeto del reformador por el texto bíblico, y su afán por ser lo más exacto al significado de este, pero al mismo tiempo su preocupación para que sus propios criterios no influenciaran el resultado de la exégesis.

 

 

2.7.1.5  El principio de no agregar, y no quitar.  Relacionado con el punto anterior, lo que Calvino enfatiza es que hay que buscar la intención de Dios sin agregar y sin quitar nada.  El intérprete no se puede dar el lujo de imponer sus propios criterios al texto bíblico, como lo resume la siguiente cita:

 

Lo segundo que debemos notar es que los mandamientos y prohibiciones que Dios promulga contienen en sí mismos mucho más de lo que suenan las palabras (...)  Quiero decir que es necesario considerar hasta donde debe extenderse la exposición más allá de lo que suenan las palabras, para que se vea que la exposición presentada no es una añadidura o una corrección tomada de los comentarios de los hombres e incorporada a la ley de Dios, sino que es el puro sentido natural del legislador fielmente expuesto.[299]

 

El objetivo principal del intérprete es ser fiel al texto bíblico, permitiendo que sea el texto mismo quién lo interpele, lo desafíe y lo enseñe.

 

 

2.7.1.6  Dominio de la sintaxis.  Encontramos en Calvino un dominio de la sintaxis.  En su labor exegética Calvino hace uso de los elementos estructurales del texto, un ejemplo de esto lo vemos en su comentario a los Hebreos en el capítulo 1:1-2:

 

1. Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2.  En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo todo el universo  (...)  Esta introducción tiene por objeto recomendar la doctrina enseñada por Cristo; pues nos indica que no sólo debemos recibirla con reverencia sino que únicamente ella debe satisfacernos.  Para que podamos entenderla más claramente debemos observar el contraste que existe entre cada uno de sus pensamientos.  Primero: el Hijo de Dios es colocado en oposición a los profetas.  Segundo: nosotros frente a los patriarcas; y en tercer lugar, las diversas y múltiples formas de hablar que Dios adoptó en relación con los padres, hasta llegar a la última revelación que nos fue dada por Cristo.  Mas en medio de esta variedad nos presenta a un solo Dios, para que nadie piense que la ley se opone al evangelio, o que el autor de uno deje de ser el mismo autor del otro.   A fin de que se entienda mejor la gran importancia de este pasaje, presentamos a continuación una especie de bosquejo:

 

DIOS HABLO....

En otro tiempo,  por los profetas, ......

                          Ahora, por el Hijo;

Entonces,  a los patriarcas, ................

                        Ahora, a nosotros;

Antes, en diversas ocasiones, ............

                       Ahora, como al fin de los tiempos

 

Asentando lo anterior, se establece la conformidad entre la ley y el evangelio; porque Dios, siempre el mismo, su palabra es la misma, y su verdad inmutable, ha hablado a ambos por igual.[300]

 

El reformador respeta la estructura del texto mismo y desde allí desprende su aplicación.  Calvino está muy atento a la estructura, cómo el autor bíblico quiere exponer su mensaje, sabiendo que si logra apreciar la estructura y el material que el autor usó podría conocer  de forma más segura el mensaje del libro.

 

 

2.7.1.7  Dominio de la filología.  La filología es el estudio científico de un idioma o lengua, y en particular de su parte gramática y lexicográfica.  Como ya se ha dicho antes, el pensamiento humanista cristiano de Calvino estaba presente en su método de exégesis;  Calvino no rechazó su formación humanista sino que la filtró a la luz de la Palabra.  Estos estudios humanistas incluían gramática, retórica, poesía, historia y filosofía moral.[301]

 

 

Calvino era muy cuidadoso con el lenguaje del texto, el que podía incluir formas retóricas especiales tales como metáforas, sinécdoque, metonimia y antropomorfismos,[302] pues tenía por objetivo hallar el significado de un texto sobre la base de lo que sus palabras expresan en su sentido llano y simple a la luz del contexto histórico en que fueron escritas.  La interpretación la efectúa de acuerdo a las reglas semánticas y gramaticales comunes  a la exégesis de cualquier texto literario, en el marco de la situación del autor y de los lectores de su tiempo.

 

 

Calvino insistió en que la función del intérprete es exponer el texto en su sentido literal, a menos que la naturaleza de su contenido obligue a una interpretación figurada.  Calvino tenía un dominio de las lenguas clásicas – hebreo, griego y sobretodo del latín.[303]  En los coloquios de Ginebra, que eran tiempos de exposición de la Palabra, se usaba la versión de las Escrituras de Olivietan.  Sin embargo, debido a su profundo conocimiento que Calvino tenía de las lenguas bíblicas y del latín, hizo importantes correcciones a esta versión.[304]  Un ejemplo sencillo del uso de la filología se encuentra en la Epístola a los Hebreos 1:1:

(...)  De ahí que dice, muchas veces y en muchas maneras.  Dios ciertamente hubiera podido continuar con el mismo método hasta el fin, y éste hubiera sido perfecto y completo.  Mas de esto se deduce que tal diversidad era evidencia de imperfección.

 

Yo entiendo así estas dos expresiones:  Muchas veces se refiere a la variedad en el tiempo; porque el vocablo griego es polimerós, que podríamos traducir "en muchas partes," como lo hacemos cuando tenemos la intención de hablar con amplitud o posteriormente;  empero politropós señala diversidad en su propia forma.  Y cuando habla de los postreros tiempos, insinúa que ya no hay razón para esperar una nueva revelación; porque lo que Cristo trajo no fue algo eventual sino definitivo.  En este sentido dan a entender los apóstoles la frase los postreros tiempos y los postreros días.  Y Pablo afirma lo mismo cuando dice: En quienes los fines de los siglos han parado ( 1 Co. 10:11).  Por consiguiente si Dios ha hablado por última vez, es conveniente que nos detengamos en eso; y del mismo modo cuando acudamos a Cristo, no debemos ir más allá.[305]

 

Se puede ver en el reformador el dominio del idioma bíblico y es desde allí donde él comienza a hacer exégesis, complementado con el contexto y la estructura gramatical, un buen ejemplo de ello son sus comentarios bíblicos.  En otras palabras, empleó el método gramático-histórico, como se define en la siguiente cita:

 

Como su mismo título lo indica, tiene como objeto hallar el significado de un texto sobre la base de lo que sus palabras expresan un sentido llano y simple a la luz del contexto histórico en que fueron escritas.  La interpretación se efectúa de acuerdo con las reglas semánticas y gramaticales comunes a la exégesis de cualquier texto literario, en el marco de la situación del autor y de los lectores de su tiempo.[306]

 

El objetivo de Calvino, al usar el método exegético gramático-histórico, era que el texto mismo controlara la interpretación, y que esta no quedara al capricho del intérprete.

 

 

2.7.1.8  Uso de figuras literarias.  En todo idioma aparecen palabras o frases en sentido figurado, que expresan una idea diferente de la de su acepción literal.  No hay idioma en el que haya una palabra para cada concepto.  Sin embargo, estas figuras literarias dan viveza y elegancia de estilo, al discurso, o al texto escrito.  Las múltiples figuras literarias que se hallan en la Escritura son tomadas del entorno del autor.  Entre ellas se encuentra el símil, la metáfora, el pleonasmo, la hipérbole, la paradoja, la fábula, etc.

 

 

Calvino trata con mucho cuidado estas figuras; por ejemplo en caso de una metáfora cuyo significado no aparece con claridad, Calvino recurre al examen del contexto, de pasajes paralelos, a la consideración de los usos y costumbres de la época del escritor, y a lo que dijeron los Padres de la iglesia.  Esto se puede apreciar de forma concluyente en la siguiente cita:

 

Vemos, pues, a qué fin se ha instituido este sacramento; a saber, para asegurarnos que el cuerpo del Señor ha sido una vez sacrificado por nosotros, de tal manera que ahora lo recibimos, y recibiéndolo sentimos en nosotros la eficacia de este único sacrificio.  Y asimismo, que su sangre ha sido derramada por nosotros, que nos pueda servir de bebida perpetuamente.  Esto es lo que dicen las palabras de la promesa, que allí se añade: Tomad, comed; esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado (Mt.  26:26; Mc. 14:2; Lc.  22:19; 1 Co. 11:24).  Y así cuando vemos que el pan nos es presentado como signo y sacramento del cuerpo de Cristo, debemos recordar enseguida la semejanza de que como el pan sustenta y mantiene el cuerpo, de la misma manera el cuerpo de Jesucristo es el único mantenimiento para alimentar y vivificar el alma.  Cuando vemos que se nos da el vino como signo y sacramento de la sangre, debemos considerar para que sirve el vino al cuerpo y qué bien hace, para que entendamos que lo mismo hace espiritualmente la sangre de Cristo en nosotros; nos confirma, confronta, recrea y alegra (...) lo principal es sellar y firmar esta promesa en la que Jesucristo nos dice que su carne es verdadera comida, y su sangre bebida, mediante las cuales somos alimentados para la vida eterna, y nos asegura que Él es el pan de vida, del cual el que hubiese comido vivirá eternamente.  Y para hacer esto, quiero decir, para sellar la mencionada promesa, el sacramento nos remite a la cruz de Cristo, donde ésta promesa ha sido del todo realizada y cumplida ... esto lo expone muy bien en San Juan, cuando dice: el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo (Jn.  6:51); donde sin duda alguna demuestra que su cuerpo había de ser pan para dar la vida espiritual a nuestras almas, en cuanto lo debía entregar a la muerte por nuestra salvación (...)  Y cuando san Agustín escribió que comemos el cuerpo de Cristo creyendo en El, lo único que decía es que tal comer se hace con la fe, y no con la boca; yo no lo niego, pero a la vez añado, que nosotros con la fe abrazamos a Cristo, no mostrándosenos de lejos, sino uniéndose y haciéndose uno con nosotros, de tal manera que El es la cabeza y nosotros sus miembros.[307]

 

 

2.7.1.9  Dominio de la Patrística.  Calvino dominaba la Patrística de tal forma que podía citar a los padres de memoria.  Cuando se repasan los coloquios se puede advertir que predominaba en ellos, en la interpretación bíblica, lo teológico.  Igualmente se observa el uso magistral de la Patrística dentro de la cual Agustín desempañaba un papel relevante.[308]  En sus escritos se puede ver el uso de los Padres de la iglesia, y en especial en la Institución de la religión cristiana; un ejemplo de esto se encuentra cuando cita a Tertuliano para corregir algunas interpretaciones erróneas que hacen de él ciertos antitrinitarios:

 

No con menos falsedad alegan a Tertuliano como defensor suyo.  Aunque ciertamente a veces es duro y escabroso en su manera de hablar, no obstante enseña sin dificultad alguna la misma doctrina que yo mantengo; a saber, que si bien no hay más que un solo Dios, sin embargo por cierta disposición Él es con su verbo; y que no hay más que un sólo Dios en unidad de sustancia, mas, no obstante esta unidad, por una secreta disposición se distingue en la Trinidad; que son tres, no en esencia, sino en grado, y no en sustancia, sino en forma; no en potencia, sino en orden.  Es cierto que dice que el Hijo es segundo después del Padre, pero no entiende ser otro, sino ser distinta persona (...)  Pues él combate con Práxeas. Diciendo que, aunque se distingan en Dios tres Personas, no por ello hay varios dioses, y que la unidad no queda rota; y porque,  según el error de Práxeas, Cristo no podía ser Dios sin que El mismo fuese el Padre, por eso Tertuliano insiste tanto en la distinción.[309]

 

Es indudable que Calvino era uno de los pocos hombres de su tiempo que conocía a la perfección los Padres de la iglesia, y que en muchos debates aventajaba a los de su tiempo.  Desde que en un debate Calvino derrotó a un notable teólogo católico-romano, Melanchton lo llamó el 'Teólogo'.[310]  No fueron en vano los tiempos de dedicación a la literatura clásica, a los idiomas bíblicos, que Calvino había invertido en sus épocas de estudiante.[311]

 

 

2.7.1.10  La interpretación mesiánica.  Se puede ver en la práctica exegética de Calvino que él hace interpretación mesiánica del Antiguo Testamento cuando ésta ha sido ya hecha en el Nuevo Testamento.  El Salmo 2:7, afirma Calvino, se refiere a Cristo porque así lo ha interpretado el Apóstol en el Nuevo Testamento.  El dice que David sólo era superior a los ángeles porque representaba a Cristo, y que este pasaje se refiere exclusivamente a Cristo.  Así dice el comentario a el Salmo 2:8:

 

Pídeme.  Cristo, es cierto, pidió a su Padre (Jn.  17:5) que "Le glorificara con aquella gloria que tuvo con El  antes que el mundo fuese".  Sin embargo el significado más obvio es que el Padre no le negará nada a su Hijo que esté relacionado con la extensión del reino hasta los fines de la tierra.  Pero, en este tema maravilloso, se introduce a Cristo presentándose ante el Padre con oraciones, con el fin de ilustrar la liberalidad de Dios al conferirle a los hombres el honor de constituir a su propio Hijo como gobernador sobre toda la tierra, como el verdadero eterno de Dios, Cristo, es cierto, siempre ha tenido en sus manos por derecho la autoridad soberana y majestad y como tal no puede recibir ninguna clase de asenso; pero aún él es exaltado en naturaleza humana en el cual tomó sobre si forma de siervo, este título, por lo tanto, no se aplica a él sólo como Dios, sino que se extiende a toda la persona del mediador; porque después que Cristo se había despojado a sí mismo, se le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que ante él se doble toda rodilla (Fil.  2:9).  David, como sabemos, después de haber obtenido victorias sublimes, reinaba sobre una gran extensión de territorio de modo que muchas naciones le eran tributarias, pero lo que aquí se dice no fue cumplido en él.  Si comparamos su reino con otras monarquías estaba confinado en límites bastante angostos.  Por lo tanto, a menos que supongamos que esta profecía concerniente a la vasta extensión del reino sea falsa y en vano, debemos aplicarla a Cristo, el único quien ha sometido, a si toda la tierra, y ha abrazado todas las tierras y naciones bajo su dominio.  Asimismo, aquí, como en muchos otros lugares se predice el llamado a los gentiles, para evitar que todos imaginen que el redentor que sería enviado de Dios era Rey de una sola nación.  Y si ahora vemos su reino dividido, disminuido, y quebrantado, esto procede de la maldad de los hombres que les hace indignos de estar bajo un reinado tan feliz y deseable.[312]

 

Para el Reformador, la aplicación de la profecía, no sólo la mesiánica, era dirigida comúnmente hacia tres partes: Los católicos, la iglesia (los protestantes), y los predicadores o profetas.  Como todos los reformadores, la condena de los profetas contra la hipocresía y desobediencia del pueblo se aplicaba contra los romanistas.  Para la iglesia la aplicación consistía en dar ánimo, proclamar la necesidad del arrepentimiento y fe, prevenir contra los pecados que prevalecían entre los israelitas, la desobediencia, la ingratitud, el adulterio espiritual.  Para los pastores y maestros, la aplicación consistía en llamarlos a la fidelidad para mostrar el camino de la salvación, recalcarles la obediencia al llamado de Dios, y a proclamar sólo el mensaje que se les daba para enseñar.[313]

 

 

2.7.2  Manejo de problemas de crítica.  Calvino se acercó al texto bíblico de dos formas: reverente y críticamente.  Él dudó de la autoría paulina de Hebreos, como la petrina de 2 de Pedro, aunque a ambos los consideró canónicos.[314]

 

Ciertamente  no puedo aducir ninguna razón  para demostrar que Pablo sea su autor; pues los que afirman que el Apóstol intencionalmente suprimió su nombre por ser odioso a los judíos, no llegan a conclusión alguna.  Siendo este el caso ¿Por qué entonces menciona Pablo el nombre de Timoteo en sus demás epístolas? ¿No sería esto una traición a sí mismo?  Por otra parte, el método de enseñanza y el estilo, demuestran lo suficiente que Pablo no fue el autor, y el propio escritor en el capítulo segundo, confiesa que fue un discípulo de los apóstoles, lo cual es diametralmente opuesto a lo que Pablo afirma de sí mismo. Además, lo que se dice en el capítulo sexto respecto a la costumbre de catequizar, no encuadra muy bien con la época o edad de Pablo.[315]

 

La exégesis de Hechos 7:14 que hace Calvino también demuestra su respeto por el elemento humano en las Escrituras.  Aquí, él trata con la contradicción de Esteban y Moisés con referencia al número exacto de los israelitas que acompañaron a Jacob; Esteban dice que fueron 75, Gen. 46:27 dice que fueron 70.  Calvino concluye que el error probablemente entró por medio de una lectura errónea de un copista del texto de la LXX.  En cuanto al error de sustituir el nombre de Abraham por el de Jacob en Hechos 7:16, el dice que el error debe ser corregido de acuerdo con lo anterior.[316]

 

 

Calvino mostró extraordinaria libertad en tratar con las Escrituras, precisamente porque él tenía total confianza tanto en su autoridad como Palabra de Dios, como en su habilidad de cumplir el propósito de mostrar a Cristo.[317]

 

 

Calvino admitió que no entendía algunos pasajes en la Biblia, por ejemplo: concerniente a la implicación de Hechos 1, en relación con la segunda venida de Cristo, el declaró: "es mejor que deje sin tocar aquello que no puedo explicar".  Esto demuestra un franco reconocimiento de sus propias limitaciones ante los misterios de las Escrituras.[318]

 

 

 

3.      CARACTERISTICAS DE UNA INTERPRETACION BIBLICA REALIZADA A LA LUZ DEL PRINCIPIO REFORMADO DE LA SOLA SCRIPTURA

 

 

La Sola Scriptura en Calvino presenta un modelo de acercamiento a la enseñanza de la Biblia que a su vez es una respuesta a la crisis de la Sola Scriptura causada por diferentes corrientes de interpretación de textos.  No hay que olvidar que la Reforma Protestante del siglo XVI se fundamentó en tres pilares de fe: Sola Scriptura, Sola Gratia y Sola Fide,[319]  los cuales son dependientes entre sí.  Sin embargo, se pone de relieve el principio de la Sola Scriptura, ya que fue por medio de éste que los reformadores llegaron a un nuevo entendimiento del Evangelio: fue el estudio de las Sagradas Escrituras lo que llevó a los reformadores a proclamar los otros dos pilares de la fe. 

 

 

El principio de la Sola Scriptura cambió los métodos de acercamiento a la Biblia, promovió el desarrollo de las ciencias bíblicas, revitalizó la pastoral de su tiempo, fue el fundamento del despertar misionero y popularizó el estudio de las Escrituras.  También, le devolvió a la Palabra el lugar de autoridad e infalibilidad que le correspondía.

 

 

El hecho de decir Sola implica que no hay nada ni nadie que la pueda enriquecer, complementar, aclarar, darle más valor, altura, dignidad, seguridad o credibilidad.  Sola Scriptura encierra el concepto de única autoridad: es éste acercamiento que debería servir de paradigma para la enseñanza de la Biblia en el día de hoy.

 

 

3.1.  RETORNO A LA AUTORIDAD DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS

 

 

El acercamiento de los nuevos modelos al estudio de las Sagradas Escrituras ha socavado el principio de su autoridad.  El posmodernismo, las nuevas teorías lingüísticas, la Teología de la Liberación, y el Pentecostalismo, parten de convicciones que no provienen de las mismas Escrituras.  Esto hace que su acercamiento se torne subjetivo y cuestione la autoridad que ellas mismas reclaman para sí.

 

 

Si las Escrituras no son autoridad, si la verdad de la Biblia ya no es confiable ¿quién tiene la autoridad?  ¿quién decide qué es la verdad?  ¿cuál es la norma?  La respuesta es el ser humano, quien pretende convertirse en la medida de todas las cosas.  En otras palabras, no se cuenta con un elemento directriz; el resultado de ello es que se cae en el subjetivismo, la irracionalidad, en una angustia existencial.  Así lo expresa Martyn Lloyd Jones:

 

¿Quién decide lo que es la verdad? ¿Quién decide lo que es de valor?  ¿Cómo se diferencian los grandes hechos verídicos de aquellos que no los son?  ¿Cómo se puede separar el mensaje esencial de la Biblia del trasfondo en que se presenta?  Y no sólo esto, sino que en las mismas Escrituras no existen semejantes divisiones y distinciones.  La totalidad de la Biblia llega y se ofrece exactamente en la misma forma.  En todo el contenido no aparece indicio, sospecha o sugerencia de que ciertas partes tengan importancia y otras no.  Todas nos llegan de la misma manera.

 

Si planteamos la posición moderna en otras palabras, constatamos que se reduce a esto: que en realidad es la razón humana la que decide.  Que somos vosotros y yo los que tenemos que llegarnos a la Biblia para adoptar nuestras decisiones basados en ciertas normas que surgen, evidentemente, de la mente.  Somos nosotros quienes decimos que una parte de la Biblia se conforma al mensaje que creemos, y que otra parte no se conforma.  A pesar de todo lo que se dice, la nueva posición del día, nos deja en el terreno en que los conocimientos humanos y la compañía del hombre son los árbitros finales y la corte suprema de apelaciones.  Esta fue, precisamente, la posición del viejo liberalismo.

 

Con todo, no faltan quienes dan un giro un tanto distinto al planteado y enseñan que se puede reconocer la Palabra de Dios cuando habla al ser humano.  Cuando algo en la Biblia apela al hombre, es la Palabra de Dios, esto al final de cuentas, significa meter al ser humano en el más crudo subjetivismo.  Deja el control al hombre, y el hombre es la autoridad que decide qué es verdaderamente la Palabra de Dios, y lo qué no lo es.[320]

 

La crisis de la enseñanza de la Biblia tiene que ver con el cuestionamiento a la autoridad de las Escrituras.  Frente a esto, Juan Calvino proporciona un modelo que da por sentado la autoridad que las mismas Escrituras se atribuyen.

 

 

Uno de los más grandes beneficios que dan las Sagradas Escrituras es que brindan información que no se puede encontrar en ningún otro lugar, proveen conocimientos no accesibles por ninguna otra fuente, teniendo en cuenta que dicho conocimiento no es tanto de tipo racional sino relacional.  El conocimiento humano no brinda una perspectiva trascendental, sino local y finita; sólo Dios puede brindar una perspectiva eterna y hablar al ser humano con absoluta autoridad.  En la revelación escrita de Dios, es Él mismo quien se autorrevela; las Escrituras son autorrevelación divina.  Debido a esto, el ser humano no necesita depender de información secundaria o de meras especulaciones para conocer quién es Dios y cual es su voluntad.  En las Escrituras está todo lo que Dios quiere que se sepa en esta vida acerca de Él y su voluntad, y el intérprete debe evitar, en temas oscuros, hablar o pensar o aun anhelar saber más de lo que las Escrituras han dicho.  Por ello, todo intento del ser humano por enriquecer la revelación y someterla a su propia autoridad conduce a errores y aun a herejías.

 

 

Despojar al ser humano de autoridad sobre las Escrituras es someterlo a ellas como su única y final autoridad en asuntos de fe y práctica; es dar un 'no' enfático al subjetivismo y al antropocentrismo; es decir que el ser humano no tiene la última palabra y depende de la guía de un ser superior.  Al mostrar la incapacidad humana, la persona tiene que limitarse a su único punto de referencia que son las Sagradas Escrituras, y es entonces cuando toma valor la analogía de la fe Sacre Scriptura Sui Ipse Interpres: si se quiere estudiar y conocer las Escrituras ellas deben proporcionar el método de estudio acorde con su misma naturaleza.  No es la óptica o las presuposiciones del intérprete las que imponen el método de estudio, sino que son las mismas Escrituras las que lo proporcionan.  Esto lleva a afirmar la perspicuidad de las Escrituras: ellas son inherentemente claras, no sólo en su lenguaje sino también en su mensaje.  No hay que ser eruditos en teología o en exégesis bíblica para entender el potente mensaje del evangelio, pero esto no implica que el conocimiento de la teología y las ciencias de la exégesis no ayuden a discernir de forma más exacta el mensaje del texto.

 

 

El acercamiento correcto a la Biblia no es la imposición de la razón subjetiva del intérprete sobre ésta, sino el reconocimiento de la autoridad de ella para orientar su estudio.  "Según Kant, un estudio objetivo es un estudio en el cual la forma de investigar se acomoda totalmente a la naturaleza del objeto estudiado".[321]  Es decir, un conocimiento objetivo es aquel que se deja determinar por la naturaleza del objeto que se procura conocer.  Esto implica que al acercarse a las Escrituras las presuposiciones del intérprete deben verificarse a la luz de las Escrituras mismas.

 

 

El principio de la Sola Scriptura no sólo proporciona un aporte metodológico sino también teológico, ya que al ser el único medio de conocer la verdad, al verdadero Dios tanto Creador como Redentor, yuxtapone la revelación a la salvación.  Para el ser humano la revelación es imprescindible para el evento soteriológico; este concepto es claro para Calvino:  sólo se conoce a Dios por medio de las Escrituras.  La soteriología en Calvino es cristocéntrica, sólo se llega a Dios por medio de Cristo, y sólo se llega a Cristo por medio de las Escrituras.  El cristiano es una persona que está en una relación personal con Cristo, en virtud de su obra redentora, y mira la Biblia como una mediación importante de esta relación: es sólo por la Biblia que entiende quién es Cristo, y qué relación debe tener con Él, la fe en Cristo necesariamente implica "fe" en su Palabra, ya que el Cristo en quien cree es el Cristo presentado en su Palabra.[322]

 

 

El principio de la Sola Scriptura hace también un aporte antropológico: el ser humano sólo puede saber quién es por medio de las Escrituras, ellas le muestran que es un ser creado, caído y redimible, quien se debe a su Creador.  Para que el ser humano pueda cumplir con su misión, debe conocer la voluntad de su Señor, pues la existencia, sentido y esperanza del ser humano dependen del conocimiento de Dios y éste sólo se brinda a través de las Escrituras.

 

 

El principio de la Sola Scriptura brinda un aporte teleológico, da dirección al ser humano.  El ser humano es creado con un fin trascendente a la realidad que vive, lo cual implica un acercamiento cósmico al estudio de sí mismo.  La escatología cristiana no cree en el futuro, cree en el Dios que traerá el futuro;[323] por ende, la escatología no se ocupa tanto de las últimas cosas, como de aquel que es el primero y el último.  La perspectiva del ser humano está enmarcada por un thelos establecido por Dios, su creador y redentor.

 

 

Cuando Calvino argumenta que la única base para la autoridad de las Sagradas Escrituras es el hecho que Dios mismo es su autor, afirma el desvarío del ser humano al pretender imponerse a ésta autoridad.  Al afirmar que toda autoridad humana se puede equivocar, y que la Palabra de Dios está sobre cualquier juicio humano, está promoviendo un estudio en humildad y dependencia del Espíritu Santo, está promoviendo un acercamiento respetuoso que le da el lugar que le corresponde a las Sagradas Escrituras.  No es el intérprete el que pone sus criterios al texto bíblico, es el texto el que interpela al intérprete; cualquier otro argumento roba la dignidad y la majestad que le corresponde a las Escrituras, ellas deben tener prioridad sobre todo lo demás. 

 

 

La Palabra de Dios debe ser el punto de partida tanto para el estudio del texto bíblico en sí, como para otras disciplinas académicas como la teología, la pastoral, la ética, la hermenéutica, o cualquier área complementaria.  Las Escrituras han de ser la medida para valorar el pensamiento humano, ya que este pensamiento, por bueno que sea, siempre será imperfecto, y de vigencia transitoria, sólo la Palabra de Dios permanece para siempre (1 P. 1:23).

 

 

Las Escrituras forman una unidad, y es labor del exégeta indicar la armonía de las diferentes secciones, lo cual pone de relieve la creencia en la revelación progresiva; por esto cada parte de las Escrituras debe ser vista a la luz del todo;[324] en otras palabras, el contexto de una sección  de las Escrituras es el total de ellas.  Aquí es donde se aplica el principio de que lo local tiene que ser interpretado por lo universal, las Escrituras sólo tienen que ser entendidas en término de sí mismas: las partes oscuras de las Escrituras deben ser interpretadas a la luz de las partes claras.  Por ello, la fe cristiana corresponde a la totalidad de la revelación.[325]

 

 

 

El principio de la Sola Scriptura en Calvino pone de relieve la centralidad de las Escrituras en el quehacer teológico, y al mismo tiempo brinda un modelo para esta labor, que se podría enmarcar en las siguientes características:

 

 

3.1.1  El estudio del texto bíblico como prioridad.  Donde las Escrituras ocupan el puesto que les corresponde, se dará prioridad al estudio del texto bíblico; no se pueden tener conocimientos fragmentados de la Palabra de Dios sino una visión total de ella, cuando hay la perspectiva del todo da más seguridad para entender las partes.[326]  No se puede dar una posición céntrica a las Escrituras sin que se provean espacios para un estudio profundo y amplio del texto sagrado.  La programación, ya sea eclesiástica, pastoral, evangelística, misiológica o académica, debe incluir un estudio que abarque toda la Biblia de manera adecuada.[327]  También deberá incluir el estudio detallado de libros representativos con exposiciones de un alto nivel exegético; por ello es necesario que los ministros y docentes sepan hacer uso de los idiomas originales,[328] pues estos le permiten llegar en forma más exacta a lo que el autor quiso expresar en su texto original.  Lo más importante para la labor exegética es que el acercamiento a las Escrituras debe ser una labor que se disfruta; cada intérprete debe tener pasión por cada tema que se esté explorando; eso también implica tener el texto como prioridad.

 

 

Para los reformadores, este criterio de centralidad de la Biblia era tan importante que dedicaron gran parte de su ministerio a producir comentarios de las Sagradas Escrituras;[329]  Lutero hizo una traducción al alemán de la Biblia;[330] Calvino creó la Academia de Ginebra, la primera universidad protestante en el mundo, "(…) porque tenía la gran convicción de que Dios quiere que sus siervos sean bien educados, personas de mente superior.  Especialmente los pastores, pero también los oficiales del gobierno, los médicos, los abogados, y todos los que debían ejercer cargos públicos".[331]  En este centro se aportaban conocimientos de los idiomas originales, teología patrística, y otras ciencias que daban herramientas para entender mejor la Biblia.[332]

 

 

3.1.2  Énfasis en la comunicación de las Escrituras.  La predicación y la enseñanza de las Sagradas Escrituras debería representar una meta de alta prioridad en la formación de los miembros de las iglesias.  Se estudia la Biblia con el fin de compartir lo que se ha estudiado; se conocen las Escrituras con el fin de comunicar lo que se ha conocido, como le encomienda Pablo a Timoteo: "Que predique la Palabra ...." (2 Ti. 4:2).[333]  Para Calvino éste objetivo es primordial, como ya se vio en el prefacio a la Institución de la Religión Cristiana:  el cristiano aprende para compartir, para edificar, para consolar, para enseñar, con el fin de que todos lleguen a la perfección, a la medida, estatura y plenitud de Cristo (Ef.  3:13).

 

3.1.3  Acercamiento bíblico al estudio de la Teología.  Otro aspecto muy importante es que el punto de partida para el estudio y la formulación de la doctrina cristiana debería ser siempre y únicamente la Palabra revelada de Dios.  Ninguna filosofía, doctrina, persona, programa, objetivo, convicción, costumbre, o ideología puede ser la base para la formulación de la teología cristiana.  Se sabrá apreciar la contribución de otras disciplinas, pero sabiendo que ninguna de ellas tiene el sello de la inspiración divina, y que ninguna de ellas provee la respuesta al problema fundamental del ser humano.  Cuando el intérprete se acerca a las Escrituras debería estar dispuesto a escuchar al Señor, y aún, a replantear y revisar su propia tradición y formulaciones teológicas.

 

 

En la formulación de la teología, la Palabra de Dios debería ocupar siempre el lugar de prominencia; la opinión del ser humano, por más brillante que sea, debería quedar supeditada a la revelación divina y debería ser probada en el crisol de las Sagradas Escrituras.[334]

 

 

Cualquier conclusión que sale del estudio de las Sagradas Escrituras, y su respectiva formulación teológica, deberá ser producto de una hermenéutica que se acomode a la naturaleza de las mismas Escrituras.  Un aporte de la Reforma del Siglo XVI, es que los principios de interpretación deberían tener su fundamento en las Sagradas Escrituras, y no en la ideología del momento;[335] esto gracias al principio de que la Biblia es su mejor intérprete.  Se debe permitir hasta donde sea posible que la Biblia hable por sí misma, evitando al máximo las preconcepciones, presuposiciones y prejuicios del intérprete, ella debe ser la autoridad, no el intérprete; el logro más grande del intérprete es descubrir con una visión fresca una verdad antigua gracias a la iluminación del Espíritu Santo.

 

 

3.1.4  Una teología bíblica del ministerio cristiano.  Darle un lugar central a la Biblia en el proceso de formación ministerial significa que la filosofía de ministerio cristiano se debe basar en las Sagradas Escrituras.  Como se vio en Calvino, en la formulación de su eclesiología y la vocación ministerial, la naturaleza de la iglesia, los requisitos para sus líderes, las metas del ministerio cristiano, y la naturaleza del servicio, todo se debía definir en la verdad revelada por Dios, las Sagradas Escrituras.

 

 

El verdadero servicio a Dios no es producto de la iniciativa del ser humano; es producto de la obediencia a la voluntad de Dios.  El ser humano rinde culto a Dios como Dios estableció que se debía hacer;  el servicio a Dios se resume en la obediencia que se le debe;  por ello, el culto, el evangelismo, la misión, la predicación, el servicio social, la participación en el estado, la ética en todas sus áreas, deben estar sometidos a y regidos por las Sagradas Escrituras, ellas deben ser relevantes para los desafíos contemporáneos. 

 

 

En el día de hoy el liderazgo cristiano está influenciado por las teorías modernas de la administración, donde el ideal de entrega y servicio no es atractivo; por ello, en las comunidades cristianas se urge de un liderazgo enraizado en las verdades de la Palabra de Dios, liderazgo que es modelo de Cristo y su ministerio.

 

 

3.1.5  La práctica de una ética bíblica.  Las normas de conducta para el miembro de la iglesia, y con mucha más razón para el líder, deberían provenir de las Escrituras.  Calvino da un golpe contra el posmodernismo: él reconoce la existencia de normas absolutas, en tanto que esas normas sean un reflejo del Dios que no cambia; será el carácter del Dios vivo, y no la conveniencia de la costumbre, que dictará cómo se debe conducir el creyente.  Este principio rompe con el concepto de una ética utilitarista, situacional y relativista;  Así lo resume Warren Wiersbe: "Volvamos a los principios fundamentales de la Palabra de Dios, a las verdades bien conocidas de las que hablamos, pero que no siempre practicamos.  En nuestra predicación, en nuestra promoción financiera, en nuestra publicidad y en nuestra administración, seamos primero cristianos que ejecutivos".[336]

 

 

El pueblo cristiano anhela que desde el púlpito se proclame la ética y los valores del reino de Dios: que ministros con la autoridad que proviene de Dios señalen la corrupción de los gobernantes, las injusticias de la sociedad, la pasividad pecaminosa de las iglesias.  Lo que hoy piden a gritos las comunidades son personas que señalen un norte, que muestren un camino alternativo que pueda ser solución al caos reinante, ese es el desafío ético del expositor bíblico, mostrar la voluntad de Dios.

3.1.6  Amor profundo hacia las Escrituras.  Dios entregó el regalo precioso de las Sagradas Escrituras no para satisfacer la curiosidad intelectual del ser humano, sino para tocar su corazón y transformar su vida.[337]  Si no hay amor y reverencia a la Palabra de Dios, ésta se convertirá en un objeto más de estudio; las enseñanzas extraídas de ella simplemente se contemplarán como forma de expresión de un pueblo antiguo, y no como verdades relevantes para el día de hoy.

 

 

La iglesia implora a voces por una palabra segura de parte de sus líderes, una palabra que tenga indiscutiblemente el sello de la autoridad divina.  Frente a los peligros de una tradición petrificante, de un emocionalismo fluctuante e inestable, y de los muchos vientos de doctrina, los ministros, pastores y líderes que aspiran a guiar la iglesia del Señor, tienen la imprescindible necesidad de una disciplina que los oriente de forma segura a la Palabra inmutable de Dios.  No hay un honor más alto, ni una responsabilidad tan grande, que la de conocer y predicar las Sagradas Escrituras.[338]

 

 

El siervo de Dios está obligado a renovar el compromiso de mantener la Palabra de Dios en el lugar prominente que le corresponde.  También debe reconocer de nuevo que las Escrituras son el medio designado por Dios para enseñar, equipar, consolar, exhortar, corregir, instruir y desafiar a su pueblo.

3.2.  EL FIN ÚLTIMO DE LA PREDICACIÓN Y LA ENSEÑANZA DE LA BIBLIA

 

 

La finalidad de la predicación y de la enseñanza es Dios y su gloria.  Calvino hace énfasis en que la predicación debe ser teocéntrica y cristocéntrica, y no antropocéntrica ni eclesiocéntrica.  Para cumplir con lo anterior es necesario no perder de vista a Dios y su gloria, y las Sagradas Escrituras son el único medio de conocer Cristo; por ello el fin último de las Escrituras es Cristo.

 

 

La formación de líderes capacitados para ministrar debe tener el único fin de comunicar la voluntad de Dios de manera comprensible y relevante, la quintaesencia de la predicación y la enseñanza es la revelación inspirada.[339] 

 

 

Una sana predicación es la que no dice ni más ni menos de lo que el texto sagrado está diciendo.  Calvino da la seguridad que por medio del texto se puede llegar a la intención del autor sagrado, al significado natural y literal de un texto, que es normativo; el sentido natural es el sentido gramatical, el del autor original.  Así, una predicación con una sana hermenéutica se acerca de manera confiable al mensaje del texto, y es el mismo texto un seguro comunicador de la voluntad de Dios; por ello un buen exégeta es el que busca con humildad la intención del autor bíblico, como se puede evidenciar en la siguiente cita:

Observamos que el intento de exégesis que se centra en buscar el sentido del autor original, dentro de su contexto histórico, nos da resultados más seguros que la interpretación "espiritual" que busca un sentido figurado, alegórico más allá del sentido obvio o "literal" del texto.  Afirmamos como Erasmo y Calvino que el exégeta tiene como tarea descubrir el sentido del autor, dentro de las relaciones interliterarias del texto y dentro del contexto histórico, reconociendo que tal sentido puede tener un significado distinto para nosotros hoy de lo que tenía para los oidores originales.  Siguiendo la pauta de II de Pedro 3:15-16 consideramos que debemos tratar de entender lo que el autor quiso decir y reconocemos que el sentido del autor tiene carácter de "Escritura" para nosotros.[340]

 

Ahora, todo lector de la Biblia debe evitar dos tentaciones: la primera es leer la Biblia como manual de sugerencias, y la segunda es ser legalista en su aplicación.  El capítulo anterior mostró algunos ejemplos de cómo una buena exégesis logra desprenderse de estas dos tentaciones; el fin de las Escrituras transciende todo legalismo.

 

 

En 2 Ti. 3:16-17 Pablo declara que toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.  Calvino, en una interpretación de este texto, dice que el lector al acercarse a las Escrituras debe reconocer lo que ellas se atribuyen: en primer lugar su autoridad y en segundo su utilidad.  Ellas son divinamente inspiradas y el ser humano sólo las debe recibir con reverencia.  Las Escrituras son útiles porque contienen una regla perfecta para una vida buena y feliz.[341]  Calvino también afirma que la aplicación de las Escrituras al aprendizaje es una labor prioritaria, porque todos los demás fines en estos dos versículos dependen del aprendizaje, no se puede corregir y exhortar si no se ha instruido previamente.  Todo éste proceso que el apóstol desarrolla tiene como fin último que el hombre de Dios sea perfecto para toda buena obra; por ende el fin de las Escrituras contiene un alto nivel pedagógico.[342]

 

 

Por consiguiente, el fin de la predicación y la enseñanza no se debe distinguir de la finalidad de las propias Escrituras.  Calvino da por sentado que la enseñanza sólo se efectúa cuando hay cambios de comportamiento en el receptor del mensaje: cuando el mensaje sólo informa o alcanza el intelecto del receptor, dicha enseñanza carece del fin esencial de las Escrituras.[343]

 

 

La prioridad de las iglesias y las instituciones teológicas debe ser el conocimiento de las Escrituras, y ésta finalidad lleva incluida, de por sí, el uso de otras disciplinas: el uso de las lenguas originales, la exégesis y la hermenéutica, auxilia el propósito en la formación del pueblo de Dios y del conocimiento de las Sagradas Escrituras.[344]

 

 

 

 

 

 

3.3.  UN ÉNFASIS MISIOLÓGICO

 

 

Dios se revela en la creación y en las Escrituras; da testimonio de sí mediante su poder manifestado en la naturaleza, y se manifiesta la obra de Dios en su providencia, en la forma en que rige el mundo.  Sin embargo, ésta revelación sólo muestra que Dios existe como creador, y no es suficiente para dar el conocimiento de Dios y de su voluntad necesarios para la salvación;[345] son las Escrituras las que muestran al verdadero Dios, al Dios creador pero también al Dios redentor, y ésta es la esperanza futura de la vida eterna.[346]

 

 

Las Escrituras, afirma Calvino, son sumamente necesarias para sacar a los seres humanos del error y plantar el verdadero conocimiento de Dios.[347]  El conocimiento para la salvación que dan las Escrituras es supremamente claro, de manera que cualquier ser humano lo puede entender, aunque reconoce que hay pasajes que no son tan claros, que no se pueden entender con la misma facilidad.[348]  Esto da pie para afirmar que la Reforma hizo un aporte directo a las misiones, por su afán de traducir la Biblia:

 

La Confesión afirma la gran convicción de la Reforma de que la Biblia puede traducirse al idioma nativo de todo pueblo sin pérdida o peligro serio.  A diferencia de la Iglesia Católica Romana de la época, los reformadores sostuvieron que era a la vez seguro y saludable hacer la Biblia accesible a todos y dejarla que comunicara su mensaje a todos en su propio idioma.[349]

Pero lo importante no es sólo la traducción al idioma vernáculo, debe haber una sólida enseñanza de la Biblia, pues sin ella se limita la posibilidad de que la iglesia cuente con líderes suficientemente preparados para enseñar la fe, y se reduce el potencial de miembros capaces de vivir, transmitir y aplicar la Palabra en su tiempo y espacio.[350]

 

 

El proceso misiológico se centra en la vocación del cristiano de enseñar la fe.  Éste proceso se resume en la tarea que procura: 1) Formar (carácter, habilidades y pensamiento), 2) Informar (mente, praxis y contemplación), y 3) Transformar (valores, personas, instituciones y comunidades).  La labor misiológica no sólo explica el misterio de la fe, sino que también conduce a la obediencia de la misma;[351] Calvino enfatiza bastante este criterio: la enseñanza no es sólo una labor académica.

 

 

La predicación no se da en el contexto de la especulación y de lo académico, se da en el contexto de lo pastoral y lo misiológico.  El Nuevo Testamento fue escrito en un contexto  misionero y pastoral,[352] lo cual muestra el esfuerzo de la iglesia por hacer práctica la enseñanza de Jesús, la lucha de los apóstoles por contextualizar el mensaje a otros pueblos, enfatizando la edificación y la expansión de la comunidad.  Una forma de comprender mejor a Pablo no es acercándose a sus escritos como si hubiese sido un profesor de teología, sino acercándose a sus escritos como el misionero que él era: esto amplía la profundidad de lo que él está queriendo comunicar.[353]

 

 

La fe cristiana involucra la comunicación del conocimiento de los hechos fundamentales de la fe cristiana como revelada en las Sagradas Escrituras y centrada en la vida, persona, obra muerte y resurrección de Jesús.[354]  El principio de la Sola Scriptura posee un alto componente misiológico, pues hablar de Sola Scriptura es hablar de la urgencia de comunicar el verdadero mensaje, en otras palabras, a Cristo.

 

 

3.4.  LA URGENCIA DE LA CONTEXTUALIZACIÓN

 

 

Es indudable que el texto y contexto social son inseparables si queremos entender lo que Dios ha querido revelar en su Palabra, ya que la revelación fue entregada a hombres inspirados por Dios, dentro de un marco cultural y social específico, y esto a su vez nos lleva a reconocer que la teología no se hace en un vacío cultural y social.[355]  La Biblia refleja la cultura de su época, sin embargo, no está condicionada por la cultura antigua, ni sujeta a ella.

Producir una exégesis cercana al texto bíblico y entender lo que fue dicho y el mensaje que se quería transmitir, requiere que el intérprete tome muy en serio el estudio de los idiomas en que fue escrito (griego, hebreo, arameo), el estilo del texto, la sintaxis, el contexto histórico y geográfico, el autor, el destinatario, el destino, y el género literario, entre otras cosas.[356]  Entre mejor entienda el contexto en que fue escrito, le resulta más fácil acceder a un conocimiento exacto de lo que el texto está diciendo.  Esta es una labor ardua, ya que el ambiente cultural en que fue escrita la Biblia es bastante diferente al tiempo presente.

 

 

El problema se torna mucho más agudo cuando se comprende que no sólo la Biblia está escrita dentro de un ambiente cultural específico, sino que el intérprete también está condicionado por su propio ambiente cultural.  Por ello, el intérprete se debe esforzar, en lo posible, por leer objetivamente el texto bíblico.  Este punto es muy clave para el exégeta y expositor bíblico, pues es urgente que el mensaje responda a las necesidades de su audiencia, que sea relevante y cercano al contexto local donde se expone, que los púlpitos no guarden silencio ante la realidad que vive la sociedad sino que haya denuncia profética, que haya mensaje de esperanza, que se presenten modelos y alternativas de vida que subviertan la realidad imperante.  Y esta labor nos corresponde a nosotros hoy, es aquí donde se oye el eco de las palabras de Calvino: Dios quiere ser oído por medio de sus ministros.[357]

 

 

 

El gran peligro de la interpretación privada es el subjetivismo en la interpretación bíblica, que ahora se ha agudizado por los preceptos que maneja el posmodernismo, donde nadie tiene la verdad, es imposible acercarse al texto bíblico de una manera objetiva, y por ello no se debe luchar con el subjetivismo sino aceptar las diferentes interpretaciones como verdades individuales.  Un erudito del Nuevo Testamento declaró: "Yo pienso que deberíamos ser abiertos y honestos en cuanto a la manera de abordar el Nuevo Testamento.  En el análisis final leemos lo que queremos leer, y eso está bien".[358]  La declaración anterior muestra el grave peligro en que está la exégesis: en el día de hoy no se cuestiona la perspectiva subjetivista, sino que es aceptada con mucha naturalidad;  con la bandera de la libertad en el campo de la hermenéutica, se ha llegado a validar cualquier interpretación del texto bíblico, así varias interpretaciones se contradigan entre sí, o contradigan verdades doctrinales.  Son muy comunes expresiones como: "Esa es tu interpretación y está bien para ti.  No estoy de acuerdo, pero mi interpretación es igualmente válida.  Aunque nuestras interpretaciones se contradigan, las dos pueden ser verdad.  Lo que tú quieras es verdad para ti y lo que yo quiera es verdad para mí".[359]

 

 

Buscar un entendimiento objetivo de las Escrituras no es reducir su alcance, simplemente es tratar de entender lo que ellas dicen en su contexto antes de llegar a la ardua tarea de aplicarlas.[360]  La meta de la interpretación bíblica es llegar al significado objetivo de la Palabra de Dios, basado en la divina unidad y armonía de ella, evitando las distorsiones causadas por interpretaciones gobernadas por el subjetivismo, pues aunque nadie tiene un entendimiento completamente objetivo de la Palabra de Dios, tratar de encontrarlo es el desafío del intérprete.  La labor del intérprete es tratar de que la hermenéutica con la que se acerque al texto bíblico no se desprenda de ideologías humanistas, sino de la misma Palabra de Dios. 

 

 

Como se vio en el primer capítulo, la Teología de la Liberación se acerca a las Escrituras con una hermenéutica ideológica, socavando la autoridad de la Palabra.  Al texto bíblico no se le debe imponer ninguna ideología, sino que al contrario, éste debe evaluar las ideologías.  Así lo expresa Emilio Nuñez:

 

Lo más preocupante para muchos de nosotros evangélicos latinoamericanos en cuanto a la teología de la liberación ha sido la hermenéutica ideológica que se nos quiere imponer.  Traer a cuentas que en la teología tradicional se ve el dominio de la derecha, y que por lo tanto no debemos escandalizarnos por la presencia de una ideología de izquierda en el liberalismo teológico, no soluciona el problema que nos confronta en la lucha ideológica que se está dando en nuestro suelo latinoamericano.  Nuestra conciencia evangélica no nos llama a cambiar una ideología por otra, ni a mantener el imperio de una ideología, cualquiera que ésta sea, en nuestro hacer teológico.

 

Esa conciencia nos lleva a buscar el mensaje de esperanza que el pueblo latinoamericano, nuestro pueblo, necesita.  Indagando diligentemente en la Palabra escrita de Dios, por medio de una exégesis paciente y cuidadosa del texto sagrado, en sujeción al ministerio del Espíritu Santo, en comunión permanente con la comunidad de fe, y en interacción seria, responsable, con nuestro contexto social.  Somos evangélicos, y como tales, profesamos aceptar la supremacía del Señor y su palabra para todo asunto de fe y conducta, en la vida del individuo creyente y en la de la iglesia como un todo.  Creemos también que el Señor de la palabra escrita en la Biblia y en carnada en Jesucristo se halla atento al acontecer humano, en actitud de misericordia y juicio.  El es el Señor de la historia, el soberano sobre todos los pueblos del orbe.[361]

 

Los líderes cristianos no son llamados a ignorar ni mucho menos a desestimar los retos ideológicos en su tarea hermenéutica, pero tampoco han sido llamados a darles una desmedida importancia, a tal grado que una ideología, no importa que sea de derecha o izquierda, de centro-derecha o centro-izquierda, se constituya en el pensamiento rector de su reflexión teológica.  No hay que olvidar que para la iglesia evangélica el lugar de suprema, infalible y única autoridad le corresponde al Señor de señores, quien revela en las Sagradas Escrituras su soberana voluntad.

 

No somos partidarios de una teología de sujeción ingenua a la ideología, o ideologías, de turno en nuestro continente.  Tenemos que ser realistas reconociendo que vivimos en un mundo de relatividades, sin olvidar que muy por encima de los vaivenes económicos, sociales y políticos de este mundo, y muy por encima de los muros ideológicos que se derrumban ante el estupor de la humanidad entera, la palabra de Dios permanece para siempre.  Ideologías van e ideologías vienen; solamente la palabra del Señor permanece.[362]

 

No sólo la Teología de la Liberación, las teorías lingüísticas, el movimiento pentecostal, sino también los evangélicos conservadores deben cuidarse de que sus presuposiciones influyan en la interpretación del texto bíblico.  No se debe permitir que los teólogos dogmáticos impongan su sentido al texto bíblico, sino que se deben consultar las mismas Escrituras para conocer su contenido;  de forma especial, esta debe ser la práctica de los teólogos evangélicos, quienes afirman la prioridad de las Escrituras en el quehacer teológico.  Hay que rechazar cualquier método que cuestione la naturaleza y autoridad de las Sagradas Escrituras.

 

 

3.5.  EL BUEN USO DE LAS CIENCIAS

 

 

Como se ha venido diciendo, las ciencias bíblicas enriquecen el estudio de las Sagradas Escrituras.  Aun Calvino hizo uso de las herramientas aportadas por el humanismo, pero no comprometió la autoridad de las Escrituras ni las puso al servicio de éstas ciencias, sino que dejó muy en claro que ellas estaban a servicio de la interpretación.

 

 

El problema de las teorías lingüísticas y de la Teología de la Liberación es que ponen las Escrituras al servicio de las presuposiciones que traían sus métodos de interpretación.  Crean un anacronismo literario, aplican conceptos actuales de interpretación, ignorando la forma de escribir e interpretar en el tiempo en que fue escrita la Biblia; convierten los medios en el fin, y son de mayor importancia y autoridad los métodos y teorías de interpretación que el mismo texto interpretado, de modo que prefieren dudar del texto bíblico que de sus métodos y hacen a las Escrituras siervas de la mentalidad actual, so pretexto de hacerlas entendibles; las humillan menoscabando su autoridad.  Niegan la Biblia como autoridad final, y entronan al ser humano como suprema autoridad.  Someten la Palabra de Dios al ámbito relativista, mutable y limitado del pensamiento humano.[363]

 

 

Contrario a esto, un acercamiento serio y respetuoso al texto bíblico es aquel que no va en contra de lo que el mismo texto enseña, sino que se somete a éste como su única autoridad.  Esto hace que la Biblia conserve su carácter objetivo,[364] pero hay que tener en cuenta que ser objetivos no es seguir repitiendo dogmas y tradiciones sin análisis, sino más bien someter todo esto al examen bíblico crítico.

 

 

Calvino cree que una forma de respetar el texto bíblico es tratando de desaparecer al máximo la presencia del intérprete.  El trabajo del intérprete, como se dijo en el capítulo anterior, se debe caracterizar por su brevedad y por su sencillez; el fin del intérprete es conseguir el significado natural y obvio del texto bíblico; su trabajo es penetrar en el pensamiento del autor bíblico, de forma concisa y clara.

 

 

La práctica exegética de Calvino es un buen ejemplo del uso de las ciencias bíblicas: el principio de buscar el sentido literal (Sensu Literalis) es una salvaguarda básica contra la especulación desenfrenada y la interpretación subjetiva.  Al rechazar los significados múltiples de los pasajes de la Biblia, no se restringe la aplicación de ella a un solo sentido, ya que los pasajes bíblicos tienen un solo sentido, pero pueden tener muchas aplicaciones.

 

 

Calvino también respetó el carácter literario de la Biblia, y la interpretó haciendo uso de las normas literarias.  Leyó la Biblia como cualquier otro libro, lo cual no pretende decir que la Biblia es como cualquier otro libro, sino que su interpretación se debe someter a los patrones literarios básicos para una interpretación.  El significado natural de un pasaje debe ser interpretado de acuerdo con las reglas comunes de la gramática, lenguaje, sintaxis, y contexto.  Sproul dice: "en la Biblia un verbo es un verbo y un nombre común es un nombre común, igual que en cualquier otro libro."[365]

 

 

3.6.  EL PAPEL DE LA COMUNIDAD

 

 

La comunidad juega un papel importante en el proceso de la interpretación de las Sagradas Escrituras, pues como se vio en el capítulo anterior, la doctrina eclesiológica es esencial para Calvino: la unión con Cristo es incorporación a su cuerpo, la Iglesia, e implica la unión con los creyentes.  Al ser incorporados al cuerpo de Cristo, los miembros se unen con Dios y con los hombres, de modo que cuando se está unido a la cabeza que es Cristo, se está unido también a los fieles.

 

 

Cuando Cristo incorpora nuevos miembros a su cuerpo, no sólo los está reconciliando con el Padre, sino también entre sí mismos;  así como están unidos a Él y dependen de Él, que es la cabeza, los une entre sí y los hace dependientes unos de otros, de tal forma que la Iglesia constituye un cuerpo pues sus miembros están obligados a trabajar por el bien común.  De esta forma, Calvino afirma que la unidad del cuerpo no es fruto del esfuerzo humano, sino que proviene de Dios.

 

 

El cristiano no puede prescindir de la unidad del cuerpo de Cristo, hasta el punto que el individuo no puede ser salvo si no pertenece a la iglesia, pues  Dios estableció la iglesia como elemento indispensable en la vida del creyente: para gozar de la salvación es necesaria la comunión con Dios, y por ende con la iglesia.  El creyente no debe separarse de la iglesia por ninguna razón superficial, pues se debe a ella; sólo le es permitido separarse de ella, si ella corrompe las dos señales indispensables para ser iglesia: la predicación de la Palabra de Dios y la administración de los Sacramentos; sin embargo, el creyente debe luchar hasta el final por el beneficio de la iglesia.  Para Calvino, la unidad del cuerpo es pneumática, obra del Espíritu Santo; por esta razón, él enfatiza la responsabilidad del creyente por su iglesia,  la obligatoriedad para el creyente de velar por la comunión y pureza de la iglesia.

 

 

Ahora bien, la comunión de los santos implica que los dones de un miembro deben beneficiar a todo el organismo.  La Iglesia manifiesta la unidad y pluralidad de sus miembros en forma semejante al funcionamiento del cuerpo humano: cada miembro juega un papel específico en el funcionamiento del cuerpo, y esto es lo que enriquece a la Iglesia.  El creyente tiene que edificar a los demás con los dones que Dios le ha otorgado, pues le fueron concedidos con éste fin.

Para Calvino, es imprescindible que la iglesia vele por la correcta predicación y ministración de los sacramentos, pues estas son las señales de la verdadera iglesia.  Los dones están por y para la edificación de la comunidad, la cual no sólo consiste en brindar amor sino también en la capacidad de juzgar; es por esto que para Calvino es necesaria la disciplina en la Iglesia.  Cada miembro debe velar por el cumplimiento de las Escrituras en su comunidad, y es aquí donde toma relevancia la función pastoral de la comunidad.

 

 

Los dones otorgados por Dios para la edificación de la comunidad están al servicio de la Palabra, mediante la cual se edifica a la Iglesia;  en esto reside la importancia de los dones ministeriales, pues cumplen la función de predicar la verdadera Palabra de Dios, interpretando y exponiendo sabiamente su sentido, para librarla de errores y herejías.[366] 

 

 

El principio aquí expuesto es que los dones están al servicio de la comunidad, cooperando con el sano conocimiento de la doctrina; por ende, para Calvino, una de las funciones de los miembros de la comunidad es la de juzgar la legitimidad de la enseñanza de los ministros, buscando siempre que ésta esté conforme a la Palabra.  Cada cristiano tiene la unción del cielo, y está capacitado para interpretar la Palabra y velar que sea predicada conforme al propósito divino.  Como miembros del cuerpo de Cristo y sacerdotes, cada uno ha recibido la capacidad y la tarea de cooperar activamente en la edificación de éste cuerpo y velar por una enseñanza sana y una correcta ministración de los Sacramentos.  Los dones otorgados por Dios a la comunidad son suficientes, aunque la comunidad está lejos de la perfección absoluta; por ello la iglesia debe estar en continua dependencia de la cabeza que es Cristo y de su Palabra.

 

 

El intérprete no es un individuo solitario que le toca crear un sentido nuevo, el intérprete debe presentar sus conclusiones teológicas a la luz de la comunidad de la fe.  La comunidad de la fe un filtro para el quehacer teológico.

 

 

Este criterio rompe con el subjetivismo posmoderno, manifestado en la Teología de la Liberación, las nuevas teorías lingüísticas, y el Pentecostalismo, ya que la comunidad sí está en la obligación de velar por sus miembros y por la correcta predicación de la Palabra, ya que ninguna profecía de las Escrituras es de interpretación privada.  La sana interpretación se debe dar en la comunidad, por la comunidad y para la comunidad.

 

 

 

 

CONCLUSIONES

 

 

Después de haber estudiado: a) algunas corrientes de interpretación de textos que han puesto en crisis el principio reformado de la Sola Scriptura, b) el principio de la Sola Scriptura en Calvino, y c) algunas características para una interpretación bíblica realizada a la luz del principio reformado de la Sola Scriptura, es posible establecer algunos puntos finales, los cuales aquí son presentados a manera de conclusión:

 

 

1.  Verdaderamente, en el día de hoy, se puede evidenciar una profunda crisis en la iglesia en cuanto a su vocación de predicar la Palabra de Dios, crisis que se manifiesta en la superficialidad de los púlpitos, en la inmadurez de los creyentes, y en el desconocimiento de las Sagradas Escrituras. Algunos líderes abusan del texto bíblico respaldando intereses personales e ideológicos, y han recurrido a prácticas hermenéuticas cuestionables que deterioran el principio bíblico de la Sola Scriptura.  La realidad de la crisis en la enseñanza de las Escrituras presenta un desafío para el exégeta bíblico del día de hoy.

 

 

2.  El problema de las corrientes de interpretación es que cuestionan el principio de autoridad normativa de las Escrituras, llegando a afirmar que ellas en sí no son Palabra de Dios sino una interpretación humana de los actos de Dios en la historia.  Es en este punto donde se presenta la gran diferencia con lo que se afirmó en la Reforma: que las Escrituras son el registro inspirado de la revelación de Dios a través de ciertos acontecimientos, lo cual implica que es Dios quien se revela al ser humano; por lo tanto, en el acercamiento exegético se busca lo que Dios quiso revelar.  Afirmar que las Escrituras no son Palabra de Dios, sino que contienen la Palabra de Dios, abre la puerta al más crudo subjetivismo, donde el ser humano es quien decide qué es y qué no es Palabra de Dios.  Pero, es aun más grave que al acercarse al texto con una hermenéutica y una teología ideológica se da por sentado que el resultado final de la interpretación de un texto va a ser conforme a ésta ideología determinada.

 

 

Además de lo anterior, el autor de este trabajo considera que es peligroso afirmar que: a) un intérprete nunca puede ser objetivo en el estudio de un texto, y por ende el mensaje del texto nunca será objetivo; b) la independencia total del texto escrito, pues posee vida autónoma; c) para comprender e interpretar un texto no es necesario ni el autor ni su audiencia; y d) el texto tiene múltiples sentidos, ya que la distancia del texto original y su intérprete produce reserva de sentidos.

 

 

Este acercamiento a la interpretación de las Sagradas Escrituras tiene serias implicaciones, pues deja la última palabra, en cuanto al resultado de la interpretación, en manos del intérprete; y como no hay control y seguridad en el resultado final de la exégesis, es imposible conocer la voluntad de Dios.  No hay la posibilidad de un punto arquimédico que guíe, y se pierde cualquier principio de objetividad.

Aceptar lo que dicen las corrientes de interpretación de textos estudiadas en este trabajo es someter a las Escrituras a: la autoridad del ser humano, a una interpretación subjetiva de los textos bíblicos y a una negación completa de lo que la Palabra de Dios dice de sí misma en cuanto a su naturaleza y autoridad.  Si el intérprete de las Escrituras no va en busca del propósito del Espíritu Santo, a través del escritor, en cada porción de su mensaje y no lo hace suyo al predicar, deformará el significado de las Escrituras, perderá la autoridad que confieren las Escrituras  a la predicación, confundirá a la congregación y fracasará en brindarles alimento espiritual.

 

 

3.  Viendo la estructura de la teología en Calvino, especialmente el principio de la Sola Scriptura, se puede concluir que ésta tiene mucho que decir a la enseñanza de la Biblia, enfrentándose a las corrientes de interpretación que han llevado a la crisis del principio reformado de la Sola Scriptura.

 

 

Uno de los grandes aportes de Calvino es que mantiene el principio de autoridad de las Sagradas Escrituras por el hecho de ser Palabra de Dios e inspiradas divinamente, y promueve el principio de que las Escrituras son su propio intérprete.  En otras palabras, Calvino les da el valor que las mismas Escrituras reclaman para sí.

 

 

4.  Las Escrituras son un elemento esencial en el proceso soteriológico; por medio de ellas se llega a Cristo, único mediador entre Dios y los hombres, y por ende a la salvación. Un mensaje seguro de Jesucristo debe ir acompañado del principio de autoridad de las Escrituras; si lo que en ellas se dice no es seguro tampoco es seguro lo que se enseña de Jesucristo, ya que toda la fe que la iglesia enseña acerca del Salvador es por el testimonio fidedigno de las Escrituras.  En otras palabras, si no hay seguridad de la autoridad de las Escrituras las doctrinas fundamentales de la fe cristiana no tienen sustento.

 

 

5.  El intérprete debería tener un respeto profundo por las Escrituras que lo debería llevar a ser muy cuidadoso en su interpretación; bajo el principio de que ellas son su propio intérprete, debe buscar ser lo más fiel posible al texto, intentando encontrar la intención del autor, despojándose al máximo de las presuposiciones y permitiendo que el texto mismo lo interpele.  La tarea hermenéutica no se debería espiritualizar, ni debería ser influenciada por prejuicios personales, denominacionales, ideológicos y filosóficos; tampoco las Escrituras deberían ser sustituidas por la sicología y experiencias personales, y mucho menos pretender darles más valor apoyados en otros criterios de autoridad.  Todo el acercamiento exegético a las Escrituras, debería estar regido por la brevedad y la sencillez.

 

 

En otras palabras se está implicando que sí se puede aproximar a la intención del autor a un único sentido del texto, claro está, con la guía indispensable del Espíritu Santo.  Esta hermenéutica se compone de dos partes: la Palabra y el Espíritu Santo.  El Espíritu y la Palabra son dos maestros, que no se contradicen sino que se complementan el uno al otro.  Sólo el Espíritu Santo puede confirmar el verdadero mensaje de su Palabra.  El fin de procurar una exégesis fiel al texto implica una obediencia integral, donde se quiere saber la voluntad de Dios con el fin de obedecerla.

 

 

6.  El principio de la Sola Scriptura tiene un alto contenido misiológico.  Las Escrituras en sí no son un fin sino un medio para conocer a Dios y disfrutar de la salvación.  Las Escrituras como medio indispensable en el proceso soteriológico se convierten en un elemento importante y de especial atención de la misiología.

 

 

Es un imperativo para la iglesia predicar las Escrituras a tiempo y fuera de tiempo, como dice el apóstol, porque solamente ellas son capaces de producir fe salvadora en el ser humano.  La Palabra de Dios puede dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Jesús, la Palabra de Dios hace nacer de nuevo a los que confían en Jesús, para luego instruirlos y santificarlos en su peregrinar en este mundo; no hay otra Palabra salvadora sino la que el Espíritu Santo revela en las Escrituras.

 

 

7.  El proceso de interpretación no es individual sino que la comunidad debería jugar un papel importante en el quehacer exegético, velando por una sana enseñanza, y al mismo tiempo jugando un papel pastoral en su aplicación dentro de sí misma.  La comunidad debería estar activa en la formación de cada creyente, ya que cada creyente es responsable de la edificación de sus hermanos; ésta edificación debe darse en el ámbito de la Palabra.  La comunidad debería estar involucrada en la tarea de formular su fe, justificando el fundamento, el propósito y la relevancia de lo que cree.  Y esto es muy importante por que muchas veces como evangélicos hemos acentuado un individualismo exagerado, y hemos ignorado el papel de la comunidad.

 

 

8.  Una sana interpretación de las Escrituras puede hacer uso de las ciencias para la correcta interpretación del texto bíblico.  Se debería ver al texto como literatura y aplicar las normas que la rigen; también se debe procurar entender la realidad histórica a la luz de las Escrituras.  Los métodos de estudio deberían ser conformes a la naturaleza de la misma Palabra de Dios, pero al mismo tiempo los intérpretes deben estar dispuestos a hacer uso de las herramientas que proporcionan las ciencias.

 

 

9.  La Palabra de Dios debe ser tratada como la única norma de autoridad y práctica en asuntos de fe.  Esto implica que la interpretación debe desarrollar una hermenéutica contextual que no ponga en peligro la autoridad y naturaleza de las Escrituras. Por ello, el intérprete debe optar por un método que se acomode a la naturaleza del objeto estudiado, en este caso las Sagradas Escrituras.  El intérprete debe partir del texto mismo y no de las necesidades o paradigmas del momento.  Debe quedar muy claro que el método de interpretación es un medio y no un fin en sí mismo.

 

 

10.  El principio reformado de la Sola Scriptura rompió las cadenas que tenían atadas las Escrituras al olvido, y abrió las puertas para que todo ser humano, en forma segura, se acercara a ellas y extrajera la verdad que los guiaría en esta vida y les llevaría a la vida eterna.

 

 

Lo que se pretende al salvaguardar el principio de autoridad de las Escrituras es formar comunidades firmemente arraigadas en las Escrituras; que reflexionen en el mensaje de la Palabra de Dios y que tengan completa seguridad de que lo que están leyendo en ella es la voz de Dios; que tengan una ética que da pautas a los desafíos que le planteen la sociedad; que desarrollen una profunda comunión con el Señor; que estén comprometidas con la obra social; y que tengan una palabra profética que denuncie con autoridad el pecado social.

 

 

Si se quiere ser fiel al principio reformado de la Sola Scriptura, se debe entonces procurar que las iglesias amplíen la comprensión de la fe, que profundicen el conocimiento de la Palabra de Dios, que sus programas educativos o de discipulado traspasen la barrera de lo elemental, y que su quehacer teológico parta de las Escrituras y se deje guiar por ellas, pues una iglesia que no reflexiona crítica y contextualmente su fe, morirá.

 

 

Este trabajo no pretende agotar todo el aporte del principio de la Sola Scriptura a la enseñanza de la Biblia.  Por ello, queda un amplio tema por investigar sobre el quehacer exegético del Reformador, sobre su metodología exegética, sobre las implicaciones metodológicas del Reformador con relación a los métodos modernos de interpretación, sobre el papel que juegan los conceptos de Solo Fide y Sola Gratia en el quehacer exegético, entre otros temas.

 

 

Sólo se puede decir que éste trabajo muestra la necesidad de más investigación.  El Señor proveyó al ser humano de un gran tesoro donde imprimió su voluntad, y la raza humana está obligada a ser diligente en su interpretación, para llegar al verdadero y fiel mensaje divino.  Sólo por la misericordia de Dios y la guía de su Espíritu Santo se puede lograr ésta honrosa labor, por ello sólo resta decir: "SOLI DEO GLORIA".

 

 

 

 

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Se debe respetar la autoría del trabajo presentado en esta página Web por lo que su uso debe ser debidamente citado

 

 

 

 

 

INICIO - RECURSOS TEOLOGICOS

 



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[2] ATIENCIA, Jorge.  La Diaconía de la Palabra.  En :  CONGRESO NACIONAL DE PASTORES.  Girardot: Cedecol, marzo 28 de 1995.

[3] ELLUL, Jacques.  The Humiliation of the Word.  Translated by Joyce Main Hanks.  Grand Rapids: Eerdmans, 1985. pp. 155-158.

[4] ATIENCIA, Op. cit.

[5] ATIENCIA, Jorge, et al.  Así Leo la Biblia.  Cómo Formar Maestros de la Palabra.  Bogotá: Certeza Unida, 1999.  p. 30.

 

[6] VAN EK, Gerardo.  Posmodernismo y Exégesis Bíblica.  Medellín: SBC, 1996.  p. 1.

[7] Ibid., p. 1.

[8] DONNER, Theo.  Formación del Pensamiento Moderno, Un bosquejo.  Notas de clase.  Medellín: SBC, 1984.  p. 1.

[9]  SALINAS, Daniel y Samuel Escobar.  Postmodernidad: Nuevos Desafíos a la Fe Cristiana.  La Paz: Ed. Lámpara, 1987.  p. 13.

[10] LARRAIN IBAÑEZ, Jorge.  Modernidad: Razón e Identidad en América Latina.  Santiago de Chile: Ed. Andrés Bello, 1996.  p. 24.

[11] VEITH, Gene Edward.  Guide to Contemporary Culture. Leicester: Crossway Books, 1994.  p. 9.

[12] LARRAIN, Op. cit., p. 24.

[13] Ibid., p. 24.

[14] SALINAS, Op. cit., p. 16.

 

 

[15] VATTIMO, Gianni.  Posmodernidad: ¿Una Sociedad Transparente?  En :  VATTIMO, Gianni., et. al.  En Torno a la Posmodernidad.  Barcelona: Ed. Anthropos, 1990.  p.  10.

[16] Ibid., p. 10.

[17] CRUZ, Kronfly Fernando.  La Sombrilla Planetaria.  Ensayos sobre Modernidad y Postmodernidad en la Cultura.  Bogotá: Ed.  Planeta, 1994.  p. 27.

[18] SALINAS, Op. cit., p. 17.

 

 

 

[19] Ibid., p. 17.

[20] Ibid., p. 18.

[21] VEITH, Op. cit., p. 13.

 

[22] Ibid., p. 13.

[23] CRUZ, Op. Cit.,  pp. 28-29.

 

 

[24] VEITH, Op. cit., p. 19.

[25] Ibid., p. 19.

[26] Ibid., p. 19.

[27] HASSAN, Ihab.  The Culture of Posmodernism.  Theory, Culture and Society.  En :  VEITH, Op. cit., p. 20.

[28] SALINAS, Op. cit., p. 25.

 

[29] VATTIMO, Op. cit., pp. 10-11.

[30] ROMERO, José Luis.  Situaciones e Ideologías en América Latina.  Medellín: Ed.  Universidad de Antioquia, 2001.  p.  15.

[31] VATTIMO, Op. cit., p. 11.

[32] Ibid., p. 12.

[33] LYOTARD, Jean-Francois.  La Condición Postmoderna.  Madrid: Ed.  Cátedra, 1998.  pp. 9-10.

[34] LARRAIN, Op. cit., p. 184.

[35] SALINAS, Op. cit., p. 26.

[36] Ibid., p. 26.

 

 

[37] Ibid., p. 26.

[38] VEITH, Op. cit., p. 23.

[39] Ibid., p. 24.

 

[40] Ibid., p. 27.

[41] Ibid., p. 28.

[42] Ibid., p. 28.

[43] REALE, Giovanni y Dario Antiseri.  Historia del Pensamiento Filosófico y Científico.  Del Romanticismo hasta Hoy.  Tomo 3.  Barcelona: Ed.  Herder, 1995.  p. 271.

[44] Ibid., p. 272.

[45] Ibid., p. 273.

[46] Ibid., p. 824.

[47] Ibid., p. 825.

[48] Ibid., p. 226.

[49] ALONSO, Amado.  En :  SAUSSURE, Ferdinand de.  Curso De Lingüística General.  Nueva York: McGraw, 1959.  pp. 10-11.

[50] SAUSSURE, Ferdinand de.  Curso De Lingüística General. Nueva York: McGraw, 1959.  p. 52.

[51] Ibid., p. 51.

[52] Ibid., p. 58.

[53] Ibid., p. 60.

[54] Ibid., p. 57.

[55] Ibid., p. 57.

 

[56] Ibid., p. 128.

[57] Ibid., p. 60.

[58] Ibid., p. 128.

[59] Ibid., p. 130.

[60] Ibid., pp. 130 - 131.

[61] Ibid., p. 161.

[62] Ibid., p. 174.

[63] Ibid., p. 174.

[64] Ibid., p. 231.

[65] COTTERL, Peter y Max Turner.  Linguistics and Biblical Interpretation.  London: Spck, 1989.  p. 25.

[66] SAUSSURE, Op. cit., p. 172.

[67] KIRK, Op. cit., pp. 167 - 170.

[68] Ibid., pp. 69,149.

[69] REALE, Op. cit., p. 555.

[70] STAM, Juan B.  La Biblia, El Lector y su Contexto Histórico.  Pautas para una Hermenéutica Evangélica Contextual.  BOLETIN TEOLOGICO, No. 10-11 (abril-septiembre).  México: Ftl, 1983.  pp. 29-30.

[71] Ibid., p. 47.

[72] REALE, Op. cit., p. 557.

 

[73] GADAMER, Hans-Georg. Verdad y Método.  Fundamentos de una Hermenéutica Filosófica.  Salamanca: Ediciones Sígueme, 1984.  pp. 331-334.

[74] Ibid., pp. 337 - 344.

 

 

[75] Ibid., p. 470.

[76] Ibid., pp. 474 - 475.

[77] STAM, Op. cit., p. 53.

[78] RICOEUR, Paul.  Existencia y Hermenéutica.  Madrid: Ediciones Cristiandad, 1971.  pp. 231 y 232.

[79] STAM, Op.  cit., p. 53

[80] Ibid., p. 54.

[81] RICOEUR, Paul.  Interpretation Theory:  Discurse and the Surplus of Meaning.  Texas:  Cristian University Press, 1976.  p. 87.

[82] DOWLING, Robin Peter.  Hermenéutica Moderna.  Notas de Clase.  Medellín: SBC, 1995.

[83] Ibid.

 

[84] RICOEUR, Paul.  Reflexión sobre el Lenguaje.  Hacia una Teología de la Palabra.   En :  BARTHES, Roland, et al.  Exégesis y Hermenéutica.  Madrid: Ediciones Cristiandad, 1976.  p. 248.

[85] RICOEUR, Paul.  Bosquejo de Conclusión.  En :  BARTHES, Roland, et al.  Exégesis y Hermenéutica.  Madrid: Ediciones Cristiandad, 1976.  pp. 233 y 234.

[86] RICOEUR, Paul.  Del conflicto a la Divergencia de los Métodos en Exégesis Bíblica.  En :  BARTHES, Roland, et al.  Exégesis y Hermenéutica.  Madrid: Ediciones Cristiandad, 1976.  p. 45.

 

[87] HIRSCH, E. D.  Aims in Interpretation. 1976, pp. 1 y 3.  En :  DOWLING, Robin Peter.  Hermenéutica Moderna.  Notas de Clase.  Medellín: SBC, 1995.

[88] HIRSCH, E. D.  Validity in Interpretation.  1967.  pp. 6 y 10.  En :  DOWLING, Robin Peter.  Hermenéutica Moderna.  Notas de Clase.  Medellín: SBC, 1995.

[89] Ibid., pp. 10 - 14.

 

[90] Ibid., pp. 14 - 19.

[91] Ibid., pp. 19 - 23.

[92] Ibid., pp. 45 - 51.

 

[93] Ibid., pp. 27 - 40.

[94] Ibid., pp. 89 - 102.

[95] Ibid., p. 165.

[96] ORTIZ, Jaime, et al.  Hermenéutica, Biblia y Liberación.  Una Evaluación de José Severino Croatto.  Medellín: SBC, 1984.  p. 5.

[97] CROATTO, José Severino.  Hermenéutica Bíblica: para una Teoría de la Lectura como Producción de Sentido.  Buenos Aires: Ed. La Aurora, 1984.  P. 24.

 

[98] ORTIZ, Op. cit., p. 35.

[99] Ibid., p. 11.

[100] Ibid., pp. 12 y 13.

[101] CROATTO, Op. cit., p. 33.

[102] Ibid., pp. 44 al 57.

 

 

[103] ORTIZ, Op. cit., p. 19.

[104] Ibid., p. 19.

[105] CROATTO, Op. cit., pp. 27 y 31.

[106] ORTIZ, Op. cit., p. 33.

[107] DONNER, Theo G.  Una Observación en Cuanto a la Posmodernidad y La Educación Teológica en América Latina (Conferencia).  San José, noviembre 7 de 2000.

[108] NUÑEZ, Emilio A.  Teología Evangélica Latinoamericana ¿Reacción o Repuesta?  VIDA Y PENSAMIENTO.  Hacer Teología Latinoamericana desde Raíces Protestantes.  Vol. 10, No. 1.  San José: Seminario Bíblico Latinoamericano, 1990.  pp. 64 - 65.

[109] ASSMANN, Hugo.  Teología desde la Praxis de la Liberación.  Salamanca: Ed. Sígueme, 1976.  p. 48.

[110] Ibid., p. 52.

[111] BOFF, Leonardo.  Teología del Cautiverio y de la Liberación.  Madrid: Ed. Paulinas, 1978.  p. 44.

[112] CROATTO, Op. cit., p. 48.

[113] BOFF, Leonado.  Hablemos de la Otra Vida.  Santander: Ed. Sal Terrae, 1978.  p. 17.

[114] BOFF, Leonado.  Las Imágenes de Jesús en el Cristianismo Liberal del Brasil.  CRISTIANISMO Y SOCIEDAD.  III: 46, 1975.  pp. 33 y 34.

[115] HUNDLEY, Raymond.  Teología de la Liberación.  Una Respuesta Evangélica.  Bogotá: Ed. Buena Semilla, 1990. p. 44.

[116] CROATTO, Op. cit., p. 83.

[117] Ibid., p. 48.

[118] Ibid., pp. 45 - 46.

[119] Ibid., p. 85.

[120] Ibid., p. 45.

[121] Ibid., p. 85.

[122] GUTIERREZ, Gustavo.  Teología de la Liberación.  Perspectivas.  Salamanca: Ed.  Sígueme, 1973.  p. 102.

[123] Ibid., p. 31.

[124] Ibid., p. 32.

[125] Ibid., p. 32.

[126] MIRANDA, José Porfirio.  El Ser y El Mesías.  Salamanca: Ed.  Sígueme, 1971. pp. 78-79.

[127] MIRANDA, José Porfirio.  Marx y la Biblia.  Salamanca: Ed.  Sígueme, 1973.  p. 12.

[128] STAM, Op. cit.,  pp. 29-30.

[129] ORTIZ, Op. cit.,  p. 8.

[130] WALDROP, Ricardo.  Experiencia Pentecostal: Realidad y Posibilidades.  VIDA Y PENSAMIENTO.  Hacer Teología Latinoamericana Desde Raíces Protestantes. Vol. 10, No. 1.  San José: Seminario Bíblico Latinoamericano, 1990.   p. 68.

[131] GONDIN, Rodríguez Ricardo.  Ponencia 2.  El Evangelio de Poder.  CLADE III.  Tercer Congreso Latinoamericano de Evangelización Quito 1992.   Buenos Aires: Ftl, 1993. p. 175.

[132] BENNETT, Dennis.  El Espíritu Santo y Tú.  Miami: Ed.  Vida, 1976.  pp. 212 y 213.

[133] ZUCK, Roy B.  Basic Bible Interpretation.  Trad. Saskia Donner.  Wheaton: Victor Books, 1971. p. 11.

 

[134] HOLLENWEGER, Walter J.  The Pentecostals. Great Britain: Scm Press Ltd, 1972.  p. 291.

[135] DEIROS, Pablo.  Latinoamérica en Llamas.  Miami: Ed. Caribe, 1984.  p. 181.

[136] DAYTON, Donald W.  Raíces Teológicas del Pentecostalismo.  Trad. Elsa R. de Powell.  Buenos Aires: Ed.  Nueva Creación, 1991.  p. 9.

[137] HOLLENWEGER, Op. cit., pp. 340-341.

[138] DAYTON, Op. cit., p. 10.

[139] LIEFELD, Walter L.  Como Predicar Expositivamente. Miami: Ed.  Vida, 1990. p. 16.

[140] DAYTON, Op. cit., p. 10.

[141] STOTT, John R. W.  Sed Llenos del Espíritu Santo.  Miami: Ed.  Caribe, 1989.  p. 13.

[142] HODGES, Melvin. El Espíritu Santo y al Evangelización Universal.  Miami: Ed.  Vida, 1979. p. 135.

[143] DEIROS, Op. cit., p. 186.

[144] HOLLENWEGER, Op. cit., pp. 279-280.

[145] DAYTON, Op. cit., p. 9.

[146] BENNETT, Op. cit., p. 33.

 

[147] BONINO, José Míguez.  Rostro del Protestantismo Latinoamericano.  Buenos Aires: Ed.  Nueva Creación, 1993.  pp. 76-77.