|
|
|
|

Seminario Nacional para Escritores:  "El Arte de Escribir"
Octubre 14-17 de 2005,
   Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia
Primera conferencia, Octubre 15, 8:30-10:30 AM

Condiciones del escritor
Reflexiones en torno a C. S. Lewis

Dr.  Theo G. Donner
Profesor,  Fundación
Universitaria Seminario Bíblico de Colombia

Intoducción: Caveat Emptor
1.   Biografía breve
2.  C. S. Lewis: cristiano y nada más
3.  Factores que contribuyen a su éxito como escritor
4.  Aportes de Lewis
Conclusión
Bibliografía

Introducción: Caveat Emptor

En mayo de este año recibí una invitación para participar en este Seminario Nacional para Escritores con una exposición sobre el tema: "Condiciones morales, espirituales, intelectuales, metodológicas y personales del escritor".

Ahora, yo no soy profesor de literatura, por tanto parece que la única razón por la cual se me invitó a dictar una conferencia sobre el tema mencionado era el haber publicado un libro. Confieso. Efectivamente se publicó el año pasado un libro con mi nombre en la portada. ¿Pero de ahí a decir que soy escritor…?

Que me encanta mover la pluma a través del blanco papel – que el solo papel tiene una atracción casi irresistible, como las botellas de licor para el alcohólico – eso también lo confieso. Pero si me presentan como escritor, me siento un fraude.

Todavía recuerdo – era el final del '99 – cuando quise escribir un libro, sobre Cosmovisión cristiana y posmodernidad, y encontré que no era capaz. Me hundí en la depresión. Y me salvó un amigo que me sugirió: "Y ¿porqué no vienes a dar una serie de conferencias sobre el tema en mi iglesia?". Volví a vivir. Porque eso sí lo puedo hacer: preparar conferencias. No soy escritor, soy maestro.

Expliqué a Don Fernando que no podía aceptar la invitación. Resultó una estrategia brillante porque me dijo que podía hablar sobre cualquier cosa. Me dio completa libertad en cuanto al tema. (Voy a hablarles en esta mañana sobre Modelos de Vida Familiar entre los Canguros Australianos.)

De esta manera logré su aprobación para hablar sobre las "Condiciones morales, espirituales, intelectuales, metodológicas y personales del escritor" con referencia a un autor favorito mío: C. S. Lewis.

Y aquí estoy cometiendo otro fraude. Estoy usando a Lewis para orientar a un grupo de escritores cuando el mismo Lewis se negó a dar consejos a jóvenes escritores. (Más adelante veremos por qué.)

El otro fraude lo estoy cometiendo al aprovechar la coincidencia con los conceptos de Lewis, para darles mis propias opiniones pero apoyadas en la autoridad de un gigante (o, como dijera él mismo, un dinosaurio[1]).

Con todo, me parece que Lewis nos ofrece unos aportes importantes. El solo hecho que tenemos aquí un grupo tan heterogéneo de personas cuyos intereses resultan muy variados, justifica el estudio de un autor cuya producción literaria (40 libros e innumerables ensayos, artículos y hasta poesías) cubría una gama tan amplia y variada de estilos literarios. Desde textos profesionales sobre la historia de la literatura inglesa, hasta novelas, ciencia ficción, autobiografía y obras apologetas cristianas – estos últimos normalmente en forma de conferencias.

También resulta tópico hablar de Lewis cuando una novela suya acaba de adaptarse para el cine. La película El león, la bruja y el armario (guardarropa) debe salir al final del año. Y toda la serie de las Crónicas de Narnia se está vendiendo en español por todas partes.

Que conste que el mismo Lewis opinaba que cinco años después de su muerte ya nadie estaría leyendo sus libros – evidencia suficiente para mostrar que el hombre sabía equivocarse.

Si no logramos nada más con esta exposición, espero que resulte, por lo menos, un estímulo. Así como la película Descubriendo a Forrester, así como la lectura de Vivir para contarla, que así también resulte un estímulo este testimonio en cuanto a C. S. Lewis, un estímulo para coger pluma y papel (o el teclado del computador si prefieren) y escibir.

Y aún si no le brinda nada a Ud., yo de todas maneras he podido deleitarme en estos últimos meses en sumergirme otra vez en la obra de Lewis, especialmente sus ensayos.[2]

Es propio aquí expresar mi gratitud a Javier Voelkel quien me prestó a mitad del año un libro sobre la vida y práctica cristiana de Lewis. La obra es de Lyle W. Dorsett y se llama Buscando el Lugar Secreto: La Formación Espiritual de C. S. Lewis (Seeking the Secret Place: The Spiritual Formation of C. S. Lewis)[3].  Aunque hoy en día se consiguen cada vez más obras de Lewis en español, dudo mucho que este tipo de obra secundaria vaya a traducirse y publicarse para lectores hispanos.

Lo que intentaremos hacer dentro del compás de esta conferencia es:

  1. Dar los datos biográficos más importantes de Lewis;
  2. Hablar de su vida cristiana;
  3. Comentar los factores que le hicieron un autor notable;
  4. Recoger de sus escritos observaciones que nos pueden servir a nosotros que queremos ser escritores.

Todo esto en la conciencia de que apenas puedo darles un sabor de Lewis, ni siquiera un bocado, por la amplitud del tema.

1. Biografía breve

Clive Staples Lewis nace el 29 de noviembre de 1898 en Belfast, Irlanda del Norte. A los cuatro años decide que quiere ser llamado "Jack", el nombre por el que fue conocido dentro del círculo de su familia y amigos. El público en general lo conoce por los iniciales C. S.

Su padre era abogado y se ha sugerido que Lewis siempre tenía algo de abogado, especialmente en su defensa de la fe cristiana. Sabía como presentar un caso para convencer al jurado.[4]

Aunque nace en un hogar cristiano, Lewis abandona la fe a una edad temprana. La muerte de su mamá, cuando él no tiene todavía diez años, juega un papel importante. El y su hermano mayor oran fervientemente por la recuperación de ella, pero ven que sus oraciones no obtienen respuesta. Después de su conversión Lewis sigue luchando con el tema de la oración peticionaria, particularmente cuando pierde su esposa tras una larga lucha con el cáncer.

Después de una experiencia muy poco feliz en varias escuelas privadas, completa su educación pre-universitaria con un tutor privado que le da excelentes bases en la literatura clásica e inglesa, y forma en su mente el rigor lógico y crítico que lo caracteriza toda la vida.[5]

Presta servicio nacional durante la Primera Guerra Mundial. Luego tiene una carrera brillante como estudiante en la universidad de Oxford (University College). Su estudio cubre literatura y filosofía, comenzando con los clásicos griegos y romanos y terminando con filosofía y filología modernas. Gana gran distinción.[6] Es nombrado provisionalmente como tutor en filosofía en 1924. De 1925 hasta 1954 es tutor y "fellow" (miembro/socio) de Magdalen College, Oxford. En 1954 lo nombran Profesor de Literatura Medieval y Renacentista en la Universidad de Cambridge, puesto que ocupa hasta 1963, el año de su muerte.

Su conversión cristiana ocurre entre 1929, cuando afirma su fe renuente en Dios, y 1931, cuando llega a una fe plena en Jesucristo. Es interesante notar que su amigo Tolkien, el autor del Señor de los Anillos, tiene una parte significativa en el paso final.

Desde el momento de su conversión empieza a articular su fe en forma escrita. En 1933 publica una alegoría (The Pilgrim's Regress – El retorno del peregrino) sobre su paso por las diferentes escuelas filosóficas y su conversión a Cristo.

Pero es más que todo durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945 para Gran Bretaña) que arranca su carrera como apologeta cristiano. En 1940 se publica El Problema del Dolor. En 1941 sale en el periódico sus Cartas a un Diablo joven (o Cartas del Diablo a su Sobrino) que se publica como libro en 1942. En 1941 inicia una serie de charlas por radio en defensa de la fe cristiana, charlas que luego se publican como libros. Y empieza una avalancha de libros y artículos en defensa de la fe.

Ya en 1939 había publicado la primera novela, El Planeta Silencioso, de lo que iba a ser una trilogía de ciencia ficción (los otros títulos salen en 1943 y 1945). Entre 1950 y 1956 publica las 7 novelas de las Crónicas de Narnia, libros escritos para niños que contienen a la vez un tesoro de reflexión teológica, igual que la trilogía de ciencia ficción.

A lo largo de su carrera profesional publica obras como La Alegoría del Amor: Un Estudio de la Tradición Medieval (1936); La Literatura Inglesa del Siglo 16, excluyendo drama (1954), que es el tercer tomo de la Oxford History of English Literature; Un Experimento de Crítica (1961) y La Imagen Descartada: Una Introducción a la Literatura Medieval y Renacentista (1964, obra póstuma) así como ensayos breves en su área profesional.

Juntamente con esto salen libros de polémica filosófica y apologética, así como artículos y conferencias en que Lewis enfrenta las diferentes corrientes filosóficas y educativas de su tiempo, y cuestiona las presuposiciones de quienes atacan la fe cristiana.

Varios de sus libros son de carácter pastoral, sobre temas como el dolor, la oración, los cuatro amores, la vida futura y otros. Sus libros autobiográficos incluyen un tomo breve sobre su lucha con el luto después de perder su esposa.

A nosotros nos parece, de pronto, que la vida de un académico gira alrededor de las clases que dicta. En el caso de Lewis no es cierto. El método pedagógico de las universidades de Oxford y Cambridge se centraba en un sistema de tutoriales personales (atender las conferencias de los profesores era opcional). Un estudiante se encuentra cada 8 días con su tutor. Tiene que presentar un ensayo sobre un tema acordado, dar su concepto sobre libros que ha estudiado y defender sus opiniones frente al tutor. Lewis, de lunes a viernes empieza a las 9:00 am sus tutoriales. Los tutoriales ocupan por lo general unas cinco horas de su día, entre mañana y noche, durante 30 años de su vida. Sólo cuando acepta el profesorado en Cambridge cambia la rutina y deja de dar tutoriales.

Tendremos oportunidad de preguntarnos repetidas veces cómo logra Lewis hacer todas las cosas que hace en el tiempo disponible.

La mayor parte de esta carrera profesional la desarrolla como hombre soltero. Su matrimonio apenas dura 4 años, entre 1956 y 1960. Se casa, casi por caridad, para ayudar a una mujer americana, con sus dos hijos, obtener residencia en Gran Bretaña. La mujer, Joy Davidson, está sufriendo de cáncer. Lewis está alcanzando los 58 años de edad. El cáncer está en remisión por varios años y el matrimonio, para sorpresa de Lewis, resulta muy feliz. Sufre intensamente con la muerte de su esposa y le sobrevive apenas tres años, falleciendo una semana antes de alcanzar los 65 años. Su muerte pasa casi desapercibida porque ocurre el mismo día que el asesinato del Presidente Kennedy, el 22 de noviembre de 1963.

2. C. S. Lewis: cristiano y nada más

Nuestro tema trata de las "condiciones morales, espirituales… y personales del escritor". Con respecto a Lewis tuve la gran ventaja de poder valerme de una investigación sobre la formación espiritual de Lewis que apenas se publicó el año pasado.[7]

Comentamos que Lewis deja atrás la fe cristiana durante su juventud. En Oxford llega a conocer las diferentes corrientes intelectuales y movimientos filosóficos del momento. Su análisis y crítica de tales alternativas, así como la ayuda de diversos amigos cristianos lo llevan, a través de un proceso largo, a la fe en Jesucristo, proceso que culmina en septiembre de 1931, cuando Lewis tiene 32 años de edad. Este evento de por sí no tiene porque ocuparnos aquí. Nos interesa más bien captar algo del sabor de su vida como cristiano.

            - Lewis considera que las diferencias entre denominaciones cristianas es de poca importancia. Tiene amistades con personas de muchas corrientes cristianas diferentes. El católico Tolkien es amigo cercano. Lewis por muchos años mantiene una correspondencia (en latín) con un monje católico italiano.

Se ubica naturalmente dentro de la iglesia anglicana y asiste fielmente a la iglesia de parroquia más cercana a su casa, como también a los servicios diarios (matins) de su College (Magdalen) en la universidad. El lenguaje del Libro de Oración Común de la iglesia anglicana le es muy familiar y lo encuentra un vehículo excelente para su devoción. Le gusta un orden de culto y oraciones fijas porque siente que es más fácil decir amén a tales oraciones. Con la oración libre uno nunca sabe de antemano qué herejías pueden meterse.

            - Su rutina normal en la mañana es levantarse a las 7 am, salir a caminar, asistir al culto religioso a las 8 y empezar tutoriales a las 9. Siente que toda su vida sigue siendo estudiante en la escuela de la oración. Sus escritos testifican de la importancia que la oración reviste para él y las dificultades que le generan la promesa, por una parte, de que hemos de obtener todo cuanto pidamos por fe, y la exigencia, por otra, de orar según la voluntad de Dios, para que nuestras peticiones tengan respuesta. Se maravilla con respuestas milagrosas a la oración y se confunde con la oración que aparentemente no surte efecto.

La intercesión ocupa un lugar importante en su vida y alguna vez comenta que el final de la tarde resulta su mejor tiempo para la oración intercesora.

            - Profundiza en la Escritura, con la ventaja de tener un conocimiento excelente del griego clásico. Lamenta no manejar el hebreo. De pronto esta falla explica porque, a juicio de este servidor, su mente se inclina más por una vertiente platónica que por una mentalidad hebrea, veterotestamentaria, en su lectura de la Biblia.

Se informa de las polémicas alrededor de la teología liberal y modernista, y especialmente de la Crítica Bíblica. Lewis no es teólogo y no faltan quienes le dicen "zapatero a tus zapatos". Gracias a Dios, Lewis no les hace caso. No hay teólogo en Gran Bretaña en todo el siglo 20 que tenga una influencia comparable a la de Lewis, particularmente en la defensa de la fe histórica.

Sus mayores contrincantes son los teólogos liberales. Dice Lewis: "Realmente pienso que en nuestros días la gente 'no-dogmática' y 'liberal' que se llama cristiana es la gente más arrogante e intolerante. Yo puedo esperar justicia y aún cortesía de ateos y mucho más de parte de católicos romanos, pero de los modernistas tengo que aguantar amargura y rencor como cosa natural."[8]

Para quienes han tomado el Certificado en Teología para Profesionales Cristianos (del FUSBC) – aquí tienen el caso por excelencia de un profesional cristiano, un académico y hombre de letras, que logra llenar el vacío dejado por los teólogos en cuanto a la orientación de la grey del Señor.

La Crítica Bíblica es un caso aparte porque, siendo experto en literatura, Lewis es un crítico literario. Cuando comenta sobre las teorías descabelladas (pero casi universalmente aceptadas) de los críticos bíblicos, su división del Pentateuco y de Isaías entre múltiples autores o fuentes, él ya conoce el fenómeno por haberlo encontrado en algunas teorías sobre Homero y las obras de Shakespeare, teorías que gozaron un auge breve y luego pasaron al olvido.[9]

Siendo que las iglesias evangélicas en América Latina apenas están empezando a sentir el impacto de la Crítica Bíblica (en buena parte por los oficios amables de las Sociedades Bíblicas Unidas) y siendo que el medio católico en que nos encontramos está todavía en su primer amor con respecto a esta Crítica, los comentarios pertinentes (y demoledores) de Lewis sobre la práctica y los resultados de la Crítica Bíblica deberían ser lectura obligatoria para todo joven que inicia sus estudios teológicos y bíblicos.[10]

            - Un dato nuevo – por lo menos para este servidor – que saqué del libro de Dorsett es que Lewis, durante 12 años tiene un director espiritual. Es el religioso Walter Frederick Adams de la Sociedad (anglicana) de San Juan el Evangelista. Adams había dejado su ministerio en una parroquia para hacerse misionero con dicha sociedad, que funciona básicamente como una orden religiosa católica con votos de pobreza, celibato y obediencia. Ya tiene 71 años cuando Lewis lo busca por primera vez en 1940.

Se reúnen por lo general una vez por semana. Para Lewis, Adams es confesor y consejero espiritual. Es un contrapeso importante para una persona dedicada a una carrera intelectual. Lewis está consciente de su necesidad por crecer en santidad, por tener un conocimiento experiencial y una comunión profunda con Dios. La relación es clave porque justamente en los años '40 Lewis gana en fama y encuentra que más y más personas lo buscan a él para orientación espiritual. La relación lo confirma en su amor a la liturgia y en su disciplina devocional.

Lewis tiene la humildad de reconocer su propia necesidad de alguien ante quien rendir cuentas en forma frecuente.

            - Sin embargo, la medida del hombre se percibe en una disciplina que hoy en día es casi obsoleta.

Cuando Lewis empieza a adquirir fama por sus publicaciones y sus charlas por radio (es decir durante la Segunda Guerra Mundial), va recibiendo un flujo creciente de correspondencia: centenares de cartas cada semana, de todo el mundo, con preguntas teológicas, necesidades pastorales, tragedias personales – cartas de personas que buscan la orientación de Lewis para sus inquietudes personales y teológicas. Y Lewis, desde un principio, se compromete a contestar toda carta de su propio puño y letra. (Pertenece a aquella generación que considera que es una falta de cortesía escribir una carta a máquina.)

Resulta una obra sacrificial por el volumen de cartas que llega. Ya hemos visto que no le sobra tiempo para cumplir con todas las obligaciones que tiene y también producir las obras literarias que fluyen de su pluma en forma constante.

A nosotros nos resulta difícil entender esta actitud. Si nos encontramos con una vida profesional ocupada y además vemos éxito en nuestra labor literaria, es fácil argumentar que tales actividades y compromisos deben tener prioridad por encima de otras demandas sobre nuestro tiempo. Nuestro compromiso con los lectores sería una excusa perfecta para no contestar las cartas de lectores individuales.

Para Lewis es una disciplina cristiana. Es su forma de dar y por tanto una parte del camino de la santidad. El tiempo que toma para animar a otros es una forma de humildad en cuanto al propio talento, delante del Señor, y es un ministerio del Espíritu Santo en la misma medida que lo es escribir un libro.

Cuando un corresponsal le dice (después de haber recibido cartas de él por 10 años) que no tiene derecho a quitarle tiempo valioso, Lewis contesta que no se preocupe y dice que todo ser humano, y aún más, todo cristiano, tiene un derecho absoluto sobre él por cualquier servicio que le pueda brindar sin desatender otras responsabilidades. Y la correspondencia con esta alma atormentada sigue por 19 años más.

Lewis siente vivamente la carga de este compromiso y lucha con la pregunta de porqué Dios permite que todo ese tiempo se invierta en cartas, cuando podría estar escribiendo libros. Es obvio que nunca anticipa lo que sucede después de su muerte cuando sus cartas empiezan a coleccionarse y publicarse como libros, multiplicando así la bendición que representaban para sus recipientes originales.

Para mí, esta sola práctica dice más sobre la calidad del hombre que los múltiples testimonios sobre su humildad, su sencillez, las fundaciones caritativas que establece con las regalías de sus libros, etc.

Debo decir también que Uds. han aprendido más sobre la vida cristiana personal de Lewis en estos 10 minutos de lo que yo aprendí en 30 años de leer sus libros. Lewis era un hombre muy privado. Aunque escribe autobiografías parciales y siempre comparte cosas de su vida y trabajo en sus libros, no divulga información sobre su vida interior y su relación con el Señor. Sólo una investigación concienzuda como la de Dorsett, pudo sacar a luz un cuadro tan completo sobre la vida cristiana de Lewis.

            - Es propio decir que Lewis paga un precio por su defensa pública de la fe cristiana. Es evidente que sus colegas, y aún sus amigos, se sienten incómodos con la fama que va adquiriendo, no como experto de literatura inglesa, sino como apologeta cristiano.

Cuando Lewis dedica el libro Cartas a un Diablo Joven (o Cartas del Diablo a su Sobrino) a su amigo Tolkien, la reacción de éste es que Lewis no tiene porque meterse en tales temas siendo que no goza ningún entrenamiento teológico.[11]

Hay evidencia que Lewis, en diferentes oportunidades, pierde la oportunidad de obtener un profesorado por su fama de evangelista. Es muy diciente que un hombre tan brillante, reconocido como la mayor autoridad sobre la literatura inglesa del siglo 16, tenga que esperar hasta los 50 años para ser nombrado – en otra universidad – como profesor.[12]

3. Factores que contribuyen a su éxito como escritor

En la película Descubriendo a Forrester, tenemos una observación interesante sobre escritores y académicos. El viejo autor, Forrester, afirma que aquellos que no logran el éxito como autores se dedican a la academia, para enseñar a otros cómo escribir. El caso de Lewis es un ejemplo de lo contrario. Es justamente por ser académico, por enseñar literatura, por enseñar a otros a leer y escribir (en los tutoriales) que Lewis desarrolla sus habilidades como escritor. Está inmerso en la literatura, y de allí sale su propia obra literaria.

Su educación consiste en leer libros. Cuando se encuentra con un tutor privado, su trabajo es leer y analizar libros. Lee con la misma facilidad y gusto textos del siglo 16 – con su inglés anticuado – que las grandes novelas del siglo 19.

Toda su vida es lector. Sus amigos y colegas se asombran con su conocimiento de todo libro que sale de la prensa. Y conste que su lectura resulta rigurosa. Anota sus textos en la margen y procura resumir cada capítulo en un párrafo extenso. Además considera que un libro que no se vuelve a leer, no vale la pena leer la primera vez. En su opinión, uno no puede comentar sobre un libro antes de haberlo leído varias veces.

Su profesión significa que es crítico literario, es decir que tiene que saber evaluar libros y enseñar a otros cómo hacerlo. Tenemos de su pluma reseñas de novelas y obras contemporáneas (incluyendo reseñas del Hobbit y de las diferentes partes del Señor de los Anillos). Su propia experiencia de ser autor y tener que leer las reseñas de los críticos sobre sus obras, le sirve para aclarar la tarea y las obligaciones del crítico. Es obvio que Lewis no tiene un concepto muy alto del promedio de los críticos.[13]

Tiene que luchar con preguntas sobre la intención (del autor) y el significado (del libro).[14] La distinción es interesante por cuanto distancia a Lewis del concepto interpretativo de muchos exegetas bíblicos y lo conecta con corrientes de crítica literaria recientes.

Para Lewis "el significado de un libro es la serie o sistemas de emociones, reflexiones y actitudes que [nos] produce la lectura".[15] Considera que un autor no es necesariamente el mejor juez para hablar del significado de su obra. La monografía La Experiencia de Leer: Un Ejercicio de Crítica Experimental (An Experiment in Criticism) es justamente el intento de fundamentar la crítica literaria en el lector del libro.

Lewis narra en su autobiografía Cautivada por la Alegría (Surprised by Joy) que estaba imaginando mundos fantásticos desde su niñez. Tanto las Crónicas de Narnia como la trilogía de ciencia ficción revelan la capacidad de Lewis para crear un mundo imaginario.

Cuando se le pregunta sobre el origen de algún concepto – como el origen del mundo de Narnia o del león Aslan – contesta que hubo alguna imagen, algún cuadro en su mente, de pronto en un sueño, que le había dado la idea inicial que luego supo construir en una fantasía completa. Es evidente que tiene una imaginación sumamente fértil.

4. Aportes de Lewis

Ahora quisiera compartir con Uds. observaciones y consejos sacados de Lewis que puedan ser aportes y estímulo para los que pretendemos ser escritores. Ya que Lewis no escribió concretamente para orientar a escritores, se trata aquí de una colcha de retazos recogidos de diferentes partes de su obra y mis reflexiones sobre tales retazos.

            - ¿Cómo justificar una vida dedicada a las letras?

En diversas oportunidades, Lewis intenta rendir cuentas y contestar la pregunta ¿qué hace un cristiano dedicando su vida profesional a intereses culturales y, particularmente, literarias.

Tenemos por lo menos dos reflexiones extensas de su mano sobre el tema.[16] No fue su conversión, sino más bien el inicio de la Segunda Guerra Mundial que le obligó a enfrentar la pregunta.

La primera reflexión ("Learning in War-time") es un sermón predicado ante la universidad en diciembre de 1939, y resulta una justificación de la tarea de una universidad en tiempos de guerra. ¿Por qué preparar filósofos, científicos, eruditos (scholars), críticos o historiadores cuando, de pronto, no habrá oportunidad de terminar el trabajo (Lewis había interrumpido sus estudios en la Primera Guerra Mundial para irse a las trincheras en Francia) y cómo justificar nuestra dedicación a ocupaciones tan placenteras y pacíficas cuando la vida de amigos y las libertades de Europa están en el balance?

Después de levantar la pregunta a la luz de la crisis europea del momento, levanta la pregunta más duradera, la pregunta para el cristiano: ¿es justo, incluso es posible sicológicamente, para cristianos que están conscientes de estar progresando en todo momento sea hacia el cielo, sea hacia el infierno, dedicar una fracción del poco tiempo que se nos permite en este mundo a cosas tan triviales como literatura o arte, matemática o biología? La guerra no crea una situación nueva, apenas pone de relieve lo que siempre es verdad: vivimos al borde del precipicio.

Ahora perciben la razón porque quiero incluir esta reflexión aquí. No estamos en guerra, pero nos encontramos con otros imperativos que parecen trivializar nuestra dedicación al escribir, y más cuando hemos hecho del arte, de la literatura o de la cultura en general nuestra profesión. Para el mundo no-creyente la realidad absoluta es la realidad económica y el imperativo categórico de dedicarnos a la creación de prosperidad, personal y colectiva. Nuestras universidades no existen ya para la promoción del conocimiento, la reflexión y la erudición. Existen en función de las metas económicas de la nación. (No digo más o nunca volveremos a Lewis.)

Y por parte del cristianismo tenemos un imperativo similar: sólo aquello que aporta al reino de Dios, a la salvación de almas, al ministerio de la iglesia – tiene valor. Nuestros amigos no-cristianos nos miran con algo de comprensión: "El pobre muchacho piensa escribir un bestseller", pero nuestros amigos cristianos nos preguntan, sin comprensión, cómo justificamos el tiempo que le dedicamos a escribir.

Lewis nos recuerda que la cultura es parte de lo que significa ser humano. Y el cristiano no deja de ser humano. En forma práctica observa que la persona que procura dejar a un lado toda actividad intelectual y estética, sólo logrará sustituir la buena cultura con una cultura peor. Si no vas a leer libros buenos terminarás leyendo libros malos (no había TV todavía). Si no quieres pensar de manera racional, vas a pensar de manera irracional. Si rechazas la satisfacción estética caerás en la satisfacción sensual.[17]

Lewis fundamenta su respuesta a la pregunta original en Primera de Corintios 10:31, "Si pues coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios". Dice: "Todas nuestras actividades meramente naturales serán aceptas si se ofrecen a Dios, aún las más humildes; y todas serán pecaminosas, aún las más nobles, si no lo son. El cristianismo no sustituye nuestra vida natural por una vida nueva: es más bien una nueva organización que aprovecha, para sus propios fines sobrenaturales, esos materiales naturales."[18]

Rechaza la idea de que actividades culturales tengan algo de espiritual o meritorio en sí: "La obra de un Beethoven y el trabajo de una empleada, se vuelven espirituales bajo la misma condición, de que se ofrecen a Dios, de que se hacen humildemente 'como para el Señor' [Col. 3:23]".[19]

Y no hemos de sentirnos culpables si no podemos sacar alguna "edificación" de nuestra búsqueda por el conocimiento o la belleza. Es por humildad que nos podemos concentrar en el conocimiento y la belleza como tales, sin siempre tener que preguntarnos qué contribuyen a la visión de Dios.

Con estas observaciones, Lewis considera que ha encontrado una justificación para su propia dedicación a la vida académica: "La vida intelectual no es el único camino a Dios, ni el camino más seguro, pero es un camino y puede ser el camino propio para nosotros."[20] Lewis no está ciego en cuanto a los peligros del amor al éxito y a la fama que se nos presentan en la vida académica y cultural, pero dice que renunciar a la vida intelectual puede ser una traición de nuestros hermanos más humildes que dependen de nosotros para sus defensas frente a los ataques intelectuales contra el cristianismo. Aquí es obvio que Lewis piensa en su propio papel (cuando a la hora de predicar este sermón apenas ha iniciado su rol de apologeta cristiano). La buena filosofía debe existir, aunque fuera no más porque existe la mala filosofía.

Para Lewis, como erudito de la cultura y como educador, el estudio del pasado tiene una importancia práctica. El estudio de la historia nos permite cuestionar las presuposiciones comunes de nuestro tiempo y compararlas con las ideas de otras épocas. Nos permite ver lo relativo de aquello que se nos presenta como absoluto.

La otra reflexión, "Christianity and Culture" (Cristianismo y Cultura), es más personal y gira alrededor de la pregunta cómo justificar la dedicación de su vida a la cultura (es decir la actividad intelectual y estética). Es interesante porque evalúa todas las defensas (cristianas y no-cristianas) de la cultura que se han dado hasta su tiempo, así como los cuestionamientos cristianos de la cultura.

No podemos profundizar en el tema aquí pero es notable cómo Lewis aterriza después de mirar las teorías más exaltadas y pomposas sobre el tema:

  1. Tengo que ganarme el pan. Y si la cultura no es mala en sí, puedo ganarme el pan con ella.
  2. El abuso de la cultura ya existe y continuará independiente de si los cristianos se meten o no en la cultura. Entonces es bueno que la cultura incluya unos cuantos cristianos también.
  3. La cultura da placer y tal placer es legítimo si no va en contra de la ley moral.

Luego hace un estudio de los valores que encontramos en la literatura, que muchas veces no son valores cristianos propiamente pero sí mejores que las de la sociedad en general. Menciona el honor, el amor romántico, la prosperidad material, la contemplación panteísta de la naturaleza, la añoranza, la liberación de los impulsos. Manifiesta sus reservas más pronunciadas con respecto a la prosperidad material y la liberación de los impulsos.

Es en este contexto que Lewis ofrece su valoración más positiva de la cultura:

            - La cultura puede ser una preparación para la conversión, porque la cultura nos permite apreciar que la realidad es extraña, es compleja. Así la cultura puede quitar obstáculos para la fe.

            - La persona que vive sin cultura vive en una habitación sin ventanas.

            - La cultura es legítima para el cristiano porque le es permitido disfrutar de la luz de la luna aún a sabiendas que no es más que un reflejo de la luz del sol.

            - ¿La posibilidad de una literatura cristiana?

En medio de esta justificación del hombre de letras, encontramos una cita de Newman que niega la posibilidad de una literatura cristiana.[21] Y esto sí nos levanta preguntas.

Lewis mismo profundiza en este tema en una charla de 1939 sobre Fe Cristiana y Literatura ("Christianity and Literature"[22]). Dejando a un lado la literatura bíblica, él dice: "literatura escrita por cristianos para cristianos tendría que evitar deshonestidad, crueldad, blasfemia, pornografía y cosas por el estilo, y procuraría la edificación en la medida que la edificación fuera propia para la obra entre manos. Pero sea lo que fuera lo que se procurara hacer, tendría que hacerse por los medios comunes a toda la literatura; tendría éxito o fracasaría por las mismas excelencias o las mismas fallas de toda literatura; y su éxito o fracaso literario nunca equivaldría a su obediencia o desobediencia a principios cristianos."[23]

Pero luego de negar la posibilidad de una literatura cristiana, ofrece unas sugerencias sobre el acercamiento cristiano a la literatura: "sobre los principios… de una teoría literaria y una crítica cristianas."[24]

A continuación Lewis sugiere un contraste entre las ideas comunes en la crítica literaria de su tiempo y las ideas del Nuevo Testamento. Como ejemplos de aquellas dice: "¿Cuáles son las palabras claves de la crítica moderna? Creativa, con su antónimo derivado; espontaneidad con su antónimo convencionalidad; libertad contrastada con reglas… [T]enemos un cuadro general de trabajo malo que fluye del conformismo y seguimiento [de alguna escuela], y buen trabajo que estalla de algunos centros de fuerza explosiva – aparentemente una fuerza auto-generadora – que llamamos hombres de genio."[25]

Luego Lewis comparte unas reflexiones sobre la jerarquía que existe en el universo y termina con unas citas del evangelio de Juan donde Jesús dice (Juan 5:19), que el Hijo sólo hace "lo que ve hacer al Padre". Lewis conecta esta frase con la imagen sugestiva del joven Jesús en el taller de carpintería de José, aprendiendo a hacer las cosas de su "padre".

Lewis sugiere que el Nuevo Testamento nos plantea un modelo de vida que se centra en la imitación – no en la creatividad, originalidad y espontaneidad valoradas por la crítica moderna. "Nuestro destino está… en llegar a ser espejos limpios llenos de la imagen de un rostro que no es el nuestro."[26]

Esto significa que el principio fundamental de toda teoría crítica es que "un autor nunca debe mirarse a sí mismo como produciendo una belleza y sabiduría que antes no existía, sino simple y llanamente como procurando incorporar, en términos de su arte, algún reflejo de Belleza y Sabiduría eternas."[27]

El mismo Lewis reconoce la afinidad de este pensamiento con elementos del concepto griego de la poesía, de la doctrina de las formas de Platón y, de manera más remota, con conceptos de Aristóteles y Agustín. Aquí hay mucha tela para cortar y espacio para mucho debate.

La conclusión que saca Lewis es que el autor cristiano no pondrá su persona o experiencia como central; sólo servirán como vehículo para comunicar aquello que trasciende. La importancia, la solemnidad y la profundidad no provienen del autor o de su arte literaria, sino de su tema. Literatura no vale por sí misma sino por aquello que comunica. Como dice Lewis: "los mejores poemas fueron escritos por hombres que valoraron otra cosa como mayor que la poesía misma."[28]

            - Literatura de calidad y literatura "barata".

Juntamente con estos comentarios debemos decir algo brevemente en cuanto a un tema recurrente en Lewis: la diferencia entre libros buenos y malos, o, si prefieren, la pregunta perenne sobre qué es y qué no es literatura.

El título de una de sus reflexiones sobre el tema: "High and Low Brows"[29] (literalmente: frente alta y frente baja) resulta difícil de traducir. Trata de la distinción que hace el público educado entre libros de calidad y libros "baratos".

Y aquí tropiezo con una dificultad con la que lucho desde hace más de 20 años. Permítanme plantearla como una pregunta: ¿Cuál es la literatura barata en español? – no en traducción, sino escrita en español.

Cuando llegué a Colombia y empecé a conocer las librerías busqué libros baratos (tanto en el sentido económico como en el sentido literario – que todavía nos falta por definir) y no pude. Ya en Costa Rica, cuando estaba apenas aprendiendo el idioma me lancé a leer Cien Años de Soledad, porque García Márquez acababa de recibir el premio Nobel y era posible obtener el libro a un precio módico. A pesar de mi pobre vocabulario el libro me cautivó. Preciaba el haber encontrado un poeta escribiendo poesías en prosa – y no había escuchado todavía el término realismo mágico. Pero la lectura exigía. No era cosa para uno sentarse al final de un día trajinado y leer para descansar.

[Este es el momento en que los puristas ponen el grito al cielo. ¿Conocen la respuesta de Antonio Caballero cuando le preguntaron en una entrevista qué música escuchaba para descansar? Contestó que no escuchaba música para descansar sino que escuchaba música para escuchar música.]

Obviamente que estoy aprovechando aquí mi estatus de extranjero. Si dijera estas cosas como colombiano me matarían a patadas, pero ya que se trata de los descaches de un pobre gringo despistado…

Y parte del problema era definitivamente el ajuste a otro idioma. No tengo un dato exacto pero es incuestionable que el vocabulario del español es mucho más amplio que el del inglés (especialmente el de uso común) y del holandés (que es mi lengua materna).

Si Uds. miran los libros que se traducen al español, los libros que se venden en los kioscos de aeropuertos internacionales, verán lo que quiero decir. En inglés existe una literatura inmensa sin pretensiones literarias. Las novelas policíacas de Agatha Christie, los "Perry Mason" de Erle Stanley Gardner, las novelas románticas de Georgette Heyer, el humor de P. G. Wodehouse, los thrillers de Helen McInnes, así como la gran mayoría de lo que sale en listas de bestseller. Cuando le otorgan un doctorado honorario a Wodehouse en la universidad de Oxford en 1939 los literatos se alborotan. Para Lewis Wodehouse está definitivamente en la categoría de literatura barata[30] y no es imposible que la reflexión que mencionamos ("High and Low Brows") se escribiera con ocasión de este evento, ya que se publicó en el mismo año.

Yo busqué esta literatura barata en español y no pude encontrarla. Y cuando me mandaron a leer Don Simeon Torrente y El Delfín de Absalom Becerra, me encontré con la misma ira (aunque mejor disfrazada) que la de Eduardo Galeano en Las Venas Abiertas de América Latina. No era exactamente literatura de relajo.

Lo curioso es que el mismo fenómeno (es decir la falta de una literatura barata) se da en Holanda y en Francia. (¿Será que es por el mercado masivo que tiene el inglés?)

No faltan los Daniel Samper – y en Colombia me he encontrado con joyas como los cuentos de Tomás Carrasquillo y María de Jorge Isaacs que son mucho más asequibles que los cuentos de Jorge Luis Borges – pero falta toda la "cultura" de una literatura barata de público masivo. (Y no es que faltan lectores. Aquí en Colombia, de pronto, resultan bajos los índices de lectura y compra de libros, pero acaban de contarme que Argentina empezó a salir de su crisis económica de estos últimos años por la compra de libros y música – parece que los bonaerenses pueden vivir sin comida, pero no logran vivir sin libros.)

El punto a donde quiero llegar con estas hilvanaciones es el concepto de Lewis sobre la distinción entre literatura de calidad y literatura barata. Observa que la literatura seria de determinada generación muchas veces es la literatura barata de una generación anterior.[31]

Jane Austen publicó sus novelas al tiempo que estaba en su auge el poeta Byron. En aquel tiempo los lectores de Jane Austen escondían el libro debajo del sofá cuando alguien entraba al cuarto, y los poemas de Byron eran comentados en las reuniones de la alta sociedad. Hoy se escriben disertaciones sobre Austen, cuyas obras se consiguen en cualquier librería de esquina y uno solamente lee a Byron si está matriculado en un curso de literatura inglesa.

Charles Dickens y Alejandro Dumas escribieron sus novelas en episodios semanales para revistas de consumo masivo. Anthony Trollope escribió sus novelas de la misma forma, y cuando se encontraba con lectores a quienes no les gustaba cierto personaje de la novela, mataba al personaje en el episodio siguiente. Lejos de esperar angustiosamente la inspiración de la musa, Trollope tenía la disciplina personal de no desayunar hasta escribir 2500 palabras de la obra en que estuviera trabajando.

Dice Lewis: "La gran mayoría de los libros que hoy se consideran literatura de calidad se escribieron originalmente como puro entretenimiento para fines comerciales."[32]

En 1946 vuelve al tema en "Gustos Diferentes en la Literatura" ("Different Tastes in literature"[33]) para enfrentar el dilema que, por una parte, no logramos eliminar la idea que en el arte ciertas preferencias son mejores que otras y que, por otra, no existen criterios objetivos para decidir la diferencia. Aquí Lewis sugiere unos criterios prácticos, como la re-lectura.[34] Si no vale la pena volver a leer un libro, tampoco vale la pena leerlo la primera vez. Dice que disfrutamos los libros por la imaginación que generan en nosotros. Habla de que un buen libro produce gozo – un término muy particular de Lewis conectado con su definición de romanticismo. Gozo, o alegría, tiene que ver con añoranza, algo que responde a una necesidad y una búsqueda muy profunda dentro de nosotros, algo que nos produce gozo en el sólo desearlo y vislumbrarlo – aún si en esta vida está fuera de nuestro alcance.

Lewis sugiere que libros inferiores no tienen la capacidad de perturbarnos y obsesionarnos/perseguirnos ("to haunt us"). Dice Lewis: "Sigo convencido que aquello que nos arrebata y nos transporta siempre es bueno."[35]

No son criterios transcendentales pero reglas prácticas que nos pueden servir.

En estas reflexiones sobre la diferencia entre literatura de calidad y literatura barata, Lewis toca el tema del "estilo", observando que algunos lectores distinguen entre ambas por el estilo. Según Lewis, la persona que maneja así el criterio de estilo "tiene una concepción radicalmente equivocada de estilo. Lo mira, no como un medio lingüístico por el cual el autor produce los resultados que desea, sino como un extra, como una pedantería innecesaria adicionada al libro, para satisfacer algún gusto 'literario' o 'crítico' especial que no tiene nada que ver con los deleites normales de la imaginación."[36]

Esta observación nos sirve de puente para ver algunos consejos que Lewis ofrece a los autores.

            - En general, como dijimos, Lewis se abstiene de dar consejos a otros autores.

"No sabría cómo aconsejar a un hombre a escribir. Es asunto de talento y de interés. Creo que debe estar fuertemente motivado si ha de llegar a ser escritor. Escribir es como una ansia [la palabra que usa Lewis es lust: lujuria o concupiscencia] o como rascar donde a uno le pica. Escribir se da como resultado de un impulso fuerte y, cuando se da, yo por lo menos tengo que darle expresión."[37] (Nos hace pensar en las palabras mucho más fuertes de la autora francesa Marguerite Duras: "Escribir no es una alternativa a una vida normal, es una alternativa al suicidio.")

Las palabras se dan en el contexto de una entrevista (realizada en el año 1963, el año de su muerte) con un representante de la Asociación de Billy Graham. La entrevista fue publicada en la revista Decision. El entrevistador obviamente quiere sacar de Lewis unas palabras de ánimo para motivar a autores cristianos: "Profesor Lewis, si tuviera un amigo joven con algún interés en escribir sobre temas cristianos, ¿cómo le aconsejaría a prepararse?"[38]

Lewis: "Diría que si una persona va a escribir sobre química, debe aprender química. Lo mismo es cierto en cuanto a la fe cristiana."[39] Y luego da sus razones de por qué no se atrevería a aconsejar a alguien a escribir – las palabras que citamos arriba.

Pero el entrevistador no se desanima: "Puede Ud. sugerir un acercamiento que podría prender la chispa de creación de un cuerpo de literatura cristiana suficientemente fuerte para influenciar nuestra generación?"[40]

Y Lewis contesta: "En estos asuntos no hay fórmula. No tengo receta, no hay tablas [de la ley]. Escritores se entrenan en tantas formas individuales que no nos corresponde a nosotros poner criterios."[41]

Y la entrevista sigue así: Lewis negándose a dar las respuestas y las recetas que el entrevistador le pide. Más adelante, Lewis, con la misma cortesía imperturbable se niega a decir que su conversión fue un momento de decisión – es decir que se niega a acomodarla a la teología evangelística de Billy Graham.

No quiero dejarles con la impresión equivocada de que Lewis no tuviera simpatías con Billy Graham y sus campañas. Todo lo contrario. Le tenía mucho aprecio. Varias veces lamenta las limitaciones de su propio papel como apologeta cristiano y expresa el deseo de poder trabajar en tándem con un evangelista. Mientras él quitara muchos de los obstáculos intelectuales que la gente tiene frente a la fe cristiana, el evangelista podría llevar el mensaje directamente al corazón de la gente.[42]

Pero aún si Lewis no quiere asumir el papel de gurú, ni orientar a nuevas generaciones de escritores, el solo hecho de ser un estudioso de la literatura, un autor (que escribió su primera obra a los 8 años) y un crítico literario, hace inevitable que tenga opiniones técnicas sobre la tarea de escribir.

            - Estilo.

Dentro de la misma entrevista citada, Lewis termina por ceder ante la presión del entrevistador y da respuesta a la pregunta: "¿Cómo sugiere que un joven escritor cristiano ha de desarrollar un estilo?"[43] Lewis tiene opiniones tan fuertes sobre el punto que no puede contenerse:

"La manera de alguien desarrollar un estilo es (a) saber exactamente lo que quiere decir y (b) asegurarse de decir exactamente eso. El lector, debemos recordar, no sabe de antemano lo que queremos decir. Si nuestras palabras son ambiguas, nuestro significado se le escapará. A veces pienso que escribir es como guiar ovejas por un camino. Si hay alguna entrada abierta a diestra o a siniestra, el lector ciertamente se desviará por ella."[44]

El estilo literario del propio Lewis es una ilustración perfecta de su sugerencia. Es limpio, nítido, económico y engañosamente sencillo. O, para citar el juicio de otro: "Simple, preciso, con un ritmo conversacional (Lewis siempre estaba escribiendo para el oído), tan íntimo como la ocasión permitía y muy vívido."[45]

Aquí está parte de la razón porque soy admirador de Lewis. (Uds. no vinieron para escuchar mis gustos literarios personales – ya saben que me inclino por la literatura barata – pero recuerden que Don Fernando me dio completa libertad.) Me cuesta valorar aquellas obras donde uno siente desde la primera página que el autor está conscientemente creando una obra de arte. Y aprecio muchísimo a aquellos autores que tienen un estilo transparente. Un Enrique Santos, un Daniel Samper – que no parecen tener ningún estilo literario, tan bien escriben.

Por accidente descubrí algún día cuán difícil es este arte. En un memo para mis colegas de la Facultad decidí transcribir un párrafo sobre el liderazgo. El autor es un autor humorístico norteamericano (Pat McManus) de cuyas obras yo disfruto y que un hijo mío lee como devocional. Pero la transcripción del párrafo me permitió ver la nitidez y la economía del estilo literario del autor. Si alguien me hubiera preguntado antes sobre su estilo no hubiera tenido respuesta. Ahora pude ver que este escrito era una obra maestra. No sobraba ni una palabra. Para cada palabra usada y en cuanto a la estructura de cada oración, era imposible pensar en otro término, otra estructura que hubiera servido para comunicar mejor su sentido.

            - El escritor como artesano

Esto va muy bien con el elogio que pronuncia Lewis luego de la muerte de la autora Dorothy Sayers. En el elogio y en las palabras que cita de la autora misma, Lewis plantea el concepto del escritor como artesano: "Ella es ante todo la artesana [craftsman] y la profesional. Siempre se vio a sí misma como alguien que había aprendido un oficio [trade], lo respetaba y exigía respeto de otros."[46]

"Ella procuraba ser, y era, a la vez entertainer popular y artesana concienzuda; como (en su categoría) Chaucer, Cervantes, Shakespeare o Molière. Tengo la idea de que, con pocas excepciones, sólo es este tipo de escritores que importa al final del día."[47] Y luego cita las palabras de la autora frente a las críticas que recibió por su drama de la vida de Cristo (El hombre nacido para ser rey):

"Se suponía que mi objetivo al escribir era 'hacer bien'. Pero eso no era mi objetivo, aunque si era, correctamente, el objetivo de quienes me comisionaron a escribir el drama. Mi objetivo era contar la historia lo mejor que pude, dentro del medio a mi disposición – en breve, hacer la mejor obra de arte que pude. Porque una obra de arte que no es bueno y verdadero como arte no es ni bueno ni verdadero en ningún otro respecto."[48]

En otra parte Lewis compara el arte de escribir con "carpintería, jugar tenis, orar, hacer el amor, cocinar y administrar".[49] Lewis conscientemente rechaza la idea de inspiración del autor.[50] Desde los antiguos griegos ha existido la imagen del artista inspirado por su musa. El romanticismo del siglo 19 resaltó el artista como hombre inspirado. Lewis rescata la idea del autor como artesano.

Lean lo que dice Gabriel García Márquez sobre el proceso de escribir, volver a escribir, corregir, pulir y revisar interminablemente, y verán el trabajo del artesano, del profesional.

Yo empecé mi carrera de escritor a los doce o trece años, bajo la clara influencia del romanticismo. Cambiar o corregir lo que había escrito era un sacrilegio, era poner en tela de juicio la inspiración que me había movido. La visión romántica resultaba especialmente atractiva porque también era muy perezoso y no quería convertir el deleite de escribir en un trabajo exigente.

La película Shakespeare apasionado opta por el modelo romántico: el artista necesita una musa, un amorío, para poder escribir. Y cuando está profundamente enamorado, las hojas de texto fluyen de su pluma sin esfuerzo alguno.

Descubriendo a Forrester tiene más referencias a la artesanía de escribir y el trabajo arduo de revisar, corregir y pulir. Allí el problema es que se da la impresión que sólo se trata de sentarse tras la máquina de escribir y tocar teclas.

Un relato detallado del proceso de escribir las Crónicas de Narnia,[51] revela cuánto tiempo le costó a Lewis iniciar estas novelas, desarrollar la historia, descartar tramas. La imagen del escritor artesano, carpintero, nos acerca más a la verdad que la imagen romántica del genio inspirado.

            - ¿Más libros cristianos o más libros por cristianos?

La entrevista que citamos revela la renuencia de Lewis en anunciar al mundo entero cuánto necesitamos a escritores cristianos para crear "un cuerpo de literatura cristiana para influenciar nuestra generación".[52] Su propia humildad le impedía ver el impacto que sus escritos tendrían. Pero es posible que también quería evitar lo que efectivamente sucedió.

Si Uds. miran hoy un catálogo de libros cristianos publicados en Estados Unidos, verán que sí se ha hecho el intento de crear un cuerpo de literatura cristiana. Un sinfín de autores ha intentado copiar las fantasías de Tolkien, los libros para niños de Lewis, los clásicos de George McDonald y Louisa M. Alcott, con éxito muy indiferente y con el mensaje cristiano a flor de piel.

Tengo que controlarme aquí para no entrar en una crítica general de la tendencia en círculos evangélicos norteamericanos de crear una subcultura evangélica, como cultura alternativa a la dominante. El gran logro de Tolkien, Lewis y otros autores cristianos es justamente penetrar en la cultura general. Imagínense que Cartas a un diablo joven y Cristianismo y nada más eran bestsellers en su tiempo.

Lewis estaba tan consciente como nadie respecto a la tendencia anti-cristiana de la cultura general: "Todo periódico, película, novela y libro texto socava nuestra labor."[53] Pero su respuesta es: "Debemos atacar las líneas de comunicación de nuestro enemigo. Lo que necesitamos no son más libritos sobre la fe cristiana, sino más libritos escritos por cristianos sobre otros temas – donde el cristianismo es latente."[54]

Y da un ejemplo desde el otro lado:

"No son los libros en defensa directa del materialismo que hacen que el hombre moderno sea materialista; son las presuposiciones materialistas en todos los demás libros. De la misma manera, no serán los libros sobre la fe cristiana que le van a perturbar. Se va a perturbar si, cada vez que quiere encontrar una introducción popular a alguna ciencia, encuentra que la mejor obra en el mercado es escrito por un cristiano."[55]

Las observaciones se hacen en medio de un discurso sobre Apologética Cristiana ("Christian Apologetics"[56]) donde la preocupación mayor de Lewis es cómo presentar el mensaje perenne en el lenguaje particular de nuestro tiempo.

            - Cuidado con las moralejas y la edificación

Esta preocupación estratégica de Lewis explica por qué aconseja al novelista no sacar moralejas ni intentar ser edificante: "Si la historia es buena normalmente tendrá un mensaje moral; por sí mismo, sin ninguna manipulación didáctica por parte del autor en el nivel consciente."[57]

Lewis afirma que el público desconfía de libros morales y dice que "la moralidad ha dañado la literatura con bastante frecuencia."[58] No es nuestro deber hacer todo edificante.[59] Si pensamos en otra rama del arte, la cosa parece obvia: ¿Acaso un músico cristiano tiene que escribir sinfonías edificantes?

El debate no se da apenas en el campo de la literatura. Llevo un buen tiempo discutiendo con un estudiante del seminario que se siente atraído por la cinematografía. Nuestra pelea es sobre la pregunta ¿qué es cine cristiano? El está pensando en una película con un mensaje transparente. El tipo de película que se puede mostrar en una campaña evangelística.

Y necesitamos tales películas – de la mejor calidad. La primera semana de este mes nos divertimos en clase de Torá con unos dramas basados en el libro de Génesis, la historia de los patriarcas. El propósito era mostrar que se puede comunicar un mensaje a través de un drama y que un drama puede ser una buena alternativa (o refuerzo) para el sermón. A la vez aprendimos unas lecciones prácticas en cuanto a qué se puede hacer en un drama y qué no; qué es buen drama y qué se debe evitar.

Pero, volviendo a las películas, yo quisiera ver a cristianos haciendo películas como Bolívar soy yo. ¿Qué tal saber que una película como El Hijo de la Novia o una fantasía como Amélie o una obra de arte como La Casa de las Dagas Voladoras, fueron hechas por cristianos? Quisiera escuchar que El Hombre Araña II, con su reflexión sobre el costo de ser un héroe, con su reflexión sobre humanidad, tecnología y poder, así como su desenlace fascinante, fue la obra de un cristiano.

Si Ud. tiene la vocación de escritor, por favor, no se sienta obligado a ser también predicador. El haber ofrecido sus dones y talentos al Señor, el escribir "para el Señor" – significa escribir la mejor novela posible, la mejor poesía posible, sin tener que predicar un sermón en cada página, en cada verso.

Conclusión

Espero que esta colcha de retazos les haya servido de alguna manera. De pronto encontró algún retazo que correspondía a una inquietud con que andaba. De pronto el conjunto le animó a seguir en la lucha, porque escribir es una lucha.

Si he logrado en estas pocas palabras comunicarles algo de la grandeza de este hombre tan humilde, algo de la humildad de este hombre tan grande, espero haberles mostrado también que él conoció la lucha: cinco horas diarias de tutoriales, cientos de cartas cada semana, una vida devocional comprometida, una vida social activa, siempre abierto a una buena discusión. Un lector voraz de todo lo que le venía a la mano. Un hombre que aceptaba constantemente invitaciones para dar conferencias. Un hombre que sentía que se lo debía a sus hermanos en Cristo apoyarles a través de su obra apologética y contestarles sus inquietudes personales por carta. Un hombre que aceptó ser presidente de una sociedad de debate, el club socrático, dedicada a analizar los argumentos a favor y en contra de la fe cristiana. Un hombre que decidió formar un círculo con colegas académicos y escritores, los Inklings, para compartir ideas y trabajos. Un hombre que dijo que escribía en las noches, después de todo el trajín del día, cuando no podía hacer otra cosa sino escribir unas cuantas páginas.[60] Pero siguió, porque nadie estaba escribiendo los libros que él quería leer.[61] Y siguió porque le gustaba escribir. Lo disfrutaba inmensamente.[62]

 

Bibliografía

J. T. Como (ed.) C. S. Lewis at the Breakfast Table (Nueva York: Macmillan/Collier, 1979)
Lyle W. Dorsett, Seeking the Secret Place: The Spiritual Formation of C. S. Lewis (Grand Rapids: Baker, 2004)
Brian Sibley, The Land of Narnia (London: Collins, 1989)
L. Walmsley, C. S. Lewis: Essay Collection and Other Short Pieces (London: HarperCollins, 2000) citado en las notas como Essays.



[1] J. Wain, "A Great Clerke" en J. T. Como (ed.) C. S. Lewis at the Breakfast Table (Nueva York: Macmillan/Collier, 1979) p. 72
[2] He disfrutado especialmente de la colección de L. Walmsley, C. S. Lewis: Essay Collection and Other Short Pieces (London: HarperCollins, 2000) citado a continuación como Essays.
[3] Grand Rapids: Baker, 2004.
[4] J. Wain, Art. cit. p. 69.
[5] Como, ob. cit. p. xxiii.
[6] Un "triple First", Como, ob. cit. pp. xxi-xxiii.
[7] Lyle W. Dorsett ver nota 3.
[8] Dorsett, ob. cit. p. 77.
[9] "Religion without Dogma" en Essays ob. cit. pp. 167ss.
[10] El mejor resumen de los conceptos de Lewis se encuentra en ”Fern-seed and Elephants" en Essays pp. 242-254.
[11] Dorsett, ob. cit. p. 40 nota 28.
[12] Dorsett, ob. cit. p. 114.
[13] "On Criticism" en Essays, ob. cit. pp. 539ss.
[14] Id. p. 549. E. D. Hirsch, Validity in Interpretation (New Haven & London: Yale Univ. Press, 1967) plantea la distinción en forma diferente.
[15] "On Criticism" p. 549.
[16] "Learning in War-time" (1939) en Essays, ob. cit. pp. 579-586; "Christianity and Culture" (1940) en Essays , ob. cit. pp. 71-92.
[17] Essays p. 581.
[18] Id. p. 582.
[19] Id. p. 583.
[20] Ibid.
[21] Essays p. 75.
[22] Id. pp. 411-420.
[23] Id. pp. 411s.
[24] Id. p. 413.
[25] Ibid.
[26] Id. p. 416.
[27] Ibid.
[28] Id. p. 419.
[29] 1939, Essays pp. 421-433.
[30] Essays pp. 427s.
[31] Essays p. 427.
[32] Ibid.
[33] Essays pp. 466-471
[34] Id. pp. 467, 502.
[35] Id. p. 470.
[36] Id. pp. 425s.
[37] Id. p. 551.
[38] Ibid.
[39] Ibid.
[40] Ibid.
[41] Ibid.
[42] Essays pp. 37, 156 et al.
[43] Id. p. 555.
[44] Ibid.
[45] Como, ob. cit. p. xxix.
[46] Essays p. 567
[47] Id. 568.
[48] Ibid.
[49] Essays p. 547.
[50] Id. 568.
[51] Brian Sibley, The Land of Narnia (London: Collins, 1989) pp. 19ss.
[52] Essays p. 551.
[53] "Christian Apologetics" (1945) Essays p. 150.
[54] Ibid.
[55] Ibid.
[56] Essays pp. 147-159.
[57] Id. 458.
[58] Id. 576.
[59] Id. 583.
[60] D. Brewer, "The Tutor: A Portrait" en Como, ob. cit. p. 43.
[61] Sibley, ob. cit. p. 19.
[62] Essays p. 555.

 

Se debe respetar la autoría de los trabajos presentados en esta página Web por lo que su uso debe ser debidamente citado

Todos los derechos © Recursos Teológicos