EL PECADO Y EL
CRISTIANO ¿CUÁL ES LA RELACIÓN DESPUÉS
DE LA CONVERSIÓN? UN ANÁLISIS DE
HÉCTOR HERNÁN MOLANO CORTÉS
Monografía presentada como requisito parcial para optar al título de
Maestría
en Sagrada Teología
y Biblia
Monitor
DR. MARCOS WITTIG
SEMINARIO BÍBLICO DE COLOMBIA
FACULTAD DE TEOLOGÍA
MEDELLÍN, 2004
Nota
de aceptación
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DR. MARCOS WITTIG
Monitor
____________________
DR. MILTON ACOSTA
Jurado
____________________
DR. DAVID FORD
Jurado
Medellín
______ de __________ de 2004
Dedicatoria
A Dios,
fuente de todo conocimiento y quien en su infinita misericordia le plació
salvarme.
Agradecimientos
El autor de este trabajo
quiere agradecer a:
- Dios por todo lo que me ha
permitido vivir en el Seminario.
- Quien me ha apoyado
siempre, que a pesar de conocerme sigue siendo tan especial, ella es mi esposa
Luisa Fernanda. Gracias por ser mi amor
entrañable.
- A Camila Andrea, gracias
por ser lo que eres, por rayarme en donde no debes y por distraerme de mi
trabajo.
- A mis padres, quienes
siempre han estado ahí.
- A mis suegros con quienes
hemos contado desde el inicio.
- A la iglesia Bautista del
Norte de la ciudad de Bogotá por haberme presentado al Seminario, y en especial
al pastor Orosman Rozo por darme a conocer la fe reformada.
- A las iglesias La Gracia
de Dios, por haberme permitido compartir este tiempo con ellas y recibir sus buenos
augurios y sus muchas oraciones. Gracias
por formarme en el púlpito.
- Al amado pastor Sergio
Ruíz, porque su vida desafía mi entrega a Dios.
- A la familia Durán Jimenéz
a quienes sentimos siempre cerca.
Gracias por su apoyo.
- A John y Lorena, por
involucrarse en nuestro ministerio de manera tan comprometida.
- Al pastor Eugenio Line,
gracias por estar comprometido con la causa del Evangelio. Gracias
por sus oraciones, y por su apoyo con los libros.
- A Alberto Contreras por su
apoyo moral y espiritual.
-
A la familia Gútierrez Ortiz, gracias por hacernos
sentir cercanos a ustedes.
-
A William Rodríguez y familia, por su amistad y
ayuda constante.
- A Rosita Carreño, Jorge
Correa, los Gómez Navarro, Paula Jiménez, Teresita Restrepo, Mencho Pinzón, la
Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, Mustard Seed, Overseas Council. Y a todo el que nos ha ayudado, orado por
nosotros, nos escuchó o animó.
- A mis queridos vecinos
confraternos, Joaquín y Rosa, sus hijos Paty y Danielito. A Santi y Dianis. Siempre tan dispuestos, “estaban
predestinados”.
- A mi compañero Josué
Guerrero, por callar entendiendo y sin entender. Por sus comentarios directos y por
escucharme.
- A mis compañeros del
Seminario, en especial a Pacho quien me ayudo cuando no sabía por donde
arrancar en algunas materias.
- A todos los profesores del
Seminario, los de planta y los ocasionales.
En especial: A Marcos por aceptar
ser mi monitor y por hacerme incluir su postura teológica, me enriqueció mucho.
Elizabeth por darme ánimo cuando me sentí perdido al escoger el tema de este
trabajo y por responder tanta inquietud.
A Fernando Mosquera, por recibir con tanto aprecio el trabajo de un
estudiante y por repartir su conocimiento sin temores. A Theo Donner por ser un desafío a mi
torpeza. A Jaime Ortiz por ser fiel
ejemplo a seguir. A Jeanine Brabon por
su entrega al evangelismo y a la restauración, gracias por su generosidad. A Donaldo Sendek por toda su labor en
conseguir fondos para nosotros los estudiantes, y por tomarse el tiempo en
saludarnos siempre. A David Ford, porque su actitud me invita a ser más
humilde.
- A los empleados del
Seminario, gracias por tener todo dispuesto para que éste lugar sea especial.
- A los que me prestaron
libros para este trabajo: Jairo Franco y Angélica Bernate.
- A Clara Patricia Agudelo.
CONTENIDO
Pág.
INTRODUCCIÓN 1
1. LA RELACIÓN ENTRE PECADO Y EL CRISTIANO SEGÚN
10
TRES TRADICIONES TEOLÓGICAS
1.1 LA POSTURA CATÓLICA SOBRE EL PECADO 11
1.1.1 Las clases de pecados 13
1.1.1.1 El pecado original 14
1.1.1.2 El pecado mortal 15
1.1.1.3 El pecado venial 16
1.1.2 Las consecuencias del pecado 16
1.1.3 La solución al pecado 19
1.1.4 El concepto de salvación 21
1.2 LA POSTURA CALVINISTA SOBRE EL PECADO 24
1.2.1 El pecado original 25
1.2.2 Otros pecados 26
1.2.3 Concepto de salvación 27
1.2.3.1 La justificación 28
1.2.3.2 La Santificación 29
1.3 LA POSTURA WESLEYANA SOBRE EL PECADO 33
1.3.1 El pecado original 34
1.3.2 El concepto de salvación 36
1.3.2.1 La Justificación 36
1.3.2.2 La perfección cristiana 38
2. ESTUDIO DE
2.1 CONTEXTO GENERAL DE LA CARTA DE
2.1.1 Autor 45
2.1.2 Destinatarios 45
2.1.3 La ciudad de Corinto 46
2.1.4 Ocasión y propósito 47
2.2 CONTEXTO Y ANÁLISIS A
2.2.1 Delimitación del texto y contexto inmediato 48
2.2.2 Definición del texto 51
2.3 EXEGESIS DE
2.3.1 Diagrama estructural 52
2.3.2 Análisis gramatical y comentarios por frases 55
2.3.3 Conclusiones teológicas 66
2.3.4 Comparación con la literatura paulina y con otras epístolas 71
3. COMPARACIONES Y PROPUESTA PARA LA IGLESIA
EVANGÉLICA DE
COLOMBIA 77
3.1 COMPARACIONES 77
3.1.1 ¿Peca un creyente? 77
3.1.2 ¿En que medida es válido el uso del término
carnal para referirse
a un creyente? 82
3.1.3 ¿Cambia la condición del creyente cuando
peca? 85
3.2 PROPUESTA DE MANEJO AL PECADO EN EL CREYENTE
BASADA EN
3.2.1 Lo que la Iglesia debe hacer con el pecador 91
3.2.2 Lo que el creyente debe hacer con el pecado 96
CONCLUSIONES 101
BIBLIOGRAFÍA 106
ANEXO 112
INTRODUCCIÓN
La Biblia afirma que cuando la
persona cree, es una “nueva criatura” (
Para intentar una
explicación sobre lo que sucede con un cristiano que peca, algunas
congregaciones cristianas, en especial aquellas que siguen las notas de la
Biblia anotada de Scofield y las influenciadas por Campus Crusade for Christ, han establecido en sus líneas
doctrinales una postura conocida como el
cristiano carnal[1] . Dicho pensamiento afirma que un creyente es
parte de la iglesia de Dios a pesar de
sus pecados, porque ya ha aceptado a Cristo como su Salvador, pero que le es
necesario aceptar a Cristo como el Señor de su vida.
El texto guía que se usa
para defender la doctrina del cristiano
carnal es
La expresión cristiano carnal rotula a un tipo de
personas pero crea muchas dificultades como, por ejemplo, cuando los creyentes
comprometidos ven que hay un estilo de vida un poco más laxo, que les permite
vivir dentro de la Iglesia aún con comportamientos propios del mundo (
Al observar esta
problemática que afecta a la Iglesia de Cristo, el presente trabajo presenta la relación entre
el pecado y el creyente, luego de la conversión. Se debe entender como relación la exposición de un
hecho que sucede, o la conexión que existe entre una cosa con otra[2]. Además busca explicar si un cristiano, luego de
creer, mantiene el pecado en su vida o le es quitada completamente su condición
pecaminosa.
Para apoyar el análisis del
tema se presenta el problema del pecado en el creyente desde diferentes
ópticas, la católica, la calvinista y la wesleyana.
En primer lugar y debido a
nuestro contexto espiritual, es importante conocer cómo maneja la Iglesia
Católica Romana el tema del pecado en el creyente. Aunque sus postulados parezcan diferentes al
compararlos con la Biblia, son los que la mayoría de los nuevos creyentes traen
como base al llegar a nuestras iglesias evangélicas. La Iglesia Católica Romana ha elaborado todo
un sistema para la clasificación y el manejo del pecado y establece diferencias
de acuerdo con su objeto, con las virtudes a las que se opone y con los
mandamientos que quebranta. También los
clasifica entre los que se refieren a Dios, al prójimo o al mismo hombre, entre los pecados carnales
o espirituales y, además, establece diferencias tales como los de pensamiento,
de palabra, de obra o de omisión[3]. No obstante, existen tres clases de pecado
que enmarcan la diversidad clasificatoria del Catolicismo: pecado original,
pecado mortal y pecado venial.
Para realizar la
investigación dentro del Catolicismo se toma como fuente primaria el Catecismo de la Iglesia Católica, por
ser un documento reciente sobre sus posturas doctrinales. Este documento puso por escrito las doctrinas
que la Iglesia de Roma trató durante el
Concilio Ecuménico Vaticano II, que fue iniciado por el Papa Juan XXIII en el año
de 1962.
El actual Papa de la Iglesia
de Roma, Juan Pablo II, se refiere así al
Catecismo de la Iglesia Católica: “Es una exposición de la fe de la Iglesia
y de la doctrina católica, atestiguadas o iluminadas por la Sagrada Escritura,
la Tradición apostólica y el Magisterio eclesiástico”[4].
El Catecismo
del Padre Astete es usado como fuente primaria de igual forma.
Este escrito fue muy difundido años atrás en los países
latinoamericanos, y aún se mantiene en gran estima. Gaspar Astete fue un sacerdote perteneciente
a la comunidad conocida dentro del Catolicismo como la Compañía de Jesús, y fue profesor de humanidades, teología moral y
filosofía. Su obra más conocida, Doctrina Cristiana y Documentos de Crianza
o con su nombre popular, el Catecismo
del Padre Astete, fue publicada presumiblemente por primera vez en
1579. Astete escribió el catecismo para
que los estudiantes pudieran acceder de manera fácil a la doctrina de la
Iglesia Católica por dos razones: debido a la proliferación de catecismos en el
siglo XVI, y a que en el Concilio de Trento se ordenó que se enseñara en cada
iglesia la fe católica de manera clara[5].
En segundo lugar, en el
presente trabajo se consideran sólo las dos posturas tradicionales más
importantes dentro del Protestantismo latinoamericano: el Calvinismo y el
Wesleyanismo. Estas dos posturas
agrupan, en cierta medida, las bases de muchas congregaciones actuales en
Colombia. Además de ser posturas
tradicionales importantes, se estudian por tener entre ellas un acercamiento teológico
diferente con respecto al pecado y a la teología de la salvación.
El Calvinismo se refiere
algunas veces a las enseñanzas específicas de Calvino, y otras al sistema de
las iglesias protestantes conocidas históricamente con el nombre de Reformados,
a diferencia de los Luteranos. También
se denomina de esta forma al cuerpo de conceptos teológicos, éticos,
filosóficos, sociales, y políticos que está bajo la influencia de Calvino, el
cual se levantó luego del movimiento de La Reforma y ha dejado una huella
permanente en la iglesia[6]. Este sistema de pensamiento deriva
especialmente en cinco planteamientos claves conocidos como Las Doctrinas de la Gracia: la total
depravación del hombre, la elección incondicional, la expiación limitada, la
gracia irresistible y la perseverancia de los santos[7].
El Calvinismo considera que
el pecado en el creyente debe ser erradicado.
Su postulado es que la persona, al llegar a creer, es liberada de la
esclavitud del pecado pero en ella
permanece una tendencia al mismo que le incita a volver a caer en su mal
camino (
Para el Calvinismo siempre
habrá pecado en el creyente, aunque no con todo el poder que poseía antes de
ser convertido. Esta doctrina considera
que en este proceso no se compromete la salvación, pues quien ha llegado a
creer verdaderamente nunca caerá de la gracia de Dios.
Para el estudio del
Calvinismo se toman dos fuentes principales de investigación: la obra cumbre de
Juan Calvino, Institución de la Religión
Cristiana, que se publicó por primera vez en el año de 1536[8]. Con este escrito Calvino se ubicó a la
vanguardia como pensador del protestantismo, puesto que su obra sistematizó la
doctrina cristiana. La segunda fuente
principal de consulta es la Teología
Sistemática de Louis Berkhof, por ser el texto preferido de los estudios en
muchos seminarios teológicos, tanto norteamericanos como extranjeros, el cual
fue publicado por primera vez en 1934[9].
La otra postura dentro del
Protestantismo que trata este estudio es el Wesleyanismo, la cual está basada
en la obra del pastor Juan Wesley, quien mostró la esencia de sus creencias a
través de sus sermones. Wesley no
escribió una teología sistemática que consignara todas sus ideas, mas bien
desarrolló su pensamiento de alcanzar a los hombres para Cristo mediante sus
predicaciones, y puso todo su empeño en el evangelismo.
La doctrina clave del
Wesleyanismo con respecto al problema del pecado en el hombre es la entera santificación, y emplea el
versículo de
El Wesleyanismo define el
pecado como la trasgresión a la ley de Dios, a la revelación del carácter mismo
de Dios. Afirma, igualmente, que los
hombres nacen con el pecado original y necesitan aceptar el regalo del amor de
Cristo.
De acuerdo con el
Wesleyanismo, después de que una persona cree puede alcanzar la perfección cristiana, la cual se define
como un estado en el que el creyente puede llegar a no pecar. Pero el empeño del hombre por agradar a Dios
no termina con lograr dicho estado, sino que debe seguir creciendo en
amor. Según esto, el creyente que no
posee la perfección cristiana, debe
luchar por alcanzarla y, quien la tiene, debe velar por mantenerla. La salvación puede perderse por no perseverar
en una vida que agrada a Dios.
El libro de Leo George Cox,
titulado El Concepto de Wesley sobre la
Perfección Cristiana, es usado ampliamente por la manera directa y clara en
la que trata los puntos del
Wesleyanismo. Igualmente, el
libro de Wesley Duewel, titulado Dios te
ofrece su gran Salvación, se emplea por mostrar claramente los enunciados
básicos del Wesleyanismo, entre ellos el del pecado que mora en el hombre.
Esta investigación no
pretende desarrollar un tratado sobre todos los aspectos de la teología propia
de cada una de las tres posturas
consideradas anteriormente, ni su desarrollo histórico. Antes bien, se limita al estudio de aquellas
partes de su teología en las que se observa con mayor claridad la relación entre
el pecado y el creyente.
Después de revisar las
diferentes posturas eclesiales tradicionales que se refieren al tema del pecado
en el creyente, es indispensable abordar el texto bíblico, el cual determina
los aciertos y desaciertos de cada postura.
Por esta razón, la confiabilidad de cada planteamiento sólo se logra en tanto
que sea analizada a partir de la Escritura misma.
Aunque existen otros textos
que ayudarían en esta discusión, el texto bíblico tomado como base para este
trabajo es el de
Además de
Finalmente, en el tercer
capítulo se desarrollan las comparaciones entre las posturas expuestas en el
capitulo uno, con lo encontrado en la Biblia, y se analizan sus similitudes y
diferencias. Adicionalmente se presenta
una propuesta sobre cómo se debe manejar el pecado en el creyente, según las
bases bíblicas.
Es pertinente aclarar que
todas las citas bíblicas trascritas en el presente documento pertenecen a la Santa Biblia, antigua versión de
Casiodoro de Reina, revisada por Cipriano de Valera, revisión de 1960,
publicada por las Sociedades Bíblicas Unidas.
1. LA RELACIÓN ENTRE EL PECADO Y EL CRISTIANO
SEGÚN TRES TRADICIONES TEOLÓGICAS
Todos los que siguen a
Cristo deben considerar su estado delante de Él y cómo los afecta el pecado en
su cotidianidad. Saturnino Gamarra dice:
“... en un cristiano la experiencia de Dios que excluye la conciencia de pecado
no es genuina, y la conciencia de pecado que no incluya la experiencia de Dios
no es cristiana”[11]. No se puede desligar la vida de un verdadero
creyente con respecto a su comportamiento delante de Dios, de los demás y de
sí mismo. Por esto, es pertinente revisar cómo se concibe el pecado por los
diferentes enfoques teológicos que siguen a Cristo como Dios y Señor de la
salvación.
En el presente capítulo se
analizan tres posturas teológicas que hablan sobre la relación entre el pecado
y el creyente. Una de ellas es el
Catolicismo; en el ámbito del Protestantismo, se estudian el Calvinismo y el Wesleyanismo. El orden de
estudio es netamente cronológico de la siguiente forma: primero apareció la
iglesia Católica Romana establecida como tal en el año 1054 después de la
ruptura que existió entre oriente y occidente.
Posteriormente, en el tiempo de la Reforma, surgió el reformador Juan
Calvino y su pensamiento denominado Calvinismo, es acogido por una parte de la
nueva iglesia de la época en Suiza. Por
último, se trata el tema del pecado en el Wesleyanismo que surgió con Juan
Wesley a mediados del siglo XVIII.
1.1 LA POSTURA CATÓLICA SOBRE EL PECADO
Se considera en la
actualidad que un católico es toda persona que reconoce la jurisdicción del
Papa[12]. Luego del siglo XVI, el término católico se
le asignó en su uso corriente a una parte de la iglesia de Cristo que se
encontraba bajo la jurisdicción de Roma.
No obstante, es relevante aclarar que en su uso genérico el término
“católico” significa universal, pero en su uso sociológico habitual se asocia
con la Iglesia de Roma[13]. Además del nombre de Iglesia de Roma, también
se le ha denominado Catolicismo e Iglesia Católico Romana.
Es importante reconocer
algunas de las bases teológicas del Catolicismo para poder entender mejor su
concepto sobre el pecado en el creyente.
Su teología parte de dos fuentes principales: la Biblia y la tradición. El Catolicismo considera que la tradición
también es la Palabra de Dios, que se transmitió oralmente desde el tiempo de
Jesús y los Apóstoles, la cual se conoce como el magisterio de la Iglesia[14]. Afirma también que se puede cooperar con la
gracia[15] mediante la fe, las
buenas obras y la participación en los sacramentos:
La Iglesia afirma que para
los creyentes los sacramentos de la nueva Alianza son necesarios para la salvación (cf Cc. De Trento: DS 1604). La
“gracia sacramental” es la gracia del Espíritu Santo dada por Cristo y propia
de cada sacramento. El Espíritu cura y
transforma a los que lo reciben conformándolos con el Hijo de Dios. El fruto de la vida sacramental consiste en
que el espíritu de adopción deifica (cf.
La salvación se obtiene no
sólo por gracia, sino por el uso de sacramentos los cuales conceden gracias
especiales que unen al creyente más a Dios.
Para el Catolicismo los sacramentos son “... gracias exteriores instituidas
por Nuestro Señor Jesucristo para darnos la gracia y las virtudes”[17]. Específicamente son siete: Bautismo,
Confirmación, Penitencia, Comunión, Extremaunción, Orden Sacerdotal y
Matrimonio.
De igual forma dentro del Catolicismo se practica la Misa
que, de acuerdo con su teología, es: “... el mismo sacrificio de Jesucristo en
la Cruz, que se ofrece todos los días a Dios sobre el altar, por medio del
ministerio del Sacerdote y bajo las especies de pan y vino”[18]. Lo que motiva el ofrecimiento de la Misa es
la expiación de los pecados y la petición a Dios de la obtención de bienes
espirituales y temporales. También, se
puede realizar para honrar a los santos y pedir su intercesión y, finalmente,
se hace para ayudar a las almas que están en el Purgatorio para que sean
libradas del tormento presente en este lugar[19].
En lo que tiene que ver
directamente con el pecado el Catolicismo sostiene que es una ofensa a Dios,
una falta contra la razón, la verdad, y la conciencia recta, que hiere la
naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana[20]. De igual forma, el pecado hace que el hombre
pierda el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo, y
que la relación entre el varón y la
hembra sea sometida a tensiones dañinas[21]. El Catolicismo plantea que el hombre pecador
está en una situación no grata delante de Dios, y se concibe como la
depositaria de Dios para ayudar al transgresor a que se libre de la
condenación. Por otro lado afirma que
los pecadores pueden acceder a los canales de gracia que el Catolicismo les
ofrece, pero que no todos desean unirse a esa generosa gracia[22].
El Catolicismo sostiene que
el problema del hombre se encuentra en su mismo corazón, pero que aunque el
pecado haya borrado la imagen de Dios,
no lo ha destruido por completo[23]. Afirma enfáticamente que en la vida
cristiana no se puede olvidar el pecado porque el cristiano sigue pecando[24].
1.1.1 Las clases de pecados. El Catolicismo clasifica el pecado en tres
grupos: original, mortal y venial. De acuerdo
con el Catolicismo, la división entre pecados mortales y veniales se desprende
del texto de
1.1.1.1 El Pecado Original. El Catolicismo declara
que Dios creó al hombre en un estado de justicia original: “La revelación nos
da a conocer el estado de santidad y justicia originales del hombre y la mujer
antes del pecado: de su amistad con Dios nacía la felicidad de su existencia en
el paraíso”[26]. Adán y Eva no quisieron permanecer en ese
estado, sino que desearon ser como Dios y quedaron sin los privilegios de los
que gozaban. Su pecado se transfirió a
todos los demás hombres porque Adán era la cabeza representativa de la
humanidad; dicho pecado se llama pecado original[27].
Dado que toda la humanidad
nace con pecado debido a la desobediencia de Adán, solamente por medio el Bautismo se puede
perdonar: “Por el bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de
Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y
hechos partícipes de su misión”[28]. Pero, los demás males (los físicos y la
concupiscencia, o inclinación al pecado) permanecen aún después de la
administración del sacramento[29]. Por lo anterior, no se puede desligar el pecado cometido en el
Edén cuando se habla del pecado y de la miseria en que viven los hombres. Todo pecado, luego del original, es una nueva
desobediencia a Dios y una clara falta de confianza en su bondad[30].
1.1.1.2 El pecado mortal. El Catecismo
del Padre Astete afirma que el
pecado mortal es cuando se hace, se dice, se piensa o se omite algo contra la
ley de Dios o la ley humana en materia
grave, con plena advertencia y pleno consentimiento[31]. De acuerdo con esta definición, el
Catolicismo prosigue explicando qué es materia
grave de la siguiente forma:
La materia grave es precisada por los Diez mandamientos según la
respuesta de Jesús al joven rico: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no
levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre” (Mc
10, 19). La gravedad de los pecados es
mayor o menor: un asesinato es más grave que un robo. La cualidad de las
personas lesionadas cuenta también: la violencia ejercida contra los padres es
más grave que la ejercida contra un extraño[32].
El Catolicismo sostiene que
cuando el pecado mortal es cometido por ignorancia recibe una pena menor a la
correspondiente por el pecado mortal realizado con pleno conocimiento; es más
grave el pecado cometido por malicia o por elección deliberada del mal. Incluso, dicha ignorancia puede causar que el
pecado pase de ser mortal a venial. De
igual forma, el pecado mortal en sí es disminuido por las presiones externas,
patologías o impulsos de la sensibilidad[33].
1.1.1.3 El pecado venial. El
Catecismo de la Iglesia Católica se refiere así a este tipo de pecado:
“Cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral,
o cuando se desobedece a la ley moral en materia grave, pero sin pleno
conocimiento o sin entero consentimiento”[34]. El pecado es venial porque enfría el fervor
de la caridad y pone al infractor en predisposición para cometer pecado
mortal. La reiteración de un pecado
venial puede convertirse en pecado mortal[35]. De esa manera, estar en este pecado no le
quita al pecador los privilegios de la gracia.
En el pecado venial el pecador está fuera de la ley pero no en contra de
ella[36].
1.1.2 Las consecuencias del pecado. Las consecuencias se presentan de acuerdo a
la clase de pecado cometido. De los
pecados graves son: en primer lugar,
perder la comunión con Dios y de esa manera quedar expuesto a la pena
eterna[37], y en segundo
lugar, que puede existir una pena temporal que permanece en el pecador, a pesar
de que esté liberado de la pena eterna.
Esa pena debe ser vista, no como castigo divino, sino como una
consecuencia del pecado que se va a
hacer realidad en el pecador en esta vida, o luego de la muerte en el
Purgatorio[38].
Los católicos no son tan
contundentes para afirmar que el pecador puede perder su derecho a la presencia
de Dios, Hardon afirma: “Pequeños o grandes pecados, aún los grandes crímenes,
no separan al católico del cuerpo de la Iglesia. Su condición pecaminosa ciertamente lo priva
de la vida de la gracia de su alma y si muere en esa condición no será
salvo. No obstante él sigue como miembro
de la Iglesia, aunque como miembro pecador, y entró a la Iglesia por el rito
del bautismo”[39]. Adicionalmente anotan que la culpa es la que
lleva al pecador a volverse a Dios, pero de acuerdo a sus postulados la culpa
que surge después del pecado está afectada por el mismo pecado original, el
cual la puede hacer parecer mayor de lo que verdaderamente es[40].
La consecuencia del pecado
original radica en el deterioro del alma y el cuerpo de quien lo posee, y queda
privado de la justicia y santidad sobrenaturales y, además de tener la
concupiscencia en su ser, su libre albedrío queda debilitado[41]. No obstante, el morir en este pecado no
llevará al pecador al infierno, a menos que se le añada un pecado personal
mortal[42].
Si el pecado cometió fue
venial, entonces al pecador se le “... impide el progreso del alma en el
ejercicio de las virtudes y de la práctica del bien moral”[43]. Adicionalmente, disminuye la gracia al
resistir la inspiración del Espíritu Santo, por lo que el pecador merece penas
de carácter temporal. La pena temporal,
que puede llegar no sólo por los pecados veniales sino también por los
mortales, se puede aminorar con ciertas obras de penitencia como oraciones, limosnas
y ayunos.
El Catolicismo asegura que
Cristo sí pago la cuenta por los pecados de los hombres, pero les permite
ciertos sufrimientos en esta vida, o en el Purgatorio, para purgar las
consecuencias temporales de sus desvíos. De acuerdo con esta doctrina, el
excedente de los sufrimientos de Jesús y de los santos, junto con los de la
virgen María, fue almacenado en las arcas de la Iglesia luego de haber hecho
frente a las demandas inmediatas. El
sacerdote ahora tiene acceso a ese tesoro y lo administra para dar a los
pecadores la liberación de los sufrimientos a través de las indulgencias[44].
Las indulgencias son una
gracia por la cual la Iglesia concede el perdón de la pena temporal que se debe
pagar por los pecados, ya sea en está vida o en el Purgatorio. Existen dos clases de indulgencias: las
plenarias, que perdonan toda la pena temporal, y las parciales, que lo hacen en
parte[45]. Para ganar
indulgencias se debe hacer lo que la Iglesia manda a través de la Penitencia.
Los que no alcanzan a
librarse de toda la pena temporal por sus pecados deben pagarla en el
Purgatorio, donde van las almas de los justos por un tiempo[46]. De acuerdo con lo anotado, es muy probable
que todos los hombres vayan allí como consecuencia del pecado. Los que no lo hacen, por lo general, son
elevados a la categoría de santos[47]. Los creyentes que queden en la tierra y crean
que sus hermanos en la fe permanecen en el Purgatorio, pueden transmitirles el
pago de sus deudas a través de buenas obras ofrecidas a Dios, para que se les
aminore dicha pena temporal[48].
1.1.3 La solución al pecado. Según los conceptos anteriores se puede
afirmar que todos los hombres tienen algún tipo de pecado, por lo menos el
original. El Catolicismo concibe que
Jesucristo estableció el Bautismo para quitar el pecado original[49]. Ratzinger sostiene que: “La Iglesia no conoce
otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza
eterna; por eso está obligada a no descuidar la misión que ha recibido del
Señor de hacer “renacer de agua y del espíritu” a todos los que pueden ser
bautizados. Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo ...”[50].
Por otro lado, dependiendo
del pecado el infractor debe actuar de una u otra forma. El Catolicismo ha creado un sistema para su
absolución. Dicho sistema se conoce
como la Confesión y la Penitencia.
La Confesión es un
reconocimiento expreso y personal de todos los pecados graves cometidos por el
pecador, después del Bautismo o desde la última confesión, ante un sacerdote autorizado. La confesión se debe hacer por lo menos una
vez al año. Debe ser secreta, pero en
un estado real de arrepentimiento. El
pecador debe confesar todos los pecados hasta donde la memoria le permita recordarlos[51].
El sacramento de la
Penitencia consiste, además de la Confesión, en el acto de recibir la
absolución y hacer un acto de Penitencia.
Este sacramento es considerado necesario para la salvación de las
personas luego de haber caído, así como lo es el Bautismo para aquellos que no
han sido regenerados[52]. Los actos de Penitencia son: privados, como la contrición, que es un dolor
por haberle fallado a Dios; y también, públicos, como los actos de
satisfacción. Por ejemplo, si alguien roba, debe devolver lo robado. Pero, además,
los católicos afirman que: “Liberado del pecado, el pecador debe todavía
recobrar la plena salud espiritual. Por
tanto, debe hacer algo más para reparar sus pecados: debe “satisfacer” de
manera apropiada o “expiar” sus pecados.
Esta satisfacción se llama también penitencia”[53]. Así, debe cumplir con algún requerimiento
dado por el sacerdote consistente en
oraciones, ofrendas, servicio a los demás, privaciones, sacrificios u
otras obras.
Cuando un pecado es mortal,
es necesario el sacramento de la Penitencia, en tanto que para el perdón de los
pecados veniales pueden ser expiados a través de la comunión y la confesión
anual mínima establecida. Los pecados
veniales también son perdonados cuando el agresor realiza cualquier acto de
piedad, con espíritu de penitencia[54].
1.1.4 El concepto de salvación. De acuerdo con la Iglesia Católica Romana,
una persona se salva si es bautizada y si obedece las enseñanzas del Papa. Los creyentes que vivieron antes de la venida
de Jesús se salvaron por la fe depositada en el Mesías que iba a venir. Los que no han oído de la Iglesia se salvan
si han cumplido la ley natural[55].
El concepto de salvación
está íntimamente ligado con las doctrinas concernientes a la santificación y a
la justificación. El Catolicismo declara
que esas doctrinas se manejan bajo la
misma acción de Dios, en un mismo momento, cuando Él hace santa y justa a una
persona, las dos realidades van juntas[56].
La justificación es la real
remisión de pecados. Es el tránsito del estado en que los hombres nacen (el
pecado original trasmitido por ser hijos de Adán) a un estado de gloria y
adopción divina. La justificación le
quita al alma todo pecado que haya cometido, y reina a cambio el amor a Dios y
al prójimo[57]. Aún así, queda en el hombre pecado venial,
además de que el diablo queda con cierto dominio sobre él[58].
Prosiguiendo con la idea
anterior, se puede obtener la justificación de dos maneras: mediante el
Bautismo (de infantes o adultos que hayan cometido pecados personales) o la
absolución sacramental, al participar de la Comunión en la Misa, o al ser
exculpados mediante la Penitencia[59].
Debido a los conceptos que
manejan en el Catolicismo, se podría decir que existe una especie de
“santificación progresiva”. Esto va en
la misma dirección por lo planteado por Liege cuando afirma: “El orden de santidad de Cristo es
descubierto por el cristiano progresivamente.
La sensibilidad al pecado crece al compás de la vida con Cristo”[60]. Ese progreso se da luego de la santidad obtenida
en el Bautismo por ejercitar una vida grata a Dios. Adicionalmente, Cristo
desea que el feligrés llegue al límite del esfuerzo.
De acuerdo con la doctrina
del Catolicismo, son pocos los que llegan a ser librados del pecado
completamente. No obstante, existen
creyentes que no cometen pecado mortal.
Como dice Berscht: “Quien, como justificado, vence la tentación al
pecado (grave) conserva no sólo la relación de obediencia que hasta ahora ha
presentado a Dios (de modo que sale de la tentación idéntico a como era cuando
se vio inducido a ella), sino que profundiza su obediencia de fe, y le da una
decisión más radical”[61]. Aquellos que no cometen pecado mortal están
a punto de convertirse en santos por sus acciones. Con ellas acumulan
indulgencias en las arcas de la Iglesia.
Después de su muerte y de algunos ritos de entronización, llegan a ser
parte del santoral, al que los demás creyentes pueden acudir para solicitar la
liberación de sus propios castigos temporales.
Como se puede evidenciar, es un escaso grupo el que goza de la plenitud
de la presencia viva de Cristo en su vida, y ello se le mostrará por revelación
directa de Dios[62].
Resumiendo la postura del
pecado desde la óptica del Catolicismo, se puede expresar que los creyentes
siguen pecando, ya sea cometiendo pecados veniales o mortales, solamente los
santos no cometen pecados mortales. Por esta causa, los creyentes pierden su
posición de beneplácito ante Dios. Para salir de ese estado deben acudir a la
Confesión y el cumplimiento de la Penitencia.
Aunque la culpa es la que hará que los creyentes se vuelvan a Dios, de
acuerdo a sus postulados, esta condición es viciada por el mismo pecado y es
inferior a lo que realmente parece. De
todos modos, el Catolicismo considera que el arrepentimiento es necesario para
liberar al infractor de la pena eterna, pero no de la pena temporal que deberá
ser cubierta por el creyente mediante buenas obras o por su estadía en el
Purgatorio.
1.2 LA POSTURA CALVINISTA SOBRE EL PECADO
Un calvinista es aquel creyente
en Cristo que mantiene dentro de sus posturas doctrinales las conocidas como doctrinas de la
gracia. Palmer las describe así:
1. Total depravación del hombre: significa que
el hombre natural nunca puede hacer ningún bien
que sea fundamentalmente agradable a Dios.
2. Elección incondicional: Dios elige a su
Iglesia no basado en lo que el hombre piensa, dice, hace o es.
3. Expiación limitada: Cristo quitó la culpa de
los pecados a un número limitado de personas.
4. Gracia irresistible: cuando Dios ha escogido,
por su gracia, a algunos para que se salven, y cuando envía a su Espíritu para
que los transforme de seres odiosos a seres amantes, nadie puede resistirle.
5. Perseverancia de los santos: los creyentes
perseveran en la confianza en Cristo como salvador[63].
El Calvinismo afirma que el
pecado hace que el infractor se aparte de Dios. El pecado consiste en no creer
en lo que Dios dice que se debe o no hacer, y además, en fallar al cumplir sus
mandatos[64]. Para explicar el tema del pecado en el
creyente, se considerarán los siguientes puntos: el pecado original, pecados
diferentes al original, y el concepto de salvación.
1.2.1 El pecado original. Al hablar sobre el pecado original Berkhof
sostiene: “La esencia de aquel pecado consiste en el hecho de que Adán se
colocó en oposición a Dios, en que rehusó someter su voluntad a la de Dios, en
impedir que Dios determinara el curso de su vida y en que activamente intentó
quitar el asunto de las manos de Dios y determinar el futuro por sí mismo”[65]. Dicho pecado, no solamente le quitó unos
privilegios a Adán, sino que hizo que
sus descendientes nacieran con una corrupción y perversión que llegan a toda
parte del alma, por ser la cabeza representativa de la humanidad[66].
Calvino denomina depravación
al pecado original. De allí el nombre de
la total depravación del hombre acuñada por los calvinistas. Esta hace a los seres humanos culpables de la
ira de Dios y tendenciosos al mal. Por ese pecado, dice Boettner, el hombre está inclinado, incapacitado y
opuesto a todo bien e inclinado a todo pecado[67], y que todo lo que hace
está potencialmente contaminado de pecado.
Esto no significa que el hombre no pueda hacer algún bien, sino que está
incapacitado para llegar a Dios por sus propios medios. Por esta última razón, algunos prefieren
llamarla la doctrina de “incapacidad total” en lugar de “depravación total”[68].
Palmer asevera que “... el
no regenerado no puede hacer lo que es verdaderamente bueno”[69]. De esa manera el pecado domina al hombre, es
su amo, y no le queda otra alternativa diferente que pecar siempre. Por ello, el pecado original hace que los
hombres no puedan hacer el bien, no puedan entenderlo y no puedan desearlo. Sin embargo, no hacen tanto mal como pudieran
ya que Dios mantiene una gracia común sobre todos, que les retiene de llegar a
extremos en su pecado[70].
El Calvinismo sostiene que
su doctrina es la que verdaderamente toma en serio el ingreso del pecado al
mundo, y que está claramente explicada en la Escritura. Basan toda su teología en la depravación
total, pues sin un entendimiento claro de lo que significa, no se podrán
sustentar las otras cuatro doctrinas de la gracia. Para el calvinista la actual situación del
mundo es una clara muestra de lo que es capaz la depravación del hombre[71].
1.2.2 Otros pecados. Calvino no sólo disertó acerca del pecado
original, sino también se refirió a otros pecados, y trató de ubicarlos por
clases, dependiendo de la ofensa y de su impacto. En la Institución de la Religión Cristiana se asevera que hay pecados
ocultos y públicos, además de leves o graves, según esta explicación:
1. Los pecados ocultos: son pecados que no
causan escándalo, se deben reprender en la Iglesia haciéndolo con cada uno en
particular (
2. Los pecados notorios: son pecados que causan
alboroto y son notorios en la comunidad.
A aquellos que los causan se les debe reprender delante de los demás,
para que sirva de testimonio (
3. Faltas leves: aunque Calvino no las muestra
de manera clara, se pueden definir como pecados que no son exagerados en su
acción. También los llama ligeros.
4. Faltas graves: son aquellos pecados
escandalosos que hacen que el nombre de Cristo sea tomado a menos; el pecador
debe ser amonestado fuertemente por la Iglesia en caso de cometerlas[72].
A pesar de las divisiones
anteriores, el Calvinismo asegura en su doctrina que todo pecado, desde el
original hasta cualquiera cometido, merece el castigo de Dios. No importa la
envergadura, el escándalo que pueda producir o lo sutil que parezca. Calvino argumenta que de existir pecados
mortales y veniales, los pecados de los creyentes se deberían considerar como
veniales, no porque la naturaleza misma del pecado así lo considere, sino
porque son perdonados a través de la misericordia de Dios[73].
1.2.3 Concepto de salvación. Una persona es salva, de acuerdo con el
Calvinismo, cuando cree que la obra ofrecida por Cristo en la cruz es para
ella, y cuando reconoce que es sólo por la
misericordia de Dios, de esta forma solo es receptora y no
hacedora. En el acto mismo de la
salvación, primero actúa el Espíritu Santo en la persona, quien le da vida para
que pueda creer, y así, pueda responder al ofrecimiento de salvación. Cuando alguien llega a creer, sus pecados le
son perdonados y queda libre del yugo de la esclavitud del pecado. Con el fin de ampliar esos conceptos, se
desarrollarán de forma separada el concepto de la justificación y el de la
santificación, ya que en el momento de la conversión la persona es declarada
justa y hecha santa.
1.2.3.1 La justificación. Berkhof la define como: “Un acto judicial de
Dios en el cual él declara, sobre la base de la justicia de Jesucristo, que
todas las demandas de la ley están satisfechas con respecto al pecador”[74]. Es Dios quien, como dice Pablo, hace la obra
de la justificación (
La justificación, sostiene
el Calvinismo, beneficia bastante al pecador pues lo libera de la condenación
de la ley, le concede perdón y otras tantas bendiciones en su relación con
Cristo, por ejemplo, le da seguridad de
salvación y herencia entre los santificados.
Por su parte la libertad de la condenación de la ley incluye:
1. Perdón de todos los pecados; tanto los que se
han cometido como los que se cometerán.
2. Librarse de la relación con la ley como regla
de esclavitud, la que se cambia por una nueva bajo el Espíritu.
3. Paz para con Dios[75].
La justificación es un acto
realizado en un único momento y no mediante un proceso, y le remueve al pecador
la culpa y el castigo por el pecado. En
tal momento se le perdonan al pecador no sólo los pecados pasados, incluido el
pecado original, sino también los pecados futuros. Aún así, el creyente sigue expuesto a pecar,
pero no se siente incitado a hacerlo, sabiendo que sus pecados ya están
perdonados[76]; el perdón otorgado lo estimula a realizar
buenas obras.
Finalmente, el Calvinismo
divide la justificación en dos partes, un elemento positivo y otro
negativo. El elemento negativo tiene
relación con la remisión de los pecados, basada en la obra expiatoria de
Cristo, y el elemento positivo con la adopción como hijos y el derecho a la
vida eterna, todo gracias a la obediencia activa de Cristo[77].
1.2.3.2 La Santificación. Es otro de los privilegios que se reciben al
llegar a ser de Cristo. De acuerdo con el Catecismo
Menor de Westminster la santificación es: “... aquella obra de la libre
gracia de Dios, por la cual sus elegidos son renovados según la imagen de Dios,
y son capacitados más y más, a morir al pecado y a vivir para la justicia”[78]. Así pues, está definición muestra varios
aspectos con respecto a la creencia calvinista de la santificación: en primer
lugar que Dios es quien la efectúa. En
segundo lugar la gracia es el medio por el cual Dios santifica, y que dicha gracia restaura al creyente a la
imagen del que lo creo. Por último, la
santificación es sobre toda la persona,
y tiene como efecto morir al pecado y vivir para la justicia.
Es importante considerar,
dentro de esta doctrina calvinista, que la santificación es progresiva y que no
será completa en esta vida. Así
lo expresa Boyce:
It
is not sanctification to be complete in this life. It is not, like justification,
a single act, but is a continuous process.
The work goes on throughout the lifetime of the believer, nor is it
completed before death. This is manifest from the frequent exhortations to
santification addressed to those who are already believers in Christ, and
actually called saints ... It is also shown by the warnings, about the danger
of backsliding, addressed to christian believers ... christians are not
presented in the New Testament as completely pure and holy, but, on the
contrary, the very best of them acknowledge the existence of sinful tendencies
and pronounce any idea of freedom from the presence of sin to be a delusion[79].
[La santificación no será
completa en esta vida. Esta no es, como la justificación, un acto único, sino
es un proceso continuo. La obra va a
través del tiempo de vida del creyente, no es completa antes de la muerte. Esto se manifiesta en las continuas
exhortaciones a la santificación dirigidas a aquellos quienes aún son creyentes
en Cristo y actualmente se llaman santos ... Esto también se ve en los avisos
contra el peligro de caer, dirigidos a los creyentes cristianos ... los
cristianos no son presentados en el Nuevo Testamento como completamente puros y
santos, pero, por el contrario, los mejores de ellos reconocen la existencia de
tendencias pecaminosas y declaran que la idea de la libertad de la presencia
del pecado es una ilusión.]
En dicho proceso, el
creyente debe luchar contra sus propias tendencias pecaminosas. Calvino enuncia: “Es por esto por lo que, sintiéndose
así divididos en ellos mismos por afectos contrarios, fuerzan su naturaleza
lamentando mucho a lo que ella les obliga”[80]. Entonces hay una continua pugna entre la
carne y el espíritu, en la que el creyente se duele por ver su situación.
La relación entre el
creyente y el pecado es continua a lo largo de la vida, siempre lo acompañará y
nunca será librado de la lucha que lo lleva a hacer lo que no quiere. Para el Calvinismo la lucha de un cristiano
es un esfuerzo y un ejercicio continuo por mortificar la carne, hasta que muera
del todo. Se llama mortificación por lo
difícil que le resulta a los creyentes
olvidar su naturaleza[81].
El Calvinismo anota que la
santidad completa, o la liberación del pecado, solo se dará luego de la
muerte. Asegura Calvino que: “... por grande que sea la santidad de los
hijos de Dios, es tal su condición, que mientras viven en este cuerpo mortal,
no pueden aparecer delante de Dios si no ha habido remisión de sus pecados
puesto que siempre son unos pobres pecadores”[82]. Dicho sistema doctrinal brinda algunos
ejemplos tomados de la Biblia para decir que el creyente falla, como David quien, siendo “cabeza de la justicia”,
hizo derramar sangre inocente para satisfacer su propio deseo carnal, como
sucedió en su relación con Betsabé.
Para el continuo caminar por
la senda del Espíritu y no de la carne, además del constante hacer morir lo
terrenal en el creyente, el Calvinismo apunta a que es necesaria la disciplina
en la Iglesia. Afirma que la doctrina salvadora
de Cristo es el eje de la Iglesia, y la disciplina es la que ayuda a que cada
creyente se mantenga en ese eje y en el lugar indicado[83]. El Calvinismo indica que la disciplina y la
amonestación ayudan al creyente a crecer en la fe, y le redarguyen de su
falta. Cuando la disciplina es pública,
llama la atención a los corregidos, y los no corregidos aprenden a no decaer en
el camino de la fe[84].
Dentro de la doctrina
calvinista se practica que al creyente que se comporta como impío y vive en
forma escandalosa, se le debe disciplinar no administrándole la Santa Cena,
además no se le debe considerar como creyente, y los demás no se deben juntar
con él. Se puede llegar incluso hasta la
excomunión. Así lo explica Calvino:
Si alguno obstinadamente
desechara tales amonestaciones, o prosiguiendo en su mala vida, demostrare
menospreciarlas, manda Cristo que ese tal, después de ser amonestado por
segunda vez delante de testigos, sea llamado ante el juicio de la Iglesia, para
que si tiene respeto a la Iglesia se someta a su autoridad y obedezca ... Mas,
si ni siquiera así se consigue dominarlo, y persevera en su maldad, entonces
ordena el Señor que a este individuo, como despreciador de la Iglesia, se le
arroje de la compañía de los fieles[85].
Resumiendo la postura del
pecado en el creyente, desde la perspectiva del Calvinismo, se puede anotar que
éste es librado de la culpa y del castigo por el pecado, pero el pecado como
tal lo acompañará por toda la vida. Será completamente santo sólo luego de la
muerte, por lo que recibe las admoniciones bíblicas a ser santo, y se siente
provocado, además, a mortificar el pecado remanente en ellos.
A pesar de considerar todo
pecado como un distanciamiento de Dios, Calvino describe que de poder hacer
división entre pecados mortales y veniales, todos serían veniales por la
misericordia divina[86]. Los verdaderos creyentes aunque pequen, se
arrepentirán y no perderán la salvación.
No obstante, a aquellos que vivan en pecado de manera escandalosa, no
sólo se les debe privar de la Cena del Señor, sino que deben ser tratados como
si no fueran creyentes, poniendo en tela de juicio su real conversión.
1.3 LA POSTURA WESLEYANA SOBRE EL PECADO
El Wesleyanismo mantiene la
doctrina de la “entera santificación” como una de sus posturas doctrinales
principales. Duewel la explica así:
Es más que simplemente tener
interés en las cosas espirituales, más que la fidelidad en la oración y la
lectura de la Palabra de Dios. Es más
que evitar ceder voluntariamente a la tentación.
Todo cristiano debe vivir
una vida de separación de pecados en todas sus formas externas. La vida exterior del cristiano renacido que
no ha sido lleno del Espíritu Santo debe ser tan santa como la de una persona
enteramente santificada. Es en la vida
interior, fuera de la vista de otros, que la purificación, la plenitud, y el
poder del Espíritu se realizan. La
novedad en una persona ya crucificada con Cristo santificada completamente es
una novedad interior de amor, limpieza, victoria y poder[87].
Al hacer referencia sobre el
tema particular del pecado, el Wesleyanismo lo define como la trasgresión de la
ley de Dios, quien en sus leyes muestra su amor y la expresión de su
carácter. El pecado es una violación a
la relación de amor de Dios con el hombre, o con los otros seres creados. Para el Wesleyanismo el pecado incluye un
agente volitivo de la trasgresión a la ley conocida de Dios[88]. No atribuye pecado
a aquellas situaciones en donde no hay un principio ético envuelto, o a
aquellas en las que no hay opción de evitarlas,
porque de esa manera se ubicaría la acción de pecar en el campo
netamente determinista[89].
1.3.1 El pecado original. Wesley concebía que el hombre era perfecto en
su estado original, aunque no explica cómo ese ser perfecto pudo caer en el
mal, como de hecho sucedió[90]. La caída de Adán arrastró consigo a toda la
humanidad. En Adán mueren todos, así que los cuerpos de la humanidad se
volvieron mortales, las almas de ellos murieron y fueron separadas de Dios. Entonces, los hombres nacen con naturaleza
pecaminosa y por lo tanto, son hijos de ira sujetos a la muerte eterna[91].
Wesley sostiene que cuando
el hombre cae, la parte moral de la imagen de Dios que posee, se pierde. La imagen de Dios en el hombre le ha dado
entendimiento, inmortalidad y dominio sobre las cosas creadas[92]. El hombre pierde la parte moral pero la
espiritual queda desfigurada y no destruida.
A pesar de que el hombre no
es capaz de llegar a Dios, porque perdió su imagen moral, Dios le ha dejado cierta
medida de gracia para que lo pueda conocer.
Si esta gracia es cultivada, hará que el deseo de conocerle crezca más y
más[93]. Dicha gracia, conocida como “gracia preveniente”, puede estar en la
persona por diversos factores, por ejemplo, por las oraciones de los hijos de
Dios. Por medio de estas oraciones se
prepara el alma de la persona para recibir la gracia salvadora de parte de
Dios. Toda la gracia ya sea común, preveniente,
santificadora o salvadora, proviene de Dios[94].
Finalmente, se puede anotar
que este sistema considera al hombre sin capacidad y sin esperanza de llegar a
Dios por sí mismo. El hombre tiene la naturaleza corrompida, está
espiritualmente muerto, muerto en el pecado, carente de la vida de Dios. Cox cita a Wesley para mostrar lo que éste
pensaba de la corrupción de la naturaleza humana:
En Adán todos murieron, toda
la humanidad, todos los hombres que descienden de Adán. El resultado natural de esto es que
cualquiera que desciende de él, viene al mundo espiritualmente muerto, muerto a
Dios, totalmente muerto en el pecado; totalmente carente de la vida de Dios,
carente de la imagen de Dios, de toda esa justicia y santidad en que Adán fue
creado. En lugar de esto, todo hombre
nacido ahora en el mundo, lleva ahora la imagen del diablo en el orgullo y lo
voluntarioso; la imagen de la bestia, en los apetitos y deseos sensuales[95].
1.3.2 El concepto de salvación. Una persona es salva por la obra de Cristo en
la cruz y esa salvación es efectiva en el momento de creer. Para el Wesleyanismo existen dos momentos de
crisis en la fe: en primer lugar, existe el momento de la justificación, en
donde la persona es perdonada y recibe la nueva vida en Cristo, el creyente
percibe la llenura del gozo por la salvación obtenida. En segundo lugar, el
creyente siente la convicción, por el Espíritu Santo, de que aún es inmundo
debido a que queda un remanente pecaminoso en él, por lo que necesita la obra
de la gracia llamada “entera o perfecta santificación”, en la que su naturaleza
interior es limpiada por el Espíritu Santo[96].
A continuación se
considerarán individualmente la justificación y la santificación, y lo que
sucede con el pecado en cada una de estas posturas teológicas wesleyanas.
1.3.2.1 La Justificación. Wesley aduce que la justificación es por fe,
y la define como el perdón presente de los pecados y el ser aceptado por
Dios. Pero la fe debe ser verdadera,
condición que sólo se da si ha pasado por el arrepentimiento y la convicción. De igual forma considera que la base de la
justificación es la obra de Cristo y no ninguna obra humana. Todos los pecados pasados, sean de obra, de
pensamiento o de palabra, han sido perdonados.
La justificación se mantiene siempre que se mantenga la fe, pero la fe
se puede perder, según Wesley, y de esa manera la justificación.
Al ser justificado un
pecador, ya no está bajo la condición de condenación por sus pecados, sino que
entra en una relación de justicia ante Dios.
Todo lo que debía por el pecado ha sido cancelado por la obra de Cristo
y es ahora un hijo de Dios. Los pecados
que son remitidos son los del pasado, y ahora al creyente jamás se le tomarán
en cuenta[97].
Un creyente justificado
puede pecar intencionalmente y aún así sus pecados no son necesariamente
imperdonables. Es un error considerar que
una persona que ha sido justificada no pueda pecar. Lo hace, pero puede volver a la comunión con
Dios por el arrepentimiento[98].
Wesley sostiene que: “Es un
hecho innegable que algunos de los que han nacido de Dios, según el testimonio,
no sólo han podido pecar, sino que de hecho han cometido pecados, aún graves y
exteriores, han quebrantado las leyes de Dios, claras y conocidas, hablando y
haciendo lo que sabían que Él había prohibido”[99]. Si el creyente indudablemente peca ¿Qué le
sucede? El creyente pierde la gracia que le ha sido dada para ser salvo, por lo
que pierde su salvación[100].
1.3.2.2 La perfección
cristiana. Aún cuando Wesley no marcó claramente las líneas divisorias entre la
santificación y la justificación, sí especificó que la santificación se da
gradualmente, de manera que es posible llegar desde un punto inicial hasta un
estado de perfección. El Wesleyanismo
declara que en la santificación inicial el creyente es capaz de vivir sin
cometer pecado. Cox anota: “... esta
obra inicial hace a la persona suficientemente perfecta como para no cometer
pecado”[101]. En este momento el creyente ya es santo pues
participa de la santidad de Cristo. La
santificación progresiva se presenta antes y después de la entera
santificación. Antes de darse la perfección
existió un crecimiento en la santidad del creyente, luego de ella, los
creyentes son limpiados totalmente y se crece en amor[102]. Un ejemplo con el que se explica este hecho
es el de un niño en el vientre de la madre, pues dentro del vientre está creciendo
y luego que nace sigue creciendo; el
alumbramiento sería la entera santificación o también llamada segunda obra de
gracia[103].
Cox provee una explicación
más amplia de la santificación cuando se refiere al aspecto negativo, o lo que
tiene que ver con el pecado en la santificación: “La justificación libra de la
culpa del pecado, aunque uno se aproxima gradualmente a este momento. La santificación libra del “poder” del pecado
en otro momento más tarde. Cuando
“morimos al pecado” nos aproximamos más a este último momento. Pero llega el
tiempo cuando uno está muerto al pecado, cuando su corazón es puro, y es cuando
únicamente ese amor puro llena el corazón”[104].
Ahora bien, la perfección no
quiere decir que la persona no tenga que cumplir con la ley. El creyente que ha llegado a ese estado debe
mantener una actitud vigilante a través de la lectura de la Biblia, la
realización de ayunos, el mantenimiento de la templanza y la participación en
la Cena[105]. La perfección no incluye el estar libre de la
ignorancia, de tentaciones, o incluso de equivocaciones. El perfecto posee un corazón lleno de amor a
Dios, y en ese momento no tiene
pecado. A pesar de que la perfección es
algo dado por la fe e instantáneamente, tampoco quiere decir que el creyente no
deba buscarla, puesto que debe disciplinarse en cumplir los mandamientos,
llevar la cruz cada día y negarse a sí mismo de continuo[106].
¿Puede pecar un creyente que
ha tenido la experiencia de la segunda obra de gracia o perfección? La respuesta dada por Duewel es que, a pesar
que se ha sido perfeccionado, el creyente aún es humano y presenta algunas
razones:
1. La santificación no quita la humanidad.
2. La santificación no libra de tentación.
3. La santificación no libra de debilidades y
flaquezas.
4. La santificación no da una madurez
automática.
5. La santificación no libra del poder de pecar[107].
En cuanto a los pecados, el
Wesleyanismo asegura que no son pecados aquellas flaquezas o debilidades que se
realizan sin intención, surgen por una debilidad y no por un acto
deliberado. El pecado es tal porque se
comete deliberadamente en contra de la ley de Dios[108], y para no pecar se debe
permanecer en la fe, en el amor y en la oración[109]. Aunque en la vida de un
creyente puedan darse trasgresiones involuntarias, las tales no se consideran
pecado[110]. Cox lo explica de la siguiente manera:
El recién convertido así
como el más débil de los hijos de Dios ha terminado con esta clase de
pecado. En tanto él posea esta fe
viviente, no traspasa voluntariamente una ley conocida de Dios ... Los pecados
del santificado tampoco se refieren a esa pecaminosidad que permanece en el
creyente después de la justificación, pero que es purificada en la experiencia
de la entera santificación. Wesley
considera “el pecado en los creyentes” como algo muy real ... Esta clase de
pecado está presente en el creyente que ha sido santificado inicialmente, pero
ya no permanece en el que está enteramente santificado. El enteramente
santificado puede perder su estado de gracia y retroceder a la pecaminosidad
del creyente, pero mientras que conserve esta “segunda gracia” está libre de
esta segunda clase de pecado. Pero
Wesley vio una tercera clase de pecado a la que llamó “pecados” de ignorancia,
“pecados” de flaqueza o errores. Estos
pecados son compatibles con el perfecto amor y el cristiano completamente
santificado los experimenta constantemente[111].
Lo importante es tener en
cuenta que el creyente lucha en contra de los pecados, algunos lo pueden llevar
a perder la salvación, y otros lo pueden conducir del estado de entera
santificación a volver a ser creyente sin esta gracia. Mientras viva en la entera santificación se
presentaran flaquezas de la carne o faltas por ignorancia. Para el Wesleyanismo las flaquezas del cuerpo
son debilidades normales que afrontan todos los seres y son diferentes a la
concupiscencia carnal, y no deberían considerarse como pecado[112].
2. ESTUDIO DE
La carta de I Corintios
tiene relevancia para el tema del pecado debido a la lucha que los creyentes de
Corinto tuvieron en este aspecto. Su lucha se hace evidente a través de las
diferentes exhortaciones que el apóstol Pablo les hace por sus
comportamientos. Desde el mismo inicio
de la carta, los corintios son reconvenidos para que no continúen apoyando a
los distintos líderes que se habían
levantado, porque esto acarreaba la formación de diferentes grupos en la
iglesia (1:10-17). Además, les exhorta sobre diferentes clases de
pecados que estaban cometiendo, como por ejemplo desordenes sexuales (5:1-13),
conflictos entre los hermanos (6:1-11), falta de misericordia con los débiles
(8:1-13 y 10:23-33), y participación en la Santa Cena de forma indigna
(11:27-34), entre otros.
Llama la atención el hecho
de que, hacia el capítulo tres de la carta, el apóstol se refiere a los
corintios de una forma diferente a como lo venía haciendo. Al inicio fueron llamados “santificados en
Cristo” (1:2), en 29 oportunidades son denominados “hermanos”, también “amados” en tres ocasiones, y en dos
momentos los llama “santos”. Sólo en
3:1-4, los denomina “carnales”, punto en el que Pablo retoma el tema de las
divisiones, planteado con anterioridad en el capítulo uno.
Este texto es clave para analizar
la relación del pecado con el creyente, pues a partir de allí se suscitan
varias preguntas:
1. ¿Existe diferencias de “clase” entre los
cristianos, de manera que unos sean espirituales y otros carnales?
2. ¿Un creyente puede comportarse como un simple
hombre que no conoce a Dios?
3. ¿Existe un tipo de evangelio que sólo puede
recibir un grupo de consagrados?
4. ¿Es “el cristiano carnal” un estado válido
dentro del cristianismo?
Además, el texto de
Pablo divide a los hombres
en tres clases principales: psuquikos,
“de los sentidos” (
Estas iglesias toman
parcialmente el concepto que presenta la nota de Scofield, cuando se refiere a “carnal”, puesto que afirma que es un “hombre
renovado que anda según la carne”. Es
más, hacen una ampliación al describir al carnal como un creyente que “ha
recibido a Cristo pero que vive en derrota porque confía en sus propios
esfuerzos para vivir la vida cristiana”[114]. Además, y de
acuerdo con este acercamiento doctrinal, un creyente carnal se caracteriza por
no haberse entregado por completo a Cristo y porque su comportamiento es igual
al de un no creyente. El creyente carnal
ha aceptado a Cristo como su Salvador, pero no como su Señor[115].
Se hace imperativo ir al
texto mismo para responder a algunas inquietudes, entre ellas: ¿Cómo fue el trato de Pablo con aquellos
hermanos que tenían algunos inconvenientes en su vida diaria en relación con el
pecado? ¿Por qué los denomina carnales y qué implicación tiene hacer esto? ¿Han
perdido su salvación? ¿Llamarlos carnales es una forma de disciplina?
No obstante, vale la pena
aclarar que el tema del pecado en el creyente no puede ser abarcado en su
totalidad por este texto de
2.1
CONTEXTO GENERAL DE LA CARTA DE I CORINTIOS
Pablo había fundado la
iglesia de Corinto luego de su paso por Atenas, según atestigua
2.1.1 Autor.
Existen evidencias internas y externas acerca de la autoría de Pablo de
I Corintios. En cuanto a las internas, él se menciona como
su autor en varios sitios (1:1, 12, 13; 3:4,5,22; 16:21). Pablo se identifica en la fórmula
introductoria (1:1-3) como apóstol de Jesucristo y junto con Sóstenes, se
declaran como los remitentes de la carta.
Adicionalmente en los saludos finales (16:21), Pablo aclara que él
escribe de su propia mano. Con relación
a las evidencias externas que identifican la carta como paulina, Clemente de
Roma en el año 95 d.C. escribía a los corintios teniendo presente el tema de
los partidos que se habían levantado en Corinto[117]. Además, aparecen referencias a la carta en la
epístola de Bernabé (aprox. 132 d.C.), en la Didaqué (aprox. 90 d.C.), y en
Diálogo de Justino Mártir (aprox. 150 d.C.). Por su parte, Marción (aprox. 140
d.C.) consideró la carta como parte del canon, y en el Código Muratoriano
(aprox. 170 d.C.) se declaró que ambas
cartas a los corintios pertenecían a Pablo.
Finalmente, también ha sido citada ampliamente por Clemente de
Alejandría (aprox. 180 d.C.)[118].
2.1.2 Destinatarios. Pablo menciona a los receptores de la carta
en el v. 2, “... a la iglesia de Dios que está en Corinto”. Esta iglesia fue fundada por Pablo, así lo
atestigua
Los contactos de Pablo con
sus destinatarios tuvieron lugar en más de una ocasión como lo atestiguan varias
referencias bíblicas:
2.1.3 La ciudad de Corinto. Esta fue fundada nuevamente en el año 44 a.C. por Julio César, debido a su
ubicación estratégica para el comercio, puesto que poseía dos puertos, uno por
el oeste hacia el mar Adriático y el otro en dirección al Egeo. El comercio hizo muy prospera a la ciudad de
Corinto y la abundancia de dinero facilitó el surgimiento de los vicios, la
fornicación y la idolatría[121].
La lengua oficial de la
ciudad de Corinto era el latín y la de uso común era el griego. Toda una reunión de culturas se unía en la
ciudad: griegos, romanos y orientales. Lo que la llevó a tener un alto nivel de
competitividad, pragmatismo y pluralismo[122].
2.1.4 Ocasión y propósito. Indudablemente el Espíritu de Dios guiaba a
Pablo a escribir sus cartas, con el fin primordial de establecer a los
destinatarios en la doctrina y darles pautas relacionadas con aspectos que
afectaban la vida en comunidad. En la
carta de I Corintios resulta claro, desde el inicio del texto, el deseo que
tuvo Pablo de que la iglesia se mantuviera unida y no continuara en las
contiendas y divisiones en que se hallaba.
Además de esto, el apóstol quería llamar la atención a la comunidad de
Corinto por su falta de firmeza frente a los desórdenes de los hermanos, en
especial el problema mostrado en
A lo largo de la carta Pablo
respondió a preguntas que le fueron hechas mediante carta (7:1), o en persona
(16:17). Aun cuando el apóstol contestó
a las inquietudes de los corintios, tras sus recomendaciones siempre existió el
propósito de cimentarles teológicamente[123].
Otra idea que se puede
apreciar en la carta es que existía una actitud de oposición entre el apóstol y
la iglesia, o por lo menos con una parte de ella. Esto se puede observar en pasajes tales como
Tal vez no sólo se estaba
dudando de la situación apostólica de Pablo, sino que, además, se estaba
tratando de cambiar el evangelio hacia el helenismo. El punto clave de la discusión consistía en
saber el significado de ser espiritual, pues ellos se consideraban a sí mismos
como tales, pero dudaban que el apóstol lo fuera. Por lo tanto el propósito central de la carta
era la defensa del apostolado paulino y su crítica a los espirituales[125]. No obstante, se pueden dilucidar otros
propósitos secundarios tales como: combatir el dualismo helenístico, afrontar
la escatología realizada[126], incentivar la
unidad de la iglesia y responder a las preguntas hechas por la comunidad de
Corinto[127].
2.2 CONTEXTO Y ANÁLISIS A
Este pasaje,
específicamente, se encuentra en la primera parte de la respuesta de Pablo a la
información que le fue llevada por la gente de Cloé. Enseguida se presenta la delimitación del
texto, su contexto inmediato y su definición,
que incluye una traducción personal y algunos asuntos de crítica
textual.
2.2.1 Delimitación del texto y del contexto
inmediato. Los de Cloé le llevaron información sobre las contiendas que se
habían levantado entre ellos en favor de uno u otro líder (1:11) y Pablo
explicó a los receptores de su carta lo equivocados que estaban al permitir
esta disputa, y ni aún él mismo quiere ser tomado como tal. Posteriormente, el apóstol exaltó la
sencillez de las gentes que habían recibido el evangelio diciendo: no a sabios
“sino a lo necio del mundo escogió Dios”, para que la gloria sea sólo para Él
(1:26-2:5).
El discurso continúa
alabando la sabiduría, pero no la de este mundo, sino la divina, la sabiduría
en misterio que ha sido revelada, la cual es predicada por el apóstol y
entendida por los verdaderos espirituales, los que no son juzgados sino los que
juzgan claramente (2:6-16).
Después de exponer
que los que son de Dios tienen la mente de Cristo, y de haber explicado que el
hombre natural no puede percibir las cosas que son espirituales, Pablo
introduce el pasaje de estudio con “Kavgw,( avdelfoi,” (Así que yo,
hermanos). La palabra Kavgw, está compuesta por
la partícula kai,, y el pronombre personal de
primera persona singular evgw,. La partícula es usada en este lugar como
conjunción explicativa, pues aplica lo que acaba de decir sobre los naturales y espirituales
entre los v. 2:6-16. Hanna adiciona que
cuando funciona como explicativa se le coloca una coma después[128]. La aparición del pronombre evgw, hace que la
atención se centre nuevamente en el apóstol luego de haber estado usando el
pronombre plural singular h`mei/j (nosotros)[129]. Otro indicativo para dar inicio a la perícopa
es el vocativo avdelfoi, (hermanos), con el que el apóstol quiere llamar la
atención a toda la iglesia y no sólo a una parte de ella. Pablo usa esa misma manera de iniciar un
párrafo en 2:1[130].
Habiendo discurrido
sobre el tema de las divisiones, el
evangelio revelado y acerca de quién
es verdaderamente espiritual, Pablo comienza a explicarles que no podía
hablarles como a tales (3:1). Tal vez no estaban cumpliendo en sus vidas las
implicaciones que el término denota. El
apóstol observó la necesidad de darles un alimento infantil a cambio del
alimento sólido que ya deberían tomar, en razón de su supuesta condición de
madurez.
Entre los v. 1-4,
Pablo rebate la supuesta espiritualidad corintia. El apóstol los llamó “carnales”, todo lo
contrario a lo que ellos se creían.
Empleó además lenguaje simbólico para describir la manera cómo los veía
y cómo debía alimentarlos. Se cierra la
perícopa de 3:1-4 cuando, desde el v. 5 en adelante, Pablo inicia la
explicación de que, aunque en el ministerio cristiano todos tienen una
labor, Dios es el que da el crecimiento
(3:7). Luego presenta una pregunta
retórica a la que da respuesta: dicha pregunta surge de lo que se presenta en
el v. 4, acerca de apoyar a diferentes líderes en la iglesia. En este nuevo pasaje 3:5-17 Pablo empieza a
mostrar lo que es un ministerio cristiano verdadero, que consiste en depender
sólo de Dios y no de los hombres. A
pesar de que Dios coloque en un lugar varios hombres para el levantamiento de
su obra, ninguno puede considerarse mayor que el otro. Es vano buscar la
sabiduría humana y no la divina, la primera se debe dejar, la segunda se recibe
al prescindir de la que brinda este mundo (3:18-20). Posteriormente, Pablo proclama que su
ministerio es legítimo (4:1-21).
Resumiendo, el
pasaje de 3:1-4 continua el argumento que Pablo da en contra de las divisiones
y de la mal llamada espiritualidad, de esta forma los cambios presentados dan
la entrada a la perícopa. A partir del v. 5 Pablo amplía y aclara que nadie es
mayor que otro entre los que trabajan en la obra de Dios. (Ver bosquejo en el Anexo).
2.2.2 Definición del texto. En esta sección se presenta el texto de
1 Kavgw,(
avdelfoi,( ouvk hvdunh,qhn lalh/sai u`mi/n w`j pneumatikoi/j avllV w`j
sarki,noij( w`j nhpi,oij evn Cristw/|. 2 ga,la u`ma/j evpo,tisa(
ouv brw/ma( ou;pw ga.r evdu,nasqe. avllV
ouvde. e;ti nu/n du,nasqe( 3 e;ti ga.r sarkikoi, evste.
o[pou ga.r evn u`mi/n zh/loj kai. e;rij( ouvci. sarkikoi, evste kai. kata.
a;nqrwpon peripatei/te; 4 o[tan ga.r le,gh| tij(
VEgw. me,n eivmi Pau,lou( e[teroj de,( VEgw. VApollw/( ouvk a;nqrwpoi, evste;
1 Y yo, hermanos, no pude
hablaros como espirituales sino como carnales, como chiquillos en Cristo. 2
Os
dí a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podías. Y ni aún ahora podéis, 3
porque aún sois carnales. Porque
donde en vosotros [hay] celo y contienda ¿no sois carnales y andáis como
hombres? 4 Porque cuando alguno dice, yo estoy con Pablo y
otro, yo con Apolos ¿no sois hombres?
Existen dos datos en
el aparato crítico del texto griego de las Sociedades Bíblicas[132]:
1. En el v. 2, algunos manuscritos omiten el
adverbio e;ti (aún). La amplitud de los textos en los que aparece
es superior y mucho más fuerte.
2. En el v. 3, algunos textos presentan la
adición de kai. dicostasi,ai (y disensiones). Se prefiere la lectura más
corta.
2.3 EXÉGESIS A
Por lo observado, el
contexto del pasaje se encuentra dentro de la respuesta que Pablo dio a los informes llevados a él. En toda esta división, y de manera general en
la carta, el apóstol hizo una defensa de su apostolado y criticó directamente a
los que se auto-denominan “espirituales”.
La perícopa estudia el debate al que se dio inicio desde el comienzo de
la carta. Pablo observó la incoherencia
entre llamarse espirituales y estar divididos.
El apóstol les dijo que seguían pensando como simples seres humanos[133].
2.3.1 Diagrama estructural. A continuación se
presenta el diagrama de la perícopa de estudio para entender cómo están
relacionadas las oraciones del texto, además de mostrar cómo se relacionan
semánticamente las cláusulas y oraciones:
1 avdelfoi,( Exclamación
Hermanos
Kavgw,(...
ouvk hvdunh,qhn lalh/sai u`mi/n w`j pneumatikoi/j Afirmación
Y
yo no pude
hablar os como espirituales
avllV
sino
w`j
sarki,noij( Simultaneidad
como
carnales
w`j nhpi,oij evn Cristw/|.
como
chiquillos en Cristo.
2 ga,la
u`ma/j evpo,tisa( Declaración
leche os di a beber,
ouv brw/ma( Comparación
no alimento sólido
Adversativa
ga.r
porque
ou;pw.
... evdu,nasqe. Causa
todavía
no podíais
avllV
pero
ouvde.
e;ti nu/n du,nasqe( Ratificación
ni
aún ahora podéis
3 ga.r
porque
e;ti
... arkikoi, evste. Explicación
aún carnales sois.
ga.r
porque
o[pou
... evn u`mi/n Causa
todavía en vosotros
zh/loj
celo
kai.
y
e;rij(
disensión
ouvci.
sarkikoi, evste
¿no
carnales sois
kai.
y
kata.
a;nqrwpon peripatei/te; Pregunta
Retórica
como
hombre andáis?
4 ga.r
porque o[tan...le,gh|
tij( Explicación
cuando dice alguno
Vegw.
me,n eivmi Pau,lou(
yo por un
lado soy de Pablo
de
y
e[teroj,( VEgw. VApollw/(
otro
yo de Apolos
ouvk a;nqrwpoi, evste; Pregunta
retórica
¿No hombres sois?
El texto de estudio
se inicia con una afirmación “y yo ... no pude hablaros como a espirituales” (Kavgw,(
... ouvk hvdunh,qhn lalh/sai u`mi/n
w`j pneumatikoi/j,). El apóstol expuso a los
corintios el eje central de su discurso: no poder hablarles como a
espirituales. Se muestra la
simultaneidad en el hecho de que les hablara “como a carnales, como chiquillos
en Cristo” (w`j sarki,noij( w`j nhpi,oij evn Cristw) lo cual es
anticipado por la partícula adversativa “sino” (avlla).. La exclamación “hermanos” (avdelfoi,) inicia el gráfico a
través del cual Pablo les indicó su condición de ser participes de la gracia,
pero les llamó la atención para que se centren en lo que les va a decir.
Posteriormente, se
indica el evento mediante el cual el apóstol declaró lo que hizo con los de
Corinto: “os dí a beber leche, no alimento sólido” (ga,la u`ma/j
evpo,tisa( ouv brw/ma). El
apóstol les enfatizó que aún no podían:
“porque todavía no podíais. Y ni
aún ahora podeís” (ou;pw ga.r evdu,nasqe.
avllV ouvde. e;ti nu/n du,nasqe). Posteriormente se sirvió de la partícula
“porque” (ga.r) para explicar lo que estaba
sucediendo con ellos: “aún sois carnales” (e;ti ...
sarkikoi, evste). Y nuevamente usó la
misma partícula ga.r (cuatro veces en la perícopa) para expresarles la causa de su carnalidad:
había celo y disensión o[pou ...
evn u`mi/n zh/loj kai. e;rij.
La pregunta retórica
“¿No sois carnales y andáis como hombres?” (ouvci.
sarkikoi, evste kai. kata. a;nqrwpon peripatei/te;) da continuidad a lo
dicho anteriormente y proveyó una explicación de cuál es la razón de por qué se comportaban
como hombres: “Porque cuando alguno dice, yo estoy con Pablo y otro, yo con
Apolos” (o[tan ga.r le,gh| tij( VEgw. me,n eivmi Pau,lou( e[teroj
de,( VEgw. VApollw). Para
finalizar, empleó otra pregunta retórica con el fin de enfatizar que su
comportamiento era el de simples hombres:
“No sois hombres” (ouvk a;nqrwpoi, evste;).
2.3.2 Análisis gramatical y comentarios por
frases. Como se indicó
anteriormente, aparecen palabras que
indican una nueva perícopa de estudio.
Estas son: Kavgw,( avdelfoi. La primera palabra llama
la atención al apóstol y la segunda a los remitentes de la carta, a quienes
llama “hermanos”.
Luego se encuentra
una afirmación clara de lo que Pablo les quiere transmitir a los corintios: a
ellos no les pudo hablar como a espirituales.
Sucesivamente, el apóstol continua presentando las razones por las
cuales no les pudo hablar de esa manera.
Hay dos preguntas retóricas dentro del texto, que por sus partículas de
inicio ouvci. y ouvk esperan una respuesta
positiva. Se resalta también el uso de
las palabras sarki,noij,
nhpi,oij, sarkikoi,.,
a;nqrwpoj
para calificar a los que se consideran pneumatikoi/j.
1
Kavgw,( avdelfoi,( ouvk hvdunh,qhn lalh/sai u`mi/n w`j pneumatikoi/j
Pablo
usó la palabra Kavgw ( kai, + evgw,) ocho veces en esta carta.
En todas las oportunidades quiso llamar
la atención sobre sí mismo. En
Continua
con el vocativo avdelfoi,
(empleado con mayor presencia en este libro: 22 veces), con el fin de mostrar a
la comunidad corintia su relación filial con él. A pesar de las dificultades por las que
estaban pasando, seguían siendo hermanos y con ello les estaba comunicando su
sentimiento solidario. Por otro lado,
Pablo usó este vocativo sin identificar a un grupo especial dentro de la
iglesia, mas bien quería referirse a su totalidad. Quizá el problema recaía en algunos, pero los
demás se habían contaminado con los comportamientos inadecuados.
Pablo
mostró con la negación ouvk, su imposibilidad de poder referirse a ellos
como espirituales. Ahora les niega ese calificativo con el que en 2:13-15 les
había hecho referencia a que eran los que entendían lo referente a Dios. El adjetivo pneumatikoi/j
en su forma masculina plural solo aparece tres veces
en el Nuevo Testamento: aquí en
En
el desarrollo de las cartas paulinas, el apóstol ha enseñado que los que han
llegado a ser creyentes, y tienen vida nueva, andan de acuerdo al Espíritu,
como lo explica en
Al
decir “... no pude hablaros como espirituales”, Pablo parece dar cabida a
pensar que existen cristianos “no espirituales”, cosa que es verdadera y falsa
a la vez. Es falsa en el sentido de que
el Espíritu es el factor crucial que determina si uno es o no creyente; uno no
puede ser cristiano y estar privado del Espíritu (cf.
avllV
w`j sarki,noij( w`j nhpi,oij evn Cristw/|.
Esta
frase se inicia con avlla,, que
es una conjunción adversativa empleada por el apóstol para mostrar el contraste
entre los pneumatikoi/j (espirituales), y los sarki,noij
(carnales).
El adjetivo sarki,noij aparece en el Nuevo
Testamento en cuatro ocasiones. Por ejemplo en
La raíz de sarki,noij es sa.rx que significa
“carne”, natural o proveniente de la
tierra; aparece en el Nuevo Testamento en 147 oportunidades y en las cartas de
Pablo en 91. El sufijo -i,noj se usa para la
formación de adjetivos a partir de un sustantivo, indica de lo que algo está
hecho[136]. Entonces se puede afirmar que los sarki,noij son aquellos de composición
carnal y que pertenecen al ámbito terrenal.
También la raíz sa.rx se encuentra en 10
ocasiones en las cartas de Pablo para mostrar un contraste entre lo que es de
Dios y lo que no lo es (
De igual forma, se
debe considerar en el estudio de este término el antecedente inmediato de la
perícopa, esto es el pasaje de
Después de llamarlos
carnales, el apóstol les dice que son w`j nhpi,oij evn Cristw/|
“como
chiquillos en Cristo”. Esta frase está
en aposición, lo que significa que el apóstol hace una explicación de lo que
les dijo al llamarlos sarki,noij. (Ver diagrama estructural el la pág. 53,
para apreciar la simultaneidad entre las dos clausulas: w`j sarki,noij y
w`j nhpi,oij evn
Cristw/|). La palabra nhpi,oij puede ser traducida
por “inmaduro” o ” tonto”. Aquí el
propósito de Pablo era decirles que no se estaban comportando en forma
apropiada en relación con la edad que deberían tener[138]. No obstante, están evn
Cristw/|
esto es, eran creyentes. La clausula
“niños en Cristo” denota un llamado a la madurez y al progreso, ellos no
estaban muertos, sino que son niños o inmaduros. El apóstol quiere que lleguen
a la madurez y usó estas palabras a manera de disciplina.
2
ga,la u`ma/j evpo,tisa( ouv brw/ma(
En
esta frase Pablo empleó el termino ga,la,
que se encuentra en cinco ocasiones en el Nuevo Testamento, pero es de resaltar
principalmente el texto de
Pablo
contrastó el alimento sólido (brw/ma)
con la leche (ga,la). Con esta terminología el apóstol no intentó
mostrar un tipo de conocimiento escondido que tienen solamente un grupo
especial en la iglesia, sino que brw/ma,
representa la madurez que deberían tener los de Corinto. La siguiente explicación aclara el uso
metonímico de estos términos:
...
hay que entender las imágenes de “leche” y “vianda” a la luz de la
antítesis. El argumento de 2:6-16 implica
que para Pablo el evangelio del Crucificado es a la vez “leche” y
“vianda”. Como leche es la buena nueva
de salvación; como vianda, la comprensión de que toda la vida cristiana se
fundamenta en la misma realidad; y los que tienen el Espíritu deberían entender
de ese modo el “misterio”. De manera que
los corintios no necesitan un cambio de alimentación, sino un cambio de
perspectiva[140].
La
gente de la iglesia de Corinto había olvidado lo sencillo del evangelio y se
estaban deslumbrando por algún tipo de superioridad, ya sea retórica (2:1-4),
filosófica (1:18-25, 3:18-19) o aún por las manifestaciones externas de algunos
(14:20).
ou;pw
ga.r evdu,nasqe.
Continuando
el apóstol con su explicación, les presentó la causa por la cual había tenido que
darles leche: la incapacidad en los corintios de tomar el alimento sólido:
todavía no (ou;pw, es un adverbio temporal
negativo) podían (evdu,nasqe)
tomarlo porque eran niños.
avllV
ouvde. e;ti nu/n du,nasqe(
Esta
cláusula ratifica la condición que
tenían los corintios y que siguen manteniendo. Aquí la conjunción avlla, no
tiene un papel adversativo, como en el v. 1, sino que es correlativa[141],
pues plantea la misma situación o estado en el que estaban viviendo
anteriormente los corintios. De esta manera, presenta un efecto intensificador
sobre lo que dice el apóstol y podría ser traducida como “en efecto”[142].
De hecho, en el mismo momento en que Pablo escribía la carta
e;ti nu/n (aún ahora) no eran capaces de tomar “alimento
sólido”, pues seguían manteniendo entre ellos las prácticas que Pablo les había
criticado. La dificultad no está en el
mensaje, sino en los corintios.
3
e;ti ga.r sarkikoi, evste.
En
esta cláusula el apóstol les explicó la razón por la que ellos sólo podían
tomar leche: aún eran carnales, lo que ratifica que su estado de inmadurez
permanece. Pablo cambió la palabra del
v. 1 de sarki,noij, por sarkikoi,
(carnales). El
adjetivo sarkikoi, aparece en el Nuevo
Testamento en siete ocasiones (
Así mismo se puede
corroborar el sentido de la palabra por su raíz sa.rx y su sufijo -iko,j. Este sufijo denota una relación ética con la
idea que tiene la raíz, perteneciente a lo que la raíz representa[143]. Indica que no es simplemente su composición
sino que su comportamiento es conforme a la carne. El cambio que hizo Pablo de la palabra sarki,noij,,,,
del v.
1, por sarkikoi, aumenta la magnitud de la
exhortación: mientras en el v. 1 les dijo que son de carne, ahora en el v. 3
enfatizó que su conducta es conforme a la carne.
Tanto
sarki,noij como sarkikoi,
deben observarse en el contexto específico que se está
tratando. Lo más relevante en este pasaje
de
o[pou
ga.r evn u`mi/n zh/loj kai. e;rij(
El
apóstol les dijo las razones por las cuales debió llamarlos carnales; ellos
estaban mostrando a través de su comportamiento que no eran espirituales. Pablo quiso identificar claramente las
conductas pecaminosas de los de Corinto, ya que estas eran las que estaban
causando el partidismo que combatía desde el capítulo uno. Las dos características enunciadas zh/loj
y e;rij
tienen relación con su clamor e interés por ellos mismos. Sus disputas por apoyar o no a un líder
manifestaban rivalidades entre los unos y los otros.
La
palabra zh/loj puede significar un ardiente
deseo o ferviente sentimiento. En varios
lugares de la Escritura tiene una connotación positiva (
El
celo (zh/loj) y la disensión (e;rij)
hacen parte de la lista de obras de la carne que Pablo mencionó en la carta a
los
ouvci.
sarkikoi, evste kai. kata. a;nqrwpon peripatei/te;
Aquí
el apóstol ratificó lo que ya había dicho al inicio del verso: los corintios
son carnales. Los pecados de celo y disensión son el eje central de la
exhortación paulina pues están ubicados en medio de estas cláusulas donde
fueron identificados como carnales: al
inicio del verso en forma de afirmación, y ahora de interrogación. Probablemente Pablo usó la retórica para
demostrarles que también manejaba esa manera de expresión, pues los corintios
le criticaban su falencia en este ámbito (cf.
El inicio de la
pregunta con ouvci. espera una respuesta
positiva. Los corintios eran carnales, y
además Pablo les aclaró que ser sarkikoi, es
comportarse como simples hombres, kata. a;nqrwpon peripatei/te.
La preposición kata. con el acusativo a;nqrwpon
significa literalmente “de acuerdo a los hombres” y se
contrasta con kata. pneu/ma
(conforme al Espíritu) que es como ellos deberían
estar andando (cf.
Es
relevante ampliar el concepto de “andar como hombres”; esta combinación está
presente en el Nuevo Testamento en siete ocasiones así:
1. En
3. En
Resumiendo,
el comportamiento de los corintios era como el de hombres cuya conducta, se asemejaba más a aquellos que no conocían a Dios, y que vivían
en sus pecados[146].
4
o[tan ga.r le,gh| tij( VEgw. me,n eivmi Pau,lou(
e[teroj de,( VEgw. VApollw/(
Aunque
en este versículo el apóstol retoma el tema de 1:10-12, y se nombran sólo a
Pablo y a Apolos, no se debería considerar que por esta razón no se está
combatiendo toda facción que se haya levantado.
Es probable que lo que ha venido tratando anteriormente esté más relacionado con los posibles seguidores de
Apolos.
La
conjunción ga.r muestra la continuidad del
discurso y da inicio a la explicación de por qué el apóstol les dice que “andan
como hombres”. El uso repetitivo de esta
conjunción indica la unión de todo el argumento de por qué el apóstol tuvo que
darles “leche” y no “alimento sólido”.
Lo que hizo Pablo fue ampliar y dar claridad sobre cuáles eran las
razones de esa alimentación.
Cuando
se usa la partícula o[tan con el modo subjuntivo en
presente, en este caso le,gh|, significa
que la acción sucede indefectiblemente[147]. De hecho, lo están haciendo, están levantando
entre ellos un excesivo celo por personas, lo que no es un comportamiento
adecuado para un creyente que se considera espiritual.
ouvk
a;nqrwpoi, evste;
Esta
nueva pregunta retórica cierra la perícopa.
Pablo volvió a decirles que viven como hombres, como personas comunes y
no como creyentes comprometidos. Parece que
los corintios no habían entendido que su comportamiento era típicamente de
hombres, por lo que el apóstol cierra el pasaje con esta nueva
reconvención. La construcción de la
pregunta exige una respuesta positiva.
2.3.3 Conclusiones teológicas. La iglesia de Corinto presentaba diferentes
problemas, a los que Pablo dio solución desde el inicio de la carta. Sin lugar a dudas, el más importante era su
disputa con Pablo, con respecto a que él no era espiritual como ellos sí creían
serlo.
1. Pablo les declara carnales, 3:1. Pablo había
recibido el informe de los de Cloé sobre su comportamiento sectario, una
actitud que el apóstol rechaza colocándose él mismo al nivel de los otros que
trabajan en la obra de Dios. En toda la
primera parte de la carta (1:10-4:21) Pablo describe y ataca a los diferentes
grupos que se habían formado en Corinto; un comportamiento que no es correcto
para aquellos que se auto-consideraban espirituales.
En
esta perícopa el apóstol es tajante con sus comentarios frente a los de
Corinto. Después de describir en el capítulo dos que los
espirituales son los que comprenden las cosas de Dios y que los naturales no lo
hacen, les dice que ellos andan como simples hombres. Su comportamiento no es precisamente el de un
espiritual, quien debería entender que tanto el que siembra como el que cosecha
son lo mismo y todos sirven a Dios.
Pablo
no los llama directamente yuciko.j,
que es el término que aparece en 2:14 para describir al que no es espiritual y
que no conoce a Dios. Pero tampoco se
puede referir a ellos como pneumatikoi/j,
por lo que el apóstol emplea términos diferentes para describir su condición
carnal sarki,noij y sarkikoi,. Aunque estos han sido traducidos de la misma
manera, sarkikoi,
describe no sólo la composición de carne, sino el hecho de ser controlado por
ella o estar viviendo según el
mundo. Son creyentes pero están
comportándose de forma contraria a como se comportaría un pneumatikoi/j.
Una
traducción más acertada para la palabra sarki,noij
es “inmaduros”: ellos no pueden recibir toda la sabiduría como los que son
maduros (2:6). Pablo poseía la sabiduría
de Dios, que por obvias razones es superior a la sabiduría del mundo, pero los
corintios son inmaduros porque habían sido deslumbrados por la sabiduría mundana. Sin embargo, no se puede decir que la
sabiduría que Pablo predicaba era sólo para algunos, sino que los maduros son
los que reciben de buena gana el conocimiento de Dios y no lo subordinan a la falsa filosofía humana. En tanto que los inmaduros, permiten que
dentro de ellos se aniden partidismos que defienden cada uno maneras de pensar simplemente
humanas.
2. Alimento propio para los carnales,
3:2-3a. Los de Corinto se consideraban a
sí mismos espirituales y Pablo en diferentes lugares de la carta empleó la
ironía con respecto a su apelativo (1:20, 3:18, 5:1, 8:2, 14:37). Aquí en 3:1-4 les dijo de manera directa que
no les podía hablar como a creyentes
maduros que han aprendido a tomar alimento sólido, sino como a niños que
requieren que se les enseñe las mismas cosas (el evangelio de forma sencilla),
porque no estaban en capacidad de asimilar los conocimientos más elaborados de
la verdadera fe. Con esto, Pablo no
quería dar la impresión de que exista un conocimiento especial que sólo los maduros
poseen y que les es velado a los demás.
Hodge expone: “La verdad
importante es que no hay dos clases o grupos de doctrinas, una forma de fe
superior y otra inferior, una para los eruditos y otra para los indoctos; no
hay ninguna parte del evangelio que estemos autorizados a ocultar al pueblo”[148]. El asunto principal radica en que los de
Corinto se estaban comportando como hombres y necesitaban orientar su creencia
para seguir adecuadamente la vida cristiana; no necesitaban cambiar su comida,
pues el evangelio es el mismo, necesitaban cambiar su manera de ver la fe[149].
3. Evidencias de carnalidad, 3:3b-4. Los corintios eran carnales o inmaduros,
creyentes que estaban permitiendo que se anidara el celo por los líderes, lo
que los llevaba a disputas entre ellos.
Eran creyentes que no habían querido aceptar la igualdad de todos los
que trabajan en el Reino y que habían colocado a personas como iconos para ser
exaltados. Al proceder de esta forma, los creyentes de la iglesia se ubicaban
dentro de uno u otro grupo de seguidores, unos mayores que serían los
espirituales y otros que no lo serían.
Además de las mencionadas brechas sociales y económicas, estaban
colocando una brecha adicional, unos se creían más que los otros, viviendo en
un estado superior que el de los demás.
El
pecado de los corintios se estaba manifestando en su divisionismo; además, los
espirituales creían que ya estaban viviendo en un estado de plenitud con Dios,
sin importar lo que hicieran con el cuerpo pues su espíritu estaba en concordancia
con el de Dios. Pero no era así, ellos
estaban permitiendo que en la iglesia hubiese fornicación la que ni aún se
nombraba entre los gentiles; otros pensaban que el hombre debería apartarse de
la mujer para que quizá a través de su estado de abstinencia sexual lograran
ser más espirituales. Otros criticaban a
Pablo por su discurso, puesto que le faltaba la retorica que sí usaban otros y
que les daba más prestigio. Otros se creían superiores porque manejaban ciertos
dones que los demás no tenían, como el don de lenguas. En todos los pecados en que se movían los
espirituales, existía un deseo de exaltación, de sentirse superiores a los
demás, de enorgullecerse, de hacer las cosas como ellos pensaban y no como Dios
lo quería.
Pablo
reconoció que los corintios son hermanos en la fe y él deseaba que dejaran de
pensar como la gente del mundo[150]. Fee expone: “Las personas espirituales deben
andar en el Espíritu. Si hacen lo
contrario, serán carnales y se les pide que desistan de ello. El seguir siendo
carnales no es una de las opciones”[151].
El apóstol los exhortó a no seguir de la misma forma; no les estaba diciendo
que continuaran en su estado de carnalidad.
Pablo los confrontó con su pecado de orgullo, falta de sumisión a su
apostolado y divisionismo.
Se
puede reconocer por el pasaje en mención que existen dentro de la iglesia
creyentes que permiten que el pecado se anide en sus vidas. Este los lleva a no
someterse a las personas a quienes Dios les ha dado autoridad, o a pensar que
su forma de actuar es mejor que la que Dios demanda. En este caso, los diferentes grupos que se
levantaban podían estar exaltando buenas capacidades en cada uno de sus
líderes: Pablo por su llamado entre los gentiles (
También
es importante concluir que esa falsa superioridad era una muestra de su
inmadurez. Se debe aclarar que siempre
hay “inmaduros” en la iglesia. Son
aquellos recientemente convertidos, pero hay creyentes que no crecen de la
manera correcta, lo que se considera como una falta. Su inmadurez se hace manifiesta de alguna
forma pecaminosa y en este caso por su celo desmedido por algunos líderes. El apóstol Pablo no patrocinó el hecho de que
los creyentes permanecieran en ese estado sino que les aclara que es mejor ser
espiritual.
2.3.4 Comparación con la literatura paulina y con
otras epístolas. Varias de las ideas del pasaje de
La
similitud que se encuentra con el problema de corintios radica en que en la
carta a los Gálatas los judaizantes eran
los que se consideraban “espirituales” o superiores. Era un grupo de fariseos que se impresionaron
con el mensaje de la resurrección de Cristo y con la narración de sus milagros.
Se unieron a los que seguían a Jesús, pero en el fondo permanecían legalistas
en su vida judía, pues creían que hacía falta algo más que sólo fe para ser
salvos y que era necesario cumplir las diversas ceremonias judías, en especial
la circuncisión[153]. En I Corintios, los “espirituales” hacía
referencia a un grupo que se comportaba con orgullo frente a los demás;
consideraban que Pablo no tenía el manejo de la sofía, como seguramente
sí lo tenía Apolos. Además, creían que
Pablo debería dedicarse solamente al ministerio pues para ellos era deshonroso
que se dedicara a trabajar en la elaboración de carpas[154]. Tanto los “espirituales” de Corinto como los
nombrados en la carta a los Gálatas, se veían a sí mismos superiores a los
demás en las respectivas iglesias y criticaban el apostolado paulino. Su inmadurez consistía en que no podían
entender el evangelio de la gracia, libre de las ataduras rituales judías.
Tanto
en I Corintios como en Gálatas, Pablo consideraba que los que crearan este tipo
de división dentro de la iglesia, eran cristianos “inmaduros”, que tenían una
alta ambición personal de mostrarse como los depositarios de una sabiduría o
comportamiento superior dentro de la iglesia.
También
se puede ver similitud de la idea de
Y
él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas;
a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos
para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta
que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a
un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para
que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de
doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las
artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos
en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el
cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan
mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento
para ir edificándose en amor.
En
esta porción los “niños fluctuantes” son aquellos que se habían dejado engañar
por diversas doctrinas. Con el propósito
de que no se queden en ese estado infantil, Cristo ha colocado a los apóstoles,
pastores y maestros en la iglesia. Dios
no desea que los creyentes se queden en un estado de inmadurez; pretende que
crezcan a la “medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Pablo no veía con buenos ojos un estado de
niñez fluctuante en los creyentes; ellos deben ser nutridos para evitar el
desvío. Pablo confronta y además
defiende el ministerio de los que Dios ha designado para tal fin.
En
Efeso los “espirituales” podrían ser aquellos que se habían dejado influenciar
por los diversos movimientos filosóficos de la época como el Estoicismo, el
Hedonismo, Escepticismo, Eclecticismo y Neoplatonismo[155]. Otra posibilidad es que, antes de creer,
hayan participado de esos grupos, lo cual los pudo llevar a su enfrentamientos
entre diferentes facciones que apoyaban una u otra linea de pensamiento
recibida, porque se presentaba de manera encubierta o con supuestos buenos
propósitos. Al igual que en la I Corintios, los
supuestos “espirituales” estaban desviando a la congregación, y ellos mismos se
convertían en niños fluctuantes o creyentes inmaduros.
Es claro que Pablo
no permitía que ningún grupo de personas en la iglesia se colocara en una
postura superior a los demás. Todos eran
iguales a los ojos de Dios, y tenían el mismo conocimiento salvador. Dios había establecido personas que llevaran
su Palabra y obra, pero debería ser Él quien los colocara y no una
auto-coronación, por linaje,
conocimiento o por seguir alguna corriente de pensamiento diferente.
También se puede
encontrar la idea de no aceptar el pecado en el creyente en el texto de
Porque
los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del
Espíritu, en las cosas del Espíritu.
Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu
es vida y paz. Por cuanto los
designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley
de Dios, ni tampoco pueden; y los que
viven según la carne no pueden agradar a Dios.
Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que
el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de
Cristo, no es de Él. Pero si
Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado,
mas el espíritu vive a causa de la justicia.
Y si el Espíritu de
aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de
los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su
Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a
la carne, para que vivamos conforme a la carne;
porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu
hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
Aquí el apóstol
Pablo declaró que quien tuviese el Espíritu debía de ocuparse de Él, pues quien
se ocupa de la carne está en enemistad contra Dios. Al igual que en Corinto, Pablo no está dando
tregua al pecado en el creyente; dejó suficientemente claro que quien se ocupa
de la carne, no participa de las cosas de Dios.
Por eso les dice a los creyentes que deben hacer morir lo terrenal en
ellos, que un estado de carnalidad no es una opción para vivir la vida
cristiana. Un creyente inmaduro es aquel
que piensa que es correcto creer y vivir conforme a la carne, no ha entendido que el Espíritu de Dios es
quien está en él y que mediante su poder, y no por las obras de su carne, debe
mortificar el pecado. Así como sucedió
en Corinto, Pablo no patrocinó el pecado en el creyente y, específicamente en
Romanos, los insta a dejarlo.
También el mismo
argumento de la inmadurez se puede observar claramente en el texto de
Acerca
de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis
hecho tardos para oír. Porque
debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se
os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios;
y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento
sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la
palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para
los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos
ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.
La mención de la
inmadurez es clara, ya que ellos deberían ser maestros pero el autor de
Hebreos les dice que ellos deben recibir
leche. Aquí el problema es que los
cristianos se han estancado y no pueden tomar comida sólida. Bruce explica que el contraste entre estos
dos alimentos, la leche y la comida sólida, tenía uso común en la naciente
iglesia, así como en la filosofía moral griega[156]. El problema con los hebreos residía en que
crecer en el conocimiento les obligaba a romper con sus lazos antiguos, lo que
incluía dejar todo el sistema sacerdotal. La similitud con el pasaje de
Se puede decir que el estado
de “inmadurez” en un creyente, no debe ser el modo corriente de vida. Mantenerse en ese período sería pecaminoso ya
que Pablo explica que los inmaduros (sarkikoi,) son
los que se comportan como hombres (kata. a;nqrwpon
peripatei/te). Con el uso
de este lenguaje de “niños” y “carnales”, se dio a entender a los creyentes
acerca de su incapacidad de recibir toda la sabiduría del evangelio. En el texto de estudio, la inmadurez era
manifiesta por el celo y la disensión; dichos comportamientos son considerados
pecaminosos en el Nuevo Testamento. Por
otro lado, aquellos que tienen el Espíritu de Dios deben vivir conforme a Él y
nutrirse del evangelio. Aunque exista
un período, normal en la vida de todo cristiano, en que aún es un “bebe en
Cristo”, es incorrecto permanecer en él.
El creyente verdadero debe propender por crecer hacia la madurez.
3. COMPARACIONES Y PROPUESTA PARA LA IGLESIA
EVANGÉLICA DE COLOMBIA
En el capítulo uno del
presente trabajo se expuso la manera cómo la iglesia Católica Romana; y las
posturas del Calvinismo y el Wesleyanismo, dentro del Protestantismo, conciben el
pecado en el creyente. En el capítulo
dos se presentó la exegesis del pasaje clave de esta investigación,
3.1 COMPARACIONES
Para realizar la comparación
en igualdad de condiciones, entre las posturas mencionadas y el manejo de Pablo
con los creyentes en
3.1.1 ¿Peca un creyente? De acuerdo con el texto de estudio se puede
responder afirmativamente. Los de
Corinto estaban manteniendo cierto partidismo y lucha por defender a sus
líderes. La actitud de celo y contienda
no es correcta desde el punto de vista cristiano, tal y como lo demuestra
Digo pues: Andad en el
Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el
Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis
lo que quisiereis. Pero si sois guiados
por el Espíritu, no estáis bajo la ley.
Y manifiestas son las obras de la carne que son: adulterio, fornicación,
inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos,
iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras,
orgías y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os
lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de
Dios.
Con respecto al pecado en el
creyente, tanto el Catolicismo como el Calvinismo consideran que el cristiano
sigue pecando. No obstante, el Wesleyanismo
es el único acercamiento teológico que afirma que en algún momento un creyente
puede llegar a no pecar, y al estado en el que no se peca lo denominan
“perfección cristiana”. Tal posición sostiene que el cristiano vence las
inclinaciones al mal, que pueden quedar en su vida después de creer, y que su
corazón se llena de amor hacia Dios y hacia sus semejantes, de tal manera que
ningún pecado puede existir[157]. Así lo expresó Wesley en su sermón sobre “La
circuncisión del corazón”:
... esa circuncisión del
corazón que ha de recibir la alabanza de Dios. Haremos observar en general, que
es la disposición habitual del alma, llamada en la Sagrada Escritura
santidad. Que significa literalmente
estar limpio de pecado: de toda inmundicia de carne y de espíritu; y por
consiguiente estar dotado de todas las virtudes que tenía también Jesucristo;
estar renovados en el espíritu de nuestra mente, hasta ser perfectos como
nuestro Padre que está en el cielo es perfecto[158].
Haciendo un acercamiento
doctrinal al Wesleyanismo, es importante aclarar que su definición de pecado da
lugar a que tal estado de perfección pueda presentarse, pues consideran que el
pecado debe incluir un agente volitivo.
De esa manera, algunos comportamientos que no incluyan la voluntad deben
ser considerados como debilidades o flaquezas, no como pecado[159].
Con respecto a este punto ha
existido una gran disputa entre el Wesleyanismo y el Calvinismo, el cual
considera que los creyentes siempre pecan y no dejarán de hacerlo sino en el
estado de gloria, es decir, cuando lleguen a la presencia de Dios. De esa forma, la diferencia entre estas dos
posturas radica en que el Wesleyanismo considera que se puede dejar de pecar,
mientras que el Calvinismo asevera que es imposible dejar de pecar. Así se expresa Calvino hablando de los
creyentes: “... siempre son unos pobres
pecadores”[160].
Por otro lado, el
Catolicismo no sólo declara que el creyente sí peca, sino que diferencia los pecados cometidos entre
pecados mortales y veniales. El creyente
comete siempre alguna de estas clases de pecado; solamente se considera que los
“elevados” a la categoría de santos no cometieron pecados mortales[161]. Por su parte, el Calvinismo y Wesleyanismo,
siempre se han opuesto a esa clasificación de pecados que coloca a unos como
más gravosos que otros ante los ojos de Dios.
Para estas doctrinas protestantes todo pecado es digno de ser condenado
debido a que Dios es Santo y que todo pecado constituye una ofensa a su
carácter.
Sin embargo, en la práctica
evangélica se maneja cierta diferencia en la que parecen existir distintos
tipos de pecados, pues cada uno de ellos no se tratan de la misma forma. Por ejemplo el pecado de la mentira se
considera menos grave que el asesinato.
Parece que se presentan
diferencias semejantes a las que marca el Catolicismo entre pecado
mortal y venial, aunque no se denominan de esta forma. Por ejemplo Calvino consideraba que el
creyente comete pecados ocultos, notorios, faltas leves y faltas graves[162]. También el
Catecismo de Westminster afirma:
“¿Son todas las trasgresiones de la ley igualmente detestables? Algunos pecados, en sí mismos, y por diversos
agravantes, son más detestables a la vista de Dios que otros”[163]. De forma similar, el Wesleyanismo hace
diferencia entre flaquezas y pecados intencionales. Por supuesto el concepto del pecado y sus
consecuencias varían drásticamente entre el Catolicismo y el Protestantismo.
Para el Catolicismo el
pecado traerá consecuencias eternas y temporales. Como solución a las consecuencias eternas presentan
la obra de Cristo como única opción, pero existirán penas temporales que el
creyente deberá pagar mientras viva, y luego de la muerte, en el
Purgatorio. Este postulado es rechazado
por el Calvinismo y el Wesleyanismo ya que uno de los pilares de su fe es la
salvación por gracia dada gratuitamente al pecador, como un regalo inmerecido
de Dios, sin que éste deba pagar para ser salvo. No obstante, estas doctrinas protestantes sí
consideran que el pecado puede traerle consecuencias al pecador, pero es
diferente que existan consecuencias, a que tenga que pagar una pena temporal
que no fue cubierta por la obra de Cristo en la cruz.
Frente a la doctrina de la
pena temporal en el Purgatorio marcada por el Catolicismo, se debe anotar que
el testimonio bíblico no la concibe de la misma manera. El Catolicismo basa su doctrina en
interpretaciones erróneas de los textos de
Como conclusión, se puede
decir que los creyentes sí pecan, como se demostró por el texto de
estudio. Todas las posturas teológicas estudiadas
consideran que los creyentes pecan, aunque para el Wesleyanismo hay un estado,
denominado la “perfección cristiana”, en donde se puede llegar a no pecar. Finalmente es importante resaltar que dentro
del Catolicismo existe una clasificación de pecados y el creyente debe sufrir una pena
temporal en el Purgatorio para pagarlos;
ambas posiciones son condenadas por el Protestantismo debido a la
ausencia de un asidero bíblico claro.
3.1.2 ¿En qué medida es
válido el uso del término carnal para referirse a un creyente? Considerando el análisis realizado en el
capítulo anterior, se puede afirmar que Pablo usó el término para referirse a
los creyentes de Corinto. Sirviéndose
del contexto en el que aparecía el pasaje de estudio, se llegó a la deducción
de que la mejor traducción para las palabras sarki,noij y sarkikoi,
es “inmaduros”, especialmente por el antecedente desde el versículo 2:6 y por la
cláusula “como chiquillos en Cristo” que se encuentra en aposición a “como a
carnales” (3:1). Con esto en
mente, es necesario aclarar que hay dos eventos por los cuales un creyente puede recibir este calificativo:
1. Cuando una persona se convierte al
cristianismo es inmaduro, o niño en Cristo, porque su conocimiento de las
verdades básicas del evangelio, de Dios y de la vida cristiana, no han sido
aprendidas ampliamente y sólo unas pocas han sido asimiladas. En una de sus epístolas Pedro se refiere a
ese momento, de niñez espiritual, usando los mismos términos de Pablo en la
carta a los Corintios: “... desead, como niños recién
nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para
salvación”.
2. Cuando exista un comportamiento
pecaminoso. Como se indicó, el apóstol
no podía darles “alimento sólido” porque estaban siendo inmaduros por su manera
de actuar, evidenciado en el celo y la disensión. El término empleado por Pablo
a manera de exhortación se encuentra en el texto de estudio de
Comparando estos
conceptos con las posturas estudiadas, se puede decir que todas consideran a un creyente como inmaduro tanto
en el inicio de su recorrido cristiano, como cuando comete algún pecado. Por ejemplo en el Catolicismo, cuando un creyente
peca, está en estado de inmadurez; sin embargo, si los pecados cometidos han
sido veniales no sería visto como inmaduro pues estos no le quitan su estado de
plena gracia para con Dios. De igual
forma, Wesley sostiene en sus sermones que los “niños en Cristo” están en parte
santificados de acuerdo a la medida de su fe[166], mientras que el Calvinismo
considera que un creyente siempre peca mientras viva, y que todo cristiano en
alguna medida es carnal[167].
Considerando la
pregunta anterior del pecado en el creyente, y esta sobre el uso del término
“inmaduro” o “carnal”, se podría pensar que las diferentes confesiones
eclesiales permiten este tipo de comportamiento, pero no es así: en el Catolicismo es necesario que la
persona salga del estado de pecado, aún cuando sus pecados sean solamente veniales;
el feligrés debe hacer los actos de penitencia o piedad o la confesión de sus
faltas para que su estado no empeore ni siga expuesto a la pena eterna[168]. Por su parte, las posturas del Calvinismo y
Wesleyanismo dentro del Protestantismo tampoco permiten que el creyente
permanezca en su estado de pecado: en el Calvinismo no se tolera que el
creyente se comporte como un impío, de manera que se le debe amonestar para que
cambie su forma de vida a la que Dios desea[169]. En el Wesleyanismo los creyentes deben luchar
por llegar a la “perfección cristiana” pues es el deseo de Dios[170].
A estas alturas del
estudio es importante abrir un espacio para aclarar el manejo que algunas
creyentes dan al término “carnal”. Este
concepto hace referencia a un creyente que está derrotado porque continúa
confiando en su propia carne para vivir[171]; también sostiene
que el creyente “carnal” ha recibido a Cristo solamente como su Salvador y no
como su Señor[172]. Estas afirmaciones no se encuentran en la
Escritura, y ninguna de las confesiones eclesiales estudiadas lo contemplan de
esa manera. Reisinger enumera varios
problemas que surgen con el incorrecto acercamiento al tema del cristiano
carnal:
1. Corrompe muchas doctrinas de la fe cristiana:
por ejemplo los oficios de Cristo en la vida del creyente; ellos son profeta,
sacerdote y rey. De considerar la
postura del “cristiano carnal” como cierta, Cristo sería el sacerdote y el
profeta, pero no el rey del creyente.
2. Separa dos doctrinas centrales y principales
de la fe cristiana, la justificación y la santificación: no se mantendrían
unidas, sino que se abriría la posibilidad de que la santificación pudiera
llegar mucho después de la justificación.
3. Hace la santidad, la obediencia, el
discipulado, y la sumisión a Cristo opcionales (cf.
4. Desarrolla el antinomianismo y un falso
estándar de lo que significa ser cristiano: el “cristiano carnal” no se
sujetaría a la ley de Dios y su vida mostraría un cristianismo tibio.
5. Desarrolla una falsa espiritualidad y un
fariseísmo en los llamados “cristianos espirituales”: Los que han llegado a
“cierta” espiritualidad se sentirían superiores con respecto a los “cristianos
carnales”, que serían espiritualmente pobres o menos espirituales[173].
Desafortunadamente
la exégesis empobrecida de estas iglesias hace que el empleo del término
“carnal” deba ser explicado cuando se usa en el contexto eclesial. Es correcto siempre que se esté refiriendo a
un creyente inmaduro o a uno que esté teniendo dificultades con algunos
pecados, como en el caso de estudio en Corinto a quien se amonesta llamandolo
“inmaduro”. Pero es incorrecto usarlo
para “crear” un estado en el que el creyente no se esfuerce por vivir la vida
cristiana y rebaje el estándar de consagración cristiana.
3.1.3 ¿Cambia la condición del creyente cuando
peca? Pablo llamó “hermanos” a la gente
de Corinto a pesar del pecado que estaban cometiendo. Sin embargo, cuando los llama carnales o
inmaduros, les está reconviniendo respecto a su lento progreso en la fe y en el
conocimiento del evangelio. Cuando un
creyente maduro comete algún pecado hace
que su condición cambie a inmaduro, y aunque sigue siendo parte del Reino de
Dios, debe alejarse de su falta para crecer en fe.
Dos de las
confesiones eclesiales presentadas en este trabajo consideran que el creyente,
aún cuando peca, no pierde su condición de hijo de Dios: el Catolicismo y el Calvinismo. Para el Catolicismo un hombre es parte de la
iglesia desde que fue adherido a ella por medio del Bautismo, y si peca no
pierde su permanencia allí[174]. También el Calvinismo conceptúa que los
verdaderos creyentes no dejan de ser hijos de Dios cuando pecan, sino que el
Espíritu les reconviene y de esa manera los creyentes perseveran hasta el
fin. Palmer lo explica de la siguiente
forma:
... el cristiano
quizá sufra derrotas momentáneas, pero el pecado nunca se enseñoreará de él por
completo. Siempre habrá lucha contra el
pecado aunque se sienta débil. Y esto es
así porque Dios no ha retirado a su Espíritu Santo del cristiano. Así pues, el hecho de que el cristiano siga
luchando contra el pecado y a veces caiga no significa que un día Dios lo
abandonará para que quede bajo el dominio completo del pecado ... Así pues, una
respuesta a este problema de las evidentes deserciones de la fe cristiana es
que algunos de los retrocesos que vemos quizá sean sólo temporales marchas
atrás de un cristiano que se tambalea, y quien, por la gracia del Espíritu
Santo, llegará a su tiempo a reincorporarse a la fe que parece haber negado[175].
En contraste, el Wesleyanismo considera que el pecado debe incluir un acto volitivo, entonces, cuando un cristiano peca, pierde la gracia que le fue dada[176]. Sin embargo, Wesley también anotó en sus sermones que el creyente tiene pecado, antes de la perfección cristiana, mientras se mantenga como niño en Cristo porque es carnal y no ha madurado